Un nuevo amor
¿Emmett Cullen podría tener una relación con la asistente de su hermano? Al parecer estos supuestos amigos estuvieron muy cariñosos durante el desfile de moda, cuando nuestras cámaras pudieron capturar el momento en que ambos se estaban abrazando y riendo.
Aunque estos son solo rumores, veremos qué sucederá con esta pareja. ¿Serán solo amigos o un triángulo amoroso se está a punto de formar?
POV Bella
Aún no podía creer que el señor Cullen estuviera prometido... No era como si me importara su vida amorosa, pero me era prácticamente imposible creer que un playboy como él estuviera prometido. Lo peor de la situación era que su prometida era extremadamente dulce. Me caía bien, no podía negarlo, era amable y además de ello, simpática. No podía encontrarle ni un solo defecto; tal vez el hecho de que era rubia como decía Anne. Pero no tenía permiso para decirle a las niñas que su padre tenía novia, ya que según Edward, llevaría las cosas con calma con sus hijas y quería presentarles a Samantha cuando fuera el momento adecuado. Además de ello, no era de mi incumbencia decirle a las niñas que su padre estaba con alguien.
— ¡Bella, aquí estás! Te he estado buscando —dijo Samantha con voz dulce.
— ¿Se le ofrece algo, señorita? —le pregunté en tono cortés, a lo que ella me sonrió.
—Por favor, llámame Sam, el "señorita" es muy formal. Además, me gustaría que nos lleváramos bien, ya que cuando me case con Edward también serás mi asistente y quiero tener un buena relación contigo —me pidió tiernamente.
—Está bien, señorita... —dije y ella me miró mal. —Sam, disculpe, me llevará tiempo acostumbrarme.
—Bien. Ahora, Bella, necesito que me digas qué falta para el espectáculo de esta noche, ya que todo tiene que quedar perfecto —me dijo con emoción. Durante la noche, Moulin Rouge daría un espectáculo celebrando su aniversario, y la revista era la encargada de cubrir el evento.
—Todo está listo. Solo falta que unos invitados confirmen su asistencia —le contesté y ella asintió.
—Perfecto, me iré a almorzar con Edward —me informó mientras tomaba su bolso. —Mañana me gustaría desayunar contigo —me pidió.
—Muchas gracias, señorita —respondí algo confusa. Esa mujer era aún más amigable que la señorita Alice.
—Genial, nos vemos, Bella. Ponte hermosa esta noche, quiero que conozcas a alguien —dijo mientras se despedía, y yo le sonreí.
Respiré en cuanto se fue, pues era demasiado amable. Miré mi reloj y me di cuenta de que ya era hora de ir por las niñas. Ellas estaban con sus tías almorzando, pero yo tenía que cuidarlas el resto de la tarde mientras ellas arreglaban los últimos detalles. Una parte de mí se alegraba de que la señorita Samantha fuera dulce, así las niñas tendrían una futura madrastra que las querría. Además de ello, se veía muy interesada en ellas.
—Buenos días, Bella —me saludó Alice mientras tomaba su café. —Siéntate, debes probar estos cakes, son deliciosos.
—Buenos días, Bella —dijeron las niñas sonriendo. Se veían hermosas con sus atuendos franceses.
— ¿Dónde está la señorita Anne? —pregunté, pues se me hacía raro no verla.
—Está en el aeropuerto con su asistente, arreglando unos asuntos con los boletos de viaje —me explicó Alice y a continuación bufó. —Mañana nos iremos a Miami y conocerás a mis suegros —me comentó con cierta incomodidad en su voz.
— ¿Sus suegros también se relacionan con la moda? —le pregunté, pues Jasper no era precisamente un modelo.
—Algo parecido... son italoamericanos y tienen algunos restaurantes en Italia —respondió.
Asentí sin decir nada más, pues no se veía muy cómoda hablando del tema. Tal vez tenía algo que ver con su primer esposo...
—Bella, ¿quieres? —me ofreció Sophie un trozo de pastel. Asentí y después de probarlo le dediqué una sonrisa. —Tienes chocolate en tu nariz —me dijo riendo.
