Gendry se despertó con el estruendo de la realidad. La habitación estaba justamente encima de la cocina, y al parecer a alguien se le había caído un cazo del tamaño de un castillo. Tenía un sabor raro en la boca; había soñado tan feliz hasta que la realidad le atizó con una cacerola. Era el hijo secreto de una familia noble de Essos y me habían abandonado en Desembarco del Rey para luego aclamarme para su herencia. Vivía en un castillo tan alto que tocaba las nubes, y vestía en ropajes llamativos y siempre olía bien. Criados trabajaban por mi bienestar y podía beber vino y comer carne. Pero eso no era lo que le hacía cosquillas en el estómago. Me casé con Arya, en una boda tan extravagante y ostentosa, con muchos otros nobles atendiendo. Ella iba preciosa, con un vestido azul y el pelo suelto, caído en cascada, con una sonrisa tímida y mejillas coloradas. Besaba sus labios de seda y ella me sostenía con su cuerpo mientras nos prometíamos votos que queríamos cumplir mientras todos aplaudían con alegría. La noche de bodas, tan apasionado como ella. Pude quitarle ese vestido y acariciar cada pulgada de su cuerpo mientras ella me prometía amor con sus besos. Pude soñar los hijos que tuvimos, niños fuertes y dispuestos a vivir, niños de pelo negro y ojos enormes grises. Pude ver nuestra vejez, siempre juntos. El sueño era tan dulce y mortal como el veneno, pero esa realidad falsa se iba alejando con cada segundo que pasaba. Gendry iba asimilando dónde estaba; en una de las muchas camas viejas de la posada de la Hermandad sin Estandartes. Era de la Hermandad. Habían estado viajando durante días y en la misma posada se encontraron con Edric Dayne y Pastel Caliente. Y ahora estaba compartiendo cama con Arya. Gendry hizo un movimiento para levantarse, pero algo le impedía mover su brazo derecho. Oh, mierda.

Él estaba tumbado de lado, y Arya estaba en su misma posición, pero al lado de él. En algún momento de la noche su brazo cayó en el territorio de su amiga y ésta decidió acoger a su brazo y abrazarlo con su cuerpo, estando entre sus pechos y amarrado por los brazos de ella. Arya dormía plácidamente, ajena a la vergüenza de Gendry. Sintió cómo el cuerpo de ella apretaba contra su brazo y sintió el ardor en las mejillas. Giró el cuello y se dio cuenta de que a lo largo de la noche él se había desplazado hasta donde estaba ella, mientras ella no se había movido ni un pie de dónde estaba. Debo de salir de aquí lo antes posible. Tirando de su cuerpo, logró sacar el brazo rápido y se dispuso a poner de pie cuando Arya se giró para enfrentarse a su amigo, estando el rostro de su amiga en frente del pecho de Gendry, y para el terror de éste, Arya abrió los ojos de una vez.

—¿Por qué estás tan cerca de mí? —la inocencia de su voz fue lo que más le aturdió a Gendry—.

—Deberíamos bajar a comer, o si no, no cenaremos hasta la noche —Gendry cambió de tema mientras se vestía, aún enrojecido por el percance—.


Las mañanas en la posada eran tumultuosas, con más personas que de noche. Niños y mujeres abarrotaban las mesas, comiendo o limpiando, mientras había dos o tres mesas llenas de hombres fuertes, gritando y escupiendo trozos de pan a sus compañeros de mesa. A Arya le recordaba vagamente a las mañanas en Invernalia, donde los amigos de su padre y su padre reían con estruendos gritos y fuertes vinos en su mano, hablando de la gloria que tuvieron hace muchos años, mientras los niños jugaban con la comida en mesas más pequeñas y las mujeres hablaban discretamente de su rutina. No pudo evitar una pequeña punzada en su pecho y a la vez sonreír por la melancolía. Vuelvo a estar con mi familia, con mi gente.

