Chapter 3: Reencuentro y pelea
-Lovino… nos volvemos a ver –el chico levanto la vista sorprendido.
-Tu… -murmuro el italiano mirándolo fijamente a los ojos.
Entonces, Antonio vio pasar todo lo que venía a continuación. Lovino empezaría a tartamudear y a enrojecer dulcemente completamente avergonzado con su reencuentro, él se levantaría sonriendo galantemente y le confesaría su amor, luego Lovino sonreiría emocionado y con lágrimas en sus ojos se besarían dulcemente. Luego vendría la boda: Lovino se vería bellísimo con un vestido blanco, caminando en dirección suya. Y aún más bello abajo suyo, con la luna iluminando su hermoso y desnudo cuerpo, gimiendo su nombre. O cuando llegara a su casa y se encontrara con la hermosa pancita de Lovino, una pancita que prometía una familia, pero no cualquier familia SU familia que formaría con su precioso Lovino. Tendrían tres hijos: dos niños y una niña, Marco, Nora y Salvatore. Oh! y después...
Sus pensamientos no pudieron seguir divagando puesto que su Lovino le volvía a hablar.
- Tu...- volvió a repetir su Lovi-love~ "Aaaaw... Ya esta tartamudeando" pensó Antonio sonriendo bobaliconamente.- Tu... ¿Acaso te conozco? -dijo Lovino mirándolo sin ninguna expresión en su rostro
Antonio ya se había levantado y le estaba sonriendo galantemente cuando terminó de procesar sus palabras y se puso pálido.
- ¿C-cómo que si nos conocemos? -dijo mirándolo aterrado- ¿N-no me recuerdas?- Por supuesto que lo recordaba, sólo estaba jugando ¿verdad?
-¿Debería recordarte? -dijo mirándolo desde numerosos ángulos, como si estuviera buscando la respuesta a un acertijo- mmmm... Ya sé! Eres el que vende especias en el mercado, ¿no? -dijo chasqueando los dedos satisfecho-
Antonio se sintió morir. ¿Es posible que su Lovino no lo recordara siendo que él no podía dejar de pensar en él? Se dejo caer en la silla desanimado, tratando de digerir lo que acababa de pasar. Escuchó al italiano preguntar si querían algo para beber, y luego sintió que se marchaba a buscar el vino que le habían pedido.
Lovino procuro actuar con naturalidad hasta llegar a la puerta de la cocina, incluso siguió actuando naturalmente cuando camino con rapidez entre sus atareados familiares en dirección al sótano y siguió con su faceta de tranquilidad mientras bajaba con presteza los escalones hacia la reserva de la familia. Pero en cuanto se encontró solo, sin nadie que pudiese ver, escuchar o aún menos reírse de lo que pasaría a continuación, dejo de contenerse.
-¡Maldición! -gruño- Maldición, maldición, maldita suerte la mía. - dijo mientras disminuía el volumen de su voz y apoyaba su espalda contra la pared más cercana.
Primero que nada ¡¿PORQUE MIERDA LE PASABAN ESTE TIPO DE COSAS A ÉL?! Es decir, ¿no le bastaba al maldito bastardo de allá arriba que planea estas cosas con que se lo hubieran encontrado en la plaza de toros? ¿No había sido suficiente tortura el que sus ojos se hubiesen encontrado en medio de toda esa multitud? ¿Y esas estúpidas mariposas que revoloteaban en su vientre, no eran acaso suficientes? Segundo: ese estúpidamente sensual español de mierda podía tomar su extrañamente dulce preocupación por el, su triste decepción y su encantadora sonrisa y marcharse ahora mismo de su hogar y su restaurante ahora mismo. Y tercero... Apoyo sus manos en su pecho sintiendo el rápido palpitar de su corazón y una tierna sonrisa asomó en las comisuras de su boca durante unos segundos.
-¡TONTERIAS!- gruño borrando todo rastro de esa pequeña alegría de su rostro, ignorando los latidos de su corazón. Él no dejaría que nadie se metiese en su corazón Nunca en la vida. Y menos alguien como ese... sujeto. Ya lo había decidido. Serviría la comida, seria cortés, esperaría por la paga y los despediría del lugar y no lo volvería a ver en la vida. No había ninguna razón para hacer tanto problema por algo tan pequeño. El no sentía nada por el español, y si así fuera, se olvidaría de él con rapidez. No dejaría que nadie nunca dañara su corazón... No dejaría que la historia se repitiera de nuevo.
