Sweet Dreams

BELL STAR

¿No os pasa, que de repente un día, os metéis en FanFiction y empezáis pacíficamente, sin molestar a nadie, a leer una historia sin ánimo de lucro, y como el que no quiere la cosa te estalla en la pantalla una cancioncita irritante, extrañamente navideña a pesar de que estás en Junio, tocada al acordeón u organillo por un viejo senil vagabundo? (Dato Ficticio.) Luego viene el ataque al corazón y el famoso: "¡Me cago en sus muertos!" (Puedes cagarte en más de una cosa, no hay porque ser extremista.)

¡Buenas a todos! (¿Por qué sigo siendo pobre?) "¿Todo bien? ¿Neib odot?"

No he tenido mucho tiempo para "hejcrivir" con el nuevo Fic "Sinnerman", que también me lo estoy trabajando para vosotros. (Mientras no estudio.) Hace un "tiempecillo" estuve de concierto. (Otra vez…) No soy capaz de calcular las babas que eché ese día y lo bien que me lo pase gritando como una loca (Como lo que soy, entre "hamijos".) junto a borrachos Random y Fans histéricas.

A mis Reviewcillos, (esta gentecilla mola mucho) super-majos-mega-guays-de-la-muerte-chachi-pandi: a mi Súper Saeko Evans, a la dulce y buena evangeline 17, a mi hermana del Oeste a la que adoro Ai-chan Wayland, a mi gata guay Kuroneko Evans, a la mangaka del milenio Cata-Chan1, a la bella Angel de Death, a mi monkey de dos chachi-coletas Nitta Rawr, a mi listísima vicepresidenta (por doble) Lightning-Claire, a la chica que va dedicado este Fic en especial Candelaa-97, a Osiris (Me quede flipando en colores abstractos con tu comentario, para mí es todo un honor que te guste. Espero no decepcionarte, no veas lo que me cuesta informarme, os respeto a todos los que conseguiréis esa profesión, óle.), a mi reina en el norte con mucho talento Hime Honda y por último, pero no menos importante, a Fubuki-kun, eres genial. Muchas gracias por la espera a todos.

Princesos, Princesas, espero que os guste.


Capítulo Quinto

(Sell your Soul)

"Me estoy aferrando con tanta fuerza"

"que mi interior está gritando demasiado alto."

"Ellos siguen mirando,"

"mirando cómo me estoy ahogando."

"¿Cómo hemos llegado a esto?"

"No puedo continuar."

"No puedo."

"No puedo seguir así."

"Ellos me ponen enfermo."

"Y acabé enfermo por ello."

"Ellos no me dejan."

"No me dejan respirar."

"¿Por qué no me dejan?"

"¿Por qué no me dejan vivir?"

"¿Por qué no sé quién soy?"

"Fuerzo este odio en mi corazón"

"porque es mi único amigo."

"Mis labios están sellados."

"Estoy sangrando."

"Ellos tiran y empujan"

"Me están matando."

"¡Abandónalo!"

"Sólo abandona."

"¡Seguiré gritando!"

"Pero no tengo nada que decir."

"¡Aléjate!"

"Sólo huye."

"¡Seguiré peleando!"

"¡Seguiré corriendo!"

"Pero no puedo seguir así."

(Hollywood Undead)


A sangre fría

(II Parte)

Hospital. Death City

2002.

(¿?)

¿Por qué?

"Para un ser humano, hay muchos tipos de drogas."

"Cada uno posee la suya propia. Cada persona tiene una meta, tiene una obsesión. Tiene una droga, que necesita."

-¿Qué tal te ha ido estos días?-Pregunta. A pesar de que le vi ayer. Todos los jodidos días. Observo la moqueta, sentado en la silla, de cuclillas. Está sucia.-¿Todo bien?-Él tampoco me mira, está inmerso escribiendo en un par de papeles. Será mi informe de chico-lunático. Será.-

-Bien…-Aspiro por la nariz. Una y otra vez. Una y otra vez. Siento como gotea. Y es una mierda.-Joder…

Stein me vigila, alzando el párpado. Siempre me vigila alguien. Siempre.

-¿Te duele la nariz?-Pregunta, deja de escribir.-

-No…-Rozo mi nariz con la manga del jersey. Y vuelvo a sorber. Nunca para. Pero es así.-

"Cocaína, Speed, Heroína, Marihuana, Hachís, Éxtasis, Crack, LSD, Anfetaminas, Inhalantes, Barbitúricos, Benzodiecepinas, Tabaco, Alcohol, Ketamina, e incluso Floripondios."

-Ya…-Levanta una ceja. No se fía de mí. Nadie se fía de mí. Lo sé.-Vamos a jugar a un juego.-Coge mi mano, sin mi permiso, y deja un bolígrafo. Vuelve a apretar la mano. No me gusta que me toquen. No quiero.-

Me pone nervioso. Pero no soy violento.

-No quiero.

"Todas las drogas son muy curiosas. Ninguna va a ayudarte realmente. Pero, la verdad es que…"

"Las personas no somos buenas. Tampoco somos malas. También somos un tipo de Droga."

Antes no me dejaban coger ni una cuchara, pensaban que me amputaría un brazo tarde o temprano. Tarde o temprano pueden irse a la mierda.

-No quiero jugar…-Dejo el bolígrafo rápidamente sobre la mesa, como si lo tirase. Como si quemara o tuviese miedo de él. No lo hago por gusto.-No me apetece.

Es lo que tiene tomarte una buena dosis de Neurolépticos al día, también conocidos como:

Antipsicóticos.

-No te lo estaba pidiendo.-Sonríe, negando con la cabeza, me obliga a sujetar el bolígrafo de nuevo. Suspiro.-Por querer, nunca quieres hacer nada, por eso te obligo.

-Que encanto.-Alzo la cabeza hacia el techo. Jesús aparece y desaparece según le viene. Menudo Mesías está hecho.-

Stein me trae de vuelta a la realidad, dando chasquidos con los dedos.

-Mírame.-Lo hago. Me pide que levante las manos, en alto, mientras él deja las suyas debajo. Observa como tiemblan.-Tiemblas mucho últimamente… Eso es el Litio Extra.-Sujeta mis manos. Las aparto y aplaudo sin razón.-

Es una sensación curiosa. Tienes frío todo el rato, te sudan las manos, incluso se mueven solas. No me gusta.

-¡Bien! Mis amigos Clozapina y Litio…-Son los antipsicóticos que me receta Stein. No son mis amigos, pero me gusta tomarle el pelo a Stein.-Que chachi.

Él suspira.

"Las personas desean. Desean el amor, la Envidia, la Soberbia, el Dinero, la Comida, el Orgullo. El Placer."

"Para, ¿sentirse bien? Por momentos a corto plazo."

