= Betrayal II=

Pequeño Príncipe Demonio

Raven POV:

Siento un gran dolor en el pecho, una presión. También un intenso calor en gran parte de mi cuerpo, sobre todo en mi vientre. Estaba agotada, cansada y no lograba recordar el porque, sin embargo, sabia que algo muy malo me estaba ocurriendo.

Intento con todas mis fuerzas posibles abrir los ojos y aunque lo logro, no distingo el lugar en que me encuentro. Se que no estoy en el infierno, porque de ser así seguiría atada con el lazo de espinas y en lugar de ello siento algo que aprisiona mis muñecas. Parpadeo un par de veces para orientarme pero aun así no logro reconocer el lugar. Puedo mover ambas manos y también las piernas, y aunque eso no significa que mi pesadilla haya terminado, si es una buena señal.

Escucho una voz cercana que me llama, muevo mi cabeza hacia donde creo haberla oído y entonces por primera vez me doy cuenta de que estoy recostada sobre una cama, me cubren sabanas y edredones de aspecto cálido y suave. La cama tiene doseles y estos mismos tienen lienzos que simulan cortinas. Me muevo un poco más y reconozco a la persona sentada a la orilla de mi cama. Me mira fijamente y vuelve a repetir mi nombre. Toma mi mano y la sujeta con delicadeza, como si se fuera a romper. En ese instante noto la venda en ella, seguramente también tenia otra en la muñeca opuesta.

Quise emitir algún sonido pero nada salió de mi garganta, tan solo un pequeño gruñido que se convirtió en un sonido de dolor intenso en mi vientre por lo que aprieto los ojos lo más fuerte que puedo para intentar aplacarlo.

Siento que su mano me abandona cuando la presencia de una segunda persona aparece en la pieza. No logro reconocerla por lo que, a pesar de mi dolor abro una vez mas los ojos. Esa persona me mira, sigo sin reconocerla pero su aura me transmite calidez y una paz inmensa, la veo acercarse a mí, poner una mano sobre el hombro de mi acompañante para luego retirarse. Ocupa el lugar de Armand y entonces distingo a una mujer, una diosa.

_ ¿Cómo te sientes?

Me pregunta. Su voz es delicada y puedo percibir que esta angustiada por mi. No le puedo contestar porque siento que un nudo se forma en mi garganta, por un instante las imágenes se agolpan todas en mi mente y es un torbellino de recuerdos, de lo que hice, mi madre…

_ He visto todo y entiendo lo difícil que ha sido. Quiero que entiendas que no estas sola y aunque te parezca extraño cuantas con mi apoyo absoluto.

Un par de lágrimas escapan de mis ojos y ruedan por mis mejillas, quiero limpiarlas pero ahora me duelen los brazos, el dolor sigue ahí y no puedo hacer nada. Ella las limpia por mí y vuelve a mirarme de la misma manera.

_ Se que hubieras preferido que D'frell estuviera aquí y no yo, confías mas en ella que en mi y no te culpo, pero sábete que es por mi que estas aquí, es por mi que estas a salvo de tu padre, mi nombre es…

_ Adamanta.

Le intercepte antes de que ella misma me lo dijera. Su aura era más pura que la del resto de los dioses y no era muy difícil saberlo aunque no esperaba tener a la Diosa Suprema frente a mí en estos momentos tan abrumadores y tortuosos.

_ Estas muy bien informada Hija de Trigon, sin embargo debo advertirte que tus sospechas son ciertas.

_ ¿Leíste mi mente?

_ Tus barreras mentales son poderosas ¿Cómo podría?

_ No lo se, Eneida lo hizo y estaba inconsciente.

_ Ahí lo tienes, estabas inconsciente, pero este nuevo ser que crece dentro de ti forma parte del linaje demoniaco, en tu recuperación es el quien toma tus poderes prestados para revitalizarse. Es un ser creado con odio y no con amor, te esta utilizando y creo que sabes lo que esta pasando y pasará si no matas al pequeño demonio.

No es tu hijo, es una encarnación del mal mismo para su sobrevivencia porque sabe que tarde o temprano sus fuerzas decaerán y sin su preciada gema no tendrá oportunidad. De cualquier manera que lo veas eres tu o ese niño. Trigon no estaría dispuesto a perderte por cumplir su capricho de procrear.

_ No tengo las fuerzas suficientes para hacerlo.

_ Has dormido por dos días, ahora que estás despierta tienes fuerzas suficientes. Utiliza a ese demonio para tu beneficio como el lo hace contigo. Ponte en pie.

