Edward Cullen y Samantha Evans, ¿más que socios comerciales?
Al parecer esta pareja quiere llevar sus relaciones de negocios a algo más que simples contratos, ya que se les vio muy unidos la semana pasada en París. Además de sus muy numerosos encuentros en Mónaco.
¿Será Samantha la nueva señora Cullen?
POV Bella
Por la mañana apenas tuve de tiempo de mirarme al espejo. Me había quedado dormida después de la agotadora sesión de preguntas con la señorita Anne, y ahora estaba oculta bajo unos lentes de sol y un atuendo playero, esperando para llegar a Florida. Para mi suerte yo no era la única con un aspecto terrible: las señoritas estaban agotadas. Durante todo el viaje ambas se habían ido a dormir, al igual que mi jefe y las niñas. Me disculpé con la señorita Samantha por no poder ir a desayunar con ella, pero al parecer ella ya se había ido a Mónaco.
Yo, por mi parte, me acababa de despertar y todavía faltaba más de medio vuelo para llegar. Además, tenía un dolor de cabeza que me estaba matando. Busqué en mi bolso y tomé dos pastillas para dormir; eso era justo lo que necesitaba si quería llegar con mi vida a Florida.
…
El aterrizaje me despertó de golpe cuando mi celebro no estaba aún conectado con mi cuerpo. Salí y me encontré a las señoritas que ya estaban despiertas. Por otra parte, mis gemelas estaban en el mundo de los sueños en los brazos de su padre.
—Edward, pasaremos por un hotel primero. No planeo llegar a casa de mis suegros pareciendo como si acabara de pasar una noche de copas. Eso sería darles más motivo para hablar de mí y de mi terrible matrimonio —le dijo Alice, ofuscada, pues no parecía muy feliz.
—Está bien. Yo iré con ustedes, las niñas tienen que descansar. Ahora cálmate o intentarás suicidarte—la regañó.
Tanto yo como la señorita Anne no dijimos ninguna palabra, ella solo trataba de acomodar su cabello, el cual parecía darle problemas matutinos. Al llegar al hotel, Edward se fue directo con las niñas a acostarlas. Ms pobres bebés estaban muertas de sueño. Nos encontraríamos durante la tarde para vernos con los famosos suegros de la señorita Alice.
—Isabella, date una ducha y cámbiate, iremos al salón de belleza —me dijo Anne entrando en la habitación. Yo solo suspiré; aún quería dormir. —Prepárate, esto no será divertido —me advirtió. Fuimos a un pequeño salón dentro del hotel. En ese momento entendía la magia de esos lugares: habían cambiado mi aspecto de ebria a una dulce chica americana.
— ¿Cómo estoy? —le preguntó Alice a su hermana. Ella no se veía alterada, sino más bien nerviosa.
—Perfecta. Solo relájate, Jasper no está molesto contigo —la calmó Anne. Alice enarcó una ceja. —Bueno, molesto no, pero sí algo enojado. Pero vamos, eres lo mejor que le ha pasado, no sería capaz de dejarte —la consoló ella.
—Gracias, hermana —dijo ella en tono cínico. Las tres salimos del hotel donde ya Edward y las niñas nos esperaban.
—Hola, preciosas —saludé a mis gemelas, y ellas me abrazaron de golpe.
—Bella, iremos a la playa y luego a Disneyland. Será genial —me comentó Sophie sonriendo.
—Claro, amor, nos divertiremos mucho —le respondí con voz dulce. —Señor, ¿qué debo hacer mientras estoy aquí? —le pregunté a Edward.
—Descansa unos días. Solo tenemos una sesión de fotos en la playa —me respondió. Aún se veía agotado.
Me limité a asentir y a aceptar las pequeñas vacaciones de una semana en Florida. Solo debía avisar a Rachel de que Papi estaría un tiempo más con ella.
Llegamos a South Beach y mis ojos no pudieron evitar abrirse como platos al ver la poca ropa que usaban las personas. Era cierto que estábamos en Florida, pero algunos modelos de traje de baño no eran más que un pedazo de tela pegado al cuerpo.
—No habías venido nunca a South Beach, ¿verdad, Isabella? —me preguntó Edward sonriendo pícaramente. Aunque más que una pregunta parecía una afirmación.
