En lo que me puedo convertir
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Hola lectoras y lectores. Bienvenidos a la reencarnación de este fic, en mi defensa tuve muchos asuntos complicados de salud y, a pesar de que escribir es lo que me ayuda siempre, mi mente carecía de inspiración. No quiero hacer esto demasiado largo así que perdonen mi tardanza. Gracias por sus reviews y a los que solo leen también les agradezco por seguir este fic. Aquí les traje este nuevo cap.
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The Prince of Tennis y sus personajes pertenecen a Takeshi Konomi. Por otra parte esta historia es completamente de mi autoría y sin fines de lucro.
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Capítulo 4
¿Plan de venganza? : Metamorfosis
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Pasos sin rumbo lo condujeron a ese lugar. No esperaba haber llegado ahí después de tanto tiempo, un poco más de un año para ser precisos. Escalón a escalón sus ojos recobraban brillo. La azotea siempre fue su lugar favorito de todo Seigaku. Allí volaban sus culpas hacia el exterior de su conciencia. Al estar a tan solo tres escalones de la puerta, aquella se abrió y dejó ver a una adolescente vestida de duelo, toda su ropa en color negro y gris, y aun así, la vitalidad se desprendía por sus poros. La sentía familiar, como si en algún momento se acercara a él para darle un cálido abrazo, aunque su mente no encontraba ningún rostro a quien asociarla. Tenía una extraña expresión en su rostro. Se acercó un escalón más a ella, y en ese instante la alegría que desprendía su presencia se desvaneció, sus orbes rojizos se llenaron de pánico, su blanca tez se volvió más pálida aún, sus labios temblaban ligeramente. Ella se acercó un escalón más a él, solo para corroborar si realmente no lo estaba imaginando, pestañeó, miró al suelo, y solo era un escalón el que los separaba. Su hipnosis se rompió cuando el timbre que daba inicio a clases sonó y frente a él, segura, solo emitió unas cuantas palabras.
- Permiso.- Dijo ella seca.- Tengo que ir a clases.
Él se movió ligeramente hacia un costado y la dejó irse, ella siguió bajando los escalones ya sin prestar atención al chico que había quedado tras ella, totalmente silencioso, mirándola…
Para ella los ruidos volvieron a invadir, la música de sus audífonos volvió a sonar y sus sentimientos por él volvieron a quedar enterrados. Hubiera estado dispuesta a perdonarlo si él le hubiera pedido, al menos una pequeña disculpa, pero como eso no pasó, ahora eran dos las cosas que tenía que solucionar. Por un lado Jin Kokotori tenía que alejarse de Katsuo y, por otro lado, Ryoma Echizen tendría que pagar por cada lágrima derramada.
Ryoma se quedó en la azotea recordando viejos tiempos. Él había "cambiado" por ella, el único problema era encontrarla. Para todos, la joven Sakuno había desaparecido. No importaba a quién le preguntaba, siempre era la misma respuesta. La única información que consiguió fue que ella, en esa misma azotea, había intentado acabar con su vida. Lo que no entendía era por qué. Por él no podía ser, porque aunque sabía que Sakuno estaba totalmente enamorada de él, después de esa noche en que le confesó sus sentimientos, le dejó aquella nota, diciéndole que la quería de verdad. También sabía que su abuela se había mudado lejos. Pero esa no era información suficiente.
Así pasaron las horas y el timbre que marcaba el final de la jornada resonó. Se levantó del suelo y recordó a aquella somnífera joven. Era realmente hermosa, aunque por su voz parecía algo tosca. Algo de ella le atraía y repelía a la vez, era extraño. Como un par de imanes de polos iguales.
Caminando hacia la salida del colegio vio a sus amigos y no pudo evitar sonreír, aunque estos estaban acompañados por tres chicas que a lo lejos no podía distinguir.
- ¡Echizen! ¡Ryoma!- Se escuchaban los gritos acercarse.
- Hola.- Dijo una vez cerca de ellos.
- Tú siempre tan hablador.- Bramó Kachiro con ironía en su voz.
- Hola Ryoma.- Susurró demasiado sugerente Jin colgada del brazo de Katsuo.
- Hola Jin.- Le respondió Ryoma sin darle demasiada atención.- ¿Osakada?- Preguntó al sorprenderse por verla junto a Jin.
