Aunque no quiera admitirlo, este capítulo resultó demasiado largo, a comparación de los anteriores. Ya que alguien me pidió especificar un poco más, creo que poco a poco iré introduciendo mi forma de escribir y relatar. Espero no se les haga demasiado pesado.
Disclaimer: Naruto no me pertenece. Ahora, el único que sí entra en esta categoría, es Kazuki.
- Qué problemático… - refunfuñó Shikamaru, sentado en la silla de Naruto, en el puesto de Hokage.
El rubio había asignado a un grupo de ninjas de su plena confianza a hacer sus labores como Hokage, tras la insistencia de Kyuubi por dejarle en reposo absoluto en casa, sin labores de oficina ni tomar un pergamino relacionado al trabajo.
- ¿¡Cómo demonios Naruto hacía todo este trabajo él sólo? – El Inuzuka se revolvía los cabellos al ver tanto papeleo acumulado – Política, misiones, economía, diplomacia… ¡Me volveré loco! – Kiba se lanzó sobre el sofá, con un colapso mental.
- Se lo debemos, Kiba – murmuró Hinata, con algunos papeles en una mesita de centro – Sólo será por tres meses – volvió su mirada a algunos pergaminos, tratando de comprender la complejidad de éstos.
- ¡Tiene suerte que su embarazo sea tan corto! – Replicó el castaño.
- Deja de quejarte y trabaja, cara de perro – Sasuke estaba dentro del grupo a cargo de la aldea, por estricta orden del Uzumaki.
Decidieron dividirse el trabajo acorde a sus aptitudes. Naruto los había elegido por lo mismo, así que seguirían su plan. Sasuke y Sai estarían a cargo de todo lo relacionado a las misiones y seguridad de la aldea.
Shikamaru llevaría los asuntos diplomáticos –quecatalogócomoproblemáticos- además de ser el portavoz de las decisiones. Hinata se llevaba bien con los números, así que trataría de mantener estable la economía y mejorarla dentro de lo que pudiera. Aunque Naruto no lo hacía para nada mal, ya que había conseguido un aumento de ingresos muy importante y mejorar las relaciones con todas las villas.
Kiba, por mucho que discutieron, sería el encargado de todas las quejas y sugerencias de la villa que llegaran a la torre. Buscaría la forma de solucionar y arreglar lo mejor que pudiera el lugar donde vive.
La visita de una rana los sacó de su concentración habitual. Llevaba consigo un mensaje de parte del rubio para sus amigos:
"¡Lamento todos los problemas!
Kyuubi no me deja salir de casa ni usar mi chakra. Esta rana vino por encargo y algunas provisiones, así que aproveché de pedirle les llevara mi mensaje. Si el trabajo es muy duro, no duden en venir a visitarme. ¡Mesientouninútil!
Díganle a Sasuke que no sea un teme cabeza dura. Y a Kiba que le daré vacaciones si no se queja. Trataré de convencer a Kyuubi que no estoy inválido. Espero visitarlos dentro de poco.
¡Muchas gracias!"
- Ese dobe… - Sasuke arrugó el papel que tenía en sus manos, apretándolo con fuerza como si fuera la cabeza del rubio.
- ¡Vacaciones! – Kiba saltó del sofá de cabeza a los pergaminos, buscando el archivo con todas las papeletas que llegaban a la torre.
- Sigue siendo problemático… - se quejó el Nara.
Al cabo de un mes, la casa debía ser reabastecida con provisiones. Kyuubi no quería dejar a Naruto solo en casa, así que se escabulló en silencio mientras el rubio dormía con dirección al mercado. Suerte tener la cartera del menor, le ayudaría a comprar lo que faltaba. Él, al ser un zorro demoniaco, no tenía derecho a un pago aún.
Cuando llegó, un montón de aldeanos vociferaban sus ofertas e incitaban a sus clientes a comprar en sus puestos. Se acercó a un puesto con frutas, necesitaría de muchas para mantener una dieta equilibrada en su pequeño kitsune.
- Deme dos kilos de manzanas, por favor – Pidió amable al dueño que atendía. Éste le miró de pies a cabeza, reconociéndole de inmediato. Las orejas del Kyuubi le delataban.
- No le vendemos a monstruos, lárgate – el veneno en su voz no iba a herir a Kyuubi.
Al zorro no me importaba en lo absoluto lo que pensaran de él. Podían negarle lo que quisiera, no iba a enfadarse. Pero esta vez se trataba de Naruto, el Hokage de esa villa. El portador de su hijo, el descendiente y la luz en los ojos del rubio. No permitiría que le negaran el alimento a su familia.
- Le pagaré el doble, pero deme un kilo de manzanas, por favor –
- ¡No te venderé nada, bestia! – Vociferó fuerte el comerciante, llamando la atención del resto de sus compañeros, quienes le apoyaron en su decisión.
- A mí no me des nada, pero quiero esas manzanas para Naruto. Yo no necesito comer, me alimento del odio de las personas. Ustedes me odian, yo me doy un festín – entrecerró sus ojos y se acercó al hombre que palideció ante la cercanía - ¿Me odias? Perfecto, esta noche dormiré con el estómago lleno. Pero tu Hokage se alimenta con comida real. El hijo que espera tu Hokage también se alimenta con comida – Siseó con maldad pura, haciendo que una de sus colas se materializara y apuntara peligrosamente a la cabeza del sujeto.
- ¡Qué estás haciendo, Kyuubi! – La voz de Naruto le obligó a alejarse del comerciante, quien ya estaba al borde un colapso nervioso.
- Comprando algunas cosas – Respondió en tono neutro, tratando de olvidarse del mal trago.
- ¿Tenías que intimidar al comerciante? – El oji azul alzó una ceja – Si quieres conseguir una rebaja, simplemente pídelo con una sonrisa – le regañó con cariño - ¿Qué comprabas? – Preguntó.
Algunos murmullos generalizados daban cuenta de la llegada del Hokage al mercado, haciendo que todo el ambiente cambiara a uno más ameno y agradable.
- Algunas manzanas – Kyuubi sabía que el tono de su voz no era el normal, pero necesitaba calmarse o de seguro terminaría matando a todos los aldeanos del lugar.
- ¡Manzanas! ¿Cómo sabes que tengo ganas de comer manzanas? – Naruto hacía el papel de novio comprensivo, aunque sabía muy bien lo que sucedía. A Kyuubi no querían venderle nada, aunque fuera su pareja – Señor, me llevo dos kilos de manzanas, por favor – pidió amable, sonriente.
