Bueno, este capítulo ha tardado menos. Es más o menos corto, pero creo que desde este punto empieza a tener más sentido el título de "Crónicas de un Tormento". No todo puede ser feliz, también hay que agregarle suspenso...
Disclaimer: Naruto no me pertenece. Es obra de Kishimoto y seguirá siendo así hasta que sea multimillonario y pueda comprarlo (?). Sólo Kazuki y Kiyoshi son míos.
Nadie les había enseñado a ser padres. Nadie les preparó para serlos. Pero se esforzaban día a día por ser los mejores, para no defraudar a su hijo. Kazuki crecía con el paso de los días, demasiado rápido incluso para un niño normal. Y no dejaba de tener visitas diarias de los amigos del rubio, quiénes le llevaban regalos, jugaban con él o le cargaban por minutos.
Sin duda alguna, el más cercano al pequeño rubio era, por muy increíble que fuera, el único Uchiha sobreviviente.
Sasuke podía pasar horas con Kazuki en sus brazos. Le sacaba a pasear, le enseñaba la villa y era el único invitado al santuario familiar del pelinegro, siendo presentado a la difunta familia de éste.
- Les presento al hijo de Naruto – dijo, mientras el menor dormía – No soy el único que cree que es un Naruto bebé, por el parecido y el cabello – sonrió, revolviendo unos mechones del recién nacido.
Se devolvió y siguió caminando con el menor por la aldea. Éste había despertado, pero se sentía extrañamente seguro en los brazos de aquel no tan desconocido para él. Kazuki podía percibir que la persona que le cargaba era importante para su padre, el que le tuvo en el vientre. Un sentimiento de tranquilidad le invadía, y a la vez le hacía sentirse extrañamente querido.
Llegada media tarde, con el sol en la altura, el Uchiha decidió comprarle un sombrero al rubio en sus brazos, además de uno para él. Con la compra hecha, emprendió camino al hogar de los padres del bebé en sus padres, para devolverlo sano y salvo.
Kyuubi sentía como su hijo se acercaba, dejando de lado el aseo de la cocina que realizaba en ese minuto. Alistaría el biberón del menor y un refresco para Sasuke. El pelirrojo le agradecía en silencio por la ayuda brindada, ya que sin él le sería imposible mantener el orden de la casa y vigilar a Naruto. El consejo no aprobó la moción de remover el cuidado del Hokage, aun cuando se trataba del mismo hijo de éste.
Sasuke entró sin siquiera tocar la puerta. Sabía que estaría abierta. Se sacó sus zapatos y entró, hasta llegar al salón, contiguo a la cocina.
- Muchas gracias, Sasuke – apareció Kyuubi, con el biberón en una mano y extendiendo los brazos para recibir a su hijo, para así alimentarlo.
- Por nada. Kazuki es un bebé muy tranquilo, no se parece al ruidoso de su padre – bromeó, apoyándose contra la muralla.
- En realidad es muy inquieto – admitió el zorro – Contigo siempre está tranquilo, nadie más logra eso – se concentró en los mechones rebeldes del menor – He dejado un refresco sobre la mesa de la cocina. Es un día muy caluroso – comentó, sintiendo como el Uchiha iba por su vaso y volvía, con la mitad ya en su estómago.
- Sí, he dejado un pequeño sombrero en el perchero. Es de Kazuki –
- No tenías que molestarte. Pero gracias – últimamente sólo Kyuubi podía mantener una conversación fluida con el pelinegro, sin querer golpearse como era habitual con el resto de sus compañeros.
- Ya me voy – dejó su vaso sobre la mesa de centro, frente a Kyuubi. Dio una última mirada y estiró su mano para acariciarle la cabeza al bebé.
- Mañana tendremos una cena… - soltó el pelirrojo, de improviso – Naruto quiere festejar el nacimiento de Kazuki – explicó, ante la mirada del azabache – Estoy seguro que a él y a Kazuki les gustaría que vinieras –
El Uchiha se incorporó y miró desde lo alto al pelirrojo, quien estaba sentado aún, sosteniendo al bebé y su biberón - ¿Y a ti? – Preguntó secamente.