—Tú también, amor —le respondí con voz dulce. Las niñas terminaron y nos retiramos, pues la señorita Alice debía irse al hotel a terminar los últimos detalles de la fiesta.
Mientras paseaba con las niñas por las calles de París no podía evitar pensar en quién era su madre. Ni Edward ni nadie de su familia la mencionaba, y las niñas tampoco. ¿Estaría muerta? Esa era la única idea que se me ocurría, pues parecía un fantasma. No me atrevía a preguntarles a las niñas por su madre, ya que me daba miedo su reacción.
—Bella —me llamó Phoebe.
—Dime, princesa —le respondí, a lo que ella me miró con preocupación y me abrazó de repente.
—Te quiero —me dijo abrazándome con fuerza. Acto seguido le devolví el abrazo y me agaché a su altura.
—Yo también te quiero, princesa. Pero, ¿te pasa algo? —le pregunté con preocupación. Ella simplemente negó con la cabeza.
—No, solo no quiero tener que despedirme y no habértelo dicho —me respondió con tristeza en su voz. Me quede fría al oír sus palabras, pues eran algo profundas para una niña de su edad. Era como si tratara de decirme algo, pero no podía entenderlo, no conocía bien a estas niñas todavía pero ya las quería como si fueran mis hijas.
Ella me sonrió y se fue corriendo, dejándome toda confundida. Normalmente habría esperado algo así de Sophie, pero no de Phoebe, pues ella no era muy sentimental. Tal vez solo había tenido un momento depresivo o algo así; no quería darle mucha importancia al asunto por más que las palabras me hubiesen conmovido. Para mí las despedidas tampoco eran un buen momento, y más cuando lo eran para siempre.
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—Niñas, no corran —les grité al ver que se alejaban de mí.
Pasó en cuestión de segundos, no vi el auto venir hacia mí cuando perseguía a las niñas, pero el golpe nunca llegó, solo la oscuridad. Abrí mis ojos y me percaté de que estaba en los brazos de alguien. A continuación me encontré con las miradas preocupadas de mis gemelas.
— ¿Se encuentra bien? —me preguntó un hombre. Parpadeé y ahí estaba, un hombre que podía ser un modelo mirándome con su intensa mirada color gris.
—Yo... sí, lo siento —le contesté atropelladamente.
—Bella, ¿estás bien? —me preguntó Phoebe casi llorando, y vi que Sophie estaba temblando. Al darme cuenta de ello las abracé y las tranquilicé, pues no quería que llegaran en ese estado con su padre o sus tías.
—Muchas gracias, señor —le agradecí a mi salvador. Él solo me sonrió.
—No fue nada, presiento que nos volveremos a ver —dijo en tono cortés, y acto seguido se fue en su motocicleta.
—Era como un príncipe —comentó Sophie de repente, suspirando. Yo enarqué una ceja. —Él te rescató, fue tan valiente... —siguió diciendo.
—Creo que este supuesto príncipe prefiere ser un caballero misterioso —le dije riendo y ellas me miraron divertidas. —Niñas, vamos al hotel, que ya se está haciendo tarde —las urgí, y tomé sus manos. Al llegar al hotel me encontré con Emmett, que por suerte no estaba con Rosalie, así que nos acompañó a mí y a las niñas a tomar un helado.
—Oh, tío Emmett, tendrías que haberlo visto, fue como en los cuentos. Él tenía una motocicleta que era como su caballo —le contó Phoebe con emoción. Yo sentía mis mejillas arder, pues no podía creer que unas niñas de ocho años se estuvieran burlando de mí.
—No fue tan exagerado, solo fue un hombre amable, es todo —dije rápidamente, pero ambas fruncieron el ceño en desacuerdo.
—Tuviste suerte, al menos no te atropellaron —se burló Emmett riendo. —Fuiste salvada y ahora eres una princesa —comentó bromeando, consiguiendo que lo mirara mal. Decidí que era mejor rendirme y dejar que las niñas vieran la fantasía de mi accidente, mientras que yo me consideraba afortunada, pues estaba viva y sin ningún hueso roto.
