La nueva niñera de las gemelas Cullen.

Asistente, niñera, esta hermosa señorita al parecer es todo un misterio, y cambia de profesiones en un segundo. Esa chica, ahora ocupa el puesto de niñera de las gemelas Cullen. Lo más sorprendente de ello es como las gemelas se han encariñado con ella. Según nuestras fuentes, tienen una relación bastante dulce y amorosa, lo que nos deja muy sorprendidos ya que las princesas son un tanto difíciles.

Esperemos ver qué sorpresas nos trae esta nueva chica y su relación con las gemelas.


Capítulo beteado por: Melina Aragón.

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Muchas gracias


—Hola, soy Bella, la asistente de su padre —dije al entrar. Oí unas risas, seguidas por unas voces, volteé y me encontré con dos niñas hermosas que me miraban con curiosidad.

"Son las hijas de mi jefe", fue lo primero que pensé al verlas, no sólo por el parecido bastante notable que ambas compartían, el mismo color de ojos y ciertas facciones del rostro, sino por el hecho de que sus ropas parecían sacadas de una revista de moda para niños, se veían perfectas, incluso su cabello color rubio fresa era una de las características más resaltantes de ellas.

"Buenos genes" pensé, mi jefe era un hombre muy guapo, pero la madre de estas niñas debía ser una modelo o una actriz.

—Hola, ¿no hablas? —me preguntó una de ellas, enarcando una ceja. Temblé ante el gesto conocido, lo hacía igual que su padre, incluso se veía igual de atemorizante en ella.

—Lo siento, mi nombre es Bella y soy la asistente de su padre, un placer conocerlas señoritas Cullen —saludé dándoles una sonrisa, ellas se miraron.

—Un placer, Bella, mi nombre es Phoebe y ella es mi hermana Sophie —se presentó, mientras que su hermana se limitó a asentir con la cabeza.

—Encantada de conocerlas. —Las observé preocupada, ellas aún seguían mirándome como si me estuvieran estudiando, suspiré sólo esperaba que no tuvieran la misma fobia al mal vestir que su padre y sus tías—. Señoritas, debo llevarlas a comer, ¿tienen todo listo? —les pregunté.

—Claro, luego de eso iremos a nuestras clases, espero que sepas hacer peinados pues tanto mi hermana como yo necesitamos estar perfectas —acotó Phoebe con voz petulante y me dio su bolso color rosa de princesas, parecía una cartera, iba a tomar el de Sophie pero ella negó y me sonrió.

Al menos una de ellas era más amable que la otra. El chofer nos llevó al restaurante de Emmett pues así lo había ordenado Edward. Reparé en que Phoebe se había puesto unos lentes de sol color blancos y caminaba exactamente igual que ¡Anne!, incluso no había querido que tomara su mano para llegar al restaurante.

—¿Quieres caminar junto a tu hermana? —le pregunté a Sophie, ella negó, tomó mi mano y me sonrió tiernamente—. Está bien, vamos —le dije, ella sólo se limitó a asentir. Nos sentamos en uno de los sectores privados del lugar, las niñas parecían estar acostumbradas al ambiente, era de esperarse, el restaurante pertenecía a su tío.

—Bella, ¿cuántos años tienes? —interrogó Phoebe, mientras leía el menú—. Mi hermana y yo tenemos ocho, cumpliremos nueve en tres meses.

—Veintiséis —contesté en tono dulce—. ¿Ya decidieron qué quieren comer? —les pregunté, ellas asintieron. Pedimos la comida, para mi mala suerte Emmett no estaba, tenía la esperanza que me diera unos consejos con respecto a sus sobrinas

En el poco tiempo que llevábamos juntas, me había dado cuenta de lo opuestas que eran ambas. Phoebe era una copia idéntica de su padre y de su tía Anne, era bastante extrovertida, pues había saludado a todos los camareros y sabía sus nombres, además de ello detallaba a todo el que pasaba, y enarcaba una ceja a lo que no le parecía adecuado.

Por otra parte Sophie me recordaba un poco a la señorita Alice, ella era un tanto más dulce, sonreía y saludaba de una manera más discreta, pero la mayor parte del tiempo estuvo callada y prefería conversar conmigo o sencillamente distraer a su hermana.