—No, señor —le respondí algo incómoda. Mi padre era un hombre demasiado conservador y seguramente se moriría si se enteraba de que yo estaba aquí. Miré a las niñas, preocupada, aunque ellas no parecían sorprendidas por la vista. Estaban más entretenidas jugando con sus Nintendo.
Llegamos a un hermoso local de espectáculos; me parecía haberlo visto antes en alguna película. Jaula, se llamaba. En aquel momento lo recordé: aquel había sido el lugar donde habían filmado la popular película La jaula de las locas, la cual Charlie me había prohibido ver por ser inapropiada.
—Por fin llegan —dijo un hombre en tono chillón. Este usaba unos shorts muy cortos y unos collares de flores. —Aro está muy molesto, creo que te odia más de lo normal.
—Hola, Oscar —lo saludó Alice sin ánimos. —Oscar, ella es Isabella, la asistente de mi hermano. ¿Puedes darle un cuarto? —le pidió Alice en tono amable.
—Creo que será el tuyo, pues tus cosas ya no están ahí —le dijo riendo, y sin decir nada más se fue. Alice lo miró sorprendida y respiró hondo.
—Ignóralo, solo quiere fastidiarte —la tranquilizó Anne. De repente apareció por la puerta un hombre de cabellos negros, seguido por un hombre rubio el cual se parecía mucho a Jasper.
— ¿Qué haces tú aquí? —exclamó el hombre de cabellos negros con voz chillona. —Cayo, sácala de aquí. No la quiero ver, ni a ella ni a su horrible hermana.
—Hola, Aro, yo también te extrañé. Aunque estás más vieja —le dijo Anne en tono mordaz.
—Un momento, antes de que sigan peleando me llevaré a mis hijas a la piscina, si no te importa, Aro —le dijo Edward en tono tranquilo. El aludido le sonrió.
—Claro, tu siempre eres bienvenido, Edward. Qué hermosas están mis niñas —dijo Aro, sonriendo. Definitivamente el tipo sufría de bipolaridad.
Me sentía fuera de lugar, así que me fui con Edward. Aún lejos de la pelea me sentía algo tensa; las palabras de anoche retumbaban en mi cabeza. No estaba enamorada, y por más que lo quisiera, Edward no era para mí y nunca lo seria. Y en ese momento menos, que estaba prometido.
—Isabella, ¿te gustaría venir mañana a cenar conmigo? —me preguntó Edward de repente, y yo lo miré sin entender.
—Claro, señor, seguro que las niñas lo pasarán genial —le respondí en tono bajo. Él solo negó con la cabeza.
—Solo tú y yo —me dijo. Yo me quedé fría, pero volví a la realidad rápidamente. Seguro que se trataba de una cuestión de trabajo; no podía confundir las cosas.
—Perfecto, me encantaría —le respondí sonriendo, tratando de ocultar mi sonrojo. Miré la niñas, quienes se veían muy felices jugando en la piscina, ajenas a todo.
—Sus cuarto están listos —dijo Oscar apareciendo de repente.
Todavía no me había acostumbrado a él, pues una cosa eran Marcelo o David, pero a este hombre no era fácil de acostumbrarse. Edward me indicó que fuera a descansar. Me fijé en que había un grupo de hombres y de transexuales que estaban escuchando detrás de la puerta lo que suponía que era una interesante conversación.
La casa era muy cómoda y confortable, la verdad. Todavía no entendía muy bien las cosas, no sabía quiénes eran los padres de Jasper y no tenía ni idea de quién demonios era Aro. Lo único que tenía claro era que estaba en una casa llena de gays.
—Te juro que me voy a volver loca —exclamó Alice entrando de golpe en la habitación seguida de Anne. —Jasper me va escuchar. Si no le pone un alto a su madre yo la mataré —dijo furiosa.
—Yo te ayudaré a enterrar el cadáver —la siguió Anne con cierta felicidad en su voz.
—Un momento, creo que no estoy entendiendo bien. ¿La madre de Jasper...? Es decir, ¿la madre de Jasper es Aro? —pregunté confundida y algo ofuscada. Ellas me miraron, divertidas, y acto seguido se echaron a reír.
—Pensé que lo habías notado, Bella —me dijo Anne, riendo.
— ¿Notar qué? —cuestioné sin entender.
—Los padres de Jasper son Aro y Cayo, los que viste a allí abajo —me explicó Alice entre risas. Yo continué mirándola absorta.
—Pero… pero son hombres —dije aún confundida.
