Sweet Dreams
Hola, esto, ¿Kod97? Estoy bien preciosa, no me ha pasado nada. (¡Gracias por preocuparte, jo!) ¡Estoy viva, Wiiiiilsooon! Ok no. Viva la guapetona de Kod97. Vivan todos mis lectores.
"Carry on my wayward sooooon!"
Bell está on vacation, mucho más de lo que esperaba y no puedo usar el ordenador como a mi ser señorial guste. (¡Cuando lo pille haré arder el teclado, inserte risa maléfica control plus V!) Cosa que es now. Todo tiene una explicación. (¡CÓMO TODO EN ESTE MUNDO! O no…) Veréis, me ha picado, ¡he sido víctima mortal! De la comúnmente llamada "mosca fiestera", también conocida del latín como: "moscus fiestuki-fiestuki". Y cuando esta inusual mosca te pica, adhiere a tus venas una sensación de "placer marcheril" y salsa, (de ketchup) que no combinan muy bien con el usualmente llamado: ¡TRABAJO! (Alarga la "O", porque así es más: ¡DURO!)
Investigadores de todo el mundo intentan vanamente encontrar una cura viable, pero… Ahí van. (…) Los síntomas pueden ser muy variados, y sin venir a cuento: llega la noche y comienzas a sufrirlos en todo tu ser, de repente tienes una copa de "ALCOJOL" en la mano, puedes tener un cigarro de X "yierba" en la otra mano, tu pie se ha empezado a mover desenfrenadamente, estás bailando una canción que no escuchas, que no te gusta, ¡lo estás viviendo! Y un hombre y/o mujer o erizo azul en tu mismo estado de frenesí, te están tirando los tejos sin ningún pudor. Las consecuencias de la picadura pueden ser nefastas tales como una resaca del copón (Uy si me viese mi madre… ¿Mamá? Oh, oh…) y… Y eso. (–Disculpe, ¿dónde me encuentro? +En Mordor. –Ah bueno, entonces sigo durmiendo, estoy en casa. AJAJAJAJAJAJA. JAJA.)
Pero yo no he venido a hablar aquí de estás, cosas… Y sus cosas… De cosas… ¡He venido aquí a hablar!
De cómo conocí a vuestra madre:
Hey. Hey. Heeey. Hablando en plata, soñando en oro: (El Jijijijiji: como estilo de vida.) En fin, (Y Jake) aquí llegamos con otro capítulo recién sacado del horno. (Como quema un portátil en verano, ¡Satán, sal tú y la fiesta que has montado en mi disco duro, cagando lechugas!) Eso ha sonado mal.
Os quiero muchísimo, gracias de nuevo (porque vieja no soy) por los PM's, por los favorites, los follow, los comentarios, ¿os he dicho ya que os amo? (¡Maldita memoria Dory! Nanndo tú, ¡me comprendes! ¡Choque de puños ultra sideral!) Eso de que te sale la vena amorosa en verano es muy cierto, tan cierto como que los perros hacen miau. Poco probable sí, pero no imposible. Saludos nenes, nenas, ositos de gominola. Y… ¡Nos vemos abajo!
Bell Star.
"Oh, Sweet Dreams are made of these. Who am I to disagree?"
Música para escuchar hoy:
Hablando en plata
Y no siempre es mejor lo bueno,
y lo malo, lo peor.
Y digo la verdad si miento,
cuando miento por amor.
Hablando en plata,
soñando en oro.
Subiendo al cielo,
bajando al moro.
Cd's piratas, chinos con rosas,
cuentos de hadas, un funeral,
y cuatro bodas.
Me he creído lo increíble,
he desmentido lo que vi.
Y ya no digo lo que pienso,
Porque sólo pienso en ti.
(Melendi)
Capítulo 9
Los Evans no solían reunirse para cenar juntos, cada uno iba por su lado, normalmente salían a comer fuera, o simplemente pedían comida rápida, ninguno de ellos sabía cocinar. Pero los días que Eruka se quedaba en su casa las tornas cambiaban y se juntaban todos en la mesa de la cocina.
—Espero que os guste, la he hecho yo —sonreía Eruka nerviosa, moviéndose de un lado a otro con una fuente de estofado sobre un par de guantes de horno que se había agenciado para ella, ponía la mesa junto a Soul que era perseguido por su gato.
—Soul, mete a Blair en la sala de la plancha, que siempre la das de picar de tu comida y a la larga se pondrá gorda y tú esquelético —le ordenaba uno en frente del otro.
—Mi gata se queda —recogía a la gata del suelo—. Mi casa mis normas, estúp…
Wes gruñía a su espalda
—Estu… Diosa —las palabras salían con dificultad de su boca—… Y estupenda chica —su cara se tornaba roja de frustración.
Wes asentía con los ojos cerrados.
—Miau —el hermano pequeño se sentaba a la mesa dejando al gato corretear por la tarima de parqué.
—¿Has visto? —Eruka llamaba a Wes de un abrazo por sorpresa, contenta como unas castañuelas. Wes sonriente, la alzó como una princesa—. No me ha insultado, ¡y casi me hace caso! —le dio un beso en la mejilla, gloriosa. Se quitó el delantal de estampado lunar y lo dejó sobre la encimera—. Como no comas, me enfado —todavía sin abandonar los brazos de Wes, señalaba a Soul como el tío Sam pide que el soldado se una a la armada. Wes bailoteando, la acomodó en la silla.
—Oh, no, ¡estoy cagado de miedo! —Soul levantaba los brazos vacilante—. Me voy a tener que cambiar los pantalones —hizo amago de abandonar la mesa.
—Soul, siéntate —el señor Evans mandaba sentado a la mesa, aún sin levantarla vista de sus exámenes corregidos.
Eruka le echó comida a Soul al que más como muestra de su enfado, hinchó los mofletes. Todos se sentaron a la mesa, menos el señor Evans que no se había movido de ahí en toda la tarde por culpa de su trabajo.
—Cojonudo —el albino se echaba hacia atrás en la silla, subiendo los pies sobre ella. Mirando al suelo de reojo divisó a Blair lamiéndose los bigotes, observándole con unos ojos ocres enormes. La conexión amo-mascota hizo efecto. Y Soul no tardó un segundo en darle su comida del plato con un tenedor, Eruka al verle le castigo con doble ración.
La cena transcurrió tranquila, Wes se dedicaba a comer y a comentar lo bien que cocinaba su novia. Eran lo que Soul había decretado como, la pareja perfecta: "él uno para el otro" Se miraban sin cesar, el uno al otro, de forma romántica. En exceso quizás. Se daban de comer el uno al otro, como si tuviesen la mentalidad de un bebé fornido a purés. En todos lados, en cualquier momento. Todo lo hacían juntos.
—Está buenísimo. Cocinas de maravilla —le sacaba una sonrisa a Eruka. Wes no mentía.
Y mientras Soul, se mantenía ocupado intentado librarse de la cena, dándole a Blair parte de su comida en la mano sin que los demás se diesen cuenta o simplemente apartando la carne en salsa al borde del plato, para que pareciese que había comido suficiente. No era porque él pensase que estaba malo, eso no era nada nuevo, puede que incluso estuviese bueno de verdad, pero Soul había perdido el sentido del gusto en la boca hace mucho tiempo. Y más aún, la confianza.
—Wes majo, que repitas diez veces las cosas, no las hace ciertas —Soul fingía una sonrisa sarcástica a más no poder.
—Te quejarás de vicio —Wes respondía sonriente, dándole una patada por debajo de la mesa. Soul bufaba, matándole con la mirada—. Bicho malo.
Por suerte o sin ella, Eruka no se lo tomaba en serio y siempre acababa riéndose con la boca cerrada. Lo cual también molestaba a Soul. Cualquier cosa que hiciese Eruka, incluso respirar, molestaba a Soul.
—¿Y tú de qué te ríes? —Eruka lo ignoraba mirando para otro lado, silbando.
