La modelo Victoria Sutherland anuncia que tiene una relación con Edward Cullen, ¿será cierto? En numeradas ocasiones se les ha visto juntos, pero Edward sólo ha afirmado que son encuentros casuales.

Por su parte, Edward no ha negado nada pero tampoco ha confirmado que tiene un compromiso con esta modelo.

Tal parece ser que Phoebe y Sophie tienen una nueva candidata para ser su madrasta.

Veremos si cumple los requisitos para tan cotizado puesto.


LEER LA NOTA DE LA AUTORA.

POR FAVOR.


POV Bella

Llegué a la revista con casi dos horas de anticipación, pues me había tenido que levantar temprano para poder sobrevivir al horrible tráfico de New York. Me fijé en el lugar. Estaba desierto a pesar de que sólo se encontraba la asistente de Alice. Creo que su nombre era Jessica. La saludé y ella se limitó a ignorarme. Genial, Bella, ya te odia y no les has hecho nada.

Tal parecía que los empleados de esta revista no eran nada amables; el portero nunca me saludaba y tampoco me ayudaba cuando venía cargada de bolsas. Por atraparte, las demás asistentes me miraban con odio sobrehumano.

Me senté en mi pequeño escritorio y comencé a trabajar. Debía terminar de organizar las dichosas agendas del señor Cullen si no quería ofrecerle mi cabeza en bandeja de plata esa tarde. El teléfono comenzó a sonar y me puse nerviosa, ya que nunca había sonado. ¿Cómo debía contestarle? La señorita Alice me lo había explicado, pero no tenía idea de cómo hacerlo; mi mente estaba en blanco.

—Buenos días —saludé, nerviosa. La persona del otro lado sólo se limitó a colgarme. El infernal aparato siguió sonando y siempre que contestaba me trancaban o hablaban demasiado rápido como para que pudiera anotar el mensaje. — ¿Cómo dijo que era su nombre? ¿Podría deletrearlo…? ¿Disculpe? —pregunté. Perfecto, me había colgado de nuevo.

Jessica me miraba como si fuera una estúpida, y realmente me sentía de esa manera. Era algo absurdo no saber cómo contestar un teléfono. La miré; sin duda se vestía mucho mejor que yo. Era cierto que no era una diosa como las señoritas Alice y Anne, pero su aspecto era como el de una modelo de comerciales de pasta dental.

—Haré esto porque me das lástima —dijo en tono odioso, y se paró frente a mi escritorio —Ésta es la línea privada de Edward, por ende no recibe muchas llamadas. No debes, mejor dicho, ni se te ocurra contestar con "Buenos días, ¿en qué le puedo ayudar?" Sólo limítate a decir: Edward Cullen o Twin Model.

—De acuerdo —dije sin ánimos. ¿Por qué todo debía ser tan complicado? Por el amor de Dios, ¡no era el presidente de los Estados Unidos o la reina de Inglaterra! No entendía cómo una persona podía darse tanta importancia.

—Otra cosa, no te molestes en anotar los mensajes, estas personas no dejan mensaje. Normalmente siempre usan el correo o vienen personalmente —me explicó de nuevo y me señaló el teléfono que me había dado Alice.

—Muchas gracias, Jessica —dije en tono amable. Ella sólo asintió y rodó los ojos. Continué con mi trabajo. El señor Cullen no había llegado aún, sólo las personas del personal habían comenzando a llegar.

Un ruido particular llamó mi atención, por lo que miré al suelo y me encontré con dos pares de zapatos: unos en color agua marina y otros en color púrpura. Realmente eran preciosos, pero muy altos para mi gusto. Subí la mirada. Como era de suponerse, eran las señoritas Alice y Anne que se veían perfectas como era de costumbre. Su ropa era impecable, sus cabellos estaban perfectamente peinados y sus rostros parecían recién salidos de un spa.

—Buenos días, Bella —me saludó alegremente la señorita Alice con su sonrisa del millón de dólares, yo le sonreí.

—Buenos días —se limitó a decir la señorita Anne dedicándome una mirada fría y con una ligera pizca de maldad. Creo que ya le caí un poco mejor.