—Bella, mi hermana y yo tenemos clases de baile —me comentó Phoebe una vez que llegamos a la academia—. Sophie baila ballet y yo danzas contemporáneas, es decir, practico un poco de cada cosa —explicó.

—Está bien, ¿quieres que te peine primero? —le pregunté, ella negó.

—Mi hermana primero, puede que te tardes más —me dijo en tono dulce. Ahí me di cuenta que Phoebe protegía mucho a Sophie, por eso siempre le daba prioridad a todo lo que se refería a ella. Agradecí mentalmente a Rebeca por haberme enseñado a hacer todo tipo de peinados, pues en estos momentos era muy útil. Sophie llevaba el típico peinado de las bailarinas de ballet, un moño bajo recogido, ella tenía el cabello mucho más largo que su hermana.

A Phoebe sólo debía recogerle el cabello, así que le hice una cola alta y unas pequeñas trenzas en ella, lo que pareció encantarle ya que me pidió que le tomara una foto y me abrazó de una manera inesperada. Al terminar la clase las niñas se sentían un poco más cómodas conmigo, ya que Phoebe había accedido a tomar mi mano, pero sólo por momentos cortos y Sophie hablaba un poco más.

—Niñas, ¿qué quieren hacer? —les pregunté, no podía llevarlas a la revista, su padre estaba en una reunión y ninguna de sus tías estaba disponible para cuidarlas—. ¿Tienen tarea

—Luego que salimos del colegio vamos a tareas dirigidas con la tutora, ahí hacemos todos nuestros deberes —me respondió Sophie. Piensa Bella, ¿qué les puede gustar a unas niñas de ocho años que lo tienen todo?,el cine no era una buena opción, el parque mucho menos, incluso a mí me parecía aburrido.

—Niñas, ¿les gustan los animales? —interrogué esperanzada, ellas se miraron y sus ojos brillaron.

—Nos encantan, ¿por qué?, ¿iremos al zoológico? —Negué, Phoebe frunció el ceño confundida.

—Iremos a un lugar mejor. —Las llevaría a la tienda de mascotas de mi amiga Rachel, era el lugar perfecto para ellas seguro, y además tenía una gran variedad de animales. Cuando llegamos a la tienda ellas no paraban de mirar el lugar con asombro.

—Bella, es una sorpresa verte, ¿qué te trae por aquí? ¿Papi está bien? —me preguntó Rachel al verme.

—Está perfecto, vengo por otros motivos, hoy estoy cuidando a las hijas de mi jefe y se me ocurrió traerlas aquí ya que ellas aman a los animales —expliqué, me miró un tanto confusa—. Niñas, ella es Rachel, mi amiga veterinaria, Rachel ellas son Sophie y Phoebe Cullen —las presenté.

—Son preciosas, es un gusto conocerlas, ¿qué les gustaría ver primero? —les preguntó Rachel con voz dulce.

—Los perritos, por favor —le pidió Phoebe.

—¡No!, los conejos —gritó Sophie, Rachel y yo sonreímos.

—Iremos por partes, vamos con los perritos y luego con los conejos, después les puedo enseñar unos loros que hablan —les propuso Rachel y se las llevó a ambas al interior del lugar.

Pasamos el resto de la tarde en la tienda, las gemelas no paraban de reír y sonreír al ver a cada animal. Me di cuenta que, a diferencia de otros niños ricos, Phoebe y Sophie eran bastantes sencillas y tratables, una vez que entraban en confianza. Eran muy educadas y les gustaba compartir todo entre ellas, a diferencia de otros hermanos que no podían estar dos segundos sin pelearse.

Fue bastante difícil irnos, ya que las niñas querían llevarse todos los animales del lugar, pero estaba segura que su padre me mataría si llegábamos con media tienda de mascotas a la oficina.

—Ahora sí, pueden comerse su helado —dije una vez que había terminado de lavarles las manos y la cara. Ellas tenían su propio equipo de limpieza en su bolso, incluyendo una muda de ropa.

—Bella, ¿nos puedes llevar más seguido a la tienda? —Le sonreí a Phoebe, no podía prometerles nada, no sabía si a su padre le gustaría.

