Lifelines

Capítulo Once

Richard miraba fijamente a la doctora como si ésta estuviera hablando en otro idioma.

―Yo… no entiendo― pronunció después de un rato, y la Dra. Flores paró de hablar y lo miró afligida.

De alguna manera nada en este día estaba saliendo como le gustaba. Sin embargo, la semana había empezado bien. Le habían permitido salir del área de aislamiento e ir a casa, después de prometer que sería cuidadoso y que iba a usar su cubre bocas (del cuál se deshizo en el momento en que puso un pie fuera del hospital), sin una célula cancerígena detectada en su cuerpo y con una fresca transfusión de leucocitos saludables. La fase de recuperación había sido más corta que las anteriores pero él estaba bien con eso. Ahora que estaba en remisión, pudo ver que algo había resultado de su terapia.

Hasta hoy.

Primero, Jason no se había aparecido y no había respondido sus llamadas. Eso era… inusual, por decir poco. También era preocupante. Cuando el tiempo para ir al hospital se acercaba y Jason aún no se aparecía, Dick llamó a un taxi.

No se había percatado de lo cuidadoso que era Jason al conducir hasta que estuvo sentado en el taxi del más oscuro abismo del infierno. Se prometió decírselo a su hermano si salía vivo de esa.

Cuando arribó al hospital con las rodillas temblorosas (más temblorosas de lo normal), la doctora Flores lo esperaba con una expresión sombría en el rostro que hizo que su relativo buen humor se esfumara por la anticipación.

―… no hemos encontrado un donador de médula ósea compatible― repitió ella pacientemente pero claramente incómoda.

Ese no era el problema; Dick la había entendido desde la primera vez que lo dijo. Y tan malo y aterrador como era eso, no se sorprendió. Él mismo no se había permitido ilusionarse cuando llenó esos documentos relativos a su ascendencia y origen étnico, diablos, ¡ni siquiera podía responderse algunas de las preguntas a sí mismo! Los gitanos no conservan registros.

El hospital había revisado la base de datos Europea cuando no habían encontrado nada en la Americana. Pero no había muchos gitanos registrados en las bases de datos de donantes de médula ósea, ni en Europa ni en América. Y ya que sus padres fueron de diferentes regiones de Europa, para complicar más su abolengo, no había mucho sentido en buscar en Europa Oriental más a fondo. Pudo haber nacido en algún lugar en Rumania, pero su origen étnico era tan colorido como a Damian le gustaba señalar.

Así que cuando la doc. le había dicho que no había ningún donador, no se había sorprendido. Estaba decepcionado, sí. Asustado como la mierda, sí. Pero no sorprendido. Fue lo que le dijo después lo que lo sacó de sus casillas.

―No entiendo la parte de la inmunoterapia― explicó después de un rato―. ¿Cómo se supone que funciona?

Un destello de alivio se apoderó del rostro de la Dra. Flores, probablemente temía que le lanzara un ataque por eso de la búsqueda fallida de un donante.

―Mira― dijo ella―, la remisión es un estado temporal que, por supuesto, tratamos de mantener tanto como sea posible con más quimio de consolidación―. Dick asintió mecánicamente, entendía eso―. La leucemia mieloide aguda requiere de un trasplante, lo que no es posible en tu situación, y las dos quimioterapias fallidas a las que te sometiste demostraron que no estás respondiendo particularmente bien a la quimio en general. La que te dejó en remisión ha sido… extrema―. Una vez más, Dick asintió. También había notado eso―. Así que vamos a intentar algo diferente, la inmunoterapia. Básicamente, vamos a tratar de estimular tu sistema inmunológico para que rechace y destruya las células cancerígenas.

―Y esa es la parte que no entiendo―intentó aclarar Dick―. Pensé que mi sistema inmunológico no funcionaba correctamente debido a la leucemia…― y a tu quimioterapia, muchas gracias.

―Siempre y cuando tu médula ósea produzca glóbulos blancos sanos, podemos entrenarlos. Vamos a mantener las células cancerosas lo más bajo que sea posible a través de una quimioterapia agresiva de consolidación y administrando proteínas que estimularan a los leucocitos saludables para que ataquen a los restantes.

Dick había dejado de escuchar con atención con la mención de 'quimioterapia agresiva de consolidación'. Así que básicamente, reflexionó, las cosas no cambiarían para él. Iba a obtener quimio y algo más, probablemente una pastilla más al día. Oh, la felicidad.

