Edward Cullen vuelve a ser un rompecorazones.

Luego de su aparición, en la fiesta de Tiffany con su hermosa asistente, se lo vio muy a gusto con una modelo británica.

Al parecer, este padre aún no planea acabar con su soltería, pues se rumorea que dicha modelo no es una pareja oficial. Según nuestras fuentes, se los ha visto juntos en varias ocasiones, pero han sido discretos.

¿Será esta la nueva mamá de las gemelas Cullen o sólo otra de las candidatas a la lista?


Capítulo beteado por: Melina Aragón.

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Muchas gracias


POV Bella

Apenas sentía el aire en mis pulmones cuando llegué al escritorio. Había salido media hora tarde, ni siquiera había tenido tiempo para peinarme y verme en el espejo, estaba segura de que estaba hecha un desastre y no era para menos, me levanté sumamente tarde. Todo mi intento, de sentirme y lucir como una secretaria ejecutiva en el día de hoy, se había esfumado.

—Buenos días, señor Cullen, aquí está su café —dije algo nerviosa, él me miró enarcando una ceja y observó su reloj, era mujer muerta—. Lo siento mucho, es que me he quedado dormida.

—No te pedí explicaciones, Isabella, sólo trata que no se vuelva a repetir, son las nueve, tu horario de entrada es a las ocho de la mañana, que quede claro. Ahora retírate —sentenció en tono molesto, apenas pude asentir y me fui, tratando de contener las lágrimas.

Entré al baño, y enjuagué mi rostro, acomodé un poco mi cabello junto con la ropa, y traté de sonreír, no quería demostrar lástima. Salí y saludé a Jessica, ella me devolvió el saludo de forma gentil.

Me senté en mi escritorio, tomé un poco de café, estaba algo frío pero igual me apetecía, no había desayunado, así que tendría que esperar hasta el almuerzo. Comencé a realizar el trabajo pendiente, como era costumbre, ordenar las agendas, transcribir algunos documentos y pasar llamadas.

Odiaba los cambios de humor del señor Cullen, ayer me trataba como una de sus mejores amigas y hoy, otra vez, me hacía sentir una basura. Era impresionante, él podía cambiar de actitud de un instante a otro, sólo porque hoy no lucía como él quería: como un intento de modelo.

Podía tener un guardarropa nuevo, pero nunca la vieja Bella desaparecía del todo, y definitivamente se hacía presente en los días que me quedaba dormida, no tenía idea de qué demonios debía ponerme. No iba a cambiar mi forma de ser por complacer a mi jefe, si no le gustaba como era o me vestía, era su jodido problema.

—Hola Bella, es bueno verte de nuevo —saludó una voz bastante familiar, sacándome de mis pensamientos.

—Emmett, me alegro de verte de nuevo, también. —Le sonreí, él me dio un gran abrazo de oso—. No puedo respirar.

—Lo siento —pidió disculpas, haciéndome sonrojar.

—Supongo que buscas a tus hermanos o a la señorita Rosalie —comenté. Él negó rápidamente.

—No, te venía a invitar a comer a ti, si no tienes planes —interrogó en tono amable. Me sorprendió mucho su invitación, Emmett me había caído bastante bien y teníamos mucho en común, no entendía cómo alguien tan dulce como él podía ser novio de la bruja del norte.

—Me encantaría —acepté, en tono dulce—. En una hora salgo.

—Perfecto. Iré a ver si mi Rose está, hablaré con Edward y luego nos vamos —declaró y se fue.

La verdad era que con Emmett nos habíamos hecho amigos luego de la cena, habíamos conversado bastante y teníamos mucho en común: a ambos nos gustaba cocinar, además de los deportes, aunque no era muy buena en ellos, pero me gustaba verlos. El fin de semana, luego de la cena, habíamos ido a un partido de básquetbol, me había divertido mucho.

Suspiré, ¿por qué mi jefe no era Emmett? Por lo menos, ir a trabajar todos los días no sería una odisea.

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POV Edward

—Hola, hermano, ¿cómo has estado? —me preguntó Emmett, cuando entró a mi oficina sin golpear, enarqué una ceja, ¿por qué toda mi familia, incluyendo a mis hijas, no tocaban la puerta antes de entrar? Era uno de los defectos que más odiaba.

—Perfecto, ¿se te ofrece algo? —interrogué rápidamente, no quería ser descortés, pero tenía una junta con unos publicistas en menos de media hora.

