—A decir verdad, no esperaba verla de nuevo, Lady Arya —dijo Lord Edric Dayne—.

Ni nosotros de ver tu estúpida cara. A Gendry nunca le gustó Edric; era muy quejica y se comportaba como un niño mimado, siendo bastante infantil en comparación con Arya, a pesar de ser Edric mayor que ella. También le molestaba por el hecho de simplemente ser y parecer un noble; su manera de hablar tan educada y gentil hacia Arya, y esos rasgos tan atractivos para las mujeres como su pelo dorado y sus grandes ojos de un color prácticamente púrpura, además de estar siempre bien vestido y lavado. Yo siempre estoy en trapos y mi pelo es más bien una mata de greñas; está claro que ella lo preferiría mucho antes que a mí. Eso le hizo pensar en lo estúpido que era el Lord, tan aniñado.

Aunque ya no lo era tanto; Su atractivo, siempre presente desde que era un niño, Edric se ha convertido como un príncipe Targaryen, además de ser alto y esbelto. Su pelo estaba recogido y su cara estaba recién afeitada; no parecía los dornienses que Gendry se había encontrado. Llevaba una túnica morada y blanca, los colores de su Casa, resaltando aún más los ojos morados del joven. Me pregunto qué estará pensando Arya sobre él. Arya parecía dedicarle toda su atención; sin duda estaba feliz de haberse encontrado una cara familiar y noble.

Edric se sentó justamente en frente de ellos, estando Arya y Gendry al mismo lado. Tenía una espada de buen acero en el lateral de su cadera protegido de una vaina de cuero grueso. Se había pedido una jarra de hidromiel y le sirvió a Arya, cortejándola a más no poder. Estaba claro en el tipo de interés que Edric tenía por Arya; siempre lo tuvo. Cuando lo conoció por primera vez, intentó de alguna manera hacerse amigo de ella, pero ella estaba ocupada siendo un desastre de dama, aunque a eso le parecía gustar más a Edric. Por eso, Gendry siempre estaba detrás de ellos, para vigilar qué estaba haciendo con ella.

—Yo tampoco esperaba volver aquí, la verdad —dijo Arya con una educada sonrisa—. Hemos tenido un viaje no muy agradable y por fin parece que el descanso nos apremia.

—Y espero que así sea —Edric le sonreía con los ojos—. Cuando me enteré de que vos escapó y luego fue raptada por el Perro, me preocupé mucho. Vos parecía muy indepediente y feroz, pero el Perro es un verdadero peligro, siendo una niña como un hombre. Ahora verla aquí es casi un milagro, sobretodo con los tiempos que corren —le dedicó una mirada a Gendry—.

La expresión de Arya no cambió ni un ápice, pero Gendry sabía que sus sentimientos se escondían tras ese rostro de piedra. No le ha gustado que haya mencionado al Perro. Quizás no esté tan feliz de ver a Edric después de todo.

—Ha sido bastante duro, todos estos años —bebió un poco de hidromiel—. Desde que mi padre murió, los Siete Reinos han estado en pleno caos y en guerra, y sobrevivir tras todos estos años es verdadermente un milagro —le sonrió de nuevo a Edric—. Pero, después de todo, la vida no es fácil, ¿o sí?

Gendry calculó la intención de sus palabras, y su gesto de recibirlas. Ella no suele hablar así, y casi nunca expresa eso con su rostro. Claramente le está siguiendo el juego, aunque él crea que es al revés. A veces le sorprendía lo taimada que es su amiga.

—Por supuesto que no —Edric rió, y en ese momento encaminó la conversación hacia un sentido al que le interesa—. Vos ha mencionado que llegar hasta aquí es duro, ¿no? Quería preguntar si no la molesto, ¿se dirige a algún sitio por casualidad?

—Al Norte —dijo Arya decidida, revelando su versión más típica—. He oído que mis hermanos se encuentran en Invernalia tras arrebatárselo al Bastardo de Bolton. Debo de reunirme con familia, tras tantos años separados.