Gendry y Arya se sentaron en una mesa compartida por un hombre viejo y un niño, compartiendo un trozo de pan con queso y leche. Era la menos abarrotada de gente y así podían tener un poco de intimidad. Esperaban recibir a Pastel Caliente, pero por alguna razón no estaba en el salón con los demás. Estará en la cocina, cociendo pan. Gendry se dispuso a levantarse para ir a la cocina y coger cualquier cosa que pudiesen llevarse a la boca. Debería guardar algo de comida a Nymeria, o quizás liberarla para que cace ella su propia comida, pensó Arya cuando se encontró sola. No la había visto desde anoche, aunque sí soñó que era ella, estando en los establos, muerta del aburrimiento, mientras escuchaba a sus hermanos aullaban por su compañía, mientras que sólo podía observar la débil luz que emanaba de la vela del establo, creando sombras enormes. Ella se imaginaba que eran monstruosos y luchaba contra ellos con sus fuertes patas y velocidad. Cada vez dormía más, pero no era por el cansancio; el lazo entre ella y su loba se fortalecía cada vez más, y pasaba más tiempo siendo ella. Se fusionan en un mismo ser que actúa con el cuerpo de su loba y juntas son una combinación perfecta, pensando en lo mismo y actuando a la vez. Parece que estamos casadas. Pero eso no era bueno cuando era humana; dormía cada vez más y tenía menos tiempo para estar activa, y hasta Gendry se está dando cuenta de eso. Normalmente ella suele despertarse primero con tiempo, y ahora Gendry tiene que darle suaves sacudidas en el brazo. Tendré que decírselo en algún momento. Pero qué le puede decirle; ¿cada noche se convierte en un lobo y actúa como tal? Gendry no sólo no se lo creería, sino que se reiría de ella. Alguien se acercó para alejarle de sus pensamientos.

—Buenos días, Lady Arya —dijo el galante Edric—. Está especialmente bella por la mañana.

Si le sigo el juego, quizás me ayude. Arya se giró para ver a su nuevo amigo, fresco como una rosa, bien peinado y su mandíbula recién afeitada. Parece que tiene criados para lavarle la ropa y cuidar su aspecto. Quizás haga eso para atraer más a las chicas como ella; pero para Arya no es suficiente. Puedo ver su inseguridad tras esos enormes ojos. Había cambiado muchísimo desde que lo conoció con doce años; era bastante tímido e inseguro, incluso un poco miedoso, pero gentil y educado igualmente. Ahora era un caballero hasta ser agobiantemente embriagador. Iba espléndidamente apuesto, y sus palabras perfumaban aún más su atractivo, siendo prácticamente irresistible para cualquier mujer. Pero yo no soy la típica doncella que se enamora del primer príncipe que ve. No soy como Sansa. Edric seguramente pensaría que si actuase así, sería como los verdaderos lords. Está claro que hace bastante tiempo no ha estado con ninguno. Sus gestos eran exagerados, pero la intención era buena. Una sonrisa inocente y tímida se asomó por su rostro, un truco que había aprendido en la Casa de Blanco y Negro. 'Sonríe así, dulce niña', decía el Hombre Bondadoso, 'estás especialemente guapa así, y puedes atrapar más rápido a los hombres que te rodean'.

—Buenos días, Lord Edric —Arya se puso de pie para recibir al apuesto Lord—.

—Me gustaría sentarme para disfrutar de su compañía, pero debo de irme a cazar —¿en estas tierras donde el invierno ha dominado el verde del bosque y hay bandidos furtivos?, pensó Arya—. Si consigo algún animal, sin duda se lo ofreceré a vos, pero antes me gustaría decirle algo sobre mi invitación.

De repente, Arya sintió la presencia de Gendry cerca suya. Seguramente ha venido en cuanto me ha visto con él. Nunca le había gustado Edric, demasiado creído y quejica para él, y el sentimiento al parecer no había cambiado. Parecía no fiarse de él, y menos cerca de ella. Eso le molestaba a Arya. Intenta protegerme como si fuera indefensa y ajena a las maldades del hombre y las atrocidades del mundo; me sigue viendo como una doncella en apuros.

