Gendry y Arya llevaban días cabalgando por el bosque paralelo al camino Real, de vez en cuando asomándose por el camino para asegurarse que no se salían del trayecto. Gendry, serio y malhumorado, no ha hablado desde que huyeron de la posada, ahora bajo el poder de la Fe de los Siete. Arya estaba acostumbrada a no hablar en días cuando viajaba con el Perro, pero esto era diferente. El Perro era odioso y horrible, pero Gendry era su amigo. Le gustaría decirle algo para animarle, pero con lo testarudo que es se enfadaría aún más. No se quejaba de la incomodidad, ni del hambre y sólo la miraba cuando bajaban de la yegua para hacer aguas, como asegurándose de que ella no saldría corriendo y le abandonase.
Realmente estaba bien en esa posada. Y cogió cariño a los niños. Podía recordar como Willow se retorcía ante los soldados religiosos como una cerda antes de enfrentarse a su matanza. Willow también era su amiga. Ella también se sintió mal cuando dejó atrás a Gendry y a Harwin con la Hermandad sin Estandartes.
Los días cada vez se hacían más cortos, y más fríos. Al estar en las Tierras de los Ríos y no en el Norte, aún había parches de nieve en el suelo, pero el verde predominaba sobre el enorme bosque que atravesaban, aunque era difícil ya que había bastantes lagos de barro que podrían parecer más profundos de lo que son. Arya era buena jinete, y la yegua negra era fuerte y rápida, pero era un bosque cerrado con muchos bultos y demasiados raíces. Tenía que tener los ojos bien abiertos para no tropezar o perderse. Mira con tus ojos, y escucha con tus oídos. Animales acechaban cuando ellos eran más vulnerables, y ambos hacían turnos para asegurarse que nadie les atrapaba en lo oscuro de la noche. Escuchaban lobos aullar como si estuvieran rastreando sus pisadas, y Arya podía sentir la desconfianza de Gendry. Teme a los lobos.
La primera vez que Gendry habló era una mañana húmeda en la que la niebla llegaba hasta el último rincón del bosque. Arya podía sentir el aliento de su amigo en su nuca, y le susurró en el oído.
—¿Dónde has estado todo este tiempo? —parecía preocupado y enfadado, como un padre que regaña a sus hijos por haberse metido en líos—.
Arya decidió no responder, pero las heridas de su vientre parecían abrirse de nuevo. No puedo decírselo.
Cuando Arya estuvo en Bravos entrenando para ser nadie y teniendo sueños de lobo, su capacidad como hombre sin rostro avanzaba rápidamente. Sabía cambiar de rostro y mentía tan bien como decía la verdad; había aprendido a manejar cuchillos y lanzarlos, reñir con la espada, tenía una puntería formidable con la lanza y el arco, y era bastante rápida en el combate de cuerpo a cuerpo, a pesar de no ser fuerte. Hablaba como una nativa la lengua braavosi y con fluidez el Alto Valyrio, además de saber casi todos los venenos existentes y varios que hacían explotar en pequeñas cantidades una ciudad entera. Superó en destreza a varios acólitos de la Casa de Blanco y Negro, incluyendo a la Niña Abandonada, quien seguía mirándola como si fuera el vacío, sin emociones ni odio hacia ella. A pesar de ser nadie, estaba satisfecha de estar ahí, y Arya Stark iba muriendo poco a poco en ella. Iba a ser al fin nadie. Pero no fue así.
Sus sueños de lobo la seguían atormentado, cada vez eran más fuertes y reales, y era un recordatorio constante de quién era. Eres Arya Stark. Los hombre sin Rostro no sabían de esto, y no podía ser nadie cuando de noche era un lobo. Hasta que un día Arya renació. Siendo una ayudante de un taberna, escuchó a dos capitanes de barcos ponientis hablar sobre la muerte y renacimiento del Lord Comandante de la Guardia de la Noche, Jon Nieve. 'Te juro por mi barco que vi al Comandante dar órdenes tras escuchar su muerte y traición de sus hermanos'. Pero Arya sólo quería escuchar de Jon. Cada día recorría las calles de Braavos para escuchar noticias sobre los lobos de Poniente. Supo de la Guerra de Invernalia de los Bolton y lo restante de la Casa Baratheon, siendo la muerte y fin de Stannis, el hermano del rey Robert y Shireen, su hija, sacrificada en una pira de fuego según los rumores de Poniente. Cómo la Casa Arryn, apoyando la causa Stark gracias a su hermana Sansa y su prometido de la Casa Arryn, junto a los rebeldes de los Bolton y fieles a los Stark y los salvajes liderados por Jon Nieve, renacido de su muerte, vengaban Invernalia matando hasta el último de los Bolton. 'El estandarte Stark ondea de nuevo en los muros de Invernalia', decía un cocinero de un barco. 'Ahora están bajo el liderazgo de Jon Nieve y sus hermanos legítimos'. Jon, Sansa, Bran y Rickon. Todo están vivos, después de todo. Arya estaba confusa; podía seguir siendo nadie, pero debía reunirse con su familia, su manada, ahora que están vivos de nuevo. El Hombre Bondadoso sabía de sus actividades y sus motivos, y dudando de su lealtad, mandó a algunos acólitos a acabar con su vida, cuando Arya tomó la decisión, recogiendo a Aguja. Debía de estar atenta, y nunca dormía, causándole locura; el primer ataque fue cuando estaba medio dormida medio loca, causando casi su muerte una apuñalada cercana a sus pulmones, pero al final pudo matar a sus tres asesinos. Tras otros dos ataque más, Arya sabía que iba a morir, estando herida mortalmente en el torso y una herida infectada en la pierna, además de varias costillas rotas y un tobillo torcido, aún victoriosa de haber matado 8 acólitos. así que fue a la Casa de Blanco y Negro, donde estaba dispuesta al fin de morir. Cogió el primer veneno que encontró y con miedo, se lo tomó, muriendo en el acto. Días pasaron y su cadáver seguía ahí, hasta que recogieron su cuerpo y pusieron su rostro en el Salón de los Rostros. Uno de los acólitos de la Casa desapareció, con el rostro de quien le pertenecía a Arya Stark, sin que el Hombre Bondadoso descubriera que envenenó a un soldado Lannister que se exilió a Braavos y no la verdadera Arya.