- Hola Ryoma- sama.
Su voz era melancólica. Demasiado suave. ¿Qué había pasado con la eufórica Tomoka? Su mirada era gris, comparada con la ansiosa niña que era antes, ¿Qué se había perdido?
Por un momento todo fue demasiado incómodo. Nadie sabía que comentar. Hasta que aquel silencio se rompió. Jin hizo una señal a sus dos seguidoras, junto con una malévola sonrisa, y se soltó del brazo de Katsuo. Miró a Ryoma y les dirigió una risita a todos.
- Lo lamento chicos por no poder seguir aquí con ustedes, debemos irnos. Hasta luego.
Dicho eso comenzó a caminar y chocó a una bonita peli rojiza que caminaba tranquilamente, tirando sus libros al suelo.
- Fíjate por donde caminas.- Dijo altanera, luego volteó y saludó a los chicos con otra sonrisa.
Sin embargo la cobriza no lo pasaría por alto. Se agachó para juntar sus libros, teniendo en mente lo que haría, y Katsuo se apuró para ir a ayudarla.
- Perdónala, de seguro fue sin querer.- Habló el peli negro.
La muchacha se levantó y dirigió una sonrisa a los tres chicos que la miraban.
- Claro… Sin querer...- Dijo malhumorada.
Ryoma comenzó a observarla pasmado, sentía algo conocido en ella.
- Ven, te presento a mis amigos. Él es Kachiro y él es Ryoma, recién llega a Japón.- Dijo a la vez que los iba señalando.
- Oh, bienvenido…- Dijo con una falsa sonrisa.- Disculpa… ¿Cómo era tu nombre?
- Ryoma.- Dijo de mala gana, no estaba acostumbrado a que no lo reconocieran.
- Bueno Katsuo fue un gusto conocerte.- Expresó la cobriza.- Nos vemos luego.
Saludó a todos con una sonrisa, incluso a Ryoma, que la miraba fastidiado, y se marchó a paso lento. Todos los allí presentes no podían dejar de mirarla sorprendidos por la reacción tan amable ante el "accidental" tropiezo de Jin.
- No puedo creerlo… ¿Ya te enamoraste de la chica nueva?- Dijo Kachiro negando con la cabeza.
- Jin es mi novia. No estoy enamorado de nadie.- Dijo Katsuo algo… ¿Confundido?
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Si esa era la forma de encontrarla se arriesgaría a ser rechazado. Se detuvo frente al pórtico de la casa y abrió la pequeña puerta de madera, puerta que antes no estaba ahí... Una gran cantidad de recuerdos llegaban a medida que se acercaba a la puerta de la casa. Cuando se halló frente a ella, hizo el ademán de golpear, pero se arrepintió y retrocedió.
- No vas a encontrar a nadie.- Sonó una voz aguda y chillona.
El peli negro volteó y vio en la cerca a una pequeña niña haciendo burbujas de jabón. Tendría un metro de alto como mucho, un bonito vestido azul marino y el cabello castaño atado en una trenza corta. Jugaba con un oso de peluche blanco muy parecido al de Sakuno.
- ¿Ah sí? ¿Y ese oso de dónde lo sacaste?
- Aquí no vive nadie.- Dijo y le señaló un cartel.- ¿Ves? Ahí dice en venta. Me lo dio la chica antes de irse.
Sonaba como una adulta por el tipo de palabras que usaba para tener, como mucho, 10 años de edad. Ryoma se acercó más a la cerca y la bonita niña lo miró de reojo inspeccionándolo.
- ¿Y la familia que vivía aquí?
- El señor murió en un accidente y la mujer también falleció.
Ryoma retrocedió un paso anonadado. ¿Y qué había pasado entonces con Sakuno? ¿Huérfana? Empezó a caminar hacia atrás, quería irse de allí y desaparecer del lugar si le era posible. Caminó largo rato, a paso lento, calmado y recordó a aquella chica que había cruzado. Era espléndida. Su cuerpo bien contorneado, su tez pálida, sus ojos rojos cual sangre y cabello oscuro desde la raíz hasta la punta. Rauda, todo lo contrario a Sakuno... Pero, ¿Qué le importaba esa chica? Quizás sus ojos color sangre se la recordaban, quizás solo quería enfocar sus pensamientos en algo que no fuera ella. Realmente no era más que una chica. La única que importaba en ese momento era Ryuzaki.
