GUERRA
By: K.G.Á.É.
DEDICADO A: Hiyori Ishida y Anon ¡Gracias por su apoyo! : D
Y Anon: Es probable que sí, un poco o.o
Hiyori Ishida-chan: -Abrazos recibidos y recíprocos-. Espero que las interrogantes hayan sido resueltas y si no, no dudes en preguntar ; D
Advertencia: Nadie está en su sano juicio.
Aldnoah Zero no me pertenece.
GUERRA
Nadie le quitaría de nuevo a su familia.
Yuki recuerda haber corrido y arrebatar de las manos de Marito-tai el arma de la comandante Magbaredge. Recuerda haber amenazado a Troyard para cargar a su inconsciente hermanito hasta el interior del Deucalion.
Recuerda darse cuenta que Calm-kun los había seguido y abordado justo al tiempo en que la compuerta se cerraba.
Recuerda haber llorado amargamente mientras abrazaba a su hermano, incluso aún sin recordar el momento en el cual sus piernas le fallaron, dejándola sentada en el suelo con Naho-kun acunado en sus brazos.
Y ahora mientras come junto a ambos, recuerda ser indulgente por perdonar a ambos por matar a otros.
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Calm los ve desde la ventanilla en la puerta, listo para entrar de ser necesario. Mientras recuerda el evento que los llevó a esa situación.
Recuerda simplemente seguir las órdenes de Troyard, de guiarlo al centro de mando para salir de allí, no por él, sino por el bienestar de su amigo.
Él obedeció, pensando que era lo mejor.
Ni Yuki-san ni su amigo irían a ningún lado. Troyard estaba desarmado y herido. Pero al menos, sabía que debía confiar en que él también había sido un estratega durante el tiempo en que estuvieron en guerra.
Sabía que no pasaría mucho para que llegaran los de seguridad. Debían darse prisa. No sabía qué había pasado.
Todo había sido extraño desde el principio: Troyard tenía un arma e Inaho bajaba la suya, ¿quizá le había amenazado?. Aunque seguía la incógnita de la presencia del Deucalion. Por lo que sabía Inaho tenía los derechos de Aldnoah sobre esa nave. Su amigo había corrido a auxiliar a Troyard en vez de ¿detenerlo?. Y el ex conde… el golpe que le había dado a Inaho fue con la simple intención de dejarlo inconsciente y no de hacerle daño. Y de pronto era Yuki-san quien tenía un arma y lucía alterada. Si le preguntaran a él por qué decidió correr y subir a bordo, diría que fue mero instinto. No había subido teniendo un plan, ¡¿quién puede pensar uno en tal caso?!
De acuerdo, conoce a varios que podrían. Pero él no.
Yuki-san tampoco estaba en condiciones de explicar la situación. Y al menos de este modo aún podría poner la culpa en Troyard. Porque se negaba a aceptar que Yuki-san fuera la persona que quedaría como responsable final.
¿Qué le diría a su amigo cuando despertara?
¿Cómo podría verle a la cara y decirle que su hermana los había puesto en esa situación? Además, existía la probabilidad de que no fuera culpa de Yuki-san, lo que hubiera sucedido antes de su llegada era clave para entender la situación.
Recuerda que el azul de la ropa de Troyard se volvía rojo conforme corrían al interior de la nave. La herida en su mano seguía sangrando, y ese rojo le recordaba a aquel traje que el ex conde usara en los vídeos desde la Luna.
Se preguntaba: qué clase de persona era ahora que el tiempo había pasado. La herida debía doler, y aun así su mente parecía enfocada en otra cosa en lugar del dolor que su disparo debió causar.
Que supiera perfectamente qué hacer para poner la nave en marcha sólo hablaba de lo bien instruido que estaba en asuntos bélicos, y de su peligrosidad.
Pero, en ese entonces, Calm no tuvo de otra que confiar en que elevarse más allá de las nubes, lejos de la vista en tierra, era la mejor opción. Considerando que en ese momento se habían convertido en ¿enemigos de sus aliados? ¿Prófugos? ¿Cómplices de Troyard? ¿Traidores?
Lo que fueran, nada sonaba bien.
La calma que mostraba Troyard le desconcertaba aún más, era como si estuviera acostumbrado a la incertidumbre de ser perseguido. De ser el centro de atención de un ente peligroso.
Y quizá lo estaba…
—He dado dirección a la nave. Sabes si la enfermería está equipada, pienso que ella podría necesitar algo. Necesitamos movernos—
— ¡Deja de dar órdenes!—apuntó de nuevo con su arma, sabiendo que no era lo mejor. Necesitaba una forma de mantener la cordura en un momento como ese. Alguien debía ser el blanco de su molestia o, de otra forma, el estrés le volvería loco.
