En lo que me puedo convertir

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Hola lectores y lectoras, aquí vuelvo con un nuevo capítulo. Ya sé que me tardé bastante, pero sinceramente estoy algo decepcionada por la repercusión que está teniendo, eso sin mencionar los largos períodos sin inspiración. Me costó mucho este capítulo así que espero que lo disfruten.

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The Prince of Tennis y sus personajes pertenecen a Takeshi Konomi. Por otra parte esta historia es completamente de mi autoría y sin fines de lucro.

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Capítulo 3

Reencuentro

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- ¡No es posible, no es posible!- Gritó la peli anaranjada entusiasmada y se sentó justo en frente de la cobriza.- ¿Tsuki? ¿Hablas en serio?

- Sí lo pensé bastante y ya es una decisión tomada.- La cobriza lucía una tranquila sonrisa mientras le extendía un papel a su amiga.

Esta última lo tomó observando más de cerca con los ojos exorbitados de la sorpresa. Una sonrisa aún más grande se formó en ella acompañada de un leve temblor en sus manos.

- No puedo creerlo Sakuno... Digo, ya eres Tsuki... Eres como una espía con dos identidades.- Dijo y comenzó a reírse a carcajadas.- ¿Por qué lo hiciste? ¿Acaso te volviste loca? Tendrías que pensar en volver con la amargada Naomi.

- ¿Lo crees?- Sakuno se ensombreció ante la burla y desvió la mirada al suelo.- No soy tan fuerte como tú Ann, no quiero que me miren de reojo como la ex- loca, la que casi se suicida por un mal de amores, quiero borrar a Sakuno Ryuzaki del mundo y empezar una nueva vida como Tsuki Mora, ella es mucho más fuerte.

- ¿De dónde sacaste ese nombre? Es lindo.- Le respondió cambiando sutilmente de tema.

- En el hospital conocí a una niña, su nombre es Tsuki. Y el apellido es el del doctorque me ayudó a recuperarme.

Ann sonrió nuevamente pícara y se posicionó justo detrás de Sakuno. Apoyó sus manos en los hombros de la cobriza y se acercó a su oído para susurrar algo.

- Así que... El apellido de tu doctor...- Otra vez comenzó a reír ante el suspiro de Sakuno.- Tienes diecisiete años Sakuno, no me imaginé que andabas poniendo el ojo en abuelos.

- ¡No es un abuelo! Tiene diecinueve años...

- Eso quiere decir...- Ann se quedó con la boca abierta y Sakuno entendió su error.- ¡Que si le echaste el ojo!

- No, no, no y no. Es solo un chico agradable.- Sus mejillas se volvieron carmesí.- Estaba haciendo su pasantía como psicólogo y me atendió, nada importante.

- ¡Mentirosa! Es la primera vez que veo cómo te sonrojas.- La señaló acusadoramente mientras se ponía frente a ella.

Sakuno sonrió y bajó la mirada. Era cierto. Era la primera vez que se sonrojaba de esa manera desde hace mucho tiempo. Ann tomó la mano de la cobriza con una gran sonrisa.

- Si te pusiste así por eso no me imagino lo que dirás ahora...- Dijo la cobriza e hizo una pausa para dar algo de suspenso.- Me mudaré con él.

El grito de Ann inundó toda la habitación, y quizás también el vecindario. Sakuno reía ante la actitud de su amiga, recién empezaba a pensar en que era un gran paso.

- ¡Te mudarás con un chico! ¿Entiendes lo que estás haciendo Sakuno?

- No...- Respondió en un suave susurro para sí misma y le sonrió a Ann.- Es extraño, pero por primera vez no lo pensé, solo... Lo hice.

Ann caminó hasta la cómoda que estaba junto a su cama y abrió el cajón retirando un paquete color rojo de él. Sakuno abrió los ojos ante el asombro y se quedó muda, esperando una explicación por parte de su amiga.

- La doctora Naomi me contó que ibas a ser dada de alta y quise darte un pequeño presente.