"Hay cientos de Drogas. Algunas son mejores que otras, pero todas te acaban haciendo daño. Son parte de la vida, tú eliges la que más te gusta."

-¿Te pica el cuerpo, Soul?-Basta que lo diga para que me empiece a rascar. Como cuando eres pequeño y alguien de tu clase tiene piojos. De repente tienes esas ganas inmensas de rascarte la cabeza, sin sentido aparente.-

-Un poco…-Me rasco el cuello. Vuelvo a sorber por la nariz.-

Stein se mantiene en silencio durante un buen rato. Luego soy yo el que desconecta con la Realidad

-Voy a tener que quitarte la Clorpromazina… No te está haciendo bien.-Se lleva la mano al mentón y me observa.-Se lo diré a tu padre.-Maravilloso…-

-Ah…-Abro los ojos desmesuradamente.-No se lo digas a Litio y a Clozapina, pero Clorpromazina me cae mal. Es un putón.

No existe medicina, ni pastilla que pueda curarme. Pero mi enemiga acérrima "Clorpromazina" es la que más lucha contra mi enfermedad. También es la que más me jode al mismo tiempo. Por un lado es buena para mí, por el otro quiero deshacerme de ella. Meterla en un cofre pirata, enterrarla en lo más profundo del Océano y tirar la llave… A los sitios donde se tiran llaves.

Y fin. Adiós malvada némesis. No eres tú, soy yo. Nadie sabrá de ti, como la fórmula de la Coca-Cola.

Uno sabe que está enfermo, pero: ¿qué haces cuándo el remedio se te hace peor que la enfermedad?

Mi enfermedad, soy yo mismo.

-Será nuestro secreto.-Asiente, juntando con fuerza los labios.-Como te dije tiene muchos efectos secundarios… Por eso prefiero que nos centremos más en la orientación, ¿vale?

Levanto los hombros.

-Va.-Frente a mi desinterés rutinario, me ordena coger el bolígrafo, y me tiende un par de hojas en la mesa.-

"Entonces eliges, y llegas al final, cuando ninguna droga te sirve. Cuando nada te hace feliz. Nada te atrae."

"Has tomado demasiada."

Estás vacío.

-Quiero que escribas.-Apoya un dedo sobre el papel.-

-Paso de hacer Test estúpidos.-Me niego. Me encojo en mí mismo, atrayendo las piernas al pecho.-Ni exámenes.-No he estudiado, no tengo a quien copiar…-

-No se trata de eso.-Se levanta, colocándose las gafas.-Quiero que escribas, como te sientes.-Frunzo el ceño. Odio escribir. Lo que sea.-

-Dime cómo.-Hinco el codo en la mesa, y la mejilla en la palma de la mano. Sujeta.-

-Bueno, qué es lo que quieres, como te tratan, que harás cuando salgas de aquí…-Me río. ¿Acaso saldré algún día de aquí?-Tus aspiraciones, planes de futuro, Hobbies…

-No tengo de eso.-Me arrastro sobre la mesa, echando la cabeza. Me golpeo varias veces, sin darme cuenta. Como un matillo.-No tengo nada.

"Las Drogas te provocan cientos de estímulos. ¿Qué haces cuando tienes demasiados estímulos?"

"Cargártelos. Droga, para eliminar otra droga. Esa es la que yo suelo tomar."

"Mis amigos Litio, Clozapina y la furcia de Clorpromacina."

-Para.-Stein me detiene. Haciendo que me siente derecho. Con lo a gusto que se está siendo un vegetal.-Algo tienes que tener…

Vuelvo a dejar caer la cabeza sobre la mesa de madera.

-¿Y tu familia?

-Les odio a todos.-Murmuro hablándole a la mesa. Con la frente pegada.-

-Si tú lo dices…-Ellos no me quieren, ¿por qué tengo que quererles yo a ellos?-Mira, dejémonos de tonterías.-Se sienta en la mesa.-No tienes que escribir sino quieres. Pero,-Bueno…-si hablas conmigo un rato, en serio,-Recalca esa parte.-te doy 5, no, 10 cigarrillos.-Ladea la cabeza, mientras yo la alzo veloz. Asombrado, ha dicho las palabras mágicas.-Mejor 7.

-¿En serio?-Repito inseguro.Me alejo. Y aspiro por la nariz.-

-Y tan serio.-Saca de su bata una cajetilla, y la deja sobre la mesa. Delante de mí. Frente a frente. Me anticipo ansioso, quiero cogerlos, pero él detiene mis brazos. Niega con la cabeza, y su estúpido dedito.-Pero, ya conoces las reglas.-Sonríe. Le odio. A él también, sobretodo a él.-Las Reglas del Juego.

No pienses mal de mí, no soy un obseso del tabaco. Pero cuando te toca sufrir lo que yo tengo, es de las pocas cosas que te relaja. Un poco.

-Está bien…-Ladeo la cabeza, con indiferencia. Odio esa sensación. ¿Acaso es una sensación? ¿Lo es?-

-Si no eres sincero, no me vale.-Coloca una mano sobre la cajetilla de tabaco. Ni que se la fuera a robar… No al menos ahora.-

Asiento. Y empieza el tostón de preguntas incesantes del Doctor Stein Frank-Flipado.

En sí, no sirve para nada, dependiendo de lo que le contestes te da una droga nueva o te la quita.

-¿Estás durmiendo bien?

-Sí.-Asiento seguro. Miento. Él apunta.-

-¿Tienes apetito?

-A todas horas.-Me dedico a jugar con la manga del jersey.-

-Pero si nunca te veo comer.-Mierda.-

Me mira a los ojos. No me gusta que lo haga, ¿por qué tiene que hacerlo?

-Porque la comida de aquí no me gusta.-Me escaqueo, mirando hacia otro lado, tarareando. ¿Por qué canto?-

Stein murmura, mientras pone algunas muecas escribiendo en su libreta. Se coloca las gafas de nuevo. Se le caen cada cinco minutos.

-Les diré a las enfermeras del comedor que te vigilen al comer.-Cabronazo.-

-De puta madre.-Doy una risa sorda. Me da exactamente igual.-

Pero a él no le hace gracia. Entre suspiros de enamorada, continua su charla interminable. Le atraigo, se le nota.

-¿Y cómo te sientes?-Alza las cejas.-

-De maravilla.-Me río solo. No me lo creo ni yo.-

-Me desesperas.-Ya. Esa es mi función.-

-Yo también te quiero.-Asiento, hablando en voz baja. Palabras vacías.-

Tengo unas ganas inmensas de meterle el bolígrafo por… No, está muy visto. Ya sabes. Coger la puerta, y largarme de aquí cuanto antes. A donde sea. A la mierda.

¿Quién ha dicho eso?

