Sansa andaba nerviosa por los enormes pasillos del castillo. Había nobles por todas las partes del castillo, de todas las Casas inimaginables, y era un suplicio para ella. Veo a los lords y a las ladies y en vez de ver sus caras, veo sus estandartes cosido encima de sus cuellos. Sansa organizaba la ceremonia, y sólo quedaba una hora para que se celebrase. Voy a estar más nerviosa que la misma novia.

Intentó encontrar a su hermano Bran desesperadamente entre la multitud de nobles. Fossoway, Umber, Florent, Selmy, Blackwood junto a los Bracken; todos estaban ahí. Por supuesto había un sitio guardado para las familias más importantes, como los Tyrell, los Martell, y su tío Edmure, Señor de Aguasdulces con su esposa Roslin Tully y su bebé. Tanto Lord Willas como Garlan asisitieron a la ceremonia, cada uno con sus respectivas esposas. Aún se recuperaban del fallecimiento de su abuela Olenna, y también de la tragedia de haber perdido a sus hermanos menores por la ira de Cersei. Aún puedo recordar a Margaery, tan amable como bella; habría sido muy querida por todos. Y Loras, tan apuesto como galán. Sansa se entristeció, recordarl os de nuevo, cuando intentaban mejorar la estancia de ella en Desembarco del Rey, aunque sólo fuera en parte por su nombre. No me importa, los demás también sabía de qué Casa pertenecía y aún así me torturaron. Era extraño no mencionar de nuevo las Casas Lannister, Baratheon y Arryn; pero eso era las condiciones de empezar de cero, y también era extraño aceptar la Casa Targaryen como la dinastía de Poniente. Ellos llevaban casi trescientos años gobernando los Siete Reinos, pero cuando nací, el Rey Robert gobernaba el reino y crecido bajo su mandato.

Se dirigió a la parte donde los Stark se iban a situar, la primera Casa en la fila. Ahí encontró a su hermano pequeño, sentado en una silla con ruedas, donde Lady Meera Reed lo acompañaba, vigilándolo. Desde que regresó de Invernalia, ambos eran inseperables. No había mejor protectora para Bran que Lady Reed, y Bran estaba loco por ella. El joven Señor de Invernalia tenía apenas trece años, pero había acordado casarse con la joven de veinte años en cuanto él cumpliera los dieciséis. Lord Brandon Stark llevaba una túnica grisácea con un broche del lobo, perteneciente a su padre, mientras que Lady Meera llevaba un vestido ajustado de color verse con brocado blanco, dónde resaltaba su delgadez. Es bonita, pensó ella, y si fuera normalmente con vestido y peinada como hoy, lo sería aún más. La joven lacustre le recordaba en ese aspecto a su hermana; nunca se ponía vestido y siempre iba armada con su lanza de tres filos, preparada para atacar en cualquier momento, siendo habilidosa a la vez que grácil. Es perfecta para Bran.

—Sansa —saludó alegremente Bran—. ¿Qué tal la boda?

—Es peor de lo que pensaba —tenía que arreglar los asientos de los nobles según correspondía sus relaciones con otras Casas y era prácticamente un rompecabezas. Menos mal que Lord Baelish me enseñó a jugar el juego de tronos—. No he podido comer o dormir apenas, pero creo que veo futuro a esto.

—Luce guapísima, Lady Sansa —comentó amigablemente Meera Reed, sonriendo de forma sincera. Le gustaba bastante a Sansa, pareciendo una versión más gentil y educada de su hermana Sansa—. ¿Se hizo vos ese vestido?

—Sí —tuvo la gracia de sonrojarse un poco—. Me gusta coser, la verdad.

Llevaba un vestido de color cielo con nieve cosido a lo largo del vestido, creando la forma del viento invernal, acabando la falda en pequeñas perlas, imitando la nieve caer en la tierra. Su pelo se recogía en dos trenzas con un lazo plateado. Jamás me he vuelto a poner broches ni redes en el pelo, no desde la boda de Joffrey.

—Yo jamás habría sido capaz de haber cosido semejante pieza de vestir —se sinceró la joven doncella—. Mi lanza es lo que más se acerca a una aguja para vos, supongo —Sansa sonrió y asintió, alagada por la semejante lacustre—.

—Nos venía bien una ceremonia —comentó el niño Lord—. Para olvidarnos de la guerra y la tragedia. Necesitábamos un poco de felicidad, ya que nos lo merecemos, ¿no es así, Meera?