Edric fingió preocupación de nuevo. —Mi señora, si no me entrometo, he de decir que me parece peligroso que una dama como vos se encamine a tierras tan crueles —el resto de Arya seguía sereno—. No me refiero al Norte, donde está su hogar, me refiero al camino con el que debe llegar. Está lleno de bandidos que antes eran soldados Lannister, y como se enteren de que una loba anda por los bosques, van a querer acabar con vos.

—Entonces, ¿cómo llego a Invernalia? —Arya preguntó, serena como el agua—. No tengo oro suficiente para ir en barco, y debo de encontrarme con mis hermanos de inmediato.

—Debe de encontrarse con sus hermanos, de eso no hay duda, pero quizás de inmediato sea el peor camino —empezó Edric, y Arya levantó una ceja—. Ojalá tuviera hermanos o primos a quienes considerar familia, pero por desgracia todos están muertos, pero tú aún puedes disfrutar de esa fortuna tras estas tediosas guerras. Lady Arya, vos es la primera noble que me he encontrado desde que estoy aquí y nos podemos considerar hasta amigos en esta terrible causa, y quiero ayudarle —se relajó en el taburete donde estaba sentado—. Volverá a ver a su familia, y de forma segura, pero no de forma inmediata. Me encontraré con mis hombres en Aguasdulces, y si viene vos conmigo, juntos partidemos hacia Invernalia con una tropa de hombres que la asegurarán como salvación y futuras espadas para su hermano Jon. Sólo debe decir sí a mi invitación. Sé que no es el camino más rápido, pero es el único que puedes ver con certeza la meta, y ahí la quiero conducir.

Gendry, silencioso, observó a Arya. Lisa como una hoja blanca y dando seguridad, Arya estaba totalemente perdida, algo que Gendry se figuraba. Se acabó ataques repentinos y temor a morir de hambre; él le acaba de prometer un viaje de su talla, de noble dama.

—Estoy agradecida de la invitación hacia Invernalia, lo cual me hace pensar mucho de vos —empezó Arya—. Pero es una decisión que debo de tomar paulatinamente —se levantó y miró a Gendry, sus ojos gritando lo cansada que estaba—. Cuando decida la respuesta, no tardaré en decírselo —sonrió por última vez—. Le deseo una buena noche, Lord Edric, y muchas gracias de nuevo por la invitación.

Edric se puso de pie y fue hacia ella. Con un pie de distancia entre los dos, Edric se agachó y apoyó en el suelo una rodilla mientras que cogía con sus fuertes brazos la mano de Arya y besó su misma mano. No me jodas que se está haciendo el caballero ahora.

—La noche sólo ha sido buena cuando le he visto, y estaré seguro que soñaré con su belleza. Le deseo una buena noche a vos también, Lady Stark —se puso de pie y se fue hacia su pequeña alcoba en el primer piso de la posada, dejando a Arya perplejada y un poco ruborizada—.

—Será mejor que pidamos una alcoba y durmamos —sugirió Arya, buscando con la mirada al dueño de la posada—.

—Encima es pegajoso —dijo Gendry en mucho tiempo—. No paraba de babear contigo.

—Déjalo, Gendry —dijo ella de forma desinteresada—. Hace mucho tiempo que no ha visto a una mujer noble y quería pretender ser un príncipe típico de cuentos y hadas—.

—Parecía que en ese momento te iba a pedir la mano para un casamiento —dijo él entre dientes y ella, le miró, tensa y cansada. Está revelando en su rostro todo lo que no ha expresado con Edric—.

Arya abrió la boca para contestarle cuando una voz mucho más grave que la de ella resonó por sus oídos.

—PERO SI SON GENDRY Y ARRY —la voz con alegría gritó—.

Ambos, alarmados por el repentino estruendo, se giraron para encontrarse con un chico grande y gordo de pelo rubio paja con una gran sonrisa que escondía sus labios. Tenía una camisa que un principio sería marrón, pero el blanco de la harina había camuflado el color original. El chico olía a pan y tenía rastrojo de color negro alrededor de su boca, creando una ilusión de barba.