Seguí con mi trabajo y el ascensor se volvió a abrir. Me levante rápidamente, pues era Edward, quien parecía muy concentrando en su teléfono celular. Obviamente, ignoró por completo mi presencia.

—Señor Cullen, aquí esta su café y su… —dije a medias, ya que me había cerrado la puerta en la cara. Miré a Jessica y ella rodó sus ojos y bufó. — ¿Qué hago?

—No lo sé, averígualo —me dijo en tono cortante. Suspiré. Esto no iba a ser nada fácil.

El señor Cullen no me había llamado en todo el día, y por suerte ya tenía sus agendas listas, además del trabajo que me había dejado con la señorita Alice.

Miré mi reloj y vi que ya casi era la hora del almuerzo. Me había traído un pequeño sándwich ya que no podía pagar alguno de los restaurantes de los alrededores. Lo bueno en vista de que Edward no había querido su desayuno era que me lo podría comer, así que no moriría de hambre.

—Isabella —me llamó Edward. Me levanté rápidamente y fui hasta su despacho.

—Señor Cullen, ¿se le ofrece algo? —le pregunté en tono educado. Él me miró desafiante.

—Haz una reserva para almorzar. Aquí tienes una lista de restaurantes para cuatro personas, y toma, éstos son unos documentos que debes transcribir, ¿mis agendas están listas? —me preguntó, con interés asentí y le entregué las dichosas agendas. Esperaba que le gustaran, pues me había esforzado mucho. —Puedes retirarte, avisa a mis hermanas de que en diez minutos nos vamos a comer.

Asentí y me dirigí a la oficina de la señorita Alice. Toqué, pero al parecer no me habían oído, así que con temor abrí la puerta. Ambas se encontraban riendo y parecía que estaban jugando con un gran pedazo de tela. Al verme, ambas se detuvieron y comenzaron a reír nerviosamente.

— ¿Se te ofrece algo Bella? —me pregunto Alice en tono dulce.

—El señor Cullen me a dicho que en diez minutos se van a almorzar —le respondí, y ambas asintieron. Hice la reserva, le dije al señor Cullen cuál era el restaurante y por suerte estuvo de acuerdo.

Los tres salieron riendo del despacho. No me había dado cuenta de lo alto que era Edward en comparación con sus hermanas, incluso cuando éstas usaban una trampa mortal por zapatos. Jessica se había ido a comer junto con otra chica que al parecer era la asistente del tal Marcelo. Saqué mi improvisado almuerzo; me sentía un poco mejor estando sola, al menos el tiempo me rendiría más para poder hacer mi trabajo.

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El tiempo pasó volando. A diferencia de otros días, el señor Cullen no había llamado tantas veces, sólo que no había recibido, al igual que el desayuno, su merienda de media tarde. Un ruido me sacó de mis pensamientos. Levanté la mirada y acomode mis anteojos.

— Necesito hablar con Edward —dijo una hermosa mujer de cabellos rojos. La miré, insegura. Seguro que era una modelo.

— ¿Tiene cita? ¿De parte de quién? —le pregunté en tono profesional. Ella sólo sonrió y movió sus cabellos.

—Por supuesto, y dígale que soy Victoria, su novia —dijo en tono presumido y sonriendo de oreja a oreja. Me levanté y al abrir la puerta vi que el señor Cullen estaba concentrado leyendo unos papeles. Al verme, enarcó una ceja.

—No te llamé, Isabella —me dijo en tono frío. Suspiré, estaba claro que me odiaba.

—Señor, afuera se encuentra una señorita llamada Victoria y dice ser su novia. Está fuera, esperándolo —le expliqué. Él frunció el ceño y suspiró.

—Hazla pasar y que nadie nos interrumpa —me ordenó con un leve tono de molestia en su voz, por lo que asentí. Le indiqué a la señorita que pasara. Ésta sonrió, triunfal, y entró a la oficina.

Dios, qué grotesca. Era hermosa, no podía negarlo, pero parecía una prostituta con clase. No entendía cómo Edward decía que mi aspecto era un asco si el de su novia era como el de una ramera.

—Bella, ¿Quién era la mujer que entró a la oficina de mi hermano? —me preguntó Alice de repente, apareciendo de la nada seguida de Anne.

