Tacto
Holiguiiss mi gente… Este es el último chapter, un poco rápido para mi gusto, pero la verdad no se escribir tan largos chapters y ser pionera de este Universo Alterno fue una idea muy fugaz… Este fic está escrito con imaginación Vallartense, Jalisciense y Mexicano que lo disfruten.
Miraculous Ladybug no es de mi autoría, es de Thomas Astruc, si fuera mi ya habría matado un personaje junto con un drama hecho de desmadre XD
Les agradezco por leer este fic.
Tacto_ Final
¿Cuánto había pasado de esa fatídica noche? ¿Unos días? Sí, en los cuales Adrien quería que la tierra lo tragara de una maldita vez; debió de ir a esa pasarela con su padre a Italia, pero quería la respuesta de la chica antes que nada y ahora ella parecía que lo evitaba.
¿No le gustaba?
¿Se estaba reprimiendo para no rechazarlo? Porque conocía esa mala costumbre de ella y si era importante para él eso significaba no querer darle alas a sus sentimientos.
Tal vez lo mejor era no haberse confesado, así las cosas siguieran su curso. Se sentó en su lugar y su mano sintió una hoja.
― ¿Braille?―leyó con atención y tragó en seco.
"Te daré mi respuesta a las dos, te espero en el parque.
Marinette"
Tenía suerte de no poder ver el reloj, porque era desesperante hacer eso al tener ansiedad por un evento. Tocaron el timbre y con calma se dirigió a su casillero, sentía como en el instituto se aspiraba el aire de amor incluso en la calle, pero él no pensaba que le fuera tan bien.
Temía ser rechazado desde un principio, es decir, siempre fue una carga ¿Quién quería lidiar con él? Era un bueno para nada que debía de recurrir a la ayuda. Cuando Marinette se coló en su vida no todo fue color rosa, tuvo problemas con ella; pero seguía de persistente con estar a su lado.
Tal vez su amistad estaba basada en lastima y culpa.
―Deberías de cuidar tus emociones…―exclamó una voz a su lado―Adiós, mariposita―extendió sus manos liberando el akuma purificado.
―Lo siento…―dijo con pena―No tenías por qué citarme, aunque gracias…
―Enamórame―contuvo la respiración al escucharlo.
― ¿¡Qué es…!?
―Adrien, lo que oíste. Hasta ahora solo siento atracción por ti, pero eso podía transformarse―admitió con un ligero tinte en las mejillas.
― ¿Me consideras atractivo?
―No quiero andar repitiendo, tú y Chat Noir no son feos; el hecho que son mis compañeros sé cosas de ambos. Son leales, te tienden la mano al saber el peligro y te hacen sonreír cuando las cosas andan mal―el rojo del rostro de Adrien solo influía a Marinette a sonrojarse más―Qui-quiero enamo-morarme de al-alguien como tú.
Un abrazo, fue suficiente para callar los tartamudeos de la oriental, el rojo se volvió más fuerte al sentir una palma en la cara y el rostro del modelo cerca hasta el punto de combinar sus alientos, pero los labios se desviaron a la frente de la chica.
―No desesperes, My Lady―susurró al oído―Cuando seamos novios, te besaré.
Y así empezó el juego, no la llenaba con regalos, sabía cómo era el lado romántico de chico; prefería los momentos y el tiempo al estar uno al otro, claro que a veces llevaba flores o un postre que ella amaba. Estuvo lo que llevaba del año como pretendiente.
En una de sus salidas al fin Marinette tomo la decisión, pero también Hawk Moth quiso terminar con todo.
La última batalla.
Ni siquiera las nuevas heroínas estaban preparadas para tal responsabilidad y los únicos que estaban ante la situación fueron ellos dos, sus colegas se fueron a socorrer a los civiles; Chat tenía un mal presentimiento desde que se levantó esa mañana, pensó que se había vuelto loco por escuchar una voz suave que le aterradoramente familiar.
Pero no podía falta su concentración de héroe, mientras su Lady seguí peleando con los intermediarios del villano.
Ella perdió.
Ya no tenía su Miraculous y todo dependía de él.
Sin faltar a su promesa siguió con pasos grandes, no se lamentaría ahora de no poder ver, de hecho se alegraba por escuchar cada paso, cada vibración en el piso y el olor a un viejo establecimiento.