Sakuno bajó la mirada al paquete que ahora estaba en sus manos y suavemente comenzó a romper el envoltorio. Era un libro. Recorrió la portada negra con las yemas de sus dedos de forma lenta. Al abrirlo, otra vez quedó sin entender, cada página estaba en blanco.

- Es un diario. Para que documentes tu nueva vida... Tsuki.

Sakuno volvió a sonreír y abrazó a su amiga. Sus párpados cayeron lentamente cuando pensó en su nueva vida.

- Ser Tsuki será una gran aventura.- Suspiró profundamente.- Debo irme, Ryou me espera abajo.

Ann acompañó a su amiga hasta la puerta y la despidió con un gran abrazo. Al cruzar el umbral de la puerta se sintió mucho más relajada que al entrar a la casa. Para ella era muy importante la aprobación de su amiga. Sora la esperaba en la calle, apoyado en su auto, mientras miraba su celular. Tsuki sonrió al verlo allí, tan despreocupado como era. Realmente lo quería.

De repente una luz la encegueció por un momento, obligándola a parpadear después de salir del shock. Sora rió.

- ¿Me sacaste una fotografía?- Preguntó asombrada.

- Sí.- Dijo mientras le abría la puerta del auto.- Y saliste hermosa.

La cobriza tomó el color de su pelo en sus mejillas. Ryou le sonrió y dio la vuelta al auto para subir.

- Debería aprender a manejar, tú eres un peligro.- Dijo la cobriza para cambiar sutilmente de tema.

- Imposible.- Negó rotundamente.- Soy genial en todo lo que hago.

- Claro que no.

Ryou prendió el estéreo y se quedó callado, al igual que Sakuno que empezó a mirar las casas del vecindario. Pasaron por el Seishun Gakuen y ella comenzó a decaer.

Unas calles más lejos de la secundaria, empezaron casas y edificios cada vez más grandes. Habían llegado a la ciudad. Todo era muy lujoso y poblado. Mucha gente. Muchos negocios. El auto entró en un estacionamiento algo sombrío, con muchísimos autos de alta gama. Ryou se bajó y fue a abrirle la puerta. Puso el seguro al auto y, después de bajar las tres maletas de Sakuno, comenzaron a avanzar por el oscuro lugar. Sakuno sentía el olor a tierra y humedad. Bastante desagradable. Por fin, la puerta para salir de allí se hizo visible. Al abrirla la luz impacto de lleno en sus ojos.

- Buen día señor Mora.- Dijo el portero regalándole una reverencia.

- Ya le dije señor Keita, puede decirme Ryou.

Aquel anciano se quedó observando a Sakuno, quien le sonreía de manera amable. Ryou lo notó y se golpeó la cabeza con una mano.

- Ya lo olvidaba. Señor Keita, ella es Tsuki Mora, vivirá aquí.

- Es un placer conocerla señorita.- Dijo e hizo una nueva reverencia.

- Igualmente señor Keita.- Exclamó la muchacha mientras le respondía la reverencia.

Después de despedirse atentamente del portero, subieron al cuarto piso con el ascensor. Las tres valijas eran algo molestas para estar en el ascensor. Pero una vez que salieron de él y recorrieron el bonito corredor que daba a varios apartamentos, la curiosidad de Sakuno hacia que fuera fácil de olvidar aquella molestia. Al dar con la puerta con el número 9, Ryou ingresó su llave.

- Mandaré a hacer una copia para ti Sakuno.

Al entrar las tres maletas quedaron junto a la puerta, estacionadas. Sin embargo, su dueña avanzaba paso a paso, demasiado pausado, mirando todo. No dejaba que se le escape ni un detalle del lugar. Las paredes color gris claro eran bastante luminosas, un ventanal grande dejaba ver toda la ciudad desde el cuarto piso y los muebles estaban tan bien combinados que parecía una casa de muñecas, aunque muy varonil. Un ligero desorden decoraba todo. En la sala, un gran televisor colgado en la pared y debajo una mesita con dos consolas de juegos. Una mesa ratona con varias revistas desparramadas. Una batería y un teclado en un rincón, junto con un bajo y una guitarra. Un lugar muy lujoso, a pesar de que el dueño del departamento no lo aprovechaba demasiado.