La Dra. Flores había dejado de hablar y lo miraba con paciencia.

―Así que― comenzó luego, sumisamente― ¿Cuál es mi pronóstico?

Su expresión cambió. Lo que él llamaba la 'mascara médica' volvió a su rostro. Ella tosió un poco.

―La inmunoterapia mejora las posibilidades de remisión permanente en un catorce por ciento.

'Remisión permanente' sonaba mejor que 'sobrevivir'. Richard se preguntó por un instante si ella había leído eso en la computadora o se lo sabía de corazón. Él se sabía esa oración de corazón a partir de ahora. Catorce por ciento no era mucho y combinándolas con sus de por si nulas oportunidades de sobrevivir sin un trasplante de médula ósea, resultaban en una imagen un tanto sombría. Mierda.

―El tratamiento comenzará tan pronto como sea posible― le recordó la Dra. Flores y lo echó de ahí gentilmente.

Cuando salió de su consultorio y llegó al piso de oncología, una enfermera ya estaba esperando por él. Ella sonreía reconfortantemente y tocó su brazo mientras caminaban, así que él supo que ellos habían planeado eso antes de su cita. Lo guió hacia un cuarto donde todo estaba ya listo, desde la mezcla de quimio hasta un desfibrilador de emergencia (reglamentario, ella le aseguró, nunca se usaba).


El regreso a casa fue brutal.

Tembloroso y con nauseas, Dick no podía creer su mala suerte cuando se sentó en la cabina del taxi y respiró el fuerte olor de pachulí. El conductor se negó a abrir la ventana debido al frío aire decembrino y ya que Dick no estaba en condiciones para discutir, trató de respirar lo menos posible.

Enfermo o sano, pensó para sí mismo, nunca sería capaz de oler el pachulí otra vez sin sentir nauseas.

Pero de alguna manera se las arregló para poder llegar sin golpearse contra el tablero y de alguna manera se las arregló para pagarle al conductor sin golpearlo.

Creía que por fin había terminado el peor día de su vida hasta que llegó al pasillo y se detuvo. Miró boquiabierto el cartel en las puertas del elevador.

"Fuera de servicio"

No podía ser cierto, ¿verdad?

Dick se sentó en uno de los fríos escalones sin quitar sus ojos del cartel. Se quedó ahí por lo menos quince minutos más, sin poder creerlo y vergonzosamente al borde de las lágrimas.

No podía subir las escaleras de tres pisos, simplemente no podía. Muy apenas se las había arreglado para subir las escaleras de la mansión hace un mes durante su recuperación. Pero al mismo tiempo, no se podía quedar en el frío concreto, a estas alturas ya estaba temblando y resfriarse ahora sería como firmar su propia sentencia de muerte.

Jason no le había llamado ni mandado mensajes. Bruce estaba trabajando, Tim estaba en la escuela. Alfred estaría ahí en un instante si lo llamaba, pero nunca se atrevería a pedirle a un anciano que lo subiera por las escaleras. Trato de contactar a Wally, pero por supuesto el celular del velocista estaba apagado.

Darse cuenta de la magnitud de su dependencia se sintió como si hubiera corrido directo a una pared de ladrillos.

Poco a poco, el latido de Dick se normalizó y una sensación de entumecimiento se propago a través de su cuerpo. Fue más que bienvenida. Se había cansado del dolor, del miedo y de la preocupación. El entumecimiento era lo único a lo que podía hacerle frente ahora.

Si miraba toda la situación desde otro punto de vista, resultaba bastante divertida.

Dick exhaló una temblorosa risa que sonó casi como un sollozo y cerró los ojos. Bien podría desmayarse en la escalera y romperse el cuello, de todas formas, sus oportunidades de sobrevivir no eran muchas.

Poniéndose de pie, le lanzó una furiosa mirada al elevador y comenzó a subir las escaleras lento pero seguro. Sus piernas comenzaron a dolerle después del primer piso, estaba jadeando después del segundo piso y comenzó a sentirse mareado y a mirar estrellas mientras subía el tercero.

Vagamente, Richard intentó recordar un momento en el que hubiera subido esas escaleras sin pensárselo dos veces, sabía que eso sí había sucedido, pero no podía recordarlo bien. Esos momentos parecían tan lejanos, aunque sabía con claridad que 'solamente' habían sido tres meses desde que fue diagnosticado… Se sentía como una vida.

