SWEET DREAMS

DRAMATIZACIÓN: (Querido FanFiction… ¿¡Por qué puñetas cambias!? ¡Si yo ya te entendía! No me hagas esto, por favor. No era necesario que lo hicieras, si te sentías tan acomplejado, ¡me tenías a tu lado para ayudarte y superarlo juntos! Éramos… El uno para el otro… Ten un poco de decencia y pregúntame si quiero que cambies, o no. Tú antes molabas. (?) "Ugly sob". Nah.)

¿Sabéis "beibis"? Últimamente, me supero. Porque me supero. Me supero en suspender. (Fail, Fail, Fail… Alpargata.) Esta última semana fueron los("Mardisión jitana")Globales y no me ha dado tiempo a escribir lo que me hubiese gustado. (Algo. Porque no he podido escribir nothing the nothing.) ¿De verdad sirve para tanto el colegio? Yo no he nacido para investigar, pero, no me rendiré. (Ni siquiera sé porque he nacido. ¿Quién soy yo? ¿Y por qué se me dan tan mal las matemáticas? ¿Eh? ¿¡Eh!? ¿¡EH!?) Pero una cosa os diré, bellos. (Por Samuel Beckett.)

EVER TRIED.

EVER FAILED.

NO MATTER.

TRY AGAIN.

FAIL AGAIN.

FAIL BETTER.


Espero que os guste, chiquillos.

Dedicado a todos mis reviewcillos: .Evans, Fubuki-kun, Cata-Chan1, Shioretahana, Ami V'ns, Hime Honda, Lightning-Claire, candelaa-97, Nitta Rawr, .9, Saeko Evans, kuroneko-evans y por último, pero no menos importante, Ellie77. Os adoro… Y eso. (¡Quiero hablar con todos pronto! Sois M-A-R-A-V-I-LL-O-S-O-S. Todos mis lectores.) Muchas gracias a todos (Baboseando y berreando por: mis lectores).

Posdata.

(¿¡Habéis visto Soul Eater 108!? Asdfghjklñ. Emoticono desesperado del Whatsapp. Que fuerte.)

BELL STAR


Capítulo sexto.

Tú no estabas allí, cuando vi aparecer sombras en el pasillo, y sufrí insomnio.

Discutiendo con mi ángel, mi demonio.

(Nach)


La caja.

Los Evans.

(¿?)

Una sola persona, tiene muchos tipos de sueños. Algunos son perfectos, otros no lo son tanto. Son pesadillas. Los hay que sueñan profundamente dormidos, los hay que sueñan despiertos. De algunos nunca te acuerdas y muchos son imposibles de olvidar. Otros no tienen sentido, y los hay que… Nunca acaban. Sueños que tienen que ser gritados. Sueños que a nadie puedes contar.

Pero, son sueños.

-Hasta luego, nos vemos.-Me despido, dispuesto a marcharme de aquel lugar.-

¿Y la muerte? ¿Es un sueño?

¿Qué será el estar muerto? Quizá haya algo, quizá no haya nada. ¿Es sólo un sueño? A veces es mejor ignorarlo. Sabes como acaba el cuento, pero no quieres terminarlo. Aún si fuese bueno, o fuese malo. No importa. Quieres repetir.

No quieres marcharte, para no volver.

Ella estaba allí. Como siempre, sentada alrededor de todos esos haraganes despreocupados. Y me saluda.

-¡Hola Wes!

Es como un sueño…

Dicen que, la religión, todas las religiones, existían para que la gente no perdiese el rumbo. Si haces esto, serás bueno. Si no lo haces, serás malo.

¿Dónde se encuentra la delgada línea entre lo bueno y lo malo? Puedes hacer cosas buenas, que perjudicarán a otros. Puedes hacer cosas malas que enriquecerán a otros. Y no tienes derecho a soñar lo que no puedes soñar. ¿Si crees en ello con mucha fuerza se cumplirá? Y ya.

No.

-Hola Eruka…-Me acerco a ella. Con cautela, comienzo a ser el centro de las miradas, de todos ellos.-

Sus risas, que resuenan en mi cabeza.

¿Por qué he de ser bueno?

¿Por qué he de ser malo?

-¿Qué tal está tu hermano?-Me pregunta. Le muestro una sonrisa triste.-

No lo hace con mala intención, sólo se preocupa, ¿por quién?

¿Por qué no puedo ser yo mismo?

-Está…-Ahogo las palabras en mi garganta. No sé qué responder. Murmuro en voz baja.-Mejor…

No tenía que haber preguntado. ¿Por qué todo el mundo tiene que preguntar? No quiero contestar.

¿Cómo puedes creer en algo sino crees en ti mismo?

¿Cómo terminas si ni siquiera has empezado?

Se oye el susurro de esas cotorras. Al lado de ella. Como me observan, con esa sonrisa falsa de oreja a oreja. Esas palabras bondadosas que me hieren.

No quiero que termine. Aunque me sepa las respuestas, aunque pueda contestarlas. No son nada buenas. Yo no soy bueno.

Pero ella, frunce el ceño. Enfadada con ellos. ¿De qué sirve tener amigos que no te agradan? Si voy a estar con alguien, sabiendo que no voy a pasármelo bien, prefiero no tener ese tipo de amigos. Somos egoístas.

Ella se baja del capó del coche, de un bien cuidado Mustang azul. Viene hacia mí corriendo, abrazándome fuertemente del brazo.

-Me alegro. Por los dos.

Su sonrisa es sincera. Se la devuelvo. Se lo daría todo.

Todo lo que tengo.

Pero tampoco soy malo.

-Oh… Wes, que bien.-Aplaude un chico.-Tu hermano el Loco, anda suelto por la calle. Esperemos que ese desviado no contagie a nadie.

Murmura un pobre idiota, alto y claro. Con una sonrisa reflejada en sus labios cortados. Los demás ríen a coro. Tapándose la boca con la mano.

Aprieto los puños con fuerza. Aprieto la mandíbula, y siento unas ganas inmensas de gritar.

¿Cuántas van con ésta? Demasiadas.

Yo sólo creo en mí mismo.

Y sueño. Sueño que mis hermanos están mejor. Sueño con que ella esté siempre a mi lado. Con mis amigos, con aquellos con los que disfruto de verdad.

-No… No les hagas caso. Vámonos.

Me susurra Eruka al oído, posando su mano en mi mejilla, me acaricia. Haciendo que nuestros ojos se crucen.

Con mi madre, a la que jamás volveré a ver, con mi padre para que esté tranquilo.

No me importa que me juzguen a mí. No me conocen. No soy perfecto.

Pisan mi línea. Mi delgada línea.

-Perdona, ¿podrías repetirlo?-Cojo de las muñecas a Eruka apartándola con suavidad, mientras camino lentamente hacia aquel pobre idiota.-Repítelo.

Pero no permitiré que juzguen, que pisoteen mis sueños. Mis sueños son la gente que quiero.

Los sueños son reales. De carne y hueso.

Sonrío. Eso les confunde. Sé que Eruka se enfadará conmigo. Sé que está triste ahora mismo, pero no puedo darme la vuelta. Yo ya no huiré, nunca más.

Nadie se mete con mis sueños. No pienso permitirlo.

-¿Y por qué debería hacerlo?

El pobre idiota se acerca a mí, me encara. Mala decisión por su parte. Muy mala.

¿Y sabes una cosa?

-Porque voy a partirte la cara.-Me abalanzo sobre él.-

No me arrepiento de nada.


Maka.

-¿Qué haces tú aquí?-Su voz sonó grave y rasposa. Me miraba con inquina, con los ojos caídos llenos de un odio tenebroso. Como si quisiera estrangularme en este mismo instante.-

Dio un paso hacia delante, hacia mí. Me asusté, el sudor frío chorreaba por mi nuca. Susurré incongruencias absurdas. Cerré los ojos con fuerza y él se detuvo.