- Cla-Claro… - Tartamudeó, eligiendo las mejores que tenía a su disposición y entregándoselas al rubio – No te preocupes, son un regalo – Trató de sonreír nervioso cuando vio que Kyuubi estaba abriendo la cartera para pagarle.
- ¿En serio? – Imitó un tono de sorpresa, recibiendo gustoso las dichosas frutas - ¡Muchas gracias'ttebayo! – Se acercó a su novio y le extendió la bolsa. Le dolían sus articulaciones y cargar un peso como ese sólo empeoraría su condición actual.
"Sé muy bien lo que sucede. Por eso hago yo las compras"
"No me importa lo que digan de mí, Naruto. Pero tú no te alimentas como yo, nuestro hijo tampoco. ¡Que me odien! ¡Me da igual!" La furia del Kyuubi era palpable incluso cerca de ellos.
"No todos saben que eres mi novio, Kyuubi" Le tranquilizó el rubio, mientras seguían comprando lo que necesitaban.
La conversación llegó hasta ahí. Terminaron sus compras y se alejaron del mercado. El hombre de las frutas se encargó de diseminar la información: El Hokage tenía por novio a la bestia de nueve colas, y esperaba un hijo de éste.
En cosa de minutos, la villa entera sabía de la condición del rubio. En menos de veinticuatro horas, los demás Kages estaban enterados. En dos días, todos los habitantes de los países colindantes al país del fuego sabían que pronto nacería el hijo del Uzumaki.
- ¡Tengo que ir a verle! – Reclamó Shukaku a su jinchuuriki.
- No puedes – respondió Gaara impasible, siguiendo con su papeleo, por décima vez.
- ¡No entiendes! Naruto debe estar por finalizar su embarazo. Sólo tarda tres meses en gestar, no puedo esperar a terminar mi estadía acá – explicó con premura – Su hijo podrá reemplazar a un bijuu si Kyuubi le dejó algunas colas, no podrán controlarle a menos que esté ahí – se puso frente al escritorio, logrando que el Sabaku le dirigiera la mirada.
- ¿Un bijuu? – Alzó una ceja - ¿Por qué no me lo dijiste antes? – Se molestó – Dudo que Kyuubi le desee eso a su hijo, de todas formas – suspiró resignado, dejando de lado su pergamino.
- Necesito un poco de mi chakra, Gaara – le pidió – Tengo que contactarme con el ocho colas, tengo entendido que está encerrado aún – planteó.
- Sí, es el bijuu de la aldea de la nube. Fue el maestro de Naruto cuando aprendió a controlar al nueve colas – explicó el pelirrojo, llevando su mano al abdomen - ¿Podré saber lo que hablarán? –
- Sí, pero necesito que sea rápido – Shukaku estaba realmente impaciente. Gaara deslizó su mano bajo su chaqueta y playera, hasta tocar el sello con sus cinco dedos y girarlo en noventa grados. Un cuarto del chakra sería suficiente, estimó.
Shukaku logró sentir como recuperaba parte de su energía, logrando que sus pupilas se dilataran y contrajeran con el repentino golpe de chakra.
"Hachibi, contéstame. Hachibi, sé que estás ahí, responde"
"¿Ichibi?" Respondió el pulpo con cara de toro "¿Estás vivo? ¿Qué demonios sucede?"
"¡Hey! Sal de esta frecuencia, es personal" La voz de Bee interrumpía a ambos bijuu.
"Cállate, mocoso" Replicó Shukaku, recibiendo una mueca de reproche de parte de Gaara "Oh, está bien. Soy Shukaku, el bijuu de una cola. Estoy en Sunagakure, tengo forma humana igual que Kyuubi y reviví hace dos meses aproximadamente" Explicó rápido "Ahora necesito que me respondas algo,Hachibi"
"¿Humano? ¿Kyuubi? ¿Qué hizo Naruto ahora?" Intuyó el pulpo, llevando su enorme mano al cuerpo y boca de su contenedor.
"Han usado el espacio de huésped para tener a su hijo. Naruto debe tener dos meses y medio de embarazo"
"Debe estar por nacer…" Murmuró el pulpo. Ahí cayó en cuenta e hicieron realidad las sospechas del Ichibi "¡¿Y pretende controlarlo él sólo? ¡Es imposible! ¡Irán todos a evitar perder su rango! ¡Kyuubi debería ya habernos llamado!" Exclamó furioso, con el enorme entrecejo fruncido.
"Entonces es cierto. Tenemos que proteger a Naruto y a su bebé. Kyuubi no podrá controlarse asímismo, terminará matándolos a todos"
"¿Porqué? Necesito me lo expliquen" Interrumpió la voz de Gaara en todo el nexo.
"El nacimiento de un bebé normalmente es algo bueno, pero el nacimiento del hijo de un bijuu, especialmente el de Kyuubi, trae mucho odio hacia ese recién nacido" Explicó Hachibi, tratando de no olvidar detalle alguno "Kyuubi es el bijuu que se alimenta del odio de las personas. Será una sobrecarga por donde se vea, tanto que es capaz de olvidar quién es y atacar a todos. La Bijuudama de Kyuubi puede arrasar con tres países enteros"
"En el pasado pude detener a Kyuubi yo sólo, pero no me importaba matar gente" Interrumpió Shukaku "Ahora tenemos que proteger a Naruto mientras se le extrae a ese bebé. Si logró liberar a Kyuubi es porque su cuerpo resiste, pero necesitará asistencia médica"
"Kyuubi le curó con el sello abierto, según me contó Naruto" añadió Hachibi "Pero sin él, no creo que pueda lograrlo"
"Naruto lo soportará, tenemos que llevar un equipo médico" Planeó el pelirrojo.
"Necesitaremos médicos y todos los ninjas posibles. Este pequeño bebé podrá invocar a todos los bijuu, obligándolos a luchar por mantener su posición. Intentarán asesinarlo a toda costa" El ocho colas no tenía que ocultar nada "Shukaku, tendremos que llevar a Naruto a un lugar desolado, será peligroso que lo tenga en Konoha"
"La zona norte del país de aguas termales, ¿Puedes acondicionarlo?"
"Déjamelo a mí. ¿Pero por qué ahí?" Cuestionó intrigado el ocho colas.
"Me llevaré toda la arena que pueda desde mi salida de Sunagakure" sonrió el Shukaku.
"Estás loco…" dijo Gaara "Ni yo podría manipular tanta arena" Sentenció lapidario.
"Porque no te atreves a usar mi chakra, Gaara. Si lo usaras, podrías mantener sitiada a toda Konoha con una tormenta de arena por un año" El tono egocéntrico no le quitaba verdad a sus palabras "Hachibi, lleva a toda la gente que puedas y esté dispuesta a colaborar. Tenemos que llegar antes de tres días al punto que elijas. Naruto no resistirá mucho tiempo más con nuestro sobrino"
"¿Nuestro sobrino?" La mueca de sorpresa del Hachibi no era para nada agradable.