— ¿Irás a la fiesta? —le pregunté aunque sabía que era tonto hacerlo, ya que era obvio que él estaría ahí. Emmett asintió.
—No me emociona mucho el evento, pero debo ir por Rosalie —me contó sin ánimos. — ¿Sabes? Planeaba proponerle matrimonio —me confesó en tono baja para que las niñas no lo oyeran.
—Princesas, ¿por qué no van por otro helado? Vayan, ya pronto nos vamos —les pedí, a lo que ellas asintieron. —Listo… ¿por qué no se lo propusiste? —le cuestioné a Emmett.
—Aún no estoy seguro... Algo me detiene —me respondió con inseguridad. —En fin, debemos continuar esta conversación más tarde, que ya vienen las niñas y yo debo irme —me dijo, y yo asentí.
—Gemelas, nos vamos, su tía Alice nos espera —las avisé y acto seguido tomé sus manos. —Nos vemos, Emmett—me despedí, al igual que las niñas. A continuación subimos a la habitación de la señorita Alice, que aún no había llegado. Le mandaría un mensaje para hacerle saber que ya estábamos aquí.
—Bella, alguien está llamando a la puerta —me dijo Sophie.
—Ya abro —respondí.
—Servicio de habitaciones —dijo la voz al otro lado de la puerta, por lo que abrí y lo primero que vi fue una enorme caja de color oro. —Para la señorita Alice—me explicó la joven, y tomé la caja. Esta tenía una tarjeta junto al lazo. Las niñas miraron con curiosidad el objeto, al igual que yo.
Con temor tomé la tarjeta a pesar de que sabía que no era correcto, pero la curiosidad me estaba matando. Además, lo más seguro es que fuera de Jasper.
El precio que estoy pagando por amarte es recordarte, pero sé que nos volveremos a ver.
Esa simple frase era lo que decía la tarjeta, así que la dejé en la mesa junto con la caja. Eso no era de Jasper, algo me lo decía. Pero no era mi problema, y no quería perder mi empleo por los líos amorosos de mis jefes.
—Llegamos, niñas —anunció Anne abriendo la puerta. Ella venia junto con Alice. —¿Cómo les fue? —les preguntó.
—Señorita Alice, acaba de llegar esto para usted —le expliqué. Todavía sentía muchísima curiosidad.
—Gracias, Bella—dijo, y tomó el obsequio. Pude sentir la tensión que tenía al momento en que tomó la caja. —"El precio que estoy pagando por amarte es recordarte, pero sé que nos volveremos a ver" —leyó en voz alta. —Eso es tan propio de él... —dijo suspirando.
—Siempre fue romántico. Ábrela, quiero ver qué te envió. Sabes que si no lo usas, yo no tendré ningún problema en hacerlo —comentó Anne con cierta esperanza en su voz.
La señorita Alice abrió la caja, y aunque yo traté de parecer lo menos interesada posible, miré el contenido de esta: un ramo pequeño de rosas rojas y una caja de joyería.
—Zafiros, él sabe que los amo —murmuró Alice rodando los ojos y mostrándole a Anne el collar.
—Tiene buen gusto, ¿verdad Bella? —me preguntó ella de repente.
—Son preciosos —me limité a responder. La señorita Alice negó y guardó la caja.
—Lo llamaré. Debemos hablar… cada vez que aparece o me manda algo me confunde —dijo con molestia, y acto seguido salió del cuarto.
—Si ella no lo usa, yo sí —comentó Anne mientras miraba el collar. Yo, por mi parte, miré a las niñas, que parecían estar igual que yo, mirándolo todo con curiosidad. —Bella, no había tenido oportunidad de hablar contigo —comentó Anne con voz suave. —¿Qué te parece París? ¿Es tu primera vez aquí? —me interrogó.
—Sí, solo conozco Italia —le respondí. Ella asintió y me sonrió.
—Yo vivo aquí desde hace cuatro años. Es lindo, pero amo New York y siempre quiero volver —me contó.
