Por favor, lean la nota de autor al final.
Lifelines
Capítulo Uno
La primera semana transcurrió en una neblina total.
Dick estuvo en el hospital casi todo el tiempo; dando muestras de sangre una tras otra y firmando documentos que le daba su doctora hasta entumirse.
Entre más le decían los médicos sobre su condición, más irreal le parecía todo.
Fue hasta que al fin le dieron la fecha de su primera quimio que todo el asunto cayó sobre él. Su corazón latió con el doble de fuerza e intentó, en vano, ocultar el temblor de sus manos cuando se despedía.
Salir al aire libre, al pleno sol, le hizo sentir enfermo; las nauseas lo invadieron en cuestión de segundos y, por un instante, buscó un lugar en el patio del hospital para vaciar su estómago. El aliento se le atoró en la garganta y se dejó caer pesadamente en una banca, justo al lado de un anciano que aspiraba aire con una máscara de oxígeno a pequeños lapsos.
¡Oh, Dios!
Richard huyó de ahí.
Podía lidiar con el Joker, Blockbuster, Ra´s, la asesina mirada de Batman e incluso con una Poison Ivy excitada, pero esto era diferente. Esto…
De regreso a casa tomó el teléfono y marcó el primer número que le vino a la mente.
Era el de Barbara. El efecto fue inmediato: sólo escucharla podía hacer que sus preocupaciones desaparecieran. ¿Por qué no la había llamado antes?
En cuestión de segundos, por supuesto, Barbara notó que algo estaba mal. No había manera de decir su diagnóstico de forma amable, así que Dick prácticamente lo escupió. Barbara le dijo que era una pésima broma. Cuando él no respondió pudo escuchar el tecleo al otro lado de la línea.
— ¿Estás hackeando la base de datos del hospital?— preguntó él con una débil sonrisa, la primera en días.
—Cierra la boca, Pantalones Cortos.
Un segundo después la escuchó jadear, maldiciendo algo casi inaudible.
Hablaron por las siguientes dos horas. Dick le pidió que no se lo dijera a nadie. Barbara le preguntó si se sentía nervioso por la sesión de quimio de la próxima semana. Richard dudó por un segundo, luego respondió con sinceridad:
—Aterrado.
Y mucho.
Apenas y concilió el sueño las dos noches anteriores a su sesión de quimio, pero no sabía si era por la ansiedad o por los medicamentos pre-quimio que la doctora le había dado. La lista de efectos secundarios en el pequeño frasco de pastillas decía (Dick se juró que nunca más leería los efectos secundarios) que el insomnio era común, pero estaba seguro de que si no las dejaba de tomar nunca dormiría de nuevo.
En lugar de ello, estaba despierto mirando el techo, devanándose los sesos pensando en Jason, Bruce o Tim. Hasta el momento no les había dicho nada ni se le había ocurrido algún plan maestro.
Bruce estaba fuera de la ciudad. Fuera del país para ser exacto. El hombre le dijo por email que Cassandra había necesitado de su ayuda y que le confiaba el cuidado de Gotham. Qué mala suerte. Mientras leía el mail Tim le habló para contarle sus aventuras patrullando con Steph. Al menos todo estaba bien respecto a la lucha contra el crimen. Quería contarle a Tim, tenía muchas ganas, pero después cambió de decisión. Su pequeño hermano sonaba muy contento cuando le contaba cómo lucía la cara de Killer Croc. Dick se sintió culpable por haber pensado en arrastrarlo a su amargura.
Jason era ilocalizable. Le había pedido a Barbara que lo buscara pero no lo encontró; y si ella no podía, nadie más lo haría. Podía asumir que estaba vivo y en buen estado, pero no había oportunidad de encontrarlo si él, Jason, no deseaba ser encontrado.
Su mente vagó a las caras de sus compañeros cuando les habló de su enfermedad. Se sintió fatal cuando devolvió su placa. Su jefe lo llenó de promesas y afirmaciones de que podía regresar cuando estuviera mejor. Amy lloró aunque lo ocultó muy bien. Eso lo asustó muchísimo.
Los ojos llorosos de Amy lo perseguían. En su mente privada del sueño esos ojos se transformaron en los de Tim (probable), en los de Damian (poco probable), y el ciclo comenzó de nuevo.
Cuando Richard entró cansinamente en la Unidad Oncológica del Blüdhaven All Saints Hospital, sus intestinos se congelaron, cada vez más y más a cada paso.
