Arya y Gendry no se hablaron en todo el día. Arya se fue a las cocinas a ayudar a Pastel Caliente, contándole los secretos de una buena masa de pan y cómo hacer pasteles de carne sin quemarlos. Gendry, por otra parte, iba con los hombres que vivían en la posada; salían a hacer guardia o arreglar partes de la posada. A pesar de que él era el más alto y grande de todos los que lo acompañaban, parecía que no se sentía cómodo; se apartaba del grupo y no abría la boca al menos que alguien se le acercara, con el rostro serio y huraño. Arya decidió ignorarle durante todo el día, pero no podía evitar mirar de vez en cuando para asegurarse de que sigue su amigo en la posada.
A la hora del almuerzo, Arya se dio cuenta de que Edric Dayne aún no había llegado, y eso que estaba fuera toda la mañana. Las cazas podían durar días o incluso semanas, pero en esos casos había armas y caballos dedicados sólo a la caza, e iban decenas de hombres a sitios donde sabían con certeza de que habían presas de sobra. Con un puñado de hombres y dos arcos y unos cuantos cuchillos, además de tres caballos yendo hacia un bosque en pleno de invierno tras una guerra, la caza no podía durar más que un par de horas. Arya, preocupada, le preguntó a su amigo panadero.
—Lord Edric se fue —dijo Pastel Caliente mientras amasaba el pan con sus grandes manos—. Decidió que la caza no era para él y que sus hombres ya lo esperaban en Aguasdules, así que preparó lo poco que tenía y ahora estará dirigiéndose al castillo para luego irse a Dorne. Era extraño, porque quería irse cuanto antes y fue bastante repentino, pero en fin, yo también me iría de aquí en cuanto tuviera oportunidad.
Al final Lord Edric ha decidido por mí. Tras una noche de duda e incertidumbre, pensando qué sería lo mejor cuando Edric Dayne se ha ido en cuanto podía, dejándola en la posada. Sabemos qué le dirás, dijo Gendry con seguridad respecto a su estado confuso. Al final resulta que Edric es igual que todos los lords estúpidos, fingiendo interés por ti y adulando con promesas vacías cuando lo único que les interesa son ellos mismos. Mejor que se fuera, pensó Arya; tarde o temprano se habría cansado de él y habría vuelto por su cuenta. Además, eso sólo alargaría mi viaje a Invernalia. Aún así, no podía evitar sentirse un poco triste, perdiendo la esperanza de nuevo en otra persona que inspiraba confianza. Pero no era más que un estúpido.
Cuando el sol amainó y la noche conquistó el cielo los pueblerinos se reunieron en el sala común para cenar, sirviéndose pan, trozos de riñón e hígado, con queso y había incluso sopa de verduras, aunque solo tenía patatas y manzanas. Arya se sentó sola y comió observando el ambiente; las mujeres reían para esconder sus muecas de dolor y los niños jugaban para olvidar la tragedia bélica que afectaba sus casas y familiares. Todos ellos han sobrevivido a la guerra, pensó ella, todos ellos han luchado pero nadie les recompensará con castillos ni oro. Entonces recordó a la gente de Invernalia, a Mycah y a la Vieja Tata. Todos ellos, perdieron su vida y aunque hubieran sobrevivido, no hubieran tenido nada con lo que salir adelante. Pero ellos eran felices, seguros en los muros de Invernalia, el frío siendo la única queja y ventaja del Norte, olvidando el olor de la muerte y sangre que los campos de batalla tanto desprendía. No voy a permitir que más inocentes mueran por una guerra que ellos no han creado. Hablaría con sus hermanos, y reconstruirían Invernalia con las personas de pueblos rotos. Seguro que mis hermanos están conmigo, ellos necesitan un hogar y nosotros gente en la que confiar.
