¿Emmett Cullen tiene un romance oculto con la asistente de su hermano? Según nuestras fuentes, al parecer Emmett mantiene un relación "amistosa" con la señorita Isabella, a la cual se le vio muy feliz durante el desfile en París, ya que al ver a Emmett se lanzó a sus brazos y él la recibió con gusto.
¿Qué opinará nuestra diva preferida al respecto?
POV Bella
Habían pasado dos semanas desde que cuidaba oficialmente a las gemelas Cullen. A diferencia de cualquier pensamiento o expectativa que hubiera tenido al momento de cuidar a estas niñas, todas habían sido superadas. En solo poco tiempo las quería demasiado, era un extraño vínculo que se habían creado entre las tres en unas pocas semanas.
Negué mentalmente; no era bueno crear una cercanía con las hijas de mi jefe pues, tarde o temprano, ya no las vería más. En algún momento su nana debía regresar, y entonces yo me iría. "Nada dura para siempre". Esa frase siempre había estado muy presente en mi vida, por ello no me gustaba apegarme a las cosas y mucho menos a las personas, pero con estas dos niñas me había sido imposible. Cuanto más tiempo pasaba con ellas, más las quería. Suspiré y dejé esos pensamientos a un lado, pues debía trabajar. En unos minutos ya estaría en el aeropuerto para el viaje a París, así que tenía que aprovechar esos minutos libres para ordenar los detalles antes de que el auto se detuviera.
—Señorita Swan, hemos llegado —me indicó el conductor. No sabía su nombre, ya que era la primera vez que Edward lo mandaba por mí. Le agradecí gentilmente y esperé a mi jefe que aún no había llegado.
—Buenos días, Isabella. O mejor dicho, buenas noches —me saludó Marcelo. Se veía cansado. Miré mi reloj y vi que eran las cuatro de la mañana. —Parece que seremos compañeros de vuelo —me comentó con cierto cinismo.
—Eso parece—me limité a responder haciéndole reír.
—Isabella, no tienes que ser tan fría conmigo. Después de todo, yo soy inofensivo comparado con las personas que conocerás en Parí —dijo en tono sarcástico.
—Tengo curiosidad. ¿Quiénes irán? —le pregunté.
—Miles de celebridades como Sarah Jessica Parker. Ella y Edward son muy buenos amigos. Además de los diseñadores más importantes como Oscar de la Renta y personas importantes, millonarios y algunas modelos invitadas —me respondió, y yo me quedé sorprendida. No me imaginaba rodeada de todos esos famosos, de seguro me daría algo. En la cena de Tiffany había visto de lejos a Sandra Bullock, y casi me había ahogado con el champán.
—Supongo que no se pueden pedir autógrafos, ¿no? —le pregunté divertida, y él se limitó a enarcar una ceja.
—A menos que quieras hacer el ridículo... No todos los famosos son amigables con los fans —me contestó rodando los ojos.
—Buenos días a ambos —dijo una voz detrás de nosotros. Edward había llegado con mis princesas, las cuales al verme se lanzaron a mis brazos dejando a Marcelo muy sorprendido y con los brazos abiertos.
A diferencia de las niñas, Edward se veía cansado y tenía cara de pocos amigos. Sonreí para mí misma. Había sido una buena idea acostar a las niñas temprano, así tenían las pilas recargadas.
—Hola Bella, ¡te extrañamos! —dijo Sophie sonriendo.
—Como bien dice el dicho: "cuando hay santos nuevos, los viejos no hacen milagros" —bufó Marcelo.
—Hola, Marcelo —lo saludaron las gemelas riendo. Su padre le sonrió.
—Es hora de irnos. Ya tendrán tiempo para saludar a Marcelo y jugar con Bella —les dijo su padre. —Bella, tráeme un café —me pidió el señor Cullen, lo cual pareció molestar a las gemelas.
