Después de cinco años fuera de Invernalia, Arya se reencontró con sus hermanos.
Gendry contempló la grandeza del castillo de Invernalia mientras se acercaban a la ciudad. Él había vivido en Desembarco del Rey casi toda su vida, acostumbrado de ver la Fortaleza Roja y los castillos que lo contienen. Había estado en Harrenhal, un castillo tan enorme y basto que se podría meter a un reino entero ahí. Pero el gran castillo del Norte era diferente; conteían varios muros, uno más fuerte que el anterior. Los muros eran de un gris apagado que comprendía el clima norteño, en comparación del negro de Harrenhal o el rojo anaranjado de Desembarco del Rey. Las banderas del lobo ondeaban con orgullo e Invernalia rugía fuerza y valor, intimidaba con un terror del Norte que sólo los norteños podían dar. En eso le recordaba a Arya. Ella también es así; no importa cuántos años haya estado fuera y si fue de niña, es valiente y fiera como el Norte. Gendry miró a Arya; su cara no describía emoción alguna, pero no era malo. Solía expresar su rostro sin sentimientos sólo para esconder sus emociones más fuertes. Tiene miedo de que cuanto más se acerque, más se alejará de ella. Como era habitual, se estaba mordiendo el labio, ansiosa y temerosa de volver a su hogar.
—¿Todos tus hermanos están ahí? —preguntó él. Arya no hablaba apenas de su familia, ya que aún recordaba sus padres y su hermano Robb—.
—Escuché en Braavos que Sansa había llegado con los apoyos de la Casa Arryn hará poco más de un año y Bran había llegado poco después, con Verano. No he escuchado nada de Rickon y Jon… —el hermano bastardo de Arya es su favorito, Gendry pensó—. Jon llegó antes que ellos dos, ganando la batalla contra el bastardo de Roose Bolton y quedándose en Invernalia.
Gendry recordó a Roose Bolton y le dio escalofríos por la espalda. Sus ojos, aún más claros y frívolos que los de Arya, eran lo peor de su cara. Parecía un Lord formidable en la guerra; pero su traición contra el hermano de Arya revelaba su verdadero ser. Cuando se imaginaba el bastardo de Bolton, era un muchacho con los mismos ojos, y nada más. Aunque no se lo iba a decir a ella, él sentía un poco de admiración por el bastardo de Roose y el hermano de ella, Jon, ya que había llegado lejos a pesar de su condición como bastardos. Quizás algún día yo también me convierta en alguien importante.
—Me pregunto cómo serán —comentó distantemente Arya—. No he vuelto a verlos desde que Bran tenía ocho años y Sansa casi doce —miró tristemente al castillo—. Todos mis hermanos tenían la apariencia Tully, mientras que yo me he parecido más a mi padre. Sólo Jon compartía mi apariencia.
—Mientras los puedas reconocer —a veces se le olvidaba que Arya fue una niña feliz de una gran familia, donde se sentía a gusto y cómoda, aunque ahora parezca lo contrario. Gendry siempre solitario ya que su madre murió cuando él era un niño y no conocía más sobre su familia. Ahora Arya se ha convertido en alguien como yo; desconfiada y solitaria por naturaleza—.
—¿Pero y si no me reconocen a mí? —su boca se torció en una mueca, primera expresión de sus emociones—. He cambiado, he hecho cosas que nadie se imaginaría… Quizás quieran a la Arya que eran antes.
—De vez en cuando me pregunto cómo has podido sobrevivir todo este tiempo —exaspeó él—. Arya, no os habéis visto en años y habéis acabado en circustancias de la guerra. Pues claro que habéis cambiado. Pero al igual que tu cabeza testaruda siente, tus hermanos querrán tenerte cuanto antes.
Arya lo observó unos segundos y decidió no hablar otra vez, entendiendo la situación de él. Sabe que no tengo familia y le he dado pena, pensó con una rabia que no sabía si era contra Arya o él.
Las grandes puertas de Invernalia se abrieron en cuanto ella gritó su nombre, y cuando entraron, el tiempo se congeló. Las personas dentro del castillo dejaron de hacer lo que hacían; las mujeres dejaron de comprar, los vendedores de hacer ofertas y los niños de jugar. Un silencio abrumador encendió la tensión del ambiente, pero Arya seguía decidida y fuerte, aunque su apariencia se rompió cuando vio a sus hermanos.
