Bueno hola a todos de nuevo! Ha sido un fin de semana intenso pero ha llegado la hora de actualizar!
Aquí les dejo el nuevo capítulo, espero que lo disfruten!
Capítulo 4
Y justo en ese momento, algo salió de repente del agua prácticamente a mi lado.
Salió de repente, demasiado rápido y demasiado cerca. Había estado todo ese tiempo arrodillado lo más cerca posible al agua y había estado intentando ver algo a través del agua. Sin éxito, por supuesto. Lo único que había podido ver desde que llegó había sido el movimiento del agua salpicando cuando lo que fuera que había estado allí había escapado. Por su culpa, sí. Admitía que no había sido precisamente silencioso al entrar. Pero tampoco se esperaba eso cuando apartó aquella roca del camino. Pero eso había sido todo. Desde entonces, la superficie del agua se había mantenido intacta. Ni una sola onda, nada. Ni siquiera cuando la criatura le había dejado ver una aleta. Bueno, aleta. Él creía que era una aleta, eso le había parecido. Estaba tan lejos y había sido tan breve que apenas había visto nada. Pero había sido suficiente para saber que, por lo menos, había estado escuchando lo que decía. Aunque seguía sintiéndose igual de estúpido hablando solo. Entonces todo se había quedado en silencio y aquel ser no había dado más señales de que seguía allí. Aunque él intuía que sí. Pero sin comerlo ni beberlo algo había salido cerca de sus rodillas de debajo del agua. Y, por desgracia, su instinto de pelea y supervivencia había reaccionado antes que su cerebro y ya se encontraba de pie, con sus manos cubiertas de unas grandes llamas, preparado para pelear. Y, evidentemente, aquella criatura volvió a sumergirse tan rápido como él se movió.
Maldijo para sus adentros. Ahora sí que la había cagado. Aquella chica por fin se acercaba a él, y ¿qué se le ocurría? Nada mejor que amenazarla con fuego. Bien Dragneel, tu sí que sabes. Porque sí, era una chica. O al menos tenía pinta de ser una. Había podido ver durante unos segundos dos grandes ojos marrones muy abiertos mirándole. Hasta que la había asustado. Se dio una palmada en la frente y quiso gritar de frustración. Pero no podía, ya la había asustado bastante. Dejó escapar un suspiro mientras se arrodillaba de nuevo y se inclinó ligeramente hacia el agua. De nuevo, no veía nada. Pero, no perdía nada por intentarlo.
- ¡Oye! ¡Espera! No iba a atacarte. Sé que no suena muy creíble, pero ha sido por instinto. -Y esperó. Y esperó. Y se empezaba a impacientar. Quizás ahora sí que había huido despavorida. -Lo digo de verdad. ¡Saliste tan de repente que creí que me atacaban a mí! – Lo intentó una vez más. Pero otra vez fue silencio lo que obtuvo como respuesta. Bueno, por lo menos ahora ya no se sentía como un imbécil por hablar solo. Él no era de los que se rendía fácil. - ¿Puedes verme desde ahí abajo verdad? Aunque yo no pueda. Mira, dejaré las manos donde las puedas ver, no voy a hacerte daño. -Mantuvo sus manos en el aire con las palmas a la vista, a la altura de su cabeza y esperó. Vale, ahora sí que se sentía un estúpido. Menos mal que nadie estaba viéndole o las burlas que iba a tener que soportar iban a ser inmensas. - En serio que ha sido solo porque me has asustado, si te acercas despacio verás como no volveré a hacer lo mismo. – Y, fue entonces, cuando se le cortó la respiración. Lo estaba haciendo, se estaba acercando despacio. Tenía que ser eso. Había empezado a ver algo bajo el agua, aunque no podía distinguir el qué. Era… ¿amarillo?
Era una chica. Vaya que sí lo era. Y era hermosa. No había visto nada parecido en su vida. La cabeza era lo único que podía verle. Y ahora comprendía porque había visto amarillo. Su pelo era tan rubio como el oro, y abundante, era muy abundante. Sus ojos estaban ligeramente dilatados y, aunque brillaban de curiosidad y emoción, se podía apreciar temor en el fondo. Su boca no dejaba traslucir nada, ni una sonrisa, ni una mueca de enfado, nada. Pero vaya boca, sus labios eran gruesos, carnosos, aunque estaban pálidos. No tanto como su piel, su piel era blanca y sin imperfecciones, hacía que desease tocarla para comprobar si era tan suave como aparentaba. Después de notar que se había quedado embobado mirándola, parpadeó varias veces y, cuando volvió a mirarla, le llamaron la atención unas pequeñas aletas que sobresalían de su pelo, como si fueran orejas. Era la criatura más delicada que había visto en su vida. A su lado, él era un ser completamente grotesco, normal que estuviera asustada.
Carraspeó ligeramente antes de hablar, a lo que ella se encogió ligeramente, pero esta vez no huyó. -Hola, soy Natsu. Natsu Dragneel. -Dicho esto le sonrió, esperando parecer agradable. Aún se sentía como un imbécil por mantener sus manos levantadas, pero no se atrevía a bajarlas. Aquella chica asintió, pero no dijo nada. Se quedó mirándole en completo silencio. ¿Será que no pueden hablar? Probó suerte otra vez. -Soy de Crocus. Sé que está prohibido y todo eso, pero tenía curiosidad y bueno… -Se hizo el silencio de nuevo. Ella volvió a asentir, comunicándole que lo entendía. -Tenía curiosidad de ver como erais por aquí. Aunque solo veo tu cara, pero es mejor que nada. -De nuevo una vez más se hizo el silencio. Empezaba a pensar que más podría decirle cuando ella abrió mucho los ojos y desapareció bajo el agua una vez más. - ¡Espera! ¡No te vayas! -Natsu se dio la vuelta para comprar si algo detrás de él la había asustado, aunque ya sabía que no había nada. No había percibido ni un solo movimiento detrás suyo. Volvió a mirar el agua, rastreando la superficie con desesperación. No podía haberse ido tan pronto.