Ha pasado poco más de un año desde que sucedió, pero Arya sigue esperando que en cualquier momento una persona con el rostro equivocado aparezca y le clave un puñal en el corazón, pero nunca ha pasado. A lo mejor no lo han descubierto. A lo mejor el Dios de muchos Rostros me ha dejado vivir y no quiere mi nombre. Arya agarró a su espada Aguja con fuerza.
—Respóndeme —Gendry se estaba impacientando y enfadando más que antes—. Desde que te secuestró el Perro y murió, ¿cómo en los Siete Infiernos estás viva?
—Cállate — Arya escuchó un ruido. Depredadores—.
—¿Callarme? —Gendry soltó una risa amarga en su cuello—. ¿Pretendes que confíe en ti tras haber abandonado a los niños de la posada, intento saber dónde has estado y me respondes con callarme?
—Sí, calláte. Hay animales salvajes y peligrosos aquí y ahora —Arya miró a los lados y después al frente—. Debemos de salir de aquí cuanto antes —sus riendas dieron con fuerza al caballo y salieron veloces del lugar—.
Como Arya sospechaba, los lobos empezaron a salir de todos los rincones de los árboles y los perseguían. Arya era rápida, pero los lobos aún más, y eran bastantes.
—¡Ahí! —señaló Gendry a unos veinte pies hacia donde estaban galopando, un grupo de cinco lobos los esperaban con dientes desnudos, y Arya giró bruscamente y se inclinó al cuello del caballo. Corre, pensó, corre o seremos comida del bosque.
Cada vez que Arya tenía decidido dónde ir, más lobos la esperaban, desafiando sus dotes de jinete. Era ya de por sí bastante difícil ir a esa velocidad sin haberse tropezado con raíces que sobresalen del suelo, resbalarse con el barro o peor, estar atrapado en una charco enorme barro o incluso, atravesar un árbol bajo cuya hojas se vuelven cuchillos cuando galopa a tal rapidez.
Arya habría calculado ver como cuarenta o cincuenta lobos desde la persecución, pero podrían haber sido perfectamente capaces de haberlos atacado y matarlos. No quieren hacernos daño, pensó Arya mientras un lobo a cada lado suyo desde quince pies de distancia, corriendo a su misma velocidad. Nos están guiando hacia un lugar. Era confuso adivinar dónde; había cambiado tantas veces de lugar que Arya no sabía donde estaban, ni siquiera donde está situado el camino Real. Los árboles no se distinguían unos de otros, y no podía comparar la posición del sol ya que no vio dónde estaba antes. Los árboles seguían pareciendo manchas borrosas de verde y marrón cuando galopaba, así que no recuerda ningún árbol. Estamos perdidos.
La yegua comenzó a trotar, cansada de galopar durante tanto tiempo sin haber descansado en estos días, y estaba intranquila, moviendo bruscamente la cabeza, temerosa de los lobos que los persiguen. Llegan a un pequeño claro en el que reinaba una piscina de barro que parecía profunda. La yegua paró y Arya pudo ver, con claridad, la enorme bestia de al otro lado del barro. Nymeria.
Arya se bajó de la yegua a gritos de Gendry y ella le dijo que se quedase ahí con la yegua. Los lobos que antes los cazaban ahora esperaban detrás de su gran loba, alta y regia con el poder de los bosques a su favor. Es mucho más grande que los demás lobos. Y mucho más fuerte y veloz. Arya sólo era un pie más alta que ella.
Arya se quitó los zapatos y se metió en esa profunda piscina de barro para reunirse con su loba. Quiere que me una a ella, como si no fuera una niña, si no como una loba más. Era difícil moverse en el barro ya que era mucho más espeso que el agua, y ya no sentía el suelo ante sus pies. A ella nunca le molestó ensuciarse, no era como su hermana Sansa, quien se habría puesto a llorar si la hubiera visto hundida en el barro excepto por su cabeza, que sobresalía de la superficie. De nuevo, le entró a Arya un pesado sueño cada vez que se acercaba más a su loba, y empezó a gritar el nombre de su loba. De repente, sus brazos y sus piernas no funcionaban, y con Nymeria en sus labios, cerró los ojos al rendirse el combate contra su propia naturaleza. Abrió los ojos de nuevo y al otro lado del charco con sus hermanos alrededor suya, como una niña de ojos grises se ahogaba en el barro en el que tanto luchaba por escapar.