Él me seguía mirando. Su mirada inspiraba terror, en este caso, sólo hacia mí. Una gran mano se encontraba en su hombro, y no era suya precisamente.

-Soul, ¿qué haces fuera? Hace mucho frío…-Aquel hombre hablaba con preocupación. Apretó con fuerza el hombro de Soul. Y me observó sorprendido.-Oh. Hola, ¿quién eres?-Preguntó con amabilidad. Era un hombre grande que irradiaba bondad por los poros.-

-Yo…-Murmuré. Porque aquí no hay nadie más. Jugué con los dedos de los pies. Y no sé porque actué así. Quizá era por vergüenza, pero fue así.-Soy Maka y… ¡Les traigo una caja!-Señalé la caja con las dos manos, mostrando mi mejor sonrisa para esos momentos en donde hacen falta las sonrisas afables.-

Y grité, no sé por qué grité. Pero lo hice. Estaba muy nerviosa. Había sonado como esas veces en la que los presentadores de televisión dan a elegir premios al azar y el concursante tiene que escoger o morir, o quedarse en la ruina porque es un fracasado indeciso.

Ambos albinos, grande y pequeño de gran parecido, se miraron el uno al otro, subiendo una ceja.

-Entiendo…-El hombre parecía saber algo, aferró a Soul entre su enorme brazo, atrayéndolo. A lo que él, se quejó intentando separarse.-¿Eres repartidora?

Soul me seguía mirando de una forma tenebrosa. Mal. No hablaba, pero su cara, sus gestos, decían: ¡Lárgate de aquí, ahora! Fuera. Te mataré.

No decía ni una palabra, pero yo lo sabía. Mi voz desaparecía por momentos.

-No… No, verá yo…-Bajé la vista al suelo, y me tranquilicé. Aquel hombre, a diferencia de Soul, no parecía malo.-Soy su nueva vecina.-Señalé mi casa, a la izquierda.-Una chica ha dejado esto en mi puerta, es para ustedes. No es mío.-Recalqué. A saber que hay ahí dentro, no me hago responsable.-

Aquel hombre, me dio una sonrisa.

-Vaya, muchas gracias. Encantado,-Me tendió la mano. La acepté dudosa.-soy el señor Evans.-El hombre apretó con fuerza, pero yo tampoco me quedaba corta. Soul bufó, mascullando una risa. Esto era un apretón de hombres… -

El señor Evans, le dio un suave empujón a su hijo con ambas manos.

-Soul, saluda.-Ordenó. Su hijo rodó los ojos, molesto.-

Le causaba molestia. Esto no empieza muy bien. No. Desde un principio no estaba bien.

-Ya la conozco.-Ladeo su cabeza hacia mí de repente. Se me erizo el pelo. No quería que siguiera mirándome de esa forma... Asesina.-Va a mi clase.

Escupió las palabras, y frunció el ceño. Tenía una cara con una característica propia, probablemente nació así. En vez de llorar, miraría con tirria al médico. Era tan diferente de Black*Star…

-¿Ah sí? ¿Y porque no lo has dicho antes?-El señor Evans estaba pasmado, volvió a tenderme la mano con una alegría efusiva. Ni que le hubiese dicho que me iba a casar con él. Realmente, estaba muy contento. Asentí, rascándome la cabeza. Me dolía mucho la tripa en aquel momento. Tenía un nudo en el estómago.-Bienvenida, bienvenida.

Veía como Soul Evans se cruzaba de brazos, sus pies estaban desnudos y en su frente había una vena llena de ira latente que quería evacuar hacia la salida. Dio chasquido con la lengua. Quería marcharme cuanto antes, poner cualquier excusa y huir a una habitación del pánico bajo tierra. Como siempre. Quería hacerlo.

Hasta que el señor Evans tuvo que soltar unas bellas palabras.

-No te quedes ahí pasa, pasa.-Sonreía alegre, señalando su dulce hogar. Invitándome a pasar hacia su humilde morada. Él era el único que lo estaba, alegre. Porque yo temía por mi vida. Temía que al poner un pie hay dentro Soul Evans me degollase de alguna forma lenta y dolorosa.-

Soul Evans se quedó petrificado en su sitio. Con velocidad robótica, apretó las uñas en sus brazos y movió el cuello, comenzando a mirar a su padre con inquina. Por una vez no era yo la que lo sufría. Suspiré.

-¿Qué?-Soul Evans abrió los ojos con desmesura. De algún modo me sentía un poco dolida, pero tampoco es que fuera un dolor muy grande. Nada ni nadie podría superar mi miedo.-

-¿Qué de qué?-El señor Evans fulminó con la mirada a su hijo, mostrando una voz muy tosca. Eran exactamente iguales, no podías dudarlo. Salvo que él último mantenía la sonrisa, y era más siniestro a cada paso.-No te quedes ahí parado, vamos, vamos.-Le hacía a su hijo señas con las manos. Parecía que estaban jugando.-

A él no le hacia ninguna gracia que yo estuviese aquí, pero la estampa de aquel hombre era tan imponente, tan brillante por así decirlo. Que no podías darle un No, por respuesta. Por lo que Soul apretó los labios y se tragó algo de su orgullo, guardándoselo para él solo. Eso estuvo muy bien.

-Pasa…-Me decía con los dientes aferrados, indicándome la puerta. Intentaba mostrarme una sonrisa. Quizá. No sé qué estaba haciendo con la cara.-

-Oh, bien. Bien, gracias.-Me sentía realmente intimidada, pero acepté. No quería hacerle un feo a aquel señor. A Soul no, a él no le importaba. Su padre se dirigió a recoger el paquete del suelo, que tantos problemas me había dado. Aún seguía chispeando, y parecía que el señor Evans iba a mojarse el perfecto esmoquin que llevaba puesto. Tal vez era alguien importante.-Con permiso.

Me encaminé a la entrada, pasando el umbral de la puerta, mientras era perseguida a escasos centímetros por Soul Evans.


-¿Qué haces aquí?-Repitió él, con voz muy baja. Sentí su aliento en mi cuello, me estremecí aún más.-

-Yo, sólo había venido a…. Bueno, yo…-Me di la vuelta con pastosidad, y le enfrente entre titubeos y gallos de voz adolescente, mirando hacia el suelo.-No… Eh… He venido a ver como estabas.-Solté a bocajarro. En el fondo era verdad. Empecé a jugar con mi pelo suelto, no me había dado cuenta de lo mojada que estaba. Les habría dado pena y por eso me habían dejado entrar.-

Si le contaba la verdad, no se lo creería. Se reiría más bien. Yo también lo haría.

-No deberías estar aquí.-Suspiró, llevándose una mano a la frente. Le miré a los ojos, quitando la vista del piso, parecía bastante irritado, incluso intranquilo. Parecía estar dolido.-

¿Tanto sufría porque yo estuviese aquí?

-Yo… Yo sólo…-No sabía hacia dónde mirar. No quería mirarle a los ojos, si lo hacía echaría a correr en segundos. Sólo intentaba ser buena persona. Sólo eso. ¿Tan difícil es?-

-Vete.-Soltó en seco de repente. Ya lo había dicho. Lo que se estaba guardando, ya lo había dicho. Lo ha dicho por si no me ha quedado claro.-Ahora.

Y raramente. Me estaba enfadando.

-¿Cómo?-Pregunté con una voz muy curiosa. Sonó extraño hasta para mí misma. Me puse roja, pero no de vergüenza. No, era otra cosa. Era ira. Pero él, también lo estaba.-

¿Dónde está el Señor Evans cuando se le necesita?

-¡Soul!-Se oyó una voz lejana de afuera, en la calle, que nos erizo la piel a los dos.-¡Ven aquí ahora mismo!-Le llamaba su padre con un tono muy alto.-

"Gracias señor Evans. Me cae usted bien." Pensaba.

