Advertencia: Citación de una canción propiedad de Disney.


Capítulo 3: Un hogar de verdad, Parte 2

El día continuaba.

Lauren y Jones habían llevado al pequeño Neal a pasear por el Parque Central.

-¿Por qué no pueden llevarme al parque de diversiones?-pregunto Neal, mientras chupeteaba su paleta dulce de colores.

-es que Peter quiere llevarte junto otro día, y que vayan juntos con Elizabeth-le dijo Clinton.

-okey-dijo Neal, encogiéndose de hombros -¿Luego pueden comprarme algodón de azucar?-

-Neal, dijiste que no te gustaba el algodón dulce-dijo Lauren, riendo.

-en realidad, nunca lo probé-dijo Neal, revoleando los ojos.

-quizás más tarde-dijo Clinton, soltando un suspiro.

-¿Podemos ir a ver un museo de arte? Esto es taaan aburrido-dijo Neal, haciendo un mohín.

-no, tienes que tomar aire. Pronto tendrás que ir a una visita con el doct…-dijo Clinton.

-shhhhh-lo acallo Lauren.

-¿Con quién?-pregunto Neal, alarmado.

-nadie, cariño. No te preocupes-lo tranquilizo la Agente Cruz, acariciándole la cabeza. Neal los miro con los ojos entrecerrados pero luego dejo el tema.

-¿Ellos tienen mascotas?-los sorprendió con la pregunta.

-¿Quienes? ¿Peter y Elizabeth?-dijo Jones, mirando al niño.

-no, Romeo y Julieta. ¡Por supuesto que Peter y Elizabeth!-exclamo Neal, con cierto sarcasmo.

-sí. Tranquilo, chico-le dijo Clinton, alborotándole el cabello.

-¿Perros, gatos, loro? ¿Qué tienen?-siguio preguntando el chiquitín, curioso.

-un perro-le respondió Jones, algo agotado.

-¡Genial! ¿Y cómo se llama? ¿De qué raza es?-

-Neal, calma. Ya lo descubrirás tú mismo,…pronto-le dijo Lauren, mirándolo a los ojos.

-está bien-dijo el niño, sonriendo.

En eso, Jones recibe una llamada.

-tengo que irme. ¿Segura que puedes encargarte de Neal sola?-le pregunto a su compañera.

-sí, no te preocupes, Clint. Ve a atrapar a los chicos malos-le dijo Lauren, divertida.

-okey. Neal, portate bien-le dijo Jones, mientras le revolvía el cabello al niño –adiós-

-adiós…-

-¿Y? ¿Emocionado por conocer a tu nueva familia?-le pregunto Lauren al pequeño.

-sí, muy emocionado-respondió Neal, con entusiasmo en su voz.

-me alegro-

-¿Laurie?-le pregunto el niño, tomándola de sorpresa.

-¿Si, Neal?-

-¿Cómo es tener una familia?-le pregunto con inocencia.

-es hermoso, Neal. Porque tienes padres que te cuidan y siempre van a salir a protegerte. Te ayudan a levantarte cuando tropiezas. A veces te regañan, te sermonean y te corrigen cuando haces travesuras. Pero siempre estarán allí cuando los necesites. Familia es amor-le respondió Lauren, haciendo hincapié en la última frase.

-sí suena hermoso-dijo Neal, sonriendo feliz.

-yo soy hija única. Pero tú…tú tendrás a ese perrito que será tu "hermano mayor"-

-sí, eso creo. Ya quiero conocerlo-dijo Neal, riendo -¿Laurie?

-¿Si?-

-¿Cuesta formar parte de una familia?-

-Neal, no te voy a mentir. Sí, cuesta. Porque muchas veces no estás de acuerdo con lo que dicen las personas adultas. Pero eso no significa que no puedas seguir amandolos-

-oh…-

-lo que cuenta es tu intención. Siempre sigue lo que te diga tu corazón-le dijo Lauren, con una voz maternal.

-okey, eso haré-dijo Neal, muy sonriente.

-¿Ya te cansaste de esa paleta?-le pregunto la Agente al ver que el niño hacía muecas de asco y se resistia a seguir comiendo su paleta dulce.

-sí. ¿Podemos ir por el algodón de azúcar?-dijo Neal, dándosela.

-claro, cielo-le dijo Lauren –no te alejes-le dijo mientras se acercaban a un puesto de algodón de caramelo, soltaba la mano de Neal y se giraba para comprar.

En ese preciso momento que lo perdió de vista, el niño salió corriendo hacía la calle porque un cachorro callejero le había llamado la atención.

Por suerte, Jones estaba de regreso y venía junto a Diana que habilmente atrapo a Neal antes de que terminara de cruzar la calle.

-¿A dónde vas tan rápido, Kiddo?-le pregunto, él hizo un pucherito.