"Nacimos del Juubi, Hachibi. Somos hermanos" Explicó Shukaku.
La conversación se dio por terminada. Gaara se puso de pie y llamó al guardia afuera de su puerta.
- Toda la villa en estado de emergencia. Quiero a todos los ninjas listos en una hora, nos vamos a Konoha – ordenó, dejando perplejo al guardia. Cerró la puerta y miró a Shukaku – Tenemos que hablar – dictaminó.
Esa misma noche, Gaara liberó todo el chakra de Shukaku. Pudo sentirse como cada partícula de arena en toda la villa le obedecía. Cuando partieron, los ninjas se sorprendieron de como el desierto se movía con ellos. Shukaku llevaba una mirada seria, tensa y digna de un líder.
Al cabo de tres días, como acordaron, Gaara y Shukaku arribaron a la aldea de Konoha. Sin contratiempos, dejaron a todo el poder militar de Suna a cargo del Raikage, quien aceptó ayudar en la misión que le había pedido el mismo Hachibi.
Gaara se dirigió a la torre del Hokage. Dada la condición de Naruto, suponía que alguien más estaría a cargo de Konoha mientras el rubio retomaba sus labores habituales. Shukaku fue directo a la casa donde vivió hace un tiempo atrás. Sin ser detectado, se introdujo en la casa, encontrando a Kyuubi relajado y a Naruto sobre un sofá, leyendo.
- Ustedes no dejan de sorprenderme – anunció su llegada, atrayendo la atención de un barrigón rubio que se paró ligero y le abrazó con fuerza.
- ¡Shukaku! – Le saludó efusivo – Cumplí, estoy gordo como querías – bromeó, con una radiante sonrisa en sus labios. Pudo notar ese brillo especial en los ojos color zafiro de Naruto, haciéndole sonreír a él mismo.
- Y yo vine a conocer a mi sobrino – le revolvió el cabello - ¿Puedo tocar? – Preguntó, olvidando intencionalmente el motivo real de su visita. Disfrutaría un poco la tranquilidad que se respiraba en esa casa que tanto extrañaba.
Naruto asintió en silencio. Shukaku se arrodilló, llevando su oreja hacia el abultado vientre. Al cabo de unos segundos pudo sentir los latidos fuertes y claros del bebé. Una patadita en su mejilla le indicó que le reconocía. Esa criatura era la bendición de los Uzumaki.
- Es un hombre. ¿Qué nombre le tienen? – Preguntó, aún pegado al vientre.
- Kazuki – respondió Naruto – Significa agradable, paz. El primero de una nueva generación – explicó con gracia. Shukaku adoraría a ese pequeño. Sin nacer, sentía ese amor incondicional del pequeño a sus padres, incluso a todo aquel que le visitó sin conocerle. La determinación del Ichibi creció y se puso de pie, tomando las muñecas de Naruto y mirarlo fijamente a los ojos.
- Nos tenemos que ir. Con Hachibi tenemos todo preparado – soltó. El rubio parecía no entender. Kyuubi se puso en alerta, acercándose a ambos – Kyuubi no te lo ha dicho porque no tiene idea. Ese pequeño va a invocar a todos los bijuus. Quieren matarlo antes de que nazca –
- ¿Qué? – El pelirrojo abrazó posesivamente a Naruto – Que se acerquen, los mataré a todos si es necesario –
- Por favor, lo que menos tenemos es tiempo – suplicó – Naruto, por favor, confía en mí. Toma lo que necesites, lo básico. Pero tenemos que salir de Konoha antes de que el sello se debilite más de lo que está – su voz no dejaba de sonar firme, con un tono de súplica nunca antes escuchado de boca del Ichibi – Te explicaré todo en el camino, pero tenemos que irnos ya – insistió, ante la mirada poco amigable de Kyuubi.
- No nos iremos, Shukaku. Kazuki nacerá aquí en Konoha – sentenció Kyuubi.
- ¿No entiendes? Pondrás en riesgo la vida de todos los aldeanos. Si ellos ya te odian, lo harán aún más cuando vean a todos los bijuu asediando la villa. ¡Morirá mucha gente! –
- ¿Dónde iremos? – Preguntó el rubio.
- Hachibi preparó un lugar deshabitado al norte del país de las aguas termales. No tengo idea como, pero limpió un radio de tres kilómetros y ahora sólo hay arena que traje desde Suna. Nos esperan las armadas de Sunagakure y Kumogakure. El Raikage nos ayudará –
- Naruto no se moverá en ese estado –
- De eso me encargo yo, Kyuubi – Gaara había llegado hasta la casa de ambos. La arena de su calabaza se movía fuera de ella.
- Tsk… Me rindo – suspiró el nueve colas – Iré por el bolso del bebé, espérenme afuera – Se adentró en una habitación, mientras Shukaku y Gaara sacaban a Naruto de la casa y le preparaban una cómoda cama de arena que levitaba.
La cola de Shukaku se materializó y sirvió de colchón y almohada para Naruto – Gaara soltó todo el sello, puedo usar todo mi chakra, no te preocupes – explicó cuando vio la cara de duda de Naruto.
Comenzaron a alejarse de la casa. Kyuubi les alcanzó en unos minutos, con un bolso mediano lleno de ropa y algunas cosas para el recién nacido. También llevó dos pares de guantes con los sellos que le transformaban en humano, por si eran necesarios. Se los entregó a Gaara, quien aceptó en silencio las prendas.
Cuando llegaron a la puerta principal, los amigos de Naruto ya le estaban esperando. A petición especial del Kazekage, Yamato iría en la misión y no se despegaría del rubio, ya que se encargaría de protegerle, el elemento madera era el mejor para contener a los bijuu. A la seña de Gaara, emprendieron un veloz viaje que tardaría unas doce horas ininterrumpidas de viaje hacia el punto de encuentro. Tanto Kyuubi como Shukaku extendieron su rango sensorial por un kilómetro, rodeando a todo el grupo de ninjas y cubriendo un poco más de extensión, evitando percances por el camino. Aunque nadie se atrevería a emboscar al Hokage, Kazekage, dos bijuu y un grupo de ninjas de alto calibre de Konoha.
Durante todo el viaje, Shukaku no dejaba de mirar a Naruto por el rabillo del ojo. Podía sentir cómo se acercaba el momento, lo intuía. Y también estaba atento al camino, esperando no encontrarse con ninguno de sus hermanos agresivos y poco comprensibles. Apresuró un poco el paso y obligó al grupo consigo a seguirle. Ya se notaba el cansancio tras diez horas de viaje, pero quedaba poco y no podían permitirse un descanso.