La ahora llamada Tsuki, se sacó los zapatos y los dejó en la entrada del departamento. El perfume masculino invadía todo el lugar, era algo a lo que podría acostumbrarse fácilmente.

- ¿Qué te parece?- Preguntó nervioso.

- No está mal.- Respondió con una sonrisa.- Conseguí empleo en una cafetería, podré ayudarte con los gastos del piso.

- Ahora no te preocupes por eso. Ven.- Ryou tomó su mano y la jaló en una dirección desconocida.- Este es nuestro cuarto.

Otra vez miró asombrada. Todo era muy lindo, a excepción del desorden. Las paredes eran marrón claro, tenía un baño privado y otra puerta que ella suponía era un armario. Era espacioso, luminoso y acogedor, la hacía sentir como en casa, además de que todo estaba impregnado con aquel aroma masculino. El único problema era que solo había una cama. Una cama matrimonial.

- Solo hay una cama.- Observó Tsuki, esperando que el peli negro notara el pequeño detalle.

- Lo sé, lo sé. Es que me tomaste desprevenido, no esperaba que me dijeras que sí cuando te ofrecí mudarte conmigo.- Confesó algo avergonzado.

- ¿Y cómo...?- Sakuno se había quedado sin palabras y con un fuerte rubor.

- De todas formas ya encargué una cama, en una semana la traerán, mientras tanto tú puedes dormir aquí y yo en el sofá de la sala.

- Yo dormiré en el sofá, no te preocupes Ryou.

- Claro que no. Tú eres mi nueva compañera, mereces la cama.

La cobriza empezó a desempacar y a poner todo en la mitad del armario que estaba vacío. A pesar de que siempre veía a Ryou con la misma ropa, tenía demasiada, y ella también. Era una suerte que el armario sea de aquel tamaño, de otra forma no hubiera entrado todo. Tsuki sacó una caja de su maleta, era lo último que le quedaba, y la puso en un estante alto. Decidió que no era necesario tenerla a mano, después de todo, esos libros ya no le servirían. El año de clases ya había terminado y necesitaba unos nuevos. Cerró las maletas vacías y las guardó al fondo del armario junto con algunas cosas de Ryou.

El viaje desde el hospital hasta el departamento de Ryou había sido largo, eso sin contar la desviación hasta la casa de Ann. Estaba agotada y la opción de desplomarse en la cama comenzaba a verse excesivamente tentadora. La cobriza eligió algunas prendas de las que había guardado dispuesta a bañarse, antes de notar que no tenía una toalla. Salió de la habitación buscando a Ryou y lo encontró sentado en el sofá jugando algún juego.

- Necesito una toalla, ¿Podrías prestarme una?- Solicitó tímida desde el marco de la puerta.

- Claro, toma la que quieras. Hay varias en el baño, en el tercer cajón.- Respondió sin dejar de prestarle atención a sus videojuegos.

Ella se quedó un momento mirándolo. ¿Así sería su vida desde ese momento? Aún no había comprendido que la decisión que había tomado estaba por marcar su vida drásticamente. Así que en lugar de ponerse a pensar en eso se fue a bañar y dejó que las preocupaciones fluyan con el agua.

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La joven muchacha dormía plácida en la cama de Ryou, quien la miraba desde una esquina de la habitación de brazos cruzados y con una pequeña sonrisa.

En solo unos meses, tres para ser específicos, ella le había dado su toque femenino al departamento. Había colgado algunas fotos en las paredes y comprado algunos muebles que hacían falta. Ahora toda la casa tenía su esencia. El cuarto, que había adquirido una nueva cama, dos mesas de noche y un espejo, siempre olía al suave perfume de vainilla. La cocina, que había estado deshabitada por dos años, gracias al repartidor de comida rápida, siempre tenía el olor a comida recién preparada. Todo estaba ordenado, cada cosa en su lugar siempre.