Dos personas salieron del lugar y Gendry pudo imaginarse quiénes eran; el querido hermano y su única hermana. Estaban en un balcón de las torres del castillo, a unos cincuenta pies de distancia entre Gendry y ella. Al verla, se quedaron paralizados, temerosos de romper su sueño y bajaron, corriendo, a recibirla. Arya, a la vez, se bajó del caballo e incrédula, andó temerosa hacia ellos y la hermana fue la primera en abanlazarse sobre ella, con lágrimas en sus ojos. Cuando por fin se separaron con las manos unidas de las dos, prometiéndose perdón, Arya miró a Jon y no necesitaban nada más para que Arya se abalanzase sobre Jon, cogiéndola con sus brazos y cayendo al suelo, sólo existiendo ellos. No había lágrimas esa vez, ya que se agotaron hace años, ni gritos de alegría ni emoción, sólo su cómodo silencio que era más que suficiente para satisfacer su añoro y alegría familiar. Gendry los miró a los tres y tristemente pensó en lo que era tener una familia, y después miró a Arya, su cabeza hundida en el pecho de su hermano. Ella se ha encargado de ser mi familia; ella quería hacerme sentir que no estaba solo.
En el mismo día del reencuentro, le adjudicaron a Gendry en la herrería, y a Arya fue adjudicada a ser de nuevo una dama. Su hermana Sansa le hizo un vestido de pieles gruesas y de color gris oscuro con bordado negro sobre la cintura, que le hacía resaltar su palidez y el gris de los ojos, haciéndola sorprendentemente bonita. La fantasma de Lyanna, el pueblo susurraba cuando hablaban de Arya. Al parecer se parecía bastante a la hermana de Eddard Stark, la mujer que dos hombres tanto amaron que rompieron el Reino por la mitad. Gendry no había nacido aún cuando Lady Lyanna murió, pero el pueblo podía encontrar la extraña y salvaje belleza de Arya parecido. Para mí siempre me pareció bonita. Incluso cuando la conoció, vestida de chico, podía reconocer su cara femenina con esos ojos grises que tanto le tanto le han encantado como un hechizo a él, y su carácter le hacían además de bella, interesante. Podría pensar en Lyanna entonces, y cómo se sintió Robert Baratheon cuando le arrebataron a su querida prometida. Si alguien se llevaría a Arya lejos de su familia, lejos de mí… Gendry vio con sus propios ojos y sus manos cómo quería acabar con Lord Erdwyn, por haber intentado violarla. Sintió un odio inimaginable cuando se enteró de que el Perro la había secuestrado, pero no pudo hacer nada más que buscarla entre los bosques con la esperanza de recuperarla. ¿Sería capaz de romper el mundo en dos para recuperarla, como hicieron Robert y Brandon Stark? Temía la respuesta.
Gendry no paraba de trabajar en la herrería, incluso cuando le salieron ampollas en las manos. Llevaba casi medio año sin haber tocado unas pinzas de metal. Espadas, cuchillos, corazas, armaduras, hachas… Todo tipo de arma tanto de ataque como de defensa eran encargados para él, sin parar en todo el día y también parte de la noche, lo cual le tenía bastante ocupado, pero no lo suficiente para recordar el escaso tiempo que Arya y él pasaban juntos. Ella, ahora una ocupada dama para enfrentarse a una guerra, tenía que estar metida tanto en asuntos políticos como en bélicos con su hermana y sus dos hermanos, ya que el joven Bran Stark le enseñaba cómo controlar sus 'sueños de loba', o eso le contaba a Gendry cuando ella tenía siquiera cinco minutos para correr a la herrería y pasarlos con él. Aunque le costaba admitirlo, echaba de menos cuando estaban ellos dos solos y nadie más. Ahora ella está con su familia y yo en la herrería, como debe de ser. Él ya lo había asumido cuando decidió irse con ella, pero las horas en la herrería se hacían largas cuando ella no estaba, Arya intentando molestar a él siempre cuando tenía la oportunidad, y por eso Gendry tenía que volcarse tanto en ser herrero. Ella nació para ser una dama y yo, un herrero.