Cuando ya faltaban unos diez kilómetros de viaje, comenzó la pesadilla de Shukaku. Naruto soltó un grito de dolor que le hizo doblegarse y apretar sus dientes hasta hacerlos chirriar. Algunos se detuvieron, pero Shukaku y Gaara continuaron corriendo y saltando cada vez más rápido.
- ¡No se detengan! ¡Tenemos que llegar antes de que nos alcancen! – Vociferó el moreno, mientras sentía como Naruto lanzaba patadas a su cola por el dolor que le causaba la inminente salida del bebé y la ruptura de su sello si eso ocurría. "Se fuerte, Naruto. Ya estamos por llegar, ahí nos esperan para que puedas tener a Kazuki" soltó Shukaku, aprovechando el nexo mental que podía compartir con el rubio gracias a la cercanía.
Cuando llegó el límite que limpió el Hachibi, un equipo de ninjas se les acercó y les escoltó por la llanura cubierta de arena donde estaban. Una pequeña porción del desierto se movió con Shukaku y su gente y ahora era su terreno de defensa. Había dejado un pequeño castillo de arena con gruesas murallas y una gran entrada en el centro de todo, además de algunas casas para poder alojar a ambas armadas.
Cuando llegaron al castillo, Yamato logró alcanzarles y respirar grandes bocanadas debido al esfuerzo físico que significó doce horas corriendo como posesos. Sasuke y Sakura le acompañaban, dado que eran los más cercanos al rubio y siguieron las instrucciones al pie de la letra.
- Uchiha, convierte este castillo en vidrio y ponle llamas de fuego negro por fuera, para reforzar la seguridad – ordenó Shukaku. El azabache prefirió obedecer, dado que Naruto era incapaz de pedírselo debido a los gritos que de seguro ya estaban por desgarrarle la garganta.
- Katon: Jigoku – murmuró, formando algunos sellos y llevando sus manos al suelo. Todo el castillo de arena de vio envuelto por una esfera de llamas que iluminaron todo el lugar. En cosa de segundos, el castillo era de vidrio reforzado y reluciente – Amateratsu – dirigió sus llamas al techo y murallas laterales. El fuego no era muy fuerte, pero sería suficiente para derretir a cualquiera que se acercara. Aprovechando la densidad y grosor de las murallas del castillo, tardarían unas tres horas para consumir todo.
- Mi turno – Yamato realizó algunos sellos velozmente con sus manos – Mokuton: Shichuuka no Jutsu – un montón de raíces crearon con rapidez una pequeña casa dentro del castillo de vidrio, para poder realizar toda la extracción – Mokuton: Shinchuueou no jutsu – Una gran cantidad de pilares rodearon el castillo y formaron una prisión de madera, con la única entrada frente a ellos.
- Sakura, quedas a cargo del nacimiento del bebé. Deberás practicarle una cesárea – explicó Gaara, el único que conocía todo el plan – Tienes a tu disposición a tres equipos médicos de mi aldea, vamos a encerrarlos en el castillo con una triple defensa – un grito de dolor de Naruto le obligó a apresurar sus palabras – Cuando las cosas acá afuera estén calmadas, sacaremos todas las barreras. Si caen, procuren sacar a Naruto y llevárselo lo más lejos que puedan junto al niño –
- Kazuki, se llama Kazuki – Le interrumpió Shukaku. Un grupo de ninjas bastante numerosos se acercaron a ellos – Llegaron los médicos y los escuadrones de defensas. Adentro, rápido – apresuró a la pelirosa – Cuida de ellos, por favor – fue lo último que dijo, antes de que cerraran el perímetro de su castillo.
- Rairou no Jutsu – Cuatro ninjas, a una distancia de un metro, cada uno formó una barrera de rayo alrededor del castillo - Raiton: Raijinheki – Un grupo de otros cuatro ninjas de Kumo formaron muros de rayo, protegiendo los costados principalmente.
- Sanjūroku-jū no Saisei Kekkai – el escuadrón de barreras de Kumo, con algunos ninjas de Suna, generaron las treinta y seis barreras autorreparables que encerraron a Naruto y Killer Bee durante la cuarta guerra ninja.
- Fuuin Jutsu, Shouhekifuu – la tercera defensa sería el área oscura que rodearía un radio de cien metros.
Kyuubi y Shukaku observaron firmes el posicionamiento de cada barrera. Sabían, o al menos intuían, que los otros bijuu podrían acabar fácilmente con todas esas barreras, sin siquiera tardarse más de un minuto. Se giraron y observaron los alrededores. Todos los escuadrones de ninjas vigilaban puntos estratégicos esperando por cualquier movimiento anormal.
- ¿Así que tú eres Kyuubi? – Killer Bee se acercó a los bijuu, despreocupado y cantarín como siempre – Naruto es un mocoso, se ha embarazado de un zorro – canturreó - ¡Yeah! – Hizo su seña rockera, alzando su mano al cielo.
- Te compadezco, Hachibi – suspiró Kyuubi.
- Kyuubi, discúlpame – dijo Shukaku, al tiempo que rodeaba con su cola al zorro y lo apretaba, restringiendo su chakra y el moreno cambiaba a su forma de bestia.
Seis pilares de luz rodearon al castillo por fuera de las barreras. Tras el refulgente brillo, la materialización del mayor poder ofensivo existente en el mundo.
- Nibi, Sanbi, Yonbi, Gobi, Rokubi, Shichibi – enumeró Kyuubi, sintiendo como la ira y el odio se apoderaba de su cuerpo - ¿Qué? – Su fuerza sobrepasaba la que recordaba, incluso forzaba a su mente a transformarse en el zorro, cosa que impedía con la poca lucidez que le quedaba.
- Ellos te odia, te alimentan – le explicó el perro mapache gigante que le aprisionaba – Odian que tu hijo les vaya a quitar su rango de bijuu, quieren matarlo antes que nazca. Y tienes una sobrecarga de tu atributo, te saldrás de control y no serás capaz de distinguir amigo de enemigo – Kyuubi poco a poco tomaba más rasgos de zorro, siendo envuelto por el manto del Kyuubi. Estaba casi listo para transformarse en la bestia que era.
- ¡Escuadrones! – Exclamó Gaara - ¡Protejan la barrera y apoyen al Ichibi y a Hachibi, ellos contendrán a las bestias! – Ordenó a pleno pulmón, recibiendo una afirmación de parte de todos los ninjas.