Si pudiera ver, se hubiera asustado desde el principio.
―Hola, querido sobrino―su respiración se paralizó cuando escucho esa voz.
Debe de ser mentira.
Todo una jodida broma del destino.
― ¡Tú estás muerto! ¡Fui a tu funeral meses después de la desaparición!―gritó histérico.
―Y lo estoy, pero mi alma no puede descansar en paz ¡No sin volverla a ver!―gruñó el villano mientras emboscaba a su familiar―No quiero pelear contigo, solo dame tu Miraculous y terminare con esto.
Se acercó, pero como respuesta el héroe golpeo su mano, como reflejo embistió al adolescente con su báculo, pero este respondió, cada paso se volvía más grotesco y la pelea se volvía peor con el paso mientras en la cabeza del rubio apenas podía procesar todo.
La tumba.
La inscripción.
El corazón de su tío roto.
Solo deseaba volver a ver a su hermana.
Lo comprendía, pero sus deseos se volvieron oscuros, el deseo no se podría cumplir de esa manera y desataría en caos como lo dijo el Maestro Fu cuando al fin pudo presentarse a él plagándolo de preguntas.
El deseo destruiría el tiempo.
La dimensión ¿quizás?
No lo pensó mucho cuando al fin pegó en la mano de su tío soltando los aretes de Ladybug y ahora se encontraba en su mano, en un tiempo habría sonreído con arrogancia por ganarle a mayor que lo motivo al esgrima, pero ya no sentía nada.
En literal.
Dio un paso atrás y cayó al vació.
― ¡Adrien!
Fue lo último que escucho antes de cerrar los ojos con fuerza.
Esperando el impacto donde lo dejaría sin vida, tuvo inmensas ganas de llorar, no quería hacer sufrir a su padre, a sus compañeros, a sus amigos, ni a su querida Marinette. Las gotas salían por si solas.
―No llores―
Paró de hacerlo, la caída era eterna, por un momento quiso abrir los ojos por instinto, pero sabía que no vería nada; solo la oscuridad desde hace años, por eso los mantuvo cerrados.
―Abre los ojos, Adrien―
Tembló un poco antes de tragar duró.
Hizo la acción.
Casi pensó estar en un sueño al ver un túnel de diversos colores donde se encontraba cayendo una mano estaba cerca de su cara.
―Adrien―exclamó la voz dueña de la mano.
Su rostro.
El rostro de ella.
Extendió la mano para agarrar la de ella.
― ¡Mamá!
Ya no estaba en el túnel, ahora estaba abrazado de su madre, la veía no con sus manos si no con sus ojos dentro de la casa que alguna vez fue de su tío. Quería estar con ella y hablar muchas cosas, pero lo recordó, había alguien que lo estaba esperando desde muy lejos y conociendo esa persona posiblemente lo seguiría a pie.
―Vuelve a la casa, tengo algo que hacer―comentó antes de salir corriendo por las calles de París.
Podía ver, pero sabía que en poco tiempo la ceguera volvería, Hawk Moth le había prestado sus ojos para poder verla y poco a poco se desvanecía como los desastres de la ciudad. Su visión era borrosa cada vez y la transformación ya iba a terminar, un grito conocido lo hizo correr en la dirección dónde provenía; una azabache con piel pálida y su rostro rojo casi ocultaban las pecas de su nariz junto con sus ojos azules lloroso de correr.
― ¡Chat!
No le dio tiempo de asimilar las cosas, la pudo ver de verdad y solo la agarró de cintura mientras giraba como enamorado mientras volvía ser el chico ordinario envuelto de un brillo verde y de él salía una mariposa blanca como el fin de todo.
―Marinette, lo logramos―dijo con júbilo mientras besaba sus mejillas y dar el gran paso al degustar de sus labios.
Ella solo siguió tímidamente y se separaron mientras reían por haberlo logrado, París estaba a salvo del mal y su Miraculous volvía a estar en sus orejas. Tenían suerte que no había ningún civil cerca para descubrir a los héroes parisinos celebrar su victoria con besos de amor.
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Uno de los pasos verdaderamente difícil fue adaptarse nuevamente, era claro que estaba contento con saber que la presencia de su madre había vuelto; luego una conmovedora bienvenida. Pero estuvo tanto tiempo en ese túnel que no se podía creer lo que sucedía.