-Tch.-Soul se dio la vuelta atendiendo a la llamada y balbuceando incoherencias y bufidos, no sin antes dirigirme otra mirada de odio dolorida.-¡Voy!-Grito alto y claro, muy furioso. Junté los labios con fuerza, me hacía gracia como se movía la vena de su frente cada vez que se irritaba, y volvía a mirarme con despecho.-¿Tú de qué te ríes?

-Nada, nada…-Y el miedo volvía. Él rodó los ojos y se dirigió a la salida.-

Suspiré aliviada. Empecé a sentir cosquillas en las pantorrillas. Algo suave me estaba acariciando con ternura, bajé la vista. Era un gatito de color morado, de ojos dorados y grandes. Podía morir por asombrar tal belleza a escasos centímetros de mí, y como si me sintiese arrastrada no pude evitar agacharme a acariciar a aquel gatito tan dulce.

-Qué bonito eres, ¿a qué sí? ¿A qué sí?-De mi bocas salían linduras que pocas veces solía decir con sinceridad. Me sentía estúpida, aunque quien sabe, quizá me entendiese… Me sentía Black Star, y eso también me asustaba.-

-Miau. Miau.-El gatito maullaba. Le alcé con ambos brazos hacia arriba mientras seguía diciendo tonterías. Tenía un cascabel dorado colgando de un collar rojo bermellón.-

A lo lejos podía oír, y cotillear más bien, la charla entre padre e hijo albinos, mientras se encaminaban al interior del hogar.

-Pone que es para ti. ¿Qué crees qué será?-Murmuraba el padre.-

-Qué más da.-Se podía notar que esa voz era el hijo.-

-Parece qué es del Hospital…

No parecía haber oído bien. ¿Hospital? Me asusté.

-Oh…-Se oyó una larga pausa en la conversación.-Entonces tíralo.-Soltó sin ninguna delicadeza. No creo que sepa lo que es la delicadeza. Entraron por la puerta ambos, el hijo con los brazos tras la nuca y el padre que cargaba la pesada caja, cerró la puerta.-

-No digas eso…-Fruncía el ceño el señor Evans a lo que el hijo no tardaba en desviar la mirada. Andaba tan distraída observándoles que aquel gatito empezó a morderme. Me dio un bocado en todo el pulgar y yo, reaccionando de golpe la solté. Dejándola caer al suelo de pie. Los gatos siempre caen de pie.-

-¡Au!-Chillé, llevándome el pulgar a la boca como un bebé. Muy digna… Sólo me faltaba llorar. A tanto no llegaba.-

-¿Qué haces?-Gritaba Soul Evans, acercándose. Recogió al gato del suelo. Estaba a punto de recriminarle. No fue así.-

-Oh, me ha mordido.

-No toques a Blair.-¿Blair? Me preguntaba, ladeando la cabeza.-

Él me puso el gato a un palmo de la cara, pude observar que era hembra. Y que a poco que se acercase un pelo más a mí me arañaría sin temor a duda. Me estaba escupiendo y enseñando los dientes, defendiendo lo que es suyo. No le gustaba. No parezco gustar en esta casa.

-Miau…-Aquel gato malvado maullaba, pero no. Yo sabía que se reía por dentro de mí, igual que su dueño. Socorro.-

-¡Pero si ha sido ella la que…-Ambos me gruñían. Soul dando bufidos retiró el gato y se marchó hacía otra habitación con él en brazos, los ojos frustrantes de ambos no se separaban de mí.-

-Pero, pero… Oh...-Me rasqué la coronilla. No tenía sentido discutir con este tipo. Quería vivir para mañana.-

-¿Te ha hecho daño? -Se acercaba el señor Evans amablemente, tendiéndome la mano. Me saqué el pulgar de la boca, y se lo enseñé. Me había clavado bien el colmillo, pero sobreviviría. No había daños materiales salvo mi autoestima.-No se lo tengas en cuentas.-Decía el señor Evans algo exasperado y rendido.-Blair odia a todas las mujeres que se acercan a esta casa. No sé porque.- ¿Por qué tiene un dueño psicópata, quizá?-

Mire mi pulgar hinchado algo seria y puse una mueca.

-No pasa nada.-Le resté importancia. A que me odie la gente. Y los gatos. Ambos. Soy muy valiente.-


El señor Evans sonreía de cabo a rabo. Me acaricio la cabeza, no entendía el por qué, pero al menos le caía humanamente bien a alguien. Me ruboricé. Esto es lo que ha de sentirse al tener un padre bueno. Yo tengo uno pero… No está muy claro lo qué es.

El padre de Soul dejó la gran caja en el enorme salón que tenían y me enseñó gran parte del primer piso de la casa. Por dentro, si era posible, era más despampanante que por fuera. El suelo era de una tarima de madera de calidad, de esas que estaban calentitas aún si la pisabas con los pies fríos por la noche.

No había muchas fotos pero si muchos cuadros un tanto caóticos que mi mente no era capaz de comprender. Tenían una chimenea de piedra gigantesca con las brasas chispeando en su interior, en las que podrías asar nubes o calentarte el trasero del frío invierno. Había dos comedores, uno al lado de la chimenea compartiendo sitio con el salón. Y otro más pequeño en la cocina.

La cocina era perfecta. Era el sitio que más me gustaba. Me encanta cocinar y su cocina es la cocina que toda mujer desea. Lleno de grandes ventanales. Con una cafetera eléctrica que te hacia el café, el té, el capuchino, o el chocolate ella sola, hablaba. El horno también hablaba. Hasta la nevera, que tenía un ancho de dos metros cuadrados. Había un montón de electrodomésticos. El fregadero, espachurraba la comida que sobraba antes de que bajara por la tubería. Las encimeras eran de cerámica a juego con varios taburetes y usaban cubertería de plata. ¡Tenían microondas con grill! Con grill.

No sabía en que trabajaba el señor Evans, pero debía ser algo importante.

Mis ojos brillaban latentes. Sentía envidia, comparándola con el cuchitril que yo osaba llamar casa.

Volvíamos al salón mientras observaba como Soul le echaba un poco de leche en un tazón a su querida Blair. Y rabiosa también. Pera era gracioso, se quedó agachado, de cuclillas en el suelo, acariciando la cabeza del felino. Parecía hasta tierno. No caerá esa breva.

Al menos ahora puedo comprobar que es humano. No voy mal encaminada. Veía por los ventanales como el agua caía del cielo y las nubes negras lo cubrían.

-Soul, ¿por qué no le sirves un té a Maka?-Preguntó el señor Evans. Su hijo se quedó en silencio, giró el cuello hacia atrás, volviendo a mirarme con mucho odio. Incluso con sólo un ojo.-

-Hm. -Murmuró. Volviendo la vista al frente. Pensaba que soltaría algo peor, pero no lo hizo. Se sujetaba ambas piernas con los brazos y el flequillo le tapaba gran parte de la frente. Sentí el frío recorrer mi cuerpo, a pesar de que dentro de la casa hacia bastante calor.-

-Toma algo tú también.

-No…-Se levantó del suelo y fue directo a la encimera, gruñendo.-

El señor Evans rodó los ojos bastante cansado y me condujo hacia el salón. Me hizo sentarme en un sofá la mar de cómodo, era capaz de hundirme en él de lo mullido que estaba, de dormirme más bien. Él se sentó en frente y me tendió algunas galletas de las cuales engullí varias.

-Tiene una casa muy bonita. Ojalá la mía fuera la mitad de espectacular que ésta.-Dejaba salir mis pensamientos mientras luchaba por no acabar engullida por aquel sofá caníbal.-La señora Evans ha de estar encantada.

Le di un nuevo mordisco a una galleta de mantequilla.