Shukaku se encargaba únicamente del Kyuubi. Era el único que podía hacerle frente en el estado de furia en que se encontraba. Hachibi podía contener fácilmente a tres de ellos, desde el Nibi, hasta el Yonbi. El problema radicaba en la armada, que a duras penas podía distraer al Gobi y Rokubi, dejando al más fuerte de ellos, el Shichibi, atacando las barreras del castillo donde alojaba Naruto. Una Bijuudama golpeó con fuerza las treinta y seis barreras, llegando hasta la primera. Volvieron a regenerarlas con rapidez mientras un muro de arena de Shukaku evitaba que los golpes físicos del Shichibi destruyera por completo la defensa.
- ¡Podemos resistir una hora por lo menos, no pierdan la concentración! – Vociferó el líder del escuadrón de barreras, dirigiéndose a los que sostenían los muros autorreparables.
Mientras tanto, al interior, Sakura y el equipo médico realizaba con precisión una césarea, mientras tenían sujeto y amarrado al rubio que no dejaba de moverse. Le habían aplicado una anestesia, pero tardaría en hacer efecto y debían asistir al parto.
La pelirosa había logrado hacer el corte necesario para sacar al bebé, pero no podía encontrarle. El bebé existía, el abultamiento era evidente, pero no lograba ver siquiera una extremidad. Ahí recordó el sello de Naruto. Debía controlarlo para ir liberando en pequeña cantidad el chakra del zorro que dejaría salir al hijo de su amigo.
Al momento que Naruto sintió la mano de Sakura sobre su vientre, gritó - ¡Kai! –
El rubio había soltado todo el sello, liberándolo por completo. La cabeza del bebé era ahora visible, pero extraer y cortar la unión entre ambos terminaría matando a su amigo por la estupidez que había hecho.
- Voy a estar bien, pero saca a Kazuki… Está sufriendo por mi culpa – Le dijo su amigo. Entendió lo que debía hacer, era el pequeño destello de esperanza que daría vida nueva.
Un estruendo sacudió el castillo. La batalla afuera parecía intensa y no tenía mucho tiempo que perder. Volvió a sus labores de parto, presionando con calma y un poco de fuerza para lograr asomar la cabeza del pequeño hacia la cortada que había realizado limpiamente.
- ¡Han roto las barreras exteriores! ¡Solo quedan las de Kumo y el castillo mismo! – Informó el líder del escuadrón de barreras.
Shukaku asintió y volvió a la carga contra Kyuubi. Las colas del zorro golpeaban el suelo por doquier, sin control alguno. Más de una vez chocó contra el castillo. Shukaku levantaba apenas ponía un muro de arena para evitar más golpes a las barreras, pero la fuerza descomunal de Kyuubi sobrepasaba la de sus defensas.
- ¡Aquí lo tengo! – Anunció Sakura, logrando tomar parte del cuerpo y la cabeza del menor, ensangrentado, con una delicadeza extrema. Tiró y gracias a los fluidos salió velozmente del interior de Naruto.
Dos ligeras palmadas y el llanto del menor rebotaron por todo el lugar.
Los bijuu se detuvieron en su frenesí. Incluyendo al mismo Kyuubi, que ya no se encontraba en éxtasis por la oleada de emociones. El grosor de sus pupilas volvió a un tamaño normal, comenzando a recuperar la conciencia de sus movimientos y actos.
- Mi… hijo – balbuceó, escuchando nítidamente el gimoteo – Kazuki… -
- Ninguno… Estamos todos los bijuu – Analizó Shukaku, sin soltar el agarre firme sobre el zorro de nueve colas - ¡Hachibi! –
- ¡Es un bijuu de la nueva generación! ¡Es el nuevo zorro de nueve colas! – Respondió Hachibi, alegre por la situación.
Sus hermanos se tranquilizaron, incluso llegando a desvanecerse. No debían volver a pelear entre ellos. Pronto renacerían, y querían vivir esa emoción que sentía Kyuubi.
Gaara, una vez se recuperó de su asombro, sacó los guantes que le entregó Kyuubi. Usó el primer par en Shukaku, devolviéndolo a su forma humana. Éste corrió hacia los guardias y exigió que removieran las barreras. El Kazekage usó el segundo par de guantes con sellos con Kyuubi, devolviéndolo a su forma bípeda.
- Debes ayudar a Naruto, recuerda que por segunda vez ha extraído a un nueve colas – La voz de Gaara le sacó de su ensimismamiento.
Kyuubi corrió hacia el castillo. Las defensas habían aguantado bien, incluso el Amateratsu seguía intacto, consumiendo las paredes superiores del enorme castillo de cristal.
- Resiste, Naruto. No te rindas – Sakura le animaba mientras le inyectaba de su chakra, pero sentía como éste le era drenado de forma violenta por el sello abierto del rubio. No podía siquiera intentar cerrarlo, ya que una descarga eléctrica le alejaba del sello de forma inmediata.
Kazuki ya se encontraba limpio, descansando en los brazos de un médico de Sunagakure. Shukaku entró en la habitación, hasta que encontró al menor. Extendió sus brazos para pedirlo y le fue entregado en el acto. Su cola se materializó y envolvió al bebé, para luego desaparecer del campo de visión humano.
Kyuubi entró y observó lo tierno que se veía su hijo. Independiente de que Shukaku lo abrazara como si el hijo fuera de él, ahora debía concentrarse en curar a Naruto. Tenía que él mismo aislar ese odio y entregarle su Yi al de cabellos dorados. El menor jadeaba sonoramente. Estaba sobre una fría mesa de madera apenas acondicionada para tenerle ahí cómodamente. Se sentía enormemente estúpido por no informarse ni pensar en los riesgos que tendría para Naruto el tener un hijo con él. Decidió materializar la siempre unida cola de él con su pequeño kitsune, para poder acunarlo cerca de él. Le abrazó y posó una mano sobre el Hakke no Fuuin. Mientras mantenía ocupado al sello con ese chakra, su otra mano se posó en la frente de Naruto, utilizando su punto de chakra superior para distribuirlo por todo el cuerpo y así irle curando lentamente. Tardaría al menos una hora poder terminar, y estimó que quedaría exhausto luego de eso.
Hinata, parte del equipo que asistió el parto, utilizó su Byakugan para ver el flujo de chakra del demonio. Ahora podía ver el circuito completo, cinco veces más complejo que el de un humano normal, y sus reservas eran enormes. Pero lo que más llamó la atención de la Hyuuga fue el control que tenía el zorro sobre su chakra. Dividido en partes y aislada una parte oscura en el fondo de su corazón, incluso con lo que parecía un sello sobre aquel.