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- ¿Qué te pasa?- Ryou empujó suavemente a Sakuno de él.- Estás rara...
- Solo estoy cansada… Fue un largo día.- Dijo.- Un muy largo día.
- ¿Tan mal estuvo?
- Podría decir que sí.
La cobriza estiró su cuerpo y bostezó, luego se refregó los ojos y, por último, soltó su cola de caballo para dejar su pelo suelto. Ryou quedó deslumbrado ante la belleza de la peli rojiza que solo lo miraba esperando.
- ¿Que miras?- Extendió su mano.- Vamos, dame mis llaves.
El peli negro se paró frente a ella con una sonrisa malévola. Metió la mano en su bolsillo y sacó un juego de llaves que hizo tintinear frente a la peli rojiza. Esta tiró un manotazo, pero Ryou le alejó las llaves de su alcance.
- Hagamos un trato Sakuno.
- No haré ninguna clase de pacto contigo.- Sacó de su bolsillo las llaves de Ryou y las arrojó sobre la mesa.- Haz lo que quieras con ellas, hoy no estoy de humor para juegos.
Lo miró con desdén y se alejó de él. Poco a poco subió las escaleras dispuesta a ir a su habitación. La puerta cerrada. Escuchó ruidos tras de sí.
- Toma.
Sakuno simplemente tomó las llaves y entró a la habitación. No había forma de describir la tranquilidad del cuarto de Sakuno. Era una extraña mezcla de paz y armonía. Era su reino, su lugar favorito en todo el mundo. Era libre.
Abrió su armario y tomó un cuaderno negro. Al sentarse en la cama lo abrió con mucho cuidado y sacó de él un lápiz.
Sakuno escribía hermosas melodías en los pentagramas mientras vislumbraba como sonarían y con una sonrisa en el rostro escribía algunos versos, algunas notas. Sus hábiles dedos se movían de manera lenta y suave, y a su vez iluminaba el ambiente con una sonrisa triste. Con el miedo latente en su voz comenzaba a tararear, para luego ponerse a cantar.
Su voz invadía el ambiente, pero dejó de cantar y siguió imaginando la música brotar de su alma solo que esta vez con los ojos cerrados, aliviada. Tomó aire y suspiró con una sonrisa.
- Ryoma…- Susurraba mientras escribía el nombre del azabache en el cuaderno.
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Ryou se sentía terriblemente mal por Sakuno, no entendía muchas cosas de su vida, puesto que ella era un enigma. Nunca había forma de saber en qué pensaba o que sentía, pero sus bonitos ojos expresaban todo un mundo que él no sabía cómo describir, algo que él desconocía completamente. El muchacho estaba perdidamente enamorado de ella desde que la había conocido. Arrogante, fría, autoritaria, pero con él ella era, al menos, un poco diferente y eso le daba esperanzas.
Solo había escuchado un nombre: Ryoma.
Sin dudar, golpeó la puerta de la habitación.
- Tsuki.
La puerta se abrió y Sakuno miró a Ryou, apoyándose en el umbral de la puerta.
- No te di las gracias... Digo por las llaves.
- No, no importa.- Ryou dudó.- Te… Te oí.
- ¿Qué?
- Cantando. Te oí cantar hace un momento.- Sakuno agachó la cabeza.- Deberías unirte a la banda... Eres buena.
Ryou continuó mirándola. Seguía sin comprender muchas cosas de ella, sobre todo por qué no era así de dulce siempre, por qué era tan cerrada con todas las personas menos con algunos pocos.
- Piénsalo bien, cantas y sabes componer.
- No seas ridículo...
- Es en serio, Kamio y Kippei no tendrían problema, tocaríamos juntos...- Dio unos pasos adentrándose en la habitación y se quedó callado unos segundos.- ¿O no somos lo suficiente para ti, Tsuki?
Sakuno elevó su rostro y lo miró, cuando escuchó esas palabras se sintió ofendida, defraudada, no se lo esperaba de él. Sobre todo porque, aunque fuera con otras palabras, esa discusión surgía una y otra vez. A Ryou no le encantaba el hecho de que Sakuno fuera distinta cuando estaba en presencia de otras personas.