Ella lo acompañaba a jugar videojuegos, también cuando él estaba con su música, se llevaba bien con sus amigos, y lo seguía cuando tenía ganas de un paseo para relajarse. Ella era la chica ideal para él. No le importaba los enojos, los retos, el mal humor ni ningún otro defecto de ella. Quizás el hecho de que fuera tan cerrada, fría y arrogante con las personas que no conocía era algo que Ryou no comprendía. Ella nunca le había contado nada de su vida antes de la muerte de su padre, esa etapa de su vida era un completo misterio. Ryou nunca dejaba de pensar en eso.

Cuando la vio moverse en su cama, recordó para lo que había ido a la habitación en primer lugar. Con pasos fuertes y una gran sonrisa se adentró hacia la ventana. Abrió las cortinas para dejar filtrarse al sol e impactar el rostro adormilado de la cobriza.

- A despertarse perezosa.- Dijo mientras veía a la chica revolverse en sus sábanas.- Hoy es un gran día.

- ¿Qué tiene de especial?- Respondió Tsuki sonriendo.

- Lo primero es que te despertaste con esa sonrisa y lo segundo que hoy es tu último día de vacaciones, así que hay que disfrutarlo.

La chica se escondió nuevamente entre las sábanas. Era lindo vivir de vacaciones, ya se había acostumbrado a ese tipo de vida. Prefería ir a trabajar en la cafetería, como lo hacía a diario, que estar encerrada en un salón con veinte adolescentes. Holgazana, se levantó de la cama y se ruborizó al ver como la mirada del oji verde se fijaba en su ropa. El piyama era algo revelador, algo a lo que ni Ryou ni Sakuno estaban acostumbrados. Ella tomó con la mayor rapidez posible una almohada y se cubrió.

- Te es- espero abajo.- Dijo el chico esquivándole la mirada.

Cuando Ryo estaba saliendo tropezó con la cómoda y dejó caer un jarrón. Sin voltear salió disparado por la puerta. La cobriza lo miraba riéndose hasta que salió. Cuando esto ocurrió se dirigió cuidadosamente hacia los trozos del jarrón y los levantó del suelo uno por uno.

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- ¿Qué tiene de especial esta escuela en particular? Si te trae recuerdos lo mejor sería empezar en otra.- Dijo mientras gesticulaba exageradamente.- Yo estudié en Fudomine y es una excelente escuela, además Ann está asistiendo allí.

- Me gusta Seigaku.

Después de cruzar la entrada de la secundaria, Ryou comenzaba a sorprenderse del tamaño del establecimiento. Las canchas de tenis llamaban su atención, por el hecho de que hubiera dos de tamaño real.

- Hay mucha gente practicando tenis.- Acotó.- Con razón te pasabas tanto tiempo practicando en el hospital, aquí lo único que parecen enseñar es eso.

- Es la orientación de la escuela, arte y deporte. Mi madre me anotó aquí porque me gustaba cantar de niña, pero terminé uniéndome al club de tenis.

- Tú juegas mucho mejor que todos los que están aquí.

- He mejorado mucho, pero no tanto.- Dijo modesta.- Sé que tengo más potencial, además todo es gracias a tus amigos.

- ¿Hablas del tonto de Kamio?- Respondió Ryou.

Sakuno ignoró el comentario. Ella quería superarse para ser aquella chica que solo había podido soñar. Sacó de su bolso un par de gafas iguales a las de Ryou y se las puso. El peli negro la miró riéndose.

- ¿Qué haces con esos lentes? No debes usarlos sin receta médica.

- Son falsos, no tienen aumento, es que me gustaron los tuyos y quería saber cómo me quedan.

- Pues…- Hizo una pequeña pausa.- No te quedan como a mí.

Ambos entraron al colegio. Caminando por uno de los corredores, Sakuno desvió la mirada a un espejo que habían pasado. Se vio a ella, se había convertido en una adulta trabajadora y luchadora, estaba por cursar su último año de preparatoria, tenía su trabajo, su departamento, amigos geniales y cuando se veía a ella misma estaba feliz. La emocionaba todo lo que había podido lograr, se había convertido en una mujer.