Más le molestó que en la mirada de aquel tipo en vez de encontrar burlar o miedo, encontrara algo similar a la compasión, mientras paciente esperaba a que se calmara.
—No me agradas. Pero es obvio que necesitamos cooperar—
Le vio asentir, a la vez que más sangre caía.
¡Cómo odiaba ver gente herida!
— ¡Sígueme! Si tienes suerte, al menos habrá un botiquín—le respondió.
—Entonces, sería mejor apoyarnos en tu suerte—respondió, en un tono que se burla de sí mismo.
De algún modo, sentía que esa parte de él, había mantenido la atención de su amigo todos esos años. Pues era difícil figurarse en qué estaría pensando. Y para Inaho siempre pareció atractiva la idea de descifrar la forma de pensar del ex conde.
Recordaba haber cargado a Inaho hasta la enfermería mientras Yuki-san le seguía sin apartar la vista de su hermano en ningún momento.
Apenas habían logrado reacción de ella, no cuando le llamaron, sino hasta que mencionaron que era mejor llevar a su hermano a la enfermería.
Los caminos de las lágrimas seguían en su rostro, pero su llanto había sido reemplazado por silencio. Un silencio que le asustaba aún más.
Mientras daba un chequeó superficial a Inaho, Troyard había vendado por sí mismo la herida en su mano, con movimientos expertos. Haciéndolo sin pedir la ayuda de nadie, como si ese fuera el desarrollo más normal a seguir.
Cuando Yuki-san se negó a que el ex conde dejara la enfermería, supo que algo definitivamente estaba fuera de lugar.
Cuando lo primero que Inaho preguntó al despertar fue: dónde estaba Slaine, supo que las cosas realmente estaban mal.
El rubio de ojos turquesa se había acercado a la cama en donde tenían recostado al castaño.
— ¿Qué es lo que recuerdas?—
— ¿Sobre qué?… ¿Por qué tu mano está vendada?—vio a su amigo sentarse rápidamente, mareándose por el acto, pero manteniendo la mirada en el vendaje ajeno.
—No recuerdas… Está mañana tiré un vaso de agua y me corté al querer recogerlo—
— ¿Está mañana?—
—Sí, cuando viniste a visitarme. Estamos en la enfermería ahora, creo que ver sangre debió afectarte—
—Eso es imposible. No tengo problemas con ver sangre—
—Parece que ahora lo tienes. Te desmayaste después de eso o quizá sólo estás cansado—
—Podría ser—
— ¿Puedo permanecer aquí hasta que te sientas mejor? Un cambio de ambiente siempre es bienvenido—
—No creo que haya problema. Mientras estés bajo mi cuidado, nadie debería venir—
—Sí. Es imposible que cualquiera te gane ¿No?. Hablando de ganar. Deberías permanecer recostado un poco más, podemos jugar ajedrez mientras tanto. Peón a F5—
— ¿Supones que abrí con peón a D4? Entonces, muevo mi alfil a G5—
Cuando vio a su amigo seguirle el juego a Troyard, sin percatarse de su presencia o la de su hermana, supo que era necesario pedir respuestas. Y Yuki-san debió pensar lo mismo, se levantó sin hacer ruido y salió.
Pero su respuesta nunca llegó. A cambio escuchó algo que no sabía cómo interpretar:
—Ahora entiendo cuan necesario es él para Naho-kun—nuevas lágrimas se deslizaron en sus mejillas, sin embargo, los ojos de Yuki-san habían perdido brillo.
Y él había terminado por perder las esperanzas de entender.
Ese día, Yuki-san pasó el tiempo en una silla de cafetería con la mirada perdida en la nada, hasta que se quedó dormida sobre sus brazos en una mesa.
Inaho cayó dormido mientras jugaba con Troyard, tomando su mano en algún punto de sus partidas. No soltándole cuando Calm se lo pidió. Dejándolo ir hasta que Troyard le susurró al oído:
—Está bien. Necesitas descansar—
La situación estaba fuera de sus manos. No era un estratega como Inaho, no sabía cómo debía proseguir. Dolía admitirlo pero… que Troyard hubiera desviado la atención del castaño usando palabras a conveniencia, no había estado mal.
Aunque, le aterraba la idea de que esa habilidad suya de decir lo necesario, fuera lo que le llevó a unificar a los caballeros orbitales en el pasado, porque era del tipo de líder carismático que cuando menos acuerdas ya te tiene de su lado.
En ese momento, Calm se concentró en pensar que Troyard era un demonio al que se le daba bien susurrar en el oído de las personas. Y aun creyendo eso, no le quedó de otra que confiar en ese diablo para revisar la nave y decidir lo que sería hecho posteriormente. Pues no había nadie más a quien confiarle su vida.