—No quiero presionarla para que haga una decisión precipitada, pero de verdad que quiero ayudarla —esta vez le miraba distinto; era una mirada más sincera, y más apenada—. Viene de una familia poderosa, y quiero ayudarle a encontrarse con su familia, no, debo ayudarle, sobretodo tras lo que pasó con la Hermandad y su madre.

Arya no entendió. —¿Qué pasó con mi madre y la Hermandad? —preguntó ella alarmada. Cómo se atrevía a hablar de su familia después de todo lo que ha pasado. Mi madre murió en la boda, en ningún momento se relacionó con la Hermandad sin Estandartes. Me está mintiendo para atraer mi atención. En ese momento una gran furia la ahogó en su interior, pero antes de matarle a puñetazos decidió ser más diplomática y saber de dónde ha sacado eso—.

Un hombre se acercó a Lord Edric y le dijo que tenían que irse a la caza de inmediato. —Lady Arya, ahora debo de marcharme, y esa una historia larga y complicada de contar —se estiró su peto de caza y se dispuso a irse—. Cuando vuelva, que no será dentro de mucho, le contaré detenidamente lo que pasó —miró a Gendry, como si fuera la primera vez en darse cuenta de que estaba ahí—. Ser Gendry estuvo cuando ocurrió, estoy seguro que él puede contar lo que pasó —miró de nuevo a Arya y se asustó de su expresión—. No tema, mi señora, lo importante es que usted aquí, sana y viva, y tendrá Invernalia como le pertence.

Edric Dayne salió de la conversación y también de la posada, dejando a Gendry y a ella solos. Arya se giró para ver a su amigo, que estaba dejando el pan encima de la mesa, con una expresión de angustia en su rostro y muy confuso, como si en ese momento hubiera perdido el conocimiento del habla.

—¿Qué pasó con la Hermandad y mi madre? —repitió Arya, esta vez mucho más seria y frívola—.

Gendry en ese momento se dio cuenta de lo precioso que era el suelo debajo de sus pies, como si estuviera demasiado ocupado pensando en la hermosura del suelo como para escucharla.

—Gendry —la dura voz de norteña de Arya salió de sus pulmones y él levantó la cabeza, incrédulo que haya salido semejante sonido de ella—. Cómo no me digas que paso con mi señora madre y la Hermandad, te mato.

—No tienes que saberlo —susurró—. No debes de saberlo—.

—Estás tardando en decírmelo —Arya se puso en frente de él; intentando intimidar. Ella, un pie más baja que él y mucho más pequeña, imponía con su mirada, o eso es lo que ella quería creer. Aunque él es mucho más fuerte que incluso cualquier soldado Si me descuidase, él me podría aplastar como un bicho—.

Gendry suspiró y miró con esos ojos azules, inquietos por la reacción de ella.