El camino había sido duro, ¿Por qué negarlo? Sus padres habían muerto, los extrañaba, cada domingo llevaba dos claveles rojos al cementerio y ponía uno al pie de cada lápida. Su abuela había enfermado gravemente del corazón, a sus 62 años, hasta el punto de tener que mudarse a Okinawa, al nivel del mar, para no sufrir un ataque cardíaco. Una asistente social del gobierno había considerado que lo mejor para Sakuno sería ser emancipada. Su reciente recuperación psiquiátrica requería de un permanente estado de observación, de preferencia, por parte del hospital que la había atendido. En solo un año se había quedado sin padres, sin su abuela, sin sus viejos amigos, sin los sempais, sin su escuela… Pero a cambio había obtenido una mejor amiga bipolar, un psicólogo guitarrista, un departamento, un trabajo, una banda, una vida. Aunque ahí estaba. Estaba en Seigaku, esperando recuperar una pequeñísima parte de lo que había sido Sakuno, solo que en el nuevo nombre de Tsuki.

Caminando por ahí se cruzó con muchos profesores, esperó los saludos pero nunca llegaron. A decir verdad ella no se veía tan distinta físicamente como para que nadie la reconociera.

- Pov Sakuno -

¿Qué le pasa al mundo? Solo tengo otro corte y un par de gafas, ¿Qué tiene esto de extraordinario? ¿La gente es tan tonta como para no notar que Clark Kent es Superman solo que con un par de anteojos? ¿O será simplemente que ya nadie recuerda a la niña con largas trenzas? No sé bien qué fue lo que sentí cuando la profesora de literatura pasó justo por delante de mí y no me vio. Ella no era la persona más importante para mí y dudo que yo en algún momento lo haya sido para ella, solo que me sentí como un fantasma, invisible ante los ojos de las personas que alguna vez, en un lejano tiempo, había frecuentado todos los días de mi adolescencia.

- Tsuki.

Ese llamado brusco por parte de Ryou me sacó de mi hipnosis momentánea. Aunque no entendía lo que decía, lo miré y mi cabeza comenzó a volar. ¿Por qué se había encariñado conmigo? ¿Me tenía lástima?

- ¡Ey!

Su grito me despertó por completo y miré a la directora del Seishun Gakuen que me miraba fijamente, expectante de cualquier palabra que pudiese brotar de mis labios.

- Uhm… Sí.- Sacudí mi cabeza y sonreí.- Mi nombre es Tsuki Mora y quería consultar por una vacante.

- ¿Trajeron los papeles que les pidió la secretaria por teléfono?

Busqué en mi mochila y le entregué una carpeta. Ella leía detenidamente los documentos, aunque había algo raro en su rostro.

- Eres menor de edad Tsuki, no puedo dejarte ingresar a mi escuela sin que vengas acompañada de tus padres.

- Ellos fallecieron y yo estoy emancipada, así que según la ley ya soy adulta, aunque para evitar problemas traje a un mayor.- Le señalé a Ryou.- Estoy a su cargo.

- ¿Tú?- Bramó ella con una sonrisa incrédula.

- Sí, mi nombre es Ryou Mora, tengo 19 años y Tsuki está a mi cargo, así que no veo el inconveniente. Ahí están mis documentos que verifican la información que le estoy dando.

Miré a Ryou mientras discutía unos últimos detalles con la directora. Era extraño verlo tan mesurado, sus rasgos estaban tensos, su mirada dejaba morir ese brillo divertido, pero a la vez cobraba madurez. Se veía tan responsable que no lo reconocía. Era sorprendente ver como sus bocas se movían pero no podía alcanzar a escuchar siquiera una palabra. Estaba concentrada en observarlo y no perderme detalle de su presencia. Había reflexionado mucho con respecto a él. Tenía dudas y quería saciar mi curiosidad de una vez. Al principio no cabía en mi cabeza la idea de empezar una nueva vida, menos con él, pero ahora entendía que mudarme con Ryou era el paso más grande que había dado desde que tengo memoria y tenía que estar del todo segura.

