Sherlock y John se convirtieron en celebridades en menos de una noche.

John se fue a la cama, después de llevarle a Sherlock todo lo que éste le pidió y cuidarle hasta que las enfermeras lo echaron a patadas, sólo para despertar al día siguiente con una muchedumbre de reporteros acampando frente al 221B de Baker Street.

—¡Señora Hudson! —Él la llamó inmediatamente después de haberle cerrado la puerta a las lentes de las cámaras.

—Oh, ¿no has leído los diarios de hoy, John? —le preguntó ella, y él la siguió hasta la cocina donde ésta le entregó una copia del periódico.

Tal como Greg predijo, Sherlock y John habían sido vistos en la escena del crimen, Sherlock siendo trasportado en una camilla y John empapado en sangre.

—Ellos dicen que son héroes, John. Dicen que le salvaron la vida a una niña, y que atraparon a ese horrible hombre que ha estado aterrorizando a todo Londres. ¡Incluso me llamó mi vecina! Y yo no sabía que decirle, ya que era muy tarde cuando regresaste. ¿Qué pasó, John? ¿Sherlock está bien?

John asintió, poniendo las manos sobre sus hombros para calmarla.

—Fue apuñalado, pero él va a estar bien. Lo llevaron a la sala de cirugía.

—¿Cirugía?

—Sí, pero va a estar bien. Y, sí, atrapamos al asesino.

—Gracias a dios… ¿ahora vas al hospital? —John asintió de nuevo—. Dale mi amor a Sherlock, y él debe comer los alimentos que ellos le den; por la manera en que yo lo conozco, no estuvo comiendo mientras que el asesino en serie estaba libre.

John sonrío, apretando los hombros de la señora Hudson y valientemente salió a lucha por pasar entre las hordas de reporteros y fotógrafos que le asechaban en la calle.

De alguna manera, Sherlock consiguió que le dieran de alta a los cinco días en lugar de a los diez (y a juzgar por las enfermeras "ellas se veían contentas de verlo partir". No importa la cantidad de control de daños que John trató de mantener; bueno, ellos deberían haber comprendido que no podían enviar enfermeras que dormían con médicos casados, después de los dos primeros días), y para ese momento, el público ya había sido bien informado sobre todo lo que había pasado en el King's College.

Tal vez la repercusión no habría sido tan grande, si John y Sherlock no fueran lo que son, un ex-líder Alfa de las fuerzas de la Resistencia y un ex-rehén Omega, quien ayudo a la resistencia a obtener la victoria sobre los tradicionalistas.

Sin embargo, ahora la prensa parecía estarse haciendo un día de campo con Sherlock y con él, convirtiéndoles en el paradigma de la sociedad moderna: un Alfa y un Omega, trabajando juntos como iguales. Y el hecho que ellos tuvieran una relación, al parecer, añadía una ventaja.

La entrada en el Blog de John marcó un pico, especialmente después de haber subido: "La Solución está en los Ojos", ambos fueron bombardeados por un montón de peticiones para hacerse cargo de sus casos.

Sherlock rechazó el setenta por ciento en el acto, resolvió el otro veinte por ciento, a los primeros cinco minutos de conocer a los postulantes, y se hiso cargo del restante diez por ciento. Y Greg, aportaba su cuota de intrigantes casos para mantenerles ocupados.

John seguía como siempre, incluso ofrecía ideas útiles de vez en cuando, y continuaba poniendo su experiencia militar y su blog al buen uso de sus éxitos.

El más publicitado fue el caso de un millonario secuestrado que Greg les impuso resolver, a pesar del enfático: «¡Aburrido!», que el crimen recibió por parte de Sherlock en un principio. John se alegró de haber logrado persuadir a Sherlock para tomar el caso, sin embargo, lo hizo porque éste les traería una buena cantidad de dinero para complementar el salario que John recibía del gobierno por el entrenamiento de los reclutas, y la consultoría en las reuniones sobre las nuevas legislaciones y reformas, cada vez que podía asistir.