—No cambias, Cullen —aseguró riendo entre dientes—. Vengo a decirte que me llevaré a tu adorable asistente a comer —acotó divertido, me sorprendí, creo que había escuchado mal o dijo asistente.

—No recuerdo que Rosalie fuera mi asistente —le dije, él negó.

—¿Yo dije Rosalie?, hablo de Bella —afirmó riendo. ¿Isabella?, ¿desde cuándo Emmett conocía a Isabella?

—¿La conoces? —le pregunté confundido.

—Sí, la llevé a su casa luego de la cena de Tiffany, después la invité a tomar algo y al juego de básquet, fue genial y es una muy buena cocinera, la engañe para que fuera a mi casa con una apuesta y tuvo que preparar pizza casera… —él seguía hablando, pero lo interrumpí.

—¿Te acostaste con mi asistente? O mejor dicho, ¿engañaste a Rosalie con Isabella?

—¡No, claro que no!, jamás engañaría a Rose, yo la amo, Bella es una buena amiga, no seas tan mal pensado, a diferencia de ti, siempre he sido estable y monógamo —respondió con cierta molestia.

—No voy a discutir contigo acerca de eso, y respecto a Isabella es tu problema no el mío —aseguré en tono cortante.

—Me voy, debo ver a Rose. Nos vemos hermano, llámame cuando estés menos amargado. —No odiaba a mi hermano, pero él me sacaba de quicio, prefería tratar con mis hermanas, Emmett era muy niño gracias a sus ridículas bromas.

No me molestaba su supuesta amistad con Isabella, pero eso no se refería a que no podía fastidiarlo, sólo un poco. Ella no me importaba en absoluto, era mi asistente y no cumplía con los requisitos que exigía, además no era mi tipo, prefería a las pelirrojas con busto, o en su defecto a las rubias y, gracias al cielo, Isabella no era para nada lo que buscaba. Saqué mi teléfono, haría una llamada, que me ayudaría en mi pequeña travesura.

—Rosalie, Emmett te manda a decir que no comerá contigo hoy, parece que prefiere la compañía de Isabella, mejor suerte para la próxima, hasta luego —saludé en tono chocante, y tranqué, escuché como pegaba un grito de rabia.

No pude evitar sonreír, Rosalie era bastante celosa cuando se lo proponía, aunque en mi opinión ella no tenía derecho a reclamar y exigir nada, ella se la pasaba posando con hombres famosos para llamar la atención.

Salí de mi oficina y una sonrisa se esparció por mi rostro al escuchar los gritos de cierta diva malcriada.

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POV Bella

—Así que… ¿Junior Master Chef? —pregunté sorprendida, mientras bebía un poco de vino.

—Campeón, tres veces, fue mi momento, ¡mi éxito! —gritó, con emoción—. Trabajé con los mejores chef del mundo, hasta que decidí abrir mi propio restaurant.

—Fue lo mejor, tu comida es fantástica —acoté, él me agradeció—. Gracias por todo, pero, ya se está haciendo tarde —le dije mirando mi reloj, quería quedarme pero si llegaba tarde, posiblemente, mi jefe me echaría.

—Te llevo, no te preocupes —indicó, en tono tranquilo.

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—Gracias, de nuevo —repetí el agradecimiento, cuando habíamos llegado.

—Fue un placer, deberíamos hacerlo más seguido, ¿qué te parece si todos los miércoles almorzamos juntos? —planteó, asentí sonriendo—. Perfecto y no olvides, este domingo en mi casa, jugaremos cartas.

—Llevaré las cervezas —acepté emocionada. Me despedí de Emmett, y regresé a la revista.

—¡Torpe! —Un grito me trajo de vuelta, cuando entré a mi oficina, era Rosalie y se veía muy molesta.

—Rosalie, ¿te puedo ayudar en algo? —interrogué de forma muy cordial, ella me sonrió de manera cínica.

—No te hagas la inocente, Isabella, sé que almorzaste con mi novio e hiciste que me dejara plantada —reclamó furiosa, tragué en seco, esto no iba bien—. Sólo quiero que entiendas algo fea, tú no eres rival para mí, así que no te ilusiones mucho, Emmett jamás pondría los ojos en algo como tú.

—¿Es todo? —le pregunté, restándole importancia, ella asintió—. Bien, entonces retírate de mi oficina por favor, tengo mucho trabajo —dije, indicándole la puerta, ella me lanzó una mirada envenenada y se fue.