—La verdad es que sí, Bran —era de las pocas personas que llamaba a su hermano por su nombre de pila, ya que era cabeza una Casa antigua, pero eso no pareció importarle a ella—. Perder a nuestros familiares es lo más duro que nos afrontaremos jamás, pero una fiesta puede hacernos olvidar un poco del luto—.

Sabía a lo que se refería. Había oído que Lady Meera tuvo un hermano de la misma edad de Sansa, y lo cuidaba con la misma consideración que Bran, pero falleció en el viaje de vuelta al Norte, sólo quedando vivos Bran, Verano y ella. Y no podía sentirse más identificada con ella; antes de llegar a Invernalia, había escuchado que encontraron a su hermano en Skagos, pero estaba muerto. Un niño de no más de seis años, pero murió igualmente. 'Todos los hombres deben morir', repetía su hermana Arya numerosas veces. Pero él no era un hombre sino un niño, como el hermano de Lady Meera.

—¿Y cómo están los novios? —Bran cogió la mano de su prometida y la agarró fuerte, pareciendo Lady Reed una madre más que su futura esposa—.

—No lo sé, pero voy a ver a la novia ahora mismo —suspiró ella—. Seguro que está nerviosísisma, aunque podría hacer una competición con ella.

—Bueno, pues no quiero malgastar tu tiempo —aventuró su único hermano—. Nosotros ya nos quedaremos aquí, ya que veo que los demás están empezando a sentarse.

Sansa le abrazó y le dio un beso en la mejilla a su hermano y se recorrió el pasillo central que habían creado en el medio del bosque. Fue complicado encontrar un bosque de arcianos tan al sur de Poniente, pero al parecer unos sobrevivientes se quedaron en la zona y se creó un bosque precioso, ideal para la boda. Pero para estar en el bosque, tenía que salir a la puerta trasera del castillo para andar un par de millas hasta final encontrar un gran arciano con lágrimas de sangre brotando de sus tallados ojos. Entró de nuevo al pasillo, dirigiéndose a los aposentos de la novia. Espero que no esté haciendo ninguna locura.


Cuando abrió la gran y fina puerta de ébano pintado de blanco, encontró a dos damas agarrando con fuerza las cuerdas que sostenían el corsé de la novia, mientras ésta hacía respiraciones profundas para caber en ella de la forma más delgada posible. Cuando le ataron con fuerza el corsé, la joven soltó un bufido propio de un caballo.

—Ya me encargo yo —se dirigió a las doncellas que la ayudaban—. Podéis marchaos y vestíos para la ceremonia; no será dentro de mucho.

Cuando las doncellas cerraron la puerta para asegurar máxima privacidad, la novia se giró para ver a Sansa, con cara de sufrimiento inagotable

—Creo que me arrepiento de hacer esto —miró su hermana por la ventana—. Soy la hija menor de mi padre, no soy tan importante. Podría huir ahora mismo, y me daría tiempo a coger un barco para irme a Essos. Seguro que eso es mejor para mí —parecía decidida—. Sí, eso es lo que haré.

Con el corsé apretado como si fuera una segunda piel y una falda por debajo de ella, tan largo que rodea el suelo, Arya intenta subir el balcón de la ventana e incapaz de hacerlo por las cadenas de su libertad convertidos en ropa que le limitaba bastante su articulación. Sansa corrió hacia ella y la cogió por los hombros, sabiendo que era capaz de intentar saltar de nuevo.

—Lo estás haciendo muy bien —la calmó, acariciando su pelo—. Además, no querrías dejar plantado al novio.

El rostro de Arya cambió por completo. Sansa siguió hablándola para calmarla, como una madre le canta una canción a su hijo para dormirle.

—No me lo podía creer cuando lo vi yo misma; era la viva imagen del rey Robert. Alto y ancho de hombros, pelo negro y ojos profundamente azules. Era sorprendente encontarlo tras la extinción de la Casa Baratheon, y a pesar de ser un bastardo a nadie le importó, ya que era mucho más Baratheon que bastardo —miró a su hermana con el rabillo del ojo—. Parece buen muchacho.

—Ya… —parecía su hermana confusa—. Pero, ¿por qué todo el maldito Reino tiene que asistir a la boda? Me gustaría que hubiera sido más personal.