Soul se enfurecía por momentos, pero en cierto modo, sabía que si la liaba sería él el idiota que acabase mal. Su padre y su hermano siempre terminan poniéndose de parte de ella, dándola la razón, Soul es el malo de esta película barata, o eso piensa él con testarudez. Dejando eso en el olvido, que él no olvida jamás, baja la cabeza lentamente, su largo flequillo albino le tapa la cara e impide que los demás le dirijan la palabra, enfoca su ira hacia su otro gran enemigo mortal: la cena…
—¿Aún sigues con eso papá? —Wes preguntaba echando un ojo al gran taco de exámenes a los que su padre había puesto nota, pasando hoja por hoja con los dedos.
El señor Evans no había probado apenas la comida, y si lo hacía, comía despacio, mordisco a mordisco, pinchando con el tenedor cada cinco minutos. Su trabajo le absorbía. El señor Evans antes no era así. Los adultos también cambian, se transforman en algo que ellos no querían ser. Más viejos. Pero el señor Evans, es joven.
—No sé qué hacer. El futuro de un vago depende de mí. Debería suspenderle para que trabajase más, pero —se rascaba tras la nuca…
—No le quieres ver más en clase —el albino menor da un mordisco, llevándose un trozo de carne a la boca.
—¡Soul!
"Se saben mi nombre al dedillo." Soul pensaba.
—¿Qué? —alzó los hombros con indiferencia—. Yo sólo digo lo que piensas. Puedes ponerle un cero y por dentro una sonrisita con Kétchup, así le confundes —siguió jugando con la comida en el plato.
—Claro, y luego coges la mostaza y le dibujas un poni en compensación —Eruka reía, tirándole un par de guisantes a Soul con la cuchara.
—Era la segunda opción —decía Soul, esquivando los guisantes, atrapándolos con un vaso vacío.
—No se juega con la comida —gritaba el señor Evans, lanzándoles con una catapulta improvisada hecha a base cubiertos.
—Eh, eso es trampa —se quejaban Soul y Eruka a coro, agachándose bajo la mesa para no ser interceptados por el maíz del señor Evans.
Blair se escondía a buen recaudo en las piernas de Soul, comiendo de los restos que caían al suelo. Tenía más hambre que vergüenza.
—Por fin estáis de acuerdo en algo —la figura paterna, lanzaba bombas de puré de patata bajo la mesa.
Él es físico, era el amo en su entorno, la guerra. De comida…
—Tenemos que jugar al baloncesto —Wes repetía en todo el día, a pesar de no ser escuchado y acallado por las carcajadas. Usando su plato como escudo—... ¡No tiréis la carne! ¿Es qué nadie piensa en los niños pobres?
Su hermano Soul podía decir lo que quisiera, cuando quisiera y como quisiera, pero los días que Eruka pasaba con ellos eran los mejores. Cuando se quedaban los tres solos, todo acababa siendo un caos. De gritos y peleas. En el fondo, y no tan fondo, echaban de menos una figura maternal en casa. Quizá, mucho más que eso.
Había una norma crucial en todo este ritual llamado: hora de cenar. Traumático. Y es que al terminar, si Eruka cocina, los hombres limpian los platos.
—Creo que voy a sacar la canasta del garaje —Wes dejaba volar sus ideas mientras secaba un par de vasos en la pila del fregadero...
—¿Y dónde piensas ponerla? —el señor Evans preguntaba a su lado, fregando la cubertería y la vajilla.
—En la puerta del garaje —Wes sonreía—, afuera, estará bien.
—¿Para qué quieres sacar esa cosa ahora? —Soul rodaba los ojos, mientras aburrido apartaba los trozos de filete a los lados. Y así parecería que había comido. Aún seguía sentado a la mesa.
Por órdenes estrictas del señor Evans, de ahí no se movería hasta que terminase de comer. Lo cual podía llevar dos o tres horas sin exagerar un ápice. Mientras, Eruka ponía muecas, jugando con Blair al pilla pilla gatuno, correteando entre la cocina y el salón.
—Creí que te gustaba —Wes enjabonaba una fuente transparente, sin levantar la vista de las burbujas del jabón—. En el hospital siempre jugabas —dejaba escapar una sonrisa triste.
—Porque no tenía otra cosa que hacer —Soul respondía con cansancio, suspirando a los cuatro vientos. No quería seguir ahí sentado, ni tener comida cerca.
—¿Y qué diferencia hay con lo que haces ahora? —Wes se detenía para mirar a su hermano pequeño y sacarle la lengua.
Soul soltaba una risa malintencionada y seca. Tiró a Wes un tenedor sin previo aviso, el mayor lo consiguió esquivar y cayó a la pila de agua espumosa. Estuvo cerca.
—Gracias por ayudar bicho malo —el albino mayor agradecía con chulería.
—Haya paz —el señor Evans promulgaba cual Gandhi alzando los brazos. A pesar de ser él quien más ha lanzado comida y quien más tendrá ropa por lavar. Se secó las manos, se quitó la goma que anudaba su pelo en la espalda, disponiéndose a tumbarse en el sofá del salón—. Haya paz.
—Me parto —Soul ponía los ojos en blanco. Llevó la vista hacia arriba, descansando el mentón en la palma de la mano. Mirando cada una de las sillas vacías con el olor de la carne martilleándole por dentro. Frunció el ceño, Soul había caído. Uno, dos, tres cuatro y, ¿cinco? Algo ha pasado por alto—. ¿Dónde está Ragnarok?
El silencio les envuelve a los tres hombres de la familia. Incluso Eruka y Blair se detienen a escuchar, coge a la gata en brazos, de cuclillas.
—¿Qué pasa? —vuelve a preguntar con preocupación, mirándolos a ambos.
Como si el tiempo se hubiese parado de golpe en aquel hogar, el señor Evans se detiene en el umbral que divide el salón y la cocina, de espaldas la oscuridad del salón le envuelve. Agarra con fuerza el marco de la puerta haciéndola crujir. Wes deja de limpiar por un momento, un vaso se le rompe, con descuido lo dejó caer a la pila, apoyando las manos mojadas en ella, mira hacia abajo con el ceño fruncido. Soul les observa con los ojos bien abiertos, esperando, levanta una ceja albina.
—Está en casa de un amigo. ¿Verdad? —Eruka comenta, acercándose con sigilo—. Creíamos que lo sabías.
Rompe la barrera de hostilidad que en tan poco tiempo se había formado. Sus pisadas resuenan en el parqué. Deja a Blair sentada en el suelo, observando a su amo. Eruka posa las manos en los hombros de Soul, sonriente, y éste evitándola se crispa retirándose hacia delante.
—No hagas eso —susurra, apoyando el mentón en la mesa, ruborizado…
—Sí —el señor Evans se da la vuelta, pasa al lado de Eruka, asintiéndola por alguna razón, y a pesar de lo esperado muestra una enorme sonrisa—. Hoy se queda a dormir allí.
—Ah —Soul espera un segundo, lo que a su padre y a su hermano se les hace eterno—, bueno vale.
Responde finalmente con una mueca en los labios, continua pinchando la carne con otro tenedor socorrido.
—Trae aquí —viéndose venir el espectáculo que Soul podía llegar a componer por la comida, el señor Evans se acerca con cautela hacía su hijo menor, se sienta a su lado en una de las sillas de madera blanca—. Ya te veo durmiendo en la mesa de la cocina, no tienes cinco años Soul.
—Claro. Tengo seis.
Wes y su padre suspiran desviando la mirada a otro lado. Sin inmutarse, Wes continúa fregando los platos y recogiendo el estropicio que había hecho con uno de ellos, cuidadosamente. Baja la cabeza y no la vuelve a levantar, con total seriedad. El señor Evans le arrebata los cubiertos a su hijo, y comienza a cortar la carne. De nuevo, estuvo cerca.
—Puedo cortarlo yo solo —Soul da un bufido molesto, aprieta los puños en el regazo, mirando a su padre de frente, no acostumbra a hacerlo.
—¿Que más te da? —preguntaba cansado el señor Evans, con pesadez.
—No quiero más —Soul aparta el plato, se cruza de brazos, echando la espalda hacía atrás.
