Después de un mes afuera Edward Cullen regresa a New York. El conocido empresario dio mucho de qué hablar en Mónaco, no sólo por sus resaltantes negocios, que sin duda aumentaron su fortuna, sino por sus encuentros con millones de modelos. Al parecer este padre está volviendo a la acción.
Luego de casi ocho años de celibato Edward regresa a la lista de galanes más codiciados.
¿Será éste un reflejo de que ya se aburrió de ser padre?, o ¿un escape para recordar su anterior vida de soltero?
Capítulo beteado por: Melina Aragón.
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Muchas gracias
POV Bella
Suspiré, éste era mi último día trabajando para la señorita Alice, me había gustado. Realmente Alice era una jefa muy dulce y amable pero demasiado hiperactiva, no podía creer lo sorprendentemente rápido que podía hablar y hacer mil cosas a la vez, en un segundo era una maestra cuando se trataba de diseñar a su vez tenía mucha creatividad para la publicidad de la revista e iba poniendo en práctica nuevas ideas, mis energías quedaban agotadas al terminar el día y ella se veía radiante.
La única que podía seguirle el paso era Anne, ella se encargaba de supervisar a las modelos y diseñar junto a Alice. A pesar de todo ya no le tenía tanto miedo a Anne, de hecho agradecía que estuviese ahí porque si no hubiese terminado como comida de modelos.
—Buenos días Bella —me saludó Alice, en tono dulce—. Me gustó mucho trabajar contigo, lo hiciste muy bien para ser una novata en el campo de la moda, Edward le pidió un informe de tu desempeño a Anne.
—Muchas gracias, a mí también me agradó trabajar con usted señorita Alice, y ¿el informe…? —pregunté con temor.
—Deja de temblar Isabella o te dará un colapso nervioso —afirmó Anne, en su particular tono—. Lo hiciste bien, por lo tanto no tengo ninguna queja de ti en mi reporte, a excepción de tu falta de presentación respecto a la ropa y el hecho de que derramaras café encima de mi hermosa blusa.
—Oh, muchas gracias señorita Anne —le dije alegre y la abrecé sin pensar, ella se quedó tiesa y me apartó de golpe.
—Sin contacto físico, aún puedo cambiar el reporte. En fin, suerte con Edward —me deseó sonriendo a medias. Ambas se fueron, la verdad es que extrañaría trabajar con ellas.
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Todo quedó en silencio cuando el señor Cullen llegó, todos los empleados estábamos firmes, literalmente, al entrar se limitó a ignorarnos, él venía acompañado por el señor Marcelo que fue el único que saludó. Respiré cuando entró a su oficina, al parecer venía de buen humor. A los pocos minutos de la salida de Marcelo, el señor Cullen me mandó a llamar, estaba algo nerviosa tenía mucho tiempo sin verlo.
—Buenos días, señor —dije en tono amable, él enarcó una ceja, tenía el reporte de Anne, lo reconocía por la carpeta negra con puntos rosa.
—Por lo que veo hiciste un buen trabajo, no tengo excusa para despedirte, sólo que soy el jefe —afirmó entre dientes, tragué en seco.
—Señor, ¿no le agrado por mi ropa o es mi persona lo que le molesta? —me atreví a preguntar. Él me miró intensamente y rió sin ánimos.
—No, Isabella, no es tu ropa, lo que realmente me incomoda, la verdad, eres tú, no logro comprender por qué te doy tanta importancia y por qué extrañamente tengo interés en lo que haces o piensas —me explicó molesto. Me sonrojé, ¿debía tomarlo como un halago?
—No sé qué decir, la verdad señor creo que el del problema es usted, que no puede comprenderse a sí mismo —dije y me regañé a mí misma, eso había sido muy tonto, él enarcó una ceja.
—Isabella no debo y no quiero ocupar mis pensamientos en ti, no eres una mujer lo suficientemente importante como para estar en mi cerebro, así que cumplirás el contrato por un año y luego desaparecerás —me exigió en tono frío, yo suspiré y asentí. De una manera u otra me sentía herida y no lo entendía, ¿por qué? Él no significaba nada para mí, sólo era mi jefe.
—¿Desea algo, señor? —le pregunté, tratando de disimular mi incomodidad.