― ¿Enserio estabas dormida?―preguntó el adolescente.
―Yo solo recuerdo que íbamos en el tren, me había quedado dormida y cuando desperté; me entero que mi hijo está ciego y ya está a punto de cumplir dieciséis.
―No es tan malo, uno se acostumbra―respondió con gracia.
― ¡No es justo! ¿Por qué tengo que acompañarte? ¿No podemos llevarnos a Adrien?―cuestionó con un puchero.
―Querida, sé que todo es confuso, pero lo tenemos que hacer. A parte nuestro hijo tiene otra cosa más importante que hacer en este momento―inquirió Gabriel sujetando los hombros de la mujer.
―Pero es que se ve tan lindo con esa ropa y el ramo de flores, tan solo pensar que cuando era pequeño le aborrecía las niñas y decía que se casaría con su mamá―recordó con alegría.
― ¡Mamá!―gritó rojo.
―Nos vamos, ten cuidado―se despidió mientras entrelazaba la mano con su esposa.
―Saluda a mi nuera de mi parte―comentó dejándolo más rojo de costumbre a su pobre hijo.
Habían pasado meses desde la derrota de Hawk Moth, Adrien sudó en frío ya que pensaba dar el siguiente pasó en su relación con la azabache, algo más íntimo. Incluso tuvo que pedirle ayuda a Nino de cómo planear las cosas; lo cual el moreno con lentes respondió con una sonrisa.
"Solo se da"
Gran consejo, remarcando el sarcasmo en su voz. Marinette llegó congelada por el clima y sin más fueron directo al cuarto del rubio para escuchar un poco de música y tener un momento grato entre ambos.
Y tal como dijo su amigo.
Solo el momento se dio.
No había Natalie diciendo su horario.
Ni padres entrando de improviso, cosa que agradecía ya que nunca le sucedió y esperaba que tampoco sucediera en un futuro.
Solo ellos dos y las paredes amplias de la habitación.
Estaba nervioso, cada textura y sonido solo lo animaba a seguir adelante, quería hacerlo bien y expresar sus sentimientos más puros en el acto; el sonido del sostén lo alerto a recorrer con sus yemas unos bultos que sobresalían de los pechos de su novia.
No ver sus gestos solo lo incitaban a sentir, oír, degustar y embriagarse con su aroma cada vez más. Marinette se podría en los zapatos de Adrien por primera vez, quería sentir ese amor invisible para sus ojos.
No importaba el dolor o unas cuantas lágrimas salir, fue increíble la primera vez que hicieron el amor. Y terminar acurrucados mientras sus alientos cálidos de ambos eran la canción de cuna para dormir.
**Años después**
Se sentía mareado, esa ansiedad pensó haberla perdida en la época de los akumas, sabía que el tiempo avanzaba, pero realmente lo sentía muy eterno con cada paso de los enfermeros o médicos; incluso con el infinito silencio de no tener a nadie con quien charlar.
― ¿Por qué tardan tanto?―gruñó el kwami de la mala suerte.
―No lo sé…
―Agreste―informó una voz femenina.
―P-Presente―se sintió como en su primer día de clases y la timidez se adueño de él.
― ¿¡Ah!? Bueno, Sr. Agreste ya puede pasar, lo dirijo a la habitación―sugirió la enfermera mientras llevaba al hombre del bastón directo al cuarto de su esposa.
No recuerda con exactitud cuántas veces se lavó las manos con gel anti-bacterial hasta Plagg lo había regañado diciendo que casi se acababa el bote del consultorio. Solo entró y una voz débil lo llamó para que se acerque, sus nervios lo querían comer vivo.
― ¿Preparado?
―Creo, My Lady.
―Bien, extiende las manos.
Obedeció sin titubeos mientras un peso se ponía en ellas, se movía con pereza algo que le recordó mucho a cierto gato o a su esposa en las mañanas.
―Es una niña, Adrien.
Su labio tembló, uno de sus dedos fue atrapado por la mano de la infante guiándolo a su rostro, las mejillas del progenitor se llenaron de caminos salados por la emoción de las facciones de la pequeña en su regazo.
―Es hermosa, Marinette.
La madre solo sonrió con ternura al ver esa escena, sabía que no sería la última vez que vería la alegría en el rostro de su esposo por sentir una vida producto del amor de ambos.