-¿Te sientes intranquilo, agitado?

-Que no…-Abro la boca, echándome hacia atrás en la silla. Ha vuelto Jesús. Que bien nos lo vamos a pasar…-

Miento.

-¿Sequedad en la boca?

-Sí.-Pronuncio vagamente la "i." Empiezo a escuchar palabras sueltas. Quizás es Stein hablando, no lo oigo todo. Me he perdido. O ya no estoy aquí.-

-¿Dificultad para orinar?

-Sí.

-¿Secreción de leche materna?

-Siempre.

-¿Distensión en los senos? ¿Falta de algunos períodos menstruales?

-Sí, sí…-¿Eh?-¿Qué?

Le observo. Haciéndome el sorprendido. Jesús es muy pesado. Ya se ha vuelto a ir.

-Lo sabía.-Rueda los ojos, da un leve bufido y deja la libreta sobre la mesa, cruzándose de brazos. No me da miedo.-Así no hay trato Soul.-Se guarda de nuevo la caja de cigarrillos.-Nunca te tomas nada en serio.

-¡Me lo estoy tomando en serio!-Doy un golpe sobre la mesa. Y grito. Atrayendo su atención. ¿Por qué he hecho eso?-Hago lo que puedo.

Normalmente pasaría de ello, empotrando la cabeza contra la mesa. En el fondo me trae sin cuidado. Pero estoy harto de Stein. De que me vigilen todo el rato. De que me traten como si fuese un idiota.

-Pues haz más.-Me encara. Evito su mirada.-No me vale.

-Me esfuerzo.

-No te esfuerzas nada.-Dice seriamente.-Si te esforzases de verdad no seguirías aquí.

Me vuelvo a reír de nuevo. No quiero reírme, no quiero reírme. No me hace gracia, me enfado.

Probablemente.

-¿Y tú que vas a saber?-Esparzo los papeles por la sala. En pocos segundos tiraré la mesa, como siga así.-No sabes nada. ¡No sabes lo que se siente!-Voy alzando la voz sin darme cuenta. Tengo una sensación endeble, quiero llorar. ¿Por qué?-

Él se mantiene pensativo, serio. Recoge los papeles del suelo y suspira por la nariz.

-¿Ah, no?-Ladea la cabeza, alzando las cejas. Ahora quiero reír. Me vacila.-¿Y qué se siente Soul? Explícamelo. Si nunca quieres hablar conmigo sobre lo que te está pasando, no puedo ayudarte.-No quiero que me ayudes.-

"Preguntarás. ¿Qué te hacen sentir esas Drogas?"

-Nada.-Niego con la cabeza, apretando los dientes, los labios. No puedo respirar. Se humedecen mis ojos.-No sientes nada.-Y nada es lo que me depara.-

Un "Puff".

Stein se muerde el labio inferior, se quita las gafas para limpiarlas y observa el techo. Espera a que me calme. ¿Por qué? Si yo estoy muy tranquilo.

-Habla de una vez, ¡joder! ¿No querías hablar? ¡Eres un imbécil!-Sin darme cuenta me he perdido a mí mismo. Ya no soy yo el que habla. Habla un ser maleducado y nervioso. Inquieto y agitado.- ¡Una mierda de loquero! ¡No sirves para nada!-El ser da patadas.-¿Verdad? ¿Quién coño te crees que eres? No soy quien para tener que soportarte, ni a ti, ¡ni a esta mierda de sitio!-El ser se cruza de brazos, y grita ferozmente.-

Está jugando conmigo, y se está aprovechando de mí.

-¿Y qué eres?-Vuelve a preguntar de la misma forma. Delante de mí, frente a frente.-

-Un Monstruo. ¿Un peligro para la sociedad?

Él niega con la cabeza tristemente.

-Pensaba...-Susurraba con una sonrisa partida.-Que te podía ayudar… Pero ya veo… Que no.-Se entristeció. Su pelo comienza a oscurecerse.-Lo siento.-Empezó a… ¿Llorar?-

"Es como, si nada fuese… Real."

Stein coge el bolígrafo por última vez, y dibuja un par de líneas en su libreta. Está tachando algunas frases. El ser arremete con la cabeza, alargando el cuello. Él levanta las cejas, y abre los ojos con desmesura.

Bajar la Dosis de medicación a Soul.

Terapia grupal.

-¿Soul?-Oigo a alguien vagamente. A mi espalda. La puerta se abre.-¿Qué haces aquí tan pronto?-Pregunta.-¿Con quién estás hablando?-Es Stein.-Anda, vamos a empezar la sesión, ¿de acuerdo? Siéntate bien.

Miro hacia delante de nuevo, pasmado. Y no hay nadie. ¿Cómo ha hecho eso? ¿Cuándo ha llegado ahí? Él no estaba ahí. No lo estaba.

-¿Qué tal te ha ido estos días?

"Estas son las reglas del juego, ¿verdad?"

-Bien…


2003.

Cara o Cruz

Maka.

-¿Crees que estará bien?-Pregunté un poco preocupada.-

-Sí, no te preocupes. Seguro que sólo se trata de otro caso de anemia.-¿Seguro? ¿Ha dicho seguro?-Deberías volver a clase, hace rato que han empezado.

-Oh, de acuerdo…-La verdad no, no me iba para nada convencida. Parece que quiera echarme a patadas. Cuanto antes, mejor.-

Me encontraba en la Enfermería del colegio. ¿Cómo podría describirla? Era un lugar en el que se te impregnaba en la nariz el olor a jarabe para la tos, de niños. Lleno de posters absurdos con personajes felices, sobre lo que debes y no debes hacer, la sana y buena vida que has de llevar. Había varias camas blancas. En una de ellas, se encontraba durmiendo uno de los pocos chicos a los que me he acercado desde que llegué aquí.

El primero que he noqueado, sin quererlo.

-Yo me encargo de él. Ya he llamado para que vengan a buscarlo. No hay problema.-Me sonrío amablemente la enfermera.-Que tengas un buen día.

La enfermera, se llamaba Nygus. Más que enfermera parecía un cantante de Reggae. Me gustaba su pelo. A lo poco que la conozco, puedo decir que es bastante buena persona. Parece la típica señora amable que toma Valium por las noches y lo arregla todo con pastillas de colores. Sólo eso. Eso, y que probablemente, le guste mi profesor de ciencias.

En efecto. Hará más de media hora que había llegado a la Enfermería con mi profesor de laboratorio Sid, y Black*Star el cual fue quien le buscó... Este instituto es realmente enorme, tardamos bastante en llegar a pesar de haber estado corriendo. Es un laberinto. Puedo prometer, y prometo, que jamás volveré a bajar unas escaleras. He debido perder 3 kilos con la carrera. Sid recogió a Soul del suelo y le trajo en brazos hasta aquí. Yo le seguí sin saber muy bien porque.