—Mi boda fue mucho peor que la tuya —aún recordaba la mirada de Tyrion, emborrachado, mirando su cuerpo desnudo, y a Sansa le dió escalofríos—. Arya, hace apenas tres meses que ganamos la guerra, pero el Reino se rasgado y sangrado en pedazos, y las alianzas son el mejor hilo para coserla de nuevo —eso fue algo que Petyr Baelish también le enseñó—. Necesitamos ayudas para reparar Invernalia y la Casa Baratheon necesita urgentemente más miembros. Todo el mundo no sólo ha asistido para crear más alianzas políticas, la gente quiere olvidarse de este amargo capítulo de la historia de Poniente, Arya. Quieren reírse y quieren bailar y beber, quieren volver a saber qué es la felicidad —le cogió la mano de su hermana, más pequeña que la suya—. Además, ha florecido la primavera y no hay mejor momento que celebrarlo ahora.

—Quiero entenderlo, pero es que odio todo esto —su hermana espetó—. Odio la boda, las Casas, el estúpido vestido y hasta las doncellas que me han ayudado a ponérmelo. Yo no estoy hecha para esto, no soy como tú —Sansa podía entender a qué se refería; su hermana llevaba demasiado tiempo sin ser Arya Stark, y le resultaba extraño volver a las excentridades de la Corte. Ella ya se acostumbró a sus pantalones y a sus armas, lo cual le recordó algo—.

—No llevarás ningún arma encima, ¿verdad? —como descubrieran que la novia llevase consigo a la boda aunque sea un cuchillo minúsculo, las cosas saldrían bastante mal—.

—¿Cómo, si con este corsé apenas puedo respirar? Estoy rídicula con esto

—No exageres, estás preciosa —Sansa cogió un mechón de su pelo castaño y lo volvió a poner en su sitio, como si ella fuera su madre. Ojalá Madre estuviera aquí, pensó tristemente. Ella hubiera tranquilizado a Arya. Pero su madre está muerta, y sólo se tienen la una a la otra, así que Sansa debía cuidar más a su hermana pequeña—.

—¿Me dices que estás preciosa cuando parece que tú eres la dulce novia? Tú sí que estás preciosa, pero siempre fuiste así —Arya solo pudo soltar otro bufido—. Seguro que soy la novia más joven de Poniente.
—Ten cuidado con tus palabras; yo me casé con Tyrion con trece años y la Reina Daenerys se casó con el Khal dothraki con la misma edad.

Aunque no podía negarle que parecía mucho más joven que Sansa cuando tenía su edad. Incluso la Reina parecía mucho mayor que sus diecinueve años; era regia y formal, ahora más ocupada que nunca reconstruyendo su reino que tanto le había costado conseguir. Sansa la admiraba muchísimo por su determinación, pareciendo delicada y bella pero firme y verdadera. Rumores corrían sobre que la reina no se casaría nunca, ya que no quería que ningún hombre pueda dominar encima de ella. Yo también siento lo mismo. Al final no se casó con Harrold y decidió que si se casaría, sería por amor, y no por deber, como había hecho en el pasado. Eso si logro enamorarme. Tras la suerte que Sansa tuvo con los hombres a lo largo de su vida, no se sentía cómoda cerca de ellos en esas circustancias.

Ayudó a su hermana a ponerse el vestido, siendo muchísimo más hermoso que el que llevaba Sansa. Las mangas eran largas y caídas, pareciendo campanas alrededor de sus manos y llevaba un escote delicado y poco pronunciado, muy estrecho por la cintura y una falda de vuelo largo que se movía tan elegante como el batir de las alas de un pájaro. Era de color blanco brillante, y detalles de perlas, diamantes y encaje recorrían por todo el vestido. Arya se miró en el espejo y exclamó en medio del silencio. Sí que es realmente bella. Su pelo caía por la espalda a la vez que la parte de arriba estaba recogido con rosas azules de invierno, típicas en Invernalia. Sus enormes ojos grises brillaban como piedras gracias al color del vestido y tenían las mejillas sonrojadas en comparación con su palidez, resaltada por el blanco de la tela. Si Padre y Madre estuvieran aquí, llorarían sin dudarlo. Era la novia más hermosa que Sansa había visto en su vida, algo digno por lo que cantar en las canciones. Seguro que crearán canciones sobre esta alianza. No parecía la valiente y fiera chica que realmente era.

Arya daba vueltas y vueltas sólo para ver cómo el vestido giraba con ella, pareciendo una flor florecer en medio del invierno. Durante uno de los movimientos, podía ver cómo el vestido hacía su mejor trabajo escondiendo el pequeño bulto que Arya asomaba por su vientre, casi invisible ante el grosor de la tela. Sansa sonrió. Van a ser muy felices.