-Eh...-El señor Evans se quedó callado un instante.-Bueno, verás…


La frase quedó en el aire, el sonido estrepitoso de una bandeja al caer, interrumpió. Era Soul Evans trayendo entre sus brazos una bandeja, que acabó estrellada perfectamente sobre la mesa. Sobre ella había una taza con té y una cucharilla.

-¡Aquí tienes!-No gritaba, sólo hablaba alto. Muy secamente, entre dientes, me sonrió de la misma forma que me miraba con odio. Hacía que se me pusiese la piel de gallina.-

-Gracias…-Recogí la taza con rapidez y empecé a sorber. No tenía mala pinta ni olía raro. ¿Y si le hubiese echado arsénico para acabar conmigo? Igualmente me lo bebí, no quería hacerle un feo al señor Evans. Si la comida se acabase, sería la primera en morir de hambre.-

Soul se sentó en el sofá, con ambos pies descalzos sobre él, apoyando la barbilla sobre las rodillas. Pero no exactamente a mi lado. Más bien, estaba en la otra punta, cuanto más alejado mejor. Le daba un poco de asco, bastante. Su padre se llevó una mano a la frente, y negaba varias veces con la cabeza en un silencio sepulcral. Me seguía observando de costado con inquina. La taza resbalaba de mis dedos. Me estaba poniendo realmente nerviosa.

-Cuéntame.-Rompió el señor Evans el voto de silencio.-¿De qué os conocéis?

La pregunta del millón de dólares. Nunca he sido buena en el Trivial, me falta mucha cultura general.

Soul giró la cabeza hacia a mí, llevándose una mano a la mejilla abrió los ojos con desmesura. No le había contado nada a su padre. Y me resultaba muy curioso. Esperaba que empezase yo el relato.

Quería escapar. Pero me era imposible. Miraba a la derecha, estaba Soul. Miraba a la izquierda, estaba el gato, rasgando el sofá. No tenía escapatoria alguna. Era una encerrona. Así que dejé la taza sobre la mesa, cogí una bocanada de aire y comencé.

-Verá, todo empezó con una rana…


El señor Evans se tapada la boca con la mano, rozando una corta barba que salía a flote en su rostro, impidiendo que de ella saliesen unas pequeñas risas, las cuales, le acabarían delatando. Tenía unas manos enormes. Y se tomaba a chiste mi historia. Tristemente, era muy cierta.

-Perdona… Perdona…-Decía entre risas, mirando a su hijo.-Perdona Soul.

-Hm…-Se cruzó de brazos, muy enojado. Giró el cuello hacia otro lado, evitándonos.-

-Admite que es muy extraño.

El gato se acercó a nosotros, me sacó los colmillos, yo sentí mucho miedo, y al final, se sentó al lado de su querido amo. Acariciándose en su torso. Soul lo cogió del pescuezo con la mano y lo soltó en otra dirección. Si no quería ni a su gato en este momento, imagínate el amor que sentiría por mí ahora.

-¿A qué sí?-Puse una mueca bastante meticulosa. Inventada.

¿Cómo debía actuar? Ni mi propia voz reconocía, me debía ver horrible con esta cara, en este momento.

-Me sentía muy culpable, sabe. Y… Por eso, vine a ver qué tal estaba.

-No te preocupes. Wes lo fue a buscar nada más enterarse, salió pitando de la Universidad.-Decía el señor Evans.-Desde que salimos del Hospital, Soul ha tenido algunas recaídas de anemia. No es culpa de nadie.-Observaba afable a su hijo, y éste le devolvía el gesto, comunicándose con una onomatopeya que daba muy poca información del asunto en sí.-

Recordé lo que me contó Nygus hace unas horas. Anemia. "Esa debía ser la razón por la que estaría en el hospital." Me preguntaba. Parecía que llevaba aquí una eternidad, y todavía era por la tarde.

-Bah.-soltó.-

Y sin quererlo, sin hacerlo aposta, sólo, salió de mí una risa muy coloquial. Muy de pueblo. De esas que salen de tu garganta cuando no tienes aire. Como si fuese un ronquido muy fino que sólo expertos saben denominar: risa de cerdo.

-Ph…-Volteé la mirada con odio hacia Soul. Igual de robótica que cuando me mira él. Le veía reír ligeramente. En realidad la estaba reteniendo. Es un ser malvado, él no puede reír, no me lo creo. Su cuerpo temblaba como un flan y dijo a continuación…-Porky…

Soul es uno de ellos.

Maravilloso. Nunca te preocupes de tus compañeros, porque ellos no durarán te llamarán Cerdo por toda la cara. Con todo el morro, de cerdo.

Debí hacerle caso a aquella moneda y huir. Debí.

Le tiré un cojín de costado, como meta tenía su cara y di en el clavo. En la diana. Indiscriminadamente. Él se quedó en su sitio, como si tardase en asimilar el golpe. A los pocos segundos, volteó a enfrentarme y empezamos una guerra de miradas asesinas. El señor Evans nos miraba con una mueca de sorpresa. Tan extrañas como las mías. Si la caja tuviese vida, también nos miraría con temor.

-Bue-bueno, parece que se me hace tarde…-Intentaba huir. Es un hombre listo.-Tengo que preparar los exámenes para el trabajo,-O tal vez decía la verdad.-mejor os dejo solos.

El padre de Soul se despidió de mí y me dio las gracias en un rápido susurro, "No te lo tomes en serio, mi hijo puede ser muy burro a veces, muchas gracias, por todo." ¿sólo a veces? Pensaba.

Rebusco entre el salón unos papeles y se marchó al piso de arriba. ¿Por qué tenía que abandonarme?

Y al fin, llegó el momento. Uno que no deseaba en absoluto. Quedarme a solas con este psicópata que seguía, y seguía, y siempre, me miraría mal. Al otro lado del sofá.

-Esto… ¿Y estás mejor ahora?-Intenté formar una sonrisa en mis labios, me era muy complicado. Se llevó una mano a la mejilla y con una cara maliciosa me contestó. Hace eso muy a menudo…-

-Sí.-Murmuró secamente.-Hasta que has llegado tú.

Apreté los dientes con fiereza. Es un imbécil, pensaba. No, era la realidad.

-Ah, bueno, supongo que eso significa que ya estás bien.-¿Cómo pude pensar que este tipo podía ser amable? O mejor, ¿por qué no me habré ido ya?-Tener tan mal carácter como el tuyo, no es algo que se pueda hacer estando enfermo.-Se me escapó. Me llevé las manos a la boca. Y pasó algo extraño. Se rió. Y demasiado. Tanto, que asustaba al más valiente.-

-Que graciosa…-Se acercó lentamente, de rodillas sobre el sofá. Muy sonriente. Eché hacia atrás la cabeza, se estaba aproximando por momentos.-¿Sabes? Ahora mismo. Puedo hacer dos cosas.-Sentía su aliento contra mi cara, se me erizó el bello. ¿Qué estaba haciendo? Rápidamente, me cogió del brazo y sin dejar de mostrarme su sonrisa maquiavélica me dirigió a la salida.-

-Puedo seguir aquí, fingiendo que te escucho y que me importa lo que dices como si fuera una rubia gilipollas como tú, que responde a todo con un sí.-Mis escalofríos desaparecieron, entre su sarcasmo y su sonrisa, un fuego de ira regurgitaba desde mis adentros. Como un volcán a punto de estallar.-O, puedo abrirte amablemente la puerta sin tener que pasar por la vergüenza de golpearte, en ese trasero flácido que tienes, y no volverte a ver jamás, en lo que me quede de vida.-Su sonrisa desapareció por completo.-

Me abrió la puerta, y me empujó con suavidad a la fría acera. Por poco me caigo al suelo. Oía los maullidos de aquella gata malvada y rabiosa en el interior de la casa.

-Gracias, y no vuelvas.-Vocalizó.-Por favor.

No era el "Gracias" que yo había pensado.

