Razón II

Una buscapleitos

Gerald no sabe qué decir, prefiere quedarse en silencio mientras nota como Arnold Shortman no despega la vista de la rubia que va entrando a la preparatoria. Suelta un suspiro ¿Ahora qué pretexto le recriminaría el chico para negar sus sentimientos por esa joven?

— ¿Qué sucede?

Arnold se percata de la mirada del moreno y se gira como si no supiera a qué se refiere, se acerca a su casillero y finge concentrarse mucho en la contraseña para abrirlo. Gerald se recarga en el resto de metal que conforman los casilleros, de pronto a ambos los sorprende el abrazo de Phoebe, la novia del moreno, quien también es la mejor amiga de Helga.

— Nada viejo

Arnold frunce el entrecejo y cierra de un portazo el casillero, Phoebe lo mira con incredulidad.

— ¿Acaso sigues enojado por lo que pasó el día de ayer Arnold? ¿O es porque Helga no te ha dirigido la mirada desde que llegó?

Gerald se golpea la frente, justo lo que no quería decir fue lo que salió de los labios de su perspicaz pero muy directa novia.

— ¿Tienes que usar ese tono acusatorio?

Recalca molesto pero intentando mantener la compostura. Claro que estaba molesto, Helga llegaba tranquila y campante después de haber provocado que le dieran un golpe en la cara y lo dejaran más maltrecho que a un muñeco de trapo.

Además por si eso no fuera poco, la muy criminal — ¿De dónde había sacado esa frase? — había ido hasta su casa para provocarle un mini infarto y al final dejarlo cada vez más confundido.

Estaba seguro de haber sido directo ese día ¿Quién más dice "quería impresionarte" si no es para afirmar que ahí hay algo más que amistad? Sí, por más que buscaba la respuesta en su cabeza era incapaz de definir si quería matarla por estarlo evitando o simplemente besarla para ser lo más claro posible.

— Oh no Arnold, solo lo digo porque la has estado mirando desde hace bastante rato y haces rabietas como si aún tuviéramos 10 años.

Vuelve a soltar Phoebe, quien más parecía querer atormentarlo. Así que prefirtr no caer en la trampa y hacerse el desentendido. Al final ya no tenía que soportar más el interrogatorio pues la pareja acaramelada no compartía la siguiente clase con él.

Claro que no, la siguiente clase correspondía a Historia y esa la compartía con la inigualable Helga. Después de su hora juntos, él volvería con Gerald y el día habría acabado, así que solo debía obligarla a prestarle atención.

¿En qué momento se había vuelto tan posesivo? Sí, tal vez fue después de la confesión que fingieron no existió.

Seguro, estaba todo claro cuando lo recordaba. Era obvio que al principio no había sido capaz de procesarlo de inmediato, la niña que más lo odiaba en el mundo ahora decía amarlo ¿Qué tal si todo era una broma? ¿Qué tal si solo quería burlarse una vez más de él?

Tardó en comprender que en la intensidad en la que se ama se puede llegar a odiar.

¿Cómo habría sido para ella vivir con esos sentimientos a flor de piel todo ese tiempo?

Antes de que pudiera entrar al salón se topó con una escena poco placentera. Helga estaba discutiendo con una chica, de pronto vio lo que no tenía que pasar. La joven le propinó una fuerte bofetada a su rubia… ¿su? Antes de detenerse a analizar su propia capacidad de egoísmo tuvo que interferir.

Y tal y como sospecha la chica de ojos azules no le regresa una bofetada, sino que a puño cerrado había dejado cayada, y en el suelo, a la pobre alma que la había desafiado.

Como pudo, Shortman la separa de la chica y tiene que cargarla hasta el salón mientras ella no deja de blasfemar contra la pobre diabla y contra el mundo.

— ¿Siempre tienes que actuar así Helga? — grita exasperado mientras la obligaba a sentarse en una de las sillas del salón que aún permanecía vacío.

— ¡Ni si quiera tienes idea de lo que está pasando Arnoldo!

Ella se cruza de brazos y él asegura ver que por un segundo hace un puchero con los labios como si estuviera en medio de un pequeño berrinche. Durante años consideró a Helga un libro hermético, cerrado a que cualquiera viera su interior y por eso pensó que su actitud cruel era solo una tapadera.

Pero nunca se decidió a forzar la tapa, poco a poco comprendió que sí, Helga tenía un lado mucho más sensible pero su actitud extrovertida y aguerrida no era una cobertura solamente, era en gran medida lo que ella era. Por ello se prometió no volver a juzgarla solo por sus acciones.

— No, no tengo idea. Pero me gustaría que me explicaras, así podría entenderte.

Se nota que ella se sorprende, porque deja de replicar en silencio y alza su mirada para parpadear un par de veces sin despegar su punto focal de los ojos verdes de él. Por muy poco tiempo Arnold sabe que Helga ha bajado sus defensas, así que decide seguir

— Sabes que estoy en contra de la violencia, pero sé que no la usarías simplemente porque sí, como cuando éramos pequeños.

Y sabe por la reacción de ella: que lo ha echado a perder. La rubia se levanta como resorte con su cara llena de molestia. Él suspira, tocar el tema de cuando tenían 10 años es siempre un error, en general él lo sabe y trata de no mencionarlo, pero no siempre puede. Esa época marcó algo importante de sus vidas y si simplemente finge que no pasó nada, se podría arrepentir más de lo que ya hacía.

— No intentes ser el buen samaritano siempre Cabeza de Balón — Helga se separa de él y se aleja hacia la puerta, cuando su figura va desapareciendo aún Arnold es capaz de escuchar una leve queja — Además no es como si me entendieras ahora.