Pero Arya no quería que fuera sólo un herrero. Había conseguido que Gendry tuviera una habitación propia, pequeña y con una chimenea para que el frío infernal no lo atosiga, y cuando la guerra se acercaba más que nunca, Jon Nieve lo recogió para que se entrene en la guerra final de los vivos y los muertos.
—Mi hermano va a querer que luches en la guerra —dijo desinterasamente Arya un día que se había pasado un rato en la herrería, observando cómo Gendry atizaba con su martillo un trozo vasto de metal para convertirlo en una fina espada—.
—No sé ni siquiera manejar una espada —protestó él, contento en su posición como herrero—.
—Sólo debes pegar con la punta afilada —Arya sonrió tristemente—.
—Hasta Pastel Caliente sabe eso —ladeó la cabeza—. Me refiero a que nunca he luchado con armas y nunca he sido entrenado para ser un guerrero como tu hermano y otros chicos de alta cuna. Fui entrenado para ser herrero.
—Pero eres más fuerte que la mayoría de hombres que conozco —reprochó ella—. Y para ser terco y testarudo, no eres tan estúpido. Además, podrías poner en eso el casco con forma de toro, en vez de estar de exposición, como uno de los collares de Sansa —se puso de pie, preparada para irse—. De todas formas, mi hermano reclutará a todo hombre mayor de dieciséis años para entrenarle a su nivel, ya que él dice que siempre faltará hombres para luchar contra los muertos. Mañana al amanecer estarás con él y te enseñará cómo blandir una espada.
—¿No te veré a ti también? —había visto lo que Arya era capaz de hacer con cualquier cosa con punta, siendo diestra en cualquier tipo de arma, además de ser ágil y rápida en la lucha de cualquier tipo—.
Arya suspiró, escondiendo de nuevo su ira, indicando que ella había luchado por su condición para también entrenar. —Jon y Sansa niegan rotundamente que vaya a participar en cualquier tipo de lucha. Es la primera vez que los he visto estar de acuerdo en algo. Sansa consta de que a pesar de mi supervivencia, no puedo hacerlo porque sigo siendo una chica y Jon dice que soy demasiado joven —frunció el ceño—. No es justo, ya que yo ya sé luchar como un chico mayor de dieciséis años y he matado más hombres que Jon.
Al día siguiente, Gendry se presentó junto con un pequeño grupo de chicos de aproximadamente su edad y Jon Nieve dio una pequeña charla sobre la guerra que iba a suceder.
—Muchos habéis sido distripados de vuestras casas y vuestra familia por culpa de los reyes de los últimos años —suspiró—, incluso de mi hermano Robb Stark. Muchos pensaréis que no es vuestra guerra, ya que la mitad ni seréis del Norte, y muchos hombres vendrán a Invernalia pronto, de todos los rincones de los Siete Reinos. Porque ellos saben a quién pertenece esta guerra. Tenemos que luchar por lords a los que nunca hemos conocido ni peleas que nunca provocamos, y morimos igualmente. Esta no es una guerra de lords ni de reyes, esta es nuestra guerra. Los muertos vienen a reclamar algo que no es suyo, nuestras vidas. Van a venir a distriparnos de nuevo de nuestras casas y familias, además de adueñarse de nuestras vidas y de la humanidad. Es la guerra de los vivos y los muertos, y no importa quiénes seáis, pobres, ricos, honrados o ladrones, sois hombres y nos quieren arrebatar todo lo que tenemos, para convertirnos en algo peor que muertos, en uno de ellos. Y no se lo vamos a permitir, porque estamos vivos —gritó Jon con emoción—. Estamos vivos y vamos a demostrar a esos hijos de puta que si una vez pudimos acabar con ellos, lo haremos una y otra vez hasta que desaparezca el último puto espectro de su puta especie —al terminar la última palabra, todos los hombres aclamaban a Jon, emocionados por el sabor de la batalla y ansiosos de demostrar lo hombre que ellos son—.