Miré por curiosidad mi móvil, pues era extraño que Edward no me hubiera llamado.
—Señorita Anne, ¿dónde está el señor Cullen? —le pregunté, ya que todos sus compromisos debían haber terminado según mis cálculos.
—No lo sé, aunque es raro que no haya llamado —me dijo con cierta inquietud.
—Tía Anne, no hemos visto a papá —se quejó Phoebe haciendo un puchero. —Y esta noche no lo veremos porque va a estar ocupado.
—Lo siento, princesas, pero saben que su papi trabaja mucho para que ustedes tengan de todo —las consoló Anne abrazándolas. —En Miami iremos a la playa y la pasaremos muy bien —les dijo intentando animarlas.
—Solo quiero a mi papá —musitó Sophie soltando unas cuantas lágrimas, y Phoebe asintió. Anne suspiro.
—Isabella, llama a Edward y me lo pasas, por favor —me pidió Anne en tono molesto. Marqué el número y apenas sonó se lo di a la señorita. —No te atrevas a colgarme, soy yo —dijo Anne de repente; su tono de voz era aún más fuerte y brusco. —No me importa que estés ocupado, ven por tus hijas, las has ignorado durante todo el viaje —le siguió reclamando. —Isabella no es la responsable de las niñas, tú eres su padre, así que ven por tus hijas —le dijo, y a continuación colgó sin dejarle decir nada más.
— ¿Está molesto? —le pregunté.
—Un poco, pero al ver a las niñas se le pasará —respondió Anne tranquilamente. —Isabella, puedes ayudar a bañar a las niñas. Ya son casi las siete y a las nueve debemos comenzar a vestirnos para irnos al espectáculo —me pidió Anne.
—Claro, venga niñas —dije con voz dulce. Ayudé a bañar a las niñas y luego cenaron. A continuación las llevé a su habitación para que pudieran dormir, pero les coloqué una película para que se distrajeran mientras esperaban a su padre.
—No vendrá —dijo Phoebe molesta.
—Aún es temprano —la animé, pero ella negó con la cabeza mientras que su hermana me abrazó con más fuerza. Pasó un rato hasta que las niñas se durmieron, más por tristeza que por cansancio. La puerta se abrió lentamente; era Edward. Al verlo no pude evitar dedicarle una mirada asesina. —Buenas noches —dije seria.
—Buenas noches, Isabella —me contestó el saludo y se acercó hasta donde estaban las niñas. —Tuve un contratiempo de último minuto —me explicó mientras acariciaba los cabellos de sus hijas. — ¿Cuánto hace que se durmieron?—me preguntó.
—Más o menos una media hora —le respondí. —Lo estaban esperando.
—Lo sé, y créeme me odio por hacerles esto —me dijo arrepentido. —Yo las amo, son lo mejor que me ha pasado en la vida —dijo mirando a las niñas con adoración.
—Entonces no las decepcione —me atreví a responderle. Él me miró con asombro.
—Intento no hacerlo —me contestó con cierta rudeza. Me di cuenta de que debía dejarle un momento a solas, así que me retiré. Aún debía arreglarme para la fiesta. Apenas salí de la habitación me encontré con Samantha. Ella ya estaba lista para el espectáculo luciendo un vestido negro.
—Bella —me saludó al verme. —¿Edward ya salió? Se nos hace tarde —se quejó.
—No, señorita, está con sus hijas —le expliqué.
—Pero en quince minutos debemos irnos, y yo ya estoy lista —volvió a quejarse. Yo solo enarqué una ceja. Así que ese era el primer defecto de Samantha... Primero estaba ella antes que nadie más. —Iré a decirle —me dijo molesta.
—Señorita, yo lo avisaré, no se moleste —intervine rápidamente, a lo que ella me sonrió.
—Gracias, Bella—me agradeció y después se marchó. Esperé unos minutos, asegurándome de que se iba, y después me fui de nuevo a mi habitación para arreglarme para la fiesta. Al llegar ya me esperaban el mismo equipo de estilistas que la noche anterior y un vestido de color azul, escogido esta vez por la señorita Anne.