El albino menor observa a su gata, levanta las cejas un par de veces a lo que Blair entiende y obedece. Se acerca trotando y él recoge un puñado de carne cortada del plato, para dárselo a aquel cubo de basura peludo y sin fondo que dice: Miau.
—Soul —regañaba con el ceño fruncido, apartando a Blair de su hijo con ambas manos, sujeta a su hijo de la muñeca—. Apenas lo has tocado. Haz un poder.
—Hoy me he comido un paquete entero de galletas —Soul miente, apartando el brazo de un tirón.
—Mentira, ¡sólo se ha comido una y de mala gana! —Eruka chillaba, hinchando los mofletes, con las manos sobre la mesa ilumina al señor Evans—. No ha comido nada en todo el día —le encara, preocupada.
—¡Chivata! —gritaba—. No tengo hambre. No me gusta. No sabe cocinar —negaba en rotundo, apartando el plato cuanto más lejos posible, a punto de tirarlo al suelo.
—Eruka no tiene la culpa. Tienes que comer algo —el señor Evans suplicaba, acercando la comida de nuevo.
—¿Por qué tengo que comérmelo, por qué lo ha hecho ella? —Soul se levanta, retirando el plato de un manotazo—. ¿Y qué? ¡Que se ponga el delantal de mamá no la convierte en ella! —señala a Eruka, dándola una mirada de odio con esos ojos rojos y cansados.
Wes continúa en el fregadero sin prestar atención, con la vista baja. Eruka esconde la cabeza entre los hombros, como las tortugas. Juega con sus dedos, apretando el fleco de su vestido, se muerde los labios. Al ver la reacción de la chica a punto de echarse a llorar, Soul aparta la mirada compungido. Se repite a sí mismo: "¿quién ha dicho eso?"
—Lo sien —Eruka murmura…
—No —ordena el señor Evans, alzando el brazo. Dirige la vista a su hijo menor. Soul se asusta, poniéndose recto como una vara de hierro—. Súbete arriba. Ahora.
El silencio les encubre. La tensión se masca en el ambiente.
—¡Ahora Soul! —el señor Evans golpea la mesa, haciendo rebotar la vajilla.
—¡No es ella! —levantaba la voz, raspada. Cierra los ojos.
Soul corre escaleras arriba, seguido por Blair que maúlla sin cesar. El señor Evans la manda callar. Se oye un fuerte portazo.
Eruka cruza sus brazos, sujetando el codo en una de sus manos, sintiéndose incómoda. Observa, andando, el camino que ha dejado Soul. Wes comienza a silbar, llamando la atención de su novia. La detiene, negando con la cabeza.
—¿Pero qué le pasa? —el señor Evans oprime la necesidad de querer tirar algo al suelo. De querer romper cualquier objeto. Se lleva las manos a la cabeza, adolorido—. ¿Por qué lo pone todo tan difícil? —las dirige a la nuca. La mano de Eruka le acaricia el hombro—. ¡Dame un respiro! —su padre le grita desde abajo, sin saber qué hacer.
—De verdad que yo lo —ella repite tristemente…
—Déjalo Eruka —el hermano mayor apaga el grifo—. Él siempre se sale con la suya.
Wes se seca las manos con un trapo, cruzando la mirada con su padre, se dirige al piso de arriba.
Soul había conseguido lo que quería. Pero él quería algo, que nadie entendía.
Lobito, jefe de manada.
Maka.
—¿Y bien? —pregunté, levantando una ceja. Inclinándome con las piernas sobre el sofá.
—¿Eh? No nada, han vuelto a matar a Kenny, y lo que sigue, ya sabes, hijos de pu-
Le tiré un cojín a la cara, levantándome enfurecida.
—Bueno, si quieres vemos otra cosa.
Sentados en el sofá de su casa, con una de las gallinas correteando por el hogar los Star. Volvía a cambiar de canal. Yo ocupaba un leve resquicio de sofá mientras él se desparramaba como si estuviese en una cama de agua. Se podía ver a diez leguas bajo el mar que Black Star no estaba en sus cabales. Casi tuve que llevarlo como una princesa herida y desmayada, a la que se le ha roto una uña. Tenía tanto calor por la fiebre, que a pesar de estar malo o lo que yo le gritase, no se trajo ninguna manta. Soltaba cualquier tontería a la mínima.
—Déjalo —me senté, llevándome las rodillas al mentón, alejándome—. Ah…
—¿Qué te pasa? ¿Tienes que ir al baño? —Black Star pregunta, llevándose un papel a su nariz roja.
Lancé otro cojín mullido. Deseaba que estuviese lleno de ladrillos. Ya no me quedaban más, para su suerte. Él lo retira de su cara, rodando los ojos, lo deja caer sobre mi regazo y se tira en plancha, escondiendo la cabeza.
—¿Qué haces? —me cruzo de brazos.
—El mal —su voz se oye distorsionada, le habla a la almohada. Se escucha un gemido, tose—. Me muero.
—Idiota —le doy un coscorrón en la frente.
—Y sexy —vuelve a toser, después pone una mueca con chulería.
Me llevo una mano a la frente.
—¿Por qué has hecho eso?
—Hago muchas cosas al día —su voz suena divertida, él mismo se ríe solo—… Uh…
—¿Cómo qué? —le golpeo en la nuca con los dedos.
—Pues —se queda callado por un buen rato. Dudo en si se ha quedado dormido otra vez—… Sobar y… Cuidar a mis gallinas.
Se me escapa una risita sorda. Ni eso sabe hacer. Doy un leve chasquido con la lengua.
—Ya sabes a qué me refiero.
—Ah, eso —levanta un poco la frente de la almohada, me observa, dejándome ver aquellos ojos verdes ligeramente enrojecidos—… Maka —alargaba las vocales, dándome lástima…
—¿Qué? —le acaricio la cabeza.
—Me gustas.
Abro la boca pasmosamente, nos miramos el uno al otro. El corazón me suena como un reloj acelerado y ni una sola palabra me viene a la mente. Definitivamente me he vuelto estúpida. Le doy un manotazo, tapándole los ojos.
—Cállate —tartamudeo nerviosa—. ¿Cómo puedes decir eso tal cual? —me sonrojo.
—¿Y qué quieres que te diga? —retira mi mano con gentileza. Vuelve a tumbarse sobre mí, sobre el cojín— ¿Te hago una ecuación de mates? ¡Dame un boli y un papel! —grita alzando el brazo con el dedo en punta, dándole paso a la tos—. ¡Rápido!
Le acaricio la espalda con suavidad.
—Me muero —repite abrazándose al cojín, rozando mis piernas. Me entra un escalofrío placentero por todo el cuerpo.
—Black, estás fatal. No digas esas cosas —poso la mano en su frente, está ardiendo—. ¿Quieres irte a la cama un rato? —ofrezco—. Te sentirás mejor.
Me dirige una mirada envenenada, frunce el ceño. Enfadado, porque no le tomo en serio. Y con razón.
—Llevo todo el día tumbado —alarga la palabra "todo"—. Y te estoy hablando muy en serio. Me gustas mucho —deletrea, abriendo sus enormes ojos verdes.
¿Por qué tenía que repetirlo? ¿Por qué tenía que dejarme indefensa? Para él parecía tan sencillo. Estará hasta arriba de pastillas o jarabes raros y amargos de herbolario.
—Perdiste. Me lo debías —susurraba en mi oído…
Se oye a la gallina cacarear por los alrededores.
—No —negaba con la cabeza. Quizá a mí misma—... No, no, estás enfermo y se te va la cabeza —le apretó la nariz con el pulgar. Es como un osito de peluche, puedo hacerle lo que yo quiera, no tengo temor alguno. Estaba bien saberlo—. Además… A penas te conozco —apoyando los codos en sus costillas para que no pudiese moverse, me lleve las manos a los mofletes.
Me sentía mal por decir eso, pero era la verdad. Nunca me había sucedido ese momento en la vida en el que tienes que rechazar a alguien. No soy tan agraciada como me gustaría. Pero lo peor de todo era, que no sabía si en realidad quería rechazar a nadie. No a él.