Jon dividió todos los hombres, ya unidos en un enorme de grupo, y los dividió en grupos de edad y experiencia en la lucha. Gendry cayó en uno de los muchos grupos de jóvenes inexperimentados, que quizás no habían visto un hombre morir en su vida. Ser Marlon Manderly era el encargado de enseñárles a luchar, animándoles a si mejoraban, podrían finalmente luchar con Jon Nieve, quien entrenaba a los más experimentados. Aunque fue más fácil para Gendry de lo que se esperaba; era uno de los más altos del grupo y el más fuerte con diferencia, y la espada no era tan difícil después de todo. Hasta Ser Marlon estaba sorprendido de lo rápido que aprendía, así que a la quincena de entrenamiento, lo mandó con Ser Jorah Mormont, un hombre mayor para ser guerrero pero más experimentado la mayoría de hombres que había ahí. Era un consejero de la Reina Daenerys, quien al mes de que Arya y él fueran a Invernalia, llegó ella con su armada de implacables Inmaculados, antes esclavos y liberados por la misma Reina, y huestes de todas las Casas Nobles de los Siete Reinos. Estaba Invernalia tan abarrotada que tuvieron que ocupar otras ciudades cercanas y había campamentos de soldados hasta donde se podía ver el horizonte.
Está casi toda la infantería de Poniente. Había tantos estandartes colgados en las paredes que parecía un mural de colores, y los principales nobles de Poniente se acomodaban en el gran castillo de Invernalia. Se podía ver alianzas con toda clase de hombres; norteños con Lannisters, dornieses con Tyrells, incluso los soldados extranjeros de Essos, como los salvajes dothraki, eran capaces de convivir casi pacíficamente con los demás hombres 'vestidos de acero', como ellos los llamaban. No importa de dónde seas o de qué cultura pertenezcas; el miedo y la valentía está en lo más profundo de un hombre. Era extraño ver a personas de todas las razas con pieles encima y caminando por los altos muros de Invernalia. Y por supuesto, los encargos en la herrería se triplicaron, pero también el número de herreros, y aún de todas las culturas posibles, todos sabían blandir el hierro, y eso era suficiente. Casi todo Poniente se volcaba en la gran guerra. Estamos demostrando cuán vivos estamos.
Al igual con Ser Maron, Ser Jorah estaba totalmente sorprendido con su capacidad de combate, siendo capaz de ganar peleas con soldados acostumbrados en la práctica. Era bueno con la espada y el hacha, aunque Ser Jorah se dio cuenta de que era aún mejor con el martillo.
—Es a lo que estoy acostumbrado —dijo Gendry cuándo Jorah Mormont le preguntó cómo podía levantar el martillo tan rápido—.
—¿De dónde eres, chico? —Ser Jorah siempre parecía estar serio y doloroso, con la cara endurecida típica del Norte. Cuando Gendry le preguntó a Arya cómo es que ha acabado un norteño siendo el primer consejero de Daenerys Targaryen, Arya le explicó que cuando ella era bebé, su padre lo exilió ya que comerciaba con esclavos, algo prohibido en Poniente. Pues para estar exiliado, ha sido perdonado muy fácilmente. Había aprendido que si tenías contactos con las personas adecuadas, podías hacer lo que te venga en gana.
—De Desembarco del Rey, m'lord.
—No me llames m'lord, ya que no soy Señor de nada —Mormont lo miró de nuevo, pero esta vez con diferentes ojos—. Tu pelo y tus rasgos de la cara… ¿Quiénes son tus padres?
Empezamos de nuevo con las preguntas estúpidas. Siempre que un señor o dama importante se acercaba a Gendry, hablaba sobre su apariencia y su familia. Debo de recordarles a alguien pues, ya que soy tan malditamente conocido.
—Mi madre murió cuando era un niño y no sé quién es mi padre —respondió hoscamente—. Sólo soy un aprendiz de herrero.
—No eres sólo eso —repitió la manera de hablar de Gendry—. Tu fuerza y tu tamaño dice mucho de dónde y de quién eres, pero eso no es algo que debería de decirte.
¿Debería de decirme de qué? Odiaba cuando la gente jugaba a las palabras; con lo fácil que es decir las cosas de manera simple. Pero antes de que pudiera preguntar, le mandó a por un martillo de guerra y le dijo que empezase a luchar con eso ya que había demasiados espadachines. Tampoco le costó acostumbrarse al martillo como arma y tras un mes, fue ascendido a otro grupo más experimentado.