—Papá, se dice por favor —le dijo Phoebe en tono molesto, frunciendo el ceño. Tanto Marcelo como yo tuvimos que contener la risa al ver la cara de asombro de Edward. —No seas maleducado —lo regañó su hija cruzándose de brazos.
—Tienes razón, modelo. Isabella, por favor, tráeme un café —me dijo entre dientes. No se veía feliz. Sus hijas asintieron satisfechas al ver que su padre había utilizado la palabra mágica. Después de comprar el café nos embarcamos en el avión privado de la revista. Era la primera vez que no estaba en un vuelo comercial. Era impresionante lo grande y cómodo que podía ser un avión cuando no estaba repleto de asientos y personas.
Comencé a hacer mi trabajo en compañía de Marcelo, pues debía confirmar la asistencia de las personas a fiesta de la revista, así como también ordenar los compromisos de Edward durante su semana en París.
—Papi, estamos aburridas —anuncio Sophie haciendo un tierno puchero. Miré el reloj. Todavía faltaban más de cinco horas para llegar.
—Niñas, ahora no podemos jugar. Intentad dormir —les dijo su padre sin quitar la vista de los documentos.
Las niñas suspiraron no muy conformes y salieron de la habitación. Una parte de mi quería dejar mi aburrido trabajo y jugar con ellas, pero la otra decía que no era correcto porque estaría pasando por encima de la autoridad de su padre.
Me concentré en trabajar rápido para así poder distraer a las niñas lo más pronto posible. Aunque tenía un poco de sueño, mi mente aún tenía dominio sobre mi cuerpo para no cerrar los ojos.
—Señor Cullen —lo llamé.—Todo está listo para el desfile y ya está confirmada la conferencia de prensa de pasado mañana —le informé mientras le daba los papeles que requerían su firma.
—Edward, iré a descansar, ya terminé mi trabajo —le avisó Marcelo, y a continuación se retiró.
—Hemos terminado, Isabella, puedes ir a dormir. Hoy te espera un día muy agitado —me dijo mientras bostezaba.
—Señor, ¿esta noche durante la fiesta cuidare a las niñas? —le pregunté con curiosidad. Él negó.
—Las niñas no asistirán a la fiesta. Ellas solo irán al desfile porque tienen participación en él, luego la prensa les hará una sección de fotos con las modelos y por último se irán dormir —me explicó. —La fiesta es para adultos y ellas se aburrirían fácilmente.
—Está bien, señor, me retiro entonces —le dije, a lo que él asintió. Me fui a ver a las niñas. Ellas se encontraban jugando al Monopoly y no se veían muy contentas, cosa que cambió al verme.
—Hola, Bella, ¿ya terminaste de trabajar? —me interrogó Sophie.
—Sí, mi princesa —le contesté y ellas se emocionaron. Pasamos la mayor parte del vuelo jugando a juegos de mesa. Al final las niñas se durmieron y yo hice lo mismo. Me desperté cuando ya habíamos llegado al aeropuerto de París, así que desperté entre cosquillas a las niñas.
—Modelos, llegamos. Póngase sus chaquetas —les dijo Edward y después las tomó de la mano. Al bajarnos del avión había miles de paparazzis esperando a Edward y a las gemelas, como era de costumbre. Todos querían entrevistarlo o hacerles una foto a las niñas. Una parte de mí no envidiaba para nada esta vida de lujos y moda, ya que debía de ser muy incómodo no tener una verdadera privacidad. Después de salir del aeropuerto y de llegar al hotel, yo me quedé con las niñas mientras Edward y Marcelo se iban para arreglar los últimos detalles del evento.
— ¡Ya llegaron! —dijo una voz en un chillido abriendo la puerta de la habitación. Era Anne seguida por Alice. — ¿Dónde están las princesas de su tía Anne? —les dijo con voz dulce. Las niñas, al verlas, se lanzaron a sus brazos.
— ¡Tías! —gritaron ambas con emoción.
—Están hermosas, y hoy lo estarán todavía más, mis preciosas sobrinas —les dijo Anne mientras las llenaba de besos.