—Su nombre era Victoria, y dijo que era su novia —le respondí con timidez.

— ¡¿Su qué?! —gritaron las dos al mismo tiempo, con evidente sorpresa e incredulidad. Ambas se miraron con expresión de horror y se pegaron a la puerta para descubrir lo que sucedía dentro. Me reí lo más bajo que pude. Eran como unas niñas de doce años celando a su guapo hermano de dieciocho años. La puerta se abrió y ellas se retiraron rápidamente. La tal Victoria salió hecha una fiera.

—Te repito, Victoria, que no soy nada tuyo. Ve con tus cuentos a otro idiota —le dijo serio y la miró con desprecio.

—Eres un maldito, Edward Cullen—le respondió ella llena de rabia, y a continuación se fue. Edward se volvió a encerrar en su despacho, mientras yo miraba la escena entretenida. Jessica parecía estar igual que yo. Anne y Alice se miraban, confusas, y hablaban entre ellas.

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Miré el reloj colgado en la pared; ya eran casi las ocho de la noche y Jessica ya se había ido junto con otros trabajadores. Aún me faltaba organizar algunas cosas, pero no quería irme muy tarde pues debía tomar el subterráneo. Mi adorado jefe aún seguía encerrado en su oficina a la cual yo había bautizado "El Castillo de Drácula", ya que tenía un aspecto gótico moderno.

—Isabella… Isabella —dijo la voz de la señorita Anne sacándome de mis pensamientos. Ella se encontraba frente a mi escritorio; ahora tenía puesta una elegante chaqueta color blanco.

— ¿Se le ofrece algo, señorita Anne? —le pregunté con cierta timidez.

—Dile a mi hermanito que es hora de irnos, es muy tarde, mañana podrá continuar con sus obligaciones —me respondió con voz suave. Asentí y fui a avisar a Edward, lo cual no fue necesario debido a que ya se estaba alistando para irse.

—Bien, Isabella, puedes retirarte —dijo en tono cordial, por lo que asentí y comencé a recoger mis cosas. — ¿Dónde está Alice? Debemos llegar a la cena en veinte minutos, no quiero oír a mamá regañándome.

—Ya viene, estaba buscando su chaqueta. Hace un frío horrible; ojalá las niñas no se enfermen, que la casa de papá es bastante fría —le comentó la señorita Anne, y se frotó a sí misma los brazos.

Realmente hacía frío. Me coloqué mi sudadera de la universidad, y ambos abrieron los ojos como platos al verme. Genial, Bella, estás despedida. Cometiste un asesinato para la moda, pensé, pero ellos se limitaron a ignorarme. Me había llamado la atención las palabras de la señorita Anne. ¿Niñas? ¿Tendría hijas, acaso? Es decir, era muy joven para ser madre.

—Lo siento, seguro que Jasper tiene mi chaqueta y Marcelo ya cerró mi armario —dijo la señorita Alice. Menuda ironía, esta era una empresa de moda y no había una simple de chaqueta en ningún lugar.

—Te vas a enfermar—le comentó la señorita Anne, comenzándose a quitar la suya. Edward la detuvo y le dio su enorme abrigo.

—Tengo uno en mi auto. Vámonos se nos hace tarde. Buenas noches, Isabella—dijo en tono cortés mirando su reloj. Salí antes que ellos, pues pensé que no sería muy cómodo compartir ascensor.

Mis jefes eran bastante extraños: en un momento se estaban peleando, pero en otro eran los hermanos perfectos. Sonreí al recordar mis momentos con Tyler, cuando lo perseguía y luego lo llenaba de cosquillas. Suspiré y una lágrima cayó por mi mejilla. Parecía que la felicidad era muy lejana para mí por ahora.

POV Edward

—Alice, quedaré ciego por tu culpa —le dije riendo y ella me miró, confusa.

— ¿Por qué lo dices, hermanito? —me preguntó con voz dulce. Anne rió y me dio un chocolate.

—Por Isabella, ¿es que acaso no la viste? —le respondió Anne atónita. Ella rió y yo le sonreí pícaramente. Era lindo cuando Alice se reía, pues normalmente nunca compartía sus sentimientos con ninguno de nosotros a excepción de mis hijas.