- Basta con eso Ryou, ¿A quién demonios le interesa si me llamo Sakuno o Tsuki?
- Tu problema es que no puedes aceptar como eres, Sakuno eres... Tú eres genial. Pero Tsuki es una maldita engreída.
Sakuno empujó al azabache fuera de la habitación con el odio en su mirada. Le costaba, no iba a negarlo, odiaba tener que echarlo, pero nuevamente se sentía herida y no iba a permitirlo de ninguna manera.
- Tsuki sabe defenderse Ryou... Acepta que Sakuno ya no existe.
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La tarde se tornaba de un color rojizo y las nubes invadían el cielo. La leve brisa anunciaba la lluvia y aquella chica vagaba por las calles buscando alguna respuesta en la soledad, camino al trabajo. De pronto pequeñas gotas comenzaron a caer, una después de otra, interminables.
- ¡Qué estupidez!- Miró al cielo y se puso la capucha.
En cuestión de minutos se halló empapada. Era lindo caminar bajo la lluvia y dejar que todos los pensamientos fluyan y se conviertan en ideas más claras, pero aun así prefería estar seca.
Vio el pequeño bar, alejado de la ciudad. Al ver a las personas divirtiéndose entre ellas, le recordó tantas épocas bonitas en las que ella era feliz y entró por la puerta trasera. Se puso su uniforme verde oscuro y se sentó a esperar que la campana sonara. Ann la saludó desde una mesa cercana con la mano. Cuando vio clientes entrar se levantó de su asiento pero al ver quiénes eran rápidamente se cubrió la cara con una bandeja de metal.
- ¿Qué te ocurre? Tienes una mesa que atender.- Le susurró.
- No puedo atender esa mesa.
- Sabes que te cubriría pero tengo que ayudar en la cocina, lo lamento.- Dijo mientras se alejaba.
Se descubrió la cara y comenzó a avanzar hacia la mesa con varios menús en sus manos. En la mesa esperaban dos de los ex sempais, Momoshiro y Eiji, los nuevos tres sempais, Horio, Katsuo y Kachiro y el recién llegado Ryoma. Trauma. Nadie la había notado a excepción de Ryoma que la miraba mientras se acercaba. ¿Por qué siempre la miraba si ni siquiera la reconocía? ¿Qué hacía en ese lugar? Sakuno no podía evitar mirar hacia él. Se sentía furiosa porque no la reconocía y a la vez débil, porque deseaba que fuera así.
- O'Chibi, aún no puedo creerlo. ¿Qué haces aquí? Es impactante tu regreso de la nada.
Eiji estaba emocionado de ver al pequeño Ryoma y trataba de contener toda su emoción, pero la sonrisa no podía borrársele del rostro. Ryoma había crecido unos buenos centímetros y ya no tenía la misma personalidad que cuando era más niño. Se podía decir que había madurado, aunque aún le quedaban rastros de arrogancia, de egoísmo. Lo que había cambiado era su frialdad y cortesía, al menos con las personas que lo rodeaban o que no conocía. Ahora era un tanto más respetuoso y amable, pero en el fondo seguía siendo igual.
- El torneo de tenis acabó y no tenía nada que hacer en Estados Unidos.
Sakuno no podía evitar escuchar la conversación mientras se acercaba a la mesa.
- Buenas noches, les dejo los menús.
- Hola Tsuki.- Saludaron los tres nuevos sempais.
- Gracias.- Dijo Momoshiro tomando el menú.- Un torneo de tenis no dura un año y medio Echizen… Por algo vienes y creo que ya sé por qué.
Ryoma se recostó más sobre la silla y apoyó la cabeza sobre sus manos. Sus párpados descendieron y muchos recuerdos aparecieron en sus pensamientos.
- No vengo por algo...- Abrió los ojos.- Vengo por alguien.
Los muchachos largaron una risa, negando con la cabeza, desconcertando al muchacho que los miraba buscando respuesta.
- Te han atrapado amigo.- Kachiro soltó una risa cuando Momoshiro pronunció esas palabras.
- ¿Qué se les ofrece?- Dijo Sakuno interrumpiendo la conversación.