- Lo que estás viendo es el odio de los humanos – dijo el pelirrojo – No te quedes viéndolo mucho tiempo, te consumirá poco a poco. Te llevará a la locura – sentenció lapidariamente, asustando a la Hyuuga que canceló su habilidad.
- ¿Kyuubi? – La débil voz del rubio era apenas audible. El zorro sonrió y movió su cabeza de forma negativa – Mi… Nuestro… - le dolía la garganta. Tenía sed – Agua… - pidió.
- Trae agua, por favor – Kyuubi no podía moverse mucho ni perder demasiada concentración, o la curación podría fallar. Movió la cabeza ligeramente para pedírselo a Hinata, quien salió corriendo a buscar lo que le pidieron – Kazuki está con Shukaku, lo tiene envuelto en su cola y no lo ha soltado – sonrió.
- Oh… ¿Estás… bien? – articuló con dificultad.
- Algunos hematomas y cortes, nada peligroso – bromeó – Shukaku me dio una paliza de las buenas mientras yo estaba descontrolado – miró hacia un lado de la habitación, donde el Ichibi hablaba en murmullo ininteligible con su bebé. Kazuki dormía plácida y cómodamente con su tío – Hey, Kaku – le llamó – Naruto despertó – avisó, haciendo que el moreno se acercara a ellos.
- Aquí está tu papi, o madre, como quieras – acomodó al bebé para que su cabeza quedara frente a la mirada de Naruto. Un pequeño suspiro salió de los labios del pequeño. El cabello rubio, las marquitas en el rostro. Era una copia diminuta de Naruto. Fuerte y sano como Kyuubi.
- Kazuki… Namikaze – murmuró el rubio.
- ¿Namikaze? – Cuestionó el pelirrojo – Entiendo… - curvó sus labios en una pequeña sonrisa.
Naruto se revolvió un poco, levantando su mano y llevándola a su abdomen. Puso sus dedos sobre el sello del Kyuubi – Fuuin Jutsu: Goguoufuunin – volvió a cerrar la apertura de su abdomen. Bajó su brazo con aplomo y sonrió.
Hinata llegó con una fuente de agua fresca, además de un algodón y un par de guantes estériles. Empapó el trozo de algodón y lo puso sobre los labios del rubio, presionando con sus dedos para dejar caer el agua sobre su boca. Un elixir de vida, sintió el Hokage, tras lograr tragar y saciar en parte su sed.
Decidieron acampar ahí. Los bijuu no podrían moverse dada la cantidad de chakra que habían utilizado. El Hachibi obligó a Killer Bee a vigilar el lugar y ayudar a Naruto en todo lo que necesitara. A regañadientes, hizo de chico de los encargos.
Al cabo de unas horas de descanso, Naruto pidió cargar a Kazuki. Cuando lo recibió entre sus brazos de parte de Shukaku no pudo evitar derramar algunas lágrimas de felicidad infinita. Había hecho a ese bebé con tanto amor y cariño que recordaba cada murmullo del pelirrojo mientras hacían el amor, mentalizándose en la nueva vida que crearían. Ellos nunca pensaron que podría pasar algo como esa feroz batalla, pero se alegraban de que no hubiese bajas importantes en ninguna de las armadas.
El cómodo colchón proporcionado gracias a las colas de Kyuubi le sirvió a Naruto para acomodarse con su bebé y acunarlo para dormir juntos. La escena conmovía al zorro que estaba sentado en una silla cerca de ellos.
Shukaku entró para ver cómo estaban. Aun cuando tuvieran a un contingente de ninjas alrededor, no podía dejar de vigilar al rubio y a Kazuki. Observó desde la entrada por unos minutos, hasta que Kyuubi le llamó para que se acercara.
- Volvamos a Konoha, Kaku – Le dijo el pelirrojo. Era una petición considerando la cercanía que tenía el moreno con su hijo.
- Tengo que terminar mi estadía en Suna, Kyuubi – Explicó el menor de ambos – Me ha costado, pero creo que a los aldeanos ya no les desagrado tanto – sonrió, cruzándose de brazos.
- A mí me siguen odiando – Suspiró el pelirrojo – Yo solo quiero ser feliz con Naruto. Pero no puedo seguir viviendo en un lugar donde quieren matarme apenas baje la guardia – se acomodó en la silla, echando su cabeza hacia atrás.
- ¿Y por qué no te casas con Naruto? – Le planteó el de cabellos dorados.
- Un Hokage está casado y vive por su villa. Un Hokage no tiene familia, porque todos los que viven ahí son su familia – recitó – Dependiera de mí, me llevaría a Naruto y a Kazuki muy lejos de todo el mundo – se llevó una mano a su cara, cubriéndose el rostro.
Shukaku se mantuvo en silencio. Comprendía medianamente el dolor de Kyuubi. Quería ser feliz, más de lo que era. Quería disfrutar de su familia. Quería disfrutar del lugar donde vivía, sin resentimientos. El Kyuubi había olvidado su orgullo, había perdido su deseo de matar y de vengarse de todos. Aquel frente a él sólo era un hombre con poderes demoniacos, completamente convertido en una buena persona.
- Este mocoso… - un sollozo se escapó de la boca de Kyuubi, cosa que dejó realmente choqueado al Ichibi – Me he enamorado completamente de Naruto – soltó, dejando que su voz se quebrara al decir el nombre del rubio, mientras lágrimas caían de sus ojos.
Shukaku se acercó a Kyuubi y le abrazó, ofreciéndole su pecho al pelirrojo. Ahí, Kyuubi se deshizo en un mar de cristalinas lágrimas que morían en la playera del moreno, en ahogados gritos de angustia y emociones contenidas.
Sasuke decidió devolverse por su camino. No tenía intenciones de interrumpir la escena del zorro con el tanuki.
Tardaron dos días en decidir volver a sus respectivas villas. Shukaku debía devolver la arena hacia el desierto, aun cuando consideró oportuno dejarla en ese lugar por si llegase a necesitarla más adelante. En contra de su voluntad y bajo la mirada seria de Gaara, finalmente decidió trasladarla a su lugar de origen. Kumogakure se encargaría de escoltar a Naruto y todos sus ninjas hacia Konoha, luego marcharían con calma a su propio país.
Una vez completa la misión, al llegar a la puerta principal de la aldea de la hoja, Killer Bee y Hachibi se despidieron de Naruto y el pequeño en sus brazos, deseándoles lo mejor a ambos. Kyuubi, en silencio, le agradeció a Hachibi por la ayuda, cosa que el ocho colas supo interpretar con solo ver su mirada.
- Hokage-sama – Un ANBU apareció frente a ellos – El consejo que le representa requiere su presencia en la torre – su mensaje fue corto y se retiró de la misma manera en que había aparecido, sin dejar rastro alguno.