Me sorprendí ante tales palabras y el efecto que habían tenido sobre mi, pues inmediatamente me encontré acatando la orden. Hice a un lado las sabanas que me cubrían, me senté en el borde de la cama a un lado de la diosa y forzando a mis muñecas a cooperar, las apoyé a ambos costados de mí y me impulse; al hacerlo encontré que me cubría un lindo camisón de algodón, me llegaba hasta los tobillos, pero no era tiempo para pensar en cosas ridículas.

El momento solo duro unos cuantos segundos antes de que perdiera el equilibrio por el dolor intenso que me acababa de asaltar, caí en el suelo alfombrado, mis muñecas sangraban por el impacto. Tal como hacia cuando caía, intente levantarme pero no pude, un par de manos angelicales fueron en mi encuentro. Adamanta me ayudo a ponerme en pie y volver a recostarme sobre la cama.

_ Fué un buen intento a pesar de todo. El tiempo transcurrido te ha pasado la cuenta muy pronto. Quizás te queden algunos meses antes de que el niño intente acabar con tu vida… o tal vez sean días.

_ Se lo que me estas diciendo y lo que me pides pero… ¿Aquí, ahora?

_ Si lo que te preocupa es ser condenada por nuestras leyes, debes saber que nada semejante va a suceder. Aquellos en los que su estrella brilla con intensidad es porque el destino les aguarda, aun no es tiempo de volver al lugar de donde fueron enviados.

_ ¿Estrella?

_ No puedes saber más que eso pero necesito una respuesta.

_ Quiero a Armand conmigo.

_ Volveré en un par de horas.

Me sentí un tanto aliviada porque las cosas podrían mejorar notablemente si me deshacía del hijo bastardo de Trigon y me encontré pensando en que seria muy feliz por la llegada de este ser a la Tierra si tan solo su progenitor no hubiera sido el mío. A su contraparte estaba el miedo, sentí terror al pensar en lo que iba a hacer, ahora mismo me convertiría en la asesina que nunca fui.

_ Pero es lo mejor.

Trate de convencerme en mis propias palabras pero sabia que podría no funcionar, estaba asustada.


Armand había permanecido durante toda la estancia de la Diosa Suprema en la habitación asignada por esta misma, en las escaleras, apoyado un pie sobre un peldaño y el otro en uno igual.

_ Ya puedes pasar joven vampiro, ha pedido que permanezcas a su lado.

_ Gracias majestad.

Inclino la cabeza hacia abajo, demostrando con ese acto el debido respeto hacia la Diosa, ella en cambio no presto mucha atención al evento, siguió escaleras abajo con la cabeza muy en alto, hasta perderse una vez estando afuera de la casita que había mandado construir especialmente para alojar a sus invitados.

A los pocos segundos, por fin se decidió y entró a la habitación, observando a la hechicera recostada y con los ojos cerrados. No estaba dormida, solo intentaba dominar el miedo que sentía. Se sentó como al principio y observó que sus ojos la miraban directamente aun cuando lentamente ella abría los suyos.

_ Estoy aquí.

_ Tengo miedo.

Por primera vez, delante de alguna persona, Raven había declarado abiertamente un sentimiento profundo, un sentimiento que superaba por mucho a su autocontrol y su fuerza de voluntad. Armand por su parte, quiso abrazarla, besarla y decirle que todo estaría bien, pero se abstuvo de hacerlo porque sabia que hacer aquello significaría mentirle. Seria un vampiro hipócrita si lo hiciese.

_ Lo se.

_ Prométeme que no me dejarás.

_ No lo hare si eso es lo que deseas.

_ Gracias.

Si ella no estuviera en una situación tan delicada como esta, Armand habría jurado que, nunca le habría tomado de la mano, atraído a su pecho y suplicándole que la abrazara con esas manos frías, y por supuesto el jamás la habría rodeado por la cintura, depositado un frio beso en su mejilla y hacerse a la idea de que parecía un par de amantes después de una cálida sesión de éxtasis.

La diosa había sido específica al decir que volvería en unas horas, puesto que también estaba a cargo de la recuperación de los héroes que acompañaban a la hija de Trigon. El hombre de la armadura de metal permanecía dormido debido a los múltiples deterioros que le habían causado a sus circuitos. El hombrecito verde tenia la mirada perdida entre los arboles, su traje completamente deshecho del torso hacia arriba, los moretones de su rostro y el resto de su cuerpo no eran muy visibles pero sabia que estaban ahí y dolían, también tenia ligeras quemaduras en sus piernas y una mayor aunque no preocupante, a un costado, en el lado izquierdo.

