Era la última noche recordada por la humanidad. Habían visto desde las torres cómo la tropa de los muertos avanzaban y se enfrentarían en ellos en cuánto salga el sol del día siguiente. Si perdemos, será la última noche que el hombre verá y si ganamos, será un antes y después en la historia del hombre. Los hombres, pudiendo oler el miedo, preparaban temblorosos las armas y las mujeres y niños frecuentaban más el Bosque de los Dioses, rezando a los arcianos, para que ganen. Esa misma noche, Arya había decidido descansar más de lo habitual para el gran día. Se dirigió a la cama y miró por última vez a Nieve. Ondas oscuras recorrían la espada jugando con los colores de la luz. Me la dio Jon, pero Gendry me la hizo. Cada vez que lo veía, a Arya se ponía nerviosa. Es la última noche que prabablemente lo veré. ¿Qué pasaría si ella muriera en la batalla, o él, o los dos? Se preocupaba pensar que ya no podrían estar juntos. Ni siquera he podido darle las gracias. Era la última noche que ella podría vivir, y no quería malgastarla.
Se puso una enorme capa de piel por encima de grueso jubón y se puso la capucha por encima de la cabeza, escondiendo su identidad. Preguntarán que hace Arya Stark pasada la noche deambulando por los pasillos de Invernalia. Rápida como una serpiente, cruzó pasillo tras pasillo cada vez más ansiosa y más nerviosa, queriendo que su encuentro con el herrero fuera inmediato. Hacía un día que no se hablaban, pero ella ya lo echaba de menos.
Finalmente encontró la puerta donde estaba su amigo, y se paró en seco, antes de llamar. ¿Qué hago? Debería estar en mi cama, intentado dormir para mañana morir. La Casa de Blanco y Negro le había enseñado que las emociones apasionadas sólo traen problemas y es mejor que tener una mente fría. Es más difícil romper un corazón de piedra que un corazón blando, pensó Arya. Pero era demasiado tarde y ella era Arya, no nadie. Nadie simplemente no tenía a nadie, y Arya tenía a sus hermanos, a sus amigos, y a Gendry. Arya, decidida, tocó la puerta y escuchó unos pasos. Gendry le abrió la puerta, y un calor sofocante salió de su habitación en comparación con el helado frío del pasillo.
—¿Qué quieres? —preguntó despreocupado—.
—¿Puedo pasar? —no podía mirarle a su cara de los nervios que la arrastraban en lo más oscuro de su barriga—.
Gendry abrió más la puerte y se adentró en la habitación, dejándola pasar. La habitación era mucho más pequeña en comparación con la suya, con una cama bastante ancha (se aseguró Arya de que fuera así ya que Gendry era bastante grande, y siempre le faltaba espacio para dormir, con una pequeña chimenea ya que el frío era casi mortal dentro del castillo y tenía una pequeña ventana donde al lado se situaba una mesa pequeña de madera, donde un candelabro daba un poco de luz. El calor era tan agobiante que Arya se quitó la capa casi de inmediato, dejando ver su ropa de dormir a la luz. Gendry estaba de pie ahí, esperándola, y Arya se dio cuenta en mucho tiempo lo alto que era en comparación con ella. Parezco una niña a su lado. Pero el tamaño nunca le ha asustado a Arya.
—He venido aquí porque es nuestra última noche antes de la guerra y… —por alguna razón estúpida, sintió el ardor en sus mejillas y utilizó su entrenamiento de Hombre sin Rostro para controlar su cara antes de sentirse más avergonzada—. Has estado conmigo todos estos años y hemos presenciado cosas que probablemente en otras circunstancias de la vida no hubiera pasado, pero estábamos en guerra y yo había perdido a mi familia… Sólo quiero agradecerte todo lo que has hecho por mí, Gendry. Incluso este último año ha sido bastante atosigado, y has dejado toda tu vida para seguirme hasta una guerra en la que quizás muramos mañana —Arya lo miró a esos ojos tan azules como dos zafiros—. Has sido muy importante para mí durante todo este tiempo, y si no hubieras estado ahí conmigo, no hubiera llegado aquí jamás—.
El muchacho de pelo negro cambió su expresión de cansado por la mirada testaruda que siempre pone cuando piensa algo, como si le doliese. Voy a echar de menos esa estúpida mirada, pensó tristemente. Intentaba decir algo que pudiera igualar sus palabras, pero el herrero no le podía salir nada de su boca.