—Claro que sí, esta noche serán las reinas de todo París —la siguió Alice. Después de unos segundos más de halagos por parte de Anne y de Alice hacia las niñas, fue que se dieron cuenta de que estaba ahí. —Hola Bella, siento no haberte saludado, es que tenía tiempo de ver a mis niñas —se excusó Alice.
—No se preocupe. Hola a las dos —las saludé sonriendo.
—Tía Anne, Bella es fantástica —le dijo Phoebe con énfasis en su voz. —Es muy divertida.
—Qué bueno, amor —le contestó Anne algo confusa, mirándome de reojo.
—Ya es tarde, debemos ir a comer y luego al spa para arreglarnos para la fiesta —dijo la señorita Alice mirando su reloj.
—Tías, ¿Bella vendrá con nosotras? —preguntó Sophie.
—Sí… aunque todo puede cambiar y quizá Isabella se quede... —dijo Anne en tono bajo. Alice la miró mal y yo le sonreí, pues no quería tener problemas con la señorita Anne. Salimos de la habitación para ir a almorzar y después nos dirigimos al spa, donde pasamos el resto de la tarde alistándonos para la fiesta.
—Niñas, es hora de que se vistan para el desfile. Bella, tú vienes conmigo —me explicó Alice.
—Tía, pero… queremos que Bella nos vea —protestó Phoebe.
—Esto no me gusta, niñas. Vamos. Nos vemos luego, hermana —se despidió Anne.
—No te preocupes por Anne, solo está un poco celosa —me dijo Alice con voz dulce cuando estuvimos solas. —Las gemelas suelen volverse locas cuando la ven.
— ¿Usted no está molesta? —le pregunté un tanto incómoda.
—Molesta, no. Celosa, un poco, pero nada de lo que tengas que preocuparte. Yo siempre he estado acostumbrada a compartirlo todo, y eso incluye a mis sobrinas —me dijo sonriendo. Le dediqué una mirada de compasión. A veces, la señorita Alice era una máscara perfecta de sonrisas. —En fin, te mostraré tu primer vestido. Uno es para el desfile y el otro para la fiesta —me explicó entusiasmada.
—Son preciosos —dije al ver el primer vestido, que era corto y negro, junto al segundo, que era largo y de un elegante color rojo.
—Lo sé, quise escoger dos estilos. El primero te hará parecer más a una sexy secretaria ejecutiva en París, y el segundo a una futura belleza de la moda —me explicó dando brinquitos.
—Creo que lo de belleza de la moda es algo exagerado... —le dije negando. Ella enarcó una ceja.
—No me subestimes —me exigió. Acto seguido, chasqueó sus dedos haciendo que la puerta se abriera —Bella, ellos son mis estilistas en París: Jean-Pierre, a quien ya conoces; Carine, maquilladora y estilista; y Louis, estilista que podrá hacer que tus piernas y tu cuerpo parezcan los de una chica de veinte. Chicos, ella es Isabella Swan, la asistente de mi hermano y mi amiga. Déjenla fabulosa —les dijo a cada uno.
Temblé. Esto iba a ser peor que la primera transformación en New York. Por eso, solo me limité a cerrar mis ojos y me dejé llevar por el equipo de belleza. No quería mirarme en el espejo hasta haber terminado la sesión; si lo hacía, estaba segura de que colapsaría.
—Alice, está lista —dijo Jean-Pierre. —Puedes verte, y espero que te guste tu nuevo corte. Planeaba cambiar el color, pero Alice me dijo que aún no —me comentó riendo.
— ¿Te gustó? —preguntó Alice mirándome con emoción. Me miré al espejo y sentí que ya había pasado por esto. Todavía no podían cambiarme completamente y nunca lo harían; yo era demasiado Bella Swan para ser una modelo.
Me había gustado el corte, al igual que el maquillaje y el vestido. La verdad es que me veía fabulosa, pero aún prefería mis cómodos mocasines en vez de esos tacones.