Pero entonces vio como volvía a aparecer cerca de aquella roca que había en el centro de aquel sitio y, aliviado, dejó escapar el aire que no sabía que había estado conteniendo. Aquella criatura se giró hacia él y lo miró de lejos antes de hacer un ligero gesto hacia la roca con su cabeza. ¿Acaso pretendía que la siguiera? ¿estaba loca o qué? No pensaba meter un solo pie en el agua. ¡Maldita sea! ¡Ni siquiera sabía nadar! Pero entonces su hilo de pensamientos desesperados se detuvo de golpe. Tenía la mente en blanco. Podría rodearle una veintena de personas listas para acabar con él que no habría podido darse cuenta. Todo lo que sus ojos y sus sentidos podían captar en aquel momento era aquella criatura que lo había dejado atontado y sin habla. No pretendía que la siguiera, solamente que mirase. Y vaya que si la estaba mirando. No quería apartar los ojos de ella nunca. Se había sentado en aquella roca, había subido de un salto y estaba permitiéndole ver cómo era. No tenía piernas, tenía una cola. Parte de su cuerpo y su torso recubierto de escamas también. Y el pelo, si ya lo había intuido largo, sentada como estaba le caía como una cascada hasta más debajo de la cintura. Y, con la luz del sol cayendo sobre ella, su pelo y su piel parecía que tenían luz propia, resplandecía. Ahora estaba claro que no había visto anda igual en toda su vida. Y también estaba claro que sus ojos no volverían a ver nada igual.
No fue consciente de cuánto tiempo estuvo mirándola. Para él, el tiempo se había detenido. Pero entonces ella empezó a mostrarse nerviosa, inquieta. En ese momento se dio cuenta de que había estado mirándola con los ojos desorbitados y, para qué negárselo a sí mismo, con la boca abierta. Sacudió la cabeza para despejar un poco la mente y cuando volvió a levantarla vio como ella se zambullía de nuevo en el agua y en un abrir y cerrar de ojos volvió a aparecer delante de sus narices. ¡Joder si era rápida! Y allí volvían a estar, mirándose en silencio. Natsu sentía la necesidad de decir algo, tenía que decirle algo. Pero no se le ocurría el qué.
Entonces ella sacó sus manos y las apoyó en la orilla junto a sus rodillas. Sus dedos, acabados en unas pequeñas garras, pudo ver que estaban unidos por unas membranas haciendo que parecieran aletas. Eso era lo que él había visto antes. Contra todo pronóstico, ella se incorporó utilizando sus manos y acercó su cara a la suya. Tan cerca que podría haberle contado las pecas si hubiera tenido. Estaba nervioso. Natsu Dragneel estaba nervioso. Pero, ¿¡quién podría culparlo!? La tenía a menos de un palmo de distancia de su cara. Y era preciosa. No podía apartarse. Se dio cuenta de que ella lo estaba inspeccionando. A conciencia. Ya no se veía temor en sus ojos, solo curiosidad. En ese momento ella levantó uno de sus brazos y lo extendió hacia su cabeza. Sin embargo, frenó en seco y lo miró directamente a los ojos, como pidiéndole permiso. No habría podido negarse aunque le estuviera pidiendo cortarle la cabeza. Asintió a modo de respuesta y en ese momento sintió como toca uno de sus cuernos. No pudo remediarlo y se le escapó una sonrisa de sus labios. Se sentía húmedo, y no sabría describir el tacto. Pero no era desagradable. Entonces ella, rodeó el cuerno con la mano y tiró de él ligeramente, haciendo que Natsu ladeara la cabeza. No puedo evitarlo y se le escapó una risa. Ella lo soltó tan pronto como lo oye reírse y lo miró.
-Son parte de mí. Están pegados a mi cabeza. No se quitan. -Se lo dijo entre risas sin poder evitarlo. Había intentado arrancarle un cuerno. Parecía que nunca había visto unos como los suyos.
Entonces ella ladeó la cabeza hacia un lado y dirigió su vista hacia sus manos. Se sumergió de nuevo en el agua para poder verlas más de cerca. Ahora las tenía apoyadas en el suelo, no se había dado ni cuenta de que ya no las tenía en el aire. Aunque mejor, era una postura bastante incómoda. Giró suavemente su mano, dejando la palma a la vista para ella. Era consciente de que sus garras eran distintas a las de ella. Las suyas más grandes y gruesas, sus manos rudas. Las de ella daban la impresión de ser más delicadas. Entonces, ella levantó la vista hacia él una vez más y, de nuevo, lo dejó sin habla. Aquella voz, su voz. Era dulce y suave, con un deje melodioso.
-Lucy. Lucy Heartfilia.
Y lo dejamos aquí por hoy!
Muchas gracias a todos por los comentarios, me encantan.
Ya saben que cualquier sugerencia será bien recibida o algo que les gustaría que pase!
Nos vemos en la próxima actualización!
