Lifelines
Capítulo Dos
Los rayos del sol le despertaron.
Richard se giró perezosamente y enterró el rostro entre las almohadas. No había manera de que se levantara en ese momento, preferentemente nunca. Era jueves, recordó vagamente, y los jueves no eran día de quimio. Día preciado.
Se sentía bastante bien esa mañana; no había nauseas, no tenía vómitos, no se estaba congelando ni asando de calor. Sólo había un ligero dolor de cabeza y un pequeño malestar en las articulaciones, pero todo eso se había convertido en algo constante en los últimos día que a esas alturas ya casi no lo notaba. Dejando a un lado el hecho de que la luz del sol lo había despertado y no un jodido dolor en algún jodido músculo que ni siquiera sabía que tenía, la razón por la…
¡Ea!… ¿luz?
¿Luz? ¿C-cómo luz de día?
Se levantó con premura, la adrenalida recorría su cuerpo. La verdad sea dicha, su apartamento estaba completamente iluminado, el reloj de la sala le informaba con alegría que eran las once de la mañana.
Once. DE LA MAÑANA.
¡Oh, mierda!
Dick luchó contra las sábanas intentando desenredarse. Se puso de pie en un brinco. Estaba muerto. Tan, tan muerto.
Se suponía que se encontraría con Batman hacía dos horas. Nigtwing debía encontrarse con Batman y Robin para su último episodio sobre "Cómo vencer tráficantes de droga"; un ataque que estaba planeando desde su encuentro con Cassandra en Hong Kong. Eran tráficantes internacionales, impredecibles y violentos que intentaban echar raíces en Gotham. Eran peligrosos, Bruce se lo dijo la semana pasada por teléfono, así que necesitaba su ayuda para vigilar desde el aire.
Dick le preguntó pusilánime por qué Red Robin no podía hacer ese trabajo, pero Bruce insistió en que debía ser él. Desde luego, las ganas de vomitar comenzaron a invardilo, así que fue incapaz de refutar algo. Prometió que estaría ahí, colgó y corrió al baño.
Pero no fue con Bruce. Se había quedado dormido durante toda la madita noche en el sillón, con la ropa puesta, después de un agotador día de quimio.
Se apresuró al baño con la vista borrosa y sus rodillas se doblaron ligeramente. A esas alturas ya estaba acostumbrado a los ataques de vértigo, pero había cosas más importantes en las qué pensar.
Estaba muerto. Muy, muy muerto.
Tan pronto como Richard tomó el celular presionó la marcación rápida. Barbara contestó al segundo timbrazo.
—¿Cuáles son tus últimas palabras? Estás acabado.
Dick rodó los ojos.
—¿Cómo salió todo?— preguntó mientras se miraba en el espejo. Estaba pálido y su cabello era un desastre, pero al menos no había rastro de barba. Intentó recordar cuándo fue la última vez que se había afeitado, pero no lo logró. ¿Una semana, quizá?
Al menos había algo positivo de la quimio. Se preguntó si debía preocuparse por ello.
—… ¡Hey! ¡¿Al menos me estás escuchando?!— inquirió Barbara, molesta.
—Sí, perdón. Escucha, yo…—. Barbara intentó interrumpirlo, pero él no se detuvo—. Me quedé dormido ayer después de la quimio y acabo de despertarme. Voy camino a Gotham. ¿Alguien resultó herido?
Barbara respondió que no y Dick sintió como si le hubieran quitado un peso de los hombros. Cogió unas píldoras de uno de los tantos botes que estaban en el baño y se las tragó sin agua. Se pasó la mano por el cabello y lanzó otra mirada al espejo. Tenía que ir. Tomó sus llaves y salió del recinto.
—¿Qué tan enojado está?— preguntó de mala gana mientras abría la puerta de su auto.
—Oh, Chico Maravilla, no quieres saber—. Babs cambió su tono de voz a uno más serio— ¿Se lo dirás?
Dick suspiró.
—Pensaba decirle ayer después de la misión. Así que sí, se lo diré.
Tan pronto sepa cómo.
—Es gracioso, ¿sabes? Decirle que tal vez mueras quizá salvará tu vida en unos minutos.
—Tu sentido del humor es encantador.
Y de hecho lo era. Era lo que lo había ayudado a atravesar los malos días de las últimas dos semanas, cuando la quimio se había vuelto tan difícil de soportar que mantenerse optimista parecía cada vez más y más imposible. Y sólo habían pasado dos semanas… pensó con desaliento, pero Babs lo distrajo de nuevo.
—No deberías conducir— le dijo con melancolía. Dick se sintió nuevamente en terreno familiar.
