He aquí un nuevo capítulo. Debo admitir que me vi forzado a apresurar alguna situaciones que me encantaría profundizar más. Pero debido a mi mala, pésima y horrible costumbre de describir cada detalle, me imaginé sería un poco tedioso para los ojos. Traté de no alargarme mucho y he aquí el resultado.

Disclaimer: Naruto no me pertenece. Es de autoría de Kishimoto y agradezco que siga siendo así. Al menos el capítulo que he visto hoy de Naruto me confirma algo: Ichibi y Kyuubi no se llevan bien. Y pueden comunicarse telepáticamente entre los bijuu.

Algunas aclaraciones en las notas finales.


Al día siguiente de la llegada de Shukaku, Naruto y Kyuubi le explicaban las normas generales de la casa y de la aldea, especialmente para los dos bijuus.

- Nos levantamos a las siete de la mañana. Naruto debe estar en la torre del Hokage a las ocho y debo acompañarlo como su sombra – le dijo el pelirrojo mientras desayunaban.

- Considerando las reglas del consejo impuestas a Kyuubi, también tendrás que estar conmigo la mayor parte del día. Es eso o dejarte un sello para que no puedas usar tus habilidades como bijuu – condicionó el rubio.

- A media mañana salgo de la torre con un clon de Naruto para poder hacer los quehaceres de esta casa, por lo que tendrás que acompañarme –

- A medio día preparan el almuerzo y luego vuelven a la torre, para estar el resto de la tarde atendiendo los temas de la villa –

- Un escuadrón ANBU nos vigila siempre, excepto dentro de esta casa y de la torre –

Una a una, las condiciones le parecían cada vez más absurdas a Shukaku. Una vena comenzaba a palpitar en su frente.

- ¡Ya entendí! – Exclamó molesto, dejando su comida de lado – Vivimos como mascotas de este sujeto – señaló a Naruto, enojado.

Naruto se quedó en silencio, Kyuubi frunció el ceño – No somos sus mascotas, Kaku – suspiró resignado el oji rubí – Si me muevo entorno a Naruto es porque quiero, y porque así puedo estar cerca de él –

- Yo no amo a tu pequeño mocoso, Kyuubi – replicó el moreno.

Kyuubi y Shukaku comenzaron una disputa de opiniones. Naruto suspiró y pensó que lo mejor sería asignarle un compañero al Ichibi. La pregunta era: ¿Quién lo aceptaría?

- Te asignaré un compañero, o una célula de tres ninjas – soltó el oji azul, callando a ambos bijuus de golpe – La única condición es que tengas una cola de Kyuubi contigo y nos comuniquemos telepáticamente entre los tres –

- ¡Naruto! – El pelirrojo iba a replicarle, pero Shukaku se le adelantó.

- Acepto, mejor eso a estar pegado a ustedes día y noche – puntualizó, volviendo a comer sus tostadas con mantequilla.

Para cuando salieron rumbo a la torre del Hokage, iban con un poco de retraso. Tuvieron que convencer a Shukaku que, para asignarle a algún equipo, debían primero evaluar a quiénes estaban disponibles y que fueran de la suficiente confianza para decirles que se trataba de un bijuu. Gracias a un rápido entrenamiento de Kyuubi, éste ya podía hacer varios jutsus de baja complejidad que podrían ayudarle demasiado en caso de una misión. Lograron descubrir que Shukaku podía servir de sensor, ya que detectaba las intenciones relacionadas al amor y cariño entre las personas: Naruto y Kyuubi le producían una extraña sensación de paz y tranquilidad. Eso serviría para detectar a los enemigos.

Cuando ingresaron a la torre del Hokage, específicamente a la oficina del rubio, se encontraron de frente con Suzaku y Byakko, el padre de Shikamaru y Sai, líder de los jounins y ANBU, respectivamente. Naruto suspiró sonoramente. Veía venir esa charla.

El rubio se acercó a la silla tras su escritorio y se dejó caer sobre ella. Kyuubi se lanzó en el sofá, tal fuera una cómoda cama. Shukaku se acercó al sofá y quitó las piernas del pelirrojo para poder sentarse en la otra esquina.

- Al menos los dos se sienten como en casa – bromeó Sai, con una burlona sonrisa en sus labios.

Y así comenzó el calvario del rubio, soportando las quejas del consejo, los sabios consejos del Nara y los molestos y doble sentido comentarios del pelinegro.