Arya esperaba ansiosa tras la sombra de un enorme árbol que la escondía de la ceremonia. El miedo hiere más que las espadas. Respiró hondo y esperó a que su tío, Lord Edmure, la acompañase al altar. Era el familiar varón más cercano que tenía después de Bran, pero él no podía caminar, y el Señor de Aguasdulces apareció ante ella, con una túnica de color azul marino, resaltando el azul de sus ojos. Es como Bran pero más mayor. No conocía apenas a su tío, así que él se dignó a ofrecer su brazo y en silencio, avanzaron hacia el altar. Podía ver cómo todos los invitados, lords y ladies, se quedaban boquiabiertos por la presencia de ella. 'La fantasma de Lyanna', luego Arya supo que así es como la llamaban cuando ella estaba en Invernalia. Era porque supuestamente era clavada a su bella tía, pero ella sabía que nunca fue guapa y probablemente nunca lo será. Además, ¿cómo pueden compararme con mi tía si los que me comparaban con ella ni siquiera habían nacido cuando ella murió?


No muy lejos de ella, el novio estaba de espaldas. Es tan alto y fornido. Nadie aún se atrevía a llamarlo por su nombre, ya que por su bastardía era difícil aceptarlo como Señor de Bastión de Tormentas. Iba vestido en una túnica dorada y calzones negros, colores de su Casa. Vió alrededor y se dio cuenta de que se habían molestado en colgar estandartes del lobo y del venado bailando juntos en las ramas de los árboles. Dos veces las familias Stark y Baratheon se comprometieron en alianza y ambas veces se rompieron. Quizás ella podría librarse de la boda también. Sólo quiero huir de Poniente, y empezar mi vida de nuevo. Pero cada vez que miraba al muchacho de pelo negro, su idea empezaba a derretirse en su cabeza. Aún seguía enamorada de ese estúpido, y tenía que hacer su deber. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, el chico finalmente se giró para ver a la novia, y el corazón de Arya se aceleró hacia un ritmo incalculable. Gendry.

Edric Baratheon quedó patidifuso al ver su novia tan adornada y bien vestida, como un pato asado antes de ser comido. Es igual que Gendry.

Todos los recuerdos de Arya vinieron de una vez, y casi le salen lágrimas de sus ojos tras vivir ese infierno otra vez. Casi.

La guerra fue horrible y dura, ya que Arya jamás había luchado tan abiertamente. Los espectros eran temibles y realmente rápidos para estar muertos y cuando ella menos se lo esperaba, vio de reojo como un espectro levantó su espada para acabar con su vida mientras mataba a otros dos con Nieve. Arya habría muerto en ese entonces si no fuera porque alguien se interpuso entre el monstruo y ella. Maldito bastardo. Ella aún recordaba cómo su cabeza se abría como un huevo ante la fuerza y magia de la espada de hielo del humanoide, cómo la sangre brotaba en su cabeza mientras su mirada se perdía en el rostro de Arya. Y así fue como Jon Nieve murió, por el amor de su hermana. Arya se quedó mirando boquiabierta y víctima del pánico, ya que ni la Casa de Blanco y Negro le habría entrenado para resistir eso. Me desordenaba el pelo y me llamaba 'hermana pequeña'. Era su hermano favorito con diferencia; era su cura ante el vacío que ella sentía en su corazón, y lo amaba con todas sus fuerzas, a lo que él también le correspondía, muriendo por ella. Arya quería dejar de pelear y dejar que la espada de hielo atravesase su pecho para morir como él, pero no podía. Él no ha muerto para salvarme y lo menos que puedo hacer ahora es morir. Con todas sus fuerzas, clavó Nieve en la cabeza del espectro, rompiéndolo en pedazos y se dió cuenta que era el último espectro en un mar de otros, y al matarlo se rompió el hechizo que los atraía con él; en ese mismo instante miles de cuerpos antes conquistados por la muerte, caían al suelo sin vida, y el sol empezó a salir. Hemos ganado la guerra, pero yo he perdido.

Cuando volvió a Invernalia tras cuatro horas de incansable lucha y viaje, recontó los muertos que antes de la guerra estaban vivos y la pérdida era enorme; un tercio de la población de Poniente había perdido la vida cerca del castillo de Invernalia. Y lo peor estaba por venir; encontró entre los millares de muertos un chico largo y grande de pelo negro, con una herida del tamaño de su cabeza en medio de su pecho. Lo llevaron a una sala con una mesa alargada y dejaron ahí su cuerpo, lejos de pudrirse con el frío que hacía. Arya era incapaz de llorar, pero el vacío enorme en su interior le hizo apenas respirar. Cuando sus dedos acarició su cuadrada mandíbula y peinó esa mata de pelo espesa de color negra, y finalmente se inclinó para besarle en sus fríos labios, por última vez.