Al llegar Nygus estaba tratando un niño que se había raspado las rodillas, el cual trataba de escaquearse de ir a clase, llorando como un poseso. La enfermera al vernos entrar, alarmada, le dio una piruleta. El niño viendo que su rabieta no hacía el más mínimo efecto, marchó con sus otros pequeños delincuentes en potencia, y compañeros.

Si hablará de mi profesor Sid, diría que ya se había ganado mi respeto. Le había juzgado mal en su momento. A pesar de ser un vampiro de tinta azul. Realmente parecía preocupado por Soul, lo estaba. Pero lo más interesante de estas dos personas, Sid y Nygus, era que a pesar de la situación, no paraban de mirarse el uno al otro. Apartaban su mano cada vez que ambas se juntaban. Me resultaba curioso, ¿se gustarían? O tal vez, sólo son imaginaciones mías.

Una corazonada.

-Hasta luego.

Saludé intentando mostrar algo de seguridad en mí misma. No doy mucho el pego como actriz. Y por fin, di un último vistazo a mis espaldas. Miré a mi compañero tendido en aquella cama, me sentía muy culpable. De esas veces que sabes que puedes hacer algo para arreglar tus problemas, pero sólo te queda esperar.

Quería pedirle perdón, fuera o no culpa mía, quería hacerlo. Pero él, seguía inconsciente.

-Vamos Soul, despierta.-Nygus seguía intentando despertarlo, tratando de reanimarlo. Con los dedos de una mano controlaba su pulso y con la otra le daba pequeñas palmadas en la mejilla. De vez en cuando soltaba algún gemido, pero no reaccionaba. La enfermera decía que le llevaría un rato reaccionar. Anemia, lo llamaba.-Arriba, vamos.

Salí de aquel lugar, cerrando la puerta tras de mí. Suspiré, a mi lado, apoyado en la pared y con las manos en los bolsillos, estaba Black*Star.

-¿Por qué no has entrado?-Alcé una ceja, hinchando los mofletes.-

Sin moverse de su posición, evadió mi mirada y junto los labios. Me ignora.

-No… No me gusta el olor que hay en sitio.-Se rascó la cabeza y achinó el entrecejo. Llevándose una mano a la nariz, puso los ojos en blanco. Me reí.-¿Qué más da?-Alzó los hombros.-

-Como quieras…-Alcé los brazos. No llegaba a comprender qué clase de amistad, compartían estos dos.-Estás más tranquilo.

Dejé las palabras en el aire y junte ambas manos por detrás.

-¿Yo?-Se señaló. ¿Quién más va a ser si no?-No.-Gesticuló con el dedo índice.-Nunca me pongo nervioso.

-Sí que lo estabas.-Dije con la boca pequeña. Riéndome por dentro. Empezaba de nuevo a ponerse rojo.-

-Que no.-Susurró, acercando su rostro, forzó la vista.-

Sí que lo estaba. Quizá era el que más lo estaba. Sus ojos tristes son la prueba de ello. Es su amigo después de todo, ¿no? ¿Por qué no puede preocuparse por él? Tal vez sólo sea tonto. Está bien así, supongo.

-Que sí.-Dije lentamente, pegando mi cara a la suya cada vez más.-

-Que…-Calló por un instante. El juego de sí y no, acabó por juntar nuestras frentes. Sentía su respiración, era el único sonido que llegaba a mis oídos. Su boca entreabierta.-

-¿Qué…? ¿Qué haces?-Nuestras mejillas se rozaron, sentí como se erizaba mi piel. Me separé de golpe, por instinto. Me puse tensa.-

-¿Qué haces tú?-Evitó mi mirada de nuevo. Pero esta vez era por vergüenza. Era gracioso verle enrojecer de esa manera.-Da igual. Déjalo.

-Por supuesto…-Ironicé. Me saco la lengua. Tiene un lado infantil, que me gusta.-Deberíamos volver a clase. Se hace tarde.

No me hacía gracia pasar la tarde con Medusa, pero no quería arruinar mi expediente académico. Ya está bastante machacado, no necesitaba más. Tuve que explicarle a mi profesor Sid lo que había pasado. No se lo creyó. Y no le culpo. Mañana por la mañana, cuando todo quede más calmado, tendríamos que ir Soul y yo a hablar con él. ¿No es genial? No lo es…

-¿Tan pronto?-Me hizo un puchero.-

-La clase ya ha empezado, debemos ir.-Alcé la cabeza, evitándole. Se saldría con la suya.-

La verdad era que no quería moverme de aquí. Necesitaba pedirle disculpas a Soul. Lo cierto es que ha de odiarme. Mucho. Mucho más que eso.

Lo cual me da miedo, y me hace huir.

Es lo más fácil.

-Venga vámonos…-Cogí su brazo y tiré de él, Black*Star mantenía un semblante triste y algo quejica. Nos íbamos alejando, caminando por el pasillo.-

-Sé cómo trucar las máquinas expendedoras…-Me dijo en tono de súplica. Iba a negarme, pero mis tripas hicieron acto de aparición resonando con desdén. Tenía hambre.-

No podía resistirme a su cara de cachorro abandonado.

-Vale. Vamos.-Avergonzada, me dejé llevar. No le ha costado embaucarme.-¡Pero sólo hoy! No hay que saltarse las clases.-Las normas son lo primero. Siempre y cuando tu estómago no decline lo contrario. Entonces no.-

-¡Bien!-Sonrió de oreja a oreja, y apretó el puño. Lo celebraba a su manera.-Empollona…-Susurró en mi oído, adelantándose. Rastrero.-

-Y tú eres un… ¡Un…!-Levanté el brazo, furiosa. Odiaba que me llamaran eso. Aunque no parecía que lo hubiese dicho con maldad, sólo para burlarse un poco de mí. Y lo odiaba.-

Antes de que me diese tiempo a que mi cerebro se las ingeniase para responderle de una forma perfecta, de nuevo mis tripas, me dejaron por los suelos. ¿Por qué tenían que sonar tanto? No debo a hacer dietas para estar a gusto con mi cuerpo. Punto.

-Oh, ¿soy "grrrr"?-Hizo gorgoritos, imitando el sonido de mi estómago.-Me gusta.-Se carcajeó. Hinché los mofletes iracunda.-

-Idiota.-Tuve que insultarle de una manera poco original, pero es mejor que nada. Es lo que es.-

También le golpeé en la espalda de forma severa. Varias veces.

Seguimos caminando entre risas y sonidos de ultratumba, como yo llamo a mi tripa.

-Oye Maka…-Carraspeó. Rascándose la nariz tiernamente.-Cuando te has ido…-Llevó los ojos a sus pies, jugando con ellos.-¿Estaba Soul bien?