- Una ponta de uva, dos de naranja, tres de frambuesa y para comer seis porciones de torta.- Eiji soltó el menú.- Hay que festejar el regreso del O'Chibi.
- Claro...- Anotó Sakuno en su libreta.- En seguida les traigo su orden.
- Espera Tsuki.- Llamó Momoshiro.
- Ann está en la cocina.- Dijo encogiéndose de hombros y riendo mientras se alejaba.
- Creo que soy demasiado predecible.- Dijo el joven peli negro mientras miraba sus manos avergonzado.
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- ¿Quieres que te lleve o viene a buscarte Ryou?
- Acabamos de pelear, así que no creo que venga a buscarme.- Soltó el menú sobre la mesa con actitud arrogante.- Idiota.- Dijo y miró al peli negro que tomaba su ponta de uva.
- Lo lamento Tsuki. Luego hablaré con él en los ensayos de la banda.
Sonrió y la dejó sola para atender una mesa.
- Pov Sakuno -
¿Cómo hacia Ryoma para llegar en el momento más inoportuno? ¿Por qué? Ya estaba harta de que él se aprovechara de mis sentimientos. Ahora estaba muerta en vida, no estaba ni feliz ni triste, estaba vacía por dentro. ¿Y él? Él estaba divirtiéndose con sus amigos a tan solo metros de mí, y ni siquiera era capaz de reconocerme.
Dirigí mi mirada a él, quién me miraba fijamente. No me sentía intimidada como antes lo hacía, simplemente trataba de desafiarlo con la mirada. Pero me di cuenta que esa era su forma de sentirse especial, no le daría esa oportunidad, él era solo otro más. Así que solo conté hasta tres y como si no me interesara desvié la mirada a mi celular y escribí un simple mensaje:
"Ryou, ven a al bar. Lo lamento"
Deseaba mirar para comprobar si me seguía mirando o no, pero no lo hice. Al cabo de diez minutos, Ryou estaba allí, mirando en la puerta, buscándome. Me levanté de mi lugar y le hice una seña de que se acercara. A paso lento llegó al mostrador y se sentó.
- Hola.
- Hola.- Dije también.- ¿Quieres ordenar algo?
- No, descuida. ¿Qué querías?
- Cambié de opinión, quiero unirme a la banda.
- ¿Qué te hizo cambiar de opinión...- La miró directo a los ojos.- Tsuki?
- Eso no importa, voy a unirme... Solo quería avisarte y pedirte disculpas.
- ¿Me llamaste para eso?
- Sí.
Miré hacia la mesa, Ryoma seguía mirando fijo.
Ya nada era igual pero, quizás, eso demostraba lo fuerte que podía ser si lo deseaba. Mi corazón, mi mente y mi alma estaban decididos, cansados y sabían que él ya no formaba parte de mi vida. Lo único que costaba y que realmente dolía era mi orgullo. Sentía que se había burlado de mí en mi propia cara, que se había aprovechado de una joven niña que lo amaba con todo su ser, y que yo se lo había permitido sin siquiera dudar de sus intenciones.
Mi orgullo no estaba en juego, iba a ser reparado a cualquier costo... Así muriera en el intento.
- Fin Pov Sakuno –
Ryou veía como Sakuno no lo miraba a él, como miraba justo detrás de él y no pudo evitar mirar hacia atrás. Lo que vio lo dejó impactado, aquel chico lo miraba altivo, con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios. Volvió a mirar a Sakuno, vio culpa en su mirada, vio miedo, vio odio, y lo supo. Él era el tal Ryoma.
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- ¿Es por él, Ann?- El rostro del azabache lucía preocupado.
- No seas paranoico, quiere unirse, ¿Por qué te molesta tanto?
- Porque sé que lo hace por ese chico.- La voz de Ryou se volvió apagada al igual que su mirada.
Ann solo le sujetó la mano, le dio una palmada en ella y tomó el bolso de su locker.
- Vamos, que la muy terca debe estar esperándonos afuera.