—Sí, dentro de un momento debe estar por llegar el modelo oficial de la revista. Supongo que mis hermanas lo debieron mencionar, él es otro de los fenómenos que trabajan para mí —me dijo un poco más relajado—. Apenas llegue hazlo pasar, es un malcriado y no quiero escándalos.
—Está bien —respondí mordiéndome el labio, él frunció el ceño y movió su cabeza confundido, ¿qué le pasaría? Me hizo un gesto para que me retirara.
Suspiré al salir de ahí, me sentía extraña. Era como si me lastimara su actitud. No porque me ofendiera como profesional, porque sabía que era buena en lo que hacía, sino el hecho de no ser lo suficientemente capaz como para captar la atención de Edward. No entendía por qué tenía esa sensación, era como una masoquista, y definitivamente estaba lejos de convertirme en una y menos por mi guapo jefe.
¿Guapo, Bella?,analicé por un momento mis palabras, había dicho que mi odioso jefe era guapo. No voy a mentir, él era un monumento de hombre pero nunca pensé que llegaría a atraerme. No, él no me atraía para nada, era sólo el impacto de sus palabras que lograba confundirme.
Dejé de pensar y me concentré en hacer mi trabajo, pronto tenía que llegar el modelo y debía estar preparada, aún mi escudo antimodelos no estaba listo. Levanté mi vista al oír a Jessica reírse junto con Lauren, una de las publicistas, no me caía muy bien, era bastante antipática.
Pude alcanzar a escuchar que estaban hablando del dichoso modelo, al parecer era toda una sensación.
—Oye… tú, ¿me estás escuchando? ¿Dónde está Edward? —dijo una voz con un ligero tono chillón, sacándome de mis pensamientos. Levanté mis ojos y acomodé mis anteojos, era el modelo alto, moreno, con cuerpo de infarto y sonrisa Colgate.
—Buenos días, usted debe ser el modelo, el señor Cullen lo está esperando —le respondí en tono profesional.
—¿Quién eres tú? —me preguntó con voz bastante creída. Respiré, ya empezaba la acción.
—Bella Swan, asistente del señor Cullen —dije seria. Él levantó un poco sus lentes de sol e hizo una mueca.
—Las modelos no mentían, eres la cosa más fea que he visto. ¿De dónde eres? —me preguntó, paseó su mirada sobre mí con desprecio. Rodé mis ojos y traté de controlar mi ira pero fue imposible.
—Y, sin duda, el señor Cullen no exageraba, usted es otro de los fenómenos que hacen que esto se vuelva un circo —le dije molesta. Él me miró sorprendido, una carcajada retumbó en el lugar, creo que a Edward le había gustado mi comentario.
—No perderé mi tiempo contigo ¡fea!, tengo muchas cosas que hacer —afirmó y se fue caminando con gracia, de seguro era otro gay.
Estúpido Jacob…
POV Edward
No podía parar de reírme, Isabella era todo un caso. Me agradaba un poco la chica, tenía carácter, definitivamente era bipolar y me caía aún mejor que insultara al pesado de Jacob, a veces era realmente idiota.
—¡Eddie!, es bueno verte —dijo interrumpiendo la paz y tranquilidad de mi oficina.
—Jacob, desgraciadamente no puedo decir lo mismo —respondí de forma arrogante, él torció los ojos.
—Sabes que me amas, soy tu modelo preferido —comentó con seguridad, yo enarqué una ceja.
—No te aumentaré el sueldo Jacob, ahora vete a trabajar, Alice ya tiene tu ropa. ¡Largo! —le dije y le señalé la puerta.
—Que amargado eres, Eddie —contestó haciendo una mueca de fastidio, y se fue. Suspiré, no odiaba a mi personal pero tampoco eran de mi agrado, era mi forma de ver las cosas.
Hice un par de llamadas y luego le eché una ojeada a la agenda, Bella había hecho un estupendo trabajo, al menos era eficiente. Aunque no podía negar que tenía un currículo increíble. Llamé al colegio de las niñas para saber cómo estaban, siempre me preocupaba por su seguridad, eran lo más importante de mi vida.