—Pastel Caliente —es lo único que pudo decir Gendry antes de que Arya y él estuvieran sumergidos por los enormes brazos del panadero, rodeados en un caluroso abrazo.

—Creía que jamás os volvería a ver, y aquí estáis de nuevo —Pastel Caliente, de la emoción, apretó más el abrazo y Gendry apenas podía respirar, intentado librarse de sus brazos.

—Yo también te he echado de menos —dijo con una cómica desgracia la pequeña loba—.

Los tres se sentaron de nuevo en la mesa donde antes estuvieron con Edric Dayne, obligados por su amigo gordo, y habló sin parar sobre lo que había pasado en esos últimos tres años. Pronto Arya y Gendry se sumergieron en la conversación y olvidaron por un momento todo lo que pasaba y hacia dónde debían ir. Los recuerdos eran embriagadores; Yoren y la Guardia de la Noche, Lommy, Harrenhal, todas sus escapadas y cómo uno dependía del otro. Gendry se encontró con la nostalgia en el final de su garganta, algo que nunca había sentido antes. Porque nunca tuve que sentir nostalgia por algo que nunca tuve, amigos. A lo que una vez llamó amigos, un niño gordo y asustadizo, y una niña valiente y feroz vestida de niño, habían desaparecido de su vida por un tiempo y Gendry encontró de nuevo la soledad. La Hermandad no le importaba Gendry tras Lord Beric muriese, y Willow y Jeyne eran muy diferentes a lo que él estaba acostumbrado a llamar chica. Me pregunto dónde estarán ellas ahora, pensó, seguramente en un lugar lejano y a salvo de aquí. Eso es lo quería pensar, pero un sentimiento de pena acompañó a su morriña.

—… y Merra me contestó: ¡huevos no, serpientes! —terminó de contar Pastel Caliente, totalmente ajeno a los pensamientos de sus amigos, y al ver las sonrisas tímidas de sus amigos, sonrió él también—. Seguís siendo muy serios, aunque no me voy a quejar de volver a ver a mis amigos —miró a Gendry—. Te has vuelto un hombre enorme, muy alto y fuerte, como me temía. Menos mal que no estoy contigo junto a mujeres, que si no me deprimiría en mi propia soledad —rió solo y miró a Arya tímidamente—. Arry, digo Arya, digo Lady Stark…

—Para ti siempre seré Arry, pero llámame Arya —dijo ella, sonriendo con melancolía—.

—Arya, has… cambiado —dijo Pastel Caliente, rojo como un tomate—. Cuando te vi, tan pequeña y delgada, con pelo de niño y sucia, creía que eras un pequeño ladronzuelo que perdió a sus padres, pero ahora… Siete Infiernos, te has vuelto incluso guapa. Sigues sin parecer con esas ropas una dama, pero si hubiera sabido en lo que te has vuelto, hubiero sido más amigable y gentil contigo.

—Y yo me habría peleado igualmente contigo, pero esta vez por ser blando conmigo —enseñó sus blancos dientes dentro de sonrisa a su amigo panadero—. Me alegra verte de nuevo, Pastel Caliente—.

El chico se sonrojó aún más y tartamudeó un poco. —¿Hasta cuándo os quedaréis? —dijo con esperanza—.

—No mucho, pero lo suficiente para descansar —pensó Gendry—. Quizás dos días —miró a su compañera—.

—Si hay habitación, claro —terminó ella—.

—¡Claro que hay! —dijo Pastel Caliente alegremente—. Entonces tenemos tiempo para saber qué ha sido de cada uno después de estos años —miró a su amiga con tristeza—. Cuando me enteré de que fuiste capturada por el Perro, quise ir a por Gendry y rescatarte como tú habrías hecho por nosotros, pero no sabía ni dónde se encontraba el maldito herrero—.

—Estoy aquí —llamó el mencionado—.