Entre tanto, Sherlock no había mencionado nada sobre la declaración de amor de John aquel día en el hospital, pero, desde entonces John podía decir que Sherlock le creía, y que, a su muy particular manera, le devolvía el sentimiento. Sherlock no se lo decía, aunque dejaba que sus acciones hablaran por sí solas. En pequeños gestos, en la forma en que miraba a John cuando se despertaban uno lado del otro, cuando le daba un beso sólo por darle un beso y luego no empezaba nada, y en la forma en que confiaba a John su vida una y otra vez.

—Aun así, ¿por qué no acaba con todo eso y te lo dice, por el amor de Cristo? —le preguntó Greg en voz alta, pero, para entonces, él ya iba por la quinta pinta de la noche.

—Yo no necesito que lo diga, lo sé, Greg. John le respondió con convicción.

El ID suspiró contra su vaso, y esa mirada triste estuvo de nuevo de vuelta. Sherlock había deducido que su esposa Judy lo estaba engañando, después de sólo tres meses de matrimonio.

—Correcto Sherlock, que pendejo. Por supuesto que tiene razón. Revisé sus mensajes de texto, ella mantiene sexo por mensajes con su instructor de tenis.

—Lo siento…—Fue todo lo que John pudo decir. Se preguntó brevemente qué es lo que él haría si Sherlock lo engañaba, pero la sola idea era tan descabellada que ni siquiera podía imaginársela seriamente.

—Y, ya sabes, yo quería hablar con ella acerca de tener niños —Greg divagaba, vaciando su pinta y solicitando rápidamente una sexta—. Siempre quise ser padre... ¿Qué pasa con ustedes dos? Sus hijos podrían ser muy grandes, con el cerebro de Sherlock y tú fuerza física.

John resopló ante la idea.

—No vamos a tener hijos, Greg.

—¿En serio? Sí, bueno, tú lado protector amaría criar niños. Pero sólo si primero te casas y ahora que tienes un Omega puedes, tú sabes…

—Greg, no nos vamos a casar y no estamos planeando empezar una familia. ¿Acaso no conoces a Sherlock? —Greg se río, balanceándose ligeramente en su asiento—. Además, ya tenemos suficiente con la atención de los medios. No entiendo cómo la gente quiere verme en todas esas fotos, es molesto. ¿Me detendrías si le disparo a los periodistas?

—Continúa salvando millonarios y tal vez sí —bromeó Greg, aceptando su sexta cerveza.

Sherlock estaba en la cocina, respectivamente en su laboratorio, concentrado en los frascos que habían estado cultivando jodidas cosas malolientes. Por ahora, John ni siquiera quería preguntar, sin embargo, desterró algunos de sus experimentos de la cocina cuando se convirtieron en un peligro para la salud.

John hizo una pausa en la puerta, observando cómo los largos dedos de Sherlock bailaban sobre la superficie de una tableta (regalo del millonario, junto con unos gemelos muy feos), probablemente observando qué colores habían desarrollado las malolientes telas en las últimas doce horas, o alguna similitud arbitraria. Bueno, arbitraria para John.

—Dejar de acechar John, es una distracción.

—Tal vez esa es mi intención.

—Mantén tú libido bajo control por otros quince minutos, por favor.

John sonrío a pesar que Sherlock no podía verlo con sus ojos fijos en la pantalla.

—Está bien, ¿voy calentando la cama? ¿O estas de humor para profanar el sofá ésta noche?

Con satisfacción, John observó a Sherlock tragar saliva.

—¿Qué implica profanar?

—Yo te haré un beso negro hasta que no te quede una pulgada de cordura, y luego te follaré, hasta que todo lo que recuerdes sea mi nombre.

Sherlock se mojó los labios, sus dedos se detuvieron sobre la pantalla, y trató de controlar su cuerpo, pero John sabía que seriá sólo cuestión de segundos antes que Sherlock se abalanzará encima suyo.

—Entonces, voy a estar en el sofá. Sal cuando estés listo —John no se fue de inmediato, antes se abrió la parte inferior de la camisa, agradablemente lento, tirando de la tela hacia afuera de sus pantalones, antes de marchar hacia la sala y continuar desnudándose.

Sherlock ya estaba afuera de la habitación antes que John se quitara los pantalones, dejándose caer sobre sus rodillas delante de John, sus largos dedos deslizándose por debajo de la cintura de sus pantalones, tirándolos hacia abajo, liberando la dura polla de John. John ya lucía esa erección desde el momento en que él tomó un taxi frente al pub, y sus pensamientos viajaron a casa con Sherlock, extendido, desnudo y suplicante.