Pasaban las semanas y cada vez Arya y él se veían menos. No le he dicho aún lo bueno que me he vuelto luchando, ni siquiera la he visto en dos semanas. Ahora le gustaría pelear con Arya, tras todas esas veces que ella le había retado y él había rechazado. No quería luchar con ella ya que sólo tenía mi fuerza y podía hacerle daño; ahora tengo más destreza y podría controlarme, pensó mientras hacía un descanso para su siguiente entrenamiento.
De camino al entrenamiento, escuchó gritos y golpes, que provenían del grupo de Jon Nieve. Un gran corro hacía un círculo y podía ver que dos hombres estaban luchando, hasta que escuchó el nombre del hermano de Arya como ánimo y decidió ir a ver cuán de bueno era Jon luchando.
Se acercó al corro y pudo ver que Jon estaba luchando con uno de los hombres con quienes entrenaban. Jon Nieve ya sudaba del cansacio y cada vez le costaba más mover la espada ante la rapidez que el contricante le demostraba.
—¿Por qué Lord Nieve está tan cansado? —preguntó Gendry a un chico de la multitud—.
—Llevan luchando intensamente más de veinte minutos, y parecen no perder o ganar —el chico era más joven que él pero mayor que Arya—. Jon llevaba toda la mañana entrenando como de costumbre hasta que uno de los chicos se acercó a luchar con él, y Jon aceptó, creyendo que era parte del entrenamiento. Pero parece ser que el otro es muy bueno y le está costando a Jon, pero él también es muy bueno.
Así que así lucha el hijo de hielo y fuego. Tras descubrir el verdadero parentesco de Jon, Arya le costó dejar de llamarlo hermano para simplemente llamarlo Jon, mientras que Gendry le costaba creerlo. Él es un Targaryen. Seguía siendo un bastardo, pero le dio rabia al ver cómo de importante era de repente y lo mucho que todo el mundo lo admiraba. Hasta la Reina no sabe qué hacer con él. Cuando el Reino entero se enteró, medio reino lo negó y el otro lo aceptó con una ferviente fe, declarándolo Azor Ahai o el príncipe que fue prometido. La Reina Daenerys estaba feliz de tener por fin un familiar pero a la vez le amenazaba su puesto como reina hasta que Jon le aseguró que no le interesaba ser rey, y al fin y al cabo, era un bastardo. 'Los bastardos jamás llegarán lejos', había dicho Tobho Mott, para asegurarse que él no tuviera sueños de convertirse en un caballero. 'Puedes agradecerme de que te haya acogido para ser un herrero'.
Espero que Arya no sepa que alguien le está pateando el culo. Los golpes de Lord Nieve eran fuertes y seguros pero lentos, mientras que las del hombre eran fugaces, pareciendo frágiles pero lo suficiente para detener los de Jon. Ambos son muy buenos. No había visto alguien luchar así desde que conocí a Arya. El hombre era más que singular; no era de gran tamaño y llevaba un casco medio abierto, pudiéndole ver parte de la boca y la nariz. Se movía sorprendentemente veloz y parecía inagotable. Veloz e inagotable, meditó.
Las espadas se unían y se separaban sólo para besarse con golpes de madera, manos y pies de ambos disparaban en todas las direcciones de manera ordenada. La mayoría animaba al antiguo Lord Comandante, pero otros al hombre pequeño y valiente. Los hombres del corro apostaban de que se trataba de un lacustre, diestro con las armas y de pequeño tamaño, o de un caballero misterioso, como en las canciones, pero la forma en la que el misterioso sujeto se movía, con tanta elegancia que parecía un baile, revelaba de quién podría tartarse. La pelea acabó cuando ambos, en un movimiento que parecía más calculado que casual, golpearon de forma igual y al mismo tiempo, siendo un espejo del mismo Jon, y las espadas acabaron en el suelo, y ellos, desarmados. Jon Nieve suspiró, aliviado y desafiante, mientras que el pequeño hombre volvía al castillo. Los hombres, descontentos del empate, gritaban una revancha hasta que Jon los miró y todos se callaron a la vez. Pero a Lord Nieve le interesaba quién era ese arduo rival.