Tampoco quería aceptar que Black me gustaba así por las buenas… Lo mío es pillar un "braguetazo" con un viejo triste y solo, millonario, utilizando el ingenio, a eso de los treinta, cuando mi padre me deje tranquila o esté demasiado gagá como para poder detenerme o patear a mi futuro esposo, amenazándole con una escopeta.
¿Dónde se mete Pepito Grillo en estos casos? Pasa de mí, de mi cara bonita, como todo el mundo. Como todo el mundo, menos Black.
—Beh —se coloca boca arriba, contento, comienza a jugar con las puntas de mi pelo rubio—. Yo ya te lo he dicho, lo que sigue ya es cosa tuya —levanta los hombros, con una mueca en la cara—. Dame tiempo —me pedía cogiéndome el meñique, con una cara tristona—… Sólo un poco…
—Pero, pero yo —me tapaba los ojos con los brazos cubiertos por la camisa del instituto, avergonzada. Black Star comienza a reírse, mordiéndose el labio inferior y seco, mientras tose desde esa garganta irritada. Desvío la mirada hacia abajo, le observo por el rabillo del ojo, como me mira dulcemente—… Me lo pensaré —finalizo, aún sin creerme lo que he dicho.
Él susurra un "bien", poniendo morritos, le falla la voz por momentos. En mi cara se mostraba una sonrisa traviesa. Él me imita a la perfección, y cierra los ojos soltando aire por la boca. Como si fuese a quedarse dormido, de nuevo, otra vez.
Le aparto el flequillo de los ojos con cuidado, la televisión se escucha de fondo rompiendo el silencio. Era como si Black Star entendiese que no tenemos nada más de que hablar, y por algún casual que yo no entendía, no me resultaba incómodo. El mando está en el suelo, no llego a cogerlo, tampoco me llama la atención en este momento. De pronto:
—Que interesante…
Estábamos tan embobados el uno con el otro que no nos dimos cuenta de que la puerta de la entrada se había abierto. Y no era un ladrón precisamente. La gallina corría y corría por todos los pasillos de la casa. Odia a la madre de Black Star.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí? —preguntó él. Miramos hacia arriba en el sofá. Pillados.
—Lo suficiente —la mujer nos rozó con el dedo en la nuca, dándonos un empujón.
La señora Star deja las llaves sobre la encimera y nos grita desde la cocina donde deja un par de bolsas de papel. Persigue a la gallina por toda la casa con la escoba para llevarla fuera. No lo consigue.
—Gracias por crearme otro trauma, mamá —Black se quedó estático, mirando al vacío. Sudaba en frío.
—Cuéntaselo a quien le importe —le estiraba la mejilla—. Levantaos de ahí, ¡vamos a cenar! —se sentaba en el medio, recogiendo la escoba como una espada y ella la reina en su trono—. Como se enfríe sufriréis mi ira…
Tragamos saliva, Black Star por poco se ahoga. Le doy manotazos en la espalda, al no poder controlar mi fuerza le hago un pequeño daño colateral.
—Maka, ¿me echas una mano? —me llamaba, alzando la escoba cual armamento de guerra. Black se me acercó poniéndose en pie, dando tumbos, me susurró en el oído. Riéndome, respondí.
—Sí mi capitana.
La mujer asintió, cargando con la escoba en el hombro. Es todo una sargenta, y le gusta. Lo dicen sus botas.
Maka.
Black Star me ayuda a poner la mesa, si con ayudar puedes referirte a que se caiga encima de mí, sobre mi espalda, mientras intenta colocar mal los cubiertos. Lo acabo haciendo yo sola. Mandándole de cabeza al sofá a golpe de revista enrollada, como a los perros. Aburrido, le da patadas suaves a la gallina para alejarla de la comida. El pollo es más inteligente, Black enseña los dientes y la persigue con un cuchillo. No se está quieto nunca.
—¡Pitufo, deja a Presidenta en paz! —gritaba la señora Star desde la cocina—. ¡Ogh!
¿Cómo ha llamado a su hijo? Pitufo, bien. Ya tenía con que hacerle chantaje en un futuro incierto.
—Reconozco ese: "¡Ogh! Significa que se le ha quemado algo…"—apoyaba la cabeza en mi hombro por un momento. Acaricié su cabeza con ternura—. En serio, lo ha carbonizado.
—Te las estás ganando. Ya te pondrás bueno, ya —amenazaba maléficamente, dándole golpecitos a una olla con un cucharón…
Black susurraba por lo bajo: "yo siempre estoy buenísimo." Me carcajeé con desdén.
Nos sentamos a la mesa, la señora Star nos hace rezar a no sé qué Dios del Universo. Se quitan los zapatos y me hace comer con palillos. Es diferente, a pesar de ser de raíces japonesas no estoy acostumbrada al igual que ellos y al final acaba dándome un tenedor socorrido. Globalidad 1, Maka 0. Y Black Star menos 1000 puntos porque se burla de mí.
La cena transcurre rápidamente, no paro de reírme ni un solo momento.
—Que aproveche cielo, puedes comer lo que quieras y si te apetece otra cosa te la preparo —la madre de Black sonríe mientras me pone un plato en la mesa lleno de verduras troceadas. Black Star lo mira aterrado, volviendo la vista a su madre, niega con la cabeza—. Se lo decía a Maka, a ti no te quiero.
—Que depresión —Black negaba con la cabeza. Me miraba llevándose las manos a los mofletes.
—Igualmente —murmuré.
No había avisado a Spirit de que me quedaría a cenar, pero la mujer me había invitado con todo su cariño. No quería hacerla un feo, ni comer lo que cocina Spirit o lo que hago yo sin tiempo para cocinar: comprar comida precocinada en el súper.
—Y no dejéis nada en el plato, que es un insulto a los pobres niños de África que no tienen para comer —alzaba una espátula sobre la mesa de metal.
—Desde luego, ellos también tienen derecho a envenenarse como nosotros —pinchaba con el tenedor un poco de verdura… Una masa verde y vaporosa. Mostrando una cara de asco que no desaparecía por completo.
La madre de Black comenzaba a contar sus batallitas. Era una hippie encantadora de mucho cuidado. Tenía apadrinados más de diez niños en África, es enfermera y los conoció en uno de sus viajes. Me enseñaba las fotos de los niños subsaharianos, juraría que la mujer debía tener más fotos de los niños que de su propio hijo.
Black estornudaba, tapándose con el brazo, se sujetaba el puente la nariz con los dedos, le dolía horrores. No podía oler nada, me daba envidia. Intentaba alzar el cuello como una jirafa para ver la televisión desde la mesa del comedor. La señora Star le regañaba, amenazante de nuevo. La comida no estaba mala, tampoco estaba buena, era un sabor exótico, del que no te aburres. De aquello que quieres probar siempre. Su comida define bastante como es su propia familia. No era la típica mujer que te preguntaba si te había gustado la cena, no buscaba tu aprobación. Sólo te daba algo a elegir, que lo querías bien, que no, le daba igual, te ofrecía otra cosa. Y si eso seguía sin convencerte, búscate la vida.
Sin embargo, Black Star no compartía mis pensamientos.
—Maka, te doy veinte pavos, o una gallina, o lo que quieras, pero por favor huye de aquí, ¡y cómprame una hamburguesa! —se acerca a mi oído, no susurra, grita en bajo, suplicándome con las manos unidas.
—¡Te estoy oyendo! Nada de grasas saturadas —golpea a su hijo con la espátula de acero inoxidable—, aquí sólo se come sa-no.
—Mamá, si tú quieres alimentarte igual que una vaca, lo respeto. Pero yo no como hierba —apoyaba las manos sobre la mesa, ambos se acercaban, frente a frente, iban a matarse—, ¡me como a la vaca! ¡A la va-ca!
—¿Me estás llamando gorda? —le señala con el tenedor, atacante—. ¡Cómete el broccoli!
—No, no. Muy bonito. Vas de salva árboles y te comes unos en miniatura, bebés árboles mamá, eres un monstruo.