El profesor entra y él no tiene más opción que resignarse a verla más tarde. Si es que puede hacerlo, Helga podía saltarse las clases sin remordimiento y por supuesto que irse a casa o a algún lado con un chico — idea que no le hacía ninguna gracia y le provocaba querer dejar el salón en ese instante — era una posibilidad.

— Ya tienes tu razón #2 Gerald — puntualiza Arnold al salir de la preparatoria en compañía de su mejor amigo y la novia de éste — Es una buscapleitos, sin razón ni gloria. Le gusta meterse en problemas y meter en problemas a los demás. Es una criminal, se salta las clases, empieza peleas, busca las confrontaciones…

Phoebe gira sus ojos en desaprobación. Cuando llegan a la entrada lo que ven sus ojos lo desconciertan, Helga está retando al chico — mencionando otra vez que es corpulento — del día anterior. Ella le propina un empujón y el tipo aparta las manos de ella con un fuerte movimiento.

— ¡Ya recuerdo! — Grita la novia de Gerald, como es de ascendencia japonesa, Arnold siente que sus ojos se han abierto más de lo normal — Hoy una de las chicas del otro grupo que está enamorada de ese grandulón estaba esparciendo rumores de que Helga coqueteaba con él. — Ella dio un fuerte respiro, para seguir hablando a una velocidad donde el rubio no pudiera interrumpirla — Helga se molestó mucho y fue a callar esos rumores, alguien mencionó que ella ya te tenía a ti Arnold — el mencionado dio un brinco, todo estaba pasando muy rápido — y entonces Frank replicó que eras un debilucho y que no eras un tipo adecuado para ella.

Arnold corrió hacia la rubia y Phoebe ya no pudo comentar que la joven había ido al salón de él para decirle que no podía contra Frank, que lo mejor era que controlara a su bestia de novia y la apartara de su amor; pero no importaba.

La joven de ojos azules ya había comenzado la pelea, era obvio que estaba en desventaja por su físico pero eso no la hacía retroceder, alcanzó a dar dos ganchos derechos bien puestos en la cara de Frank, pero no contó con una patada que en un descuido la dejaron en el suelo.

Era obvio que el tipo estuviera enojado, después de que ella pisoteara sus sentimientos y además defendiera a otro chico, ahora lo había retado en pos de defender la dignidad del pobre tipo que no podía ni defenderse el día anterior.

Helga apenas reacciona para levantarse del suelo cuando siente que el siguiente golpe justo le dará en la cara, el movimiento es rápido pero sabe que Arnold se ha interpuesto, llevándose nuevamente un golpe por su culpa. ¿Ahora cómo le iba a pedir perdón?

— ¡Hombre quítate! Esta es mi pelea.

— Helga, no puedes esperar que deje que pisoteen mi ego.

Ella seguro no lo comprende, pero él está decidido. Ahí, frente a la preparatoria donde siempre tuvo la fama de alumno ejemplar estaba peleando con un chico enorme, todo por defender su orgullo masculino frente a la chica que ama.

Y aunque la pelea no iba tan dispareja al inicio, había que admitirlo:

Años siendo el chico pacífico no le dejaban mucha experiencia en dar (o recibir) golpes.

Vuelve a sentir que la mejilla le arde por dentro, seguro se ha roto la piel de su boca. Ya no está bien seguro de qué lado es esta vez. Le han dado varios golpes en el rostro y una que otra patada.

Si ha acertado tres golpes estará siendo optimista, cuando cree que todo está por terminar solo puede ver como la rubia se monta en la espalda del grandulón y muerde fúrica su oreja.

El tipo grita, se forcejea y la arroja al suelo. Hay sangre y Arnold está por desmayarse. Franck corre de ella mientras blasfema en su nombre.

— ¡Hey bobo! ¿Estás bien? ¿Por qué tenías que meterte si eres pésimo en esto?

El rubio recién se percata que ya está en el suelo, no sabe en qué momento llegó ahí, pero debe admitir que tener a Helga casi sobre él y tan cerca de su rostro no le desagrada en lo más mínimo. Verla así de preocupada, con todo lo controversial que puede sonar, se siente muy bien.

— ¡Viejo! No sé si decir que eso fue increíble o que fue patético.

Gerald llega a su lado, tiene una cara entre la risa, el llanto y la emoción.

— ¡Cállate Cepillo! — espeta Helga mientras empieza a levantarlo poco a poco, sin poder evitarlo Shortman se suelta a reír, no con disimulo, no, de verdad ríe sin control haciendo que ella se asuste y lo deje caer de nuevo al suelo.

— Gerald, de verdad… Helga es una buscapleitos — vuelve a decir entre lágrimas de risa.

— ¿Pero qué te ha picado Arnold? ¡Esos golpes te dejaron más estúpido! — espeta ella haciendo su segundo intento por ayudar a levantarlo, pero tiene la mirada de incomprensión marcada.

— Helga… eres increíble ¿Sabes?

Siente como la rubia lo vuelve a soltar, seguro de la impresión y lo último que recuerda es caer en calidad de bulto al suelo, para quedarse dormido por el resto del día.

De verdad… odiaba lo buscapleitos que podía ser Helga G. Pataki con la misma intensidad que amaba lo aguerrida e intensa que podía ser.

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¡Gracias por tan buenos y amables reviews! Me dio gusto les agradara mi propuesta, espero este capítulo también llene sus expectativas. Espero sus mensajes para traer la razón #3 muy pronto!