-¿Eh?-Tardé un tiempo en reconocer la pregunta. Me mordí los labios. No estaba segura de que decir.-Sí, bueno…-Black frunció el ceño, con un deje de preocupación.-Sigue desmayado, pero Nygus dice que no nos preocupemos.-Respondí rápidamente. Rauda y veloz, no quería preocuparlo.-Dijo algo sobre anemia, tal vez sea eso.

-Ah… Me alegro.-Bajó un poco el tono de voz. Se le notaba un poco, mustio. Triste. No llegaba a comprenderle, tampoco le conocía desde hace mucho, pero él me trataba bien y me valía para no querer perderlo por preguntar algo que quizá no debía preguntar.-Bien...

Viendo que el ambiente se entristecía y que un silencio incómodo se nos venía encima. Opté por la solución fácil, arremetiendo.

-¡Sí que lo estabas!-Le señalé con ambas manos, chillándolo a los cuatro vientos. Sonriendo.-¡Lo estabas!

Volví de nuevo a las andadas. ¿Por qué no quería admitirlo?

-¡Que no!-Apretaba los puños e hinchaba las mejillas. Deseaba estrangularme.-

Iba a gritarme algo realmente sonoro y audaz, pero… De repente. Paró.

Se llevó la mano a los labios, y agachado, comenzó a toser.

Oí unos pasos muy rápidos a mi espalda, el chirriar de una puerta. Pero no me giré. Rodeé con un brazo a Black*Star, agachándome de cuclillas a su altura.

-¿Estás bien?


-¿A eso le llamas truco?-Pregunté, mientras sorbía el zumo por una pajita. Estaba de mal humor.-

-¿Eh?-Black*Star levantó una ceja. Se llevaba las manos a la nuca.-

-Llamas truco, a darle patadas a una máquina expendedora hasta que caiga algo…

-Maka, no entiendes nada de magia.-Negó con la cabeza. Acercando su enorme cabezón.-

-Ni falta que hace.-Me dediqué a seguir sorbiendo por la pajita del zumo hasta que finalmente tuve que tirar el recipiente.-Se está poniendo nublado.

Él miró conmigo el cielo, alzando la cabeza. Claramente he de ser gafe. En un instante empezó a llover.

Black*Star se despidió de un par de chicos y juntos, volvíamos a casa tras un duro día de sustos, y de ver la cara psicópata de Medusa durante tres horas esperando a que hiciéramos cualquier cosa para sacarnos de clase y… Reírse en el fondo de su alma de mi desdicha. Todo profesor que se precie tiene esa vena del mal que salta cuando los días se nublan. Reuní el valor para pedirle perdón a la tal Tsubaki. Conseguí quedar con ella para comer otro día, para mí, ya era un gran logro. Ya era un logro muy grande.

Black y yo comenzamos a correr. Me echó una carrera en toda regla, y ganó. Era un tramposo. Llegamos al famoso puente que cubría el río. Por suerte su agua parecía más calmada. A diferencia de nosotros, tuvimos que parar para recobrar el aliento. Me mantuve agachada durante unos segundos, la lluvia había amainado y ya sólo chispeaba un poco.

-Maka… Eres… Muy lenta.-Se río de costado. De su pelo caían pequeñas gotas de agua.-

-Cállate…-Cogí aire, jadeaba.-He dejado que ganarás… Sólo eso.-Le señalé con el dedo, frunciendo el ceño. Con la mochila era difícil correr.-

Él se levantó y empezó a caminar. Parecía buscar algo. Al principio no sabía que era lo que estaba haciendo, hasta que al fin, caí en la cuenta.

-El cachorro.-Murmuré para mí misma. Y le seguí.-

Seguro que aquel perrito estaría empapado. Quería pensar que estaría bien. Tenía que estarlo. Juntos, volvimos al lugar donde lo encontramos. Buscamos por todos lados. Pero no hallamos nada.

-No está…-Murmuró Black*Star, dando manotazos al aire para comprobar que no se había vuelto invisible.-

Ni perro. Ni caja. Ni la bufanda que dejé. Nada.

Tampoco eran tan malas noticias, ¿o si lo eran?

-Se lo habrá llevado alguien.-Hablé en voz alta sin darme cuenta, con un tono melancólico. Black*Star se puso de cuclillas en la esquina en la que debería estar aquella caja.-No ha podido irse solo.-No ha podido llevarse todo. Black parecía deprimido, le di algunas palmadas en la espalda para animarlo, más que eso le conseguí hacer daño. A veces no controlo mi fuerza.-

-¡No es justo!-Se quejó Black dando un sonoro quejido.-Que mala pata…-Murmuró, riéndose por el doble sentido de la frase.-Que bueno soy.

-Y que lo digas…-Rodé los ojos.-Estás pirado.

Me llevé una mano a la frente.

-Sí… ¿Pero quién no lo está?-Me miró, levantando las cejas. Parecían tener vida. Alcé los hombros indecisa.-

Hablando de cosas que no estaban…

-¿Y si lo ha raptado un monstruo?-Abrió los ojos de par en par. Asustándome. Asustándose.-O peor… ¡Un cartero!

Su cerebro también ha desaparecido. O nunca ha estado. Lo segundo es lo más probable. Reí.

-Puede. Nunca se sabe.

Black*Star me miró desde el suelo, con pánico en los ojos.

-Sólo podemos esperar que haya sido un monstruo bueno y caritativo.-Murmuré. Black*Star frunció el ceño, confundido.-

-No sé qué significa "maricativo", y no me fío… -Sonreí.-Pero vale.

Me sujeto en la pared.

-Como haya sido un cartero…-Black*Star agudizó la vista, con una posición de marinero que navega por los siete mares, buscando carteros cerca, a babor y a estribor. Avistó uno a lo lejos y murmuró…-Mírales… ¡Saben muy bien lo que han hecho!

Aquel emisario del Infierno que repartía cartas, según Black*Star, pasó por delante de nosotros con un paquete enorme. No podía ver apenas, el pobre hombre tenía que caminar de lado para no tropezar entre la nieve. Llevaba puesto un chubasquero de color azul oscuro y calzaba unas botas de cuero. Muy inteligente por su parte.

-¡Lo sabe!-Le señaló Black con fiereza. El hombre salto del susto y corrió a toda velocidad, permitida para un cartero, perdiéndose en la neblina. No tenía por qué ser cartero, realmente sólo era un tipo llevando una caja de forma ridícula.-Lo sabe…

-Lo que tú digas.-Alzó los brazos, suspirando.-

-¿Qué no? Una vez, cuando era pequeño…-Black*Star paró de golpe. Se llevó una mano al pecho y otra a los labios. Y empezó a toser ferozmente de nuevo. Quedó agachado, entre la nieve. Dejé caer la mochila de golpe y puse la mano en su hombro.-

-¿Te encuentras bien?