Al llegar al Moulin Rouge toda la entrada estaba llena de paparazzis; eran inclusos más que durante el desfile. El evento tenía muchas normas, y entre esas estaba que la prensa no podía entrar, solo se permitían fotógrafos de la revista. Además de ellos, ningún invitado podía tomar fotos dentro del lugar.
—Bella, por aquí —me llamó Alice al verme entrar. —Tu mesa es la mía. No te preocupes, solo seremos Anne, Marcelo y nosotras.
— ¿Dónde se sienta el señor Cullen? —le pregunté.
—Junto a Christina Aguilera y su esposo; ella es una invitada especial, además de Cher —me explicó con emoción. Abrí mis ojos como platos: Cher estaba aquí, no podía creerlo. Yo había escuchado su música desde que era una niña, pues mi madre era su fan.
—Alice, ¿crees que puedo pedirle un autógrafo? —le pregunté, esperanzada, y ella rió.
—Esta noche no, pero prometo conseguirte uno. Ella y yo nos llevamos muy bien—me dijo sonriendo. —Mi madre y ella son íntimas amigas, incluso le pido la bendición y la llamo tía —me contó. No debía sorprenderme, después de todo, para ellos era normal tratar con artistas y cantantes. No me extrañaría que Richard Gere fuera el padrino de Alice o de Emmett.
—Buenas noches —saludé a Marcelo.
—Te ves muy bien, Isabella —me halagó, y me sorprendí al darme cuenta de que sus palabras sonaban sinceras.
—Tú igual—le dije, y él rió. Busque a Samantha con la mirada. Ella no estaba sentada en la mesa de Edward, sino que estaba unas cuatro o cinco mesas de distancia, sentada con grupo de personas que no conocía. Las señoritas llegaron, ambas, como era de costumbre, lucían fantásticas: Alice llevaba un vestido de color plateado que hacía resaltar los zafiros que usaba; por su parte, Anne tenía un vestido de color rojo que tenía cierto aire burlesco.
El show comenzó. La mayoría de este fue can can, actos cómicos y otros espectáculos de baile. Todo había quedado precioso. Al final del evento, Christina Aguilera, junto a otras cantantes, cantó la famosa canción Lady marmalade, cerrando con broche de oro la noche. Todo había quedado perfecto, lo podía notar al ver la sonrisa de satisfacción que tenía Edward en su rostro, al igual que sus hermanas. Una parte de mí se sentía feliz, ya que yo también había ayudado a que todo esto se hiciera.
—Te dije que nos volveríamos a ver —me dijo una voz de repente. Me volteé y ahí estaba, mi "salvador" como le decían mis niñas. Al verlo me sorprendió, pues estaba aún más impactante que cuando nos vimos la primera vez, ya que en esta ocasión estaba usando un traje color gris que hacía que pareciera su armadura de plata o acero.
—Creo que es obvio que sabes quién soy, pero yo no tengo ni idea de quién eres tú —le dije enarcando una ceja. Bufé internamente, pues este hombre era un galán de cine, pero desgraciadamente yo no era una dulce e inocente chica esperando conocer a su actor favorito. —Estoy esperando una respuesta, así que ¿quién demonios eres?
—Eres un poco ordinaria —me dijo riendo.—Te conozco, ¿quién no conocería a la asistente de Edward Cullen? Eres popular, y además de ello tenemos un amigo en común —me contó. Lo miré sin entender, pero al ver a la mujer que se acercó a nosotros, ya todo dejó de parecer una coincidencia.
—Señorita Samantha —la saludé nuevamente, ella me sonrió.
—Bella, él es Mark, mi socio de negocios y un gran amigo. Planeaba presentártelo, pero veo que ya se conocen —comento. Algo no me gustaba en esa situación, así que preferí retirarme.
—Es un placer. Siento ser grosera, pero debo irme, mañana el vuelo sale temprano y ya es bastante tarde —dije rápidamente.
—Seguro, nos veremos pronto—se despidió Mark, pero más que una despedida me pareció una afirmación y no me gustó.
