La brisa entró suavemente por la ventana entreabierta, refrescando el ambiente dentro de la habitación. Era domingo, su único día libre. Pero aún así no lograba sentir la calma que esos días siempre le traían. Al contrario, un ejército de mariposas estaba haciendo estragos en su estómago mientras el italiano revisaba una y otra vez el reloj, ansioso. El joven de castaños cabellos y ojos ámbares inhaló profundamente, tratando de calmarse. Después de todo no era la gran cosa. Si el tío Ángelo podía hacer esto cada dos años entonces no debía serlo ¿Verdad?

A lo lejos logró oír a sus tíos y tías discutiendo entre sí sobre los últimos detalles que debían dejar listos antes de que todo comenzara. Y junto a su puerta sus primas pasaron gritándose entre sí, culpándose de robar sus joyas o su maquillaje. Por supuesto, ni siquiera en ese día tan especial su familia podía dejar de discutir; después de todos eran una horda de italianos ¿No es así? Bueno, al menos lo serían hasta el medio día. Volvió a tomar una larga respiración, sintiendo los latidos de su corazón acelerarse a medida que los minutos pasaban. Estaba jodidamente nervioso y no podía negarlo.

Pasó nuevamente sus dedos sobre su cabello cuidadosamente peinado, y volvió a acomodarse la corbata de moño por milésima vez. Era un día importante, tenía que estar perfecto. Le sonrió a su reflejo y siguió esperando. El traje que llevaba le quedaba a la perfección, y le hacía lucir muy bien. Incluso el propio italiano había tenido que admitirlo. Un dulce mirada se le escapó mientras pensaba cómo luciría él. ¿Estaría nervioso también? Conociéndolo debía estar hecho un caos. Rió un poco con la divertida imagen de su cabeza.

Un pequeño sonido le hizo girar hacia la puerta. "Adelante" Invitó. Elizabetha apareció del otro lado con una preciosa sonrisa. Iba vestida con un elegante vestido negro y un peinado alto adornada sus cabellos, realmente se veía preciosa.

-Luces muy bien –La alabó-

-No tanto como tú- Comentó la mujer acercándose para abrazarlo- Lo vas a dejar boquiabierto.

-Más le vale. –Bromeó el menor, sintiendo de nuevo el nerviosismo invadiéndolo- Ayúdame a colocarme esta cosa- Pidió tomando el delicado velo que su Nonna había bordado para él. Cuando todo estuvo en su lugar y tomando el pequeño ramo de flores blancas entre sus manos, el italiano se atrevió a darse otro vistazo. Nunca había esperado verse así, la verdad nunca se había imaginado a sí mismo en una situación como esa; así tal cual, vestido con ese elegante traje blanco; a punto de desposarse con la persona que amaba más que nada en el mundo.

Aunque si lo meditaba bien, ambos habían tenido que pasar por muchas cosas antes de llegar allí. Quizás demasiadas. Aún recordaba los mil y un intentos del español por conquistarlo; ni hablar del espectáculo que habían hecho en la arena. Pero todo había valido la pena. La alegría que sentía en ese momento no se comparaba con nada en el mundo.

-¿Cómo está Feli? –Pregunto, tratando de detener las lágrimas que querían escapar de sus ojos.

-Listo y dispuesto- Anunció la chica.- Esperando igual que tú.

Ambos dirigieron la mirada al reloj. En tan sólo un par de minutos tendrían que bajar.

-Ojalá salga todo bien –Deseo el italiano, tratando de crear una conversación para distraerse un poco.

-Por supuesto que saldrá todo bien. Nonna ha organizado todo, y sus contactos turbios se prestaron para dar la mejor fiesta del siglo como celebración. –Bromeo… en parte- Además, incluso conseguí compañero para esta noche, así que vamos a bailar hasta que nuestros pies no puedan más. ¿Entendido?