Era una batalla de diferentes conceptos. Pero nada importa realmente, porque sin previo aviso una de las gallinas salta a la mesa y empieza a comerse la comida agachando el pico una y otra vez. Del susto escupo lo que estaba bebiendo de una copa, manchando a los presentes.
—¡Lo siento! —me lleve las manos a la boca. La gallina paró a mirarme a los ojos. No le debí caer bien, porque seguidamente se puso a aletear como si fuese el fin del mundo.
—¡Coco coco, cococo cooo!
—¡Presidenta! —gritaba la madre de Black Star. Gritábamos todos, escupiendo las plumas que soltaba la gallina hambrienta—. ¡Baja de la mesa o te meto al horno en menos que canta un gallo! —la gallina pareció entenderlo, y huyo como alma que lleva el diablo, manchando el suelo con sus pequeñas patas veloces.
Quedamos los tres llenos de plumas blancas pegajosas, parecíamos tres pollos grandes desconcertados. Pero aquí nadie se enfadó, ni llegó a las manos, comenzaron a reírse como si no hubiese mañana.
Ha de ser el fin del mundo, de verdad, de la buena…
—Que pintas —la señora Star se carcajeaba de nosotros a punto de caerse de espaldas, se lo devolvimos señalándola su cabello azul, ahora tenía canas blancas de plumas del "pollo asaltante".
Y para terminar, ahogado, Black comenzó a toser por culpa de la risa, soltando su ya famosa frase para mi gusto:
—Me muero…
Huía en dirección: cuarto de baño socorrido. Me había llenado de plumas blancas, quería lavarme la cara. Cuando llegase a casa pensaba darme una ducha anti persona para eliminar los restos y residuos químicos de la batalla. De la cena.
Me seco cara y cuello con una toalla amarilla de felpa, dejándola en su sitio salgo por la puerta. Lo necesitaba. Llego a la cocina cruzando el angosto pasillo enmoquetado, me detengo a observarles, madre e hijo en el umbral de aquella puerta, que no era una puerta, era un arco, mientras mi ángel y mi demonio interior discuten:
¿Les ayudo a fregar los platos, o me escaqueo? Lo segundo es más sencillo, pero en el fondo caigo en la cuenta de que aunque quisiese ayudar por remota idea que pareciese, esa mujer no me dejaría por ser su invitada. ¿Entro, no entro, ayudo, interrumpo, me siento a mirar, bailo break dance?
Pienso en lo inútil que soy en este momento, dándome cabezazos contra la pared, ellos comienzan a hablar:
—Y sin rechistar.
La señora Star llena un vaso de agua en el fregadero, dándoselo a su hijo en la mano junto a un par de pastillas para el catarro.
—Esto está asqueroso —decía con una mueca de amargura. Parecía haberse tragado un limón—. Es como si chuparás una barra de hierro oxidada.
Black se sienta en la encimera, bostezando como un oso en pre-hibernación. Bebe del vaso con parsimonia. Las pastillas crujían en su boca.
—Eso no se muerde —la mujer se lleva la mano a la frente, le da a su hijo un golpe en la nuca, haciéndole toser de nuevo como un cortacésped averiado—, animal.
Comencé a reírme, llevándome el puño a la boca para silenciar mi risa. Mirando al suelo, encontré a la gallina. No, ella me encontró a mí. Mirándome con esos ojos de guisante llenos de furia, empezó a picotearme los pies. E hice camino al salón, aquí no se me ha perdido nada. Ese pollo desea mi muerte, no le caigo bien a los animales. Que la señora Star me perdone por no ayudarla pero estaba demasiado ocupada salvando mi pellejo de una gallina asesina.
Black echó un vistazo a la puerta de la cocina, había oído un grito fortísimo venir tras ella.
"¿Maka?"
—Tu padre ha llamado —la señora Star comenta de pronto, mientras friega un par de fuentes de cristal—. Quiere hablar contigo. Te echa de menos —Black Star baja de la encimera de un salto, dejando un vaso en la pila, se dispone a marcharse—... Quiere verte.
Su hijo da un resoplido, levantándose el flequillo, se da la vuelta, porque sabe lo que viene a continuación. Recoge una silla de madera y se sienta del revés con las piernas abiertas, apoya el mentón en el respaldo, él ofrece:
—No —responde tajante, con la mirada oscurecida y un calor insoportable—. No pienso irme para allá con él.
—Yo tampoco y por eso eres mi favorito —la mujer de pelo azul se seca las manos con un paño hecho con una camiseta desgastada, da palmaditas en la mejilla de Black.
—Pero si soy tu único hijo —aparta la mano de su madre.
—Cállate, que te estoy alagando bobo —estiraba sus mofletes—. Aun así… Quizá no te vendría mal… Marcharte un tiempo con él —levantaba las cejas, apoyando las caderas en el borde de la mesa—, con White a Japón. Aclararte, las ideas.
Black Star ya la había calado por completo, cuáles eran sus verdaderas intenciones.
—¿Me vas a dar la charla? —echaba la cabeza hacia atrás con pesadumbre, estaba mareado—. Me gusta estar aquí.
—Black, yo quiero que te quedes conmigo —ella se cruzaba de brazos—, pero entiéndeme, tu padre también tiene derecho a estar con su hijo. Y tú te defiendes bien con el idioma —seguía exponiendo, esperando en silencio la respuesta de su hijo. Viendo que eso no llegaba, siguió intentándolo—. El año pasado no fuiste. Le haría ilusión. Sólo serían dos meses del verano o quizá menos. Lo que tú quisieses. Allí conoces a mucha gente —posó una mano en el hombro del chico.
Black la miró de reojo, manteniéndose serio.
—Yo no quiero irme —se encaró.
La señora Star suspira.
—¿Por qué no?
—Porque no quiero —repite cansado.
—No se trata de querer o no querer —comenzó a alzar la voz sin darse cuenta—. Sólo te pido, hazlo por White, hazlo por él —repitió lentamente, decidida—. La ley dicta que hasta los dieciocho tienes que estar con los dos, las normas no las hago yo.
—¿Desde cuándo sigues las normas? —preguntó irónico, soltando una pequeña risa sorda.
—Desde que tú eres el precio a pagar por la multa —le dio un golpe en la cabeza, haciéndole esconderla entre los hombros—. Recuerdo haberte explicado bien lo que era la custodia compartida.
Black no contesta, se queda mudo por un instante. Aprieta el lado izquierdo de la mandíbula, chirriando los dientes. Levantándose de golpe, se va.
—Al final conseguirás que me enfade con tu padre —rendida, la señora Star deja caer el mentón sobre la palma de su mano.
Black Star se detiene en el umbral, deja caer la mitad de su cuerpo en el marco de la puerta. Sonríendo melancólicamente.
—Claro —asiente con los ojos cerrados, se marcha—, todo es culpa mía siempre.
—¡Eh, no empecemos, vuelve aquí! —grita la mujer, quedándose sola en la cocina. Nadie la escucha—… No se puede hablar contigo —susurra en silencio—, estúpido.
—¡Cocoroco! —la gallina continua su ardua misión de acabar con mi vida.
Gritando por toda la casa, ella me persigue a velocidades de vértigo.
—¡Jamás volveré a probar el pollo, ni siquiera empanado, te lo prometo! —mentí, a punto de llorar como una cría. Nunca había sido muy acérrima a tomar carne, pero era una cuestión de vida o muerte—. Socorro.
Llegando a la entrada de la casa, el pollo me acorraló. Respaldándome en la puerta con los brazos estirados, la gallina y yo nos miramos por última vez a los ojos. Ella pegó un gran salto, para ser una gallina rechoncha, aleteando sus alas en el ascenso dirección mi cara. Cerré los ojos, y esperé el picotazo, cuando:
—Demonio con plumas...
Black Star la pilló al vuelo. La sujetó bocabajo de las patas mientras ella intentaba zafarse de su agarre, pero Black la tenía bien amarrada. Es el… "Susurrador de gallina." O algo así.
—Ay, ay, ay —Black la lanzó como una pelota, y el pollo huyó despavorido. Chocó contra las delgadas piernas de la señora Star, y puedo jurar y juro que del miedo, dio un huevo en el acto.