—Lo admito, casi me da algo al verla, pero hacía frío, es compresible —dijo aún riendo. Anne y yo rodamos los ojos, era increíble lo mucho que nos parecíamos en nuestra forma de ser.

—Hermana, eres sin duda un ángel —le dije en tono cínico y ella me sacó la lengua.

—Edward, muéstrame las fotos de mis sobrinas, no quiero llegar a la casa y que mamá me las quite —me pidió Anne con impaciencia. Por mi parte asentí y le señalé mi maletín donde estaban las últimas fotos de mis gemelas en nuestro viaje a Canadá. —Qué hermosas. Por Dios, Alice, mira qué bella mi Sophie.

—Se ven tan adorables cubiertas de nieve, Edward… Cada día que pasa están más grandes —me dijo Alice mirando las fotos con adoración, al igual que Anne. — ¿Quién aprendió a patinar más rápido?

—Sophie, fue algo impresionante, era como si estuviera bailando ballet en el hielo. Phoebe no paró de caerse, no progresó mucho, en realidad —dije sonriendo al recordar a mis nenas.

—Pero aún así ambas siguen viéndose preciosas… A propósito, ¿por qué hiciste ese viaje tan repentino? —Me preguntó Anne con leve preocupación. —Normalmente nunca dejas que las gemelas pierdan clases.

—Me llamaron del colegio de las niñas dos semanas antes de irnos. La maestra está un tanto inquieta por… —comencé a decir.

— ¿Qué hizo Phoebe? —preguntaron ambas de inmediato, haciéndome reír. Nadie superaría las travesuras de mi hija.

—Nada. En realidad, la del problema es Sophie. Desde hace un tiempo no se integra muy bien con los otros niños y está muy callada. No ha bajado en su rendimiento académico, pero es como si siempre estuviera triste —dije, frustrado. Ellas se miraron entre sí.

— ¿Le has preguntado? —me interrogó Alice, a lo que asentí

—Ella me dice que está bien, y Phoebe igual. El viaje las ayudó un poco. Quiero estar más cerca de ellas, pero no puedo dejar la revista —le expliqué.

— ¿Cuál crees que sea el motivo? —me preguntó Anne con inquietud.

—Por supuesto, una madre. Mis hijas necesitan una figura materna —le respondí con tristeza.

—Puede que sea eso, pero Edward, tú les das todo a las niñas. Tú eres su mundo, tal vez sólo quieran pasar más tiempo contigo —me dijo Alice de forma compresiva. Anne asintió.

Suspiré. Últimamente no pasaba tanto tiempo con mis hijas como me gustaría, pues tenía muchos compromisos, no sólo con la revista, sino también con mi cadena de hoteles. Por eso debía estar el mayor tiempo junto a ellas. Sophie era muy frágil, desde pequeña había sido muy tímida; Phoebe era la más fuerte, pero siempre ocultaba lo que sentía realmente.

—Gracias a ambas —les dije en tono amble. Amaba a mis hermanas, siempre podía contar con ellas, sólo que me divertía siendo el malo en el trabajo. —Este viernes lo tengo libre, me iré con las niñas a Disney y regresaremos el lunes.

—Es una excelente idea, y como sabemos que toda la semana que viene estarás ocupado por el estreno de la nueva colección de relojes, cuidaremos a las niñas desde el viernes —me dijo Alice.

—Todo resuelto, hermanito, Alice y yo pasaremos tiempo de calidad con nuestras preciosas sobrinas. Las podemos llevar al teatro o algo así —dijo Anne. Entusiasmado, asentí. Era bueno para mis gemelas tener una figura femenina cerca. Les agradecí de nuevo, pues realmente necesitaba ayuda con Sophie y no quería llevarla a un psicólogo, aunque esa había sido la recomendación de la maestra. Apenas salí del auto, mis hijas se lanzaron a mis brazos.

— ¡Papá! —gritaron al verme.

—Mis modelos hermosas —dije y besé sus frentes. Ellas rieron y se soltaron de mis brazos para abrazar a sus adoradas tías. Entramos a la casa, mis padres nos estaban esperando junto a mi hermano y a Jasper, mi cuñado.