—Debemos preguntarle a su padre para que les dé permiso —respondí—. Debemos irnos, su padre ya ha terminado —comenté, ellas asintieron, se veían cansadas. Durante el trayecto a la revista ambas se quedaron dormidas, me partía el corazón despertarlas, se veían tan pacíficas. Con pesar las levanté, Phoebe había insistido en que la cargara pero me daba un poco de miedo, debido a mi torpeza. Con temor la alcé en brazos y tomé la mano de Sophie, podía sentir la mirada de la gente al verme entrar a la revista con las niñas, pero de cierta manera no me importaba.

—Isabella —me llamó el señor Cullen, al ver a sus hijas corrió hacia mí y cargo a Phoebe en sus brazos—. Muchas gracias —me dijo en tono amable y tomó a Sophie de la mano—. En unos minutos pasa a mi oficina, por favor —me pidió, se veía bastante preocupado.

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Bajé a la cafetería, compré dos cafés, uno para mí y otro para Edward, y luego me dirigí a su oficina. Entré con temor, él me indicó que pasara, las niñas estaban dormidas en uno de los sofás, le di el café que me agradeció, pude observarlo detalladamente y se veía más relajado.

—Lo necesitaba, hoy ha sido un día estresante —informó mientras masajeaba su sien—. Por lo que veo se divirtieron, Phoebe despertó hace poco y dijo que eras genial, cosa que me sorprendió ya que ella no suele halagar a nadie fácilmente.

—Al principio no fue fácil con ella, es muy parecida a usted —susurré tímidamente, él rio y miró con adoración a su hija—. Me la pasé muy bien, ambas son preciosas y muy educadas.

—Gracias, para un padre soltero, y de gemelas, esas palabras son muy valiosas —agradeció en tono gentil—. ¿Qué hicieron luego de sus clases de baile? —preguntó. Respiré y recé para que no se molestara.

—Las llevé a la tienda de mascotas de mi amiga Rachel, ella tiene varios animales, las niñas se divirtieron mucho y luego comimos unos helados —confesé rápidamente, él negó y sonrió.

—Debo admitir que odio a los animales, pero mis hijas los aman, así que no puedo decir nada, lo importante es que ellas se hayan divertido —aseguró tranquilizándome—. Isabella, quiero ir directo al grano, realmente estoy cansado y estoy seguro que tú también, primero muchas gracias por cuidar a mis hijas y felicidades por tu trabajo con ellas…

—No fue molestia, como le dije me encantó hacerlo —acoté en voz baja, era raro oír hablar tanto al señor Cullen.

—Me alegra escucharlo porque lo harás más seguido —dijo. Lo miré sin entender—. La nana de mis hijas, Sue, no puede cuidarlas por este mes, su hijo ha sufrido un accidente de tránsito y tuvo que irse repentinamente. Conseguir otra niñera no es una opción, mis hijas son bastante difíciles, por eso me ha sorprendido que les hayas caído tan bien rápidamente —explicó—. Necesito que las cuides durante la tarde, yo no puedo hacerlo ni mis hermanas, estos meses están llenos de trabajo en la revista y no puedo tenerlas aquí conmigo.

—Comprendo señor, ¿pero qué pasaría con mi otro trabajo, el de ser su asistente? —interrogué.

—Seguirás trabajando como mi asistente hasta las dos de la tarde, que es la hora que las niñas salen de la escuela y las tareas dirigidas, los días que más te necesite dejaré a las niñas con Emmett o con mis padres —respondió—. En cuanto a los viajes que teníamos planeados, el más cercano es el de Paris, llevaré a las niñas conmigo pero no te preocupes, mis hermanas se encargarán de ellas, en cuanto a los demás iremos viendo con el tiempo —siguió diciendo.

No podía quejarme, me gustaba más la idea de cuidar a las niñas que de ser asistente a tiempo completo de Edward, pero otra parte de mí muy masoquista no estaba de acuerdo.

—Me agrada la idea, sólo me gustaría saber un poco más de las niñas, ¿padecen alguna enfermedad, alergias o algo por el estilo? —indagué en tono preocupado, no quería que las niñas se enfermaran por mi causa.