—Me encantó, muchas gracias —le agradecí sonriendo.
—Es hora de irnos, en una hora comienza el evento —dijo Alice. Ella ya estaba lista, luciendo un traje de color champán de lentejuelas. —Bella, toma el celular de mi hermano, y esta es una carpeta que tiene toda la información resumida de los invitados —me explicó. —Puede que a mi hermano se le olvide uno que otro, es tu deber guiarle.
—Está bien —respondí en tono profesional. Llegamos al lugar donde sería la pasarela. Anne ya se encontraba allí con las niñas. Ellas se veían adorables luciendo unos trajes de Burlesque en versión miniatura. — ¡Se ven hermosas! —las halagué al llegar hasta ellas.
—Tú también, Bella —me respondió Sophie tiernamente.
—Isabella, tu asiento está junto al nuestro. Ya todo está listo por aquí, y en quince minutos comenzará a llegar la gente —me explicó Anne. Ella estaba usando un vestido de animal print. —Princesas, ya saben, mirada asesina y mucho estilo. Vayan con Macerlo —les dijo Anne a las niñas.
—Mucho éxito, preciosas. Se ven hermosas mis gemelas —las abrazó Alice. Al igual que ellas, las abracé y les deseé suerte.
"Luces" y "Brillo" son dos palabras simples para describir el mundo de la moda. Todas las personas se veían fabulosas luciendo sus atuendos de marca. Había perdido la cuenta de cuántos famosos había visto: Nicole Kidman, Mary-Kate y Ashley Olsen, Sarah Jessica Parker... entre algunas modelos muy populares como Alessandra Ambrosio y Candice Swanepoel.
El señor Cullen y las señoritas estaban saludando a todo el que llegaba y sonriendo mientras se tomaban fotos, e incluso daban alguno que otro autógrafo. Me llamó la atención la hermosa y elegante mujer rubia que acompañaba a Edward. ¿Sería su novia? Nunca la había visto por la revista, pero ellos parecían muy cercanos.
— ¿Te diviertes? —me preguntó una voz a mis espaldas. Era Emmett, así que no pude evitarlo y lo abracé de golpe—Luces preciosa.
—Eso es porque aún no has vito a Rosalie. Ella está muy linda —le dije sonriendo. — ¿Tú no posas para las cámaras? —le pregunté enarcando una ceja.
—No soy muy famoso aquí. La mayoría no come para verse bien —me dijo bajito. Negué y sonreí; Emmett siempre podía hacerme reír en cualquier momento. Nos sentamos cuando el desfile comenzó. Yo estaba algo emocionada, pues era mi primer desfile. Nunca había ido a uno y ni siquiera había visto ninguno por televisión. Busqué a Edward con la mirada y lo encontré sentado al otro lado de la pasarela junto con la misteriosa mujer. Al verme, se limitó a asentir con la cabeza, dándome un gesto de aprobación, y a continuación fijó su atención en la mujer de nuevo.
Comenzó a sonar la popular canción de Lady marmalade, y con ella aparecieron las modelos, quienes se veían asombrosas luciendo los atuendos del Burlesque. Entre ellas pude reconocer a Rosalie y a Renesmee, ya que debido a mi poco conocimiento de la moda, no tenía ni la más mínima idea de quiénes era las otras chicas que formaban parte del desfile. Cuando terminó, salieron las niñas acompañadas de todas las modelos. Las gemelas se veían preciosas, tenían talento natural y modelaban tan bien como cualquier modelo.
Al terminar el desfile, Alice me indicó que me fuera al hotel para cambiarme e ir a la fiesta. Me sentía extrañamente nerviosa, pues no conocía a casi nadie en el lugar y lo único que tenía a mi favor es que hablaba perfectamente el francés.
—Isabella —me llamó Edward apenas me vio entrar al lugar. —No te preocupes por nada, te llamaré si te necesito. Diviértete, hay muchos solteros aquí que pueden interesarte —me dijo en tono frío y se fue dejándome sin palabras. No debía afectarme, él no era nadie importante para mí, solo era mi maldito jefe al cual estaba comenzando a odiar de nuevo.