Una enfermera lo escoltó a una cama detrás de una endeble cortina y le indicó que se quitara la chaqueta y los zapatos. Dick obedeció sin decir palabra, incapaz de pronunciar algo. Asintió cuando la enfermera le preguntó si estaba listo, aún cuando él quería maldecir con todas sus fuerzas en el momento en que la aguja se hundió en su brazo izquierdo.
La enfermera esbozó una sonrisa alentadora y se marchó dejándole unos papeles para que firmara (¿Qué no había leído y firmado todo la semana pasada?), pero no podía alejar la vista de la bolsita que colgaba del pie de suero.
Tenía una advertencia de peligro biológico.
¡Una condenada advertencia de peligro! ¿Es en serio?
Estaba tan absorto esperando la primera señal de dolor y mareos, que el sonido de su celular lo sobresaltó.
Maldiciendo buscó su celular con la mano derecha y ladró un sofocado ¿¡Sí!?en el aparato.
— ¿Me perdí de algo?— sonó la voz de Barbara.
Dick miró el celular:
—No, apenas empezó todo. ¿Qué estás…?
— ¿Cabello aún en su lugar?
—Todo está donde debe estar—. Amaba la franqueza de Barbara—. Aunque me lo podría quitar si quisiera.
— ¿Cómo aquella vez que tú y Wally volaron el laboratorio de Gotham Academy? Créeme, tu encanto juvenil depende mucho de tus cejas— rió ella.
Luego comenzó a contarle de su semana y después de un rato pudo relajarse y escuchar su charla mientras que el tiempo pasaba.
Casi una hora después Barbara se excusó y colgó. Dick miró con recelo la bolsita radioactiva que colgaba y se sorprendió al darse cuenta de que había hablado con ella durante todo el procedimiento.
Inseguro pasó sus dedos a través de su cabello. Todo en su lugar.
Buscó cualquier tipo de dolor en su cuerpo, pero nada fuera de lugar más que un pequeño malestar en sus extremidades.
Cuando la enfermera regresó estaba a punto de agitar una mano frente a sus ojos (para comprobar si todo iba bien). Dick le sonrió con timidez. Ella lo miró unos segundos pero le devolvió la sonrisa.
— ¿Te sientes bien, cariño?
—Sí, no fue tan malo como lo esperaba.
Después de que le sacara la aguja le dijo que de quedara quieto un rato. Se produjo un silencio incómodo mientras Dick esperaba con un algodón sobre el pinchazo.
—Así que, umh… ¿cuándo se supone que sienta los efectos?— preguntó de mala gana.
La enfermera lo miró con simpatía.
— ¿Tienes que subir escaleras al llegar a casa?—. Él asintió. Tres pisos, de hecho— Ahí será.
Y tenía razón.
-tbc-
Nota de la autora:
En el siguiente capítulo: ¡Bruce!
Prometo que mantendré la autenticidad médica tanto como me sea posible pero estoy segura de que lo arruinaré tarde o temprano. Por favor tengan en mente que hay diferentes versiones de la quimioterapia, además afectan de diferente manera a cada persona.
Además, tomaré mis libertades con la edad de los personajes. Imagino que Richard tiene algo así como 23 años; a lo mejor es mayor pero no quiero que haya mucha diferencia entre él y sus hermanos. Jason tendrá 21 años (justo la edad legal para beber :P), Tim probablemente 16... 17..., Damian tendrá 11 y la edad de Bruce será un gran misterio ^^-
Siéntanse libres de avisarme si encuentran un error. Aún estoy tratando de figurar como funciona mi profile (editar, ¿hola?), así que tengan paciencia conmigo.
(Las cosas importantes terminan ahora, la habladuría comienza ahora).
¡Estoy totalmente impresionada por sus lindos reviews y su apoyo! Muchísimas gracias. El Inglés es mi segundo lenguaje así que gracias por no creerme :D Usualmente soy muy confiada respecto a eso pero esta es mi primera vez escribiendo algo en inglés así que estaba nerviosa.
Para expresar mi gratitud este capítulo lo subí más rápido de lo que había planeado.
Love, Pekuxumi.
Nota de la Traductora:
Yeaah… Creo que mantendré los nombres de los lugares en Inglés, por una razón siento que suenan mejor.
Otra cosa más, no sé cómo sea en sus países, pero pie de suero se conoce también como porta suero, soporte de suero o soporte para suero de piso, creo.
Corríjanme si me equivoco.
Babs es un encanto.