El día en que quemaron todos los cuerpos, hicieron ceremonias de todas las religiones, pero no importaba al final, ya que la muerte es inevitable en toda vida. 'La muerte es el único punto en común con todas las creencias religiosas', le enseñaron en la Casa de Blanco y Negro'. Puso los cuerpos de Jon y Gendry cerca de donde estaba ella, y vió con un enorme vacío cómo sus cuerpos se quemaban con el abrasador fuego, desapareciendo del mundo los dos hombres que Arya había amado más en su vida. La Mujer Roja que resucitó a su hermano, se acercó a ella. No pudo resucitar a su hermano una segunda vez, ella aseguraba, ya que su deber en el mundo se había terminado. 'Tenía que salvarnos de la Oscuridad Eterna, y así lo hizo', proclamó ella. 'Ahora es el Rey en los cielos y en el fuego, ya que por él murió tan valientemente para ser recordado eternamente en las llamas de todos los fuegos creados, y así su espíritu no morirá jamás'. Arya decidió odiarla a partir de ahí.

—Es una pena que el bastardo no pudiera descubrir su real parentesco —dijo frívolamente Melisandre—.

—Jon sabía quiénes eran sus padres de verdad —acusó Arya a la defensiva. Lyanna Stark y Rhaegar Targaryen, así formando la 'canción de hielo y fuego' que el Dios Rojo tanto profetizaba—.

—No me refería a tu primo, querida —había algo que no le gustaba nada de ella a pesar de haber resucitado a su hermano. Su piedra colgada en su cuello brilla más que cien velas—. Me refería al otro bastardo.

—¿Gendry? —preguntó furiosa—. Su madre era una tabernera y su padre un borracho, eso es lo que me dijo —¿o era también una mentira, para esconder que él también era protagonista de otra profecía—.

—Su madre era una tabernera, pero su padre fue el Rey Robert Baratheon, primero de su nombre —al ver el rostro de sorpresa de Arya, la sacerdotisa parecía satisfecha—. ¿No te diste cuenta? Era la imagen andante del antiguo rey. Su apariencia lo delataba desde millas desde distancia y su habilidad con el martillo… Debías de estar muy enamorada para no darte cuenta.

Arya no daba crédito a lo que oía. Gendry era el hijo bastardo del Rey Robert. Por eso Cersei Lannister lo buscaba, quería acabar con cualquier pretendiente al trono que no fuera Joffrey. Su dolor se agudizó más al pensar que murió sin saber quién era su verdadero padre, de la gran estirpe que procedía. Se burlaba tanto de la nobleza sin saber que él mismo tenía sangre de rey. No podía hacer nada más que reír nerviosamente, y cayó al suelo, harta de sufrir las muertes de ellos. Los entierros no son para los muertos sino para los vivos. Sus manos se hundieron en la nieve y tuvieron que cogerla en brazos ya que se negaba a levantarse desde entonces; la ceremonia había acabado hace horas y ella seguía clavada en el suelo. No se dió cuenta de lo moradas que estaban sus manos, incluso las puntas de sus dedos eran negras. El maestre temía que ella se quedase sin manos debido al estado avanzado de congelación. Adelante, pensó ella, partidme en más trozos si podéis.

Su desorden emocional aumentó cuando se dio cuenta, a los dos meses después de la guerra, que ya no sangraba. Últimamente se mareaba fácilmente e incluso se desmayó cuando estaba con su hermana, pero ella creía que era debido a su falta de sueño y apenas comía nada en todo el día. Tengo que arreglar esto como sea, pensó en ese momento, y llamó a Sansa.

—Hay que deshacerse de él cuanto antes —apresuró su hermana mayor—. Quizás el té de luna aún sea-

—No quiero matarlo, Sansa —se llevó a las manos al vientre, intentando sentirlo, sin éxito—. Es lo único que me queda de él, y lo traeré al mundo si tengo que hacerlo.

—Pero nacerá como un bastardo también, y eso no viene nada bien ahora mismo, sobretodo ahora mismo. ¿Cómo puedo buscarte ahora un matrimonio en condiciones?

—¡Al cuerno con los matrimonios! —gritó furiosa Arya—. Voy a tenerlo, lo quieras o no.