—Hijos míos, es bueno verlos —dijo mi madre. Esme era un tanto fría porque nunca nos demostraba afecto en público. Saludé a mi padre, quien se encontraba hablando con Jasper. Él era uno de mis mejores amigos, nos habíamos conocido cuando estudiaba economía en Harvard.

—Hermanitos —dijo Emmett en tono sombrío. Alice y Anne me miraron con temor, y le indiqué a Jasper que se llevara a mis nenas.

—Princesas, vengan con el tío Jasper —dijo y tomó a mis dos hijas de las manos.

—Muy bien, ahora díganme, ¿qué le hicieron a Rosalie? —nos preguntó Emmett. Yo enarqué una ceja, Alice sonrió, incomoda, y Anne rodó los ojos.

—Emmett, te recuerdo que tu novia es mi empleada, por ende, lo que suceda en su trabajo no es asunto tuyo —le contesté lo más cortés posible. No quería tener una discusión con Emmett. Nosotros siempre habíamos estado muy unidos desde niños. Rara vez nos peleábamos y siempre que ocurría era por alguna tontería.

—Y más cuando es una víbora con patas —le dijo Anne, seria. Él nos miró con enojo y suspiró.

—No voy a pelear con ninguno, entiendo que no les caiga bien Rosalie pero me gustaría que le dieran una oportunidad —nos pidió.

No podía entender el amor irracional que sentía Emmett por Rosalie. Ella era una zorra en toda la extensión de la palabra, su personalidad era superficial, sin ninguna compasión por otra cosa que no fuera ella misma. Ella no se merecía a mi hermano.

—Sí, claro…—dijimos los tres al mismo tiempo, consiguiendo que Emmett frunciera el ceño.

—Fin de la discusión —declaré en tono autoritario. No quería terminar en una guerra, pues sabía que Anne no pararía de maldecir a Rosalie si Emmett seguía defendiéndola como una especie de ángel, y yo por mi parte no estaba seguro de no hacerlo también. Después de todo, quería que le pasara un tren por encima. Literalmente,claro.

—Bien, niños, dejen de pelear, vamos a comer. Además, yo apoyo a Emmett. Rosalie es una maravillosa chica, me recuerda tanto a mí cuando era una preciosa modelo… Obviamente yo era mucho mejor, claro está —dijo mi madre en tono presumido. Incluso podía ver sus destellos. Decidí ignorarla; Esme nunca cambiaria, su ego era aun más grande con el pasar de los años. Admiraba a mi padre por soportarla tanto tiempo.

Nos sentamos a comer, las niñas parecían un poco más animadas al tener toda la atención. Para mí era importarte su felicidad más que nada en el mundo, pues ellas eran lo mejor que me había pasado.


¡Hola! a todas. Lamento la tardanza mi beta ya me había enviado el capitulo pero se me presento una situación terrible con mi abuela y no había podido actualizar además de ello sufrí un accidente y tengo mi tobillo inmovilizado.

Gracias a todas por sus comentarios, nuevas lectoras bienvenidas.

NOTA: CHICAS POR UN TIEMPO NO VOY AH ACTUALIZAR SEGUIDO DE HECHO NO SE CUANDO VUELVA A SUBIR EL CAPITULO. YA QUE COMO MENCIONE ANTERIORMENTE MI ABUELA LA CUAL ES COMO MI MADRE LE DETECTARON UN TUMOR EN El CEREBRO QUE AFECTA SU MEMORIA. POR ESTO DEBO DEDICARME A ELLA, EL MAYOR TIEMPO POSIBLE PARA QUE SE RECUPERE ADEMAS DE ELLO NO TENGO MUCHOS ANIMOS EN ESTOS MOMENTOS.

LES PIDO QUE ME ENTIENDAN TENDRAN NOTICIAS DE MI ESPERO PRONTO EN EL FACEBOOK DE LA HISTORIA "BECA MASEN" ES EL NOMBRE O EN EL GRUPO DE Fanfiction addiction.

Gracias a todas espero que les haya gustado el capitulo nos leemos.

Gracias a mi beta Romy92 por su estupendo trabajo.

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