Jugueteando con sus llaves sintiéndose aún adormecido, Dick consiguió abrir la puerta y meterse a través de ella a pesar de su visión borrosa. Cerró la puerta detrás de él y se apoyó en la puerta en busca de soporte. Se deslizó sobre la madera fría hasta que logró sentarse y enterró la cabeza entre sus rodillas. Estaba tan harto de todo. En serio, hubiera optado por eso del cuello roto.

―Estás calvo.

Dick se sobresaltó violentamente por la voz y miró atónito a la figura frente a él.

―¿Damian? ― preguntó, no creyendo en sus sentidos en lo más mínimo. A sólo unos metros delante de él estaba de pie su pequeño hermano con los brazos cruzados y una mirada que no reflejaba ninguna emoción.

―Y estás sangrando.

Confuso, Dick bajó la mirada buscando lo que sea que Damian había visto. Había un poco de sangre en su manga y pecho; su nariz debió de comenzar a sangran otra vez en algún punto mientras subía las escaleras. Se llevó una temblorosa mano a su rostro, presionando la suave tela de su manga contra su nariz.

―Damian, ¿qué estás haciendo aquí?

Su hermano lucía como si se estuviera haciendo a sí mismo la misma pregunta. Después de todo, durante su estancia en la mansión el chico lo había evitado cuidadosamente, hablando lo mínimo posible, y desde que Dick había regresado a Blüdhaven no había habido ninguna llamada o visitas. Debía de haber una razón por la cual Damian estaba de pie en su pasillo en ese momento.

―Pennyworth me envió― respondió Damian con un dejo de molestia al mencionar el nombre del mayordomo. No le gustaba que lo mangonearan―. Quiere que te asista cuando empaques.

―¿Empacar?

―Están desinfectando la mansión en este momento, Pennyworth o mi padre te recogerán por la tarde.

Dick asintió lentamente, asimilando la información dada. Cierto, habían pasado más de tres semanas desde lo del hongo de Ivy. Aún no había completado su plan maestro pero las cosas iban en buen camino. Barbara tenía un buen control sobre la situación y todo lo que Dick tenía que hacer era, prácticamente, firmar cheques. No había excusas que retrasaran el hecho de comenzar a ser una carga para su familia. Richard había temido que ese momento llegara, pero ¿en estos momentos? Sentado en el piso de su apartamento y luchando para sostener su brazo, eso ya no podía importarle más.

La apatía era algo nuevo para él, pero en realidad le gustó. Debió de haberla sentido antes. Las cosas eran más fáciles de tratar si no te importaban.

O al menos eso pensaba, ya que las siguientes palabras de Damian le calaron en los huesos.

―Por cierto, le dispararon a Todd. Asumo que nadie te lo había dicho.

¡¿Qué?!

Si Damian estaba explicando algo, Dick no pudo escucharlo. El súbito movimiento y la adrenalina que bombeó en sus venas tuvo un efecto extraño en su estómago. Pudo sentir la familiar bilis subiendo por su garganta, provocándole más nauseas. Luego su estómago se contrajo dolorosamente y Dick estaba de pie más rápido de lo que hubiera creído posible.

A través de las arcadas, pudo escuchar los pasos de Damian acercándose, siguiéndolo hasta el cuarto de baño. Hasta que la primera ola de náuseas se desvaneció y dejó a Dick jadeando y temblando sobre la taza del inodoro, se atrevió a hablar de nuevo.

―¿Él está… bien?

―¿En serio, Grayson? ―Damian preguntó indignado. Estaba de pie a unos metros de distancia de donde Dick estaba hincando, negándose a dar un paso más―. Ni siquiera puedes sentarte derecho ¿y estás preocupado por él?

―Sí― respondió Dick débilmente. Se armó de valor para alejarse del blando inodoro para observar el desastre que había hecho; ¡ugh!, todavía estaba sangrando y la mezcla de colores que se había producido era muy, muy asquerosa.

Damian había llegado a la misma conclusión.

―Eso es asqueroso.

Richard cogió un puñado de papel higiénico y lo apretó contra su nariz, reclinándose lenta y cuidadosamente contra la bañera. Las baldosas frías se sentían maravillosas, sospechó que le había dado fiebre otra vez. No había nada que pudiera hacer ahora, así que sólo cerró los ojos y trató de desaparecer las olas de náuseas que se acumulaban otra vez.