—Mañana Alice te traerá toda esa información, con respecto al pago, seguirás con tu sueldo de asistente y adicional a eso te pagaré por el cuidado de las niñas —aseguró. Negué rápidamente—. No discutas, fin del tema, ¿tienes mi agenda?

—La organicé lo mejor que pude, y resalté lo más importante, también le indiqué al chofer cómo será el horario de mañana, sólo debe confirmar qué auto va utilizar —le expliqué—. Le mandé unos correos que requieren su aprobación, para ser enviados a los publicistas.

—Perfecto, gracias, Isabella, puedes retirarte —ordenó, en tono cansado—. Uno de los choferes te llevará a tu casa, es tarde.

Le agradecí y me retiré, quedándome con las ganas de despedirme de las niñas, me hubiese gustado besar sus frentes y desearles buenas noches. Era algo extraño por así decirlo, nunca me habían fascinado los niños, pero con las gemelas sentía una especie de conexión.

Tal vez se debía al hecho de que estaba por llegar a mis treinta años de edad y no tenía hijos ni planes de tenerlos. La idea de ser madre estuvo presente en un momento de mi vida, pero ahora parecía un sueño imposible.

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Por la mañana llegué a la empresa media hora antes, debía organizar una reunión con los publicistas, y el señor Cullen tenía una reunión con Carolina Herrera después de las tres, era por así decirlo su cita más importante de este día.

—Buenos días, señor —lo saludé, dándole su café—. Los publicistas aún no llegan pero ya confirmaron sus asistencias y la sala de juntas está lista, Dior envió algunos diseños, le dejé la carpeta en su escritorio y la campaña del perfume ya se encuentra terminada, sólo falta fijar la fecha del estreno —comuniqué en tono profesional.

—Dile a Jessica que le recuerde a Alice las fechas para el posible estreno y luego házmela saber —ordenó mientras revisaba su teléfono—. ¿Confirmó Carolina Herrera su asistencia? —me preguntó.

—Su asistente llamó esta mañana y dijo que sí, otra cosa, señor, mañana es la conferencia de prensa de la revista —informé. Él asintió—. Es todo, señor.

—Está bien, Isabella, antes que se me olvide hoy irás a comer con Alice, ella te indicará todo lo que respecta a las niñas, yo no puedo pues, como bien sabes, tengo una reunión, en la hora del almuerzo —manifestó, y miró su reloj—. Más les vale que todos estén en la sala de juntas, o habrá guerra —dijo entre dientes y se fue hacia allí.

Suspiré, el señor odiaba esperar y llevaba aproximadamente quince minutos esperando a los publicistas. Me senté en mi escritorio, tenía un montón de trabajo y quería terminarlo lo antes posible para poder cuidar a las gemelas con tranquilidad.

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—Bella, ¿estás lista para ir a comer? —me preguntó la señorita Alice, sacándome de mi ensoñación. Me sorprendí al verla, tenía varios días que no la cruzaba. A diferencia de otros, hoy se vestía de manera más "informal", usaba unos jeans y una camisa que iba a juego con sus zapatos de tacón naranja.

—Claro, señorita —contesté y ella me sonrió. Tomé mis cosas y nos dirigimos hacia afuera, donde estaba su Porsche color amarillo.

—Tengo ganas de comer sushi, ¿no te molesta?, ¿prefieres comer otra cosa diferente? —preguntó, negué, sushi estaba bien—. Dime, Bella, tengo entendido que ya conociste a mis sobrinas —me dijo Alice una vez que llegamos al restaurante.

—Sí, son preciosas —le comenté.

—Lo sé, de verdad soy una tía muy dichosa, mis sobrinas son mi adoración —declaró con emoción y me mostró una serie de fotos en su teléfono móvil—. Supongo que Edward te habrá explicado el motivo de esta pequeña reunión.

—Más o menos, dijo que usted me daría las indicaciones sobre el cuidado de las niñas —le respondí tímidamente. Ella asintió y me dio dos carpetas de colores distintos, cada una con los nombres de las gemelas.