-Pero qué…-Me levanté de golpe furiosa. ¿Quién era él para tratarme así? Me encontraba de espaldas al portón de los Evans ¿Tan enfadado estaba?-¿Estás loco o qué te pasa?-Le grité. Fue un chillido curioso, mi voz no suena como de costumbre, parece más bien un grito animal. No suelo enfadarme muy a menudo.-

Se apoyó en el marco de la puerta con solo un brazo, bajó la cabeza riendo por lo bajo, pero no duró demasiado y el silencio nos cubrió con su manto por unos segundos. Mi nariz empezaba a enrojecerse, quizás de ira involuntaria, quizás de frío, pero se enrojecía. El vaho salía de mi boca lentamente con cada soplido mientras que el de Soul sin embargo, se mantenía caliente a través del portal donde el calor de una chimenea yacía.

-Sí. Y tú…-Afirmó, sacándome de mis pensamientos. Como un espasmo. Sacó la cabeza por la puerta, juntando ambos pies descalzos habló de golpe con voz seca y directa.-Eres despreciable.

Me dio un tic en el ojo. Sería sincera si dijese que tardé en asimilar lo que estaba pasando. Y lo sería aún más, si dijera que lo que hice a continuación, lo hice sin pensar en las consecuencias que acarrearían después.

Él fue a cerrar la puerta de un solo golpe, dejándome con un canto en las narices. Fui más rápida e impedí que lo hiciera posando el pie entre la puerta y el marco. Rauda y veloz. Dejé un hueco, y quedó entreabierta. Haciendo fuerza con la pierna logré abrir el maldito panel que nos separaba a ambos. Y simplemente levanté la mano en alto, y le golpeé en la cara con toda la palma.

Puedo hacer cosas increíbles cuando no pienso.

-¿Pero a ti qué te pasa?-Chillé enfurecida.-¡No te he hecho nada!-Podemos obviar la sangre de rana. No era para tanto. No lo era. No.-¡Y si lo he hecho lo siento! Pero no es razón para que me trates así.-Apreté los puños con mucha fuerza, una fuerza que no sabía que tenía. Llevé todo el peso de mi cuerpo hacia delante, me inclinaba como la torre de Pisa.-Sólo he venido aquí a preocuparme por ti, cosa, que no te mereces.-Impregné mi dedo en su jersey varias veces.-Y lo único que haces a cambio, ¡es insultarme todo el rato!-Quizá hasta estaba escupiendo, pero no me daba cuenta. Estaba demasiado furiosa.-

Soul echaba la espalda hacia atrás cada vez más, con una mueca que no sabría descifrar, abría esos ojos rojos como platos de porcelana. La mejilla en la que le había propinado un manotazo empezaba a tener más color. Y más.

Pero esto no había terminado, no para mí. Seguía señalándole acusadoramente en una rabieta interminable.

-No sé, cual es, tu maldito problema. Puedo pasar que me odies, puedo pasar que me insultes, pero jamás, me digas, ¡que soy despreciable! ¡Porque aquí el único que desprecia a los demás eres…-Mi intención era seguir chillando incoherencias, sin embargo, Soul dio un fortísimo golpe en la puerta con el puño. Callándome del susto.-

Él bajo la mirada de nuevo. Se acabó. Me había pasado diez pueblos. Ahora iba matarme o golpearme hasta el coma. Un sudor frío me recorría la espalda. Entonces Soul levantó la vista y se llevó la mano izquierda a la mejilla colorada por el golpe del manotazo, frunciendo el ceño bastante dolido me dijo:

-No vuelvas a tocarme.

Y ahora sí, me cerró la puerta en las narices. Dejándome con una cara de perdedora a más, no poder.

-¡Porky!-Me gritó desde dentro de la casa, tan fuerte que por poco me deja sorda.-

-¡Imbécil!-Le grité muy alto para que pudiese oírlo, aporreé la puerta, le di patadas. Aún no había descargado del todo mi ira. Este chico se hace odiar, y mucho. -

Escuché unos cuantos aplausos a mi espalda, me di la vuelta sorprendida y ruborizada.

-Hala, increíble.-Un chico apuesto de cabello blanco me hablaba a pocos metros de distancia.-Ha sido espectacular, ¿podéis hacerlo otra vez?

Reía aquel chico, aquella copia en versión grande de Soul Evans. Wes Evans, por supuesto. Una chica salió detrás de él bastante asustada, y rápidamente le dio un codazo al chico para que dejase de reír, ella se puso recta y serena al lado de Wes Evans. Ambos bajo un paraguas de color rojo.

-¿Quién es?-Preguntaba aquella chica de pelo plateado, tapándose la boca con la mano y con voz muy baja, en la oreja de Wes.-

-Eras… ¿Maka? ¿Verdad?-Wes Evans se rascó la cabeza, sonriente. Asentí varias veces, juntando ambas manos.-¿Qué te trae por aquí?


-Yo…Yo…-Jugaba con los dedos, muy avergonzada.-Soy tu nueva vecina.-Escondiendo la cabeza entre los hombros al igual que una tortuga, señalé mi casa a la derecha, mientras ellos se acercaban.-

-¿En serio?-Habló Wes confuso.-¡Eso es genial!

Sonrió de oreja a oreja. Les observaba a ambos, y la chica que le acompañaba hacia lo mismo conmigo. Nos miramos a los ojos, ella se abrazaba a uno de los brazos de Wes. Mientras éste, viendo la incomodidad que se mascaba en el ambiente decidió romper el hielo.

-Oh. Maka, te presento a Eruka. Es mi… Es mi… Bueno, es mi salvación.-Se carcajeó. Su salvación corrió a saludarme eufórica, desguarneciéndose del paraguas que impedía que se mojasen ambos. Wes se tambaleó varios segundos-

-Soy su novia.-Zarandeó mi brazo con desdén, muy contenta, dirigiéndole de rato en rato una mirada asesina a su novio.-Encantada Maka. Eres monísima.

Su novio… Mierda. Ya estaba cogido.

-Lo mismo digo… A ambas.-Murmuré nerviosa. Mi cabreo aún perduraba, descendía por momentos. Eruka parecía encantadora, no podías echarla ninguna pega.-

-Dime que no tienes nada con Soul, por favor…-Habló ella, y fue directa, demasiado directa diría yo. Ahí va una pega.-Uy, perdona.-Se lleva las manos a la boca, abochornada, y Wes comienza a reírse otra vez. Retiro lo que he dicho, es perfecta. -

-¿Eh? ¡No! Claro que no.

Dije de forma tajante, un poco nerviosa. Se miraron el uno al otro. Y suspiraron de felicidad.

-Menos mal…-¿Había oído bien? ¿Cómo?-

-¡Te dejas esto, Porky!-Soul Evans abrió de golpe y porrazo, de nuevo, la puerta. Tirándome encima mi abrigo y mi mochila. Casi tirándome a la fría acera.-

Estaba a punto de gritarle un par de barbaridades, cuando fui interrumpida por otro grito. Más femenino que el mío…

-¡Hola cuñado! ¿Cómo está mi cuñado favorito?-Gritaba la tal Eruka entusiasmada, tirándose a los brazos de Soul.-¡Cuñadito guapo!

¿Cuñado? Oh… Bien.

-Genial. Las cucarachas se multiplican.

-¡Soul!-Le gritó su hermano molesto. Pero Soul no parecía afligido por ello. Ambos se mantuvieron la mirada un par de segundo. Una mirada penetrante y macabra. Desde luego lo llevaban en la sangre.-

-¡Y no soy tu cuñado!

Dio un fuerte portazo, de nuevo. Bastante irritado.

-Uy, se le ve de buen humor hoy.-Decía la chica del cabello plateado y lacio, sonriente. Esperaba que eso fuera una ironía. Porque si era cierto, si hoy estaba de buen humor, no querría imaginarme cuando estaba de malas. No quería.-Voy tras él, te espero dentro.-le plantó un beso rápido en los labios y salió disparada a entrar a la casa. Me saludó por el camino.-¡Un placer!