Toda la semana habían agumentado sobre lo que podía y lo que no podía hacer, aunque al final él tenía que coincidir con todo lo que ella decía. Y por supuesto que conducir era una mala idea, pero peor aún era la idea de que podía ponerse el traje de Nigtwing y salir a patrullar con Batman sin matarse. Sin embargo en algunas ocasiones no había mucho qué hacer, o al menos eso se decía a sí mismo.
Así que Dick encendió su automóvil y se dirigió hacia la carretera.
Con cautela preguntó cómo había estado la misión del día anterior, pero Barbara murmuró algo así como "debes poner más atención al camino", y se excusó.
…¡Maldición! Estaba tan jodido.
No tocó el timbre, abrió la puerta e intentó entrar a la mansión lo más silencioso posible. Tenía planeado ver a Alfred y asegurarse de que Bruce no lo matara, y después decirles a los dos juntos. Pero claro, Alfred ya estaba parado junto a la percha con una sonrisa educada y una ceja alzada con curiosidad en su rostro.
—Hola, Alfred— saludó debilmente mientras se quitaba la chaqueta. Si Alfred había notado las arrugas en la prenda de vestir que traía desde el día anterior, hizo como si no hubiera visto nada.
—Joven Richard, ¡qué agradable sorpresa! Y tan… osada. ¿Se quedará a comer? Me encantaría poner la mesa para usted también, pero déjeme advertirle que el amo Bruce podría usar los cuchillos en su contra si lo ve.
Esta bien. Esa era una advertencia. Estaba en serios problemas. Dubitativo siguió a Alfred a la cocina mientras hablaba con entuasiasmo acerca de sus planes para la comida del día.
Estaba absorto en sus pensamientos sobre decirle o no a Alfred hasta que éste agitó una mano frente a sus ojos.
—… le estaba diciendo, joven Dick, ¿no debería estar ahora en la estación?
—Yo… eh…
La ansiedad de Dick creció más bajo el escrutinio de su abuelo sustituto. La postura de Alfred cambió inmediatamente, toda la alegría había desaparecido.
—Richard, ¿está todo bien?
Dick sonrió con tristeza.
—Alf, será mejor que te sientes…
…
—…Así que sólo esperan que la quimio sirva.
Alfred miraba a la nada.
—¿Alf?—. Dick comenzó a preocuparse.
Desde que le pidió que se sentara y con cuidado comenzó a decirle su situación Alfred no había dicho ni una palabra. Sus ojos se abrieron con sorpresa y sus manos, apretadas fuertemente en su regazo, temblaron. Por primera vez, desde que Dick podía recordar, Alfred lucía como el hombre de 72 años que era. Y detestó eso.
—Dí algo, me estás asustando— demandó mientras movía el hombro del mayordomo. Pero Alfred se limitó a agitar la cabeza y tragar audiblemente. Por un segundo Dick se asustó con la idea de que el anciano comenzara a llorar, pero el mayordomo se puso de pie.
—Vas a salir de esto— dijo mientras estrechaba a Richard en un fuerte abrazo—, siempre lo haces.
Dick devolvió el abrazo. No sabía quién estaba confortando a quién, pero se sentía bien y agradecía que Alfred le hubiera mostrado abiertamente sus sentimientos. Tal acercamiento le hizo recordar sus primeros días en la mansión, días en los que el recuerdo de la muerte de sus padres escocía demasiado para poder soportarlo, cuando encontraba un alivio en los brazos de Alfred.
Algo en su pecho se contrajo ante la infantil necesidad de correr y buscar consuelo de nuevo. Su respiración comenzó a sonar como un sollozó y apartó al anciano con rapidez; esbozó una sonrisa falsa y palmeó el hombro de Alfred con una seguridad que no sentía.
—Será mejor que le diga a Bruce antes de que haga un hoyo en la pared con su mirada.
Alfred miró a través de su fachada, estaba seguro de ello, pero no dijo nada al respecto. Sólo asintió.
—Está en su estudio.
Richard subió las escaleras pero se quedó de pie frente a la puerta, tratando de mover su cuerpo. Alfred lo escuchó de verdad pero sabía que con Bruce sería una historia diferente. Seguramente lo interrumpiría en medio de lo que tratara de decirle, nunca aceptando el hecho de que tuviera cáncer. Buscaría alguna causa lógica, negándose a creer que ese tipo de cosas sucedían simplemente al azar. Dick podía sentir ya todas las agujas y exámenes a los que Bruce lo sometería, y escuchar todas las preguntas a las que le obligaría responder.
Suspiró. Necesitaba decírselo.
Tocó la puerta ligeramente. Cuando no escuchó respuesta, abrió.
Bruce, que estaba sentado detrás de su escritorio, alzó la mirada en cuanto la puerta se abrió. Dick se atrevió a entrar y cerró detrás de él con suavidad.
―¿Qué estás haciendo aquí?