—No debes de agradecerme nada —susurró tímidamente el herrero—. Desde que nos conocimos, me enseñaste lo que era tener una familia a un huérfano y jamás lo olvidaré. A pesar de todo lo que ha pasado, me alegro de haberte conocido, has sido como una luz en medio de la oscuridad.
Arya se mordió el labio, y él miró hacia abajo. Ya todo estaba dicho, entonces ¿por qué estaban ambos insatisfechos con sus actos? Esperaban más como un hambriento que no puede comer un plato de comida en frente suya. Un silencio incómodo habló por ellos. Arya le sonrió tímidamente.
—Es bastante tarde, deberíamos dormir.
—Sí, ya que los muertos no descansan, pero nosotros sí —Gendry le indicó la puerta—. Nos vemos mañana, y espero que tengas una buena muerte.
Arya se permitió sonreír, cómoda. —Y a ti espero que un espectro pueda meterte su espada por ese casco y esa cabeza tan dura, si no se rompe el arma antes —se deslizó por la puerta y desapareció de la habitación del herrero—.
Arya sintió el frío abrasador del castillo y en su corazón. No he sido capaz de decírselo, arrepintió ella. Tuve mi oportunidad y la dejé ir. No era más que una estúpida niña que podía ser guerrera, pero una cobarde en los asuntos del corazón. Tengo una armadura de acero, pero dentro de ella no hay nada más que un corazón afligido y blando.
—
Gendry no podía dejar de pensar en ella. Ha venido aquí, y probablemente sea la última vez que la vea. No se había atrevido a decirle lo que realmente sentía. Tú me habías salvado, me habías hecho vivir, vivir lo suficiente para que me importe algo y luche por él, como tú has hecho. Ella era la verdadera heroína de las canciones, rescantándolo de un castillo de odio e indiferencia. Me has dado una razón para seguir viviendo. No se lo había dicho; y ahora él morirá sin haberle dicho la verdad sobre sus sentimientos. Peor, si muere ella…No podría pensar en ello. Si él viviese y ella no, R'hollor sería demasiado cruel con él. Tendría que morir para vivir de nuevo sin ella. No podría ver su sonrisa cuando le llama 'estúpido', no podía sentir sus pequeños golpes cuando jugaban, no volvería a ver esos grandes y vacíos ojos grises, llorando melancolía con una belleza casi venenosa. No podría acariciar su piel ni tocar su pelo oscuro. No podría verla combatir y no podría verla luchar por sus sueños y por ella. Ella es la pura representación de la vida, con sus caídas y sus guerras, y ha sobrevivido a pesar de las condiciones. Es una guerrera, una superviviente; no podría morir. Por eso había decidido darlo todo en el campo de batalla; no iba a luchar por su vida, sino por la de ella, para que ella pudiera vivir. Pudiera crecer y ver mundo como ella quería, pudiera sorprender a todos con su increíble carácter y enamorarse un día y casarse y tener pequeños hijos nobles correteando con espadas de madera. Quería él asegurarse que ella envejecería y muriese como una pequeña fuerte y pequeña anciana. Le queda una vida por delante, y está destinada a tenerla.
En ese momento recordó las palabras de Jon Nieve sobre ella. 'Va a ser difícil estar con ella. Nunca se sintió a gusto consigo misma, y los demás tampoco la ayudaban. No aceptará sus sentimientos tan fácilmente ni lo dirá en voz alta, pero debes de ayudarla, y en ese entonces todo irá más fluido'. Gendry moriría mañana, eso lo tenía claro, pero tenía que decirle a Arya lo que pensaba sobre ella desde que la conoció, para morir en paz y feliz. Si no, me arrepentiré en mi propia tumba. Gendry se dirigió a la puerta y la abrió con tanto ímpetu que por poco arrolla a Arya, quien estaba delante de su puerta en medio del pasillo. Tenía una mano levantada para llamar de nuevo a la puerta, y abrió los ojos como platos. Él paró en seco y se observaron durante una eternidad, hasta que todo fue dicho con sus ojos.