Al salir del lugar, caminaba sin prestarle un mínimo de atención al camino. Mi mente estaba enfocada en los papeles que me había entregado la directora. Al día siguiente comenzaría mi alumnado en el Seishun Gakuen. Eso me ponía feliz y triste a la vez. Por una parte, Seigaku hacía que la piel de todo mi cuerpo se erizara, que mis pupilas se dilataran y que el corazón no parara de latir ni un momento a un ritmo desbocado, pero también muchos recuerdos venían incluidos. En mi andar intranquilo lo único que sentí fue un brusco empujón que me tiró al piso. Mientras caía únicamente logré ver a dos chicos, además de Ryou, que miraban sorprendidos. Mis papeles quedaron desparramados por el suelo, y también mis gafas.

- Lo lamento, lo lamento.- Se lamentaba el muchacho una y otra vez mientras hacía una reverencia.

Sin embargo, yo había quedado sentada en el suelo, con el mal humor emergiendo desde mi mente, lo único que intenté hacer fue ponerme los lentes. Por otro lado Ryou no paraba de reír y el segundo chico sonreía ante la penosa actitud de su amigo.

- ¡Ryou!- Grité mientras golpeaba el suelo con las manos totalmente furiosa.- ¿Podrías dejar de reírte de una vez y venir a ayudarme?

- Lo lamento, estaba distraído.- Exclamó el muchacho que me había empujado mientras extendía su mano.

En el momento que levanté la mirada hacia el muchacho para tomar su mano, no pude evitar dar un movimiento hacía atrás y tomar aire sonoramente. El muchacho retiró la mano lentamente mientras miraba a los otros dos chicos sin entender que estaba pasando. Rápidamente entendí lo que estaba haciendo y comencé a tomar los papeles y dejar que el pelo me cayera sobre el rostro, lo último que quería era que me viera. Aunque una ráfaga de viento arruinó mis planes y me descubrió el rostro.

- Descuida, puedo sola.- Dije para no parecer descortés.

Al terminar de juntar todo, tomé a Ryou del brazo y me despedí de los chicos con una reverencia. Ellos comenzaron a caminar y no pudo evitar mirar hacia atrás y sonreír. Ambos vestían unas chaquetas blancas y azules, también cargaban unos estuches de raquetas. Sabía lo que eso significaba y me alegraba por mis antiguos amigos. Ellos eran los nuevos titulares de Seigaku.

- ¿Qué fue eso Sakuno?- Dijo y rió.

- ¡Ya no me llames Sakuno! ¡Mi nombre es Tsuki!- Grité enojada e hice una pausa.- Además no fue mi culpa que Katsuo me llevara por delante.

- ¿Katsuo? ¿Conocías a ese chico?

- Claro que sí tonto, conozco a casi todo Seigaku.- Volví a decir molesta.- Él era mi amigo…Y no me reconoció.

Mientras caminábamos, no paraba de pensar y revolverme la cabeza. Sin embargo, Ryou, él me observaba, podía sentir su mirada clavada en mí y eso ayudaba a calmarme.

- ¿Y qué si no te reconoció? ¿Acaso no querías una vida nueva? Esto será lo más nuevo que hayas experimentado, él ya no es amigo de Sakuno, pero ahora lo será de Tsuki.

- Quizás tengas un poco de razón, pero hay momentos en que me siento transparente, no estoy tan cambiada como para que no me reconozca nadie.

- Eso es lo que tú piensas, Tsuki, eres la chica más increíble que conozco, puede ser que cuando te miras al espejo no notas el cambio, pero ya no eres la niña que eras antes, Sakuno murió hace mucho y ahora esta hermosa chica que veo junto a mí no se parece en nada a ella. Cambiaste… Y tienes que aceptarlo de una vez.

Esas palabras me emocionaron. Era momento de que Ryou ocupara ese lugar que había guardado por tanto tiempo.

- ¿Por qué lo haces Ryou? Dilo de una vez.

Lo necesitaba. Era excesivamente necesario para mí saber el porqué de Ryou, ¿Por qué hacía todo lo que hacía por mí? Yo lo quería, pero ¿Él me quería a mí?

- ¿De qué hablas Sakuno?

