Se despertó con un ritmo de pasos que no eran suyos. No andaba, pero sentía las pisadas atravesar las tierras enlodadas, y se dio cuenta en ese momento que Gendry la estaba llevando en sus brazos, como una princesa rescatada de los cuentos que a Sansa tanto le gustaba. Se agarró a las fuertes músculos de sus brazos y le intentaba buscar su mirada de profundos ojos azules.

—¿Gendry? —se encontraba desorientada—. ¿Dónde…

—En tu pequeña y tonta cabeza de damita guerra viste que era una buena idea atravesar esa piscina de barro y te ibas a ahogar por cansancio —Gendry seguía andando sin siquiera mirarla—. Pero Nymeria saltó al barro y te rescató hasta el lado donde estaba yo, y yo me acerqué para sacarte de ese infierno espeso —en ese momento Arya se dio cuenta que él estaba lleno de barro hasta el cuello. Él también me ha salvado—.

—Nymeria —hablar le parecía algo difícil de dominar en ese momento—. ¡Nymeria! —se bajó de los brazos del herrero de un salto. Estaba a punto de llegar hasta ella. La gran loba estaba al lado de Gendry, y cuando vio a Arya de pie, se abalanzó hacia ella para lamerle la cara hasta limpiársela—.

No sabía cómo reaccionar. Nymeria era Invernalia, era Aguja, sus hermanos y Sansa, sus padres Lady Catelyn y Lord Ned Stark, eran las risas con Jon y la alegría de tener una familia, la sensación de pertenecer a un sitio, y ella no se había sentido así en años. En la Casa de Blanco y Negro le enseñó que alegría y furia son los más difíciles de esconder tras el rostro, y hace tiempo que no se sentía feliz, llena, esperanzada. Pero Nymeria le renació el sentimiento en su interior, y la rodeó en sus brazos, y por primera vez en siglos, lloró. Pero a la vez sonría y se reía, esos sentimientos oprimidos en su interior para salvar su vida, esos que nunca debía salir de la superficie por miedo de perder su cordura. Pero por fin puedo reconstruir mi vida con mi familia, mi manada.

—Debemos de irnos —dijo Gendry, aún desconfiado del bosque—. Su manada puede volver y atacarnos—.

—Nosotros ahora somos su manada —sonreía Arya—. Creo que deberíamos limpiarnos —se dirigió a su gran loba—. ¿Conoces algún río o lago por aquí?

La loba le miró y empezó a andar en una dirección. Arya miró a Gendry, y éste cogió las riendas de la yegua y siguieron a Nymeria. Andaron durante un tiempo y los árboles que se iban cruzando tenían cada vez más moho y el camino cada vez más empinado hacia abajo hasta encontrarse un enorme lago rodeado de árboles; un paraíso escondido dentro del bosque. Ahí bebió la yegua y acordaron que el primero en bañarse sería Gendry.

—Ten cuidado —le avisó Arya—. El lago es bonito, pero recuerda que puede ser profundo y no sabes nadar. Ten cuidado por dónde pisas.

Arya se dio la vuelta para que Gendry se desnudara y poco después, escuchó el agua agitarse y algo cayó repentinamente al agua. Qué ruidoso es.

Arya le gustaba acariciar el peleaje de su reencontrada amiga; era suave y gris, como ella la recordaba cuando tenía nueve años. Sólo que ésta vez era casi igual de alta que ella y mucho más grande; con dientes y colmillos casi tan largos como sus dedos y afilados que sus dagas. No hablaron, pero ella sentía la unión de ellas, como un matrimonio de lealtad, lobo y Stark.

De repente, las orejas de su loba se levantaron y Nymeria miró tras la espalda de Arya, escuchando en ese momento un ruido que provenía cerca del lago. Arya se giró, cautelosa, sólo para ver a Gendry mojándose y chapurreando en el agua. No podía evitar no mirarlo; el agua le llegaba por encima de la cintura y ella admiraba su musculosa espalda, esculpida de mármol, típico de los herreros. Sus hombros, anchos y sus brazos, gruesos como pilares, era el sueño de toda mujer. El pelo negro le caía en el cuello, y parecía que sus ojos brillaban aún más en el agua. Iba moviéndose de un lado para otro, intentando andar o nadar, y hasta se atrevió a meterse dentro del agua, aguantando bastante, demasiado para una persona normal. Mierda.

