Siento haber tardado en subirlo. Hubo un pequeño bloqueo, pero... ¡Espero que os guste!
...o...o...o...
El joven castaño recogió con ambas manos el teléfono, como si se tratara de algo peligroso. El otro se había ido cuando Romano quiso preguntar. Lo desbloqueó y vio un único chat con un par de mensajes, los cuales habían sido mandados por España. El italiano no pudo evitar sonreír al por fin poder comunicarse con él.
"ROMANO: Cabronazo de mierda. ¿Dónde te habías metido todo este tiempo? ¿Dónde estás?
TOMATE: No lo sé exactamente. Dale las gracias a Pierre, el pájaro de Francia. Consiguió dar conmigo, por lo que al final me mandó un teléfono y así puedo comunicarme con él.
TOMATE: ¿Cómo estás? ¿Te han hecho algo? Francia me dijo que últimamente estás completamente apagado."
La nación comenzó a llorar y sonreír de forma completamente inconsciente. Lágrimas de felicidad, o de tristeza por la propia situación. Ambas emociones tenían sus razones para manifestarse.
"ROMANO: Podría estar mejor. Digamos que te echo en falta.
ROMANO: Lo he dicho, ¿vale? Y no lo volveré a repetir.
TOMATE: Eso ha sido muy sincero, Roma :D
ROMANO: Qué sí. Qué sí. ¿Cómo has estado estos días? ¿Te tratan mal?
TOMATE: He estado algo encerrado… Digamos que tengo tres habitaciones para pasearme, pero sólo puedo entablar conversación con los que me traen ropa o comida la cual puedo cocinar. Pero míralo por el lado positivo. Tengo cocina, baño y una cama bastante cómoda."
El italiano maldijo por lo bajo a la nación que estaba tras el teléfono. ¿Cómo podía ser positivo en una situación así?
"ROMANO: Al menos tienes algo, sí. ¿Cuánto tiempo vas a estar ahí?
TOMATE: No lo sé con exactitud. Quizás un mes o dos. Cuando piensen que me he calmado y ya no soy un adolescente malhumorado el cual se escapa de casa para darle visitas a su amante.
TOMATE: Nuestra historia es la de "Romano y Julieta", tomatito.
ROMANO: Eso ha sido muy malo, idiota.
TOMATE: Desearía estar a tu lado y ver como tratas de disimular esa sonrisa que se te acaba de dibujar por el chiste…"
España tenía razón. Estaba sonriendo, mas el dibujo de su rostro se borró al pensar en algo bastante duro el cual muy a su pesar escribió.
"ROMANO: ¿Estás seguro de querer seguir con esto? Es decir. Si te vuelven a descubrir, volverás a la misma situación. Por otro lado, yo quedaría de rositas. ¿Te parece justo?
TOMATE: ¿Temí a Francia cuando quería secuestrarte, o a Turquía? Por un par de mentecatos no me voy a asustar. Además, aquí no se está tan mal. Tengo muchísimos libros que leer. Una estantería entera, de cuatro pisos. Han de haber mínimo doscientos.
ROMANO: Eres un idiota…"
Se secó las lágrimas, todavía con la pequeña sonrisa en sus labios, la cual parecía haberse aferrado a él al recibir aquellos mensajes de su pareja.
"TOMATE: Siempre me lo dices. Casi lo echaba en falta.
ROMANO: Voy a dejar el móvil. Me llaman. Hablamos después."
Lo apagó rápidamente, con miedo a ser descubierto. Alemania le miró con ojos desaprobadores.
-¿Qué hacías aquí? Tienes a tu hermano preocupado por no encontrarte. Oye. ¿Estás bien?
Romano, ligeramente sorprendido por la pregunta, asintió. Se levantó del suelo y volvió a entrar en la reunión, un poco más animado.
España se echó sobre la cama deshecha y abrazó el móvil. Realmente le debía un favor grande a su amigo. La puerta sonó y se levantó a abrir. Como siempre, un poco de fruta y algo de carne. Sonrió forzadamente a los sirvientes que le habían traído eso y cerró tras él. En la cesta no había ni un mísero tomate. Eso le recordó que ya era casi abril, y nadie se había encargado de cuidar su huerto. Ese año, no habría nada más que decepciones allí. "Lo siento, Romano. Este año no podré ofrecerte tomates."
Recogió el primer libro que encontró y lo ojeó por encima. Estaba cubierto completamente de polvo y olía a viejo. Él hacía mucho había tenido una versión similar. Le trajo recuerdos agradables, cuando su secuaz tenía la apariencia de un escuálido adolescente el cual tenía aún peor carácter que el que tenía en ese momento. ¿De qué iba ese libro? ¿Romance, misterio, aventura? Se dispuso a leer cuando recibió un mensaje del italiano.
Parecía molesto por el hecho de que el país español no había mandado a alguien que consiguiera enterarse de lo que estaban hablando. España no pudo evitar reírse ante el comentario, totalmente cierto. Parecía como si los del parlamento no tuvieran la menor idea de muchas cosas.