—Y ahora verte viva, tras estar con ese monstruo. Había escuchado cosas horribles sobre él, pero al parecer hay cuatro Perros, todos aclamando la identidad del maldito —Arya levantó las cejas y Pastel Caliento dejó de hablar de Sandor Clegane—. Me gustaría saber cómo has podido sobrevivir todo este tiempo.

Gendry miró a su compañera y Arya volvió a poner la misma cara que le puso a Edric la mayoría del tiempo. Su escudo facial de sentimientos. Gendry llevaba preguntando a la chica lo mismo desde que llegó y ella jamás llegó a responder, como si hubiera estado matando niños o en un prostíbulo. No quiere decírmelo, como si estuviera avergonzada o asustada de mi reacción. Gendry se moría por saber dónde ha estado todo estos años Arya Stark, pero la mencionada estaba más muerta que viva, y necesitaba urgentemente descanso.

—Eso es un tema del que hablaremos mañana —recogió los hombros de su amiga con sus manos, y frotó delicadamente—, pero hemos tenido un largo viaje y debemos descansar, sobretodo tú —la mirada de Arya era vacía cuando Gendry la vio por un instante—.

—La verdad es que parece que llevas despierta siete días —comprendió Pastel Caliente—. Hay una alcoba al final del pasillo de la segunda planta que está vacía —señaló en una esquina de la posada—. Ahí encontrarás una cama. No es una cama de la finas sedas típicas de un castillo, pero es una cama —está claro que nunca ha estado en un castillo—.

Arya miró a Gendry, y expresó todo lo que tenía que decir. Gendry miró hacia otro lado. —Yo me quedaré un poco contigo, ya que me encuentro desvelado —dijo Gendry para tranquilizar a su amiga—. Ve a dormir, lo necesitas.

Pastel Caliente no habló de nuevo hasta que vio cómo la pequeña mujer subió hasta el siguiente piso, incapaz de escucharle. El panadero sonrió de una manera que a Gendry no le gustaba y le dio un palmetazo en la espada.

—Así que por fin ha pasado, ¿eh cabrón? —su sonrisa revelaba algo que Gendry no comprendía—. Cuando os veía a los dos, sospechaba de qué podía estar pasando, pero aquí está claro.

Gendry no entendía qué estaba claro. —No entiendo a qué te refieres —dijo inseguro—.

—'No entiendo a qué te refieres' —le imitó con una voz muy seria y grave—. ¡La guerra ya acabó! No tienes que seguir con el ceño fruncido y hablando como si estuvieras enfadado todo el rato —levantó las cejas—. Me refería a que Arry, digo Arya, y tú estáis —Gendry no le dejó terminar—.

—No estamos de esa manera —dijo de forma tajante—.

—Relájate, no he insinuado que la has violado. Siete Infiernos, juraría que te has vuelto más solemne —intentó ser amigable de nuevo—. No quería insultarte creyendo que estabas con Arya—.

—Y no lo has hecho, pero no estamos juntos —el tema le ponía bastante nervioso y quería acabar cuanto antes—.

—No sé, juraría por cómo os mirábais… Y siempre habéis sido así de cercanos, protegiéndoos el uno del otro, sin dejar de pensar en cada uno —pensó su amigo—, no puedes negarme que parecía sospechoso lo cercanos que érais y sois—.

—No es sospechoso.

—Lo que tú digas —Pastel Caliente se rindió—. Pero, ¿de verdad no ha habido…? —Gendry le lanzó una mirada amenazadora—. ¡Vale!, lo dejo. Pero me parece extraño que hayáis estado tanto tiempo juntos y nada haya pasado —observó por un segundo al herrero—. ¿Es que no te gustan las mujeres?

Gendry estaba al borde de su paciencia. —Está claro que no has hablado con alguien más fuerte que tú en mucho tiempo—.

—Sólo decía que Arya no es que sea fea, y esa ferocidad la hace más atractiva, y cualquier hombre con ojos se daría cuenta de la belleza que esta chica parecía esconder, pero debes de ser muy raro para sólo apreciarla como amiga—.