—Mis suegros son homosexuales, y sé que es muy raro, pero es como el caso de Ricky Martin —me siguió explicando Alice. Me senté de golpe en la cama. Yo que pensaba que Jasper era el más normal, y resultaba que sus padres eran gays.
—Claro —me limité a decir. Ellas volvieron a reírse.
—No te preocupes, ya te acostumbrarás —me animó Anne. —Aunque si odiaras a Aro no te culparía. En fin, estaremos abajo. Si nos necesitas solo avísanos —dijo ella, y a continuación se fueron. No debía sorprenderme, esto era muy normal hoy en día, pero culpaba a mi anticuado padre por educarme de esa forma tan puritana. Lo mejor sería que actuara normal si no quería tener problemas con la tal Aro, ya que no parecía tan amigable.
Bajé a curiosear el lugar. Seguro que era parecido al de la película La jaula de las locas, y no me equivocaba, pues la casa era idéntica. Entré en la cocina, quedándome en shock al instante; mis ojos no estaban preparados para lo que estaban viendo:
— ¡Señorita Anne! —grité casi a punto de desmayarme al verla besándose con Jasper. —¿Cómo pudo? ¡Es el esposo de su hermana! ¡Yo siempre supe que no era buena pero esto es horrible! —grité, exaltada. Ella me miró completamente sonrojada. —Usted no se merece tener a Alice como hermana, es una víbora y una... —iba seguir con mi discurso pero ella me detuvo:
—Isabella, cálmate, él no es Jasper —dijo rápidamente.
—No sea descarada, ¡si lo estoy viendo! —chillé. Sin embargo traté de calmarme, pero era algo difícil.
—Señorita, creo que me está confundiendo. No soy Jasper, aunque es normal confundirme con mi mellizo —dijo, sonriendo. —Soy Francesco, el novio de Anne. Tú debes de ser Bella —dijo, presentándose y dándome la mano.
Lo miré detenidamente y pude notar el enorme parecido a Jasper, que era el que obviamente me había hecho confundirlos. No obstante en aquel momento vi las diferencias: el tal Fancesco era más alto, no usaba lentes y su cabello era más oscuro, así que lo único que compartía con Jasper era su rostro.
—Yo… lo siento mucho, señorita Anne. No quise llamarla así —dije, avergonzada. Podía sentir el calor subir por mis mejillas.
—Disculpa aceptada, Isabella. Ahora puedes irte —dijo Anne, dedicándome una mirada llena de ira. Salí corriendo de allí y me encontré con la señorita Alice. Ella se estaba comiendo un helado y parecía un poco más feliz.
— ¿A qué confundiste a Francesco con Jasper? —me preguntó divertida.
—Sí. ¿Cómo lo supo? —cuestioné.
—Intuición, y además oí la discusión que teníais en la cocina. No te preocupes, suele pasar —me consoló mientras me ofrecía un poco de su helado.
—Gracias, la veo un poco mejor. ¿Solucionó su problema con Jasper? —me atreví a preguntarle.
—Vamos a tu habitación. Tenemos mucho de qué hablar —me dijo y tomó mi mano, arrastrándome hasta la habitación. —Suerte que traje más helado. Esto ayudará a que pueda contártelo todo —me comentó dándome una cucharada.
—No es necesario que lo haga si no quiere —le aclaré tratando de evitar una conversación incómoda.
—Sí quiero hacerlo, y además te tengo la suficiente confianza como para poder contártelo todo —me dijo con voz suave. —Bueno, como sabes, Jasper es mi segundo matrimonio. Mi primer esposo era un hombre muy opuesto a Jasper, era un empresario multimillonario que podía hacer temblar a cualquiera —me contó.
—Algo así como Christian Grey—le dije, a lo que ella asintió.
—Pero sin la parte del dominante y la sumisa, claro. En fin, nosotros estábamos muy enamorados hasta que yo conocí a Jasper. Entonces me divorcié de repente. No sabía lo que estaba haciendo y mi matrimonio con Jasper fue tan apresurado... Nos conocimos y ya al mes siguiente me estaba divorciando de mi primer marido. La verdad es que no recuerdo mucho de nuestra boda —siguió diciendo. Podía ver las lágrimas en sus ojos. —Yo amo mucho a Jasper, pero él es muy inseguro y no lo culpo. Mi ex esposo aún me busca y yo soy débil... y creo que aún siento algo por él. Me siento como una perra, pero de verdad que es muy difícil. ¿Se puede amar a dos personas a la vez? —me preguntó, llorando.