Cuando la cena acabó, Arya vio a Pastel Caliente recoger los platos y decidió hacerle compañía. Siento su mirada. Ella no era la única que observaba a Gendry; durante todo el día Arya sentía los ojos del herrero vigilando cada paso que ella daba. No quiere perderme de vista. Seguía sentado ahí, con la esa cara hosca de estúpido. Aunque esta vez se ha arreglado. Desde que salieron del Castillo de Piedra, Gendry dejó de peinarse y de lavarse como estaba acostumbrado y como ella también hacía, creciendo ambos sucios con cada día que pasaba, pero ahora no llevaba barba, dejando su cuadrada mandíbula desnuda. Era gracioso para Arya, ya que el chico estaba sucio de la cabeza a los pies pero siempre se las apañaba para tener la cara perfectamente afeitada, y Arya no tardó en comentarlo.
—¿Por qué te afeitas cada vez que te sale un pelo en la mejilla? —se burló Arya—. Te van a seguir reconociendo con barba o sin ella, si era lo que buscabas.
Gendry la miró y se ruborizó, mascullando algo con la cara hosca y huraña que él solía poner, y Arya se rindió con él. A veces parece que su cerebro se congela y actúa como un niño pequeño. O a veces simplemente se comporta como si él fuera la dama.
—Voy a lavar los platos —Pastel Caliente le devolvió a la realidad como excusa de no poder hablar en ese momento—.
—Yo te ayudo —Arya estaba harta de estar sola y de morros con Gendry. Quería hablar con alguien—.
El panadero y ella recogieron los platos en un pequeño carro y fueron al patio de la posada, donde había una pila en donde enjaguar los platos sucios. Juntos iban pasando los platos y fregando con un trapo. Durante un rato estuvieron callados, hasta que Pastel Caliente decidió que estaba cansado del silencio.
—He hablado con Gendry esta tarde —empezó el joven panadero—.
—No voy a hablar de ese estúpido —Arya sabía dónde iba a acabar la conversación y no quería hablar de ello—.
—¿Sigues enfadada con él? —dijo él, sorprendido—. Vamos, no es para tanto.
Para Pastel Caliente nada es para tanto. Arya deseó en ese momento ser igual de despreocupado como él. Para él las peleas no deberían durar más que una hora. —Escondió lo que le pasó a mi madre —escupió ella—.
—Y ella al final sigue estando muerta, ¿no? —cuando Arya le lanzó una mirada de reproche, él miró al suelo, arrepintiéndose de la elección de sus palabras—. Quiero decir, no es algo que se te debería de decir, después de todo lo que ha pasado.
—No soy una dulce dama que se desmayaría cuando ve un poco de sangre, Pastel Caliente —Arya frotó con mucho más fuerza esta vez contra un pequeño plato—. Tengo derecho a saberlo, y él me quitó mi elección de saberlo o no.
—Pero él lo hizo por tu bien —Pastel Caliente estaba convencido de la inocencia del herrero—. Seguro que tú habrías hecho lo mismo.
—No —dijo ella tajantemente—. No soy tan estúpida como él.
—Por todos los Infiernos, eres igual de testaruda que él —suspiró Pastel Caliente—. Vale, se equivocó. ¿Y qué? Las personas se equivocan. Pero él no quería hacerte daño, sólo protegerte. Hasta ahora, por lo que me has contado, él te ha salvado en numerosas ocasiones, y si no fuera porque él estuviera contigo, tú probablemente no estarías aquí —vio la expresión de Arya y sabía que él iba a ganar—. A veces las personas creen que hacen lo correcto por otras personas, cuando en realidad le están haciendo más daño que ayuda.
Arya estaba perpleja. —Pastel Caliente —dijo ella, sorprendida—. No sabía que habías madurado.
El chico se rió fuertemente, pero un sonido extraño sonó tras sus ruidosas carcajadas. Escuchaba el trotar de caballos y hombres cantando. Alguien viene.
—Es lo que tiene ser panadero, que… —él también escuchó el ruido y se calló—.
Las voces crecían en la noche, cantando la melodía de Las Lluvias de Castamere. Oye con tus oídos y observa con tus ojos. Al final de la oscuridad del bosque, vio el reflejo del color dorado con la luz de la luna. Bandidos Lannister. Iban a atacar la posada.
—¿Escuchas eso? —dijo el panadero alarmado—. Deberíamos…
—Cállate —le atizó Arya—.