Pero le aterraba traer un hijo al mundo. Aún no sabía cómo controlar sus sentimientos, ¿cómo aprendería a manejar un bebé? Además, Sansa tenía razón. Es un bastardo, y eso le traería nada más que desgracias. Si tenía el apellido Nieve en su nombre, sería inapto en la nobleza y repudiado por ello. Conocía como creció Jon y cómo se sentía siempre respecto a ello, y hasta Gendry era maltratado por bastardo aunque nadie estaba seguro de quién. Gendry no hubiera querido que trayese un bastardo al mundo. Él mismo lo dijo la noche que hicieron el amor. Sabía lo que era ser bastardo y no quería que su hijo corriese la misma suerte. Pero Sansa, tan hábil y dispuesta a ayudar a su hermana, encontró la solución.

—Otro candidato posible para ti es-

—¿Qué parte de 'no quiero casarme' no entiendes, Sansa? —Arya estaba mareada con las propuestas de su hermana.

—Déjame terminar —la silenció con su regia mirada, siendo exacta que su señora madre cuando la regañaba. Por todos los Infiernos, son exactas—. Edric Baratheon, antes llamado Edric Tormenta. Era otro hijo del rey Robert fuera del matrimonio de Cersei y su madre es una Florent, así que tiene raíces nobles por ambas partes. Ha crecido un castillo y ha sido criado como otro hijo de un Lord; no habría diferencia si llevase otro apellido que no fuera bastardo de otro hijo legítimo. Tras la muerte de su tío Stannis y su hija Shireen, no quedaron otros miembros de la Casa excepto él y siendo prácticamente noble, la Reina Daenerys lo legitimó meses antes de que la guerra empezase —Sansa miró al vientre de su hermana—. Es dos años mayor que tú, y por lo que he oído, también se parece a Robert, con el tamaño, el pelo, ojos y apariencia en general. También he oído que es buen muchacho, ya que el nombre y el físico no lo es todo, algo que descubrí cuando nuestro padre me comprometió con Joffrey —acercó su mano para estrechala con la suya—. Estamos casi seguras de que tu hijo nacerá con la apariencia de su padre. 'La semilla es fuerte', decía Lord Jon Arryn sobre la familia Baratheon —Sansa pareció por un momento asustada cuando mencionó esa frase—. Si te casases con él, nadie sospecharía que el hijo no es suyo. Y él podría comprenderlo, ya que él mismo fue un bastardo y si aún así no estás muy decidida, puedes no contárselo, ya que quizás creerá también que es suyo.

Arya suspiró y bajó la mirada. 'No hay otra forma de arreglar esto, aparte de matarlo', fue lo último que Sansa dijo sobre el asunto. Al día siguiente se envió una carta a Bastión de Tormentas ofreciendo la mano de Lady Arya Stark al nuevo Señor de la Casa Baratheon, y cuando supieron de la confirmación de la alianza, partieron lo antes posible hacia Bastión de Tormentas.

La ceremonia fue lenta para ella y el festín más aún; no había dirigido palabra a su nuevo marido aún, resultándole doloroso hasta mirar su rostro, tan parecido al de Gendry. Es como si su fantasma se estuviera riendo de mí. No hubo momento de encamamiento porque el propio Edric no lo permitió, haciendo que Arya lo despreciase aún más. Intenta hacerse el caballero el muy bastardo.

Cuando ambos, en silencio, se dirigieron en los aposentos más grandes del castillo, donde el Señor del castillo dormía y donde había sido concebido el mismo Edric, Arya no podía sentir más que desprecio hacia él por parecerse a Gendry y a ella misma por permitir esto. Si hubiera huído lejos a Essos en cuando hubiera podido…


Edric cerró la puerta de la habitación y por primera vez, estuvieron los dos solos. Se acercó el joven a ella y cogió el rostro con sus manos, como Gendry había hecho antes numerosas veces para tranquilzarla. Le asqueaba que Edric hiciera lo mismo, y quiso apartarse de él, pero él se adelantó a besarla fugazmente en sus labios. Ella se quedó como una quieta como una estatua y dejó que él se aprovechara de ella, cosa que no hizo. Lord Baratheon se dio cuenta de la poca pasión que había entre los dos y se sentó cansado en la cama.

—¿No te gusto? —preguntó inocentemente él, preguntándose interiormente qué había hecho mal—.

¿Que si no le gustaba? Arya se retorcía en su interior con furia. Es todo lo contrario, maldito imbécil. Tenía su mismo pelo y era del mismo tamaño que él; hasta su mandíbula cuadrada y afeitada le imitaba a su hermano mayor, y Arya se sintió traicionada de sí misma cuando sentía entre sus piernas un cosquillo tan doloroso como placentero, recordando la noche que pasaron juntos, y sus pezones se endurecieron.

—No es eso, Lord Edric —murmuraba Arya entre dientes—. No es eso, para nada.