Kyuubi se sorprendió. Era la primera persona que le preguntaba por su opinión, además del rubio. Nadie le había pedido su opinión antes. A nadie le importaba lo que pensara él – Por supuesto – sonrió.
- Nos vemos mañana – soltó, marchándose rápidamente del lugar.
El Uchiha era todo un misterio. Pero un misterio que le agradaba a la familia Namikaze-Uzumaki. Atodosellos.
- Naruto, te he dicho que no uses las colas para eso – le regañó el pelirrojo desde el comedor cuando entró. Fue de compras por encargo del rubio, dejándole a Kazuki durmiendo mientras el oji azul cocinaba.
- Lo sé, Kyuubi – le respondió, mientras seguía cortando unos trozos de papas – Pero Kazuki despertó y no puedo dejar la cena a medio terminar – se excusó desde la otra habitación.
Las colas de Naruto, dos específicamente, se encargaban de cuidar al bebé. La de siempre le cargaba y enrollaba, mientras la segunda le distraía jugando, haciendo que el mini Naruto con ojos rojos riera tratando de alcanzar la punta de la cola.
Tomó al bebé entre sus brazos. Al tocar las colas de Naruto estas se volvieron invisibles y desaparecieron, dejando al bebé en los brazos del pelirrojo. Kazuki le reconoció de inmediato, agitando su manita para tocarle la cara. Kyuubi se acercó y dejó que el menor jugara intentando tomar las marcas de su cara, mientras el mayor sonreía. Se acercó a la cocina y dejó las bolsas sobre el mesón.
- Naruto, no me importa si la cena se retrasa y tus invitados llegan, pero no quiero que sigas descuidando más a Kazuki. Eres su padre también – le recordó, frunciendo el ceño ligeramente.
El rubio no protestó. Sabía que eso era lo correcto, pero ya había cometido un error. Se mordió el labio para evitar decir algo más, guardándose lo que pensaba. Siguió cortando las leguminosas y se volteó para sacar las cosas de la bolsa. No pudo evitar toparse con su esposo y su hijo, aún en la cocina.
- Naruto, míranos – la voz seria de Kyuubi le obligó a levantar el rostro.
Ahí estaba, el pelirrojo junto a su bebé, mirándoles. Kazuki estiraba sus brazos y empuñaba sus manos, tratando de alcanzar a Naruto. Soltó la bolsa y estiró sus brazos para tomar a su hijo y acercarlo a su pecho, acariciándole con la mejilla. Unas finas lágrimas escaparon de sus ojos. El bebé tomaba algunos mechones y tiraba con fuerza, pero el Hokage no se quejaba.
- Kazu… Discúlpame – sollozó Naruto, frotando su mejilla contra la mejilla del bebé – Yo también te amo, mi pequeño – susurró, separándose para quedar mirando al pequeño.
- Vamos, Kazuki también te ama. Y yo también – Kyuubi se acercó al rubio y le robó un tierno beso – Me quedaré con Kazu, veremos televisión mientras terminas y esperamos a tus invitados – le quitó al bebé y se marchó con él al salón, sentándose en el sofá.
La determinación de Naruto le permitió terminar todo en unos minutos, dejando en el horno el pollo y el curry hirviendo. Todo gracias al modo Kyuubi y unos brazos extras. Debía aprovechar sus propias habilidades y el espacio. Era eso que tener a tantos clones en su propia cocina, estorbándose mutuamente. Se sacó el delantal de cocina y fue al salón, a disfrutar con su familia.
Kyuubi movió la mesa de centro y usaba tres colas como colchón, estando acostado sobre ellas junto a Kazuki. Se lanzó a un lado y quedó junto a su esposo y su bebé, sonriendo ampliamente. El pelirrojo se quejó ligeramente, ya que sus colas fueron aplastadas de golpe. El rubio le besó y comenzó a hacer muecas para distraer al niño. Kazuki reía y movía sus pies y manos alegre.
Al cabo de un rato, en la puerta de la casa, se reunían los invitados a la cena. No eran muchos, pero sí eran importantes para el rubio. Iruka, Kakashi, Sakura, Sasuke, Konohamaru y…
- ¿Kiba? – Cuestionó Kakashi.