—Señor Cullen tiene una persona que lo quiere ver —dijo Bella entrando a mi oficina. Me paré automáticamente, ella se sorprendió, creo que le tenía miedo a mi altura.
—¿Quién? —pregunté, no esperaba a nadie y la única que hacía visitas sorpresas era mi madre, aunque ella estaba de viaje.
—Una tal señorita Gianna —me respondió, rodé mis ojos, demonios tenía que aparecer justo ahora.
—Dile que no estoy —le pedí restándole importancia. Ella asintió. A los pocos segundos la puerta se abrió.
—¡No estás!, ese es un truco muy viejo Edward —me dijo Gianna, obviamente molesta. Se veía preciosa con sus hermosos cabellos rubios y su traje color champagne.
—¿No te gustaron las flores y el collar, preciosa? —le pregunté pícaramente, ella me miró seria y sólo sentí como su mano se estampó en mi mejilla.
—Claro idiota, sólo que no eran para mí sino para una tal Lucy —me reclamó, maldije mentalmente. No me había dado cuenta que la puerta estaba abierta y éramos el centro de atención de todos, incluyendo a mis hermanas, ambas me lanzaban miradas asesinas.
Respiré y sonreí de otra forma, amaba el escándalo, no era un playboy por obligación, lo era porque me gustaba. Las únicas mujeres que eran importantes para mí eran mis hijas. Aunque sabía que éste no era precisamente un buen ejemplo para ellas.
—Gianna calma, todo fue un error. ¿Qué te parece si nos vemos el sábado por la noche? —le dije usando mi mejor tono de seductor. Ella bufó.
—No soy tan idiota Edward, creía que lo nuestro era serio, me estabas engañando —respondió llorando. Suspiré, esto me estaba comenzando a fastidiar.
—Siempre… —contesté sin pensar. Sentí otro golpe en mi mejilla.
—Eres un idiota, no te volveré a ver más nunca —afirmó en un mar de lágrimas y se fue. Demonios, la extrañaría, tenía un trasero de infarto. Todos me miraban sorprendidos, normalmente nunca tenía escándalos en mi oficina.
—¡Se acabó el espectáculo, a trabajar! —grité serio en tono amenazante. Mis hermanas entraron a la oficina seguidas por Jacob, el cual tenía una sonrisa de oreja a oreja, ¿qué diablos le pasaba?
—Edward eres un cínico pero te admiro —me dijo, le sonreí y chocamos los puños como cuando éramos jóvenes, mis hermanas rodaron los ojos.
—¿Cómo puedes admirarlo? Es un imbécil —aseguró Anne molesta, no quería regaños de mis moralistas hermanas y la mayoría serían de Alice.
—Jacob no deberías seguir su ejemplo, si quieres que Renesmee te dé la hora al menos, ella odia a los playboy —le aconsejó Alice, su sonrisa se borró.
—Es tan hermosa, cada vez que la veo me enamoro más, ella ni siquiera nota que existo, sólo tiene ojos para su dichoso italiano —dijo molesto. Me reí, Jacob llevaba detrás de Renesmee casi un año y ésta ni siquiera sabía que existía—. Odio a los italianos, deberían morir todos.
—¡Cállate! —exclamaron mis hermanas dándole golpes. Sonreí, mis hermanas amaban a sus italianos, Alice estaba casada con uno y Anne tenía una especie de relación con otro idiota.
—Lo siento, se me olvidaba que son devotas. Sobre todo tú, Anne, ruegas por matrimonio y Alice deja plantado al novio para casarse con otro —dijo en tono sarcástico, lo miré serio esto era lo malo de Jacob, siempre hablaba de más. Iba a meterle un buen golpe pero no fue necesario, ya que ambas le habían partido el labio, las clases de artes marciales de Alice y los instintos asesinos de Anne eran una combinación peligrosa.
—Una sola palabra y vas directo al hospital Jacob —le advirtió Alice molesta.
—O al cementerio —continuó Anne entre dientes.
Les ordené a todos que hicieran silencio, no tenía tiempo para líos amorosos actuales y pasados, ahora lo importante era terminar el dichoso comercial del perfume antes de que Rosalie llegara y esto se volviera un infierno. Aún me preguntaba por qué no la había despedido. Era un ser tan insoportable… Por la misma razón que no has despedido a Jacob, merespondí.