Intentando no desperdiciar la poca dignidad que me quedaba en ese momento, caí derrotada en el escalón del recibidor. En aquel lugar de la casa donde se dejan los zapatos para no rallar el parqué. Lo cual no entendía, puesto que todo el suelo lo cubría la moqueta.
—Para que luego digan que no vuelan, nos tienen engañados —Black se sentó a mi lado, a pesar de tener un semblante divertido, parecía distante. Como si no estuviese aquí en este momento—… Quizá de esto se pudiese hacer un videojuego —reía contento. Se sentó a mi lado. Me sacó una sonrisa y le golpeé en el hombro.
—Cuidado Hulk —sonrió, enseñando los dientes. Ponía una mueca triste, sobándose el hombro, fingiendo.
—Tenías que haberme salvado antes —junté los labios con fuerza, sacando más mentón del que tenía, parecía que iba a echarme a llorar.
Black Star acalló una risa en su fuero interno, hay personas que siempre le verán ilusión sin límites en el sufrimiento ajeno, y eso es así.
—El héroe siempre se hace espe, espe —se quedó con la boca abierta, expectante, estornudo—… ¡Atchú! —y siguió—. Rar…
Salió de mi boca una risa de perro viejo. Éramos iguales. Al final Evans iba a tener razón y me río como un animal, aunque no fuese voluntario. Le acaricié la espalda a Black Star.
Era curioso que la imagen de Soul Evans llamándome "Porky" con su graciosa voz grave, no desapareciese de mi cabeza.
Finalmente la madre de Black y la gallina se fueron juntas a ver la televisión sentadas en el sofá, una encima de la otra, la mujer comenzó a insultar a los personajes que salían en los programas de cotilleo, porque ella cree que la van a oír; encontró cambiando de canal una película de muertos vivientes, y ahí se quedó como un niño de quince años mordiéndose las uñas. Tenía un humor de perros, acariciaba la gallina como si fuese el gato gordo del villano del "Inspector Gadget."
—Creo que —comienzo a murmurar, agachada. Black Star se sienta a mi lado, dejándose caer como un peso muerto—… Va siendo hora de que me vaya.
Miré por la ventana del recibidor. La lluvia había amainado. El cielo estaba precioso, ni una nube roja lo cubría, "después de la tormenta siempre llega la calma".
—Si quieres quedarte a dormir —de un pequeño saltito de trasero, se acercó rozando su cuerpo contra el mío…
—Eso te gustaría a ti —él sonríe de oreja a oreja—. Me encantaría pero no he avisado a Spirit de que me quedaba en tu casa, debe estar preocupado.
Black ladeaba la cabeza, confundido.
—Spirit, el hombre del que huiste en mi casa.
—¡Ah! —se golpea en la mano con el otro puño—. Tu padre el de las revistas raras…
—Por desgracia sí —mentí como una bellaca—. Gracias por todo —alcé las comisuras de mis labios. Me levanté, recogiendo mi mochila del suelo de la entrada. Que yo misma había tirado.
Black Star no me devolvió la sonrisa, tan sólo se quedó con la boca más cerrada que abierta mientras sus ojos me seguían atentos a todo lo que hacía. Alzándose tambaleante, busco una prenda en el armario del recibidor a la pata coja, me puso mi abrigo, manga por manga. Me quedé mirándole sin saber por qué, embobada. Me abrió la puerta con lentitud. No me sentía incómoda, al revés, me hacía sentir… Bien.
Saqué un bolígrafo de mi mochila y en un papel le pedí a Black Star que me apuntase su número, esta vez lo guardaría con sensatez… O al menos lo tendría hasta que volviese a perderlo. Mientras tanto yo escribía en su brazo mi número de teléfono, porque al igual que yo, no se le daba muy bien recordar cosas importantes.
Somos una pareja con Alzheimer. ¿Qué Alzheimer? ¿Qué pareja?
La señora Star gritaba desde el salón con la gallina en brazos.
"—¡Adiós guapa, vuelve cuando te apetezca!" Y otra frase un poco indecente que los menores no deberían oír, nos crispa de vergüenza a ambos, por eso la suprimo. Tenía que ver en cierto modo, con un hotel…
—Gracias a ti —sonrío dulcemente, con los ojos cerrados, levantó los hombros.
Y aunque no sabía demasiado bien, porque hice lo que hice a continuación, lo hice.
—Puedes venir siempre que quie —plantándole un beso en los labios no le dejé terminar. De puntillas y con las manos a la espalda, hice lo que mejor pude. Black Star me devolvió el beso, sus manos se apoderaban de mis mejillas. Me sentía ligera.
Húmedo, placentero.
Era una sensación parecida al terminar de interpretar cualquier obra en un escenario, y de repente, recibir cientos de aplausos del público. Que te ama.
—Que te mejores —susurré en voz baja, separándome lentamente, mordiéndome los labios, anulándome a mí misma y a mis extrañas reacciones.
Como si le hubiese dado un veneno vía bucal, lo había dejado inmóvil, de piedra. Me saludó con la mano de forma rígida, como un robot, mientras plasmaba una mueca en su cara. Y comenzaba a toser. Había tenido demasiadas emociones por un día.
Lo he roto.
—¿Y tú qué haces ahí tirado?
La señora Star volvía a la entrada, con la gallina siguiendo sus pasos como si se tratase de una rayuela, escasos minutos habían pasado de la salida de Maka del hogar, había oído un ruido, algo, o alguien, caerse. Ella se agachó, pinchando a su hijo con el dedo en el torso, haciéndole estremecer.
—Que me muero —susurraba con la voz ronca, tan rojo como un tomate, tapándose la cara con ambos brazos—… De verdad…
—Desde luego —la madre de Black Star rodaba los ojos, cansada, pero divertida al mismo tiempo—… No tienes remedio.
La gallina se posaba encima de su pecho, haciéndose un sitio y arrugando su camiseta.
"—Gracias presi." Pensaba Black Star.
—¿Cocoo?
Evans.
Toc, toc. Alguien llamaba a la puerta. Blair comienza a maullar, se dirige a la puerta trotando como un caballo enano y comienza a arañarla.
—¿Se me permite entrar a la guarida del lobo solitario?
—Sí, si quieres que te coma —responde Soul sobresaltado—. Vete.
Wes abre la puerta de la habitación, ambos inquilinos le reciben sentados. Se acerca, y Blair le persigue jugando con los cordones blancos de sus playeras. Soul apoya el mentón entre las rodillas, al borde de la cama, mientras observa por la ventana como la lluvia cesa, dándole descanso a la tierra, dándole la espalda a su hermano.
—¿Qué te ha pasado? —Wes recoge a Blair y en brazos, la hace cosquillas en la tripa, creando un sonido muy agudo. La deja sobre la cama y da pequeños tirones en el jersey de Soul—. ¿Vas a abrir la boca o tengo que decir que soy Caperucita con su cestita? —Soul le miraba girando el cuello a presión, con una expresión que decía claramente: "Bromas aparte."
Wes sonreía con labia.
—Nada. Y no pienso pedirla perdón —Soul respondía tajante, aferrándose a sus rodillas, bajaba la cabeza—. ¿Me vas a pegar?
Wes siempre había pensado en que cualquier día de estos, cogería unas tijeras y le cortaría ese maldito flequillo a modo de persiana mundial, que le tapaba la vista de los rubís ojos de su hermano, ya lo hizo de pequeño una vez. Le dejó calvo para que sus padres viesen quien era el guapo de la familia. Pero esta vez, como se le ocurriese sacar unas tijeras, ardería Troya, Roma, y hasta el mismísimo océano.
—Yo no he dicho eso en ningún momento —Wes se agacha, quedándose en cuclillas—. Quizá eres tú en el fondo el que piensa que la ha cagado —le golpea con los dedos en la coronilla—. Y ahí tienes la torta.
Soul da un bufido como respuesta.