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Sakuno esperaba fuera del bar con aquel mal genio de siempre. Para cubrirse de la lluvia se puso la capucha de su campera, pero antes se colocó los auriculares. Su pálida piel se tornaba de un color grisáceo por el frío y sus finos labios resaltaban aún más por su tono levemente violáceo. Esta rogaba que los chicos se apuren, pues no quería tentar al destino para irse y terminar arruinando todo por la simple impaciencia. En su mente rondaban grandes ideas para llevar a cabo...
Por la puerta del bar pasó el grupo de chicos. Sakuno, disimulando, comenzó a usar su celular como si no los hubiese visto. La música la aturdía y el celular era totalmente aburrido en ese momento. La poca luz que daba en su rostro se vio opacada por la silueta de uno de los chicos que se paró frente a ella. Sakuno solo lo miró de reojo y volvió a su celular.
- Hola.- Dijo él.
Ella volvió a mirarlo directamente a los ojos y otra vez a su celular al tiempo que negaba con la cabeza de manera muy sutil.
- Hola.- Respondió al chico.
Este sonrió tímidamente y miró hacia el suelo.
- Mi nombre es Katsuo, creo que hoy no me presente.
- Ajam... Si lo hiciste.- Dijo despreocupada y lo miró.- ¿Qué necesitas Katsuo?
- Necesitar no necesito nada.- Dijo riéndose.
- Mi nombre es Tsuki, creo que ya lo sabes.- Le tendió la mano.- Mucho gusto, pero... ¿Por qué no vuelves con tus amigos…? O mejor aún…- Hizo una pausa.- ¿Por qué no vas con tu novia? Podría enojarse si se entera que estás hablando con otra chica.- Dijo y miró a espaldas de Katsuo a los otros chicos.- Por cierto Takeshi, Ann quiere hablar contigo.
Después de haber dicho esto volvió a su posición original usando su celular. Katsuo, al igual que ella, volvió a donde estaba con Ryoma y los demás.
- ¿Otra vez ella? ¿Quién es?- Preguntó Ryoma mientras se movía para verla.
- Su nombre es Tsuki Mora.- Dijo Katsuo con una sonrisa en la cara mientras volteaba a verla.- Es nueva, empezó hoy.
- Y ya cazó a nuestro amigo Katsuo.- Dijo Kachiro palmeando su espalda y riendo.
- ¿Jin no era tu novia?- Pregunto Ryoma.
- Uhmm sí. Y Ann ya cazó a Momo.- Dijo riendo.
- Lo nuestro es única y extremadamente profesional.- Dijo con aires de grandeza.- Ella ya tiene un novio.
Ryoma la miraba deslumbrado. Así que la chica nueva, esperaba cruzarse con ella en algún momento.
Por la puerta del bar salieron Ann y Ryou, despertando así los celos de Momoshiro, que la veía reírse del brazo de este y a su vez la cubría con un paragua. Cuando ella lo vio lo soltó sutilmente y corrió hacia donde estaban ellos para no mojarse tanto.
- Momo- kun tengo que hablar contigo...- Miró a los chicos.- A solas si es posible.- Lo tomó del brazo y lo llevó hasta un árbol alejado.
- ¿Qué necesitas?
- Tsuki ingresará a la banda, solo quería avisarte.
- ¿Tsuki? ¿Estamos hablando de la misma Tsuki?- Preguntó desentendido.
- Sí.
- Wow será lo mejor que pueda pasarle a la banda. Ella ya es la más popular de la escuela y empezó hoy. Espera a ver los anuncios del próximo lugar en el que toquen...- Al tiempo que hacia señas en el aire.- "Próximamente en Ser o No Ser, TSUKI MORA".
- No, no, no. Claro que no. Es una sorpresa para nuestro próximo espectáculo, nadie debe enterarse.
- Pero...- No terminó de hablar que Ann lo había interrumpido.
- Por favor Momo- kun, guarda el secreto y te estaré muy muy agradecida.
- No sé por qué siento que me voy a arrepentir de esto...- Suspiró.- De acuerdo.
Ann pegó un grito y lo abrazó, le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia Sakuno y Ryou, gritándole "gracias". Momoshiro se llevó la mano a la mejilla y sonrió. Volvió con los chicos.
- ¿Qué quería?- Preguntó Ryoma.
- Confidencialidad muchachos, confidencialidad.