- Miren, lo haré muy sencillo – habló el rubio, tras una hora de no haber abierto la boca ni para decir pío – Aceptan a Shukaku como enviado de Sunagakure o estaremos declarándole la guerra a Gaara y toda su gente – Se acomodó en su silla, para apoyar sus codos en la mesa y su cabeza sobre sus manos – Matamos a Shukaku, muere Gaara. Sellamos a Shukaku, herimos a Gaara. Encerramos a Shukaku y cuando Gaara venga dentro de un mes, tendremos la guerra aquí adentro de la villa porque ahora tiene el chakra del Ichibi – miró directamente al consejo – Estará vigilado por Kyuubi, los tres nos comunicamos telepáticamente. Además, le asignaré una célula mientras se adapta a Konoha, piensen en él como un refuerzo militar –

- No soy un arma, mocoso – replicó Shukaku en su mente.

- Cállate, es para convencerlos – Kyuubi entendía los motivos de Naruto – Esos viejos piensan en nosotros como armas, convéncelos de eso y dejarán de quejarse

- Esos dos sienten amor entre ellos, nada más. El resto no les importa – aclaró Shukaku.

Eso le sacó una sonrisa al rubio. Se imaginaba algo entre sus dos consejeros. Suzaku, para ser mujer, era mucho menos evidente que Byakko, que algunas veces se quedaba ensimismado mirando a su compañera.

- ¿De qué te alegras, Naruto? – Le replicó la mujer, molesta por esa sonrisa sincera del rubio en un momento como ese.

- Shukaku dice que ustedes solo sienten amor por ustedes dos. Me causó gracia, lo sospechaba desde hace algún tiempo – Naruto volvió a sonreír cuando el tono carmesí inundó las mejillas de ambos consejeros – Él es un sensor como Kyuubi y yo, pero él lee las emociones relacionadas al afecto entre las personas – explicó calmado ante la insistente mirada del Nara.

- ¡Eres imposible, Naruto! Trae a las bestias que quieras, no volveré a preocuparme por los monstruos que traigas, ¡Eres imposible, Hokage! – Suzaku dio media vuelta y salió rauda de la oficina, acompañada de Byakko que ni se despidió, pero tampoco emitió juicio alguno.

- ¿Te parece si buscamos las reencarnaciones de nuestros hermanos, Kaku? – Pronunció el pelirrojo.

- Cállate. Y deja de llamarme así, zorro bastardo – el tono de Shukaku era entre afecto y molestia.

- Naruto, quiero recomendarte una célula al que Shukaku podrá ser de mucha utilidad – el padre de Shikamaru era muy rápido pensando – Déjale con Konohamaru –

El Hokage alzó una ceja, pero su sonrisa indicaba que había captado la intención tras eso. Prefirió no pensarlo, para evitar le descubrieran.

- Ocúltalo de Shukaku, yo ya leí lo que piensas, Naru – le picó el pelirrojo.

- ¿Qué? – Se quejó el moreno – Ustedes son un dolor de cabeza. Los mataré, juro que lo haré… - murmuró enfurruñado, sin creerse ni él mismo el juramento.

El líder de los jounins se despidió. Sai mencionó algo de buscar a los nuevos compañeros del mapache, corriendo luego de hacer su broma tras sentir el aura malévola del Ichibi.

Naruto abrió el cajón de su escritorio, extrayendo un lápiz y un pergamino, además del sello del Hokage para validar las órdenes escritas por él. Trazó letras y letras, redactando lo que parecía una carta. Kyuubi decidió que lo mejor sería leer un rato, mientras llegaban los próximos visitantes a la oficina. Shukaku le imitó, cogiendo el primer libro que tuvo enfrente: Técnicas de jardinería y botánica aplicada a la medicina.

Al cabo de unos minutos, la puerta fue golpeada. El rubio dio permiso de entrar y vio a Konohamaru con sus amigos enfrente de ellos, nerviosos ante la intimidante mirada del moreno desconocido para ellos.

- Son unos mocosos- discrepó mentalmente Shukaku.

- Serán tus compañeros, no te quejes. Son un buen equipo – Explicó el rubio en voz alta, recibiendo miradas confusas de su pequeño alumno y sus acompañantes – Les presento a su nuevo compañero, Shukaku. El bijuu de una cola – le lanzó el pergamino que oficializaba el trámite al pelinegro con bufanda, quien lo recibió desconcertado.

- ¿Quién? – Konohamaru se atrevió a hablar.

- Shukaku. Ichibi – Señaló el rubio al mencionado – Su chakra demoniaco está sellado en Gaara, así que no podrá dañarlos seriamente – puntualizó Naruto.