El silencio siendo su aliado, abrió de nuevo la puerta y Arya entró, sin apartarse la vista el uno del otro, como si en cualquier momento perderían el contacto. Ella cerró la puerta con su espalda, estando en contra de la puerta en frente de él, tan pequeña y poderosa. Gendry se aventuró a decir algo, pero ella puso un dedo delante de sus propios labios, indicando silencio. Arya cogió parte de la camiseta de él y lo tiró hacia ella, estando cuerpo con cuerpo, sin siquiera dejar la corriente pasar entre ellos. Se acercaron sus rostros como en otras ocasiones, y se detuvieron a un ápice de rozarse las narices. Él decidió parar. No debe de estar con un bastardo de baja cuna; tendría que casarse con un Rey. Quería que todo parase para que ella tuviera un futuro mejor, pero sus deseos le hacían sentir lo contrario. Ella también se detuvo, pensando con sus propios demonios y lo miró, mirándole él de vuelta. Se fijó en la corta respiración de sus labios correr y en su bestia interior salió de él, incapaz de contenerse. Arya se adelantó antes de que él pudiera deternerla por completo y sus labios se encontraron con los de él. Una torrente de sangre recorrió su cuerpo mientras su corazón explotaba ante ella, y su mente moría, rindiéndose ante la loba. Fue un beso corto y torpe, aunque los dejó sin respiración. Él había sido besado por Jeyne una noche que compartieron juntos, deseosa de darle su amor, pero él la detuvo, no sintiendo lo mismo. En ese momento se bloqueó, no queriendo a ninguna mujer hasta en ese momento. Ahora entiendo por qué. La estaba esperando toda su vida, para por fin amarla. Tras el beso, se volvieron a mirar, él dudoso por ella y ella deseosa pero insegura. Finalmente él la rodeó con sus brazos y se la trajo hacia sí, besándola de nuevo. Cada tiempo que pasaba besándola, más quería de ella. A diferencia del primer beso, éste fue más largo y mucho más apasionado, oliendo el deseo de ellos desde millas. Arya recorrió sus manos por la espalda y ambos avanzaron hacia la habitación, sus lenguas bailando en una misma melodía de la pasión. No había descubierto hasta ahora lo sediento que estaba de su piel, como un hombre sin haber bebido agua en un millón de años. Él besó su cuello mientras ella sus manos recorrían su pelo negro, sintiendo él su respiración agitada en su oído. Ella era bastante salvaje y apasionada, lo que hizo que el deseo de él aumentase más. Arya se quitó su jublón para dejar una fina camisa sobre su torso, pero él no quería hacer nada aún. No quiero aprovecharme de ella. Pero al parecer Arya no le importaba su nerviosismo, ya que ella cogió sus propias manos y las puso en su espalda, dándole permiso para recorrer su cuerpo. Finalmente se quitó la camisa y dejó al descubierto sus pechos, tan redondos y firmes, tan perfectos. Aún de pie, Arya se detuvo para tirarlo a la cama y se abalanzó sobre él, como si él fuera una presa que caería en la trampa del lobo. Siguió besándolo apasionadamente y se movía de una forma casi mágica, como una bailarina conducida por el deseo. Cuando ella dispuso a quitarse los calzones, entre suspiros y jadeos, Gendry la detuvo, cogiendo las manos de ella con una sola suya.
—No —es todo lo que pudo decir, acalorado por el momento—. Eres una dama y yo…
Arya lo besó de nuevo para callarle, hipnotizándolo con su boca. —No soy una dama, soy una mujer, y tú no eres más que un hombre —se acercó a su oído y le mordió dulcemente la oreja, estando cada vez más existado—. Es nuestra última noche juntos, y vamos a hacer que merezca la pena.
—Pero, y si- —¿y si le dejo un bastardo en su barriga?—.
—No me importa nada —dijo ella, jadeante—. Sólo me importas tú y te necesito, te quiero esta noche.
Se terminó de quitarse los pantalones y ella se quedó desnuda como el día de su nacimiento. Quedó estupefacto de su cuerpo tan delgado y femenino, con curvas tan escondidas tras calzones y ropa de hombre. Siempre fue una mujer, aunque se vistiera de niño. Ella se aventuró a quitarle la camiseta a Gendry y él quería besar cada rincón de su cuerpo; quería adorarla como una diosa. Besó sus labios con dulzura y creó cosquillas en su cuello con sus labios. Bajó hacia sus pechos, y besó cada pezón, duros como piedras y recorrió su ombligo, hasta llegar entre sus muslos. Quería amarla con su cuerpo y le besó ahí. Al principio Arya se estremeció, pero empezó a jadear cada vez más fuerte, sin llegar a alzar y la voz y su cuerpo dio un pequeño salto, doblando su espalda y dejando sus pechos en alza. Cuando se empezó a calmar, ella cogió su rostro y se lo atrajo hacia sí, besándose de nuevo. Él se quitó los pantalones, desvelando la dureza de su hombría y ella, le guió hasta su interior con sus manos, sin que los besos acabasen. Él estaba bastante asustado y nervioso, pero todos sus miedos se fueron cuando entró en ella, un dolor tan placentero que agarró las caderas de Arya con fuerza. Al principio quería retirarse de ella, ya que ella dio un pequeño gimoteo de dolor.