Arya empezó a correr, y mientras va corriendo hacia el lago donde su estúpido amigo se ahogaba, se iba quitando los zapatos y su camiseta, sólo para revelar su torso descubierto excepto por unos vendajes que le rodeaba el pecho; así no se le resultaba incómodo para moverse, dejando también unos calzones puestos, ya que no tiene nada más debajo de esos calzones.

El agua estaba fría, pero debía moverse, y rápido. Sintió como el agua la iba conquistando con su elegante movimiento, sus olas y sus delicadas ondas; el pelo moviéndose como una esponja ante el agua. Era un pez, como su madre antes de entregarse al lobo. Jon decía que era medio pez, a lo mejor puedo ser pez para salvar a Gendry. Fue a la superficie para coger aire y se metió de nuevo; y ahí lo vio, un cuerpo enorme y pálido, excepto por una mata de pelo negro. Estaba hundiéndose en una profundidad que no acababa. Veloz como una serpiente, no tardó mucho en estar a su altura, pero el aire le faltaba. No puedo volver a la superficie o lo perderé. Lo cogió con los brazos en su ancho torso, sin capaz de tocarse las manos, y con todas sus fuerzas y ganas, la superficie estaba cada vez más cerca, pero Gendry pesaba demasiado, quizás el doble que ella. Debo de ser fuerte, por él y por mí. El aire se le había acabado y sintió una presión en el pecho agobiante; sus pulmones deseaban respirar, aunque fuera agua su elección. En el momento que abrió su boca para dejar entrar agua, llegó donde había aire; había conseguido salir de ese infierno de agua. Medio tosiendo, medio respirando, intentó mantenerse a flote para los dos y poco a poco, se acercó a la orilla. Cuando daba pie, empezó a arrastrar a su amigo, pero le preocupaba. No había dado señal de vida desde que se ahogó; ni un signo de dolor ni respiración.

Dejó a Gendry en la orilla para rápidamente realizar el movimiento que Maestre Luwin le enseñó se veía a alguien ahogándose. Desnudo como el día de su nacimiento, Arya no intentó mirar demasiado y concentró su fuerza en el torso del herrero; ambas manos juntas, presionando contra su pecho de mármol. Thump, thump, Arya repetía cada poco tiempo, cada vez más desesperada que la anterior. Cuando veía que no hacía efecto, exasperada, le daba con la mano bofetadas en la cara para que reaccione. No te puedes morir, no ahora. Volvió al movimiento del pecho, esta vez más fuerte, y rezando bajo sus labios. Gendry abrió los ojos como si fueran platos, se dobló hacia un lado, y empezó a vomitar agua, tosiendo y llorando. Después de haber salido medio lago por su boca, intentó respirar con tanta fuerza que le entró hipo. Cuando recuperó la humanidad, se dio cuenta de dónde y lo desnudo que estaba, y miró a Arya. A su izquierda, la chica estaba tumbada en el suelo, respirando fuerte y gimoteando. Por poco, por qué poco.

—Creo que ya ha terminado mi baño —dijo bastante serio y culpable—. Es tu turno —se levantó, sin nada puesto, para volver a vestirse, dejando a Arya sola en la orilla—.

Arya se levantó para coger su daga para cortar los vendajes, encontrándose a Gendry de espaldas. Menos mal que estuve atenta. Se cortó las vendas y se bajó los pantalones, desnuda como su loba.

—Ni si te ocurra mirar —avisó de nuevo Arya—.

—Tranquila, no hay nada que no haya visto ya —dijo en tono burlón—.

Tras el rescate, Arya no se sentía preparada para bucear, así que simplemente se puso de frente mirando al cielo y dejó de vivir en aire para vivir en el agua, su cuerpo flotando como la de un muerto. Sólo quería llegar a Invernalia, con sus hermanos, abrazar a Jon con todas sus fuerzas y pedirle disculpas a Sansa y prometerla que será una ejemplar dama hermana. Quería volver con Bran y Rickon, jugar con ellos. Quería volver a ser Arya Stark, la hija menor de Lady Catelyn y Lord Eddard Stark. Pero eso fue hace tiempo; esa niña murió cuando ejecutaron a su padre. De nuevo, con oídos de loba, escuchó un tumulto en el agua y descubrió que Gendry y su loba estaban acompañados.