Dick se estremeció ante el tono áspero, tan diferente a la voz normal de Bruce. Después de conocer al hombre durante casi trece años, conocía los matices de su voz mejor que los suyas. Y ese tono prometía el uso de mucha lógica-Batman, argumentada de forma fría y distante para compensar sus posibles fallas. Usualmente guardaba ese tono para Jason.
―Hola, me da mucho gusto verte, para ti también― respondió inmediatamente. Diablos, no estaba acostumbrado al frío y distante Bruce.
Bruce se levantó de su silla sumamente enojado mientras Richard aún se felicitaba a sí mismo por su terrible elocuencia para iniciar las conversaciones. El hombre caminó hasta Dick y se plantó frente a él de tal forma que quedaron cara a cara.
―Me hubiera dado mucho gusto verte anoche, Richard.
Voz de Batman. Nombre completo. No pudo imaginar cuán muerto estaría en unos segundos más.
―Sí, acerca de eso― comenzó nervioso, caminando hacia atrás― Yo… uh, necesito…uh, necesito decirte algo… creo que preferirías tomar a…
―¿Dónde. Estuviste. Ayer?―. Por supuesto Bruce no escucharía tan fácilmente.
―Me quedé dormido― contestó con sinceridad; Bruce literalmente le explotó en la cara antes de que pudiera explicar por qué.
―¿Dormido? ¿Te quedaste dormido? ― gritó― ¿Sabías que Damian casi fue decapitado porque tú te quedaste dormido?
Su corazón comenzó a latir con fuerza
―Barbara dijo que nadie resultó herido…
―Oh, ¿y si tuviste tiempo para coquetear con Oráculo?―. En esos momento Bruce estaba claramente teniendo uno de esos ataques, caminando por toda la habitación― Tal vez la próxima vez podrías usar un comunicador, ¡así el resto de nosotros podríamos saber dónde demonios estás!
―Por Dios, si tan solo me escucharas, yo podr…
Bruce colocó un dedo en el pecho de Dick
―Oh no, tú me escucharas. La noche anterior tuvimos una de las oportunidades más grandes de atrapar a esos traficantes y tú lo arruinaste todo.
Dick miró al que consideraba su padre con asombro y estaba seguro de que el dolor y la decepción se mostraba claramente en su rostro. Bruce estaba tan enojado con él, o tal vez no le importaba mucho. Con cada palabra que salía de su boca, el enojo de Bruce se incrementaba.
―Por favor, Bruce, déjame explicar…
Pero Bruce no se lo permitiría y lo interrumpió con brusquedad:
―Te acabas de explicar muy bien.
―Maldición Bruce, ¡esto es importante!― respondió molesto haciendo que por fin Bruce se callara y lo mirara. Pero en lugar de escuchar lo que Richard le trataba de decir con desesperación, su expresión se oscureció y su voz cayó una octava, convirtiéndose en un mero susurro.
― ¿Qué podría haber sido más importante que haberte presentado ayer?― preguntó peligrosamente.
¡Mi vida!, quería gritarle, pero la decepción ahogó sus palabras. ¿Bruce no podía imaginar que había algo más importante que una misión? ¡Ni siquiera le había preguntado si estaba bien! Alfred pudo ver a través de su rostro, pero Bruce estaba tan inmerso en su mundo de crimen que no podía ver que había cosas más importantes allá afuera. Le dolió el pecho. No quería que esto pasara así, no quería decirle su diagnóstico de esa forma.
Cuando no pudo responder a la pregunta de Bruce, la paciencia del mayor se agotó. Bruce caminó hacia él y lo tomó del brazo con rudeza. Dick gritó cuando estaba siendo arrastrado y de pronto se encontró fuera del estudio, con la puerta de madera justo frente a su rostro.
Bruce lo echó.
Miró la puerta por un par de minutos hasta que entendió el mensaje.
Bruce lo había echado.
Quería llorar.
Quería gritar y golpear la puerta.
Quería incendiar el maldito lugar.
Quería tumbar esa estúpida puerta y gritarle a Bruce que probablemente moriría. Que esperaba que sacara su trasero de ahí y empezara a comportarse como un ser humano.
Pero en lugar de eso Dick caminó hacia la mesita de teléfono en el pasillo y escribió una línea en la libreta de notas que estaba ahí. "Me quede dormido después de la quimioterapia de ayer. Lo siento."
Arrancó la nota y la deslizó por la puerta del estudio. Luego se encaminó a la salida.
Escuchó que Alfred lo llamaba desde algún lugar pero Dick lo ignoró.
-tbc-
Nota de la autora:
Buenas noticas, ya sé cómo editar. Así que adelante, díganme si encuentran algún error.
Nota de la traductora:
Bruce es y será Bruce.
Darkela, gracias por tu review