—Después de que tú escapases de Lord Beric, estuvimos meses buscándote ya que a los ojos de Thoros de Myr eras un rehén bastante poderoso, pero la gente ya dudaba de las hazañas y bondad de la Hermandad, y cada vez confíaban y recibían menos a los amigos de Lord Beric. Y cuando… Pasó la Boda Roja, fue un golpe horrible para la Hermandad ya que cuando nos enteramos, también oímos de que el Perro te capturó y te iba a llevar a las torres gemelas y oímos el homicidio de tu familia —su cuerpo se tensó—. Creíamos que habías muerto, Arya. Y un día que estuvieron vagando por el bosque Thoros y Lord Beric cerca del río, la vieron… —en ese momento apartó la mirada de Gendry, aunque Arya ya sabía a quién se refería. Yo misma la saqué del agua. Yo misma la invité a vivir de nuevo, pero era demasiado tarde—. A tu madre. Vieron a su cuerpo… y de la pena sobre la causa de tu hermano, tu padre, el Rey Robert, tú… No sé qué pasó exactamente, pero Lord Beric estaba dispuesto a morir por ella, a darle su vida si era necesario, y así fue. La cogió entre sus brazos y la besó, y en ese momento Lord Beric dejó de vivir y tu madre dejó de estar muerta. Era increíble, cómo se puso de pie y abrió los ojos… Había visto a Lord Beric volver a la vida antes, pero él más bien parecía recuperarse de una herida; tu madre había resucitado. Pero ella era diferente a él —su rostro se oscureció—. Lady Corazón de Piedra, la llamábamos entre los hermanos. Harwin la ayudaba a comunicarse y furiosa por los asesinatos de tu familia, decidió ahorcar a todo simpatizante Frey o Lannister que encontraba. Sólo vivía por el odio de los asesinos que acabaron con tu familia. Y eso no ayudó nada a la Hermandad. Después de que Lord Beric muriera, Lady Corazón de Piedra era la nueva líder de la Hermandad y no ayudaba a los pueblos ni a las personas que eran pobres de la guerra; sólo mataba a leones. Eso creció bastante disgusto entre los pueblo y fue a peor cuando la Reina Dragón conquistó Desembarco del Rey. Cuando la Reina Cersei murió, todos sus soldados eran declarados bandidos y saqueadores y en eso se convirtieron. Arrasaron con todo lo que encontraban, y se encontraron con tu madre —Gendry se pasó una mano por su pelo—. Acabaron con los pocos hombres de la Hermandad que siguieron con tu madre, y ella también fue una de las víctimas de la crueldad de los leones. La Hermandad fue aplastada por otra banda de bandidos, y acabaron con muchos otros pueblos. El resto de población acabaron aquí; estas personas han sobrevivido de saqueos de sus pueblos, y lo han perdido todo —miraron ambos alrededor, viendo las mujeres, los viejos y los niños, tranquilos como campesinos de una vida tranquila—. Ellos son los únicos que han quedado de una veintena de pueblos. Son las sobras de la Hermandad.

La expresión de Arya cayó en el vacío, incapaz de pensar. Mi madre… Había vuelto a la vida, y ha muerto de nuevo. Recordaba a su madre con bastante nitidez; su largo pelo pelirrojo, una cascada de brillante bronce, y sus ojos claros, azules como el río. Era tan hermosa, y tan buena. La echaba de menos; necesitaba sus abrazos cuando ella venía de llorando de las peleas que tenía con Sansa, pudo ver el pequeño orgullo en sus ojos cuando la reprimía sobre algún problema que Arya había creado. Su madre la quería tanto, y ella la quería aún más. Y ahora la he perdido, de nuevo. Una tragedia tras otra, la Hermandad caída, el pueblo acabado excepto por un puñado de personas, la bondad de su madre aplastada con la crueldad de la vida… Quiero llorar. Pero las lágrimas no salían de sus ojos; la tristeza no salía de su alma, sólo vacío. Hay un agujero donde mi corazón solía estar. Era incapaz de arrepentirse, era incapaz de sentir. Ella misma era la nueva Corazón de Piedra. Arya suspiró profundamente y se enfrentó a Gendry. Él la miraba miedoso y curioso por su reacción

—¿Por qué no me lo dijiste antes? —era incluso más tajante que antes—.

—No tendrías que haberlo sabido —es todo lo que Gendry pudo decir—.

—¿Por qué no me dijiste antes que mi madre volvió a vivir y la mataron de nuevo por culpa de los Lannisters? —no había ninguna emoción en su voz, sólo vacío—. ¿Por qué no me dijiste que la Hermandad había caído y muchas personas seguían muriendo? ¿Por qué?