- Me aseguro de dejar a este malhumorado adentro, sé que no estoy invitado, Kakashi-sensei – se excusó, mirando con el ceño fruncido al Uchiha.
- Ya puedes irte, cara de perro – soltó Sasuke, cruzado de brazos.
- Nada, te dejo adentro y me voy. Tú eres capaz de arrancarte – abrió la puerta y empujó al pelinegro hacia adentro, seguido del resto que también aprovechó para entrar.
El revuelo y los reclamos de esos dos llamaron la atención de la familia que se divertía frente al televisor.
- ¡Muy bien, quédate ahí y me largo! – Exclamó el Inuzuka.
- ¡Lárgate! – Le rebatió el azabache.
- ¡Muy bien! – Puso sus brazos en jarras, hasta que miró a Naruto y a Kyuubi en el salón - ¡Hola! Disculpen, este pesado no quería venir, así que lo dejo en sus manos. ¡Nos vemos! – Se despidió.
Naruto sonrió. Kyuubi también – Quédate, Kiba. No te preocupes – le invitó el rubio – Dicen que la casa es pequeña, pero el corazón es grande. Además, hay mucha comida – se puso de pie y se acercó a sus amigos y profesores – Gracias por venir. Estábamos disfrutando un rato con Kazuki – explicó, al ver que todos miraban a Kyuubi por cómo estaba tendido en el suelo.
Sasuke dio un respingo y se acercó al pelirrojo. Miró al pequeño y esperó. Kyuubi entendió, tomó a Kazuki y se lo entregó, para cargarlo. Una tímida y pequeña sonrisa apareció en los labios del Uchiha, mientras se ponía de pie junto al bebé y lo acunaba con cariño.
La casa de Naruto y Kyuubi no era extremadamente grande, pero cumplía los requisitos de la pequeña familia. El comedor estaba apartado del resto de la casa, siendo bastante amplio en comparación al salón de estar y la cocina. Podía albergar a unas doce personas sin problemas, y la mesa ya estaba preparada para la ocasión. Naruto fue a cambiarse por algo más apropiado mientras Kyuubi ya estaba arreglado, ayudando a todos a acomodarse.
Cuando la puerta que daba del comedor hacia la cocina se abrió, un sonriente rubio apareció con la comida en bandejas. Con seis de ellas. Y dos pares de brazos amarillos que le ayudaban. Kyuubi suspiró resignado, mientras Naruto se reía nerviosamente.
- ¡Itadakimasu! – Exclamó Naruto.
- Itadakimasu – respondieron al unísono el resto, iniciando una cena muy amena y llena de risas y anécdotas. En su mayoría, haciendo quedar en vergüenza al Hokage.
Compartieron durante una hora. Sasuke comía en silencio con su brazo derecho, mientras en el izquierdo tenía a Kazuki plácidamente dormido. Cuando intentaron arrebatárselo para acostarlo en la cuna, el azabache chasqueó la lengua. Y el bebé despertó. Era un complot de ambos para no separarse durante la velada.
- Quisiera alzar mi copa y agradecerles por aceptar nuestra invitación – Naruto llevaría el discurso – Es muy importante para Kyuubi y para mí que ustedes estén aquí, porque han sido las personas más cercanas que he tenido en todos estos años. Y tenerlos aquí para celebrar el nacimiento de nuestro hijo me llena el corazón de alegría, ya que Kazuki no estará solo. Sasuke es la muestra de aquello – alzó su copa para señalar al azabache – Muchas gracias por todo, Sasuke-teme –
- De nada, dobe – sonrió burlón el Uchiha, alzando su copa – Salud – y bebió de su vaso.
- ¡Salud! – Exclamó el resto, sonrientes.
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- El tiempo pasa realmente rápido – suspiró Naruto, estirando sus brazos ya acalambrados de tanto firmar pergaminos.
- ¡Papá! ¡Papá! – Un pequeño rubio entró por la puerta de su oficina, azotándola contra la pared con una fuerza desmesurada – ¡Tío Sasuke me enseñó a lanzar shurikens! – Contó alegre el pequeño, saltando al lado de su rubio padre.