Él asentía con la cabeza, mientras seguía tosiendo, intentaba parar golpeándose el pecho. No sabía qué hacer, para no variar. Me daba miedo golpearle en la espalda. Tengo demasiada fuerza.

-No… No es nada.-Murmuraba, con los llorosos. Se apoyó de lado en la pared, cansado.-Casi me da algo…-Sonríe. Se me muere…-Ay.

-Ah, ¿se supone que me lo tengo que creer?

-Sí… Ese era el plan…-Asiente, y nos reímos. Le vuelve a dar el ataque de tos y flemas. Esta vez le acaricio la espalda con ternura. También puedo ser sensible. A veces lo soy demasiado.-

-Ya te ha pasado varias veces hoy…-Fruncí el ceño con preocupación.-¿Seguro que no estás enfermo?-Parecía resfriado. Me deshice de mis guantes y con los dedos toqué su frente, era cálida.-

-Estoy bien. De maravilla.-Se levantó de golpe, por poco, casi choca con mi cabeza, por poco, casi cae redondo al suelo. Le sujeté, pasando mi brazo por debajo de su axila.-Bueno, quizá no.

-¿Quizá?-Intenté ponernos rectos. Él me seguía sonriendo.-

-¡Pero si estoy genial!-Alzó los brazos efusivamente. La tos volvió a salir de su garganta de forma brusca. Acallándole.-¿Ves?

Suspiré rendida. No tiene remedio.

-Creo que debería dejar la visita a tu casa para otro día.-Murmuré, con la boca pequeña. Black me miró con desilusión.-Ya iré tarde o temprano, lo mejor será que descanses.-Le quité importancia al asunto.-

Era mentira. Tenía muchas ganas de ir. Las tenía, pero tampoco quería molestar "furulando" como una intrusa por su casa estando él enfermo. No me sentiría cómoda, sólo sería un impedimento.

-¿¡Por qué!?-Gritó en mi oído sin querer.-¡Ya te he dicho que estoy bien!-La tos ronca volvió a hacer aparición. Era un detector de mentiras muy útil.-No hay derecho.

Le observé, alzando una ceja. Black se cruzó de brazos, juntó los labios hinchando un poco las mejillas como un niño pequeño. Me tape la boca con la mano para que no viera como me reía.

-Por favor… No te enfades.-Cogí con las manos los enormes cascos que rozaban su cuello y los coloqué sobre sus orejas. Estaban sonando débilmente. Sonreí.-¿Me llevas otro día?-Puse mi mejor cara triste. Más que de cachorrito era de "Señor patata", pero valía igualmente.-

Esperé su respuesta.

-Hmm…-Black*Star murmuró, juntando los labios.-Pues claro que sí.-Aplaudí en el sitio. Él me sacó la lengua, y se llevó la mano a la barbilla para toser.-Mañana.

-¿Eh?-Ladeé la cabeza, le subí el gorro de su sudadera azul que llevaba puesta y recogí los cordones. Parecía calentita.-

-Mañana. Ven mañana. Prométemelo.-Abrí los ojos con sorpresa y tiré de los cordones, apretándole el gorro de su chaqueta.-Au.

-De acuerdo.-Asentí veloz, sonriente. Él hinco el codo y apretó el puño, susurrando una afirmación, gustoso. -Pero tienes que estar bien para entonces.

Toqué su nariz con el dedo, espachurrándola.

-¡Que estoy bien!-Me encantaba su tos, no era nada buena pero siempre le jugaba malas pasadas. Tenía vida en su garganta.-Pero, me lo has prometido.

Acercó su rostro.

-¿Prometido de verdad?

-Prometido.-Asentí. Y decía la verdad.-Llueva, nieve o truene.-Alcé la mano como si estuviese en el tribunal de justicia nacional. Si truena me lo pienso, pero iré igualmente.-

Le hice reír. Black sin previo aviso, me dio un beso en la mejilla. No me lo esperaba, puse instintivamente las manos en su pecho, e hizo que el calor me inundase. Esperaba no estar muy roja. Eso esperaba.

-Gracias.-Dijo él, y pensé yo. Le miré, su sonrisa. Siempre estaba sonriendo.-

-Pero te acompaño hasta casa.-Habló decidido alzando el puño, tosiendo.-

-Por supuesto. Para algo eres mi guardaespaldas, anti-violadores.-Ironicé. Black asintió muy en serio. Demasiado.-

-Puedo ser muchas cosas...-Rió, dejando las palabras en el aire.-

¿Qué habrá querido decir?

-¿Jugamos a algo por el camino?-Preguntó divertido.-

Black me agarró por el encima del hombro, me aferré a su cintura para que no se me muriese o desmayase en el trayecto. Aún seguía chispeando, pero andábamos a nuestro ritmo. Muy lentos. Al mismo paso, de izquierda a derecha.

-No sé…-Se llevó la mano al mentón.-¿Al veo-veo?

-¿Lo dices en serio?-Levanté una ceja, echándome a reír. Él levantaba los hombros.-Está bien.

-Empiezo yo.-Me dio una media sonrisa. "Bueno…" Pensaba.-Veo veo… Una cosita, blanca.

-¿Blanca?-Eché la cabeza hacia atrás. Debería cortarme el flequillo, a todo esto. No era muy difícil de adivinar…-¿Nieve?

La hay por todos lados…

-Eh…-Junto los labios con fuerza. Me miró como el ladrón mira al policía que le ha descubierto con las manos en la masa.-No.

-¿Cómo qué no?-Estiré uno de sus mofletes con los dedos.-

-Prueba otra vez…-Ladeo la cabeza, ladino.-Si fallas la próxima, me deberás un beso.

Se partió el pecho a carcajada limpia. Y empezó a toser de nuevo. Le di un golpe en la espalda, no fue para ayudar precisamente.

-¡Si hombre!-Rodé los ojos.-Tú estás muy enfermo.

-Va a ser eso.-Sonrío. Me llevé una mano a la frente.-Lo que pasa es que te da miedo perder.-Me saco la lengua. Volví a golpearle.-

Quizá sería mi imaginación, pero justo en este momento, entre el silencio y la risa. Percibí un sonido de unos pequeños y ligeros pasos a mi espalda. Pero por este camino sólo andábamos él y yo. Supuse, que me lo estaba imaginando. Y me lo creí. Ahí no había nada. Nada de nada.

Pregunta.-Dije seriamente, acercándome.-Listo.


Andaba entre el crujir de la nieve. Era una lástima caminar sobre ella, no sólo por la pena que daba yo resbalándome a cada segundo, sino porque cada vez que la pisas se va volviendo más gris hasta desaparecer por culpa del calor. Todo pasa, y todo queda.