—Porque era demasiado para ti —Gendry intentó disculparse—. No es fácil ver cómo tu familia va muriendo uno en uno, y decirte eso… No te hacía ningún bien, Arya —intentó acercarse a ella, pero se alejó de un brinco, asqueada de su persona—. Ella no era tu madre, no era la misma mujer que te quería… Era… No sé lo que era. Y eso es demasiado para ti, demasiado para cualquiera, y ya bastante has pasado como para decirte el final de la Hermandad. No te lo merecías, Arya —Gendry relajó un poco su cuerpo; creía que ella le había comprendido—.

Arya estaba increíblemente furiosa con Gendry. Es mi familia, y yo debería decidir si tendría que saber sobre ella. Estaba harta de que otros decidieran lo que ella debía de hacer o pensar; mintiéndole o escondiéndole cualquier cosa. Pero le dolió más esta vez, porque era Gendry quién le había escondido esto. Ella creía que Gendry era diferente, que era su amigo, cuando en realidad no estaba muy lejos de aquellas personas que decidían por su vida en vez de ayudarla. Creía que podía confiar en él.

—¿Y por qué un maldito bastardo debería decidir sobre mi familia? —su tono de voz era uniforme y más frío que el hielo—. No sabes lo que es tener una familia, así que tu opinión no me sirve de una mierda.

La expresión de Gendry, hasta ahora preocupado e inseguro, se tornó en puro enfado. Sus ojos se congelaron en azul hielo y la ira lo abrumó. Parece que en cualquier momento me va a pegar hasta que sangre y me muera. A Arya no le importaba. Era rápida y podía matar a Gendry en cualquier momento si ella quería. Sé dónde están sus debilidades. Los ojos de Gendry se encontraron con los de Arya, intimidándoles a más no poder, recordando a ella la expresión que él tuvo cuando atacó a Erdwyn; era una bestia de nuevo, listo para luchar. Pero para su decepción, no se movió ni un ápice.

—Al parecer m'lady no se encuentra bien cerca de mi espantosa presencia —cogió un trozo de pan y se dirigió a los establos, furioso con su propio caminar—. Confiaba en ti.


Maldita dama boba; sólo quería ayudarla. A pesar de la pelea, Gendry estaba furioso. No esperaba contárselo, sabía que iba a reaccionar muy mal, pero ese idiota ha tenido que abrir su grande boca. Se preocupó bastante cuando vio a Arya, asustada y dolorida, como si fuera una niña de nuevo, arrancada de los brazos de su madre. Le dolió bastante la cara de decepción de ella cuando descubrió que él le estaba escondiendo el final de su madre. Cómo sus ojos vacían sus emociones, afligida ya por los duros golpes de la realidad. Cuando me llamó bastardo… Dio un golpe contra la pared, y ésta se rompió en pedacitos. Ella nunca me llamaría bastardo de nuevo. La decepción y traición de su rostro hacia él será una imagen que él jamás logrará olvidar. Parecía que iba a llorar. Pero, ¿de dónde saldrían las lágrimas? Ya se ha lamentado bastante tras ver a su padre, hermano y madre morir; eso es demasiado para una dama, para una niña de su edad, para una persona. 'No sabes lo que es tener una familia', dijo ella con una voz vacía, una furia fría. No lo sabía hasta que te conocí a ti y a Pastel Caliente, y si yo os viera terminar así… Le dio otro puñetazo en la pared del establo, y los grandes trozos de madera caían al suelo.

—¿Cómo se lo ha tomado Lady Stark? —una voz saltó por su espalda, calmada y serana, ajena a la discusión interna de él—.

—Mal, como tú y yo sabíamos —Gendry se giró para enfrentarse a Lord Edric. Cuando el joven Lord vio la expresión del herrero, sus ojos se abrieron ligeramente y vio su pequeño temor pasar fugazmente por su cara—. Porque se lo tuviste que mencionar, ¿no? Tuviste que mencionar que su madre murió otra vez por los mismos que la mataron a ella y al resto de su familia.