-parece que no te estás portando muy bien-dijo Clinton, tomándolo de los brazos de su compañera.

-había un perrito, quiero ir a verlo-pidió Neal, retorciéndose en los brazos del Agente Jones.

-habrá tiempo para eso luego. No vuelvas a escaparte-le dijo Jones, con mucha paciencia.

-¡Oh! ¡Gracias! Lo siento tanto, Jones. Se me perdió de vista un solo segundo-dijo la Agente Cruz, que estaba pálida del susto.

-no hay problema-dijo Diana, sonriendo.

-sí, no te preocupes-dijo Clinton, poniendo de pie a Neal, tomándolo de la mano y mirándolo a los ojos -no vuelvas a cruzar la calle sin la compañía de un adulto. No te escapes. Y por sobre todo, no te expongas al peligro-lo regaño con seriedad, como muchas veces lo había hecho su padre con él.

-sí, señor-dijo Neal, poniendo carita triste.

-Neal, no podemos perderte. Peter nos mataría. Además, nos preocupamos por ti, niño-le dijo Clitnon con sinceridad.

-sí, lo sé-dijo Neal, soltando un suspiro.

-creo que el algodón de azúcar será para otro día-dijo Lauren, haciendo una mueca.

-oooohhh…-dijo Neal, desanimado.

-vamos, mocoso. Tenemos que llevarte con tus padres-dijo Diana, peinándole el cabello con las mano.

-sí, tía Diana-dijo Neal, muy sonriente. Los adultos rieron.

-se acostumbra cada vez más rápido-comento Jones.

-sí-dijo Diana.

-demasiado rápido-dijo Lauren –nos vemos, chicos-

-sí, nos vemos-dijeron Diana y Clinton y se fueron con Neal.

-hola-dijo Peter, recibiéndolos junto a Elizabeth en la puerta del Bureau.

-hola…-dijo Neal, con timidez al ver a Elizabeth.

-el niño es todo un caso, Peter-dijo Jones.

-sí, casi cruza la calle solo-dijo Diana.

-si no lo atropellaba un auto antes-dijo Clinton.

Neal frunció el ceño.

-¿Es eso cierto, hijo?-le pregunto Peter, muy serio.

-sí, papi-dijo Neal, cambiando su cara a un tierno puchero –pero es que había un perrito del otro lado…-se intento explicar.

-no te preocupes. Ya lo regañe. ¿Verdad, Neal?-dijo Jones.

-sí, tío Clinton-dijo Neal, enfadado.

-genial. Neal, quiero presentarte a alguien-le dijo Peter.

-¿Ella es Elizabeth?-le pregunto Neal, con miedo, mientras miraba a la mujer.

-así es, cariño. Soy tu madre adoptiva-le dijo Elizabeth, agachándose a la altura del niño.

-hola-le dijo Neal, con un susurro.

-que extraño, Peter no menciono que fueras un chico de pocas palabras-

-sólo deja que tome confianza y hablará como un lorito-dijo Peter, sacudiendo la cabeza.

-sí-acordaron Diana y Jones.

-okey. Neal, ¿Quieres ir a conocer tu nuevo hogar?-le pregunto Elizabeth con simpatía.

-sí, sí quiero-dijo Neal, entusiasmado.

-entonces vamos-dijo El, tomando su manito.

-¡Sí! Adiós, tío Clinton. Adiós, tía Diana-dijo Neal, sonriéndoles.

-adiós, Neal-dijo Diana.

-nos vemos, campeón-dijo Jones.

Peter y Elizabeth también se despidieron de los Agentes y fueron a su casa.

Neal se puso muy feliz al ver a Satchmo. Y estuvo un rato haciéndole mimos.

Hasta que Elizabeth los llamo para la cena.

Los padres se sonreían enternecidos mirando como Neal comía las alitas de pollo y les hacía a ellos un montón de preguntas.

La pareja se había puesto de acuerdo para no hablar sobre temas serios enfrente del niño.

También se habían puesto de acuerdo para no comentar sobre el turno que tendría Neal al día siguiente y que dentro de unos días empezaría a asistir a la escuela Primaria.

Luego del postre, el cual fue helado, Peter y Elizabeth le mostraron su dormitorio al niño.

Neal quedo encantado. Porque el dormitorio era espacioso y comodo. Y podría adornarlo como él quisiese.

Elizabeth le dio un baño y le puso el pijama. Sorprendentemente, Neal no se quejo ni una sola vez.

Después, Peter le contó una de sus historias de cuando era pequeño y era un Boy Scout.

Neal cayó dormido a mitad de la historia de su padre.

La pareja arropó bien a su pequeñito. Susurraron un "Buenas noches, Neal" y salieron de la habitación.

-sueña soñador...que haces del mundo un mundo mejor…-tarareo Neal, soñoliento.