Era tan bajita y tan guapa, parecía tener mi edad. Le devolví el saludo y me quedé pasmada mirándola hasta que se marchó. Su vestido de lunares ondeaba de lado a lado mientras caminaba.

-¿Quieres pasar?-Wes Evans recogió el paraguas, escurriéndolo poco a poco.-

-No… No gracias, de verás. Debería volver con mi padre, aún no nos hemos instalado del todo.-Mentí, señalando mi hogar con el pulgar el alto. Ya había tenido suficiente Soul Evans por un día…-

-¿Y necesitáis ayuda?-Me sonreía. Y me perdía en su sonrisa. ¿Pero cómo podía ser este chico tan amable y tener un hermano tan horrible? Me preguntaba.-

Negué con la cabeza con audacia. Me iba a descubrir la excusa falsa. Aunque en parte era cierto, mi padre es un desastre y no hace nada, de nada.

-Entiendo…-Puso una mueca detectivesca y juntó los labios.-En fin, cuéntame.-Posó su mano en mi hombro derecho. Era igual que su padre. Sin duda. Soul Evans ha de ser la oveja negra de la familia.-¿Qué te ha hecho ese ser sin alma?-Me preguntó, bastante cansado.-

En efecto. Él me entendía.

No me había dado cuenta hasta ahora, quizá por lo molesta que estaba hace un momento. Ahora que estaba más cerca, y era capaz de verlo con claridad, la mejilla del hermano de Soul parecía estar bastante hinchada y morada.


¿?

Mi amo.

Había pasado un largo rato desde que Wes, el hermano de mi amo y esa chica extraña que quería atosigar a mi amo para ella sola, habían hablado tranquilamente en el porche de la casa del señor Evans. Seguro que conspiraban contra mí, para volverse a llevar a mi amo de nuestro hogar y dejarme sola, otra vez. Wes entraba por primera vez en la tarde en casa, no quería ir a restregarme en su pierna como de costumbre para darle caricias, pero lo hice igualmente, porque el hermano de mi amo también es de mi propiedad. Los tres son de mi propiedad, y no se tocan, sólo yo puedo. Nadie más.

Yo también soy parte de la familia.

Wes, el hermano de mi amo, porque mi amo es lo más importante, entró en casa y lo primero que hizo fue buscar algo de beber, y quitar de encima a esa chica que pasa últimamente mucho tiempo por aquí, de mi amo. En ese orden.

-Soul, tienes que aprender a tratar mejor a las chicas.-El hermano de mi amo pasó un brazo por sus hombros. Mal. Porque a mi amo sólo lo puedo tocar yo, no le gusta el contacto.-¿Qué te ha pasado?-Wes parecía preocupado. Aunque Wes siempre parece preocupado por algo. Algo le atormenta. A todo el mundo le atormenta algo.-Si estabas malo, ¿por qué has salido fuera?

Yo soy feliz con mi amo.

Mi amo Soul, se llevaba una mano a la mejilla, enrojecida, toda su cara lo estaba. Porque claro, ¿quién se creía que era esa atosigadora con un peinado horrible para atacar a mi amo? Tiene suerte de que no estuviese cerca. Mi tazón de leche debía ser vaciado. Me lo había puesto mi amo.

-Cállate, no quiero hablar de eso.-Mi amo no suele hablar mucho, yo lo prefiero así. Y antes de que su hermano pudiese replicar, mi amo preguntó…-¿Y a ti que te ha pasado en la cara?-Señaló con el dedo.-¿Te has peleado?

La voz de mi amo sonaba muy dolida, pero no tanto como la cara de su hermano. Era como si en su mejilla hubiese crecido una pequeña roca morada y amarilla. Si era una nueva moda, no le pegaba nada. Seguro que Wes hablaría con el papá de mi amo tarde o temprano.

-¿Te escuece, a que sí?-Wes señalaba la mejilla colorada de mi amo, burlándose. Rugí para defenderle.-Te lo mereces.

No. ¡Y no me cambies de tema!-Mi amo se deshacía del abrazo de su hermano querido… O no tan querido. Señaló de nuevo, esa roca morada que crecía en la cara de su hermano.-

No me rascaría en esa roca.

-¿Esto?-Wes tocó con la mano la diminuta roca de su mejilla.-No es nada, me he caído.

Mi amo alzó una ceja. Yo sabía que Wes estaba mintiendo. Se ríe demasiado cuando miente, hasta alguien tan pequeñita como yo podía darse cuenta.

-¿Verdad, Eruka?-El hermano de mi amo pidió ayuda a su compañera. Y ella respondió con duda en la lengua.-

-Eh… Bueno… Yo… Sí.-Dijo ella. Sigo sin saber qué hace esta chica aquí, pero si se cree que puede quitarme a mi amo, va lista. Por ahora, no lo ha intentado, la mantendré vigilada.-

-Ya… ¿Y dónde ha sido? ¿Cómo?

Mi amo es muy listo.

-Eh… En las escaleras. Ya sabes, no domino bien las escaleras.-Eso era cierto, por las mañanas suele caerse haciendo una bola. Es como si toda su torpeza creciera en esas escaleras.-

-¿De frente?-Habló mi amo Soul. A veces mi amo parece una madre, eso me gusta.-¿Te has caído, de frente… ¿en las escaleras?

-Eh, sí…-Wes comenzaba a sudar nervioso, leves gotas por la espalda.-

-Ah, ¿y has ganado?

-¡Por supuesto que sí!-Wes se alzaba triunfante, sus ojos brillaban con intensidad. Pero esta vez, más bien la había fastidiado.-Contra, las escaleras. Fue una victoria complicada, pero al final-

Tocado y hundido.

-Wes…-Bajaba Soul la vista al suelo.-

No me gusta que mi amo este triste, voy a rasgarle todos los pantalones a Wes.

-Wes dile la verdad.-Murmuraba la chica de los cabellos plateados. Se había puesto más cómoda y se dirigía al salón junto a nosotros.-

-Vale sí, me has pillado.-Admitió por fin.-No se lo digas a papá, ¿de acuerdo?

-¿Te crees que no lo va a notar?-Soul puso una mueca de sorpresa.-Ha sido por mí, ¿verdad?-Vi a mi amo con un semblante muy triste. Así que me acerqué a él para que me cogiera en brazos, antes de que se pusiese a llorar. Eso no está bien.-¿Te has peleado por mi culpa, verdad?

-¿Pero qué dices?-El hermano del amo le revolvió el pelo, haciéndole esconder la cabeza entre los hombros. Puse rectos los bigotes y le enseñé los colmillos. Él quitó la mano de golpe y sonrió. Se rió de nuevo. Mentía otra vez. Yo lo sé, lo siento.-Soul, no eres el centro de mi mundo, ¿sabes? No tiene importancia.-Alzó los brazos.-No es culpa tuya, sólo mía. Eso es todo.

-¿Lo prometes?-Mi amo preguntó, mirando fijamente a los ojos de su hermano. Pocas veces suele hacer eso. Sobretodo conmigo, porque a mí me quiere la que más. Pasó una de sus manos por mi lomo, acariciándolo. Me hizo ronronear, eso me gusta.-

-Te lo juro. Por mamá, te lo juro por mamá.-Wes volvió a sonreír. No me fiaba de él, tenía las manos cruzabas a la espalda. Alargué el cuello y pude ver como cruzaba los dedos el muy bellaco.-

-Miau.-Maullé intentado llamar la atención de mi amo, para avisarle. Pero él no me entendía…-

-Además, sólo tengo que enseñarle a papá el lado bueno de la cara durante… Varios días.-Los planes del hermano de mi amo, nunca suelen salir muy bien.-Una semana como máximo.

