He aquí la tercera edición de mi historia. Debo decir que me tardé un poco en corregirla, ya que mi teclado, definitivamente, está muriendo. Para ser un portátil, ya suena como máquina de escribir del siglo pasado...
Agradezco a todos los que leen sin dejar su huella, a los que me han dejado review y a los que aún no conocen que existe Crónicas de un Tormento.
Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de autoría de Kishimoto. Hago esto sin fines de lucro, y etcétera.
Bastaron solo unos días para que la gente comenzara a especular quién era ese joven misterioso que acompañaba al Hokage cada mañana, tarde y noche. Su sombra se desprendía más que el pelirrojo a su lado, quién parecía tener un imán que le llevaba directamente a Naruto. Incluso en la visita del Hokage a la academia, el colorín disfrutó de los niños, jugando, riendo y compartiendo con Naruto. Los niños, sin prejuicios, aceptaron al mayor como el acompañante del Hokage-sama, mientras demostraban sus avances con el lanzamiento de kunais y shurikens.
- No debes usar tanta fuerza – le corrigió Kyuubi a uno de los niños – Debes encontrar el balance entre fuerza y técnica, o sólo será un proyectil sin rumbo – tomó un kunai y lo lanzó con gracia hacia el blanco pegado a un tronco, haciendo que el aire silbara antes de incrustarse en el centro.
- ¡Eres muy bueno, hermano mayor! – Exclamó el niño, muy feliz.
- Solo debes practicar – le acarició el cabello, regalándole una sonrisa, mostrando ligeramente sus caninos – Nuestro Hokage tampoco era muy bueno, pero ahora es todo un ninja y protector de la villa – le contó, recordando el tiempo que veía todo desde el interior de Naruto.
- ¿Conoces a Hokage-sama de pequeño? ¡Cuéntanos como era! – Ansioso, logró llamar la atención de los otros niños y niñas, quienes empezaron a pedirle que les contara de su héroe.
Naruto se dio cuenta de la atención que estaba captando Kyuubi y el motivo: Su infancia. Probablemente Kyuubi se sentiría culpable por haberle causado daño emocional, pero no por eso perdió las ganas de vivir. Escucharía el relato de su vida, desde la perspectiva de su antiguo huésped.
- Para nadie es secreto que Naruto es el contenedor del Kyuubi – comenzó a decir, recibiendo afirmaciones silenciosas – Él sufrió mucho a causa de eso. La gente no lo quería, lo rechazaba por tener a un demonio en su interior – una mirada triste se posó sobre sus ojos, casi imperceptible.
- Pero Hokage-sama dice que no odia a Kyuubi – aclaró uno de los niños – ¿Por qué la gente sí? Además, él nos salvó muchas veces –
- Porque hace unos años, esa bestia mató a mucha gente querida para ellos. Y cuando se enteraron que estaba dentro de él, pensaron que haría lo mismo – respondió el pelirrojo, sentándose en el suelo, junto con los niños – Pero Naruto siguió practicando, hizo muchos amigos que lo quieren y lo protegen. Él quería ser Hokage y con un poco de ayuda del Kyuubi y sus maestros, lo consiguió. Pero era muy malo lanzando kunais y shurikens, y ni qué decir de usar genjustsu… Sigue siendo pésimo – se burló sanamente, haciendo reír a los pequeños.
- ¡Hey! Mi control de chakra nunca fue bueno porque tenía que controlar dos flujos distintos – se defendió el rubio.
- Ahora puede usar muchas técnicas – le ignoró el demonio – Incluso puede dominar al Kyuubi – admitió.
Los niños estaban fascinados escuchando la historia. Nadie les había contado con tanto detalle la vida de su Hokage y esa persona parecía conocerle muy bien, incluso más que el propio Hokage. Estuvieron charlando por horas, hasta que uno de los niños preguntó lo que probablemente era lo más importante.
- ¿Y ahora Kyuubi y Naruto-sama se llevan bien? – Cuestionó, con mucha inocencia.
- Pues, juzguen ustedes, niños – dijo el pelirrojo, materializando la cola que siempre estaba abrazando y protegiendo a Naruto. Ésta salía desde su espalda baja y llegaba directamente al cuerpo del Hokage.
- ¡Tú eres Kyuubi! – Gritó una chica, muy emocionada - ¡Qué lindo! Pensé que serías un zorro feo y grande – su sinceridad característica de una niña de siete años logró sacarle una risa nerviosa al rubio.
De pronto, una lluvia de kunais se acercaba con velocidad increíble al grupo, tanto a los niños como a Naruto y a Kyuubi. El pelirrojo lo sintió y materializó seis colas más, envolviendo al grupo completo y deteniendo los objetos que podrían haber dañado a todos.