Demasiados hombres se han percatado de su belleza, suspiró Gendry. Si ella no fuera de alta cuna, o yo no fuera plebeyo… Gendry se sorprendió de su propio pensamiento. Arya es su amiga y nada más; lo tenía decidido.

—Pues muy raro debo ser, sí —Gendry miró a la alcoba donde supuestamente se encontraba su amiga—. Me encuentro muy cansado, así que creo que me iré a dormir. Mañana nos veremos y seguiremos hablando, no te preocupes. ¿En dónde puedo quedarme esta noche?

—Pues… —Pastel Caliente abrió los ojos de repente, dándose cuenta de algo—. Creyendo que estábais… Ya sabes, mandé a Arya a una habitación con una cama más grande para los dos, ya que esta noche no hay apenas sitio donde dormir.

Gendry entendió lo que quiso decir. —¿No hay otra alcoba? Puedo dormir en los suelos, si es necesario—.

—Es demasiado peligroso, y podrías enfermar con el frío del suelo —planteó su amigo—. Y Merra me desollaría vivo si viera alguien fuera de una alcoba durante la noche —miró al herrero, levantando su barbilla para revelar su papada—. Ya habéis compartido cama antes, y como has dicho, sólo sois amigos… No será tan malo, Gendry.

Gendry suspiró, agotado. —Bueno, pues me voy a dormir. Buenas noches, y me alegro de verte de nuevo —le permitió una cansada sonrisa y subió a las escaleras—.

—Así que Arry no tiene pretendientes —susurró Pastel Caliente, malicioso—.

—Te he escuchado —dijo Gendry en un tono alto—.

El pasillo era oscuro y frío; con un sinfin de puertas cerradas excepto al final del pasillo, donde una rejilla de luz débil iluminaba la última pared del pasillo. Gendry se encaminó hacia esa luz y abrió la puerta entrecerrada. Ahí encontró una pequeña habitación de madera con un taburete con una vela y una cama más grande de lo habitual, ocupado en parte por Arya. Desde la puerta, Gendry podía ver la espalda de Arya y su pelo oscuro a la luz de la vela negro cayendo por las blancas sábanas, creando un contraste de color. Sus largos mechones casi ocupan el ancho de la cama. Cuando Yoren le cortó el pelo a navajazos, le pareció bastante violento a la pequeña dama, y al parecer no ha querido cortárselo desde entonces. Había crecido bastante desde que lo tenía con apenas unos mechones casi tan largos como una pulgada; le caía por la espalda, pero siempre lo llevaba recogido en una trenza que escondía debajo de su ropa, aparentando de nuevo tener pelo de hombre. Nunca la he visto con el pelo suelto. El pelo largo le daba una imagen más femenina y elegante que el pelo corto, pero Arya estaba lejos de querer conseguir eso.

Intentando ser lo más silencioso posible, entró en la habitación y se quitó las pieles de abrigo, el chaleco y después su gruesas botas, tras dejar también unos pantalones de piel para quedarse en unos largos y finos calzones. Se pasó una mano por su pelo y se acercó a la cama. Encontró a su amiga acostada de lado, casi abrazando sus rodillas a lo que Gendry le recordó a una ardilla. A una pequeña ardilla. En ese momento, vio Gendry lo pequeña que Arya era; parecía que tenía diez años de nuevo, con esa expresión de cansancio de vivir que una niña no debería tener a su edad y lo delgada que era, apenas ocupando espacio en la cama. Llevaba una camisa blanca y unos calzones grises, y su rostro parecía tan inocente por un momento. Gendry apartó con delicadez su pelo y se acostó al otro lado de la cama, dando la espalda hacia su amiga.

—Sigues siendo muy ruidoso, ¿lo sabes? —susurró Arya, casi sin remedio—.

Arya, en ese momento se giró, y abrió los ojos somnolienta, revelando que en ningún momento estaba dormida. Su rostro agitaba preocupación. Está pensando sobre la invitación de Edric.