De regreso de nuevo en el hotel me encontré con Anne. Ella estaba en el pasillo, con sus tacones en la mano y sentada junto a la puerta de la habitación de la señorita Alice.
—Señorita Anne, ¿qué sucede? —le pregunté con curiosidad.
—Alice es una aburrida, no quiere que oiga de lo que habla. Igual me lo va a decir, pero según ella, es algo que necesita hacer sola —me respondió y bufó. Yo la miré sin entender; la verdad es que no entendía absolutamente nada. —Bella, créeme que pronto te contaré todo, o mejor dicho, te enterarás de todo, pero por ahora solo observa y siéntate junto a mí —me ofreció señalándome el piso.
Suspiré y me quité los tacones. No tenía ningún sentido permanecer con ellos si la reina rosa no los tenía. Acto seguido me senté junto a ella y me sonrió. Se podía decir que era la primera vez que estaba tan cerca de la señorita Anne, normalmente siempre había una distancia entre nosotras.
— ¿No le molesta esperar? Es decir, puede pedir una habitación —le dije en tono cansado, pues tenía algo de sueño.
—No duermo sola —me respondió en tono bajo, y yo la miré sorprendida. —Sí, créelo o no, nunca he dormido sola. Desde niña le tengo un miedo horrible a la oscuridad. Siempre he dormido con Alice en la misma habitación, pero cuando se casó fue horrible; no podía dormir. Emmett dormía conmigo como un tierno oso de peluche —me contó, y rió suavemente. —Cuando me mudé a París mi novio era mi oso de peluche, aunque no lo hacía muy bien, pero era preferible a estar sola.
—No sabía que tenía novio —le dije y ella me sonrió.
—Estamos distanciados, aunque ya parece que nuestra relación no existe —me explicó con tristeza y cerró sus ojos. Creo que trataba de contener las lágrimas. —No importa mucho, en parte es lo mejor, yo no sirvo para los dramas amorosos. Eso es de Alice.
—Yo hablo dormida, mi madre dice que soy la peor para guardar un secreto, pues lo digo todo mientras duermo —le confesé haciéndola reír.
—Alice tampoco puede dormir sola, es un miedo compartido de hermanas. Aunque ella no ruega por un compañero de cuarto —me dijo y bostezó. —Ya que esto parece una sesión de confesiones vergonzosas, deberíamos contar algunos secretos o jugar a las 20 preguntas, pero en nuestro caso solo serán tres porque tengo sueño —me propuso.
—Me parece bien—acepté. No todo el tiempo se tenía la oportunidad de interrogar a tu jefe, y más si este era Anne. —Yo empiezo. Primera pregunta: ¿Usted realmente es hermana biológica de Edward, Alice y Emmett? —le pregunté, aunque ya sabía la respuesta.
—No, verás la historia es bastante graciosa. Yo era su vecina y sus padres me adoptaron. He vivido con ellos desde los cinco años, aunque los quiero como si fueran mis hermanos de sangre, y mis padres son Esme y Carlisle aunque no lleve su sangre y apellidos —me dijo con seguridad. —Ahora me toca a mí: ¿tienes novio? Ya sabes que merezco saber si lo tienes.
—No, y creo que nunca tendré, pues hace unos años estuve comprometida y él murió. Jamás he podido volver a salir con alguien —le respondí, cerrando los ojos para evitar llorar. Me sorprendió que pudiera hablar de Tony sin caer en un estado de depresión.
—Lo siento, ahora me siento como una perra. Yo te trato horrible, Bella... —me dijo riendo, y yo le sonreí. —Bien, te toca.
— ¿Por qué Sophie es tan callada? Me preocupa un poco. Ella es muy tímida para una niña de su edad, incluso es más tímida de lo que yo era a su edad —le expliqué temiendo que se molestara.