—Ahora Edward, dime, ¿qué es esa cosa que tienes por asistente? Casi muero de un infarto al verla —dijo Jacob haciendo una mueca, yo reí.
—Es una especie sin descubrir —respondí en tono bromista, ambos reímos.
—Debería llevarla a los laboratorios así pueden hacer experimentos con ella —bromeó Jacob, ganándose un golpe de Alice en su cabeza—. Y ¿ahora qué hice?
—Hermano tú no aprendiste con lo de hace un rato, "Gianna", y tú deja a Bella, es una maravillosa persona —nos regañó Alice. Ambos bufamos y la ignoramos, no quería otro discurso sobre "el buen trato" de mi adorable hermana.
—Nosotras nos vamos, esta habitación apesta a testosterona —afirmó Anne rodando los ojos y acomodando su cabello. Luego ambas se fueron, no de muy buen humor. Ellas eran bastante delicadas cuando se trataba de sus vidas amorosas.
—Jacob te recomiendo y te ordeno que no toques más el tema del matrimonio de Alice, ella está casada con Jasper y punto, lo que ocurrió en el pasado con su anterior esposo no es tu problema —le dije serio, en tono de advertencia—. Y en lo que respecta a Anne mucho menos es de tu incumbencia.
—Relájate Edward, sólo bromeaba —respondió en tono de fastidio.
Suspiré. Jacob era el tipo de personas que le dabas la mano y pretendía agarrarse del brazo, ese siempre había sido un problema que afectaba nuestra amistad, yo era demasiado reservado con mis cosas y él constantemente quería saber de más.
—Jacob debo irme, y tú, si mal no recuerdo, tienes trabajo —le dije mirando el reloj, él asintió y se despidió.
Era hora del almuerzo y, como era de esperarse, mis hermanas se habían ido, debido a lo ocurrido, y habían arrastrado a Marcelo con ellas, pequeñas brujas vengativas. No era que me molestara comer solo, pero no me agradaba. Una idea cruzó por mi cabeza: "Isabella".¿Por qué no la invitaba a comer? Sería algo nuevo para variar mi rutina.
—Isabella —la llamé.
—¿Se le ofrece algo señor Cullen? —dijo en tono monótono.
—Te invito a comer, y no hay discusión —le respondí sonriendo, ella me miró con extrema confusión.
—¿Cuál es el chiste, señor? —me preguntó un tanto molesta. Bueno, era normal su reacción, después de todo nosotros no teníamos la mejor relación.
—Ninguno, te invito a comer porque odio comer solo, y ya deberíamos irnos, se hace tarde —dije rápidamente, mientras tomaba sus cosas y las mías, arrastrándola fuera de la revista.
El trayecto estuvo bastante tranquilo, ninguno de los dos habló, la verdad es que no tenía idea de qué podía conversar con mi asistente, no era mi tipo y, si lo fuera, lo menos que estaría haciendo sería charlar con ella, sino otro tipo de entretenimiento.
—¿Comida italiana? —me cuestionó enarcando una ceja, me encogí de hombros restándole importancia—. Esto es muy incómodo —me dijo mientras veía el menú.
—Un poco, ¿ya decidiste qué vas a pedir? —le pregunté, al ver que llegaba el camarero.
—Ravioles en cesta —dijo rápidamente. Ordené también mi plato y pedí una botella de vino para hacer un tanto más cómoda la velada. Luego todo volvió a estar en silencio—. Y… ¿Cómo estás? —le pregunté.
—Bien, supongo, ¿y usted? —me devolvió la pregunta. Su trato me hacía sentir como un anciano.
—Igual… bueno ya que es evidente que ninguno encuentra nada de qué hablar, podrías dejar de mirarme como si fuera un vampiro que quiere tomar tu sangre o algo por el estilo —le pedí en tono frío, ella frunció el ceño.
—No creo que tengamos temas en común —afirmó y yo asentí, era una teoría muy probable—. Pero si quiere que hablemos deberíamos empezar por algo básico.
—Buen punto. ¿De dónde eres? No pareces conocer mucho New York —le pregunté.