El bufido molesto salió de la garganta de Shukaku. ¡Era un jodido bijuu! Él no era ningún niñero de mocosos ruidosos hormonales y niñitos de mamá. No lo aceptaba, era ilógico e impensable que su situación era esa.

- Hola, soy Konohamaru. Nieto de Sandaime y futuro Hokage de Konoha – El muchacho se acercó y le extendió su mano, sonriéndole.

Shukaku se rindió. Sin cuestionar, sin siquiera importarle quién era. Esos tres jóvenes le tenían miedo, pero sentía esa confianza y primera muestra de cariño como compañeros que serían. Extendió su mano, avergonzado, estrechándola con fuerza.

- Shukaku – soltó enfurruñado, con un leve sonrojo en sus mejillas, imperceptible excepto para Kyuubi y Naruto, quienes dejaron de sentir el rechazo del Ichibi.

Si bien eran compañeros, no estaban libres de problemas, disputas y malos entendidos. Shukaku acababa de nacer como humano, y con ellos aprendería el valor del compañerismo, el sentido que tiene dar la vida por los demás, con tal de no perder a quiénes aprendes a valorar.


El mes pasó rápido tanto para Naruto como para su novio y el Shukaku. Vivían bajo el mismo techo, compartían el mismo hogar. Pero el momento de independizarse había llegado para el moreno.

- Naruto – Shukaku rara vez le llamaba por ese nombre al rubio, más que nada porque significaba confianza entre ambos – Quiero vivir solo – soltó sin más en medio de la cena, haciendo que el oji azul se atragantara con el ramen que tragaba en ese segundo.

- ¿Qué? – Alzó una ceja – Digo, ¿Estás seguro? – Cambió su pregunta – Si te molesta algo, podemos solucionarlo – se apresuró en decir.

Naruto sintió, en lo profundo de su ser, que había fallado. Un sentimiento de culpa le envolvió, queriendo negarse a la petición de Shukaku.

- No es eso, niño – dejó con calma sus palillos sobre su tazón. Extrañamente, al moreno también le gustaba el ramen – este último mes he aprendido mucho gracias a ustedes dos – admitió con cierta vergüenza – Pero ustedes son una pareja, deben tener su propio espacio y yo debo aprender a valerme por mí mismo – suspiró.

- No sé si alegrarme o sentirme triste por tu decisión, Kaku – Bromeó el pelirrojo.

- Alégrate, podrás tener sexo con Naruto sin taparle la boca para que no los escuche – un comentario mordaz que provocó el sonrojo máximo del rubio.

- ¿Podemos hablarlo mañana? – Preguntó Naruto – Es la visita de Gaara y no quisiera volverme loco por tu cambio de casa y las preguntas del Kazekage – Explicó, tratando de esconder su mirada.

- Sobre eso… Quiero irme con mi jinchuuriki. Quiero vivir en Sunagakure – El moreno retomó su comida, con parsimonia.

- Bueno… Dejemos que Gaara decida entonces. Si no acepta, te enviaré en una misión de tres meses a su aldea, junto a tus compañeros –

- Muchas gracias, Naruto –

La conversación finalizó ahí. Dieron gracias por la comida unos minutos más tarde, retirándose cada uno a sus respectivas habitaciones. Obviamente, Kyuubi compartía la suya con Naruto. Tras cerrar la puerta, el pelirrojo cargó al rubio a la cama y le dejó caer, lanzándose sobre el menor.

- Lo extrañarás – Más que una pregunta, era una afirmación clara del oji rubí.

- Sentiré muy vacía esta casa, es sólo eso –

- Cerré el nexo mental de Shukaku, no te preocupes por lo que piensas de él, sólo dilo y descárgate, Naruto – el pelirrojo le mordisqueó suavemente el cuello, tomando una gran bocanada de aire impregnado al perfume de Naruto.

- Sentí que criaba a un niño. Es como si mi hijo se fuera de mi lado. Shukaku tiene la forma de un adulto, como tú. Pero enseñarle a vivir fue algo nuevo, distinto a lo tuyo. A ti te amo, a él lo quiero como un hijo –

- Si quieres un hijo, podemos arreglarlo. Tu vientre me almacenó, tiene la capacidad de tener a otro huésped – admitió, sorprendiendo al rubio con sus palabras – Era un pequeño secreto que te guardaba, pero no iba a revelarte algo sin estar seguro que de verdad lo quisieras – llevó su mano derecha hasta el vientre de Naruto, tocando el sello por sobre la ropa – Tus padres dejaron muchas variantes en tu sello. Y has traspasado la misma capacidad a Gaara – acarició en forma circular el sello, sin llegar a activarlo.