- Ni se te ocurra bajarte de mis colas, aún no te recuperas – Le reprochó Kyuubi al instante al rubio, que hacía el amague de bajar.
- Pero quiero caminar… - soltó en un puchero, con los ojos cristalinos, tratando de convencer al pelirrojo.
- Nada, yo te llevo – Kyuubi saltó y sus colas se extendieron en largo, moviendo a Naruto a una distancia prudente de él para que no sufriera los embistes del suba y baja mientras él se acercaba a la torre. Mientras se iba acercando, se percató de la ausencia de la mayor parte de la aldea, con calles casi desérticas, a excepción de uno que otro anciano sentado en sus sillas tomando sol o disfrutando del hermoso día.
Cuando llegó al perímetro de la torre, un montón de gente estaba en la parte superior, donde normalmente realizaban las ceremonias especiales de la aldea. Subió de un salto hasta la parte más alta de la torre y arrastró al rubio más cerca de él.
- ¿Qué hacen todos aquí? – Preguntó Naruto cuando llegó hasta el lado de su novio.
- No hay tiempo – Ino se acercó hasta ellos y arrastró a Kyuubi, junto con Naruto sobre sus colas, escaleras abajo – Les tenemos preparados los trajes. Tengo entendido que Naruto tienes acceso a un baño personal, así que dúchense rápido. Yo me quedo con Kazuki – la rubia se acercó hasta Naruto y tomó con cuidado al pequeño rubio, sin despertarle – Mira, si es igual de mono que tú, Naruto. Al menos de pequeño – bromeó, arrojando con fuerza a la pareja hasta el interior de la oficina del Hokage, cerrando la puerta y alejándose.
Tanto Naruto como Kyuubi se observaron sin entender.
- ¡No tarden! – volvió a entrar Ino, asomando su cabeza. Y cerró de nuevo la puerta.
Naruto finalmente se bajó de las colas de Kyuubi, con cuidado y tratando de acostumbrar sus piernas a su peso. Encontró sobre el escritorio que habitualmente usaba dos trajes. Uno de impecable color azul intenso, igual al color de los ojos del rubio. Un kimono masculino adornado con cinco accesorios esponjosos color blanco. El otro, un poco más grande, era un kimono color vino, con elegantes adornos verde musco.
- Son trajes de ceremonia – especuló Naruto, sosteniendo su traje en alto - ¿Pretenden que nos vistamos así? – Alzó una ceja, incrédulo.
- Supongo. Vamos, debemos darnos un baño – Extendió su mano al rubio – Juntos, ahorramos tiempo – medio sonrió.
- No tienes en mente un baño solamente, Kyuubi – se sonrojó.
Tardaron diez minutos, entre besos y caricias, en terminar de asearse. Desde el embarazo del menor, Kyuubi no se había atrevido a hacer nada de esa índole por temor a dañar a su hijo, aunque, con el paso del tiempo, descubriría que el cariño otorgado a Naruto mientras estaba en cinta fortalecía y llenaba de alegría al pequeño Kazuki en el interior del vientre.
- ¿Ya están listos? – Esta vez era TenTen quien los iba a buscar a la oficina.
Al entrar, la joven mujer se sorprendió de lo bien que se veía Naruto y Kyuubi en sus respectivos trajes. El color de ojos del rubio y el cabello destacaban enormemente por el azul intenso de su traje, además de darle un aire de inocencia y madurez a la vez.
Kyuubi, por su parte, parecía un vigoroso guerrero divino caído desde el infierno, en viñedos y barriles del más fino vino. Los ojos rubíes refulgían con un brillo de serenidad y felicidad mientras peinaba y trataba de ordenar el cabello de su kitsune.
- Si, ya estamos – Afirmó Naruto - ¡Ouch! – Se quejó cuando el peine se trabó y con un poco de fuerza el pelirrojo lograba pasar las cerdas de madera.
- Eso te pasa por no peinarte, Naruto. Deberías ser más cuidadoso con tu cabello – le regañó con amor – Ya estás – Le revolvió la melena, dándole el aspecto habitual al rubio.
TenTen les pidió le acompañaran. Subieron las escaleras y aguardaron unos minutos. Se escuchaba el murmullo de la gente sobre ellos, en el techo, pero sin llegar a saber qué hablaban precisamente.
- Vamos – indicó la muchacha, avanzando los peldaños que faltaban para salir, delante de ellos, al techo del edificio.
Todo el mundo miraba hacia la escalera cuando los vio entrar. Enmudecieron al ver la elegancia y buen vestir de la pareja, complicando al rubio que se sentía avergonzado. Kyuubi no sabía si sonreír o quedarse serio, ya que cualquiera de las opciones parecía no agradarle a esa gente. Avanzaron por el pasillo que dejó el tumulto, en línea recta hasta lo que parecía un escritorio con un mantel blanco. Tras el mueble, Tsunade y Gaara le esperaban. La voluminosa mujer vestía con un kimono color verde jade, su amigo con el traje de Kazekage y el gorro sobre sus cabellos rojos.
Caminaron hacia ellos. Naruto decidió tomar la mano de Kyuubi, apretándola con fuerza. Se sentía nervioso y quería compartir ese sentimiento con su pareja. El zorro sonrió con cariño, entrelazando los dedos del menor con los suyos, tratando de infundirle calma. No sentía el odio rondándoles. Nadie lo tenía en sus corazones. Y eso, aunque debía inquietarle, le transmitía la paz que su cuerpo necesitaba.
- Debo admitir que estoy terriblemente nervioso, abuela – soltó el rubio al llegar frente a ellos - ¿Y tú no deberías estar en Sunagakure? – Preguntó sanamente, sin recriminarle.
- ¿Y perdernos tu boda? – La voz de Shukaku, a espaldas de ellos, les hizo girarse bruscamente. El moreno vestía un elegante kimono color púrpura, cargando en sus brazos a Kazuki, durmiendo plácidamente con su tío – Ahora cambien esa cara, se casarán aprovechando que Naruto no es Hokage, porque hay un consejo regente tomando su cargo – sonrió, mirando hacia la primera fila, donde estaban sus amigos. Aquellos a los que el rubio confió la aldea mientras estaba embarazado. El único que no sonreía era el Uchiha, que le miraba casi con despecho.
- Teme, sonríe una vez por mí, ¿Quieres? – bromeó Naruto. El entrecejo fruncido del pelinegro no tardó en aparecer.
- Dobe, cásate luego. Quiero ir a dormir – contestó, esbozando una pequeña sonrisa burlona.