Traté de buscar a Emmett, pero para cuando lo encontré estaba con Rosalie, por lo que preferí no acercarme. No quería probar mi suerte con la reina de las nieves. Así que estaba sola en medio del lugar con una copa de champán en mis manos. Era algo realmente patético.
—Creo que vengo a rescatarte —dijo la señorita Alice a mi lado.—Lamento que te sientas incómoda, pero estas fiestas algunas veces son así —me consoló ella en tono dulce.
—No pierda su tiempo conmigo, seguramente hay aquí gente más importante que yo con la que debería hablar —le dije. Ella negó.
—Ya hablé con casi todos. Además, créelo, yo no estoy tan incómoda como tú —me comentó mientras bebía su copa. Me limité a mirarla sin entender.
—No comprendo. ¿Dónde están Anne o Jasper? —pregunté.
—Jasper no vino. Él odia estas cosas y yo no lo obligo a venir. Es un hombre bastante tímido, y aunque adoro a mi esposo, es cierto que a veces puede ser un tanto huraño —me respondió, cabizbaja. —Por otro lado, Anne está con su amiga y asistente, Lindsey, a la que no soporto y quien me odia.
—Pero si la odia, ¿por qué la señorita Anne se junta con ella? —le cuestioné sin entender, a lo que ella bufó.
—Anne no sabe que me odia y que me trata como una perra cuando no está —me contestó entre dientes. —No le digo nada porque no quiero que piense que estoy celosa de su amiga o que estoy malinterpretando todo, ya que ella la adora. Además suele defenderla mucho.
—Entiendo, pero pienso que debería decírselo a la señorita Anne, ella de seguro la mataría si se entera de que la está lastimando —le dije.
—Posiblemente, pero primero debo hacer que lo crea, aunque no lo haré. Anne debe aprender a diferenciar a las personas malas de las buenas —se limitó a decir. Me sentí un poco mal por la señorita Alice; ella era muy dulce con todo el mundo pero al parecer, el trato no era el mismo por parte de las otras personas. Seguimos conversando el resto de la velada. Alice me presentó a algunos diseñadores y modelos, pero al final tuvo que irse y me quedé sola de nuevo.
—Solo quedan unas pocas horas y te podrás ir —me animó Marcelo. Yo solo enarqué una ceja. —Traeré a Ángela la próxima vez, así ustedes podrán juntarse y hablar.
—Muchas gracias —dije sarcásticamente. Él rió.
—Pronto te divertirás con el espectáculo que ofrecerá el Moulin Rougue—dijo con cierto sentido del hurmor.
—Es posible —le contesté simplemente. Marcelo, dándose por vencido se fue. No odiaba a Marcelo pero tampoco me agradaba mucho.
Para cuando terminó la velada, lo único que me había parecido interesante había sido el espectáculo y la comida.
—Isabella —me llamó Edward, y yo me acerqué hasta donde estaba. —Por favor, cancela mañana el almuerzo con mis hijas, voy a comer con mi prometida —me pidió dejándome sin palabras.
Prometida… prometida... La palabra retumbaba en mi cabeza como si fuera un eco.
—Edward, que descortés eres que no me presentas a tu asistente —le dijo la mujer con voz dulce. Él le sonrió tomando su mano.
—Lo siento, amor. Ella es Isabella Swan, mi asistente. Isabella, ella es mi prometida, la señorita Samantha Evans.
Muchas gracias a mi beta Romy92 quien está de vuelta para vetear esta historia.
Lo prometido es deuda, tratare de seguir actualizando lo más pronto que pueda.
GRACIAS por sus comentarios son maravillosas.
Con respecto al outakke de Anne lo subiré al final de esta semana y el próximo capítulo será para agosto.
Sorpresa… sorpresa a que no se esperaban esto de la prometida