—Sé que no es fácil, ¿vale? Pero sigue intentándolo —Wes rezaba con ambas manos, Blair rezaba con ambas patas, probablemente quería comer más—, por favor. Por mí.
—¡Ya lo hago! —Soul explota, formando puños con las manos—. No he hecho nada malo. Sois vosotros los que la habéis olvidado —retira la mirada, al suelo—, no yo.
—Soul, han pasado tres años —Wes suspira, totalmente cansado—. No hay ni un sólo día que no me acuerde de ella, pero eso no significa que tenga que lamentarme día sí y día también —le sujetaba suavemente por los hombros—. Y tú tampoco.
—Para ti es sencillo —contesta, su voz se oye distorsionada y grave. Esconde la cabeza entre las piernas, haciendo que Wes retiré su abrazo…
Soul suelta una frase más, pero hablaba tan bajo en esa posición que apenas se le escuchaba. Wes suspiraba de nuevo, soltando el aire por la nariz.
—Idiota —permaneciendo de cuclillas, Wes murmura alto y claro a pesar de que Soul no le está mirando, pero si le está oyendo—. Eruka es la persona que quiero, ahora y puede que durante mucho tiempo —fruncía el ceño, con seriedad—. Y vas a tener que acostumbrarte a tenerla cerca, si es que me quieres, y quieres quedarte aquí —señalaba su palma abierta con el dedo de la otra mano.
Soul abre los ojos, alzando la cabeza poco a poco. El hermano pequeño se levanta aunque cansado, ágilmente corretea hacia la puerta, la abre de golpe, quedando entre medias de la habitación y el pasillo.
—¿Vas a disculparte con ella? —Wes se anticipa a preguntar en pie.
—No —dice en voz baja, negando con la cabeza—. Me has recordado algo importante, que tenía que hacer.
Dando un leve golpe en el marco de la puerta de su habitación con la mano izquierda, Soul salé disparado al piso de abajo, desobedeciendo la orden y el castigo de su padre.
—¿A dónde vas? —Wes pregunta alarmado, con paso firme y veloz hacia la puerta—. ¿Soul?
El hermano pequeño cruza la mirada con Eruka. Ella ha estado todo el rato escuchando a escondidas tras la puerta. Soul la observa con enfado, mientras Eruka sonríe tontamente sin saber qué hacer. Empieza a decirle algo pasmosamente, avergonzada, más Soul aparta la mirada de ella y baja las escaleras como alma que lleva el diablo. Sin importar si su padre está mirando o no. Por suerte está dormido en uno de los sillones del salón.
Wes se choca de frente con su novia al salir de la habitación.
—Lo siento —dice nervioso, sujetándola firmemente por los hombros para no hacerla caer.
—Estoy bien —responde abochornada, recogiendo con los dedos el bajo de su vestido.
Wes reposa los dedos de su mano derecha bajo su barbilla, alzándola, la mira a los ojos. Ambos se sonríen el uno al otro, tímidamente.
—¿Sabes a dónde a…? —Wes pronuncia sin acabar, a lo que Eruka entiende a la perfección.
Conexión.
—Eh, abajo —ella señala con el dedo.
Ambos asienten, y bajan al primer piso de la casa, la planta baja. Blair atónita les persigue, siendo la más rápida.
Wes tropieza por las escaleras, para no variar su rutina.
—¿Te has hecho daño? —Eruka grita preocupada, llevándose ambas manos a la boca, baja los peldaños para ayudar a su pareja; y despertando al señor Evans de su letargo en el sillón.
—¿Eh? —salta en su sitio el señor Evans, figura paterna de dicha familia, se restriega los párpados con las manos echas un ovillo mientras se coloca en la cabeza sus gafas para ver de cerca , para leer, retirando el periódico que le había servido de manta, al igual que un vagabundo haría al quedarse sopa—. ¿Qué? —el señor Evans volvió a dormirse en la misma posición, el trabajo le dejaba hecho unos zorros.
No se había enterado de nada, por lo que Wes al levantarse de su dura caída, de morros en el suelo; con ayuda de los brazos de Eruka, decidió no preocuparle más. Se restregó varios dedos bajo los orificios de la nariz, esperando no haberse hecho sangre.
Blair trotaba por los escalones a la perfección, como una cabritilla mestiza. Sin saber, sin tener idea de dónde había ido Soul, buscaron por toda la casa, sin hacer mucho ruido, llamando al menor en voz baja.
—¿Soul?
Abriendo todas las puertas no encontraron nada. Incluso en su escondite favorito, el cuarto de la plancha. La puerta de la cocina y la de la entrada estaban cerradas, igual que las ventanas, ¿por dónde habría salido?
Observaron a Blair, la pareja veía como ella tranquilamente dejaba de lamerse y limpiarse las patas moradas. Siempre ha tenido un color extraño para ser una gata. El animal les miró a los ojos. Ellos se agacharon.
—Miau —no parecía tener hambre, seguía observándoles con esos enormes ojos dorados como el oro pulido.
Les estaba dando un mensaje… O eso pensaba el hermano mayor.
—Y sí…
Wes comenzaba a decir, él y Eruka se miraron de hito a hito…
—¿Tú crees qué…? —Eruka se atrevía a decir, dirigiendo la mirada a Wes, no muy segura de sí misma.
—Ha de ser como esos perros que buscan droga en los aeropuertos—Wes se había quedado sin opciones, la pareja se levantó de su sitio y Wes ordenó—. ¡Busca Blair, busca a Soul! —gritó sin alzar demasiado la voz, el señor Evans estaba roncando.
—¡Miau! —la gata pareció entender el mandado, porque no tardó un segundo en comenzar a olfatear el suelo como un perro entrenado por la policía. Señalaba con las patas hacia la cocina.
Eruka sentía una sensación extraña que rozaba la grima y pasaba por el respeto.
—Asombroso —ambos soltaron, alzando una ceja—… ¿Por aquí?
La gatita dejó de olfatear, llegó a un punto muerto de la cocina, la puerta del garaje. El rastro se perdía ahí, y ahí estaría Soul.
Blair volvió a señalar la puerta del garaje, como un perro de caza, alzando la pata derecha. ¿Soul le habría enseñado esas cosas? Tenía un don, deberían llevarla a la tele, a algún concurso, Wes pensaba. "Se está desperdiciando su talento."
—Miau —la gata asentía con seguridad, se sentó, lamiéndose las garras de una pata.
Wes más tarde le daría alguna golosina por su gran hazaña. Él abrió la puerta del garaje seguido de Eruka, agarrada a su espalda. Le traqueteaban los dientes a la pobre Eruka. Estaba oscuro, Wes encendió la luz parpadeante de los fluorescentes. Parecía una película de miedo, con las sombras de las herramientas formando garras, las lonas moviéndose levemente por el viento, el frío y el suelo encharcado. Sólo les faltaba ir vestidos de uniforme, esas chaquetas del club de béisbol y esas faldas extremadamente cortas que sugieren una idea diferente del colegio: como en las películas americanas.
Pero ellos no buscaban ni huían de un monstruo. Buscaban a su hermano pequeño. Wes fruncía el ceño, Soul nunca entraba en el garaje. Nunca.
Blair esperaba maullando sin parar desde la puerta, lo cual asustaba aún más a Eruka, que se aferraba a Wes como la abeja a la flor. O al revés.
Sin embargo, por mucha búsqueda que hiciesen, bajo las mesas, levantando las lonas oscuras, incluso miraron bajo los coches, Soul no estaba ahí.
—No está —Eruka agarraba del brazo al hermano mayor. Con preocupación, volvía a llamar al pequeño—… ¿Soul, dónde estás?
Wes observó el suelo de nuevo. Empapado, las lonas flotaban por el viento, las herramientas se agitaban unas contra otras. El viento y la lluvia. El frío. ¿Dentro de la casa? Fue entonces cuando se dio cuenta. Recordando:
"Junto a la llave, al lado del manillar, presionó el botón de un pequeño aparato, haciendo que el portón del garaje se abriese de abajo a arriba. Entró, dejando aparcado el ciclomotor sobre el caballete de una patada. Estaba atrancado, roto. No es ninguna novedad que algo se haya roto en su casa. Incluyendo la puerta del garaje. Sacaba la llave de la cerradura del ciclomotor y pulsaba el botón para cerrar la puerta de nuevo, pero ésta prefería estropearse al final del todo y dejar una pequeña abertura por la que sólo entraría un gato con el que Blair podría liarse. "
La puerta estaba abierta, por un resquicio. Por un resquicio por el que el cuerpo de Soul cabía perfectamente. Era culpa suya.