- Salgan de ahí, puedo sentir su sed de sangre – les llamó el zorro, mirando hacia la copa de unos árboles, de donde salieron tres ninjas enmascarados pertenecientes al ANBU. Pero estos tenían unos brazaletes que les identificaba como guardias del señor feudal.
- Por orden del señor feudal, tenemos que matarte, bestia – informó el que parecía el líder de ese pequeño escuadrón.
Naruto, usando su velocidad, se posicionó detrás de los tres ninjas, creando dos clones que les amenazaron al cuello con kunais, deteniendo el movimiento de los ANBU.
- Vuelve a atacar a uno de los niños y verás quién es la verdadera bestia – su voz distaba ser cálida y tranquila – El señor feudal no puede enviar a mis ninjas a matar al Kyuubi sin antes discutirlo conmigo, así que te retirarás y se lo dirás, porque la próxima vez yo mismo iré a destrozarle los huesos – apretó más el kunai al cuello de los ninjas, haciéndoles sangrar ligeramente. Estaba infundiendo su chakra de naturaleza viento.
Asustados, los niños y niñas se abrazaron entre ellos, acercándose al pelirrojo. Con tres colas logró envolverlos y emanar un poco de su chakra para tranquilizarlos, dándoles a entender que todo estaría bien si se quedaban a su lado.
- Un ninja no debe llorar – les dijo – Quédense tranquilos, no dejaré que les hagan daño – sonrió, sin apartarle la vista a los ANBU que se debatían entre moverse o hablarle al Hokage.
- Protege a Naruto-sama… Ese no era él – sollozó uno de los pequeños – Su voz… Da miedo – admitió, abrazando con más fuerza la pierna del Kyuubi, haciendo que algo se encogiera en el pecho del zorro.
- Él puede defenderse – le dijo, tratando de calmarlo – Debemos salir de aquí, ¿Les parece? – Preguntó a todos, recibiendo múltiples sí. Con cuatro de sus colas materializadas, envolvió a todos y los encerró en lo que parecía una pelota maciza de chakra, alzándolos. Saltó sobre el techo de una casa y se dirigió con rumbo a la torre del Hokage, donde estarían algunos guardias y el pelinegro que conocía como Sai.
Al llegar, dos ANBU fueron a ver qué sucedía y un tercero a avisarle a su líder. Cuando el pelirrojo deshizo con mucho cuidado la esfera que protegía a los niños, estos estaban dormidos unos sobre otros. Les había aplicado un poco de genjutsu para relajarlos.
- Fuimos atacados por unos ANBU del señor feudal. Naruto se quedó peleando con ellos y yo traje a los niños. Están dormidos, aplíquenles chakra y despertarán – contó lo más resumido que pudo.
Iba a largarse de ahí cuando Sai apareció y le impidió avanzar.
- Ya envié un escuadrón a buscar a Naruto. El señor feudal está arriba, será mejor que te quedes, zorro – le dijo, mientras el otro se debatía entre hacerle caso o partir a buscar al rubio – Naruto quiso que te quedaras con los niños, no le defraudes – se encaminó hacia la torre.
Tampoco iba a dejar a los niños. Una de sus colas quedaría con ellos. Podía extenderlas por toda la villa si quisiera, pero le preocupaba más no tener una con Naruto, ya que éste se había separado de ella para clonarse y moverse con libertad. Más tarde hablaría con él, para decirle que no volviera a hacerlo. Era la mejor forma de protegerlo.
Kyuubi caminó hacia la torre y subió las escaleras, directo al despacho del Hokage. Voló la puerta con una oleada de chakra. Estaba realmente enojado por la actitud del señor feudal, a quién sabía encontraría en la sala. Siete de sus colas apresaron a los guardias de éste y los empujaron hacia las paredes. El impacto los aturdió suficiente para que pudiera dejarlos en un genjutsu y no molestaran. Miró con rabia a los consejeros y al mismísimo aristócrata, el que tembló al sentir esa penetrante mirada. Sólo atinó a cubrirse el rostro con su abanico.
- ¡Bestia! – Gritó uno de los consejeros - ¡Deberías estar muerto! –
- Soy el zorro demonio de nueve colas, ni creas que un grupo de ninjas podría matarme, estúpido – se acercó hasta la silla frente al escritorio de Naruto, quedando frente a frente al señor feudal. Le miró por unos segundos, antes de hablarle – Casi matas a quince niños con tu estupidez, señor feudal – soltó con rabia – Se me ordenó ser la sombra de Naruto. Y tuve que dejarlo sólo contra tres de tus guardias para traer a los niños a salvo – Se cruzó de brazos, sentándose y tratando de calmarse.