Parecía confundido, y es que esa pregunta que le hice la tendría que haber hecho el primer día que llegué. Esperé demasiado. Ahora esperaba seria la respuesta que había esperado por tanto tiempo.

- Me diste una casa, un nombre, una nueva vida. ¿Lo haces por lástima?

Mi fuerza comenzaba a fluctuarse, ya no podía sostenerle la mirada.

- Sakuno…Te quiero.

Estaba impresionada, paralizada por su respuesta. Las manos comenzaron a temblarme y mi mirada cayó el suelo. Esa era la respuesta que quería. Podía sentirlo acercarse a mi lentamente, no sabía que era lo que iba a hacer pero no pude evitar saltar a sus brazos. Hacía mucho tiempo que ningún chico era tan cercano a mí como lo era Ryou. Mi mente volvió al pasado en ese duradero abrazo. ¿Qué estaría haciendo Ryoga en ese momento? ¿Se acordaría de ella?

- Fin Pov Sakuno -

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El gran día había llegado. Sakuno y Ryou desayunaban en la mesita de la cocina. Entre enérgicas risas y miradas esquivas que de momentos se cruzaban, hablaban de lo que sería el primer día de clases de la cobriza. Sakuno vestía su uniforme verde agua y desfilaba frente al azabache. Al final decidió que no podía usar ese traje tan infantil. Así que se dirigió al armario y tomó una falda corta color negro, unas botas y una blusa grises, y un saco también negro. El tono tan sombrío de su vestimenta resaltaba aún más la palidez de su blanca tez. Soltó su cabello rojizo sobre sus hombros y lo tiró hacia un costado. Se puso los lentes, los auriculares, el bolso, y después de saludar a su compañero de habitación, salió rumbo al Seishun Gakuen.

El camino se hizo demasiado extenso, quizás porque no estaba acostumbrada a caminar como lo estaba antes, quizás porque a medida que se acercaba comenzaba a descender la velocidad de su andar. Su estómago sentía cosquillas por los nervios y la sonrisa no la podía evitar. Extrañaba ir a la escuela. Al llegar notó que era demasiado temprano, los equipos deportivos comenzaban a reunirse, eso significaba que había llegado media hora temprano. A su derecha, a unos diez metros la mitad de los titulares del club de tenis masculino estaban en una ronda hablando entre sí, sin darse cuenta, nuevamente chocó con alguien. Solo que esta vez no cayó nadie al suelo.

- Hola de vuelta…- Dijo el chico peli negro.

Sakuno lo miró e hizo una falsa media sonrisa.

- Deberías dejar de chocar gente.- Dijo Sakuno y siguió caminando.

El peli negro rió y siguió su camino junto con su amigo. Sakuno caminó por los corredores y se dirigió a la secretaría de la escuela.

- Disculpa, ¿Puedo ayudarte en algo?

- Claro. Soy nueva y no sé a dónde tengo que ir.- Expresó falsamente.

La secretaria la hizo llenar unas cuantas formas y planillas. Cuando terminó, el timbre había tocado, así que después de escuchar "atentamente" los consejos e indicaciones que esa misma mujer le había hecho hace unos años, se dirigió al salón que le correspondía. Golpeó la puerta ya que la clase ya había comenzado. La puerta se abrió dejando ver a más de treinta rostros conocidos, incluyendo al profesor.

- Buen día. ¿Puedo ayudarla jovencita?

- Buen día, soy nueva.- Avisó.

- De acuerdo, pase.- Sakuno entró y se paró junto a la pizarra.- Ella es la nueva alumna Tsuki Mora, yo soy el profesor de español Sora Lei.

Todos dirigían su mirada hacia ella, como si fuera una desconocida. Entre todos esos rostros pudo identificar a Tomoka que la miraba de forma extraña, a Horio, Katsuo y Kachiro, a la molesta Jin Kokotori y sus locas y malvadas aliadas. Con paso firme y la cabeza en alto se dirigió a su asiento. El lugar vacío al fondo del salón. Junto a la ventana sería su nuevo lugar. Aún sentada allí, al final del aula, nadie dejaba de mirarla y susurrar. Los chicos hipnotizados por su belleza y las chicas muertas de envidia.