—Creía que Lady Arya estaba en su derecho de saberlo —se excusó Edric Dayne, asustado por el descaro y enfado que las palabras de Gendry transmitían—. Es su familia, después de todo.

—No me vengas con esa mierda, Lord puto Dayne —se acercó a él y pudo oler su miedo. Él era mucho más grande y fuerte que Edric, algo de que ambos eran muy conscientes en ese momento. Está asustado porque cree que lo voy a matar ahora mismo; se cree que todos los de baja cuna son unos asalvajados. Eso le enfadó más—. Eso no le hacía ningún bien a Arya, ya que su madre sigue muerta, pero debe de enfrentarse con una muerte más. No eres más que un hijo de puta angurriento.

—Y tú un idiota insensible —Edric decidió no ser tan brusco con él—. Y además, ¿quién eres tú para decidir lo que debería contarle o no a Lady Arya? No eres más que un herrero —vio un brillo diferente de Gendry y comprendió por qué—. O eso es lo que quieres parecer a ojos de ella—Edric se rió amargamente—. Ahora lo entiendo. Por todos los Dioses, debí haberme dado cuenta antes. Te preocupas demasiado por Lady Stark, por lo que veo, algo inusual a lo que uno se acostumbraría de ver con un plebeyo y una dama noble—.

—Hemos sido amigos durante muchos años, y hemos vivido bastante ya —no le gustaba por dónde se iba encaminando la conversación—. Es prácticamente una hermana para mí.

—¿Una hermana? Seguro que hay un término más adecuado a lo que ella es para ti —su rostro se oscureció, revelando su naturaleza—. No eres más que un simple herrero, y cuando ella caiga en brazos de su familia, será lo último que veas de ella. Por tu bien, deja de preocuparte por ella y empieza a preocuparte más por ti. Te olvidará cuando esté en Invernalia, feliz con sus hermanos.

El alma se le cayó a los pies. Su ira repentina se había convertido en una profunda tristeza. Ella no haría eso. Lo ha dicho. La conozco y hemos pasado mucho juntos, no es capaz de abandonarme así. Pero él ya lo hizo antes, y Arya podía hacerlo también perfectamente con el propósito de encontrarse de su familia. Cuando ella se encuentre con sus hermanos, yo seré de nuevo un herrero, sin hogar ni amigos; ni familia. Edric tenía razón; era insensato involucrarse tanto a Arya sabiendo que al final le abandonará. Pero cuando ella me abandonó, volvió. Y pudo haberse ido por su cuenta a Invernalia, pero aún así me trajo con ella. Seguía teniendo la tonta y pequeña esperanza de que ella no se olvidará de él; no después de todo lo que han vivido juntos. Ella se preocupa también por mí, e incluso no le importó que fuera de baja cuna y bastardo. Simplemente estuvo conmigo. Tenía que ayudarla, como ella le había ayudado a él. Ella sacó de mí una parte que hasta yo desconocía; dejé de ser un simple aprendiz de herrero a tener algo por lo que luchar. Ahora le tocaba a él, tenía que asegurarse de que volvería con su familia, algo por lo que ella ha estado luchando tan ciegamente porque también tiene la tonta y pequeña esperanza de que los volverá a ver. Ella me ha ayudado a tener una familia, a saber lo que se siente cuando alguien te importa y tú le importas a alguien. Ella luchaba por ese sueño y él va a comprobar que lo va a cumplir, aunque eso signifique que ella se olvide de él y no la vuelva a ver más. Lucho por ella, no por mí.

—¿Y a ti qué te importa la relación que tenga con Arya? —dijo Gendry, desafiante—. Después de todo, ¿sólo quieres ayudarla a que se encuentre con sus hermanos? ¿Sin nada a cambio?

Edric parecía cansado de toda la farsa y la discusión. Al fin y al cabo, no es mala persona, sólo un miedica.