Sherlock se tomó su tiempo, burlándose del eje con su lengua, jugueteando con las pelotas de John, besando la hendidura y lamiéndose los labios para recoger su pre-semen. Sherlock continúo delineándole, hasta que John estuvo a segundos de agarrarle de los pelos y follarse dentro de su boca, y, su pareja era plenamente consciente de ello. Se conocían tan bien, ese fue el último pensamiento coherente que John pudo formar antes que Sherlock lo tragará de una sola vez, relajando la mandíbula y tomándolo hasta que su nariz estuvo contra el vello púbico de John.

Sherlock se alejó, girando su lengua, ante que el calor envolviera a John una vez más, y lo único que éste pudiera hacer fuera aferrarse al respaldo del sofá, apoyándose para permanecer en posición vertical, mientras Sherlock lo chupaba con la misma increíble determinación y concentración que le otorgaba a cada uno de sus casos. Él pasó su lengua justo por el lugar en donde el glande se encuentra con el eje, luego se movió hasta la ranura y John curvó la cadera hacia adelante. Sherlock se lo llevó a la boca una vez más, aumentando el ritmo otra vez.

El aliento de John eran irregulares jadeos para entonces, y cuando sintió los labios de Sherlock chupando sus bolas, juró en voz alta. Sherlock se tragó la polla de nuevo, y cuando John pudo sentir la garganta convulsionando alrededor de su punta, él se apuró a sí mismo en la profundidad de la garganta de Sherlock, con un gemido ahogado. Sherlock sudaba de placer cuando se levantó, pero John borró rápidamente la sonrisa de su cara. Él rodeó el sofá y le empujó sobre su estómago. John cubrió el cuerpo de Sherlock con el propio, chupando su cuello con tanta fuerza que dejó un moretón, y Sherlock se retorció entre los cojines.

Como había prometido, John lamió una mojada huella por la columna de Sherlock, contando cada vértebra, hasta que llegó a la hendidura de su firme culo. Sus manos coparon cada mejilla, separándolas, consiguiendo acceso al agujero de Sherlock. John dio vueltas al rededor, tonteando con su ojete, disfrutando del sabor de la humedad de Sherlock en su lengua. Los labios de John se cerraron al rededor del agujero y chupó, tragándose el fluido de Sherlock, el delicioso néctar que proporcionaba la fisiología Omega, y él oye a Sherlock zumbar por encima suyo.

En ese momento, John empujó su lengua adentro, aflojando el músculo del anillo, sus manos sostuvieron las caderas de Sherlock en su lugar para que no pudiera balancearse de regreso hacia él. John exploró cada centímetro de Sherlock, delineando alrededor y succionando de nuevo, chupando la humedad que ahora estaba manando con más fluidez. Sherlock nunca había estado tan encendido fuera de sus calores, y el pecho de John se hinchó de orgullo cuando tragó.

—John, por favor —suplicó Sherlock y la polla de John tembló entre sus piernas. John no le hiso caso de inmediato, sino que continúo lamiendo un camino a las bolas de Sherlock y las chupó dentro de su boca hasta que Sherlock estuvo jurando contra el cojín del sofá.

Entonces, John empujón de nuevo contra su agujero, trabajando con su lengua dentro y fuera con un ritmo rápido que mantenía a Sherlock arqueando la espalda. John hacia un buen trabajo estimulando a Sherlock, al mismo tiempo que lo preparaba para su la polla, la cual ya se estaba empezando a llenar de nuevo, impulsada por los sonidos que escapaban de la garganta de su compañero.

John ajustó su agarre, abriendo más las mejillas de Sherlock para poder empujar más profundo dentro del ojete de Sherlock, hundiendo su lengua todo lo que le era posible. Alternando entre la succión del ojete de Sherlock y joderle con saña con la lengua, y en algún momento, Sherlock se estremeció con su liberación.

John le permitió a Sherlock un momento para recuperar el aliento, y luego le empujó un poco más sobre el sofá por lo que éste quedo a cuatro patas. John arrastró la punta de su polla goteante sobre el agujero fruncido, y Sherlock se balanceó hacia atrás.