-Claro…-Suspiró Soul. Susurrando.-Y luego soy yo es que está mal…

-¡Es perfecto!-Gritaba Wes decidido. Mi amo siempre lleva razón, no me gusta que le griten.-¡Y esa gata tuya esta rabiosa!-Me insultó, mi amo le ignoró y siguió llevándome en brazos, mientras yo le sacaba la lengua y me reía.-

Mi amo se sentó en el sofá, cayendo de golpe hizo que los cojines saltasen sólo un poco. Mi amo es muy delgado… Como yo.

-¡Hola cuñadito! ¡Ay, que mi cuñado se me enamora! ¿No es genial?-La amiga de Wes, que está en mi casa de okupa, se abalanza sobre Soul y le espachurra en el sofá mientras le abraza y yo salto disparada por el susto. Me ha pillado desprevenida. Es sabia.-Si necesitas ayuda.-Se llevó una mano al pecho.-Aquí me tienes.

-No, no, y no me toques.-Soul se la quitó de encima de un suave empujón, muy enfadado. No. Mi amo es sabio.-

Pero ella le tira de las mejillas como venganza cuando tiene ocasión. A mi amo no le queda otra que gritarla, porque es muy pesada.

-Eres una…-Pero cuando va a hacerlo, se queda en silencio y la señala. Coge aire con la boca y cuenta hasta diez con la mente. Yo también se contar.-Encantadora… Señorita…

Wes los observa en silencio por el rabillo del ojo mientras bebe de una lata de refresco. Mi amo sabe que si trata mal a la chica okupa de cabellos plateados, más tarde recibirá un sermón de su hermano. Al mismo tiempo si llego a hacerle cualquier daño a la okupa, por mísero que sea, Wes me sacará a la calle y me moriré de frío.

-¡Mírale Wes! Si hasta lo intenta y todo.-Habla la chica okupa a mi amo mientras lo abraza de nuevo. Pero está vetada, no puedo tocarla. Amo perdóname.-¿No es un encanto?

-Eso está por demostrar.-Wes se sienta en un lado del sofá de la misma forma que mi amo. A veces son parecidos.-Todavía.

Soul ha quedado aprisionado entre la okupa y su hermano y ambos empiezan a asfixiarle. Pobre amo. No tiene solución.

-Oye, ¿y esa caja?-Se levanta Wes del sillón con la lata en la mano, Soul cae hacia el lado vacío del sofá con la chica encima. Libertad.-¿Es para ti, enano?

-¡Un regalo!-Aplaudía la okupa de cabellos plateados y sonrisa de rana, levantándose.-

Mi amo se abraza con un cojín enorme, escondiendo los labios en él.

-Sí… Es del Hospital.-Habla a través del cojín, molesto.-No quiero saber que hay dentro, ¿entendido?

Rodeo la mesita para acercarme hasta aquella caja sorpresa que ambos maltratadores de mi amo contemplan con ilusión, por dentro seguro que sería muy cómoda…

-Oh, venga. ¿Seguro que no quieres saber que hay dentro?-murmura Wes, mirando a través de la solapa de la caja, es muy curioso. Eso lo ha sacado de mí… A diferencia de mi amo.-¿Seguro?

-Sí.

-¿Seguro, seguro?

-¡Sí!

-A lo mejor hay comida dentro…-La okupa toquetea la caja. Como si alguien fuera a contestarla desde dentro. En comer es lo único que piensa esta chica. Sobre todo si es dulce, pero por suerte estoy yo aquí para hacerla la vida imposible. Menos mal.-Que poco cotilla eres cuñado, mío. Eres genial.

Esta familia no sería nada sin mí.

-No soy tu cuñado.

-¿Seguro, seguro, seguro?-A veces estos dos pueden ponerse muy pesados. No culpo a mi amo. -

-…

Wes y la okupa miraron a Soul con cara de cachorrito triste y solo. Odio a los perros. Huelen muy mal, nunca se lavan. Son estúpidos.

-Os odio.

-¡Lo tomaremos como un sí!-Chillaron al unísono. La abrirían de todos modos.-

Y así hicieron, rompiendo parte del cartón, como si fuese el papel de un regalo sorpresa. Como humanos que son. Me llama la atención, me pongo a juguetear con los bordes de la caja. Me rasco en ella, daba gusto. Espero que me dejen la caja. Vuelvo con mi amo, él está dispuesto a marcharse al piso de arriba, a él no parece interesarle la caja. Acarició mis orejas en su pierna y siento como tiembla.

-Ey, ¡hay un balón de baloncesto!-Grita Wes engullido con la okupa en la caja. Cuando sale saca una bola gigante de goma, que tengo que perseguir, yendo tras él durante un buen rato. He de tener cuidado eso podría aplastarme…-Blair, estate quieta.-Se ríe Wes, sin dejar de jugar conmigo. Es un buen hermano, o compañero de juegos. Soul siempre juega conmigo, pero Wes también es muy divertido.-

-Será Kid…-Soul se rasca la cabeza, un poco abochornado.-

Mi amo se acerca a nosotros.

-Creía que no te interesaba.-Wes se burla sonriente, le pasa el balón con fuerza a mi amo, y deja de trotar conmigo. Me acaricio entre las piernas de los dos.-

-Cállate.-Le devuelve el balón con menos fuerza. Wes se carcajea y el amo se pone rojo.-

-Hay algo escrito en él con permanente… Pone: Para el enano cascarrabias. Kid. POSDATA: aprende a peinarte asimétrico.

-¿¡Qué!?-Chilla mi amo con un grito animal saliendo de su garganta.-Trae aquí.

Soul coge el balón y comienza a leer.

-Menudo idiota…-Soul intenta aplastar el balón con las manos. Viendo que no tiene resultado, le da una patada, que me asusta.-

Me escondo detrás de las piernas de Wes. Una gran protección.

-¡Eh, que lo rompes! Yo creo que estáis hechos el uno para el otro.-Mi amo se cruza de brazos, y le saca la lengua a Wes. Este se sigue riendo.-

-¡Hay un montón de videojuegos!-Grita la okupa aún hurgando dentro de la caja, parece que la ha devorado por completo.-Y una consola.

-Seguro que son de Ángela. Que niña más maja…

Mi amo se ríe de forma seca.

-¿Maja? Claro, como tú eres el único que juega a esas cosas.-Soul se encoje en sí mismo.-

-Pues por eso.-Wes le regala una sonrisa a Soul, y éste da un largo suspiro.-

-Oh mira, ¡aquí hay un montón de dibujos de Ángela! Son preciosos…-La chica okupa se sienta de rodillas y empieza a sacar una tonelada de cuadernos, me subo encima de ellos mientras ella los observa, uno tras otro. Hoja tras hoja.-Algunos están en blanco… Seguro que querrá que escribas tú en ellos.

-Ni hablar.-Mi amo desvía la mirada. Mi amo ya no escribe, ni dibuja, ni siquiera escucha música. Ni la toca.-

Wes rueda los ojos y le da un empujón suave en la espalda a mi amo. Se acerca a la chica okupa con el vestido de lunares, juntos y agachados abren un cuaderno con unos jeroglíficos muy extraños que no llego a comprender.

-Mira Wes, es como un diario con dibujos…-Comienzan a pasar página, tras página.-Aquí está cuando Soul la insulto por primera vez… Aquí, cuando la insulto por trigésimo sexta vez. ¡Oh, aquí es cuando la metiste en el cubo de basura! Me acuerdo de ese día. Que ricura…-La okupa ya llevaba mucho tiempo con nosotros, hablaba como si ya fuese de la familia. A mí no me caía bien, pero siempre la veía besarse, como estaba haciendo ahora Wes, y en el fondo sabía que tarde o temprano tendría que aprender a quererla.-Que cruel eras cuñado mío.-Se separa de Wes, se acerca a mi amo y le tira de las mejillas.-

Rasgo mis uñas en sus botas rojas, o quizá marrones, para apartarla de mi amo.