Suspiré más tranquila, no había sido tan malo, al menos Rosalie no me había atacado. No era que le tuviera miedo, bueno sí, le tenía pánico, después de todo ella era mucho más alta que yo y tenía unas uñas de gata que podía traspasarme la piel.

Seguí con mi trabajo, sólo quería que el día se terminara pronto, para mi consuelo era miércoles, así que aún me quedaban dos infernales jornadas laborales.

—Buenos días, señorita, ¿puede ayudarme? —me preguntó, era un hombre bastante peculiar. Tenía un hermoso cabello rubio, algo despeinado, vestía un elegante traje y usaba unos anteojos aún más grandes que los míos.

—Claro señor, ¿qué desea? —indagué en tono amable. Me caía bien, era bueno ver a alguien con estilo "nerd" por aquí.

—Busco a Alice Cullen, su asistente Jessica no está y en su oficina tampoco la pude encontrar, ¿sabe dónde la ubico? —interrogó con tono preocupado.

—Está en el estudio de modas, con la señorita Anne, lo llevaré, por favor sígame —respondí de inmediato, él me agradeció.

¿Quién sería? Era muy extraño que esta clase de persona buscara a Alice, no lo decía en mal sentido ni algo por el estilo, sino que este hombre no se dejaba ver como un modelo, ni nada que se pareciera a lo que pasaba por esta revista, después de todo, el único bicho raro era yo.

—Es usted la asistente de Edward, ¿verdad? —preguntó casualmente, asentí. Él me dio una mirada de compasión.

—No es agradable, pero peor es nada —comenté sin humor—. Llegamos, la señorita Alice, debe estar por aquí. —Él me sonrió, pasábamos por toda la parte donde las modelos se cambiaban, era demasiado incómodo verlas semidesnudas, ellas no tenían mucho pudor que se diga, pero el extraño visitante no parecía interesado en lo más mínimo.

—¡Jasper! —gritó una voz, volteé a ver quién era, se trataba de la señorita Alice abrazando al hombre, ahora mejor conocido como Jasper—. Lo siento, cariño, me he entretenido aquí y se me ha olvidado la hora —le dijo apenada, él le sonrió y le acarició la mejilla.

¡Un momento!, ese era el esposo de la señorita, ahora recordaba las palabras de Ángela: "el primer esposo de la señorita Alice debía ser un modelo o algo así, porque el tal Jasper no es para nada feo, pero eso no le quita su apariencia de chico de The Big Bang Theory."

—No te preocupes, cielo —comentó él, muy nervioso, se veían tan dulces—. Esta señorita, me ha ayudado —le dijo, señalándome. La hermana de mi jefe me miró y me dedicó una sonrisa.

—Gracias Bella, pero que descortés soy, Bella él es mi esposo, Jasper Whitlock, ella es la nueva asistente de mi hermano —nos presentó.

—Un placer, señor. —Él me devolvió el saludo—. Si no les molesta, me retiro, debo terminar mi trabajo —les informé pidiendo disculpas.

Volví a mi trabajo, tenía millones de cosas que hacer, pronto comenzaría la famosa Semana de la Moda, y todo era un caos. Además de eso, la revista tendría un evento burlesco, y aún no estaban listos los trajes de las modelos.

—¡Isabella! —me llamó Anne muy bajito, suspiré, hoy era el día de las interrupciones, por suerte Edward no había salido de su oficina—. ¿Llegó Jasper? —preguntó, asentí—. Por casualidad, ¿no venía con alguien?

—No, venía solo y está abajo con la señorita —respondí, ella bufó y se fue. Eso había sido extraño, más de lo normal. Luego de unas horas, logré terminar mi trabajo, ya quedaba poco para irme.

—Isabella, quiero que consigas dos boletos de avión para Abu Dabi, para esta noche en primera clase, debo mandar a dos publicistas —ordenó el señor Cullen, ¡imbécil!, un boleto de avión era fácil, pero hacia Abu Dabi, era lo difícil, no era uno sino tres días, como mínimo, para llegar—. Otra cosa, mañana busca mi ropa en la tintorería y ve a la librería y compra estas cosas —añadió, extendiéndome una gran lista—. Pasa luego por Dior, tienen unos pedidos para mí —siguió hablando, dándome un montón de órdenes—. Tienes una hora, por cierto, tráeme un café, procura que no esté frío.

Quería matarlo, todo el bendito día no me dijo nada, y ahora pretendía que resuelva todo en una hora. Respiré y tomé mi bolso, debía irme ahora y empezar a llamar al aeropuerto y volverme la mujer maravilla, llegar a todos los lugares, justo a tiempo.