- Kyuubi… - murmuró el rubio, entre sollozos contenidos - ¡Eres un tonto! ¡Debiste decírmelo! – Exclamó entre enfado y rabia por una noticia oculta por tanto tiempo.

- ¡Callaos y haced vuestro hijo cuando no esté! ¡Quiero dormir! – Un golpe a la muralla propinado amablemente por Shukaku les quitó toda inspiración de seguir adelante. Decidieron dormir y descansar.

El día que les esperaba sería un tanto largo y complicado.


- Irán a recibir al Kazekage a la puerta principal y le escoltarán hasta que llegue a esta oficina – Ordenó el rubio a Konohamaru y Shukaku, además de los dos amigos del pelinegro – En refuerzo tendrán a un escuadrón ANBU vigilando el perímetro. Shukaku, tu rango sensorial será de doscientos metros, mientras que el de Kyuubi será de cinco kilómetros desde esta torre – especificó, sorprendiendo a ambos bijuu – Hay reportes de escaramuzas cerca y quiero evitar cualquier intento de entrada ilegal a Konoha. Pueden retirarse – puntualizó, dejando sólo a Kyuubi en su oficina.

- ¿Estás seguro que quieras mi rango por tantos kilómetros? – Cuestionó el oji rubí que ese día portaba una yukata roja muy sencilla y cómoda, además de calzar sandalias.

- Quiero que vigiles a Gaara principalmente. Si algo le va a suceder a Shukaku, lo arrastras hacia acá – le explicó el rubio – Gaara es mi mejor amigo, la persona en quien más confío. Pero sigue siendo el Kazekage y su aldea puede decidir lastimar a Shukaku y eso no lo permitiré – su mirada era firme y decidida.

Kyuubi suspiró y se acomodó en el sofá para descansar y tener su actividad sensorial tal como había pedido su rubio.

Shukaku, en algunos minutos, había llegado con su grupo a la entrada. Sintió como Kyuubi invadía su radio sensorial y lo traspasaba más allá de la salida. Seguramente detectaría primero a su jinchuuriki. El Ichibi no era estúpido. Sabía muy bien que si Kyuubi detectaba la más mínima sensación de odio, lo arrastraría sin remedio por toda la aldea hasta llegar a la torre del Hokage. Tenía ganas de liberarse de esa cola, pero la suya no tenía la fuerza suficiente para lograrlo.

- Ya vienen, estaré alerta – le advirtió el zorro por el nexo mental. Al menos no había rastro de odio.

En dos minutos más, Shukaku podía sentir tres presencias conocidas en su rango. Y una de éstas estaba muy ansiosa de verle.

- ¡Ya llegaron! – Exclamó Konohamaru - ¡Temari nee-san! – Saludó efusivo el pequeño, agitando su brazo. Recibió un saludo de vuelta, haciéndole suspirar enamorado.

Amor no correspondido. Ysientes admiración por ella, que raya enunamori nfantil. Ese fue el frío análisis de Shukaku hasta el arribo de sus visitas.

- ¿Infantil? – Preguntó el Kage, sobresaltando al moreno.

- Olvidé cerrar nuestro nexo mental. Ahora que estamos cerca podemos oír lo que piensa el otro – explicó el oji dorado – Bienvenidos a Konoha, seremos sus escoltas hasta la torre del Hokage, quien espera vuestra visita – Tanto el moreno como sus jóvenes compañeros se inclinaron levemente en una reverencia.

Kankuro tenía su quijada casi por el suelo. Temari prácticamente tenía sus ojos fueras de sus cuencas. Gaara alzó una ceja, incrédulo. Naruto realmente le había instruido bien como ninja de su aldea y Shukaku le obedecía sin chistar.

- Kakuro, Temari – les llamó el pelirrojo – Vayan con los niños a donde Naruto. Déjenme a solas con Shukaku – ordenó. Dirigió su mirada hacia unos árboles y techos de viviendas – Los ANBU también – siete ninjas salieron de sus escondites para presentarse ante el Kazekage – El que está bajo suelo también – El octavo le escuchó, saliendo desde la tierra a unos metros de ellos.

Todos le obedecieron, dejando a solas a bijuu y jinchuuriki. Un tenso ambiente, un incómodo silencio. Una falta de movimiento de parte de ambos.