―Él va a estar bien, afortunadamente― dijo Damian finalmente, sin dejar de ocultar el fastidio en su voz―. Nada serio, pero uno de sus pulmones fue atravesado y Thompkins le conectó un drenaje. Lo drogaron para que dejara de moverse.

o contestar su teléfono. Dick sintió que le quitaron un peso de encima. Jason estaba bien, sólo no lo dejaban moverse. Bruce y Alfred entendieron las complicaciones de una vez y reaccionaron de acorde a la situación.

―Así que no…

Lo que sea que Damian quería decir fue interrumpido con un nuevo silbido en su oído y de nuevo, estaba inclinado hacia el inodoro, vomitando. Esta vez su cuerpo no fue tan misericordioso como la primera vez, no le dejó ni un segundo para relajarse. A través del jadeo, la tos y las arcadas, pudo escuchar a Damian.

―Esto es patético, Grayson. Contrólate.

―No entiendo por qué Todd se expondría a esto voluntariamente.

― Se supone que eres todo un hombre. Luces ridículo.

Damian― logró pronunciar Dick en su precioso momento de descanso, en el cual enterró su rostro en su brazo, sosteniéndose firmemente en el inodoro―: Cállate o vete.

Nunca antes le había hablado al orgullo ex asesino de esa manera. El modo en que construía la confianza en su relación se basaba fuertemente en demostrarle a Damian que Dick no se sentía superior o a cargo de él, lo que le demostraba que él no era uno de los que lo explotaban. Pero ahora realmente no necesitaba escuchar eso.

Por el rabillo del ojo, pudo ver cómo Damian daba un paso inseguro hacia atrás, pero luego se detuvo. Mirando hacia arriba, se dio cuenta que, de hecho, Damian estaba asustado. Aterrado, en realidad.

Él mantenía su fachada cuidadosamente, pero por debajo de ésta, Dick pudo ver que su hermano no sabía qué hacer. Después de ese dudoso paso que había dado, se detuvo y abrió la boca pero no salió nada. Nunca antes había visto a Damian quedarse sin palabras. Era doloroso.

Richard sabía que debía de sentirse terrible por eso. Quería hacerlo, pero su atención se desvió cuando comenzó a sentirse mareado. Aspirar el aire fresco después de vomitar probablemente lo había llevado a hiperventilar. Su visión comenzaba a girar.

Necesitaba acostarse, y rápido.

―Grayson, ¡¿qué estás haciendo?!―Damian exclamó cuando Dick se soltó del inodoro y lentamente de dejaba caer al suelo.

Descansar su frente en los azulejos fríos se sentía bien y por fin pudo sentir su cuerpo entero relajarse.

Suspiró en silencio.

―Levántate, ¡no te puedes quedar en el suelo!

―Sólo un segundo, Damian― murmuró en voz baja, su mirada se encontró con la de la su hermano pequeño cuando sus parpados se cerraban.

Pero incluso si lo decía, sabía que no se iba a levantar pronto. Podía sentir como el agotamiento comenzaba a ganarle y él estaba más que dispuesto a dejarse llevar por la ola de sueño que lo invadió.


Dick se despertó de la mezcla de sueño e inconsciencia cuando el sol se estaba poniendo. A través de la pequeña ventana del baño podía ver la tenue luz proyectando sobras difusas sobre las baldosas del cuarto.

Se podía escuchar una débil voz que provenía desde la otra habitación; Richard pudo distinguir un acento británico. La voz de Alfred se ahoga por el fuerte ruido de la calefacción y cuando Dick levantó la mirada, vio que la puerta estaba cerrada.

Se comenzó a levantar hasta quedar en una posición erguida y apenas fue capaz de suprimir un gemido cuando sus miembros protestaron. Ahora ya estaba acostumbrado al dolor pero haber estado acostado en el suelo por horas no había sido precisamente de mucha ayuda.

Cuando miró alrededor, por fin vio a Damian y una amplia sonrisa se asomó en sus labios. Su hermano pequeño estaba acostado a solo un metro de él, acurrucado como un gatito, durmiendo profundamente. Al parecer, se había decidido por el 'cállate' en lugar del 'vete', y Dick sospechaba que él fue quien encendió la calefacción, ya que se había quitado su suéter y lo había puesto debajo de su cabeza como una almohada improvisada.

Damian debería de estar muy cansado porque ni siquiera se movió cuando Dick se puso de pie. Richard decidió dejarlo dormir un rato más, mientras él atendería los problemas de organización con Alfred.

Dick cerró la puerta del baño detrás él cuidadosamente y siguió la británica voz hacía la cocina. Alfred estaba hablando por teléfono y el tono que estaba usando era definitivamente uno que nunca utilizaría con Bruce.