¿Cuándo podría abandonar aquella agradable prisión solitaria?
Terminaba abril cuando finalmente salió de allí. Estaba completamente alegre, a pesar de saber que no le quitarían la vista de encima.
-¿Alguien cuidó de mi huerta?
Nadie le contestó, pero se conformó con el silencio. El primero en aparecer en su casa fue Francia, el cual le abrazó con toda la fuerza que pudo, consiguiendo que la espalda del español emitiera sonidos que consiguieron preocupar a los allí presentes. A los ojos del español, era bastante hipócrita el que le permitieran ver solamente a los países con dinero. El siguiente fue Prusia, quien había secuestrado a su hermano, obligándolo a visitar al moreno.
-¡Oye, España! ¡Este estaba incluso preocupado por ti!
-Italia era el preocupado. Te lo tengo dicho.- Dijo Alemania en voz baja y algo molesto-. Vine para saber cómo estabas por él.
-¡Qué considerado!- dijo España, sonriendo- Alemania tiene su corazoncito y se preocupa por su novio.
-España.- Cambió el tono Prusia a uno más serio- ¿Cómo llevaste el aislamiento del resto?
-Sólo fue mes y medio. Ahora sólo tengo que portarme bien y enseguida podré ir a dónde quiera.
-Me han informado que la tensión entre Italia y España ha disminuido.
El joven sonrió, aliviado al escuchar eso.
-En cualquier momento seré completamente libre.
Cuando la pareja de alemanes se fueron, España se dispuso a hablar con el pequeño italiano el cual le esperaba desde que había descubierto que ese mismo día volvía a su casa. Lo primero que hizo fue una videollamada al coger su ordenador, como si se tratara de una pareja a distancia.
-¿Bastardo?- Romano parecía dormido, con voz espesa y ojos entrecerrados- ¡España!
El italiano se acercó a la pantalla para ver más de cerca al otro, el cual le sonreía de una forma que nunca había visto.
-¿Puedes llamarme así? ¿Por qué no lo hiciste antes?
-El teléfono no es lo suficientemente potente…- Se rascó la nuca, algo nervioso- ¿Te has enterado de lo de los nuestros países?
Romano asintió.
-Dentro de poco volveremos a poder hacer lo que queramos.-Prosiguió el de los ojos verdes en tono soñador- ¿Qué te apetece hacer primero?
-Iremos al campo que tienes al lado y allí echaremos una siesta.
El español se rio. Una petición algo curiosa.
-Y quiero que me cocines algo. Extraño la cocina española.
-Yo con abrazarte me conformo. Oye, Roma. ¿Estás llorando?
El italiano apartó la cámara del teléfono, dejándose fuera de esta.
-Cállate, idiota.
España comenzó a reírse para intentar suavizar la situación.
-Te voy a enseñar algo que sé que echas de menos.
-¡Espera! ¡No te irás a sacar el…!
El joven español abrió la ventana y se asomó junto al portátil, enfocando al sitio donde todavía había tomates creciendo.
-Es increíble que sigan vivos. Debieron encargarse por mí. ¿No es genial?
Romano soltó el aire, aliviado.
-No me des esos sustos.
-¿Por qué? ¿Pensaste en algo sucio?- Volvió a entrar en la habitación- Si eso quieres…
-¡NO!
La conferencia mundial comenzó como siempre a la misma hora. El mayor de los hermanos Italia paseó en busca de cierto joven, el cual le dirigió una mirada calmada cuando lo vio desde lejos. Estaba acompañado de otra persona. Un vigía o algo por el estilo. No se dirigieron la palabra, porque no hizo falta. No se rozaron, porque no hizo falta. Sólo aquellas miradas fugaces que se dedicaban con disimulo les bastaba. Muchos de los países se acercaron al español, el cual les saludó alegremente, como si no estuviera hundido realmente. Nadie sacó el tema del aislamiento y mucho menos mencionaron a Italia o Romano por razones obvias. Alemania se acercó a él.
-Feli quiere saber cómo estás- Dijo, mencionando el nombre humano del pequeño de los italianos para que así no entendiera el que acompañaba al mayor.
-Estoy muy bien. Todavía estoy limpiando mi casa por todo el polvo que se acumuló en tan solo mes y poco. Alguien entró en mi casa y rompió cuerdas de mi guitarra…- Se rio-¿Y él?
-Dice estar bien. Oye, España. Esta situación se te complicará.
-Bueno. De algo hay que morir.- Comentó este, sonriendo apenado- Mientras sea yo el único afeptado, valdrá la pena. ¿No crees?
-Eres incorregible…
Lento pasó abril para dar lugar a mayo. A la siguiente reunión pudo ir sólo, a pesar de saber que de cierta forma lo vigilaba algún país. Siempre que pasaba al lado de su italiano, movía un poco la mano para rozar la suya, lo que conseguía que este esbozara de las más sinceras sonrisas que había visto en su vida.