-¡LOVINO! ¿Qué tanto haces allá abajo? ¡Hay clientes esperando! -la voz de su abuela resonó por todas partes, proveniente de la brecha de luz que salía desde la puerta abierta que conectaba con la cocina-
-¡YA VOY, YA VOY! -respondió el castaño sacando el vino que había venido a buscar. La puerta se cerro de un portazo. Su Nonna ya estaba estresada.
-¡LOVINO! -escucho la voz de Eli llamándolo desde la puerta nuevamente abierta- ¿Me subes una botella de cabernet por favor?
-¡YA!- grito sacando otra botella y apresurándose a subir las escaleras. Después de todo. Había clientes esperándole.
Antonio había pasado por una abismante etapa de depresión de 3 minutos. ¡No podía creerlo! Cientos, tal vez miles de mujeres morirían por ser salvadas por él (irónicamente) y Lovino ni siquiera se acordaba de quién era o dónde le había visto. ¿Acaso sus sentimientos... no eran correspondidos? No lo había pensado pero puede que su Lovino no se hubiese enamorado de él a primera vista como había supuesto, en realidad no había ninguna razón para ello, es decir, le había salvado y todo, pero eso apenas era suficiente para que el otro sintiera gratitud hacia él, nada más...
¡Pues claro! No había razón para deprimirse, si el corazón de su Lovi-love~ no era suyo aún, muy pronto lo sería, de eso estaba seguro.
-Prepárate Lovino, te enamorarás de mi, ya lo veras- murmuró apretando los puños decidido y con una mirada llameante. Sus amigos le miraron raro, después de todo se acababa de parar de la nada, luego de haber estado prácticamente tirado sobre la mesa sollozando por alrededor de 3 minutos, y había dicho algo sin sentido para ellos ¿Acaso estaba hablando de su mesero? Quizás no estaría de más llevar al torero a un psiquiatra, ya se estaba pasando de la raya.
Elizabetha, que estaba sirviendo comida en una mesa cercana, alcanzó a oír lo que decía Antonio. Se detuvo un instante y se le quedo mirando pensativa. Si ese chico estaba enamorado de Lovino... Podían ser buenas noticias. Lovino siempre estaba sólo comportándose como un anciano gruñón, tal vez si se enamorara sería más feliz, y algo menos gruñón (aunque quizás eso último fuese mucho pedir). Daba igual, quería mucho al italiano, quién era para ella casi un hermano; y haría de todo para verlo contento. La chica sonrió para sí y entro a la cocina a por nuevas órdenes, dándole un par de vueltas más a la idea. Parecía que se venían unos días interesantes.
En eso salió Lovino caminando grácilmente entre las mesas cargando con numerosos platos. Luego se dirigió a la mesa de Antonio y los demás y depositó tres copas. Descorcho el vino y le sirvió un poco a Francis, quien lo había pedido, para que lo probara primero. El rubio tomo la copa delicadamente entre sus dedos, lo revolvió elegantemente captando su aroma y luego de un rato se lo llevo a sus labios saboreándolo cuidadosamente. Cerró los ojos e hizo un gesto de aprobación a Lovino que les sirvió a los demás y dejo la botella en el centro de la mesa.
-¿Decidieron que van a comer? -pregunto sacando la libretita de su delantal junto con el lápiz. Esta era la oportunidad de Antonio, dejaría a Lovino impresionado con su seguridad, su confianza, su gallardía. Tenía que aprovechar todo lo que tuviese a su alcance para lograr conseguir el corazón de su pequeño italiano.
-Bueno...-empezó Francis-
-¡Tráenos tres especiales! -dijo Antonio golpeando la mesa con la palma. Lovino se lo quedo mirando con una expresión indescifrable. ¿Qué se estaba proponiendo ese bastardo?
-¿Tres especiales? -murmuro lentamente- ¿Está seguro?
-¡Por supuesto!- respondió el español sonriéndole al menor.- Siempre estoy seguro de todo lo que hago –comentó guiñándole un ojo.