-¡Oh vaya! Y yo que ya tenía un plan muy elaborado para lograr que Gilbert y tú se enamoraran-Bromeo el italiano, lanzándole una indirecta a la castaña. Después de todo si ella no le hubiese sugerido a Nonna que contratase a Antonio, si no hubiese guiado a este en el fino arte de conquistar a un italiano gruñón, o si no los hubiese obligado a ir a lo que fue su "primera cita" no se hubiese terminado enamorando del español. Y si no hubiese estado ese día para apoyarle con los guardias, quizás el torero ya no estaría con ellos. La sola idea aún lo hacía temblar de horror.- Por cierto nunca te di las gracias.

-No es necesario- Afirmó la mujer. Después de todo recordaba perfectamente todo lo que la familia había hecho por ella. Cómo le habían dado una mano cuando todos los demás la habían abandonado, cómo habían hecho un huequito en su ya sumamente numerosa familia para incluirla a ella, que había perdido todo. Y también recordaba todo lo que Lovino había hecho por ella, recordaba que había sido el único que había logrado entender completamente su dolor, recordaba las veces que la había confortado, que la había apoyado, que le había arrancado una sonrisa y le había secado las lágrimas. Después de todo ambos habían sufrido el dolor de perder a ambos padres. Había mucho más que amistad uniéndolos. No, ella no necesitaba que el italiano le agradeciese. Era ella la que debía mostrar gratitud. Hubiese hecho cualquier cosa con tal de verle feliz, al igual que él había hecho con ella. Volvieron a abrazarse, con sumo cariño.

Lovino suspiró- Estoy realmente muy nervioso. –Le comentó a Elizabetha.

-¿Quieres ver algo divertido? –Dijo ella tomándole la mano. Seguramente esto distraería al italiano hasta que fuese la hora.

Lo condujo hasta la ventana. Afuera una gran marea negra se quejaba y lamentaba. Todas las admiradoras del gran y legendario Matador Antonio Fernández Carriedo se habían reunido en ese fatídico día en el cuál su más grande héroe se desposaría, y no con ninguna de ellas, ni siquiera con una mujer; no ¡Con un hombre!

¿Cómo no habían visto venir eso? La verdad es que todo el mundo se lo preguntaba sobre todo después del desmayo global que hubo en la arena. ¿No iban todos los días al restaurante? ¿No veían como el español coqueteaba con el castaño? ¿Acaso no habían escuchado el chisme del año, cuando se supo que el torero se había declarado a un mesero italiano?

Pues no, las pobres muchachas se mantuvieron en negación hasta el último momento. Y ahora se verían sometidas al luto eterno… Hasta que otra estrella apareciera en unos pocos meses, quizás un cantante esta vez. Todavía lo estaban discutiendo.

El italiano sonrió negando con la cabeza. Esas adolescentes eran muy exageradas.

La puerta volvió a sonar. Lo venían a buscar; la hora ya había llegado. El italiano volvió a sentirse nervioso, esta vez casi hiperventilando.

-Tranquilízate muchacho –Le regañó una de sus tías- No puedes empezar con eso ahora o llegaremos tarde. Y no podemos llegar tarde o lo arruinaremos. ¡Uno no se casa cada día!

-Eso dices tú –Bromeó el tío Ángelo, dirigiéndose rápidamente al jardín dónde la ceremonia se realizaría. Ya iba tarde a otra boda; pero al menos esta vez no era la suya.

Lovino no pudo evitar reír ante su comentario y ya más calmado siguió a ambas mujeres pasillo abajo. Feli llegó justo en ese instante, también acompañado de una de sus tías. Se encontraron junto a la escalera que los llevaría al exterior. También lucía un esmoquin blanco y un bello velo. Ambos hermanos se veían realmente angelicales en sus trajes de boda. Se abrazaron con fuerzas tomándose de las manos mientras las mujeres bajaban la escalera con premura, despidiéndose de ambos novios. Los menores quedaron solos; unos pasos más y ambos estarían desposándose con los hombres de sus vidas. Era una idea un tanto aterradora pero a la vez enormemente maravillosa.