Alfred lo notó cuando entraba y asintió en saludo, sonriendo, antes de que apuntara a la estufa con una expresión seria. Había algo cocinándose en la olla, por supuesto, pero Dick estaba aliviando de que sólo era sopa. Podría soportar sopa.

Mientras se servía un poco en una cazuela (demonios, tenía que admitir que olía delicioso) y tomaba asiento, escuchaba cómo Alfred le ordenaba a alguien del otro lado de la línea. Tenía una leve idea de lo que Alfred quería que 'transfirieran a Gotham Central', pero se abstuvo de interrumpirlo.

Luego Alfred por fin colgó y se volvió hacía él.

―Joven Richard, qué maravilloso verlo.

Dick sonrió amablemente.

―Hola Alf―. Hizo un gesto hacia la esquina donde dos grandes bolsas con sus cosas empacadas estaban esperando. Comenzó la conversación que sabía necesitaban tener―. ¿Supongo que no tengo mucho que decir acerca de los próximos procedimientos?―. Directo al grano

Alfred se cruzó de brazos y se recargó contra el mostrador de la cocina. Sorbiendo su sopa lentamente, Dick esperó hasta que el hombre terminaba de examinarlo, tan cuidadosa y profundamente como Alfred siempre lo hacía.

―¿El joven Damian le dijo acerca de la herida del joven Jason?

―Me dijo que le dispararon y no le permiten moverse por su drenaje―. Dick tenía un mal presentimiento de a donde se dirigía todo eso.

―Quería detener un robo de banco en el lado Este de Gotham. Nada complicado pero de acuerdo al Amo Bruce, estaba lento y torpe.

Dick suspiró.

―¿Estás diciendo que estaba agotado porque ha estado cuidado de mí?

Alfred asintió y la sensación fría en el pecho de Dick se intensificó. Por supuesto que había notado los círculos debajo de los ojos de Jay y por supuesto, había intentado discutir con él acerca de sus viajes entre Gotham y Blüdhaven, pero Jason era terco y Dick carecía de su usual elocuencia cuando estaba agachado frente al inodoro.

Alfred era un bastardo inteligente, notó Richard. Primero había enviado a Damian, sabiendo perfectamente como él escupiría todo sin tener en cuenta los sentimientos de los demás, sacudiéndolo profundamente, para que luego se sintiera totalmente culpable. Todo para que no pudiera objetar nada más en caso de que alguien se atreviera a objetarle a Alfie. Aunque nadie lo hacía, nunca.

―Tal vez yo podría…

―Por favor, no intente negociar conmigo, joven Dick. No puede quedarse aquí más días ya que su elevador está descompuesto y no está en condiciones para subir escaleras.

―No es como si necesitara subir las escaleras mañana o el día después de mañana.

―¿Y qué planea comer si no va de compras? No hay nada comestible en este lugar.

… knockout técnico. No había argumentos en contra de los puntos de Alfred, y nunca se atrevería a admitir que entonces no comería nada porque después Alfred sencillamente lo dejaría inconsciente y lo arrastraría hasta Gotham para obligarlo a comer.

Bastardo inteligente.

―Ya he hablado con sus doctores en Blüdhaven. Ellos están enviando sus documentos al Gotham General mientras hablamos.

―No creo que ninguno de los doctores esté trabajando ahora, Alfie…― Dick dijo pensativo mientras miraba hacía la ventana. Estaba oscuro.

Alfred se permitió una pequeña sonrisa viciosa.

Ahora lo están.

Dick no pudo evitar sonreír. Resistirse a Alfred era inútil: Se iba a casa.

-tbc-

Nota traductora: ¡Volví! Como dije una vez, no pienso dejar este fic colgado. La universidad me ha alejado, como a varios de ustedes. Me es difícil ponerme en frente a la computadora y escribir sabiendo que tengo algo que hacer. Pero lo digo de corazón, no dejaré este fic sin traducir.

Como siempre, leo sus comentarios, ¡y me encantan! Son mi motor. Este capítulo está dedicado a todos aquellos fieles lectores, gracias por su infinita paciencia.

No puedo decirles con certeza cuándo subiré el próximo capítulo, ni siquiera he comenzado a traducirlo pero tengan por seguro que lo subiré (: De igual forma, dejaré en mi perfil el link del fic original para aquellos que quieran leerlo a partir de aquí.

Qué tengan bonito día.