Dos hombres tenían sujetados a Gendry con un cuchillo al cuello, uno sujeto a Nymeria y otros dos libres, esperándola. Otro estúpido grupo de saqueadores. Uno de los hombres que estaba libre se dirigió a ella.

—Parece ser que alguien ha sido descuidado —sonreía de una forma que no le convencía a Arya—.

—Déjalos en paz y no os mataré —gritó Arya—.

—¿Matarnos? —el hombre rió—. Tendrás suerte si sobrevives después de follarte sangrientamente —le hizo un gesto a Nymeria y Gendry—. Ellos quizás no. Así que, ¿por qué no eres buena niña y sales del agua y nos enseñas tu cuerpo de niña?

Arya se mordió el labio. No puedo luchar desnuda. Pero tampoco puede dejar que sus amigos muriensen sólo porque ella estaba en el agua. El agua de repente estaba muy fría, y tenía miedo de que llegase un kraken en ese momento, desgarrándola y devorándola con sus enormes tentáculos.

—Niña, o sales del agua o matamos ahora mismo a tu amigo y tu mascota —el hombre dijo con impaciencia—.

Arya, rígida y recta, salió del agua lentamente, saliendo a la luz primero sus pechos y después su trasero y lo que está delante. Empadada y sus pezones duros por el frío, el hombre la violaba con la mirada, los ojos más hambrientos que ha visto jamás.

—Oh niña, te voy a destrozar ese prieto cuerpo que tienes —los dos hombres se acercaban al igual que se quitaban sus calzones—.

—No hay necesidad de ser brutos —la voz sensual y dulce de Arya resurgió de sus labios, mirando inocentemente a los hombres, tocando con sus manos las curvas de su cintura y jugando con sus pechos—. Era una puta en Desembarco del Rey, ¿sabéis? Podéis follarme todo lo que queráis, pero dejad vivos a mis amigos —se mordía el labio mientras se apretaba sus pezones, mientras se acercaba con cuidado al hombre que habló—.

El hombre agarró de una de sus nalgas y lo apretó con fuerza, sus labios gritando obscenidades con el silencio. En el momento que estaba totalmente encantado por la sexualidad de su cuerpo, cogió un cuchillo que tenía cerca de su cintura y rápidamente, lo lanzó a la cabeza del hombre que sujetaba el cuello de Gendry con el cuchillo, matándole en ese mismo instante. El otro hombre intentó sacar su espada, pero Gendry fue más rápido y le dio una patada en la entrepierna para coger el cuchillo que lanzó Arya y clavársela en el corazón, torciéndolo con fuerza. Nymeria mordió el brazo del hombre hasta arrancarlo de su cuerpo mientras miraba embobado en cuerpo de Arya y el hombre, agonizando con un brazo, fue despedazado por la misma loba, y después fue a socorrer a su amiga. Arya, con el equilibrio de la danzarina del agua y consciente de lo vulnerable que es sin ninguna ropa puesta, le rompió la nariz al hombre y cogió su espada, pudiendo cortarle parte de su abdomen a la vez que pudo parar la espada del otro hombre atraversarle por su prieto cuerpo. Nymeria en ese momento llegó y se echó encima del hombre que tenía la espada, y acabó con él, mientras Arya atravesaba la espada a su dueño por el cuello. Cuando cada uno acabó con su respectiva pelea, Gendry miró hacia otro lado, vergonzoso, y carraspeó. Arya, recordando su plena desnudez, fue corriendo a cubrirse con sus calzones mojados y cogió la venda para rodeársela en el pecho, para luego ponerse la camiseta, y finalmente los zapatos.

Ambos se montaron en la yegua sin decir palabra y tomaron rumbo hacia el camino Real.

—¿Cómo has podido pelear sin ninguna protección en el cuerpo? —intentó Gendry romper el silencio incómodo entre ellos—.

—¿Eso era en lo único que pensabas en ese momento? —Arya le dijo de forma seca y neutra—.

Gendry se calló y Arya lo consideró como una victoria.

—No intentes callar lo que tu hombría me revela —dijo en tono burlón—. Así que, ¿nada nuevo que enseñarte?, Puedo sentir tu hombría dura desde atrás.

—Hace tiempo que no estoy con una mujer —dijo poco convincente—.

Ya, seguro, pensó Arya en ese momento, sonriendo.