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Montañas de ropa tiradas por el suelo, maquillaje, zapatos esparcidos por la habitación. Esto rodeaba a la hermosa peli anaranjada que estaba sentada en el piso de la habitación de Sakuno como si estuviera en un parque.
- Esto es muy peligroso Sakuno...- La miró tímida.- Perdón, quise decir Tsuki.
La peli roja agarró una pila de ropa y la colocó sobre la cama. Se sentó sobre ella y suspiró.
- No es que me agrade hacer esto, pero todos saben que él se lo merece...- Otro suspiro.- Yo lo necesito.
- Y entiendo.- Ann se paró frente a ella.- Pero esto es un arma de doble filo, y sabes que es cierto.
- Ya se lo que insinúas Ann.- Sakuno abrió un cajón del que sacó una pequeña pelota de tenis garabateada en color rojo.- Pero él ya no es parte de mi.- Dicho esto arrojó la pelota al tacho de basura.
- ¿Y qué pasará con Sakuno? Te recuerdo que no puedes desaparecer a una persona.
- Piénsalo, nadie recuerda a Sakuno desde que me cambie el nombre, es como un fantasma...- Tomó un bolígrafo y un anotador del mismo cajón y comenzó a escribir.- Dime, ¿Quiénes estaban en contacto conmigo y Ryoma a la vez?
- No lo sé.
- Tomoka no sabe que soy Sakuno, Katsuo, Kachiro y Horio tampoco, los sempais menos. Mi abuela se mudó lejos.
- ¿Y Ryou?
- Él… Ya está enamorado de mí.- Dijo con una sonrisa en su rostro.- Así que será muy fácil alejarlo de los chicos. Además estoy prácticamente irreconocible. Mi cabello, mi personalidad, mis nuevas gafas, mi forma de hablar, estoy en la banda, vivo en otro lugar... Nadie sospecharía que Tsuki es Sakuno...
Ann sonrió y negó con la cabeza. Mientras revisaba algunas de las cosas de Sakuno con admiración, no podía creer lo que estaban por hacer.
- Tsuki te ganaste mi respeto.
Ambas rieron. Esa personalidad malvada no era común, aunque era excitante y llenaba a ambas de adrenalina.
- Pero dejemos de hablar de mí, ¿Y Kamio?- Preguntó Sakuno mirándola de reojo.
- Él está bien, estamos bien, aunque esto de tener novio es demasiado nuevo para mí.
Ann jugaba con sus dedos, no estaba muy segura de lo que Sakuno le había preguntado. Kamio era muy bueno con ella, la cuidaba, la quería, le daba todo lo que podría necesitar, pero no estaba segura de que sea amor lo que sentía por él. Se divertía, la pasaba bien pero no sabía si era lo que ella quería.
- No siento lo que tú sentías por Ryoma.- Dijo agachando el rostro.
- Quizás solo eres inteligente.- Sakuno se sentó a su lado.- Piensa bien si es lo que quieres, podrías herirlo.
- ¿Y tú? ¿Nunca reharás tu vida? Solo tienes diecisiete años, no puedes estar de luto eternamente.
- ¿Ves?- La peli rojiza señaló su brazalete negro.- Estaré de luto hasta que mi corazón sane, y por lo que veo va a tomar demasiado tiempo.
- Tienes muchos pretendientes por ahí, alguno debe de gustarte. Ryou, Katsuo… Eso sin contar a todos tus compañeros de clase que no conozco.
Sakuno dudó antes de hablar y enmudeció. Miró sus manos y jugueteó con sus dedos. Una sonrisa apareció en su rostro y se acostó en la cama.
- Creo que me gusta Ryou...
- ¡Ryou! Lo sabía.- Dijo la peli anaranjada pegando un salto.
- ... Y Katsuo no está tan mal...- Terminó de hablar.
Ann quedó sin palabras, solo miro al frente y volvió a sentarse cautelosa, como si todo fuera de un delgado cristal que pudiera quebrarse en cualquier momento. Sakuno reaccionó de la misma manera y se levantó, quedando sentada justo al lado de Ann. No podía creer que lo había dicho, que se lo había dicho a alguien, necesitaba liberarse. Pero tampoco creía la tranquila reacción de la peli anaranjada. Ella quería centrarse en su plan, pero como hacerlo si dos chicos robaban sus sueños y uno sus pesadillas.