-Lo siento, pero me acaba de llamar mi jefe y he de marcharme- Comentó Romano levantándose de la silla cuando hubo el suficiente silencio en la charla entre países.
Ante el permiso de los más poderosos, salió de allí, dejando a Italia como único representante.
-¿Realmente han llamado a tu hermano?- Preguntó susurrando Alemania al otro italiano.
-¿Tú que crees?- Comenzó a reírse- Espera unos minutos y verás.
España comenzó a sentirse impaciente. Quería salir de allí ya, pero si lo hiciera justo tras el italiano, quedaría demasiado sospechoso. Esperó media hora justa.
-¿Puedo ir al baño?
-España. Por lo menos di "servicio"- Le susurró Francia.
Cuanto antes pudo, salió de allí. Vio hacia ambos lados, asegurándose de que el lugar estaba completamente despejado. Al ver que nadie podía mirarlo, entró en la segunda habitación a la izquierda y cerró la puerta. Los baños. El italiano de allí dentro se le echó encima sin atisbo de duda, abrazándolo entre lágrimas. Después comenzó a golpearlo.
-¿Cómo has tardado tanto?
-Si iba pronto, se darían cuenta, ¿no crees?- Lo besó en los labios dulcemente- ¿Ves? Ahora puedo hacer esto…
Gotas saladas comenzaron a resbalar por sus mejillas sin poder evitarlo. Romano se vio preocupado.
-¿Estás bien?
-Claro que estoy bien. Te tengo delante justo ahora, aunque no por mucho tiempo.
-En ese caso déjate de tonterías y bájate los pantalones.
-Querido. Has tardado bastante- dijo el rubio francés remarcando la última palabra mientras comenzaba a jugar con la corbata de su amigo.
-El baño estaba limpiándose, por lo que tuve que buscar otro. Además, ayer cené con México. ¿Sabes lo mal que me sienta la comida mexicana?- Se frotó el estómago, consiguiendo que el otro le dedicara una mirada de desagrado- ¿Qué? Tú empezaste preguntando.
El joven español volvió tras la reunión, algo cansado. Al terminar, Francia y Prusia decidieran quedar junto con él a pasear, consiguiendo que este perdiera el vuelo y llegando tarde a casa. Activó el teléfono fijo para ver si tenía algún mensaje de voz, escuchando de pronto a su jefe queriendo hablar con España. Marcó el número y rezó para que no fuera una mala noticia.
-¿Puede pasarme con el presidente?- …- ¿Qué quién soy? ¡Soy el maldito país!- …- ¡No, no! ¡Espere!
El constante pitido que comenzó a emitir el aparato le indicó que habían colgado. Esperó en su sitio favorito del sofá a que el otro volviera a llamar. Mientras, también esperó a que su pareja contestara a los mensajes que le había mandado. Llevaba desaparecido tres horas.
Finalmente, el teléfono sonó.
-¿Sí?-…- Oh, sí. Cuénteme.-…- ¿¡Qué!?
Tras huelgas, protestas y quejas, finalmente los parlamentos habían decidido terminar con aquella separación de naciones. España no le dio tiempo a su superior a terminar de explicar la historia. Fue hacia su móvil para avisar al italiano, el cual poco después regresó.
"TOMATITO: ¿A, sí? Qué raro…
TOMATITO: Dame las gracias porque fue gracias a MÍ que en la reunión de ambos países se arregló todo.
EL JEFE ESPAÑA: ¿Fuiste tú junto con tu jefe?
TOMATITO: Pareció hacerme caso. Digamos que esta separación hizo más daños que remedios a las naciones, por lo que decidieron rendirse.
EL JEFE ESPAÑA: ¡Esto es lo segundo mejor que ha pasado en todo el día!"
Romano se sonrojó en su casa al leer eso. Sabía perfectamente el qué había sido lo mejor para el español.
"EL JEFE ESPAÑA: Voy para allá mañana mismo.
TOMATITO: No te molestes en ello…"
Y el timbre sonó.
...o...o...o...
¿Veis? No soy tan mala persona e hice que acabase bien. Bueno, pues ahora explicaré qué me pasó. Veréis... Mi subconsciente está divido en "escritora buena" y "escritora malvada", y parece ser que para esta historia la segunda apareció casi al final de todo. De verdad, si es que no se me ocurrían más que finales trágicos, o no muy positivos. Iba a hacer que al final uno de los dos se rindiera en la relación y se dejaran, pero no puedo, de verdad que no. Son demasiado adorables juntos como para eso, así que me tomé un descanso, medité y tras desear saltar por una ventana, me di cuenta que el final era demasiado sencillo de escribir. Eso sí. Me ha entristecido terminar...
Eeeeen fin. Espero que os haya gustado y dejad una review (No es una orden) comentando qué os ha parecido y si agradecéis que finalmente mi parte maligna no me dominara (Realmente odio los finales tristes, pero siempre estoy llena de ellos)
Muchas gracias por vuestros comentarios, y por haber leído esta historia, de verdad. ¡Nos vemos!