- Vendrás a Sunagakure, he convencido al consejo de permitir estés allá por tres meses – reveló el menor.

- Ya lo sabía. Tu felicidad y tus pensamientos eran tan fuertes que pude sentirlos hace dos días – el moreno sonrió – Naruto me enseñó… Que los errores se pueden enmendar – murmuró, desviando su mirada hacia la muralla de la aldea – Quiero demostrarte que puedo ser tu bijuu y ayudarte en la villa – Cerró los ojos y sintió su rostro subir de temperatura. Estaba realmente avergonzado.

Gaara soltó una risilla, que atrajo la atención de Shukaku tanto para mirarle – Naruto tiene el poder de cambiar los corazones de todos – explicó.

La arena de la calabaza de Gaara salió y se juntó delante de ellos, en lo que parecía una plataforma. Shukaku subió en ella y le extendió una mano al pelirrojo – Vamos donde el mocoso, ya quiero irme – una media sonrisa se formó en sus labios – También puedo controlar la arena a voluntad – explicó tras la mirada de sorpresa del pelirrojo.

Al final del día, Gaara ya había convencido a su rubio amigo que se llevaría a Shukaku por tres meses. Sería su protegido y no permitiría que dañaran al bijuu, aunque éste aseguraba que no necesitaba de ellos para defenderse. Ambos jinchuurikis le miraron. Luego siguieron discutiendo sobre la seguridad del moreno, quién fue olímpicamente ignorado.

Avanzarían por la noche, aprovechando el rango sensorial del Ichibi no tendrían problemas con las emboscadas. Al llegar a la puerta principal, cuatro colas del Kyuubi les impedían salir. Se giraron y encontraron a Naruto. El rubio controlaba esas colas para evitar que salieran.

- Yo… Quería desearles un buen viaje – apenado, el oji azul bajaba la vista. De seguro notarían que estaba al borde de las lágrimas.

- ¡Hey! No es… - Kankuro iba a reclamarle, pero una mano de Gaara le hizo callar. El pelirrojo comprendía por lo que pasaba Naruto. O al menos intentaba entenderlo.

Shukaku se acercó al rubio hasta quedar frente a él. Le abrazó con fuerza y le acarició el cabello - Gracias, Naruto – le susurró con cariño – Volveré, no te preocupes – sonrió, sintiendo un sollozo de parte del rubio – Y cuando vuelva, quiero verte más gordo – bromeó, soltando su abrazo y alejando el cuerpo del rubio, el que estaba sonrojado.

Naruto sonrió, limpiándose las lágrimas de sus mejillas. Sonrió como solía hacerlo, radiante y cálido, tal como Shukaku prefería recordarle mientras duraba su viaje. Formó un sello y la cola que rodeaba a Shukaku apareció. Sorpresa fue la del moreno al ver que era Naruto quien le vigilaba, no Kyuubi.

- Fue la cola de Kyuubi por un día. Luego decidí que fueran las mías, aunque puedo controlar solo cinco – le explicó luego de desenvolverlo – Vete, o quizás vaya detrás de ustedes hasta dejarlos en Suna – bromeó para luego empujarle con cuidado hacia sus acompañantes de viaje.

El Hokage se quedó en la entrada por una hora, viendo la ruta que habían tomado sus amigos. Si seguía tardándose más sólo preocuparía más a Kyuubi, además que debía enviar a la guardia de nuevo, ya que los había relevado mientras él estuviera por ahí.

- Ya llamé a los guardias. Vine a buscarte – la voz de Kyuubi le sacó de sus pensamientos. El pelirrojo le observaba con detenimiento. De seguro notaría los ojos hinchados y ligeramente rojos de Naruto, quién se empeñaba por tratar de ocultarlo.

Kyuubi le abrazó y lo levantó del suelo. Lo llevaría acunado hasta la casa que compartían. Naruto no se quejó, quería sentirse querido para compensar ese pequeño vacío.

Cuando volvieran a verse, sería un emotivo reencuentro para Shukaku y para Naruto.


Aclaraciones: Un mes donde Shukaku estuvo rodeado por dos personas muy "de piel". Konohamaru y Naruto le enseñaron el valor de la amistad y el sentido de protección de un compañero. Si consideramos la naturaleza del Ichibi, éste es un perro-mapache que vive de todo lo contrario. Es muy susceptible a las emociones cálidas.

¿Review? He respondido los reviews que he podido. Si alguien quiere ver algo en particular, es libre de escribirlo. ¡Soy todo ojos a sus sugerencias!