—No te quites —ordenó ella—. Ve despacio, ahora más rápido, más, más, mmm… —sus palabras se convirtieron en jadeos y pequeños gimoteos—.
Sus caderas se movían como serpientes, y montó sobre ella hasta que pudo explotar, dejando su semilla en ella, aunque no le pareció importarle. Sudorosos y jadeantes, descansaron un poco, asumiendo lo que acaban de hacer. Repitieron tres veces más esa noche, más salvaje y erótico que el anterior. E incluso llegaron a la vez en la última vez. Gendry se había vuelto adicto al cuerpo de Arya.
—¿Ha sido tu primera vez? —preguntó juguetona Arya, recorriendo su dedo por la mandíbula de él—.
—Sí —respondió tímidamenete él—. ¿Fue la tuya? —no podía imaginarse otro hombre amando a Arya; sólo el pensamiento de ella besando a otro lo ponía furioso—.
—Sí —ella suspiró, con una sonrisa en sus labios—.
—Pues no lo parecía —¿estará mintiendo? No había visto sangre en las sábanas, pero también era muy buena jinete, y había oído que las mujeres que acostumbraban a montar a caballo pierden su doncellez—.
—¿Por qué? ¿Demasiado para ti? —dijo ella lo último en tono burlón, mientras ella ponía su cuerpo encima de él, pudiendo sentir sus pezones contra su torso—.
—Eras… Te movías… —no tenía palabras para describirlo. Podía pasarse el resto de su vida acostándose con ella, no haciendo nada más—. Ha sido increíble.
—Tú tambien has sido increíble —le besó ligeramente en los labios—. Llevaba mucho tiempo deseando que ocurriera este momento.
—¿El de follar?
—El de amar —puso los ojos en blanco—. ¿Te hubieras imaginado, cuando me habrías conocido, que habríamos llegado a esto? —sonreía como un angel, pero su mirada era más pervertida que un demonio—.
—Cuando te conocí, creía que eras un chico —limitó él—. Me acuerdo de eso. Eras pequeña y con el pelo muy corto y estabas muy sucia, parecías un potrillo perdido. Luego te llegué a conocer y eras mucho más peligrosa que eso. Confiaba en ti por lo valiente y justa que parecías, hasta que de nuevo, te conocí profundamente.
Ella rió y se acomodó en la cama, dejando su torso al descubierto. —Pues mucho no ha cambiado desde que te conocí. Me intimidabas un poco porque eras muy alto y fuerte; pero tu cabeza dura me decía lo estúpido que eras.
—El toro y la loba —acarició la espalda de ella, como si sus dedos caminasen por el paraíso—. ¿Quién lo iba a decir?
—Te amo, Gendry —se aventuró ella, prometiendo sinceridad con sus ojos—.
—Te amo, Arya Stark —le acarició el pelo y después rozó sus dedos con sus mejillas. Es tan perfecta que parece un sueño—. ¿Qué pasará después de la guerra, si logramos sobrevivir? —no quiero morir sin amarte un segundo más—.
—Podríamos casarnos —rodó hasta que su rostro miraba el techo, y sus pechos seguían descubiertos—.
—Sabemos tanto tú como yo que nadie lo permitirá —resopló él—. Eres noble y yo de baja cuna.
—Quizás después de la guerra queden tan pocas personas en el Reino que no importará quién se case con quién con tal de tener hijos —empezó a jugar su pelo—.
—Y quizás no nos dejen casarnos —volvió a decir él—.
—Pues… Huyamos de ellos, de todos. Nunca he sido la típica dama noble que quiera casarse en un castillo y tener hijos con un poderoso lord.
—No hace falta que lo jures —susurró él en tono burlón—.