La mujer pelirroja no había sido siquiera observada por la Diosa aunque si por el resto, ella no presentaba mas que leves cortes en la mayoría de su cuerpo, por lo que ni Adamanta ni el resto de los dioses que se habían quedado habían hecho algo mas por ella. El muchacho arquero del antifaz, se había negado rotundamente a que le atendieran pues su principal preocupación no era su brazo roto, las múltiples quemaduras de primer grado en su cuerpo o las marcas de cortes en su espalda que aunque habían dejado de sangrar le dolían como si se las estuvieran produciendo nuevamente. No señor, los únicos dolores que tenia era no saber nada sobre el estado en que se encontraba la mujer que amaba pues hace dos días, la observo inconsciente cuando la vio en brazos del vampiro, realmente era ella quien le preocupaba.

Y el hombre del águila azul en el pecho y traje negro. A Adamanta le causaba cierta curiosidad al saber lo que pasaba por la mente del muchacho, sus sentimientos mortales y sus pensamientos eran un mar de tormento. Quizás de los tres mortales, el era el mas afectado, Trigon había descargado sobre el toda su furia y resentimiento; y aunque se había quedado dormido hace poco, a Adamanta le era difícil descifrar el enigma que representaba para ella.

Incluso los seis demonios hijos de Trigon permanecían a la expectativa de no saber nada sobre la princesa, ninguno estaba gravemente herido y si lo estaban no habían hecho comentario alguno pues ellos mismos podrían curase, Adamanta lo sabia y ellos lo sabían, dos de los hermanos, Jacob y Jess temían que pudiese ocurrir algo peor que lo que ya estaba pasando, Jess había sido el primero en darse cuenta del estado de su hermana y aunque trato de ponerla en el menor riesgo posible ahora mismo se debatía entre la vida y la muerte; y solo esperaba que no escogiera la ultima pues ella era la pieza clave para el derrocamiento del rey.

A ninguno se le había permitido dormir bajo el mismo techo que a la hechicera por alguna razón que Adamanta no les dijo, sin embargo, el único que entraba y salía era Armand, la razón del porque estaba mas que clara para los héroes: Él la había salvado y sacado de ese horrible lugar a costa de su propia vida, cosa que ningún otro pudo hacer.

Y el dragón , no habría podido causar daño alguno, pues inmediatamente después del aterrizaje forzoso que había hecho, la Diosa Suprema le había puesto bajo restricción sus poderes, dejándolo así como el chico de papel atado a un viejo encantamiento.

Para recuperarse de las heridas, Adamanta había puesto tiendas mágicas ubicadas a mas de diez metros, dos de los dioses estaban al pendiente de los gravemente heridos y el resto, junto con algunos seres mágicos como las ninfas de D'frell y los faunos de D'gardiano custodiaban la puerta que conducía al infierno. Las barreras estaban todas activadas y reforzadas.

Revisados ya sus pendientes, volvió hacia una tienda mas, donde los dioses que no custodiaban a los héroes estaban preparando una infusión tan antigua como poderosa.

_ ¿Ya esta lista?

_ No majestad, aun necesita un par de ingredientes mas.

_ Muy bien. Avísame cuando esté en perfectas condiciones.

_ Majestad. ¿De verdad, esto pasará?

_ Que no te quepa la menor duda ángel mío.

Al igual que había hecho Armand, este dios inclinó la cabeza sabiendo que, ante la voluntad de la Diosa Suprema nada se podría hacer. Siguió mezclando la pócima y agregando uno por uno los ingredientes faltantes. Al termino de casi dos horas, Adamanta volvía a la torre donde estaba Raven, cinco de las siervas de D'frell le acompañaban, dos con agua cristalina y limpia, el resto con frazadas blancas dobladas en cuatro partes iguales dispuestas en cestos de tallos de flores. La escena conmovedora de la cual era testigo llegó a su fin cuando irrumpió en la alcoba para realizar su tarea.

Raven fue ayudada a ponerse en pie nuevamente por la mano fuerte de Armand, Adamanta le extendió un cáliz de plata, el cual contenía un líquido azulado en el fondo, lo acerco a su nariz e inmediatamente lo retiró.

_ Sabe mejor de lo que huele, aunque lo que causa no creo que te agrade.

_ Ya había tomado una decisión, no es momento para dudar.

Llevó el cáliz a sus labios, el líquido hizo contacto primero con su lengua, pronto paso hacia la garganta y a la tráquea donde una sensación de hormigueo tuvo lugar. No dándole mayor importancia, sintió como llegaba hasta su estomago. Pronto la copa cayó de sus manos y el resto del liquido se rego en la alfombra, manchándola. Tuvo que sostenerse de la capa de Armand para no caer, sin embargo, sus rodillas no le ayudaron en lo absoluto y aunque el vampiro le sostenía, ambos se encontraban ya en el suelo. Apretando los ojos a más no poder y con el puño en torno a la tela, un grito aquejado soltó su garganta, su mano libre se posó en su vientre a la altura de la pelvis y aunque Adamanta intentó acercarse, ella no se lo permitió.