—Soy de Forks, Washington —me contestó, asentí, sabía que era un pequeño pueblo. La plática trascurrió de manera tranquila. Había descubierto que Isabella no era tan extraña como parecía, sólo vestía mal, aunque para mí eso era un defecto muy resaltante.
Terminamos de comer y nos fuimos de nuevo a la revista. De camino le invité un helado, me la estaba pasando bien a pesar que a veces teníamos incómodos silencios.
—Espero que te haya gustado el almuerzo —le dije al llegar a la revista, ella me sonrió a medias. Se notaba muy incómoda.
—Sí, muchas gracias —me contestó en tono dulce. Miré de nuevo mi reloj, debía irme temprano si quería darle una sorpresa a mis modelos. Me despedí de Isabella y me fui a mi casa para preparar todo para cuando llegaran las gemelas de sus clases de música.
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Me escondí en mi habitación mientras que las gemelas llegaron y se acomodaron, ellas no tenían idea de que regresaría hoy.
—Phoebe recuerda que hoy haremos panqueques con Sue. ¡No debes quedarte dormida como la última vez! —le decía mi hija a su hermana en tono de regaño.
—Tenía mucho... mucho… mucho sueño —respondió Phoebe, con énfasis. Escuché como ambas abrían la puerta de sus cuartos, seguido de sus gritos de sorpresa al ver las enormes cajas de regalos regadas por toda su habitación.
—¿Les gustó mi sorpresa? —les dije, ellas voltearon de golpe.
—¡Papá! —gritaron ambas y se lanzaron a mis brazos llenándome de besos.
—Mis modelos hermosas, las extrañé mucho —afirmé abrazándolas más fuerte.
—No vuelvas a irte nunca, papi —me pidió Sophie, casi llorando.
—Por favor, te extrañamos mucho —siguió su hermana y se apretó más a mí.
—Yo también las extrañé… las amo, mis tesoros —les dije y besé a cada una sus cabellos—. Vamos a ver qué les compró papá a sus princesas.
El resto de la tarde las niñas se la pasaron abriendo los regalos que les había comprado, se encontraron con todo tipo cosas: ropa, juguetes, equipos electrónicos, cuentos, entre otras cosas. Luego de eso las llevé a comer al restaurant de Emmett donde les tenía preparado otra sorpresa por parte de su tío, que era su pastel favorito en forma de sus muñecas preferidas las moster high.
Mis niñas no podían estar más felices, decidí que mañana no iría a la oficina y ellas tampoco a la escuela. Por suerte era viernes así que no perderían muchos días de clases. Tenía planeado llevarlas a la playa en Los Ángeles y pasar todo el fin de semana. Tenía una linda mansión en Beverly Hills.
Sonreí al verlas dormir a ambas, se habían quedado dormidas en mi cama, se veían hermosas. Era afortunado de tenerlas, no pedía más, sólo poder disfrutarlas todo el resto de mi vida.
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La habitación era blanca, sólo se podía percibir el olor a antibióticos, todo el lugar estaba desierto, sólo estaba ella… Una repentina luz se asomó por la puerta y vio a la única persona que había visto desde que había despertado.
—Hola hermosa, ¿cómo estás? —le dijo mientras acariciaba sus cabellos, ella lo miró con sus ojos color azul profundo, aún no podía hablar, le costaba—. Supongo que bien, hoy no has tenido ninguna recaída —siguió diciendo, ella trató de sonreír—. Mira lo que te traje, como te prometí —le dijo él de nuevo, y sacó una revista donde aparecían dos niñas idénticas… sus niñas—. Tienen tu cabello, además tu sonrisa.
—Mis niñas… —logró decir con dificultad, recordaba todo, eran ellas, sus niñas.
—¿Quieres saber sus nombres? —le preguntó, ella asintió acariciando con emoción el rostro de ambas en la revista—. Phoebe y Sophie Cullen.
¡Hola! A todas de nuevo
Creo que esto nadie se los esperaba verdad… alguna idea? No pude evitar sacar mi vena de misterio en esta historia.
Gracias por los reviews :) a las chicas que se ofrecieron como beta el capítulo está dedicado a ustedes muchas gracias.
Nos leemos pronto.
Llegamos a los 500?