Arya le lanzó una mirada de reproche. —Siempre he querido recorrer el mundo. Nadie ha ido más oeste que de Poniente —se tumbó de costado para observarlo con sus grandes ojos—. Podemos ir al fin del mundo juntos. Yyyyy después de estar cansados de viajar, podemos ir a alguna ciudad rica de Essos y vivir ahí como lords exiliados. Ahí nadie podría saber que eres plebeyo y yo noble, así que podríamos casarnos y vivir ahí hasta que nos pudramos.
Es un sueño tan bonito y dulce que hasta parece real. A luz de la vela, Arya lucía hermosa con su propio desnudo. Él deseaba abrazarla y no soltarla más; que no escapase, que no luchase, simplemente que se derritan como un solo sery que no sufriera más. Quería protegerla con sus brazos de todo mal, para que siguiera igual de inocente e ingenua. Puede ser muy lista y espabilada, pero después de todo no es más que una niña. Cada vez no entendía cómo podía amarla más—¿Y que opinarán tus hermanos de que su hermana ha decidido huir con un herrero hacia el gran mundo?
—Oh, lo entenderán —aseguró ella—. Sansa lo verá hasta romántico.
Gendry adoraba cómo ella podría vivir aún en las nubes, después de todo lo que ha visto. —Ya veremos —la cogió entre sus brazos y apartó el pelo de su rostro—.
—No deberíamos pensar en eso; deberíamos disfrutar del presente —empezó a besarle y él se endureció rápidamente, y cuando entró en ella la encontró muy mojada, e hicieron el amor una vez más, esta vez de forma delicada y dulce—.
Una eternidad después, Arya volvió a sus aposentos, escondiendo su cuerpo atlético tras su ropa. Él se puso en pie para acompañarla, y ella se puso de puntillas para besarle una vez más.
—Deberíamos dormir un poco, y esta vez lo digo de verdad —sonrió—. Mañana tenemos que luchar una guerra, y no creo que Jon le guste oír que me he despertado en tu cama desnuda junto a ti.
—No mueras mañana, Arya —dijo serio él—. Tienes una vida por delante que vivir.
—Y tú también, chico testarudo —le apartó el pelo negro de la cara de Gendry como una madre le limpia una mancha a su hijo—. Duerme bien.
—No creo después de esto.
Arya se marchó para llegar a sus aposentos, cayendo dormida en la cama, agotada por el día y la noche. Quizás pueda dormir dos horas, había calculado ella, así que dejó de pensar y durmió plácidamente.
Escuchaba de lejos cómo voces agitadas y chillonas recorrían los rincones de su mente, y antes de que pudiera abrir los ojos, un camarero llegó a la cama de Arya y la despertó urgentemente.
—Lady Stark, debe de despertarse inmediatamente —aceleró su tono de voz el hombre—. Estamos más que justos de tiempo.
—Pero si aún es de noche —se quejó ella, viendo en la pequeña ventana la oscuridad acechando a su alcoba, derrotado por la luz de las velas—.
El hombre le puso una cara que a Arya no le gustó. —Su primo le contará los detalles, ahora debe vestirse y en contarse con sus hermanos de inmediato —el camarero le dejó la armadura para que se vistiera cuanto antes. Para ser un camarero, no me ha vestido—.
Rodeó su torso con las vendas como de costumbre y se puso la camisa, plana como una tabla de planchar. Se puso unos pequeños calzones y encima unos pantalones gruesos de cuero; se abrochó su jublón y se puso la coraza y una falda de acero que le protegía sus piernas. Se ató los cordones de las botas y se trenzó su pelo, ya bastante largo para ella y se lo metió dentro de la camisa. Salió corriendo para encontar a sus hermanos.
Encontró la sala donde hablaron sus familiares de su matrimonio y los encontró ahí mismo. Jon iba vestido como ella, pero Sansa seguía llevando un grueso vestido que escondía su figura y Bran estaba sentado solemnemente, con una gruesa capa de pieles encima de sus hombros. Cuando Arya llegó, estaban discutiendo acalordamente.
—¿Qué ha pasado? —Arya estaba nerviosa; algo iba muy mal—. ¿Por qué nos falta de tiempo si aún es de noche.
Se miraron todos entre ellos y Jon es quien habló. —No es de noche —empezó—. La oscuridad en el cielo nos dice que es de noche, pero el sol tendría que haber salido hace tres horas. La Gran Noche, es como se llamaba la última gran guerra entre los muertos y los vivos. Y creo que es esto lo que se referían.