—Deberíamos luchar en otra ocasión —el bastardo gritó, haciendo que el hombre, ya lejos del corro, se parase—, si me dices quién eres.
El hombre se acercó, confiado, y los demás reclutas abrieron los ojos, curiosos de quién podía ser ese formidable espadachín que quedó en empate con la capacidad de combate de Jon Nieve. Cuando estaban los dos contrincantes a escasos pies el uno del otro, el misterioso hombre decidió revelar su identidad, quitándose el casco y tirándolo al suelo. Todos las personas, reclutas, caballeros y campesinos que se acercaron a ver el épico combate se dejaron ver boquiabiertos y perplejos mientras Gendry sonreía satisfactoriamente. Jon Nieve hasta paralizado al ver cómo la trenza de Arya caía por su espalda y su rostro se descubría, con las cejas levantadas y una mirada petulante.
—Cuando quieras, querido primo —respondió ella, desafiante—. Pero primero moléstate en meterme en un grupo para entrenar.
Arya se dio la vuelta y se fue hacia el castillo, dejando a media Invernalia sorprendida y a más de uno orgulloso.
—Cuéntame más sobre Arya —dijo Sansa Stark—.
Hacía tres días que la hermana de Arya visitaba a Gendry los tres días seguidos para que hablasen quince minutos sobre la pequeña Stark. 'Se niega a contarme sobre lo que le ha pasado desde que nos separamos, y estoy preocupada por ella', comentó la joven dama. 'A todos nos ha cambiado la guerra y nos ha endurecido, pero creo que le ha endurecido demasiado'. Y desde ese día, le visitó día tras día para que Gendry le pudiera contar todo, desde que escaparon de Desembarco del Rey hasta que llegaron a Invernalia.
Visitaba con tanta frecuencia porque al igual que Arya, Sansa sólo podía permitirse estar diez minutos con él, para luego volver al castillo. Gendry, para proteger a Arya, se saltó detalles como el asalto en el lago o la borrachera en el festín.
—¿Me estás diciendo que mi hermana ha llevado un vestido voluntariamente? —dijo ella con los ojos abiertos y la una sonrisa en sus labios—.
Es muy bella, pensó él. Era alta para su edad, y tenía un cuerpo más voluptuoso que el de la delgada Arya, teniendo las caderas y el pecho más llenos, pero lejos de parecer regordeta. Tenía una piel de mármol y un pelo largo y abundante, de color caoba. Los rasgos de la cara eran finos y delicados, propios de una dama, con ojos azules como el cielo que miraban con inocencia. No se parece a Arya. Llevaba un vestido de color azul oscuro con brocado plateado con forma de copos de nieve y un broche con la cabeza de un lobo, y lucía espléndida, marcando su figura y reavivando su brillante melena y sus ojos claros.
A pesar de sólo tener tres años de diferencia, Gendry ya entendía a Arya cuando se refería a que Sansa y ella eran como la noche y el día. Sansa era delicada donde Arya era entusiasta, y ambas no tenían nada que ver la una con la otra, pero a diferencia de cuando eran niñas, ahora no pueden vivir la una sin la otra. En casi todo el tiempo que él ha visto a Arya fuera de la herrería o del entrenamiento, siempre iba acompañada de su hermana mayor, y a pesar de sus diferencias, habían aprendido a estar juntas.
—Me parece que has contado suficiente por hoy —sonrió de forma tan bonita Sansa—. Espero que pueda acercarme otro día y me cuentas sobre ella un poco más.
—Claro, m'lady —era una chica educada y agradable, la perfecta representación de una dama noble—. Pero también intente hablar con ella, seguro que no le molestará tanto ahora.
La hija mayor de Lord Stark lo observó durante un momento, analizándolo. —¿Eres muy amigo de Arya, cierto? —Gendry no entendía por qué decía eso—. Me da un poco de envidia que sepas tanto de ella. Debes de quererla mucho.
—Lady Sansa —en ese momento se quedó en blanco; 'Sansa es buena jugando con las palabras y con las personas', una vez dijo su hermana—. Hemos estado juntos mucho tiempo, pues claro que le guardo aprecio. Es como una hermana para mí.