Había algo bastante familiar en la voz del cantante. He escuchado esta voz antes. Los recuerdos de Harrenhal se hacía bastante reales y en ese momento lo recordó. Hacía tanto tiempo que no lo oía o veía, pero estaba en su lista igualmente. Dunsen. Era la hora de tachar otro nombre en la lista, pensó ella. Se puso en pie y dejó los platos en el suelo. No llevo armas, pero no los necesito. En la Casa de Blanco y Negro había aprendido a robar y a pelear con el cuerpo; no era muy fuerte, pero sí energética y rápida. En cuanto se iba a sumergir en el bosque, la voz de Pastel Caliente le devolvió a la realidad.
—Arya, qué vas a hacer —gritó él, temeroso por no acercarse más al bosque—. Son soldados, bastantes, y con espadas para matar. Vas a morir ahí.
—No, ellos van a morir ahí —dijo ella sin apartar la mirada del gran grupo de árboles que la rodeaba, y antes de que Pastel Caliente pudiera decirle algo más o atreverse a atraparla, Arya echó a correr, hacia la pelea que ella tanto anhelaba. Los leones se han perdido en el bosque de los lobos.
Gendry escuchó los pasos rápidos y torpes entrar en la posada y Pastel Caliente apareció en la puerta, jadeante y asustado, blanco como el papel.
—¡Bandidos! —él gritaba, víctima del pánico—. ¡Bandidos Lannister vienen a por nosotros! Los he escuchado, y viene a por la posada.
El ambiente tan relajado y amigable de la posada se volvió tumultuosa y aterrorizada por los Lannister. No quieren enfrentarse de nuevo a los bandidos, no depués de lo que pasó.
—Las mujeres y niños subirán al piso de arriba, y esconderse tras las puertas —dijo Antheny, uno de los panaderos de la posada, un hombre fuerte y no más viejo de cuarenta años—. Todos los que puedan blandir una espada, nos reuniremos en la puerta de la posada y ahí nos enfrentaremos a los hijos de puta que intentarán atacarnos.
Las mujeres y los niños desaparecieron en unos minutos, dejando unos siete hombres en la sala, uno de ellos Pastel Caliente, aún asustado por el ataque. ¿Dónde está Arya? No la había visto en todo el tumulto, y ya se temía lo peor. La última vez que la vio fue cuando Pastel Caliente y ella fueron a lavar los platos. Tendría que haber vuelto. Si hubiera vuelto, ella no hubiera subido con los demás, ella se habría quedado a luchar. Gendry, ya sabiendo dónde está, fue a por Pastel Caliente. Dio un salto cuando Gendry le tocó el hombro.
—¿Dónde está Arya— preguntó el herrero, acelerado—.
—Se ha… —no quería enfrentarse a él—. Ha ido a por los bandidos, ella sola. Ella escuchó el ruido primero y en cuanto pudo, se escapó hacia el bosque, sin armas y sin nada con lo que protegerse. Intenté detenerla pero es muy rápida y no me ha dado tiempo a siquiera perseguirla.
Gendry dejó caer la mandíbula, mirando hacia la nada. Sabía que Arya era valiente, pero no tan insensata. Estúpida, estúpida, ESTÚPIDA. Se encontraba sola y desarmada en el bosque lleno de bandidos y animales que podrían matarla en cualquier momento. Es demasiado arrogante para saber que está en peligro. Gendry cogió un hacha, el único arma disponible para él, y se dirigió con Pastel Caliente y los hombres a la salida de la posada. El panadero llevaba una espada oxidada, asustado incluso de cogerla.
—Somos pocos en comparación con ellos, así que esperaremos aquí y que se atrevan a atacarnos cuando tengan huevos —gritó Antheny a los demás hombres, tomando el comando de jefe de la defensa—.
Inquietos, cansados y un poco asustados, los hombres esperaron pacientemente al ataque de los temidos bandidos, en el medio de la noche, con el miedo de los niños susurrando en sus oídos. Cada minuto que pasaba, más confusión y caos se creaba silenciosamente. Esperaron cinco minutos, después diez, después veinte, y a los treinta minutos el silencio seguía reinando en el oscuro bosque. Los hombres no sabían qué hacer. Habían escuchado los caballos y los cánticos de los Lannister, estando casi en la posada, pero ninguna señal de vida apareció entre las ramas de los árboles.