_ Aun no… no es momento.

Aun así, Adamanta le pidió a Armand que la levantara y la llevara a la cama. En el proceso, Raven perdió el equilibrio de nuevo, la alfombra se había manchado del líquido rojo que expulsaba su cuerpo. La Diosa actuó rápido pidiéndole a las siervas que le dejaran todo, ella misma se encargaría del resto, Armand permaneció junto a la demonesa.

Adamanta colocó una bandeja de agua y una cesta de frazadas al pie de la cama mientras Raven intentaba acomodarse de la mejor manera posible en la que la posición no le afectara mucho para poder expulsar al demonio. Mientras su respiración iba cada vez más aprisa, al tiempo que una nueva contracción la hacían doblarse de dolor.

La Diosa le hablaba algo que no podía distinguí debido a todo este asunto, tan solo sentía sus cálidas manos sobre sus piernas y veía a Armand sentado frente a ella con una expresión en el rostro que le demostraba que estaba preocupado, igualmente, no le dejaba ver lo que Adamanta estaba haciendo con ella. El dolor incrementaba con los segundos y aun no había terminado, le costaba respirar y ahora sudaba como si estuviera envuelta en una cámara de vapor.

_ Esfuérzate, un poco mas.

Oyó las palabras de Adamanta pero en realidad no sabia muy bien a que se refería o que le quería decir con eso, la construcción mágica comenzaba a temblar y eso no le traía buenos augurios, sus poderes se estaban saliendo de control o el pequeño demonio se aferraba a ella que sus propios poderes salían a la luz. Su sangre manchaba la parte inferior de la cama y lo sabia, ahora entendía lo que las palabras de la diosa querían decirle, si hacia un ultimo esfuerzo para sacar al bastardo se vería liberada por fin, intento hacerlo, respiro hondo antes de levantarse un poco sobre la cama apoyada en sus codos y pujó lo mejor que pudo, su cabeza daba vueltas y la construcción parecía derrumbarse delante de sus ojos, estos se cerraron indudablemente, cayó inconsciente después de haber exterminado al hijo de su padre.

No duró mucho en su estado de inconsciencia y para cuando despertó sentía que había un hueco en su estomago, si, el bastardo se había esfumado, se sentía mas ligera y mojada, intento levantarse un poco para ver si toda ella estaba en orden pero un par de manos se posaron en sus delicados hombros y la hicieron volver a la cama. La voz del hombre le hizo sentirse tranquila pero ahora que lo pensaba mejor, no sabia nada del estado de sus amigos ni de cómo es que estaba de vuelta en los cielos y eso exactamente debería preguntárselo a Armand antes que no le dijera nada.

_ ¿Dónde estas mis amigos?

Si bien su voz no sonaba para nada demandante, si estaba muy por debajo de su tono normal debido al esfuerzo realizado anteriormente, entonces Armand le contesto:

_ Afuera, ella… no les permitió entrar aquí por ti.

_ ¿Por qué?

_ Supongo que no quería que te molestaran.

_ ¿Puedo pedirte un favor?

_ El que quieras.

_ Les di hice unas piedras protectoras, ¿podrías romperles un pequeño pedazo y hacer que beban lo que hay dentro?

_ ¿Eso los curara?

_ Al cien por ciento.

_ Muy bien, no tardaré.

Armad se fue dejándola sola pero una repentina sensación de urgencia por lo que con suma cautela se levanto pues no sabia que tan mejorado estaba su cuerpo como para hacer aquello ella sola, se puso en pie con mucho cuidado y avanzó lentamente hacia una puerta blanca que había al otro extremo de la pequeña habitación, tuvo la sensación de que era lo que buscaba, no tardo mucho ahí pero el salir fue un grave error. La puerta estaba cerrada y a un lado estaba el…

_ Nightwing…

La forma en que sentía esa mirada no era para nada buena y menos la forma peligrosa en la que se acercaba, definitivamente había sido un grave error que ambos estuviera a solas.


Aqui un nuevo episodio de esta... eh... escalofriante historia como la describe moonlight blue15, pero la verdad es que a mi parecer no lo es tanto ¿o si?, en fin espero que esto atraiga dudas e intrigas, en cuanto a lo del cuervo, te lo explico en el proximo capitulo.