—Los animales fueron los primeros en darse cuenta —contó Bran—. Los gallos cacarearon y Verano me despertó, indicándome que el día había comenzado. Nosotros no quisimos verlo, y ahora tenemos tres horas de retraso. Los espectros están casi en Invernalia. He visto cómo han hecho el Muro caer, y caeremos con él si no actuamos de inmediato.
—Tú irás en mi misma tropa —adelantó Jon—. Así que nos reunimos en treinta minutos en el patio principal, con los demás hombres, listos para salir del castillo —al casi salir de la habitación, Jon retrocedió y miró a Arya—. Recoge a Nieve y todas las pequeñas armas que puedas llevar, pero deben de ser de acero valyrio o vidriagón. Y si llevas pequeños explosivos de fuego, mejor. Si no encuentras nada, Nieve será suficiente.
—Os ayudaré como pueda —se despidió Bran—. Soy un verdevidente, una amenaza grande para los espectros. Espero que sea amenaza suficiente.
Arya suspiró y lo abrazó con todas sus fuerzas. —Vas a ser como nuestro dios que nos mantendrá a salvo y seguros de esos monstruos —le atusó el pelo, recordando la cantidad de veces que ellos jugaban a las espadas y qué niños eran, tan inocentes y felices—. Si no llegamos a ver nunca más, yo-
—Nos volveremos a ver —aseguró Bran—. Los Antiguos Dioses me han enseñado cómo vamos a ganar.
En ese momento Sansa se acercó a su hermana para fundirse en un abrazo.
—No quiero que te pase nada —espetó su bella hermana—. Tras tantos años sin estar juntas, no me vuelvas a abandonar. Sé que no soy de gran ayuda comparado con Bran o contigo, pero le rezaré a los Dioses hasta que me sangren los dedos. Vamos a ganar, somos lobos de inverno, y vamos a resistir este invierno—.
Arya no quería pensar en que no los volvería a ver jamás, así que sólo hundió más su cabeza en el espeso y bonito pelo caoba de Sansa.
—Venga, Arya, eres mucho más fuerte que esto —susurró a su oído—. Demuéstrale a esa panda de cretinos lo que una mujer puede realmente hacer en un campo de batalla, y no sólo me refiero a los muertos.
Arya, absuelta de su deber, se fue de la sala, recordando sus rostros para no olvidarlos jamás. Son mis hermanos, y el legado Tully y Stark corren por sus venas. Si llegaran a ganar, ellos harían salir adelante a la Casa Stark. Sansa es muy inteligente y bastante diestra con la política, y Bran será un señor justo y bueno. No tenía que preocuparse de ellos. Sólo tengo que luchar por su futuro, aunque tenga que dar mi vida por ello.
Entró a la sala de armas para encontrar que casi todas las armas que habían eran de acero valyrio y o vidriagón. Mi primo ya no tiene por qué preocuparse de que tenga sólo que llevar a Nieve. Casi todas las dagas y espadas eran donaciones de grandes y orgullosas Casas, siendo más útil la supervivencia en ese momento que el orgullo. Cogió un par de dagas, y cuchillas del tamaño que su mano de vidriagón, y lo escondió a lo largo de su cuerpo, memorizando dónde están para no pensar mucho cuando ataque a los muertos. Hasta ese momento creía estar sola en la pequeña habitación, hasta que un soldado entró, y Arya se giró para ver quién era, sonriendo.
—Deberíamos despedirnos así más a menudo —dijo ella mientras se acercaba a Gendry—.
Iba vestido igual que ella, aunque parecía más guerrero y aterrador. Pero también muy apuesto. Rodeó sus brazos alrededor de su cuello y lo besó apasionadamente, disfrutando del sabor de sus labios.
—Deberíamos parar —intentó decir él, aunque sin mucho éxito—. Alguien nos podría ver.
—Hay una gran posibilidad de que uno de los tres muramos entonces —especuló ella—. Y después de todo no me importa.