—Nos vamos a dividir en dos grupos —ordenó el panadero fuerte—. Uno irá a mirar en el bosque dónde están esos cobardes y los otros se quedarán haciendo guardia por si aparecen mientras nosotros no estemos —el hombre dividió el grupo y a Gendry le tocó quedarse vigilando la posada, por desgracia para él. Así tengo más tiempo de pensar lo muerta que Arya podría estar ahora mismo, pensó sarcásticamente él.
Pero tras una hora de patrulla, el grupo explorador volvió sin haber visto ni un alma. La confusión creció junto a una inesperada seguridad. Los hemos escuchado, pero no han aparecido. Gendry tenía el extraño presentimiento de que Arya ha tenido algo que ver.
Tras dos horas de guardia innecesaria, Antheny mandó a todos a dormir, excepto él y otro hombre. El bosque, testigo de la noche, observaba quieto mientras uno a uno los hombres se retiraban. Gendry se puso nervioso. No ha vuelto aún Arya, y ellos pretenden irse a dormir ya. Se acercó a Antheny para decirle que su amiga había salido de la posada y aún no había regresado, pero Antheny le negó su petición.
—No hemos visto a nadie, Gendry —dijo cansado pero aún dispuesto a ayudar—. Ya ha pasado la media noche y todos estamos cansados, pero mañana podemos patrullar en cuanto salga el sol por tu amiguita.
—Pero se ha perdido ahora —rechazó él—. Le podría pasar cualquier cosa antes de que salga el sol.
—Nos puede pasar cualquier cosa antes de que salga el sol —el panadero suspiró—. La noche es oscura y alberga horrores. Los bandidos, animales salvajes… Incluso el bosque en sí. Sería demasiado peligroso —le dio una palmada en la espalda—. Lo siento, chico.
Gendry le miró hoscamente. —No lo sientas —quitó su mano de la espalda y se alejó de los hombres y de la humanidad—.
Había prometido ayudar a Arya, y en cuanto la pierde de vista, desaparece. No puede dejarla sola la noche entera, desarmada y con una banda de bandidos en el bosque. Es bastante inteligente y rápida, además de ser buena matando, pero la noche es oscura y alberga horrores. Tenía que ir a salvarla; es lo que hubiera hecho ella por él. Pero ir yo solo sería peligroso para los dos. Arya no había dejado pista alguna de dónde estaba, y el bosque se vuelve espeso en la noche, así que Gendry tenía el peligro de perderse él también. Estaba entre la espada y la pared. ¿Buscarla de noche con el riesgo de que él sea cazado o esperar por la mañana y buscarla como había dicho Antheny? En ese momento, él pensó en una tercera opción. Nymeria. La loba y Arya tenía una conexión más fuerte que él y ella, pareciendo un mismo ser. Además, Nymeria podría oler su rastro y perseguirla, y siendo una loba mucho más grande y bestial que de lo habitual, podía defenderse muy bien.
Se dirigió al compartimento del establo en donde Nymeria estaba y la encontró ahí, observando una vela colgada del techo del pasillo. Está extrañamente dócil. Nymeria era una animal inteligente y astuta, pero a veces era demasiado enérgetica; en ese caso, salía a cazar en el bosque y no aparecía hasta el día siguiente, aunque ellos dos ya habían viajado. Parecía no perdernos de vista. Pero llevaba tres días cerrada en esa caja y tendría que estar inquieta, pero estaba calmada, como si nada malo estaba pasando. Gendry abrió la puerta y la loba lo miró con esos ojos enormes que tiene.