Al llegar a mi casa me despedí de Black*Star, por su culpa había perdido. No porque yo sea mala, sino porque él no juega limpio. Ya le aclararía las cosas mañana, cuando estuviese mejor. Me dejo inquieta su estado. Se marchó dando tumbos por el camino mientras me saludaba. Comencé a pensar que se caería en medio del asfalto y moriría de frío. Me niego a perder un amigo en la sucia calle.

Mi cerebro se disputó a gritos el querer seguirle, y estuve a punto de hacerlo. Salvo porque algo, no. Alguien me detuvo.

El timbre sonaba.

-¿Y ahora qué hago?-Había una mujer de pelo rosa parada en frente de mi casa. Una mujer con chubasquero intentando mirar unos papeles entre la lluvia, llevando una caja gigantesca.-Kid se enfadará conmigo… ¡Y Ángela también!-Se revolvía el pelo, gimiendo tristemente. Asustada. Tenía un cuerpo curioso, era muy delgada.-No se lidiar con las cajas…-De ella brotaba un aura de pura depresión que casi me hace pasar de largo. Pero no lo hice.-

Ese aspecto me era familiar…

Recordé:

"Aquel emisario del Infierno que repartía cartas, según Black*Star, pasó por delante de nosotros con un paquete enorme. No podía ver apenas, el pobre hombre tenía que caminar de lado para no tropezar entre la nieve. Llevaba puesto un chubasquero de color azul oscuro, era bajito como nosotros y calzaba unas botas de cuero. Muy inteligente por su parte."

"-¡Lo sabe!-Le señaló Black con fiereza. El hombre salto del susto y corrió a toda velocidad, permitida para un cartero, perdiéndose en la neblina. No tenía por qué ser cartero, realmente sólo era un tipo llevando una caja de forma ridícula.-Lo sabe…"

Era el mismo chubasquero, y la misma caja. Era ella. La había confundido con un hombre. Fuese lo que fuese, parecía necesitar ayuda.

Paré en saco frente a ella. No se había dado cuenta de mi presencia.

-Esto… ¿Qué haces?-Pregunté metiendo las narices. La asusté, y corrió apegándose a la valla de mi casa cochambrosa a 35 años de hipoteca por pagar.-Oh. Perdón…

-Yo, yo…-Se acercaba lentamente, un moco colgaba de su nariz. Lo absorbió. Me dio algo de repelús.-No se me dan bien las pre-presentaciones…-Se nota.-

-Ya somos dos.-No me di cuenta de que lo había dicho en voz alta hasta que pasaron unos segundos… Mi cerebro me traiciona, pero era la puñetera realidad de las cosas. Intenté reírme sin precedente alguno, asustándola aún más. Intenté calmarla amablemente, menudo personaje…-Bueno… ¿Necesitas algo?

Más que nada, ¿qué hacía en mi casa?

-Esto, esto… Sí, yo, bueno…-Jugaba con sus dedos, mirando hacia abajo. Esto va para largo. Ella cogió aire.-¿Sa-sabes dónde queda la casa con el número 640?-Preguntó de golpe. Se llevó una mano al pecho, suspirando. Como si le hubiese costado un riñón.-Cre-creía que era esta casa… Pe-pero cuando la he a-abierto, só-sólo había un hombre…-Lo último me lo susurró en voz muy baja, lentamente cerca del oído.-Desnudo…

Pegó un gritito de gato malherido, llevándose las manos a la cara. Empecé a sentir una vergüenza sobrehumana, de esas vergüenzas que no desaparecen con unas risitas afables. No. Esas que sólo pueden hacerte pasar tus maquiavélicos y desvergonzados padres… O lo que intenta ser el mío.

Me llevé una mano a la frente, enrojecida. E intenté parecer lo más normal y sonriente que podía fingir. Yo finjo muy mal, pero a esta chica aterrada no parecía importarle.

-Sí, verás…-No pensaba decirle que yo era la que vivía aquí. Sentiría miedo, y pena de mí…-Ésta es la casa número 638. La que tú buscas será la casa de los vecinos.-Desde luego, cuando me pongo en plan inteligente tengo un punto muy guay.-La casa de al lado.-Señalé a la derecha con la cabeza.-

Ella esperó por un momento, asintió agradeciéndome asintiendo cientos de veces con la cabeza. En verdad pensaba que la pobre chica se iba a desnucar. Parecía algo más mayor que yo. Aunque yo parezca, más madura… No, eso es mentira.

Todo el mundo parece más mayor que yo.

-Mu-muchas gracias, de verás.-Sacó un pañuelo del bolsillo y se sonó la gran mina de mocos acuosos que tenía en la nariz. Levantó la caja con fuerza. Es más fuerte de lo que parecía, si observas detenidamente, tenemos cosas en común. Me entró un leve escalofrío de pies a cabeza.-¡Ha-hasta luego!-Gritó nerviosa, y corrió a la casa de al lado, estaba muy cerca.-

-¡Adiós!-Chillé a lo lejos, dejando la mochila en el suelo. Tenía que dejar de traerme tantos libros… Jamás.-

Podía verla perfectamente desde mi posición. Dejó la caja en el suelo, y se dispuso a llamar al timbre de aquella casa ajena. Pero se detuvo tan sólo un instante, comenzó a temblar bruscamente. La chica de cabello rosa, dejó la caja con mucho cuidado en el suelo y se marchó corriendo y gimoteando cosas incoherentes. Y con mocos, muchos mocos…

Hice ademán de seguirla corriendo tras ella, pero era increíblemente rápida. Era rapidísima, desapareció en un instante. Esa chica actuaba de forma muy extraña.

"-Estás pirado."

"-Sí… ¿Pero quién no lo está?"

¿Qué le pasaría?

Volviendo de nuevo a mi casa, dando por finalizada mi misión de ayuda al ciudadano, "mocoso" y amable, en este caso. Mis pies chocaron con la caja que ella había dejado en la entrada. Si era cartera, desde luego era una malísima… Me entraba la curiosidad, una malvada e imparable curiosidad.

La caja… ¿Qué tendría esa caja misteriosa? Pensaba una parte de mí.

No es de mi incumbencia, el cotilleo es para las viejas marujas. Pensaba la otra parte.

Era una división de conceptos.

Las viejas marujas… Como yo. Me decanté por mi parte dominada por la locura y el saber. Era sólo dar un vistacillo diminuto y fuera, no estaba bien cerrada de todos modos. Si alguien me pillaba podía decir que se había caído el contenido y que yo, sólo estaba recogiéndolo como una buena transeúnte que no soy. Así que, aclarando mis ideas, decidí abrir esa caja para poder vivir en paz para los restos.