-Está bien...- dijo anotando la orden mientras negaba con la cabeza pensando seriamente que el torero debía tener algún tipo de retraso serio para ser tan imbécil. No pudo evitar una pequeña risita saliese de sus labios.
Se metió en la cocina y dijo la orden. Obviamente ninguno de los presentes le creyó ¿Cómo iban a hacerlo? Volvió a pedirla esta vez usando a Elizabetha de testigo y convenciéndolos con sutiles frases para que hicieran "La **** orden de una **** vez" y cosas similares. En fin, le hicieron caso y en menos de 20 minutos tres especiales salían humeantes. Le pidió ayuda a Elizabetha y a su hermano para llevarlos ya que era imposible que una persona sola se llevara más de uno. Pues verán, el especial de la casa era una bandeja enorme de lasaña de la mejor calidad al puro estilo italiano. Apenas alcanzaba en la mesa para los tres platos ante los impactados ojos de los tres hombres. Finalmente su mesero les deseo "Buon appetite" y se retiro aguantándose la risa. La cara avergonzada del matador no tenia precio.
-Le pasa por idiota- murmuró para sí, satisfecho. Escuchaba aún los retos se sus amigos y se reía por dentro cuando sintió la puerta abrirse con gran alboroto. Cuatro sujetos borrachos entraron cantando y tambaleándose, los siguió con la mirada y vio que se sentaban en una de las mesas que atendía Feliciano. Sus censores de hermano protector se alertaron al máximo, la situación le daba mala espina.
-Feliciano...-lo llamo cuando vio que se dirigía a atenderlos. Le miró serio- Yo me encargo de ellos tu ve a atender esa- dijo haciendo un ademán hacia la mesa del torero. Feliciano asintió y fue a buscar otra de sus órdenes.
Lovino respiro hondo. Ese estúpido cuarteto de imbéciles... Seria molesto tratar con ellos, pero un cliente es un cliente así que... Cerró los ojos sacando la paciencia que tenía escondida en alguna parte y fue calmado a atenderlos. El más ruidoso de ellos, un hombre alto y fuerte de cabello castaño y mirada arrogante lo vio venir y sonrió pícaramente. Dio un par de codazos a los dos amigos que tenia a su lado y que eran tan intimidantes como él para que miraran al mesero. Los pícaros ojos lo recorrieron de pies a cabeza deleitándose con el espectáculo. Sonrieron entre sí. El italiano se paró frente a ellos indiferente y saludo.
-Buenas tardes, mi nombre es Lovino Vargas y seré su mesero esta tarde. ¿Qué desean para beber?
Entre balbuceos y carcajadas llego a entender que querían cerveza. Fue raudo a buscarla y llenó cuatro jarras con el dorado líquido. Luego de dejarlas sobre las mesas y sacar su libreta les preguntó si habían decidido que iban comer y entonces logro distinguir una inquietante sonrisa en los labios de ese molesto hombre. Tuvo un mal presentimiento.
-Pues sí- Contestó levantándose y caminando hacia el menudo italiano que alcanzó a retroceder un par de pasos antes de descubrirse acorralado contra una de las paredes más cercanas- Me gustaría probarte a ti - dijo tomándolo de los hombros con fuerza y besándolo repugnantemente. Lovino pudo sentir el asqueroso sabor a alcohol impregnar hasta la última parte de su cavidad bucal. Sentía nauseas al percibir la gruesa lengua dejar su babosa esencia por todas partes, trato de liberarse sacudiéndose con fuerzas y lanzándole patadas a diestra y siniestra pero parecía no funcionar.
"Bastardo... Suéltame. Ayúdenme...alguien... Por favor ayúdenme... Antonio..." Suplicó mentalmente al sentir que se desvanecía, ya sin aire.
En ese instante sintió que la ayuda deseada llegaba pues pudo escuchar la voz del español y un par de golpes. El borracho soltó sus labios, empujándolo contra la pared, sintió cómo su cabeza se golpeaba con fuerzas mientras intentaba tragar el aire que le hacía falta, parecía que caía al suelo pero estaba tan desorientado que no lo podía asegurar... Luego todo se volvió negro poco a poco. Sentía la cabeza muy pesada y sólo lograba escuchar gritos lejanos, golpes, un sonido metálico y a su hermano sollozando a su lado. Luego nada.