- ¡Sasuke! ¿Organizaste toda la boda para no verla? Eres un aguafiestas – soltó Kiba, mientras Shikamaru se llevaba una mano a la frente, pensando en lo estúpido que era su compañero.
- Kiba… Se suponía que sería un secreto – murmuró la Hyuuga.
La creciente vena en la sien de Sasuke estaba por estallar.
- Gracias, Sasuke – Naruto se acercó a su amigo y le dio un abrazo. El azabache no reaccionó al instante, se había sonrojado por el acto de su amigo. Al final, le abrazó tímidamente de vuelta.
Tsunade precedía la ceremonia, con una charla típica respecto a los novios, el valor del amor y el respeto de las relaciones. Cuando ya se aburrió de escucharse a sí misma, decidió acelerar un poco el proceso.
- Bueno, bueno. ¿Tienen anillos? – Preguntó a los novios, recibiendo una negativa por parte del rubio.
- Sí – Sasuke interrumpió, acercándose a ellos, metiendo la mano a su bolsillo derecho de su pantalón, sacando una pequeña cajita de color negro. Se la entregó a Naruto, volviendo al lugar donde estaba.
El oji azul abrió la cajita y encontró dos finas argollas con piedras pequeñas incrustadas, color rojo y color azul en cada una. Sonrió y le agradeció a Sasuke en silencio, dedicándole una radiante sonrisa. El pelinegro se sonrojó.
Sacó los anillos y puso la de piedras azules en el anular de la mano izquierda del pelirrojo. Kyuubi repitió la misma acción con el anillo de piedras rojas en la mano de Naruto. Ambos sonrieron cuando chocaron sus miradas.
- Pues bien, como dudo que alguien aquí presente se niegue al matrimonio entre ustedes dos – hizo una pequeña pausa, esperando que alguien lo intentara - ¿Ven? Les dije, son unos miedosos – bromeó, sacando risas de algunos comensales – Naruto Uzumaki – le llamó con seriedad – ¿Aceptas a Kyuubi como tu legítimo marido? –
- Por supuesto – dijo, muy confiado.
- Genial, ahora. Kyuubi… - Alzó una ceja, molesta. Y se calló, mirando al pelirrojo – ¿Se supone que tienes apellido? –
- Namikaze – respondió el zorro – Kyuubi Namikaze. Naruto me confió el apellido del Yondaime, aun cuando fui el responsable de su muerte – bajó su vista, un tanto apenado – Pero voy a honrar a tu padre, Naruto. Nuestro hijo portará el apellido de tu padre y lo veré sonreír orgulloso de ser el nieto del cuarto Hokage. Y creo que nuestro matrimonio es como ver casados a tus padres nuevamente – sonrió levemente.
- Bueno, tomaré eso como que aceptas casarte con él – interrumpió la rubia – Como Godaime Hokage y última Sannin de Konoha, declaro al Rokudaime Hokage y al bijuu de nueve colas oficialmente casados. Pueden besarse – se permitió sonreír y dar un sonoro aplauso.
Y, como eran una pareja tan dispareja, Naruto tomó la iniciativa, alzando ligeramente su cuerpo para alcanzar los labios del pelirrojo a su lado y besarlo profundamente, cerrando sus ojos y disfrutando el momento.
Los aplausos y vítores no se hicieron esperar. Todos celebraban, felices, la unión de ambos. El ruido incluso despertó al pequeño bebé en brazos de Shukaku, que abrió lentamente sus ojos. Unos hermosos ojos color rojo lava, casi amatistas, cristalinos. Comenzó a llorar, atrayendo la atención del moreno que le cargaba, lo cual le hizo decidir entregárselo a sus padres.
Cuando se acercó a la pareja, éstos se separaron al escuchar el llanto del bebé. Naruto tomó al pequeño en sus brazos, mientras Kyuubi se acercaba y abrazaba a ambos, materializando una cola para envolver al menor. Sorpresa para todos fue que el pequeño también materializó una cola delgada de Kyuubi, entrelazándola con la de su padre, quien no pudo evitar soltar unas lágrimas de felicidad. Naruto también iba a intentarlo, soltando una cola y acercándola, siendo recibida y amarrada a la de Kyuubi por la pequeña cola de su hijo, el cual dejó de llorar al sentir a sus padres cerca de él. Un balbuceo y un suspiro que terminaba su llanto hicieron que sus padres le besaran la frente. Finalmente, tanto Naruto como Kyuubi enroscaron sus respectivas colas al cuerpo del pequeño Kazuki, protegiéndole por siempre.
- Ni el tiempo podrá separarme de ti, Kazuki – murmuró el rubio, sin que Kyuubi pudiera escucharle – Ustedes vivirán mucho más que yo, pero jamás te abandonaré – selló su promesa con una sonrisa y unas lágrimas de felicidad, acurrucando al menor en su pecho.
La fiesta, por muy extraño que pareciera, sería en el barrio Uchiha, específicamente en la mansión de la familia de Sasuke. El pelinegro permitiría, como jamás lo hubiese hecho por alguien antes, invitar a toda la aldea al barrio de su clan.
De paso, ayudaría a despejar los fantasmas de su pasado. La sonrisa de Naruto podía iluminar hasta el más oscuro lugar del corazón de las personas, ya sea que estén vivas. O muertas.
En fin. Sí, este capítulo, como dije en un principio, fue extremadamente largo. Debería poner qué significa cada técnica que usé en este capítulo, pero estoy seguro que se explican por sí solas...
Katon: Jigoku - Elemento fuego: Infierno
Mokuton: Shichuuka no Jutsu - Elemento Madera: Casa de Cuatro Pilares
Mokuton: Shinchuueou no jutsu - Elemento Madera: Prisión de Madera
Rairou no Jutsu - Barrera de rayos.
Raiton: Raijinheki - Elemento Rayo: Muralla de Rayo.
Sanjūroku-jū no Saisei Kekkai - Barrera de las treinte y seis capas autorreparables
Fuuin Jutsu, Shouhekifuu - Técnica de Sellado: Sello de Barrera
Fuuin Jutsu: Goguoufuunin - Técnica de Sellado: Sello de los cinco elementos.
Todo parece felicidad. Pero tarde o temprano habrá desdicha y conflictos. Shukaku, después de todo, resultó ser buena persona. Aunque tiene un carácter irascible, no lo muestra con Naruto o Gaara. Y está comenzando a tener la necesidad de sentirse igual o más amado que Kyuubi, al ser testigo de la boda de ambos. ¿Quién será la persona indicada?
¿Sasuke sentirá algo por alguien? ¿Por qué no golpeó a Kiba hasta la muerte?
¡Algunas respuestas si me dejan un review! *risas*