—Bien, lo principal que debes saber es que mis sobrinas son sumamente alérgicas a los frutos secos, es decir, nueces, almendras, maní y todo eso —enumeró—. Comerlos sería letal para ellas, aunque siempre en sus bolsos hay antialérgicos para inyectar en caso de emergencia, ¿sabes inyectar? —me preguntó, negué, lo mío no era la medicina ni nada que se le relacionase—. No importa, sus guardaespaldas que estarán siempre contigo saben y el chofer también, Edward les pagó un curso básico de primeros auxilios.

—No tengo problemas en aprender, pero definitivamente las agujas no son lo mío —le dije y ella rio.

—Esperemos que no sea necesario, en fin, con respecto a la famosa mantequilla de maní hay una especial para ellas, no contiene maní pero igual no la pueden comer mucho, sólo tienen permitido comerla dos veces por semana, un mes sí y un mes no —indicó, en tono dulce—. Con respecto a sus horarios, en la información que te di está todo lo referente a ello, junto con una pequeña descripción de cada una, lo demás creo que lo irás descubriendo en el tiempo que pases con ellas —dijo con una sonrisa.

—Deseo poder llevarme bien con ellas, son unas niñas muy hermosas —comenté algo nerviosa. Ella me dio unas palabras de ánimo, para luego disponernos a comer.

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Al llegar de nuevo a la oficina, todo el ambiente era un completo alboroto. Nos encontrábamos a menos de un mes para la semana de la moda, y aún faltaban muchas cosas por hacer, eso incluía mi trabajo como asistente.

—Isabella, acompáñame —ordenó el señor Cullen apareciendo de repente, asentí y lo seguí. Bajamos a los últimos pisos del edificio, donde se encontraban "los armarios" de mis jefes y otros socios de la revista—. Necesito que tomes nota de todo lo que te voy a decir —me dijo Edward, mientras entraba a uno de los vestidores y se quitaba la ropa… un momento, ¿la ropa?

"Respira Bella" me dije a mí misma, no es como si lo fuera a ver, yo estaba afuera y él adentro, aunque podía tratar de mirar… pero eso sería sumamente incorrecto.

—Está bien, señor —acepté, y saqué mi agenda y teléfono.

—Llama a los diseñadores de la revista, necesito las fotos de las modelos ahora, contacta a Polo, sácalo de su guarida, necesito reunirme con él esta noche… —siguió diciendo mientras se quitaba la ropa. Traté de concentrarme, mis mejillas ardían, tenía su camisa de seda blanca en mis manos, había caído accidentalmente en ellas cuando él aventaba sus ropas por los aires.

—Perfecto, señor, ¿alguna otra cosa? —le pregunté volviendo a la realidad.

—Pásame mis boxers, están en el cajón negro de la derecha —pidió con naturalidad. Me tomó un minuto procesar lo que me pedía, no era que nunca había visto unos, pero por alguna extraña razón me sentía como una adolecente hormonal, en estos momentos—. Isabella —me llamó.

—Señor… un momento —titubeé y abrí el cajón—. ¿Color, señor? —dije al ver su gran cantidad de boxers Calvin Clein.

—Cualquiera, aunque prefiero los blancos o azules —aclaró en tono normal, al parecer no se sentía incómodo con la situación. Tomé cualquiera y me tapé los ojos para entrar al armario—. Isabella, es lo más gracioso que he visto en mi vida —dijo riendo a carcajadas, yo seguía con mis ojos cerrados y podía sentir el calor de mis mejillas—¿Cómo pretendía que le pasara los boxers, señor, y no verlo en paños menores? —le pregunté abrumada.

—Bueno, podías haberlos lanzado por arriba del armario, era una opción —respondió en tono pícaro—. A menos que quisieras ver algo —me dijo riendo, podía imaginarlo sonriendo pícaramente.

—¡Claro que no! —chillé, tiré los dichosos boxers y salí del armario—. Señor, debería terminar de vestirse, en quince minutos es su próxima reunión —manifesté recobrando la cordura.

—Vámonos —me dijo, se veía muy imponente en su traje color negro. Asentí y él extrañamente tomó mi mano—. Isabella, mis hijas no tardan en llegar, no podré verlas pero te pido que por favor me avises cualquier novedad.