—No sé mucho de relaciones, pero si fue capaz de dejar a su ex marido por Jasper en solo un mes, entonces es que no estaba tan enamorada de él —le respondí con seguridad.
— ¿Por qué lo dices? —me cuestionó.
—Porque Anastasia no hubiera dejado a Christian por otro hombre; por cualquier cosa excepto por otro hombre, y si su ex esposo era como él, creo que no lo amaba lo suficiente ya que no se lo pensó mucho a la hora de dejarlo —le contesté. Ella me miró, sorprendida, y se rió sin ánimos.
—Gracias —me dijo y a continuación me abrazó. —Bella, antes estaba segura de que seríamos grandes amigas, pero ahora estoy segura de que seremos hermanas —me aseguró sonriendo.
—Pero… señorita... —dudé, negando rápidamente.
—Deja que el tiempo corra —me pidió y acto seguido me guiñó el ojo. Creo que ella sabía cosas que yo aún ignoraba.
.
.
.
—Permiso —dijo la voz de Anne desde la puerta. Yo le indiqué que pasara y vi que estaba usando un lindo vestido corto de color rosa con flores. —Debes vestirte, dentro de poco comenzará el espectáculo. Toma, este es tu vestido, espero que te guste —me dijo dándome un bonito vestido de color azul cielo.
—Gracias, señorita, y sobre lo de hace un rato... de nuevo, lo siento —me disculpé, avergonzada.
—Solo olvídalo. Cuando termines de vestirte me avisas para que pueda maquillarte y peinarte —me pidió. Después se marchó, no sin antes dedicarme una sonrisa tranquilizadora con la que me indicó que ya no estaba tan molesta. Cuando estuve lista fui a ver a mis gemelas. Ellas se quedarían con algunas de las chicas, según lo que me había dicho la señorita Anne.
—Oscar, ponte derecho. Ahora camina con estilo, un pie adelante, uno atrás —dijo Phoebe en tono alto, y yo me reí al ver a mis gemelas enseñando a los gays a modelar. — ¡Bella! —gritó al verme.
—Amores, siento interrumpir —dije mientras la abrazaba.
—No lo haces —me aclaró Sophie. —Les estamos enseñando a las chicas a modelar como lo hacen mis tías —me explico Sophie. —Ahora, chicas, media vuelta y pasarela —les ordenó ella, y yo me reí sin poder evitarlo. Esto venía de familia.
—Son buenos. Con algo más de práctica puede que incluso los contrate —declaró Phoebe en tono profesional, enarcando una ceja. Era idéntica a su padre.
—Seguro, amor. Chicas, lo están haciendo de maravilla —las halagué. —Me voy hay, mis princesas, las veo mañana —me despedí y las abracé.
—Nos vemos, Bella, te queremos —me dijeron con voz dulce.
Al bajar, ya el señor Cullen me estaba esperando. Se veía perfecto, como era de costumbre, pero esta vez me ponía aún más nerviosa.
—Buenas noches, Isabella, estás preciosa —me dijo tomando mi mano y haciéndome girar para poder verme desde todos los ángulos. — ¿Me acompañarías esta noche? —me preguntó.
—Me encantaría —respondí, y tomé su mano olvidándome por completo de que estaba prometido.
El espectáculo había sido fabuloso, nunca me había reído tanto en la vida; me estaba divirtiendo mucho. Incluso Alice ya parecía haber solucionado sus problemas con Jasper, pues estaban muy a gusto bailando.
— ¿Quieres bailar? —me preguntó Edward al cabo de un rato.
—Tengo dos pies izquierdo —le dije negando con la cabeza. Pero él simplemente tomó mi mano y me arrastró hasta la pista de baile.
—Todo depende de quién te lleve —me susurró al oído haciendo que me estremeciera.
—Está bien —respondí sonrojada. Por lo que cerré mis ojos y me dejé llevar por la música, permitiéndome soñar solo por esa noche.
¡Hola a todas!
Muchas gracias por todos sus comentarios a las nuevas lectoras bienvenidas, si alguien todavía no está en el grupo de Facebook por favor no duden en decírmelo.
¿Sorprendidas? ¡Con la particular familia de Jasper!
Nos leemos la próxima semana.
Gracias a mi beta Romy92.