Wes comienza a asustarse, frunce el ceño con fuerza, aterrado. ¿Qué se le habría pasado a la inestable mente de su hermano, por la cabeza?
"Me has recordado algo importante, que tenía que hacer."
—Eru, quédate aquí —Wes habla nervioso—. Voy a buscarle.
¿Cuántas veces se habría escapado desde que se puso enfermo?
El hermano mayor le pide a Eruka que se quede aquí mientras pulsa el interruptor que abre la puerta del garaje manualmente. No funciona por lo que la sube con ambas manos, ayudado por Eruka que decide no quedarse atrás.
—Voy contigo —Eruka intenta calmarle con voz sosegada—. Cuatro ojos buscan mejor que dos —consigue sacarle una sonrisa lastimera.
No les hace falta decir nada, la puerta se abre hacia arriba, enrollada.
Y ambos salen corriendo, detrás del pequeño monstruito.
Espacio Beru*:
Are you having a good time?
(Os dije que volvería, Muajajaja. Jaja.) Hasta aquí por hoy, ¡princesas! (sí, los chicos también. Princesos ya no mola es muy mainstream pls. Sois bellos.) Y si eres la princesa del espacio bultos, mejor aún porque te amo mucho. No me parece bien comentar nada de este capítulo, (quería plantear las diferencias entre una cena familiar y otra, "jiji".) creo que ya va tomando forma. Me siento un pelín or(co)gullosa porque más o menos la historia va abandonando la presentación de los personajes en sí, y se va adentrando en lo que sería el nudo. (Peeeeero, para eso todavía queda, sep…) ¡Y es que la vida es in(creible)justa!
Besos, Satán.
Digo Bell. (Bell…)
Buuuaaano, este capítulo larguirucho (over 9000) se lo dedico a todos mis lectorzuelos, (y… Al amor de mi vida. Tú, sí tú… Mi aire acondicionado.) Esta vez Bell os quiere recomendar un, ¡Manga! (¡Yoshi!) Oh sí. (¡En recompensación!)
(Rápido, ¡DANGER ,ACHTUNG! está parte es muy larga, ¡saltáosla ahora que podéis amados insensatos!)
Llamado así, ALIVE (The final Evolution). Es de los pocos mangas, que combina un buen dibujo, con esa sensación de impotencia al querer seguir leyendo, que sean las tres de la mañana y que ya no te queden uñas que morder ni buena conexión a Inter(maldito)net. (¡Ni droja!) En resumen, es flipante. (Tron(?))
Su frase más famosa es: "We are alive on this planet, and they arrived…" (¿Por qué quitarle el trabajo a Google Translate? ¿Por qué chacacán?)
ALIVE (The final Evolution) es un shonen (2003 al 2009), tiene 82 capítulos, con más de 50 páginas cada uno. El estilo me recuerda mucho a Soul Eater, porque el dibujante (Adachitoka) va mejorando el dibujo según va avanzando, se supera a sí mismo. (Planearon un anime, pero hubo problemas con la productora Gonzo y lo tuvieron que cancelar hasta nuevo aviso… … … Cabrones.) Es tan diferente, como empieza a como acaba, que ni tú te lo crees. (Wtf I'm watching sir?)
Lo primero que tienes que saber de ALIVE, es que es una novela de ciencia ficción, pero no. (Ríete ahora.) Es una mezcla de muchos pensamientos sociales que caen por su propio peso. Juntando psicología, angustia adolescente, fantasía, suicidio, superaciones, Hikikomoris, traición, venganza, amor, amor fraternal, etecé, etecé. De tó.
La historia, nos trae tras los pasos de Tai(suke Kano) un adolescente no muy listo que vive en Japón con su hermana mayor Yoko(Ono(?)) Kano, una enfermera joven a la cual le gusta el bebercio y llevarse hombres al catre. (Es un buen ejemplo a seguir, lo mires por donde lo mires…) Sus padres murieron en "un accidente" de coche cuando él era un enano (de Blancanieves). Tiene dos mejores amigos, Megumi (buena estudiante, guapa, amable y nombre y personalidad poco originales) y Hirose (el típico pobre chaval bajito y cuqui al que le hacen bullying; siendo protegido por Kano). Todo happy-flower.
En fin (Normal guy de toda la life), hasta que empieza la "Nightmare Week", (ahora sí, traducción bitch pls) "La semana de pesadilla". ¿Qué tiene de importancia esta semana? Todo. La gente ha comenzado a actuar raro, por todo el mundo, (worldwide) a cometer suicidio. En masa. (Gore a reventar) Pero así, sin sentido. La gente se mata feliz. (Muy creepy todo.) Por alguna razón que nadie sabe; al final los altos mandos lo decretan como un "virus" a escala mundial. (Corderitos inocentes…) Si creíais que R. R. Martin mata personajes, os vais a defecar, en los pantalones. La idea queda en el aire. Se suicidan hasta profesores, alumnos, todo durante esa semana de locos. (Los de los cementerios se habrán forrado.)
Por algún casual, este "virus" ataca a todas las personas del planeta. (Como si fuese una influencia.) En las que podemos dividir dos tipos: los que deciden morir, y los que a pesar de querer morir se resisten a la muerte. (Óle su estampa.) A estas últimas personas, les llamaremos "Compañeros". Y a su vez estos "Compañeros", acabarán dotados de poderes increíbles a cual más mortífero todavía. (¿Cuál es el mejor? Ninguno.)
Siempre están saliendo personajes nuevos, cada uno con su propia historia y final. (O no.) Pero, hay personajes (muy-muy-muy) cabroncetes (que al fin y al cabo obtienen "su merecido") como son los matones que molestan y pegan a Hirose. Le llevan a la azotea del colegio, a molerle a palos y rajarle la cara (¿Pá que más?). ¿Razones? Son gente que se aburre fácilmente. Pero tranquilos, (inspire beauties) Kano va en su rescate (hay que admitir que a este chico, al principio, le gusta dar de leches y bien dadas) junto con Megumi. Pero llegan, un pelín tarde, sí. Hirose está en el suelo, él solo, cubierto de sangre. Y todos los matones, incluso una (furcia) chica, han muerto. Esfumado. Explotado. Capút. (¡Avada kedrava vale!) Finito. ¡Y después…! Vas a tener que verlo. (Bell Star, being bad since 1996.) :D Y queda, mucho, pero mucho por ver…
Lo que más me llamó la atención de ALIVE (Araibú), es que el propio autor, en el último capítulo, decía sus últimas palabras poco antes de morir. Con sólo 40 años (Tadashi Kawashima, el guionista). Sufría cáncer, y en su lecho de muerte, terminó este manga, esta historia. Tuvo la fuerza, la endereza, de darnos un finalazo. E irse sabiendo que lo había conseguido. Terminarlo. Las últimas frases del capítulo final de la trama, son de un hombre que sabe que se va a morir, y lo está afrontando. (Yo de esto me enteré justo al terminarlo.) Te llega, al alma.
Siento que os esté contando un rollo enorme, pero tenía que compartirlo con gente que de verdad sabe apreciar estas obras. Este a(rrr)rte. Hace nada subí un fic nuevo llamado: Lost in the Echo, y me agrada en demasía que esté siendo bien recibido después de tanto tiempo: gracias por eso de nuevo. See you later, aligátor.
Nos vemos en el próximo capítulo de Sweet Dreams:
Capítulo 10.
Casas de muñecas.
Haz un Review, no la guerra. (O bueno hazla, pero déjame un review.) Yo sólo digo que la gallina no está amaestrada, yo sólo lo digo…
Un besazo y gracias por leer, pillastre.