- Son sacrificios por una causa justa. Proteger al país del fuego – el noble temblaba de miedo ante la sola idea de no tener a alguien para cuidarle.
La rabia y el odio del Kyuubi hacia el señor feudal ya traspasaban la aldea completa. Su esencia se expandía por todo Konoha y la torre del Hokage crujió desde sus cimientos. Su chakra asfixiaba y amenazaba con acabar con la mitad de la aldea incluyendo al señor feudal y sus consejeros frente a él.
- Esos niños… – con una voz grave, la misma que tenía cuando era un zorro encerrado – Naruto es capaz de dar su vida por esos niños – le explicó, casi expulsando humo de sus fosas nasales.
- Debería estar aquí para evitar que me mates, bestia –
La tensión entre el señor feudal y Kyuubi era palpable. Un tumulto de gente se acercaba a la torre, unos cuántos ninjas evitaban que se acercaran más, ya que era la fuente de aquella extraña emisión de energía y chakra bestial.
Naruto se apresuró más, sabiendo que era Kyuubi el que creaba esa potente emisión. Tenía una mano sobre su vientre, dispuesto a activar el sello y devolver al zorro a su encierro si era necesario. No permitiría que lo dañaran, ni a Kyuubi ni a su aldea y sus habitantes.
"Solocálmate,cálmate.¡Nohagasunaestupidez!" Naruto trataba de conectar su mente con la de Kyuubi, pero era imposible si el otro no quitaba la restricción.
"Noloharé,Naruto.Peroestetipoestabadispuestoamataralosniños." El zorro había conectado sus mentes nuevamente. "Enciérrame,Naruto.Sinollegasestoyseguroquelomataré" Le dijo, haciendo que el rubio activara su técnica del dios del rayo, idéntica a la de su padre.
Ya en la escalera, subió corriendo, sintiendo más y más densa la ola de chakra que inundaba la torre. Se adentró en su oficina, la cual ya no tenía puerta. Encontró a Kyuubi con siete de sus colas sujetando a la guardia del señor feudal, y a éste temblando de miedo en su silla. Debía moverse con cuidado, o todo volaría por los aires.
- ¡Mata a esta bestia, Hokage! – Le gritó el señor feudal, al borde de un colapso nervioso.
- Esa 'bestia' es mi novio – Le aclaró, acercándose con cuidado, sin tocar las colas del Kyuubi.
La novena cola atrapó con fuerza al rubio, casi asfixiándole al enroscarse en su cuerpo. Lo levantó y lo acercó al escritorio, para luego desvanecerse y quedar fijada a él, como imaginaba quería Kyuubi en ese minuto.
- Tranquilízate – le susurró al oído – Cálmate, ya estoy aquí – le abrazó del cuello, con cariño. No le importaba que hubiesen más personas mirándole – Vamos a solucionar esto, pero necesito que dejes tu rabia de lado, por favor – Suplicó, apretando un poco más su abrazo, sintiendo como poco a poco la densidad de su energía disminuía.
- ¡Aquí no hay nada que hablar! ¡Mátalo, es una orden! – Vociferó el señor feudal, golpeando la mesa.
- Si no te callas, habrá otro señor feudal muy pronto – siseó el rubio, haciendo que el noble se encogiera en la silla y se callara definitivamente.
- Naruto, enciérrame – le pidió el pelirrojo – No puedo controlarme aún. Por favor, enciérrame de nuevo – suplicó, cerrando sus ojos y levantando sus manos hacia los brazos del rubio, sujetándolos con fuerza.
- Tienes que controlarte. Así demostrarás que pueden confiar en ti, Kyuubi – dijo con voz serena y cargada de dulzura.
Al cabo de unos minutos toda su presencia se reducía a la oficina del Hokage, en completo silencio. Las siete colas se desvanecieron, haciendo caer en seco a los ANBU aún inconscientes, dentro de la técnica ilusoria del zorro.
Sasuke, Sakura e incluso Kakashi decidieron entrar a la oficina a ver la situación. Naruto seguía sin soltar al Kyuubi, quien parecía completamente dormido en los brazos del rubio, sentado en esa silla. La pelirosa se acercó a los consejeros y al señor feudal, para revisar su estado. Solo estaban consternados, por lo que sus traumas sería sicológicos nada más. Sasuke activó su sharingan y revisó los cuerpos de los ANBU, encontrando que estaban dentro de una ilusión. Decidió dejarlos así, mientras duraba la reunión pendiente entre ambos líderes del país del fuego.
- Ese demonio debería estar muerto o dentro de ti, Hokage – volvió a hablar el señor feudal, pero en un tono no tan duro como el anterior.