—Lo haré, señor —contesté, y me despedí tímidamente. Suspiré y bajé a recibir a las niñas, no tardarían en llegar y debía llevarlas a comer.

—¡Bella! —gritaron las gemelas al verme, se veían hermosas con sus uniformes, ambas me abrazaron de golpe.

—Niñas, a mí también me da gusto verlas —les dije y ellas rieron.

—Hoy estás muy linda —me halagó Sophie, le sonreí—. Tu traje me gusta.

—Gracias, princesa —agradecí sonriendo, hoy me había vestido como una secretaria ejecutiva nuevamente—. Bien, ¿qué quieren comer? —les pregunté.

—Vamos a comer donde el tío Emmett —dijo Phoebe, su hermana asintió. Tomé sus manos y nos dirigimos al restaurante de su tío.

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—No sabía que te gustan los niños —me dijo Emmett mientras reía.

—Tus sobrinas son preciosas, y no me molesta cuidarlas, de hecho prefiero estar con ellas que tener que aguantarme a esas modelos odiosas —declaré con doble sentido, él me dio una mirada cómplice.

—Lo que me sorprende es lo bien que se llevan y en tan poco tiempo —admitió con cierta sorpresa en su voz—. Sé que mis sobrinas son una ternura, pero son muy difíciles cuando tratan con alguien nuevo.

—Supongo que hubo química maternal —dije sin saber el peso de mis palabras, por suerte Emmett no le dio importancia—. Niñas, vamos al baño, es hora de irnos —llamé su atención con esas palabras, al ver que ambas habían terminado su almuerzo.

—Adiós, tío —saludaron ambas, él las abrazó y las besó.

—Nos vemos, Bells —se despidió Emm, le sonreí en forma de saludo.

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—Niñas, ¿tienen tarea? —les pregunté cuando estuvimos en el auto, ellas negaron. Revisé sus cuadernos para asegurarme, al parecer ya habían hecho todo durante las clases dirigidas. Hoy tampoco tenían clases de baile o idiomas, así que literalmente tenía que ingeniármelas—. ¿Qué quieren hacer?

—No sé, ¿qué quieres hacer tú, Bells? —me consultó Phoebe.

—Vamos a su casa y se cambian, ya se nos ocurrirá algo —respondí y le indiqué al chofer que nos llevara a la casa de mi jefe.

Llegamos al lugar y las niñas se encargaron de hacerme un recorrido por toda la casa, la verdad era que mi jefe tenía un gusto exquisito, todo estaba decorado de negro y blanco, muy masculino, como el señor Cullen.

—Nuestros cuartos —señaló Sophie. Esto tenía nombre: Anne y Alice, los cuartos de las niñas parecían sacados de un cuento de hadas, todo era estilo vintage.

—Son preciosos —reconocí impresionada.

—Y lo mejor de todo, nuestros armarios —me dijeron ambas. Enormes era poco para describir los armarios de estas niñas, miles de montones de ropa, zapatos, sombreros, todo tipo de prendas de vestir se encontraban aquí.

—Tienen mucha ropa —admití asombrada, aunque era algo normal, después de todo, su padre era dueño de una revista de moda.

—Sí, más que mis tías juntas, eso dice mi papá —contestó Sophie, le sonreí, no lo dudaba—. Bella, estoy aburrida, ¿qué hacemos? —preguntó haciendo un puchero.

Piensa Bella, ¿qué podemos hacer? Solía jugar con Charlie cualquier tipo de deporte al aire libre, pero estas niñas no tenían pinta de querer ensuciarse con tierra sus vestidos blancos.

—Niñas, ¿quieren jugar a guerra de pinturas? —propuse sin pensar. Ellas me miraron confusas—. Pónganse una ropa que no les importe ensuciar, que no sea valiosa para ninguna de sus tías —les dije.

Al poco tiempo, las tres estuvimos cambiadas y listas para comenzar la guerra de pintura, junto con Claire que se nos había unido.

—¿Está segura de esto, Srta. Bella? No creo que a Edward le guste ver su patio lleno de pintura —informó Claire, asentí. Pronto Alfred llegaría con mi equipo de diseño y pasaríamos una tarde única.

—Srta. Bella, aquí tiene —me dijo Alfred, le sonreí y le agradecí.