Si hubiera sido otra persona o no la hubiera conocido, Nymeria se habría puesto a gruñir, desconfiada por naturaleza y si olía algo que no lo gustaba, lo atacaba al instante. Pero ella sabía quién era Gendry, y era amigo de Arya. 'Ahora somos su manada', dijo ella cuando la encontraron por primera vez. La loba se levantó del suelo y se acercó a él. Con la débil luz del pasillo, Nymeria parecía una enorme bestia. Casi cinco pies de altura y tan ancha como él, los dientes de la loba relucían peligrosas en la oscuridad y por una vez, Gendry se sintió amenazado de ella. No va a atacarme, me conoce y sabe quién soy. Aún así, la loba de Arya intimidaba bastante. Un poco tembloroso, Gendry levantó su brazo para que ella lo pudiera olisquear y al final encontró que no sólo lo olisqueó si no que lo acarició. Nymeria dejó enseña su cuello, indicándole que quería acariciarle. Le pareció extraño; él miró sus enorme ojos y no pudo evitar compararlos con la mirada de Arya. Él recordaba que los ojos de la loba eran amarillentos, como dos soles sumergidos en un desierto de pelaje gris; pero a esa luz parecían un poco más grisáceos que amarillentos. Se parecen bastante a los de Arya y no sólo en el color; algo me recuerda bastante a ella.
—Arya se ha escapado al bosque y tenemos que rescatarla —a Gendry le parecía extraño hablar a un animal, pero a veces tenía la sensación de que la loba podía escucharles—. Tú sabrás dónde está, así que tenemos que ir a por ella antes de que alguien más la encuentre.
Abrió la puerta para dejar escapar a la loba, pero Nymeria se quedó en donde estaba, sin moverse ni una pulgada. Le estoy dando libertad para huir al bosque y la rechaza. ¿Será porque no lo ha entendido? ¿Será porque sólo escucha a Arya?
Esta vez se acercó a ella e intentó hacerla mover hacia la puerta abierta, pero era tan fuerte y pesada que no le pudo mover. Con lo protectora que es ella, tendría que haber salido en cuanto le habría abierto la puerta, pero no hace nada. Gendry se agachó para mirarle a sus ojos y intentar que lo entienda mejor.
—Arya está en peligro —dijo él lentamente—. Tenemos que…
La loba le lamió toda la cara hasta hacerle cosquillas, y aunque Gendry intentó pararla, la loba se puso encima y los dos cayeron al suelo. Impaciente, intentó quitarle las patas de encima suya pero la loba no hacía más que observarle, y parecía decirle algo. No veo miedo ni angustia en ella, está relajada, contenta. Él sabía que ellas dos estaban conectadas, y sentía como que Nymeria sabía que Arya estaba bien. Si estaría en peligro realmente, ya hubiera salido a buscarla. Él estaba cansadísimo del día y estaba bastante cómodo apoyado encima de la loba. Parece una almohada andante. La acarició y se dio cuenta de lo suave y limpia que estaba a pesar de que llevaba días sin tocar el agua. Lo mismo no se puede decir de Arya. Nymeria dejó de lamerle la cara pero se acomodó sobre su cabeza; ambos la echaban de menos, pero podían esperar a mañana. Mañana será otro día…
Gendry se despertó con los gemidos de la loba y se alarmó cuando se convirtieron en gruñidos, sobretodo sabiendo que su cabeza está demasiado cerca de su boca. Se puso en pie en un instante y encontró a Nymeria abatida y confusa; no era la loba que se encontró al principio. Sus ojos, están amarillentos de nuevo… No paraba de aullar y gruñir, y quería salir de ahí cuanto antes. Arya está en peligro, es lo que ella gritaba a través de gimoteos. No sabía cómo calmarla; era una bestia que en menos de un minuto podía despedazarlo, y él ni siquiera tenía nada con lo que defenderse contra ella. He sido un idiota por no traerme un palo o algo. Aunque darle con un palo a un animal de considerable tamaño no sería lo más adecuado.
Las malas noticias llegaron poco después del despertar de la loba. Podía escuchar los pasos cortos de Pastel Caliente, y su respiración pesada junto con ellos. Entró al pequeño establo gritando por la atención de Gendry, el chico gordo y rubio, su cara roja como un tomate, agotado por el corto recorrido. Cuand por fin lo vio, sus ojos estaban tan perdidos como los de Nymeria.
—Han encontrado a Arya —dijo jadeante—. Está gravemente herida.