- ¿Si? – Preguntó con una sonrisa - ¿No te has lastimado? –
- Tío Sasuke dijo que no, no me he lastimado ni me caí del árbol – expuso con inocencia, haciendo reír a Naruto.
- Ya veo. ¿Y tu padre? ¿Lo has visto? –
- Papá Kyuu me felicitó porque vio mi entrenamiento. Dijo que pronto podría ingresar a la academia – Naruto tomó a Kazuki y lo sentó en su regazo - ¿Verdad que podré entrar? ¡Quiero conocer a mis amigos! – el menor le besó las mejillas al oji azul, a la altura de sus marcas en el rostro.
- Kazuki, le prometiste a tu tío que esperarías para entrar con Kiyoshi, ¿No lo recuerdas? – Naruto miró a su pequeño Kazuki, de apenas tres años. Crecía y se desarrollaba a un ritmo más rápido que el resto de los niños. Incluso podía hablar sin problemas. Pero seguía siendo un niño pequeño.
- Pero tío Shukaku dijo que sería dentro de dos años, papá – el menor hizo un puchero, tratando de convencer a su rubio padre – Vamos, di que sí, papá – insistió.
- Kazuki, no debes romper tus promesas – Sasuke entró en la oficina, acompañado de Kyuubi, recordándole algunas palabras al menor.
- ¡Mi camino del ninja es no olvidarlas, tío! – Rebatió entusiasmado, girándose en las piernas de Naruto para mirar al Uchiha.
- Entonces esperarás a tu primo – aclaró el pelinegro.
- Oh… bueno, lo esperaré 'tebbayo – la muletilla de su padre la heredó – Iré a jugar afuera. ¿Puedo, papá? – Miró a Naruto, el cual asintió y le bajó para dejarle en el suelo. El menor corrió hacia la puerta, donde estiró sus bracitos para ser alzado por el pelirrojo – Te quiero, papi – Le besó la mejilla y movió sus piernas para que le bajaran. Luego le alzó los brazos a Sasuke, que también lo tomó en brazos – También te quiero, tío – y de igual manera que a su padre, le besó la mejilla.
Le dejaron en el suelo y el menor salió de la oficina, bajando las escaleras con mucha energía.
- ¿No has pensado en hacerte profesor de la academia, Sasuke? – Preguntó el Hokage, desde su silla.
- No – respondió secamente – Me tengo que ir. Que tengas buen día, Naruto. Kyuubi – se despidió. Cuando se iba girando, Naruto le respondió.
- Dale mis saludos a Kiba. Nos vemos mañana – Naruto sonrió complaciente cuando vio a Sasuke girarse sonrojado hasta la punta de las orejas. Se acercó con violencia y le tomó del cuello de su traje.
- ¿Me estás espiando, Naruto? – Soltó con rabia.
- En realidad lo sabemos con Kyuubi desde casi el inicio – sin preocuparse decidió contar la verdad – Hace tres años, en la cena. Llegaste con Kiba, la excusa es que no ibas a ir. Kyuubi y yo sabíamos que irías, por Kazuki. Pero le dijiste lo contrario para que te acompañara – su teoría no estaba para nada equivocada, cuando Sasuke le soltó y le rehuyó la mirada, apenado.
El Uchiha se retiró de la oficina, en silencio. Le habían herido el orgullo y su sentido de la privacidad.
- Ve a disculparte, Naru – Kyuubi era una de las pocas personas que entendía al azabache – Debiste esperar a que él estuviera preparado para decirte, eres su mejor amigo. Si no te lo dijo es porque no está claro de sus sentimientos – explicó, sentándose en el sofá de la oficina – Además, Kazuki sentirá a Sasuke perturbado y creerá que es su culpa – se reclinó y apoyó su espalda en el respaldo.
- Pero si Shukaku me confirmó que se quieren. Y demasiado – refutó el de hebras doradas. La mirada acusadora de Kyuubi le superaba – Está bien, iré a disculparme – Bufó, aunque sabía era la que correspondía. Además le servía de excusa para dejar el trabajo de lado.
Llegó hasta las afueras de la torre, la entrada principal. Giró su cabeza hacia la derecha, luego a la izquierda. Logró visualizar a su pelinegro amigo jugando con su hijo, lanzándolo por los aires para luego recibirlo, mientras su pequeño reía emocionado por la adrenalina.