—A simple vista cualquiera diría que mis sobrinas lo tienen todo, pero no es así. Ellas muchas veces no tienen la atención de su padre, ya que Edward viaja mucho y pasa hasta un mes o dos sin verlas. Además, no todo el tiempo sus tíos y yo las podemos cuidar. Sophie sufre de depresión infantil; estuvo en el psicólogo hace unos meses, y la verdad es que mejoró mucho. Antes solo se escondía entre sus cabellos o no hablaba para nada —me explicó y suspiró con tristeza. —Yo amo a mi muñeca, y siento que tenga que sufrir esto, por eso te agradezco que las cuides. Aunque te lo advierto, son mías y solo las presto por ratos.
—De acuerdo. Estoy muy feliz de haberlas podido conocer, son preciosas —le dije con voz dulce.
—Lo son. ¿Por qué vistes tan mal? —me preguntó en un tono ligeramente ofendido.
—Digamos que de adolescente era muy rústica y nunca me preocupé por mi aspecto. No sé, jamás me llamaron la atención los zapatos o la ropa, yo prefería leer o ayudar a reparar autos a mi papá —le respondí encogiéndome de hombros. —Mi turno. ¿El regalo que recibió la señorita Alice era de Jasper?
—No debería responder a esto, pero mañana te enteraras de muchas cosas, así que, que lo sepas unas horas antes no hará daño a nadie… —dijo no muy convencida. —No, no era de Jasper, sino de su ex esposo, el cual aún sigue enamorado de ella. Incluso a veces creo que mi hermana todavía lo ama —dijo en tono bajo. —Nunca creí que se podía amar a dos personas, pero Alice me pone a dudar en ello. Ella ama a Jasper, pero aún no está segura de sus sentimientos.
—Ellos se ven muy enamorados —le dije, pues esa era la impresión que daba al verlos.
—Eso espero, u otro escándalo vendrá pronto —dijo rodando los ojos. —Es mi última pregunta: sé que me dijiste que estuviste prometida pero, créeme, después de todos los dramas que vivo con mi hermana reconozco el amor, y a veces lo veo en ti. ¿Estas enamorada, Bella? —me preguntó Anne con interés.
—Yo…—traté de negar, pero no podía. Mi mente se detuvo por un segundo y solo me vino a la mente Edward.
—No tienes que decírmelo ahora, Alice también pasó por lo mismo con Jasper. Cuando estés lista para admitirlo, me lo dices —dijo dándome una sonrisa. No pude decir nada porque la puerta de la habitación se abrió. Era Alice, que tenía los ojos rojos, al igual que la cara. Se veía que había estado llorando. —Cálmate, guarda tus lagrimas para mañana —le dijo Anne, y le abrió sus brazos. Alice solo la abrazó y comenzó a llorar de nuevo.
—Mejor me voy, buenas noches y muchas gracias, señorita Anne, fue un lindo momento —le dije. Ella asintió y a continuación ambas entraron en la habitación.
Mientras caminaba hacia a mi habitación no podía dejar de pensar en la pregunta de la señorita Anne: ¿Estaba yo realmente enamorada?Creía que no tenía motivos para estarlo, pero al parecer tenía más de los creía.
—Isabella, pensé que estarías dormida —me dijo Edward, sorprendido.
—Tengo un poco de insomnio —mentí, y él enarcó una ceja.
—Yo acabo de llegar. Tuve que dejar a Samantha en su apartamento —me explicó y pasó las manos por su cabello. Era un gesto muy sexy. —En fin, es tarde, buenas noches —dijo en tono cansado y abrió la puerta de su habitación.
—Buenas noches, Edward —dije, y me limité a hacer lo mismo. No iba a enamorarme, lo último que quería era amar a un hombre que no sentía nada por mí y que solo me veía como su asistente.
Estamos en agosto y lo prometido es deuda aquí está el nuevo capítulo. Muchas gracias por sus comentarios y a las nuevas lectoras bienvenidas si alguna quiere unirse al grupo en Facebook, envíenme una solicitud para agregarla "Beca Masen" es mi nombre en Facebook.
¿Dudas o preguntas? Especial de pregunta repuesta en el grupo de Facebook ya que esta historia tiene más de un problema amoroso.
Nos leemos en dos semanas… puede que antes dependiendo de los comentarios.
Mil gracias a mi beta Romy92 por aportar siempre su granito de arena a esta historia.