—Niñas y Claire, las reglas son claras, la que tenga más manchas pierde y será cubierta de pintura —expliqué y les entregué las pistolas—. ¡Comiencen! —exclamé. Las niñas reían y gritaban, mientras corrían, al parecer se estaban divirtiendo mucho.

—¡Te di! —vociferó Phoebe, reí y la atrapé.

—Y yo a ti —expresé, ella rio y de pronto Sophie se lanzó a mis brazos llenándome toda de pintura—. Ahora vamos todas juntas contra Claire —planteé, ellas rieron.

Al final de la tarde, todas estábamos cubiertas de pintura y eso incluía a las perritas de las niñas, que de blancas pasaron a ser verde y rojo.

—Me divertí mucho, Bella —me dijo Phoebe riendo, mientras la bañaba junto a su hermana. Las niñas tenían su propio baño y estaba decorado como "El mundo bajo el mar" de Ariel, incluso tenía burbujas automáticas.

—Me alegra, mi princesa. —Aún me encontraba cubierta de pintura.

—Bella, estás llena de pintura. —Sonrió Sophie, y comenzó a salpicarme agua.

—No, eso es trampa, son dos contra una —aclaré riendo, cuando me di cuenta que estaba metida en la enorme bañera con ellas, jugando guerra de agua.

—Que divertida escena —habló a nuestras espaldas una voz familiar, me quedé estática al ver a mi jefe mirándome divertido.

—¡Papá! —chillaron ambas—. ¡Fuera! —gritaron.

—Me voy, de acuerdo, ya sé "cosas de niñas" —dijo riendo.

—Niñas es hora de salir de aquí o se resfriarán —les dije rápidamente.

Terminé de bañar a las gemelas, luego les coloqué su pijama y peiné, ellas insistieron que les hiciera un peinado muy gracioso y llamativo para mostrárselo a su padre.

—Mis modelos —dijo Edward al verlas, las abrazó y las llenó de besos—. Las extrañé mucho, ¿se divirtieron con Bella? —les preguntó, ellas rieron.

—Bella es genial, papi, jugamos guerra de pintura y tuvimos que bañar a Coco y Channel, es muy divertida —le contó Phoebe.

—Ya veo, me alegro que la hayan pasado bien, vayan a comer, Bella ven a mi oficina —ordenó serio, asentí y lo seguí. Lo sabía, estaba despedida, seguro había visto el horrible manchón en la pared blanca trasera.

—Señor… yo… —dije nerviosa.

—Gracias, de verdad, nunca mis hijas han reído tanto como lo hicieron hoy —me comentó—. Supongo que quieres irte a tu casa.

—Sí, no he traído mucha ropa, y además mañana tengo que volver a mi modo "asistente personal" —respondí con voz dulce, él asintió.

—Alfred te llevará —informó. Me despedí de las niñas, ellas no querían que me fuera, pero después de que las convencí que mañana pasaría todo el día con ellas, me dejaron ir.

—Papi, ordénale a Bella que se quede todo el fin de semana con nosotras —suplicó Phoebe al señor Cullen.

—Modelo, no puedo "ordenarle" a Isabella, es mi empleada, no mi esclava —le dijo, enarqué una ceja y él se encogió de hombros, estaba siendo un verdadero hipócrita.

—Las veré mañana, mis niñas —las saludé y las abracé. Suspiré cuando estuve en el auto, me estaba encariñando demasiado rápido con esas niñas, de alguna manera me sentía parte de ellas.

"Tienes gemelas, Bella", me dijo una voz en mi conciencia, reí entre dientes y no me contradije a mí misma. Sí, tenía gemelas, dos hermosas gemelas.


Hola a todas mil disculpas por el retraso pero ya estoy libre y tratare de actualizar lo más seguido que pueda ya que esta historia se termina el febrero a más tardar.

El adelanto está en el grupo de Facebook para las que aún no están agregadas busquen mi Facebook Beca Masen y luego las agrego.

El capítulo especial es de Anne será publicado, junto con el próximo capítulo luego se hará una nueva votación pero ustedes postularan al personaje.

GRACIAS por sus comentarios.

Nos leemos pronto :)