Iba a acercarse, pero un fuerte estruendo sacudió la tierra y alertó a todos. Algunos aldeanos comenzaron a correr y gritar, mientras las madres abrazaban a sus hijos y se quedaban aferradas a ellos en el suelo, mientras el movimiento de la tierra seguía sin detenerse.
- ¡Kazuki! – Naruto corrió con dirección a su hijo, en brazos de su mejor amigo, escondiéndole el rostro en su hombro y aferrando la cabeza en su hombro. El fuerte movimiento de tierra se detuvo, dejando a varios tambaleándose y a otros en el suelo - ¿Están bien? – Preguntó el rubio cuando logró llegar donde su hijo y el Uchiha - ¿Kazu? ¿Sasuke? –
- Kazuki está asustado, nada más. Yo estoy bien – acarició los cabellos del pequeño para tranquilizarle – Acá está tu papá, Kazuki – murmuró con cariño.
- ¡Papá! – El menor se separó del hombro de Sasuke y se lanzó con fuerza para ser atrapado por Naruto – Me dio mucho miedo, sentí mucho odio, mucha maldad – se encogió, abrazando con más fuerza al rubio.
- ¡Hokage-sama! – El escuadrón ANBU que era su escolta personal apareció – El zorro... Digo, Kyuubi-sama ha desaparecido. De su oficina – puntualizó, agitado por la carrera que tuvo que hacer.
- ¿Qué? – Preguntó. Formó un sello con sus manos y materializó sus colas. Las cinco de ellas. Una estaba con Kazuki. La que normalmente estaba con Kyuubi se movía libremente. Naruto se asustó. Y entró en cólera.
- Quiero un reporte de daños de la villa en tres minutos en mi escritorio – ordenó al ANBU frente a él. Se giró hacia Sasuke – Llama al equipo ocho, trae a Sakura y a Kakashi también – vio que el pelinegro asentía y se marchaba con paso rápido – Kazuki, ¿Puedes sentir a tu padre? – Se dirigió al menor.
El menor temblaba. No le respondía, y sabía era por la ausencia de su esposo. Kazuki era muy susceptible a cualquier distancia que tuvieran ambos, en su relación o físicamente. Desde pequeño había demostrado su estabilidad emocional junto a sus dos padres, especialmente cuando se demostraban cariño y afecto frente al menor que los espiaba. Naruto decidió ver las colas de su hijo, aplicando un sello sobre él. La cola de Kyuubi apareció, extendida a varios kilómetros de distancia, tras el monumento de roca con el rostro de los Hokage. Mientras no se alejara más de cincuenta kilómetros, podrían seguir ese rastro. Pero era débil e inestable.
- Hokage-sama – otro ANBU aparecía frente a él – La habitación con los pergaminos de la aldea fue saqueada. No hay rastros que hayan forzado cerradura o removido la barrera – informó, manteniendo silencio.
Naruto analizó en silencio la situación. La única forma de entrar a esa habitación era con la llave que él tenía en su escritorio. La única forma de no remover la barrera es que sea alguien con su mismo chakra, ya que reacciona ante cualquier otro. Eso significaba que sólo su esposo podía entrar, quien fue la última persona en estar en su oficina.
- Naruto – Sai llegó con su rostro serio – Debo… -
- Él no fue. Y lo sabes – le interrumpió en seco – Es mi esposo. Lo declararé perdido, pero no un fugitivo – especificó – Mandé a llamar a un equipo de rastreo y a mi equipo. Si el consejo no acepta que salga, iré sólo. Y declárenme fugitivo, porque iré con mi hijo – puntualizó de manera férrea, abrazando con fuerza a Kazuki.