-Que no soy tu cuñado.-Soul masculla entre dientes, enfrentándola. Pero la okupa es igual que Wes. Se lo toman todo con mucho humor.-

Wes les interrumpe, saca varios objetos de la gran caja. Vuelan un montón de bolitas diminutas de espumillón en el salón, parece que nieva. Salto entre ellas.

-Hay un montón de cosas... ¿Y esto?-El hermano de mi amo se detiene y saca un montón de hojas rosas de papel muy fino, enrolladas en una cinta roja.-¿Poesía?-Wes se carcajea de mi amo, él le devuelve una mirada asesina.-Pone: Armas de destrucción para Soul. (¡Precaución!) … Que título más raro para un poema.

-¡Deja eso!-Soul intenta arrebatarle a su hermano el fajo de papeles pero Wes es más rápido y se escaquea. Mi amo le persigue pero este comienza a leer mientras huye y la okupa sigue viendo dibujos y riéndose de cualquier tontería. Yo intento detener a Wes con mi amo. Jugar con Wes es divertido, recuerda.-

-Seguro que es de Chrona, ni se te ocurra leer-

Ya es tarde para los avisos de Soul, Wes ha leído suficiente de aquel papel. Lo deja en el suelo con cuidado y se va trotando a la esquina de la escalera, se agacha de cuclillas de forma sombría y murmura:

-Perdonadme. Siento haber nacido.

Yo miro a mi amo y mi amo me mira a mí. Con terror.

-Wes, ¿qué haces ahí tirado en el suelo?-La okupa se acerca a meter las narices. Camina hacia el hermano de mi amo y en el suelo, pisa sin quererlo el papel de color rosa, lo recoge y comienza a leer.-¿Y esto?-Repite.-

-¡No, no espera!-Soul intenta detenerla, pero es inútil.-

La chica okupa del vestido de lunares con la mirada pérdida se dirigió a acurrucarse junto a Wes en la esquina lúgubre, tirando el papel frente a las escaleras.

-Perdonadme. Siento haber nacido.

Se abrazaban los dos, deprimidos en aquel rincón.

-Gracias Chrona…-Susurra mi amo, riéndose. Pero riéndose de verdad. Y eso me da felicidad a mí también. Mi amo, se ríe de verdad muy pocas veces.-Siempre he sabido que tenías un poder especial...

Curiosa, me acerqué a ellos, pasando mis uñas por su espalda, pero ni eso les animaba. Me acerqué a la hoja de color rosa, soy una gata muy lista. Sé leer, me defiendo bien.

-¿Blair? No…-Terminé y derrotada fui con los trágicos enamorados de la casa, a maullar desconsoladamente junto a ellos.-

-Miau, miau. Miau, miau, miauuu…

-Que poder…-El amo no parecía entenderlo.-

Se oían unas pisadas provenientes de las escaleras de madera. Son viejas, siempre chirrían cuando alguien grande camina por ellas. Alguien estaba bajando al piso de abajo.

-¿Qué estáis haciendo ahí todos tan deprimidos?-El señor Evans, vestido de traje y corbata, una corbata que me encanta roer, y con un maletín en el brazo, se acercó a nuestro pequeña piña de depresión. Sorprendido, bajó la cabeza y vio en el suelo aquella hoja de papel rosado maldito por una bruja. Lo recogió del suelo y lo leyó.-Eh, habéis abierto la caja del hospital. Estupendo. Oh, ¿qué es esto?

-No papá, ¡espera!-De nuevo, otro intento de aviso en vano. Mi amo a veces es un poco lento.-Será mejor que guarde eso en un lugar seguro…-Se rascó la cabeza.-

El papá de Wes y Soul, se unió a nuestra pequeña familia de tristeza y dolor. Nos estrechó entre sus brazos. Y nosotros a él.

El abrazo del señor Evans fue fortísimo, tan fuerte que nos curamos todos al instante. Esos brazos tan grandes son un peligro.

-¡Qué paréis ya!-Gritó mi amo, en voz alta. Rojo de vergüenza.-

-Pero si lo querías tirar.-Decía el padre de mi amo, totalmente recuperado.-

-Pues ahora no.-Soul, mi amo, se cruzó de brazos. Y al hacer eso, indicaba que la conversación se debía dar por terminada. Los demás presentes suspiraban.-No lo volváis a sacar…

El papá de Soul pareció molestarse por las palabras de mi amo.

-Soul, que sea del hospital no quiere decir que sea malo, ni que te vayamos a meter ahí de nuevo. Quítate esa idea de la cabeza.-El papá de Wes y Soul se puso muy serio. Esta vez, me escondí en tras las piernas de mi amo. Era una buena fortaleza también, pero él seguía temblando. Siempre está igual…-Eso no es decisión nuestra. Deberíamos ir a verles a ellos de vez en cuando. Siempre se portan muy bien contigo.-Mi amo agachó la cabeza, avergonzado. Yo les observaba desde abajo. El señor Evans posó un brazo sobre el hombro de su hijo. Su ternura había vuelto. Él siempre me trata bien, recuerda, son de mi propiedad.-¿O no?

Soul asintió despacio, mirando al suelo, a mí. Y no parecía muy contento.

-He de marcharme a la Universidad, lo dejo en vuestras manos.-Decía el padre de mi amo, al hermano de mi amo y a la novia-okupa de éste. Ésta última le saludó como un almirante... Estaban haciéndose cosquillas entre ellos y tirándose espumillón a la cara hasta hace poco... Señalando con el pulgar a Soul, prosiguió.-Y por amor de Dios, convéncele para que se ponga unos zapatos.

¿Sabes? Algunos días, aunque llueva, también son soleados aquí. Pocos días. Muy pocos.

-Te estoy oyendo.-Mi amo se cruzó de brazos.-

-¿Y me vas a hacer caso?

Puede que no vuelva a haber muchos como éste. ¿Qué haré? ¿Y si mi amo vuelve al Hospital de nuevo y me vuelvo a quedar sola?

-…-Soul lleva su mano a la mejilla izquierda, esa que está enrojecida.-No.

Mi amo, ha hablado.


Beru*:

Por fín Maka le deja las cosas claras al patán de Soul. Blair y Eruka me parecen una monada y tranquilos. El capítulo 7 se avecina más "misteriosillo" y a dar baza (Con la vara, les vamos a dar, en el culo. Jujujuju.) a más personajes. Que ésto, no es nada. (Uy, lo que nos queda.)

Y sí. Que sí. (Síííííí.) Sé que me vais a preguntar: (probablemente) "Bell, ¿por qué no sale Kid?/ Bell, ¿por qué no sale Kid?/ Bell, ¿cuál es la raíz cuadrada de 144?"… (Bucle infinito. Muerte y destrucción.) 12.

Kid: Eso, ¿y yo por qué no salgo en este Fic? Sale todo el mundo menos yo.

Tú, ya tendrás tu momento de gloria, pronto, ahora cállate y vuelve al sótano.

Kid: Vale, pero quiero salir en el siguiente capítulo, lo exijo. O sino, en el 8. Symmetry.

Ya veremos.

Black*Star: ¿¡Y yo por qué no he salido en éste!?

¡Que os volváis al sótano!

Soul: Buh.


Nos vemos en el próximo capítulo de Sweet Dreams:

Capítulo Séptimo.

Grumpy, Sneezy y Porky. (Gruñón, Estornudo y Cerdita.)

See you'll soon, honeys of "Güini de pú"! (En serio, el capítulo 108 de Soul Eater… ¡Demasiado pa' nuestro body!)

Dejar Reviews es bueno pa' ti, pa tu cuerpo, pa to'. (¿A quién no le gustan los patos?) ¡Gracias a todos por leer!

Cuac.