La música empezó a sonar afuera. Ambos hermanos volvieron a mirarse. No necesitaron hablar para dar a entender al otro que estaban listos. Aún tomados de las manos bajaron las escaleras y Lovino golpeo la madera suavemente con los nudillos. Ambas puertas se abrieron de par en par dando a ver el hermoso patio majestuosamente adornado. Una larga alfombra roja cubierta de pétalos blancos conducía al altar. Largas hileras de asientos blancos, decorados elegantemente, se colocaban a ambos lados dando espacio a las dos filas de rubios y serios ojiazules que conformaban la familia del alemán (Exceptuando a Gilbert, claro está que él no es nada serio) y la numerosa y alocada familia italiana, lo que parecían ser un grupo de mafiosos y a Francis.

Allá en el altar ambos hombres muy nerviosos habían aguardado a los italianos y ahora que los tenían a apenas unos metros no pudieron contener su expresión al ver lo bello que su respectivo novio lucía ese día. Una sincera sonrisa afloró de los labios de Ludwig a la par que Antonio trataba de contener sus lágrimas, mientras miraba maravillado a Lovino. Sin duda los habían dejado con la boca abierta. Elizabetha sonrió satisfecha, estaba tan feliz por los dos italianos, desvió la mirada unos momentos, topándose con la mirada traviesa del albino sobre la suya y aumentó su sonrisa, sonrojándose levemente al leer a sus labios comentarle un "Luego seguimos". Incluso Nonna había suavizado su rostro y admiraba a sus nietos emocionada. Casi parecía una abuela normal.

Una nueva vida comenzaría para ambos junto al alemán y el español. Ambos hombres trabajarían con ellos en el restaurante, vivirían con ellos en esa enorme casa, se unirían a la numerosa familia y formarían parte de sus vidas para siempre. Incluso el torero había dejado su anterior trabajo en el pasado, sobre todo con la ayuda de Nonna, que pudo librar fácilmente a Antonio de su abusivo contrato con ese peligroso empleador. Nunca se supo más de él. Como dije, una abuela casi normal.

Observó todo a su alrededor mientras se dirigía lentamente al altar bajo el compás de la melodía nupcial. Miró el paisaje, las decoraciones y los rostros de los presente; algunos lloraban de alegría, otros no contenían su sonrisa: todo era felicidad ese día. Y fue allí cuando se dio cuenta por fin. Fue allí cuando Lovino sintió como una hermosa alegría lo inundaba también al juntar sus ojos con el español mientras se iba acercando, fue allí que supo que ya no debía sentir miedo nunca más, que todo estaría bien al lado de su Antonio y que no importaba lo que había dicho su madre una mañana en un pueblito italiano hace muchos años atrás. No, Lovino lo tenía todo más que claro. El aplauso no tardo en escucharse cuando ambas parejas sellaron su amor con un dulce beso, cuatro anillos resplandecían ese día. Y fue allí, finalmente, que un italiano sonrío como no se había atrevido a sonreír en años. Porque sí; se había enamorado de ese estúpido español; y eso era todo lo que le importaba de ahora en adelante.


Holi preciosuras! Sé que a esta altura nadie esperaba esto y posiblemente nadie lo lea pero me dio la nostalgia y me puse a leer los comentarios antiguos de este, el único fic que en mi vida he terminado y nació de mi escribir este epilogo.

Cuenta a leyenda que Francis voló por los aires por sobre las cabezas de las primas solteras de Lovino y Feliciano, desesperado por atrapar el ramo y dejar de ser el único soltero del bad friends trio (?) Ok no XD

Bueh, espero que si hay alguien por allí que lea esto le guste. Quiero agradecer a todos los que alguna vez me dejaron un review y me dieron ánimos para seguir escribiendo, aunque no es mi mejor pieza me sigue gustando el resultado y leyéndolo me da risa ver lo creativa que era para las comedias. Hoy en día sigo haciendo escritos originales, pero ya no de ningún fandom, solo escritura creativa, y he mejorado mucho y sé que nunca hubiese podido llegar al nivel que tengo ahora sin su apoyo y buenas vibras. Así que espero les guste este regalo.

Saluditos