La clase pasó rápidamente. Cuando el timbre sonó, Sakuno se puso los auriculares y dejó de pensar. Cerró sus ojos y sonrió. Hasta que una voz la sacó de su serenidad. Abrió los ojos de repente y vio allí a Jin Kokotori, junto con su mejor amiga y Tomoka. Eso la impactaba. Tomoka siempre la había odiado, y Jin a Tomoka. Por otro lado, no entendía que hacía la rubia parada frente a su pupitre con esa falsa sonrisa.

- Bienvenida al Seishun Gakuen.

Sakuno se sacó los auriculares y vio como Katsuo se acercaba al grupo de chicas, o mejor dicho, a la rubia líder del grupo.

- Hola amor.- Expresó ella tomando la mano de Katsuo.- Justo estaba dándole la bienvenida a la chica nueva.

- Tsuki.- Aclaró Sakuno, levantándose para quedar a la altura de la chica.- Tsuki Mora.

- Uhm, sí eso.- Dijo mirándola de soslayo.

- Bienvenida Tsuki.- Expresó Katsuo sinceramente.- Cualquier cosa que necesites puedes pedirnos…

- Llamar a Kachiro.- Interrumpió la chica.- Él es el presidente del Consejo Estudiantil, puedes pedirle ayuda a él.

- Claro.- Dijo y se hizo lugar entre las chicas empujando a la rubia oji azul.

Después de pasar por el grupo salió del salón mientras se ponía nuevamente los auriculares. Sonrió. La tranquilidad que le ofrecía la música solo era comparable con la azotea de la escuela. Subió las escaleras a escondidas. A medida que trepaba un nuevo escalón su mente comenzaba a volar y se sumergía en recuerdos. Estaba feliz así que simplemente abrió la puerta y sintió el viento fresco acariciar su rostro con delicadez. No paraba de pensar en el pobre Katsuo. No podía creer que Jin fuera su novia, aunque después de verlo con la chaqueta de titular de Seigaku no le extrañaba demasiado que la tonta rubia lo hubiera elegido para ser más popular. Ella era de esas chicas que simulaban ser perfectas. Estaba en todos los clubes y grupos que podían existir. Era la líder de las porristas, ayudaba en la radio del colegio, también era parte del club de tenis femenino, quería destacar y lucirse frente a todos. Sakuno nunca la había querido, pero ahora sentía que la odiaba. Y es que, en el corazón puro de la antigua Sakuno no había lugar para el odio, para la envidia, para el rencor. Pero ahora era Tsuki. Y aunque era una buena chica, agradecida, amable y cariñosa, ella sabía odiar, era vengativa y quería sanar su orgullo. Acabar con todo lo que se le cruzara en medio. Ella era fuerte. Nadie la pararía nunca y no dejaría que la volviesen a lastimar. Nunca más. Nadie se atrevería a jugar con sus sentimientos. Nadie sería capaz de hacerla enojar. Todos conocerían el verdadero poder de Tsuki Mora.

Con las ideas acomodadas de cómo sería todo. Sakuno caminó rumbo a la puerta de la azotea, pensando en algo que separara a Jin de su antiguo amigo Katsuo. Tomó el picaporte de la puerta y al abrirla quedó reiteradamente en shock. Esos orbes dorados la miraban como hace un año. El mundo se había detenido. Ahora solo quedaban ellos dos mirándose fijamente, todos los ruidos se habían silenciado, la música proveniente de los auriculares de la chica ya no sonaba. Para Sakuno había sido como una explosión verlo allí, separado de ella solo por unos escalones. La había dejado aturdida, y por un instante en su mente lo único que sonaba era su nombre…

- "Ryoma…"

Continuará…

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Bueno, este fue el capítulo de hoy. Prometo que publicaré más seguido. Espero que les haya gustado. En lo personal la aparición de Ryoma me da muchas ideas así que quizás la próxima semana ya esté publicando el próximo capítulo, además de que ya lo tengo empezado. Si quieren dejar algún review saben que cualquier crítica es aceptada y sin más, nos leemos luego.

Kou Ghost Writer