—Entonces, ¿qué te pasa? ¿por qué te asqueo tanto? —no sabía que se notaba tanto. Y entonces su alma se cayó a los pies cuando empezó el joven Baratheon a pensar con esa mirada, la mirada que le hacía ver como si sufriera a la vez que pensaba—.

Al cuerno con todo. Una lágrima empezó a brotar de su ojo, y salió tímido, y tras caer por sus mejillas, sus hermanos lo siguieron. Una lágrima tras otra iba recorriendo en su rostro hasta caer el suelo. Arya no lo evitó, pero quería parar, hasta que su propio entrenamiento, que tanto le costó conquistar, se rindió ante el dolor enorme en su corazón y gimoteó y lloró hasta gritar. Cada lágrima era su padre, su madre, sus hermanos Rickon y Robb, la parálisis de Bran, el trauma de Sansa, Jory Cassel, Syrio Forel, Mycah, el Perro, Dama, Viento Gris, Invernalia, todos los pueblerinos que murieron durante la guerra, los que murieron en la Boda Roja, y gritó por Jon Nieve y por Gendry. Dejó salir todas sus emociones, escondidas en lo más profundo de su alma. Edric no sabía qué hacer, y cuando ella se calmó un poco aunque seguía gimoteando, él se puso de pie y le llevó a la cama, para acomodarla con una de las pieles que encontró y desapareció para luego traer un jarra de agua. Arya le miró con ojos rojos y sintiendo sus mejillas arder, se acogió al pecho de Edric, y lloró hasta asegurarse de que no volviera brotar una gota de su alma jamás.

Cuando por fin se calmó por completo, Edric desapareció de nuevo para irse a dormir, a otra cama.

—Espera —le susurró ella, sorprendida de que él pudiera escucharla—. Tengo algo que decirle.

Edric se sentó cerca de ella y mirándola como si fuera lo único que había en el mundo, escuchó atentamente todo lo que había pasado en el último año. Cuando su gargante se secó, dejó que Edric dijera lo que tuviera que decir.

—Entendería perfectamente si quieres anular el matrimonio —carraspeó ella, bebiendo más agua—.

Edric parecía confuso e incluso decepcionado, pero ya había decido desde el momento en que la vio por primera vez.

—No lo haré —acercó su mano para intentar coger la suya, dejándola abierta. Arya la cogió y apretó fuerte—. Hemos sufrido una guerra y tú has sufrido demasiadas pérdidas. Me alegro escuchar de que he tenido un hermano y ahora podré tener una familia de nuevo, ya que creía que iba a estar solo para siempre. No eres culpable de nada más que de amar, y sería injusto por mi parte abandonarte tras haber prometido que te cuidaría hasta el día que muera —miró a sus ojos asustado y decidido a la vez—. Me he enamorado de ti por tu vestido y tu belleza, pero admiro tu valor —se puso de pie otra vez, dispuesto a desvestirse para irse a dormir—. No compartiremos lecho hasta que tú decidas; no quiero convertirme en mi padre, un mujeriego que utilizaba más a las mujeres que escucharlas, y quiero respertarte como mi padre nunca hizo con ninguna mujer. Y cuando estés dispuesta a amarme si llega la ocasión, empezaremos poco a poco.

Es igual de considerado que su hermano, pensó tristemente ella y decidió que le gustaba al final el muchacho. Arya insistió en que podían dormir juntos aunque no hicieran y así fue.

Seis meses después, Arya gritaba lo suficientemente alto como para que Essos pudiera escucharla. Tuvieron que reparar el cabecero de la cama ya que Arya destrozó con sus propias manos la madera. No había sufrido más en toda su vida, y en ese momento sólo pensaba en lo dulce que era la muerte en comparación con el infierno que estaba pasando. Tras catorce horas de pura agonía, la nodriza se acercó a darle a la nueva madre las noticias sobre su hijo.
—Los Dioses la han bendecido, Lady Arya —aventuró la mujer, no más mayor de cuarenta años—. Han nacido mellizos de su vientre, un niño y una niña, saludables y fuertes.

Arya se derrumbó en la cama en ese momento y cayó dormida un día entero. Cuando despertó de nuevo en la alcoba gigante donde finalmente se había acostumbrado, vio a Edric sostener dos bebés idénticos y cuando la vio despierta, se acercó a ella con sus hijos. Arya le tendió uno, el niño y se enamoró al instante de esa criatura tan bella y pequeña. Es grande, a decir verdad, y tiene el pelo de su padre. Ambos tenían el pelo de su padre.