- Ya lo sé... Soy una tonta.
En la mente de Sakuno rondaban miles de recuerdos... Uno tras otro como el tráiler de una película...
- Flash back -
Habían pasado meses desde aquel incidente y, Sakuno, aún cargaba con sus gafas de sol. Una cosa era soportar un desamor y otra muy diferente quedar huérfana de un día para otro, por más trágico que se oyese. Sakuno pasó toda esa noche llorando y hablándole al cielo. Les juró a sus padres y a ella misma no volver a ser débil nunca más.
Tras pasar la noche despierta, el aspecto de ella no era el mejor, pero aun así solía ser bella. No era despampanante, pero si se veía muy tierna. En su valija había guardado apenas unas prendas de ropa y algunos recuerdos, aunque no había terminado de empacar.
- ¿Dónde está?- Preguntaba desesperada al aire.- Yo te dejé aquí...
El cajón estaba en el piso y Sakuno buscaba incluso debajo de la cama el cuadro con aquella foto tan atesorada para ella. Después de unas horas de buscar se resignó con las lágrimas brotando de sus ojos, puso todo lo que entró en esa valija y se dedicó a pasear por el que había sido su hogar desde que tenía memoria. El hospital psiquiátrico la había dejado ir de visita a su antigua casa antes de que la pusieran en venta. Entró a la habitación de sus padres y tomó una cajita con un collar y unos aretes que pertenecían a su madre, también una foto en la que aparecían dos niñas pelirrojas, una mujer de cabello largo y un hombre de ojos grandes y aspecto tranquilo. Luego echó un último vistazo a su cuarto y allí vio al joven médico dedicándole una sonrisa y abrazándola mientras rompía en llanto.
- Vamos, es hora de irnos.- Dijo Ryou suavemente.
- Fin de Flash Back -
- ¿Ryou…
- Flash Back -
Las decisiones de su adre le pesaban, en un inicio creyó que era algo demasiado drástico. Por última vez recorrió la azotea, sola, sumergida en llanto. No quería irse. ¿Y Tomoka? Bastante le había costado tener que decepcionarla para que no le costara su partida. Los sempais, los chicos, su escuela, su vida, t0do estaba perdido. Y ella solo contaba los segundos para que fueran a buscarla y encerrarla en un tonto hospital. Nuevamente se acercó al borde de la azotea, y pensó que todo fue por aquella estupidez que había intentado hacer.
La puerta se abrió y dejó entrar a un jovencito que pasó de tener una sonrisa a una cara de terror absoluto.
- Saku…- Su expresión cambió al ver a la chica al borde de la cornisa.- Saku- chan, ¿Q- Qué haces?
Sakuno volteó mientras se limpiaba inútilmente el rostro empapado en lágrimas.
- Na- Nada Katsuo- kun.- Respondió avergonzada, mientras miraba el suelo.- Solo me despido.
- Eso venía a decirte, hay un auto esperándote en la puerta de Seigaku.
Al escuchar esas palabras, la muchacha volvió a romper en llanto, mientras que se arrodillaba lentamente en el suelo. Ante esto Katsuo se acercó a la joven y se acuclilló justo frente a ella.
- Todo estará bien Saku- chan.- Dijo y le tendió un pañuelo.
Ella se secó las mejillas y se lo devolvió, pero este no lo aceptó.
- Quédatelo, creo que tú lo necesitas más que yo.- Se levantó y ofreció su mano a la jovencita.- Vamos.
Sakuno aceptó su mano y un leve sonrojo invadió su rostro. - Gracias Katsuo- kun.
- Fin de Flash Back -
- … O Katsuo?
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Las hojas de otoño danzaban por el aire, la brisa fresca golpeaba su rostro y todo la hacía recordar al guapo peli negro, se lo imaginó ahí con ella, sentado en la banca. Pero el momento duró menos de dos segundos. Un castaño de altura promedio se sentó a su lado y la besó. Ann sonrió y continuó el beso.
- ¿Cómo estuvo tu día Kamio?
Continuará…
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Espero que les haya gustado el capítulo de hoy. Ya saben que cualquier review es aceptado, digan lo que digan lo usaré para mejorar. Sin más nos leemos luego.
Kou Ghost Writer