—Mentiría si lo hiciera porque quiero que se reencuentre con su familia —Lord Dayne suspiró—. Es cierto que me alegré bastante de volver a ver Lady Stark, ya que me gustó bastante desde la primera vez que la vi, y hacía mucho que no hablaba con nadie noble, no desde lo de Lord Beric —sus ojos violetas se entristecieron—. Quiero ayudarla, pero no tengo esperanza en la causa Stark. No creo que vaya a salir bien y ya estaban malditos desde que Lord Eddard murió. Pero eso no quiere decir que Arya vaya a sufrir también la maldición de su familia.

—Desde el principio no ibas a llevarla a Invernalia —Gendry buscó la verdad entre sus palabras—.

—No. La iba a llevar a Aguasdulces, pero de ahí la llevaría a Campoestrella. Es una dama noble y tiene un nombre bastante poderoso, así que sería más que bienvenida en mi castillo. Ahí podría quedarse, en Dorne, un lugar con clima agradable y lejos de las horribles guerras y muertes. Ni siquiera tendría que exiliarse, y podría olvidarse de los horribles acontecimientos de su vida para acomodarse entre los manjares de Campoestrella, y vivir feliz el resto de sus días. Es lo mejor que puede tener ahora mismo, a parte de una muerte segura en los fríos bosques del Norte, un futuro apropiado para su nombre y lo que ha vivido—.

—Aún así, ¿vas a hacer todo eso sin esperar nada más de ella? —Gendry levantó una ceja—. Porque conozco a los hombres como tú y lo dudo mucho.

Edric se permitió sonrojarse un poco. Parece una maldita doncella. —Yo… No quiero nada de Lady Arya, pero a lo mejor, si ella se quedase a vivir en Campoestrella y yo con ella, quizás…

—Quizás esperarías que ella se quiera casar contigo y conseguir un matrimonio fácil, aprovechándote de la situación de Arya —dijo sin tapujos el herrero—.

Las palabras le hirieron al suave Lord, enfadándolo por acusarle de semejante cosa. —¡No me estoy aprovechando de su situación! —su respiración empezó a acelerar—. Es habitual que alguien como ella y alguien como yo finalmente nos unamos en matrimonio, pero no quisiera agobiarla con eso. No quiero ser un monstruo con ella, como ya lo han sido los demás Lords —y de aquí viene su obsesión con portarse como un caballero, pensó Gendry, petulante—. Y si de verdad tanto te importa Lady Arya, deberías ayudarme. Como te he dicho antes, es probablemente la única y mejor opción a vivir tranquilamente, y tener esa idea en su cabeza puede ser demasiado peligroso para su vida —levantó las cejas, buscando aprobación—. Es lo mejor para ella.

Está claro que no conoce qué tipo de dama es Arya Stark. Seguramente, en cuanto hubiera descubierto a dónde iría realmente, hubiera huído al primer descuido que Lord Edric habría tenido y volver a Invernalia como ella planeaba. Lo que Edric Dayne quiere para Arya es para alguien que no es Arya. Y Arya llevaba demasiado maldito tiempo buscando a su familia que sería horrible que no se reencontrase con sus hermanos. No se lo perdonaría jamás. Sabiendo que ellos están vivos y que ella sea incapaz de ir… No, eso no es típico de ella. Va a mover cielo y tierra para verlos si es necesario. Y él no se lo va a impedir.

—No te acerques a ella —dijo tajantemente Gendry, mientras que Edric miraba furioso ante el descaro que Gendry no tenía miedo de soltar—. Jamás. Me acabas de demostrar que no sólo eres un hijo de puta angurriento, sino un hijo de puta egoísta. Sus hermanos es lo único que le queda de su pasado como dama feliz, y tú se lo vas a impedir porque es demasiado peligroso —resopló con impaciencia—. Eso dice mucho de ti, así que como te vea cerca de ella una vez más, te juro que mataré —se acercó para mirarle a los ojos—. ¿Me has entendido? Te mataré.