Cogí las solapas, y miré el nombre del destinatario escrito en letras grandes:

PARA

SOUL E. EVANS

-Evans…-Cerré la caja de golpe. La curiosidad podía esperar… Pero esto no. Tragué 3 litros de saliva y miré al frente.-

A aquella casa, ajena.

Era… ¿Su casa?


Pensé, ¿qué hago ahora? Alguien me ha mandado una señal, no puedo ignorarla.

Y aún así, voy, y la acepto. Puede que no salga con vida de ésta. Ya me reencarnaré en algún animal precioso, o en un cactus. Un caracol, o algo que se me parezca…

Puedo volver a casa, gritarle a mi padre para que se ponga los pantalones, mentirle sobre el paradero de la bufanda de mi madre, puedo golpearle con un libro, comer chocolate a raudales, subirme a mi cuarto, leer hasta que me sangren los ojos, quejarme de que no tengo nada que hacer y empezar a pintar paisajes nevados, cachorros, ranas la mar de vivas y hombres de cabello azul al viento. O sin viento. Por poder puedo hacer todo eso, que no es poco.

Sin embargo. Soy una buena persona, o al menos yo lo considero así. Y el serlo, me lleva a hacer muchas cosas que no comprendo. Y me temo, que nunca lo comprenderé. Empiezo a caminar sin razón, y llego a la puerta, a la verja de aquella casa completamente blanca. Una casa, una mansión. Es dos veces mi casa y cien veces el dinero que nunca tendré. Con un jardín verde y bello, lleno de rosales. Todas las flores tapan el número de la casa, de ahí que el estúpido repartidor

Arrastro la mochila por el suelo, recuerdo: no puedo dar la excusa de que se le ha olvidado algo en el instituto y traérselo. Ya que él no había traído nada. Sus clases vienen a ser 5 horas de siesta... No importaba, sólo había venido a preocuparme por mi pobre compañero. No tenía nada de malo. Es lo normal.

Algo cotidiano entre los niños de a pie.

Crucé el umbral hasta llegar al portón. Una puerta roja, de madera bien detallada. Mi dedo índice se alzó nervioso sin que mi cerebro lo aprobase en acta antes. Y se deslizó tímidamente, deteniéndose antes de llamar a aquel botón, el timbre.

Actuaba igual que aquella chica de pelo rosa aterrada.

-¿Y qué voy a decir?-Me llevé las manos a la cabeza, revolviéndome el pelo. Ahora parezco una loca.-

Esto mejoraba por momentos. Imaginaba tocar el timbre y alguien me abría la puerta…

"-Esto, ¡hola! Me llamo Maka Albarn y… Soy su nueva vecina y… No soy para nada cotilla… No traigo galletas ni nada pero, ¡puedo hacerlo ahora! Y… Siento haber hecho que a su hijo, hermano o nieto le haya caído encima sangre de sapo agonizante. Muy buenas. ¿Me dejan pasar?"

"Eh, hola, soy Maka Albarn. Su nueva vecina y me preguntaba… ¿Para qué es esa escopeta?"

"Hola, soy… ¡No, no! ¡En la cara no!"

Lo más probable es que me persiguiesen con una horca, un tridente y una antorcha. Con todo el set-completo de aniquilar monstruos me valía.

Me reía por no llorar. Lo mejor sería arrodillarse al puro estilo asiático, golpeándome la frente contra el frío suelo. Black*Star tenía razón, los carteros no son de fiar… Aunque esa no lo fuese.

Algo tenía que hacer, no me iba a quedar aquí parada para siempre. Aunque me harían una estatua, no acertarían con los pechos y me moriría de aburrimiento. Empezaba a congelarme de frío, tiritaba. Metí las manos en los bolsillos de la chaqueta y noté algo redondo. Una moneda. La alcé al cielo entre mis dedos. Eso era.

Sujeté con fuerza la moneda, y me dije a mí misma. A cara o cruz.

Si sale cara, entro. Si sale cruz me marcho. Ese sería el plan a seguir, y pase lo que pase no habrá vuelta atrás. Así lo debieron hacer los padres fundadores y los filósofos a lo largo de la historia para tomar decisiones. Yo no veo otra manera mejor.

Entonces, cogiendo aire la lancé hacia arriba y la moneda giró en sí misma brillando. La gravedad de Newton la hizo caer al suelo.

La miré detenidamente. Era cruz. Suspiré. Debería marcharme, la moneda me lo ha dicho, no voy a contradecirla. Me dispuse a recogerla, cuando, de repente.

Alguien la piso.

Unos pies descalzos y mojados.

-¿Qué haces tú aquí?-Su voz sonó grave y rasposa. Me miraba con inquina, con los ojos caídos llenos de un odio tenebroso. Como si quisiera estrangularme en este mismo instante.-

Dio un paso hacia delante, hacia mí. Me asusté, el sudor frío chorreaba por mi nuca. Susurré incongruencias absurdas. Cerré los ojos con fuerza y él se detuvo.

Era la viva, o muerta, imagen de un fantasma.

Pero, lo más importante…

"¿Cuánto tiempo llevaba ahí?"


Espacio Beru*:

Bueno, espero que os haya gustado. En el próximo capítulo descubriremos un poco más de la familia de Soul, y veremos a la compañera sentimental de Wes. (Sí… Compañera. Sí.) También saldrá "Porky". (Sí hombre, ¿no sabéis quien es Porky? Es Porky, mola.) ¿Qué le pasa a Black*Star? (Se muere. Quizá…) ¿9 de cada 10 dentistas recomiendan mascar chicle después de las comidas? ¿Tu perro es de fiar? (¿Y tu hermano? ¿Y el cartero? ¿Y la taza del váter?) ¿Los pingüinos están tramando algo? (¿Por qué si no irían de traje? Y no saben volar. O eso dicen ellos.) ¿Qué significa hipoglúcido? (Es una duda Existencial.) ¿Pararé algún día? (Lo importante, es que queréis saber que hay en la caja...) Miau.

¡Muchas gracias a todos por leer! Por los Favorites, por los Follows, pero sobretodo por leer, y escucharme. Gracias. De verdad.

Los que ya hemos vuelto al colegio, bendita paciencia hermanos, y los que no tengan clase…

Que tengáis unas buenas vacaciones: ya sabéis: coman, beban, disfruten, amen, bailen, jueguen, lean, regalen, viajen, coman otra vez, salten, corran, huyan, vivan, besen, vuelvan a beber, (¿Por ver a Dios nacer?) y sobretodo, ¡dejen review a Bell! (LOL.)


Nos vemos en el próximo capítulo de Sweet Dreams:

Capítulo Sexto.

La caja.

Hace poco, fue 15 de febrero… Que todas las personas que sufren cáncer,

¡puedan vencerlo!

(Un abrazo.)