Agradecía que nada hubiera ido a peor. Y que a la tripulación se sumaran el Dr. Yagarai y Rayet, luego de hablar con ella sobre el asunto.
Rayet ya había perdido todo una vez y sus amigos eran importantes para ella, por eso no había dudado en ayudar cuando le llamaron. Al igual que ella, la mente de Inaho se había visto afectada por el estrés de perder la que creía su razón de ser y las circunstancias a su alrededor.
Aunque en el caso de Inaho, su mente iba y venía, como un péndulo que se mueve entre la estabilidad y un estado insano.
El doctor, acostumbrado a tratar casos de trauma por la guerra, era el más indicado para acompañarles, pues además había demostrado tener el temple para estar entre personas que por uno u otro motivo había tomado la vida de otros.
Nina se había convertido más tarde en su nexo con el mundo exterior, y era quien les proporcionaba provisiones.
Desconocía cómo Marito-tai y la comandante Magbaredge se las habían arreglado. Le bastaba con saber que les cuidaban la espalda.
Ahora debían mantener la fachada de la prisión de Troyard, porque eso ayudaba a Inaho, y si su amigo se encontraba estable, Yuki-san igual lo estaría.
Rayet usaba un distorsionador de voz, para pretender ser diferentes personalidades. Él se había encargado, junto a Slaine (quien demostró tener los conocimientos), de los aspectos técnicos para conectarlo a un botón que Inaho presionaría cada tanto. Así como instalar las cámaras en la habitación que habían adaptado para vigilar al castaño, cuando él pensaba que estaba sólo en ésta.
Troyard por su parte había demostrado ser tan buen actor que, a veces, hacía a Calm preguntarse si estaba bien confiar en él o no.
Al menos, no había atacado a nadie. Y, aunque la voluntad de Inaho estaba literalmente en sus manos, nunca se había aprovechado de lo mucho que influenciaba al castaño para ponerlo en contra de ellos.
Cuidando incluso que su inestable amigo no se volviera en contra de cualquiera, en las raras ocasiones en que su mente oscilaba, amenazando en detenerse en aquella parte de su mente que era incapaz de ver otro ser más allá de Slaine.
Calm siempre había sabido que Inaho era asombroso, y ahora también sabía que podía provocarle un frío que le llegaba hasta los huesos…
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Otro exitoso día de mantener su fachada había llegado a su fin.
Esa noche, Slaine se encontraba en su cama, listo para dormir; cuando sintió a alguien colarse a su lado.
— ¿Qué pasó?—preguntó sabiendo perfectamente quién era la otra persona.
—Los guardias parecen haber salido de vacaciones. Pensé que te sentirías sólo—mencionó el castaño mientras rodeaba su cintura desde atrás.
—Si dormimos así, tu brazo amanecerá cansado—respondió girándose para estar frente a frente.
—Prefieres otra posición o… ¿acaso preferirías a otra persona aquí? ¿Quién?—
—Inaho—antes de que su mente fabricara mil escenarios le detuvo, llamándole y posando sus labios sobre los del otro, en un casto beso. Un pequeño gesto que bastó para de nuevo ser el centro de atención del castaño.
—Eres el único quien puede hacer esto—le susurró, acurrucándose de nuevo entre sus brazos.
—Slaine—le llamó. Abrazándole más fuerte, acomodando su cabeza sobre la rubia.
—Cuidaré de ti, siempre—
—Sí. Lo sé—
Slaine sospechaba que el sentimiento que se había metido entre ellos durante sus años juntos, era el detonante del estrés de Inaho.
Cuando Kaizuka había sospechado que sus días juntos terminarían, había comenzado a sobrepensar la situación, forzando su mente a buscar una solución que escapaba de sus manos. Provocando estrés y sobrecarga en su red neuronal, debilitada por el uso excesivo de aquel dispositivo que uso en tiempos de guerra, hasta alcanzar una medida extrema.
Por supuesto, era algo que no tenía permitido decir, porque aquel sentimiento era un secreto de ellos dos, incluso si Inaho no lo recordaba con claridad.
Amor, es un factor que suele afectar al mundo, más de lo que se esperaría.
Y cuando Inaho vuelve a besarlo, tomando sus labios con pasión y cariño, mientras el calor se extiende entre ambos, sabe que su lucha, aún no ha terminado. Porque, por la felicidad del otro, bien valdría la pena librar otra guerra.
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N/A: ¡GRACIAS POR LEER ESTO…!
Y SI DEJAN REVIEWS ¡GRACIAS TAMBIÉN POR ELLOS!
Y ésta era la última parte del fic, pero quedé intrigada así que me gustaría escribir al menos uno o dos capítulos más, ojalá que sí sea posible : D
¡Espero les haya gustado…!