Cada día que pasaba, la salud de Arya empeoraba. Tras el ataque de esos asquerosos violadores, los calzones de ella no tuvieron tiempo de secarse, y cayó enferma, con la frente caliente, sin querer comer y parecía estar muerta. Deberíamos descansar, o Arya acabará peor de lo que está, pensó Gendry, pero Arya no quería saber nada. Estaba demasiado obsesionada con volver con su familia y cuanto antes; Gendry podía ver eso.

Podía sentir la calidez que desprendía la pequeña y cada vez estaba más somnolienta. Hasta su loba lo notó. Aullaba cada vez que veía su rostro demacrado e intentaba parar para que su amiga pudiera descansar con la excusa de beber agua o buscar comida. A veces se encontraba a su amiga durmiendo mientras cabalgaba, exhausta por vivir catorce años.

Tras llevar siete días cabalgando, Arya no pudo aguantar más; iba a caerse de la yegua si no fuera porque Gendry se dio cuenta. La sujetó en la yegua hasta que él pudo bajarse y coger entre sus brazos. Estaba totalmente inconsciente. Encontró un árbol grande la dejó posarse ahí y tocó su frente; estaba ardiendo. Arya se dio cuenta de que estaban parados, y gimoteó algo.

—Calláte —dijo Gendry, enfadado—. Por culpa de tu estupidez tus posibilidades de morir se han alzado—.

Arya señaló su estómago, indicándole su dolor. Gendry desde el día que vio a su amiga desnuda, con su prieto culo y redondos pechos, además de una estrecha cintura y muslos fuertes, podía sentir a su hombría endurecer, culpable pero a la vez un deseo se alzó en su interior. Empezaba a desear a Arya, pero mucho más que una atractiva joven delgada, mucho más que a una amiga. Culpable y asustado por lo que eso pueda significar, se quería distanciar de ella por lo que evitaba lo todo tocamiento con ella, y en este momento, se sentía bastante mal. No quiero ser un animal llevado por la lujuria. Pero este era un momento crucial; tumbó a Arya en el suelo y apartó el pelo de su cara con delicadeza y se aventuró a levantar su camiseta. Está mucho peor de lo que me imaginba. Su herida, una vez casi curada de una lejana pelea que tuvo para salvarle la vida, estaba abierta de nuevo e infectada; podía ver más pus que sangre. Esto es muy malo. No sabía curarla, ni conocía a nadie cerca, y no podía morir. Todo este tiempo luchando por vivir para ahora acabar así. Decidido, la cogió otra vez y la puso encima de la yegua y se subió él de nuevo. En ese momento, Arya sintió a la yegua y abrió los ojos.

—Gendry… —sus labios susurraban temblorosos con fiebre—. Yo…

—No vas a morir, si es eso lo que te preocupa —le dijo casualmente, para no estresarla—. ¿Puedes agarrarte?

Arya asintió débilmente y se sentó de lado, rodeando sus brazos en su cuello, y Gendry intentó manejar a la yegua. No me falles ahora. Arya apoyó su cabeza en su hombro y gimoteaba como una niña pequeña, además de respirar bastante fuerte. A pesar de la situación, Gendry se sentía demasiado nervioso estando tan cerca de Arya.

Nymeria salió corriendo con ventaja de ellos en busca de refugio y no volvió hasta el atardecer. Retornó cuando Gendry buscaba desesperadamente una casa sin éxito, pero Nymeria volvió aullando y sus ojos se encontraron con los de él, resultándole bastante parecidos a los de Arya. Tienen la misma forma, pero los de Nymeria son dorados. La loba le indicó el lugar que ella vio esperanza para ayudar a Arya.

Cuando llegaron al pueblo, guiados por Nymeria, pudo Gendry sorprenderse por la cantidad de ventanas luminosas y gente fuera. Es como si la guerra no les hubiera afectado. Trotando lo más rápido posible sin caerse, llegaron al pueblo y Gendry cogió a Arya de nuevo. Gritando ayuda por una niña herida muy grave, las personas salían de sus casas, curiosos, hasta presentarse en el pequeño castillo rodeado por las casas. Gendry, sudando, con su amiga en brazos, se enfrentó a los guardias de la puerta principal.

—¿Qué haces, muchacho? —dijo uno de los guardias, molesto—. ¿No sabes que nosotros no queremos enfermedades de la guerra, ni niñas enfermas?

—Arya Stark, hija de Lord Eddard Stark, está muriendo ahora mismo —desafío él, un simple plebeyo, contra la fuerza de la comandancia del castillo con la mirada—.