Chapter 4: Juro que nos enamoraremos
El viento corría velozmente arrastrando consigo las hojas que habían caído de los arboles. El día estaba nublado y desde el cielo de un imperturbable gris las nubes jugaban a tapar y destapar al sol que iluminaba a ratos la tranquila ciudad italiana. La vida seguía su curso natural.
Lovino corría, había dejado a su hermano en la dulcería donde sus padres los habían enviado y corría, ahora, en dirección al hogar. Algo dentro de sí le decía que no debería estar corriendo hacia su casa. Sus padres habían sido claros en eso, debía salir a divertirse y punto, ahora estaban ocupados. Pero otra parte de sí le decía que el semblante adolorido de su madre no calzaba con la falsa sonrisa de felicidad que había enmarcado en su rostro cuando le había preguntado que le pasaba. No le parecía bien que su Mamma estuviera triste, y quería saber porque era. Recordaba discusiones en las noches, cuando su hermano ya estaba dormido. El oía como sus padres se ponían a gritarse el uno al otro y luego se escuchaban portazos. Eso tampoco tenía sentido para él pues en las mañanas incluso se daban un beso de buenos días frente a ellos ¿Si estaban enojados, entonces porque se mostraban tan sonrientes? ¿Y si estaban tan felices, entonces porque descubría a su madre llorando sola en la casa, y a su padre mirándolos a él y a su hermano con lastima?
Por eso Lovino corría y corría, en su interior sabía que algo iba mal con sus padres. Pero su joven mente de apenas cinco años no hallaba la explicación necesaria. Así que hoy, al ver de reojo el rostro de sus padres mientras él y su hermano se marchaban con algunos billetes en las manos, supo que fuese lo que fuese aquello que estuviera pasando, hoy iba a terminar todo.
Las pequeñas y delgadas piernas cruzaron lo más rápido que pudieron el jardín de su casa, aquella pequeña pero acogedora cabaña en la cima de la colina, y se adentraron buscando a sus padres. En eso, vio a su padre que caminaba apresuradamente, poniéndose una chaqueta y con una maleta en las manos. Parecía enojado. Cuando se encontró con su hijo lo ignoró deliberadamente.
-¿Papà? –Lo llamo inocentemente- ¡Papà! ¿Te vas de viaje?¿Dónde está mama?, ¡Papà! –nada, el hombre siguió caminando con el ceño fruncido mientras se arreglaba el sombrero de viaje. Confundido, corrió hasta la casa. En el salón su madre lloraba desconsoladamente
-¡Mamma, papà se está yendo, no me dijo a donde iba! ¿Mamma?... ¿Estás bien? ¿Por qué lloras?- Su madre levanto su rostro mirándolo con una tristeza infinita
-Mi Lovino –sollozó- que esto te sirva de lección para que nunca te pase a ti lo que me pasó a mí –su lacrimoso rostro le traspasó el alma haciéndolo llorar a él también, mientras corría a abrazar a su madre. Ésta, estrechándolo entre sus brazos le susurró- Nunca te enamores mi Lovino, o sólo te harán daño…
¡Lovino!
¡LOVINO!
Abrió los ojos. Su respiración estaba agitada y se sentía cansado aún cuando acababa de despertarse de lo que le parecía un largo sueño. Los últimos rayos del atardecer se filtraban por una ventana cercana dándole a la habitación y a todas las cosas que había en ella un tono anaranjado. Estaba en su cuarto.
-Ya era hora, bambino, ¿O pensabas dormir todo el santo día? – Le dijo su abuela con ternura, estaba sentada a los pies de su cama.
-¿Nonna? –dijo. Sentía su voz áspera y la garganta seca.
-¡Fratello! –Sollozó su hermano abrazándose a su cuello, había llegado corriendo a la habitación- ¿ESTÁS BIEN?
-Feliciano… –dijo tratando de zafarse aunque sea un poco de su asfixiante abrazo- Ppor qué dices eso? ¿Qué ha pasado?
-¡Ay, Dios mío, niño! El susto que nos has dado hoy día –Se quejó su abuela suspirando-
-Sigo sin entender, ¿Qué es….
-¡LOVINO! –Chilló Eli, que recién había llegado, saltando sobre él- ¡Qué alivio que estés bien!
-¡ALGUIEN ME QUIERE DECIR QUÉ FUE LO QUE PASO! –dijo tratando de mantener la poca paciencia que aún conservaba. Los tres se miraron entre sí. Al final Eli tomo la palabra- Bueno, verás…
-Y entonces ese chico español que atendías, junto a sus amigos se enfrentaron a esos tipos, aunque los superaban en número. El más alterado era ese Antonio, salto sobre el tipo que te tenía acorralado y te manoseaba mientras tú estabas inconsciente. Le rompió la nariz a puñetazos y lo apartó de ti, pero uno de los tipos lo tomo por la espalda y le dio una paliza. Sus amigos estaban ocupados con los otros dos así que no podían ayudarlo. Feliciano corrió para apartarte de la pelea como le habíamos ordenado y luego….
-Ve~ luego Eli y Nonna tomaron unos sartenes y los echaron a sartenazos –celebro Feliciano- Todos los clientes aplaudieron, debiste verlas Lovino –sonreía su hermano-
-Ya, ¿y luego que pasó? –Interrogó el menor tratando de procesar toda la historia. Ahora entendía ese dolor de cabeza que estaba viviendo.