Agotada, cansada, sin vida, eran simples adjetivos que utilizaba para describir cómo me sentía, había logrado todo, pero aún así, mi cuerpo no valía nada. Bostecé involuntariamente, tenía mucho sueño. Mañana sería mucho peor algo me lo decía.

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El día siguiente había sido muchísimo peor de lo que alguna vez pude imaginarme, las cosas estaban un poco tensas en la oficina, no había visto a la señorita Anne, al parecer se había ido, y la señorita Alice parecía molesta, pero lo disimulaba muy bien. Por otra parte, Edward estaba más insoportable que de costumbre.

—Esta vez duró más tiempo su estadía que las primeras visitas —dijo Jessica en tono malicioso, la miré sin entender—. Isabella, llevas trabajando tres meses aquí y aún no entiendes nada… me refiero a Anne.

—¿La señorita Anne regresó a Paris? —le pregunté sin entender, ella negó.

—No, pero no tardará en hacerlo, eso es seguro. Está de viaje, con Rosalía la razón por la que volverá a Anne a Paris es porque no aguantara el escandalo—susurró. La miré más confusa que al principio de nuestra charla, y ella sólo bufó—. O eres muy lenta o sin duda eres inocente. No oyes los rumores, todo mundo está hablando de su "perfecta relación"

—Jessica, no deberíamos opinar, ella tienen su problema—le dije, ella bufó y se fue.

No quería seguir hablando del tema, no era de mi incumbencia tratar asuntos que no eran míos, más si se trataba de mis jefes. Seguí trabajando, hasta que el señor Cullen me volvió a llamar, respiré y recé para que no fuera algo que implicara buscar un tesoro perdido, o algo por el estilo.

—Señor, ¿se le ofrece algo? —pregunté, él se veía preocupado.

—Isabella, necesito que busques a mis hijas, tengo una reunión con unos diseñadores, y debo ver unos detalles para la portada de la revista —me dijo, en tono cansado.

Estaba segura de haber oído mal, ¿hijas? ¿El señor Cullen tenía hijas? Era absurdo, no podía creer que alguien tan frío, cruel, odioso y antipático, fuera padre y menos de dos niñas.

—¿Usted tiene hijas? —interrogué en tono incrédulo, él enarcó una ceja.

—Dos hermosas gemelas, para ser exactos, de ocho años casi nueve, tengo más de cinco fotos en mi oficina —me dijo tajante, y señaló las fotografías. Nunca había detallado la oficina de Edward.

—No lo sabía… ¿dónde las tengo que pasar a buscar? —le pregunté aún sorprendida.

—El chofer te llevará, antes Isabella quiero aclararte algo, tienes prohibido respirar, tocar, mirar e incluso hablar cerca de mis hijas, ellas son muy delicadas, ¿está claro? Si llego a ver un solo rasguño, serás responsable, ahora retírate —amenazó. Me quedé en shock, sólo pude asentir.

Me subí a la limusina, nerviosa, seguro las niñas eran unas mocosas malcriadas y egocéntricas, acostumbradas a llorar por todo y a pedir todo lo que quisieran, esto sería bastante estresante. Ahora todo parecía tener más sentido, por eso Edward me mandaba constantemente a la librería o a las tiendas de dulces, él siempre les llevaba algo a sus hijas, además de los viajes a Disney.

El chofer me indicó que habíamos llegado, me bajé y saqué de mi bolso una bufanda, me cubrí toda la cara con ella, sólo dejé un poco de los ojos sin cubrir. Por más tonto que pareciera, cumpliría las instrucciones del señor Cullen al pie de la letra.

La casa o mejor dicho la mansión, era bastante hermosa, tenía muchos jardines y una linda piscina. Toqué el timbre y oí un grito alertando el recibimiento, la puerta se abrió y de forma automática me sentí nerviosa.

¡Por Dios!, eran sólo dos niñas, las cuales tenían un padre que podía asesinarme y hacer que parezca un accidente.

—Hola, soy Bella, la asistente de su padre —dije al entrar, oí unas risas, seguidas por unas voces, me volteé y encontré a dos niñas hermosas que me miraban con curiosidad.


Hola mil disculpas por la demora de verdad el capítulo estaba listo desde hace tiempo hubo algunos problemas con el beteo.

Aquí esta lo que todos esperaban ya Bella conoció a las ¡gemelas!

Gracias a todas por sus comentario, las chicas que no han agregado al grupo de Facebook por avísenme para agregarlas.

Nos leemos pronto