- Nadie en esta villa se enfrentaría a ti, Naruto – Explicó Sai – Si me dejaste a cargo de ANBU y raíz, es porque confías en mí – le recordó, cruzándose de brazos – Me quedaré a cargo de la villa, para ver los daños. Ten mucho cuidado, por favor –
El rubio asintió. Su pequeño aún temblaba en sus brazos, así que decidió subir a su oficina. Al llegar a ella encontró todo como estaba. Pero no le concordaba la historia. Algo debía encontrar. Miró hacia el sofá donde reposaba su esposo antes de salir. Las uñas de éste estaban clavadas en las posaderas. Algo le puso nervioso o en guardia, era una señal clara. Pero no había más pistas. Tomó con un brazo su sombrero de Hokage y lo puso sobre su cabeza. Ese día vestía la toga completa y su traje naranjo bajo ésta. Saldría en representación de su villa. Saldría en una misión. Y se veía en la obligación de llevar a su hijo. No correría riesgos innecesarios. Llevó una mano a su vientre y liberó todo el chakra de Kyuubi. Le ayudaría a él y a su esposo si se encontraba en aprietos.
"Shukaku, ¿Me escuchas?" Le llamó Naruto por el nexo mental mientras trataba de controlar la sed de sangre que sentía con todo ese chakra liberado.
"¿Estás bien, Naruto? ¿Tienen daños? Sentimos un temblor muy fuerte por acá en Suna" Le respondió el Ichibi.
"Kyuubi desapareció. Y entraron a la bóveda de los pergaminos de la aldea" Le explicó, mientras bajaba las escaleras.
"¿Están culpando a Kyuubi? Eso es imposible, lo sabes" Le rebatió.
"Iré tras él. Su cola con Kazuki sigue atada. La que tenía conmigo desapareció. Y la mía con él también se ha desvanecido"
"Naruto, ¿Estás pensando llevar a Kazuki? Si le pasa algo, juro que te mataré" Le amenazó el Ichibi. Pudo sentir su amenaza en la piel, lo decía muy en serio.
"Usaré mis nueve colas. Tres protegerán a Kazuki, estará bien. De lo contrario usaré el Hiraishin y lo enviaré a Suna, con Gaara. El sello tiene la marca del dios del rayo" Explicó con calma.
"Yo quiero encontrar a papá Kyuu. Estaré bien, tío Shu" La voz de Kazuki en esa conversación sorprendió a Naruto. Bajó su mirada y el niño seguía aferrado a su brazo "La cola de papá Kyuu no se soltó de mí porque mis colas la retuvieron. Se está alimentando de mi chakra"
"Kazuki, deja eso a tu padre. No uses tu chakra, Naruto tiene las reservas de Kyuubi" Le trató de convencer el moreno, con voz cariñosa.
"Tio Shu, no te preocupes. Soy el Kyuubi no Yoko. Voy a ayudar en todo lo que pueda a papá Naruto para traer a papá Kyuu de vuelta" Sentenció el menor con madurez. Shukaku no podía rebatirle.
"Han criado a un bijuu. Deberías estar orgullosos de tu hijo, Naruto" Interrumpió Hachibi, quien había escuchado toda la conversación.
"No usen esta conexión, ellos pueden escucharlos" La voz de Kyuubi era débil "Kazuki, no vengas, hijo…" soltó en un murmullo, para luego dejar de escucharle.
- Ya estamos todos, Naruto – avisó Sasuke, llegando con todos los amigos del rubio que había pedido.
Seis personas. Una cola se enroscó en cada uno de ellos. Las otras tres se aferraron a Kazuki.
- ¡Nos vemos! – Exclamó el rubio, moviéndose a la velocidad del Raikage con el Shunshin no Jutsu. Sus amigos se vieron arrastrados por él, moviéndose por el aire. Ninguno objetó, la distancia a cubrir era grande y debían moverse con rapidez.
Kyuubi no era culpable. Estaba siendo apresado por alguien o algo que podía contenerle lo suficiente. Y Naruto se encargaría de traerle de vuelta.
Estoy emocionado. Me agrada la idea de que venga esta historia a mi mente a cada momento. He decir que estoy infinitamente agradecido con sus comentarios. Me emociona *lloro*
Aguien me dijo que no era mala idea dejarlo hasta donde iba. Y por un minuto dije "No es mala idea", pero creo que puedo sacarle aun mucho provecho a los personajes. Y seguiré, aunque quizás no sea lo que esperan. ¡Mis disculpas si eso sucede!
¿Review? Me ayudan a escribir más rápido *risas*