—¿Por qué no estás dormida? —preguntó Gendry sin fingir demasiado interés—.

—No es de tu incumbencia —ella le contestó, como de costumbre—.

—Deberías de dejar de pensar en lo que ha dicho Edric ya que ambos sabemos la respuesta desde el mismo momento que él te lo sugirió —Gendry se dio media vuelta para darle la espalda a la pequeña Arya y cerró los ojos—.

—-No sé la respuesta —a pesar de la seguridad de su voz, él sabía con certeza la duda que la inundaba—.

—Mentirosa. Sí que la sabes —quería cambiar de tema—. ¿Qué tal tu herida?

Gendry escuchó cómo su amiga se levantaba de la cama y se giró de nuevo para verla. La camisa que llevaba Arya tenía un pequeño escote pero le estaba tan ancha que desde un ángulo, se podía ver el interior y era tan translúcida que se podía ver el torso de ella; la estrecha cintura que escondía, contorno de sus pequeños y redondos pechos, revelando la mujer que será en no mucho tiempo. Arya levantó su camisa para enseñar su barriga donde se hallaba la herida. Su vientre, plano y terso, contenía una larga raja de color rosa pero era prácticamente superficial; casi parecía una cicatriz. Cerca de la raja, había pequeñas rajas que sí parecían más profundas. En ese momento, Gendry recordó la noche en la que le dió la paliza a Erdwyn, lo furioso que estaba, lo poco Gendry que él estaba demostrando, todo porque pensó en lo que Arya pudo haber pasado sino fuera por su astucia. Nunca pude defenderla, y ver a ese hijo de puta entrando en su habitación tan natural… Se dio cuenta de lo que era capaz de hacer, y se asustó bastante. Esto no es normal en mí. ¿De verdad sería capaz de ser así, de perder su juicio y actuar como un animal furioso sólo por proteger a su amiga?

—Mucho mejor —dijo casi orgullosa—. Parece que por fin están cicatrizando. Dentro de poco podré moverme con total libertad—.

Gendry estaba tan cansado que no se había dado cuenta de lo cerca que estaba de Arya, pudiendo sentir su respiración haciendo cosquillas en su frente, y se centró en esos labios, en los que nunca se fijó lo bonitos que eran, brillando por la débil luz que los iluminaba. El estrecho espacio entre los dos y un silencio interrumpido por las respiraciones de ambos ligeramente alteradas crearon un momento de calor y comodidad. Ella se percató del torso de su amigo, observando sus músculos ascender y descender a ritmo con sus soplidos, totalmente ausente. Gendry se preguntó en ese momento si sus labios sabían a hidromiel si la besase, evitando mirar a otra cosa que no fuera los labios casi irresistibles de su amiga. Ahí estaba Arya de rodillas en la cama, con un camisón fino con nada debajo, revelando discretamente sus pechos, su pelo largo caer por sus hombros y brazos, y su rostro, tan fresco y bonito. Culpable, no pudo evitar sentir su hombría endurecer de nuevo al ver la joven tan despreocupada, compartiendo cama. ¿De verdad no ha habido…? Las palabras de Pastel Caliente habían resonado por la mente de Gendry, como una canción interminable. Parece tan pequeña e inocente… Una muñeca de porcelana, aunque no lo quiera reconocer. Ella pareció leer su pensamiento y miró a sus ojos. Él se había percatado de lo mucho que se queda Arya observando sus ojos, como si algo le hiciera ver más a través de sus ojos azules. En ese momento Gendry apreovechó para mirar a esos vacíos y bellos ojos grises pareció reconcer varias emociones asomar por sus ojos. Incertidumbre, molestia, duda, preocupación, vergüenza, relajación. ¿Cómo puede sentir tanto en tan sólo un instante? Ella decidió responder a una pregunta diferente.

—Soy más fuerte de lo que parezco, Gendry —dijo una Arya cansada pero firme—. Ten en cuenta eso a partir de ahora.

Parece tan pequeña…