- Fue capaz de controlarse para no matarle, señor – le aclaró el rubio – Tres meses atrás no hubiese dudado en matarte a ti y a la mitad de la aldea de paso – lentamente fue soltando su abrazo del pelirrojo, quien descansaba después de todo.
- ¿Lo has domesticado? ¿A esa cosa? – Preguntó, curioso.
- Él no es un 'algo' – aclaró, algo molesto – ¿Cómo puedo convencerle que no es malvado? Atacó la villa siendo controlado por Madara, lo encerraron y nadie se ha dignado a comprenderlo –
Un silencio tenso volvió a posarse en la oficina, hasta que unos ligeros pasos interrumpieron, rompiendo la atmósfera. Eran los niños de antes, asomados por la única entrada.
- Niños, vayan afuera, con sus padres – les invitó Kakashi, al verlos ahí, con caras de preocupación.
- Queremos saber cómo está Kyuubi – dijo uno de los pequeños – Nos asustamos mucho, pero él nos protegió –
Eso sorprendió tanto al peligris como al señor feudal. Una bestia como aquella había protegido a un grupo de niños, dejando de lado a Naruto.
Una cola del Kyuubi se materializó cerca de ellos y los envolvió en lo que podía definirse como un abrazo. Todos los menores tomaron la cola para abrazarla y disfrutar del calor que les daba esa cola del zorro. Sonrieron y supieron que el zorro estaba bien y que no debían preocuparse.
- Creo que eso los deja más tranquilos, ¿No? – Sakura se acercó a los niños y éstos asintieron, enérgicos. Se fueron corriendo por las escaleras, a reunirse con sus padres, para contarles lo que había sucedido ese día.
Naruto se aseguró del estado de Kyuubi, encontrándolo profundamente dormido. Esa cola fue materializada desde sus sueños, sabiendo que el pelirrojo también estaba preocupado por los chicos.
- Creo que es hora de irme – dijo el aristócrata – Dejaré el asunto del Kyuubi en manos de la aldea – decidió, poniéndose de pie para salir de la oficina, con paso lento, firme y de alcurnia.
Kakashi le acompañó, junto con Sakura. El Uchiha se encargó de romper el genjutsu de los ANBU en el suelo, los cuales se retiraron a proteger al señor feudal. Cuando terminó, se quedó afirmado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados.
- Necesitarás otra puerta, dobe – bromeó el pelinegro.
- Te encargarás de buscarme una con buenas bisagras, y que no se destruya tan fácilmente, teme – le respondió, aunque era una orden escondida.
- Tsk… - chasqueó la lengua, retirándose del lugar a cumplir lo pedido por su rubio amigo.
Cuando Naruto sintió que nadie más se acercaría, decidió despertar al pelirrojo, sacudiéndolo ligeramente. No podía separarse, ya que éste seguía sujetándole los brazos.
- Mmm… ¿Naruto? – El nombre salió casi en un ronroneo - ¿Qué hora es? – se talló los ojos, soltando por fin al ojiazul.
- Solo dormiste diez minutos – le confirmó. Sintió como unos brazos lo abrazaban de la cintura y lo obligaban a sentarse en las piernas del pelirrojo - ¡Hey! No soy un niño – refutó, a modo de berrinche.
- Eres mí mocoso – respondió el pelirrojo - ¿Cómo están los niños? No recuerdo nada de cuando llegué a esta oficina – bufó molesto.
Naruto rió ligero, meneando la cabeza de forma negativa – Mejor que no lo sepas – se acercó para robarle un beso y morderle un poco el labio. Ahí se dio cuenta de algo – Se te ven más gruesas las marcas en tu cara – llevó su mano derecha hacia las marcas, tocándolas con suavidad – Ahora pareces más un zorro que yo – bromeó.
- Tú eres mi pequeño kitsune, Naruto – afirmó el abrazo, atrayéndole contra su pecho – Si hice algo que no debía, discúlpame –
- Nada, Kyuubi. No te preocupes – selló esa pequeña mentira con un beso, aprovechando el momento que tenían para ellos.
Luego se preocuparían por los rumores de la gente de la villa tras sentir al Kyuubi en cada rincón de la aldea. Esos rumores, quisieran o no, serían cierto: El Kyuubi estaba libre y se quedaría ahí, por un largo tiempo.
Me agrada como quedó.Espero a ustedes también, y estoy pensando seriamente en la idea de hacer un Mpreg o no, ya que de por sí, me agrada incluir niños que dan vuelta de cabeza el mundo de la gente medianamente adulta. ¡Imagínense!
¿Review? O hago que Kyuubi se coma a Naruto.