-Bueno, el chico ese quedo con un moretón horroroso en el pómulo, pero parecía estar bien. Nos ayudo a subirte e insistió en que quería quedarse a cuidarte hasta que despertaras, al final nos hizo caso y bajo con sus amigos. Le agradecimos la ayuda y le ofrecimos que no pagase su comida, pero insistió en pagar y luego prometió volver al día siguiente para ver como estabas. –Concluyó su abuela y luego sonriendo pícaramente agregó- Se nota que le gustas a ese chico, dime Lovino, ¿Hace cuanto que salen juntos? ¿Y por qué nos lo estabas ocultando?
Lovino enrojeció casi inmediatamente. Mientras su abuela y Elizabetha le relataban lo que había pasado durante su estado de inconsciencia había sentido una calidez en su corazón. No muy fuerte, pero si lo suficiente para preocuparse.
Nunca te enamores mi Lovino, o sólo te harán daño…
-¡Abuela!¡No salimos juntos, ni siquiera lo conozco, y yo nunca saldría con alguien como él! –gritó enojado
-Parece un buen chico –dijo la anciana señora sonriéndole a su nieto- ¿Acaso no te gusta?
-Yo…. –la pregunta lo tomo desprevenido, ¿Si él gustaba de Antonio?...
Nunca te enamores mi Lovino, o sólo te harán daño…
-Por supuesto que no. Ya váyanse, estoy cansado y quiero dormir –dijo dándoles la espalda mientras se recostaba en la cama nuevamente
-Pe… -empezó Feliciano
-Vámonos Feli, tu hermano tiene razón, debe descansar –dijo su abuela.
-Ve~ -dijo saliendo del cuarto. Su abuela cerró con delicadeza la puerta. Y ya solo, Lovino soltó el suspiro que tenía guardado en su garganta desde hace unos minutos.
Nunca te enamores mi Lovino, o sólo te harán daño… Volvió a murmurar la voz de su madre en su mente.
Antonio silbaba mientras caminaba en dirección a la casa de Lovino. Era temprano, pero la verdad es que no había podido dormir en toda la noche esperando este momento y no servía de nada mantenerse en la cama unas horas más mientras los nervios y la ansiedad lo comían por dentro.
Además, seguía preocupado por Lovino. Apretó los puños con fuerza y en su rostro apareció apenas una pisca de la furia que había sentido ayer. Contó hasta diez y se relajo un poco, no podía llegar con esa actitud a reencontrarse con su Lovino. Como no quería llegar demasiado temprano dio un par de vueltas por la vacía plaza antes de encaminarse al restaurant de su Lovi-love.
No esperaba encontrar a nadie aún, más se sorprendió gratamente al ver una esbelta figura ocupada barriendo el polvo afuera del local. La serenidad con que ese bello rostro miraba el piso, aún cuando su ceño estaba levemente fruncido, quizás pensando en algo serio, quizás solo por la concentración en la que apartaba las partículas de polvo; le daba una apariencia celestial a ojos del torero.
-¡Lovino! –lo llamo acercándose a él, sonriente.
El italiano salto de la sorpresa. Se había levantado así de temprano porque primero que todo, aunque era perezoso ni él podía dormir tantas horas seguidas y segundo porque tenía planeado salir todo el día a comprar verduras para no encontrarse con cierta persona. Y allí estaba.
-Maldición –murmuro para sí, mientras se giraba a mirar al español- Hola –dijo desviando la mirada levemente sonrojado- Esto… yo… por lo de ayer… gracias... –farfulló –
Ese leve carmín en sus mejillas hipnotizo profundamente al español -No te preocupes, no fue nada –sin pensarlo muy bien, alargo una mano a esa suave mejilla y la acaricio- Me alegra ver que estés bien.
Lovino levanto lentamente la mirada y se fijo en el cardenal que Antonio tenía en su mejilla. Se sintió culpable por dentro, por lo que no retiro la mano, aunque sentía que debía alejarse de ese dulce contacto…
-Vine aquí para ver como estabas –le susurro dulcemente-
-Ee.. – balbució- Estoy bien, solo me duele un poco la muñeca –dijo mostrándole unos pequeños moretones, nada importante, aún así el moreno tomo con delicadeza esa delgada muñeca y la examino con detenimiento antes de besar sus leves heridas-
-¿Está mejor? –le dijo sonriendo. Solo obtuvo como respuesta que Lovino se pusiera aún más rojo, y cubriera sus ojos con su flequillo, avergonzado -También vine aquí por otra cosa –dijo tomándolo del mentón para poder mirarlo a los ojos- Vine a darte un aviso.
-¿De qué? –pregunto Lovino frunciendo el ceño, aun colorado.
-Vine a avisarte que de ahora en adelante, pase lo que pase, no me daré por vencido. Voy a enamorarte completamente, hare todo lo que pueda para que tú, Lovino Vargas, me ames tanto como te amo a ti –dijo sonriéndole seductoramente- Lo juro.
UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUuuuuu uuuuu, fuerte la promesa del Toño XD
A que creyeron que no iba a subir otro cap antes de fin de año.
Bueno, estoy algo apurada así que seré breve, agradezco mucho sus comentarios, en serio, me dan todas las fuerzas que necesito para no tirarme a youtube, tumblr o facebook en vez de dedicarme a escribir
Démosle fuerza a Antonio para que logre su cometido!
Review? Tomates? Algo?