—Para mí es como una hermana, pero estoy segura que tu aprecio va mucho más que un amor de hermana —Sansa dejó de asustarle y sonrió de nuevo—. Siempre estuve celosa de mi hermana. Ella era fuerte y voluntariosa, valiente cuando yo siempre fui asustadiza, ella nació para ser distinta y destacar, mientras que yo era la típica niña que debía ser dama. Nunca quise reconocerlo, pensando que era mejor en casi todas las cosas de mujeres y era más bonita, pero no era lo único. A la gente le agradaba por mi educación y delicadeza, y la gente encantaba a mi hermana por su encanto salvaje, siendo una persona más interesante que yo, siendo la favorita de mi padre. Hasta los chicos se acercaban más a ella que a mí, pero ella nunca se daba cuenta, ya que todo el mundo intentaba hacer de ella alguien que no es. Hacía lo que quería y cuándo quería, y nadie la castigaba. Montaba a caballo y reñía con las espadas y nadie la regañaba, mientras yo tenía que ser cortés y sonrojarme cuando me decían —Sansa suspiró—. Lo que me hacía para odiarla era que ella tenía la esperanza de ser alguien diferente y no lo que supuestamente tenía que ser, y su determinación me frustraba, pero no podía, porque después de todo es mi hermana —se dirigió a la puerta y miró a Gendry por última vez—. Cuida de ella, porque a pesar de que somos sus hermanos, creo que confía más en ti que en nosotros. No sé si lo sabes o siquiera si lo sabe ella, pero Arya te aprecia muchísimo.
Cuando ella salió de la herrería, Arya entró por la puerta de atrás, con esa mirada curiosa que siempre tiene. Cuando Gendry se dio cuenta de su presencia, la sangre le corría más rápido y empezó a sudar frío.
—¿Qué haces con Sansa? —reprochó ella en tono acusador—.
—¿Has escuchado algo de lo que hemos hablado? —espero que Arya no haya estado lo suficiente para atender a la conversación—.
—No… —parecía insegura—. ¿Por qué? ¿De qué hablabáis?
—Sobre cómo te he podido aguantar todos estos años —Gendry se burló de ella para cambiar de conversación—. A Sansa le apeno por eso.
Cuando miró a Arya para ver cómo se lo había tomado para responderle, vio que estaba mirando al suelo, entristecida.
—¿Qué pasa? —preguntó él, extrañado que no lo había insultado de vuelta—.
—¿Qué piensas de Sansa? —espetó Arya. El tono de su voz la hacía volver a ser la niña perdida de diez años que él conoció—.
—¿Qué?
—¿A que es guapa? —dijo desinteresadamente—.
—Sí, pero no entiendo por qué tiene que ver.
—¿Es que acaso no te gustan las mujeres? —preguntó ella inocentemente—.
—Sí me gustan —respondió hosco Gendry. No todos los hombres tienen que enamorarse de tu hermana, es lo que le quería decir. Gendry podía recordar el cuerpo de Arya, y estaba seguro de que definitivamente le gustaban las mujeres—.
Arya se mordió el labio. —Sansa siempre fue mejor que yo en casi todo excepto en sumas y montar a caballo. Enamoraba a cualquiera que la conociese y todo el mundo la adoraba porque simplemente es perfecta, mientras yo era la desastre y la que todo el mundo miraba mal después de hablar con ella —suspiró ella—. Además, siempre fue insoportablemente bella, y todas las chicas del Norte deseaban ser ella y a la vez se burlaban de mí. No me extrañaría que tú también la prefirieses a ella.
Gendry no estaba más que perplejo. Puede que no sean tan diferentes después de todo. Ambas tenía envidia la una de la otra, pero ni querían admitirlo ni querían que eso llevase a afectar su amistad. Sansa quiere ser como Arya y Arya quiere ser como Sansa. No importa quién eres y qué tienes, al final siempre quieres ser otra cosa.
—Sansa es muy bonita, agradable y delicada como una flor —respondió él. Se cree que me va a gustar más su hermana que ella, pensó él molestamente—. Pero sois diferentes, y ya te he aguantado bastante como para elegir a tu hermana sobre ti.
Arya contunvo una pequeña sonrisa, entiendo sus palabras, y quedó aliviada.
—Tengo que llevarte con mi hermano —recordó en ese momento por qué ella había venido—. ¿Puedes ahora?