—Somos padres suertudos de unos niños grandes y fuertes —sonrió Edric—.

Arya miró con cariño al niño y apartó el pelo negro de su frente. Sí, somos bastante suertudos.

Arya observaba cómo dos niños luchaban con espadas de madera, siendo el niño muy fuerte pero la niña más rápida. Ambos cogen la espada con la izquierda, pensó felizmente ella. Sus hijos habían crecido altos y apuestos, con apenas seis años de edad en su cuerpos. Ojos azules tan claros que a veces parecían grisáceos conquistaban cada vez más a Arya, y parecían crecer más fuertes e inteligentes. La niña, como ella, había nacido luchando y la espada era más natural para ella que una muñeca. Eso no era problema para el niño, ya que así tenía compañera de combate. Ambos, por petición de Arya, eran educados en las misma habilidades y Arya misma les enseñaban como ser ágiles danzarines del agua.

—Veloz como una serpiente —la niña gritaba alegremente—.

—Fuerte como un oso —el niño le respindió—.

Son como su padre. El pelo de ambos estaba suelto y largo ya que se aseguraban de que nadie se lo cortase excepto su madre. Arya no podía acordarse a su madre cada vez que miraba a sus hijos, cada vez que los daba de comer, los regañaba y los dormía, abrazándolos para asegurarse de que eran reales. ¿Así se sentía mi madre con mis hermanos y conmigo? Estaba totalmente enamorada de los niños; cada vez la sorprendían más y eran más valientes y fieros que ella. Ellos son mi luz entre la oscuridad.

—Como sigan así, no voy a poder distinguir uno del otro —musitó Edric, que estaba sentado junto a ella en medio del gran jardín que el castillo de Bastión de Tormentas abastecía. Habían despedido a los criados en ese momento para poder disfrutar todos juntos en familia. Tanto para Arya como para Edric era importante la familia, ya que ella añoraba su familia numerosa y él añoraba la familia que nunca tuvo. Y estos niños son nuestro consuelo ante el dolor.


Eddard y Lyanna, los había decidido llamar Arya. Su padre aún estaba presente en ella y tenía que conmemorar a su tía de alguna forma. Además, son nombres tan fuertes como mis hijos. A Edric le pareció buena idea, hasta los apodó Ned y Lya. Lya y Ned. Los niños adoraban a su padre, abalanzándose sobre él cada vez que lo veían, y él nunca se cansaba de jugar con ellos, siendo un niño él mismo. Él ama a los niños incluso más que a mí. En ningún momento los trató diferente por Gendry, y fueron aceptados por la nobleza como pequeñas ramas del gran árbol Baratheon. El Reino entero celebró cuando descubrieron el nacimiento de no un hijo, sino dos, asegurando la línea de sucesión de otra Casa en vez de su extinción. Aunque Arya decidió educarles fuera de las estrictas normas de la Corte Ponienti, criando a Lyanna junto con espadas y Ned aprendió a coser, aunque en secreto, enseñándole la nodriza que ayudaba a Arya a cuidarles. Ned es la viva imagen de Gendry. Parecía una versión en miniatura de cuando conoció al muchacho por primera vez, y cada día que pasa, cada vez se parecía más, con su constitución robusta y ojos de azul profundo. Lyanna, en cambio, le recordaba a su hermana Sansa, teniendo los ojos del mismo color y el mismo espesor de pelo, pero en vez de cobre avivado, era negro azabache. A diferencia de Arya y de Sansa, Lya era increíblemente buena tanto en cantar, bailar y coser como en luchar, correr y montar a caballo, demostrando sus numerosos talentos a sólo sus seis años. Era orgullosa como su madre; nunca tomaba un 'no' como respuesta, y luchaba para tener lo que quería. Era igual de voluntariosa como Arya y grácil como Sansa, como su misma hermana había resaltado cuando visitó a sus sobrinos por primera vez. Arya le agradeció con un abrazo desde lo más profundo de ella misma lo fuerte que Sansa había sido con ella, y su hermana sólo pudo responderle; 'demuéstralo con tus hijos'.

Arya miró a Edric y observó como él miraba a sus hijos con un amor que ella apenas podía describir con su mente. Hace años que dejó de verle como el retrato de Gendry y verlo como él era, Edric Baratheon. Como había prometido, nunca presionó a Arya con su deber de esposa y la respetó y cuidó a sus hijos como si fueran suyos. Arya sólo podía contemplarle y pensar que quizás ya era el momento de empezar a amarle, ya cicatrizada de sus heridas que la hacían identificar como Arya Stark.