Lo empujó ligeramente con deseo y él, tomándoselo personal, la empotró contra la pared, y Arya sacó su hombría, meneándola hasta sentir su dureza. Arya se bajó los calzones mientras él sus pantalones. Arya rodeó con sus piernas la cintura del herrero y entró en ella de nuevo, sin importar que le dolía de forma tan repentina. Encuentro más el placer que el dolor. Los dos daban pequeños vuelcos contra la pared mientras que no podían dejar de besarse, encendidos por el peligro de que los podrían ver, hasta que Gendry resopló bastante fuerte, indicando que ha explotado dentro de ella. Poco después, ella llegó también, agarrando con fuerza la espalda de él, excitándolo aún más, y explotó de nuevo, dentro de ella una segunda vez. Escucharon pasos acercarse a la sala y rápidos como serpientes, se pusieron los pantalones y el soldado pasó de largo, aunque ellos ya estaban vestidos.
—Te amo, y quiero que sigas viviendo para que te siga amando —espetó Arya, recolocándose la falda de acero—.
—No mueras —cogió su rostro con sus enormes manos—. Te amo y te seguiré amando aunque tenga que morir por ello. Recuerda, eres mi luz entre la oscuridad, y debes iluminarme el camino.
Se besaron apasionadamente por última vez, disfrutando del olor del amor quedarse en el ambiente de la sala y salieron, cada uno en una dirección distinta.
Arya bajó al patio, para encontrarse cerca de mil hombres, preparados para la guerra de su vida. Encontró a Jon entre la multitud, el primero de la fila de combate, y éste al verla, corrió a fundirse en un abrazo con su prima, como la primera que se encontraron en ese mismo patio después de cinco años sin verse.
—Te estaré vigilando —susurró su antiguo hermano—. No me importa qué buena seas matando, sigues siendo en el fondo mi hermana pequeña y prometí protegerte desde que eras apenas una infante. Te quiero, y quiero que sobrevivas esta guerra. Quiero que tengas un futuro, y mueras de vieja, rodeada de tus hijos y nietos —Jon le miró con fuerza a sus ojos grises, siendo como un espejo de color—. Lucharé por tu futuro, Arya, aunque tenga que morir por ello.
—No vas a morir —aventuró ella—. Vamos a sobrevivir los dos y Sansa y Bran, y saldremos adelante y estaremos juntos para el resto de nuestros días. Yo lucharé por nuestro futuro. Yo también te quiero, hermano mayor.
Jon le besó en la frente y la dispuso a sentarse en el caballo que estaba justamente a mano izquiera del caballo de Jon.
Arya miró el castillo por última vez; había crecido casi toda su vida ahí, creyéndose la más fuerte del mundo, estando protegida por los impenetrables muros de Invernalia. Había jugado con sus hermanos, peleado con su hermana, queriendo sus padres cada vez más y disfrutando de estar con Jon. Invernalia me hizo una niña y moriré por ella como una mujer. Miró a los hombres, confusos con una mezcla de miedo y valentía en sus ojos, la esencia de un hombre corajudo; todos ellos se enfrentarían a algo peor que hombres, pero sólo unos pocos saldrían vivos. Saben que van a una matanza segura, pero no lo hacen por ello, lo hacen por sus personas más queridas. Y esa era la esencia del ser humano; el amor y odio que sienten por las personas.
Arya se fijó en la herrería y vio a Gendry hablando con unos cuantos soldados mientras les iba dando espadas a cada uno. No podría quererle más, decidió. Parecía un príncipe de nuevo, pero esta vez un príncipe luchador y guerrero, hasta había una furia azul en sus ojos que podían congelar a todo quien quisiera. Pero en el fondo no es más que un dulce y testarudo chico. Sonrió tristemente al pensar que sería la última vez que lo vería. No, no debes de pensar en eso. El miedo hiere más que las espadas, y ella debía de ser valiente. Valiente por ella, por Jon, Sansa, Bran, por sus padres, Rickon, Robb, por Pastel Caliente y hasta los Hombre sin Rostro; pero sobretodo para Gendry. Miró por última vez su espesa caballera negra y esos ojos azules que tanto la enamoraban, y pensó en lo felices que serían cuando la guerra acabe.
Nota de la autora: Con este capítulo ya he terminado la historia excepto por un prólogo que publicaré. Muchas gracias por haber seguido este fic y espero que lo hayáis disfrutado leyendo como yo lo he disfrutado escribiendo. En el epílogo publicaré el evento más atroz y sanguinario que hace que Poniente tiemble cuando sucede: una boda!
Me he sentido muy inspirada con la letra de la canción de Bastille 'Skulls' respecto a su relación. Por favor, dejad un review ya que es muy importante para mí vuestra opinión ;)