—Estás con muchas ganas ésta noche —ronroneó John, inclinándose hacia atrás para que su pene aun no entra—. ¿Quieres tanto mi polla?

—Sí —jadeó Sherlock—. Lléname. Fóllame hasta que esté duro otra vez, ¡por favor, John!

John embistió a Sherlock con una sola y bien practicada estocada, y se enterró hasta la empuñadura dentro de Sherlock. El Alfa dentro de él rugía con placer y John no se detuvo cuando su nudo comenzó a llenarse. John salió y se empujó de nuevo, ajustando su ángulo para golpear la próstata de Sherlock. Sherlock gritó, echando la cabeza hacia atrás y John se inclinó hacia delante, succionó de nuevo el moretón, gozando al contemplar la marca en la inmaculada piel de Sherlock.

El movimiento empujaba el nudo de John contra el cuerpo de Sherlock y provocaba un estremecimiento en todo el cuerpo del detective.

—¿Te gusta la sensación de mi nudo dentro de tú culo? —susurró John contra el oído de Sherlock y le mordió el otro hombro.

Sherlock gimió en respuesta y empujó a John más profundo, lo que obligó a su nudo a golpear más fuerte contra la entrada de Sherlock.

—Por favor… —suplicó Sherlock, y John no hubiese podido esperar aún si él hubiese querido, sus instintos Alfa se hicieron cargo de la situación ante el sonido de su Omega suplicando ser anudado.

John se retiró y se balanceó de golpe hacia el interior, con fuerza suficiente para empujar la base hinchada de su polla dentro del agujero de Sherlock. Él jadeaba debajo suyo, sus brazos flaquearon y Sherlock aterrizo sobre sus codos, inclinando la cabeza. John lamió la raya de su columna vertebral, luego, su lengua acaricio el pulso de Sherlock, el que siempre le hace retorcerse, y ésta vez no era la excepción. Sherlock se retorcía y apretaba la polla de John, enviando sacudidas de intenso placer a través de su cuerpo.

A continuación, John empujó su eje con poca profundidad, lo que hizo a Sherlock tardar un poco más en tomar su nudo, con menos resistencia cuando él salió y entró de nuevo. Sherlock se quejó en forma auténtica cuando el nudo de John abandonó su cuerpo y soltó un gemido profundo cuando lo sintió una vez más adentro de él.

John podía sentir el orgasmo construirse a su alrededor y entonces él se agachó, envolviendo una mano alrededor de la polla de Sherlock, pero sólo le tomó unas pocas caricias, antes que Sherlock se viniera por segunda vez en la noche; su culo convulsionando alrededor de la polla y el nudo de John. La sensación fue demasiada para John, quien culminó en el interior de su pareja.

Cuando John se movió para retirar las manos de Sherlock de sus caderas, éste le detuvo, le exigió quedarse, manteniendo sus cuerpos juntos, y, con una rapidez tan sorprende que incluso a él mismo le admiró, cambió sus posiciones y acomodó a Sherlock, sin separarse, de modo que ambos quedaran pecho a pecho.

La cabeza de Sherlock se dejó caer sobre el hombro de John y respiró el aroma de sus olores mezclados. John tiró de Sherlock acercándolo más, ansiando más contacto piel sobre piel, y Sherlock envolvió los brazos alrededor de su cuello, aferrándose con fuerza.

John le beso el cuello y le susurró a Sherlock un: «Te quiero», porque era cierto y no necesitaba escuchar al detective diciéndoselo de regreso, porque él sabía que el sentimiento era mutuo.

Sherlock se retiró un poco y sus ojos se encontraron, y John supo que él tenía razón. Sherlock cerró la distancia entre ambos y lo beso apasionadamente, y ese fue un momento perfecto, ya que también era únicamente de Sherlock.

Ellos se durmieron de esa forma, con los cuerpos anudados, pecho a pecho y muy saciados.

Sus siguientes casos se los hizo ganar, en su mayoría, la publicidad. Después que Scotland Yard recibiera información anónima, relativa a una pintura perdida hacia mucho tiempo de William Turner, las tareas de Greg les mantuvo ocupados con su recuperación.

Por qué Sherlock aceptó el caso, fue un misterio para John, no había nada, excepto por la denuncia anónima, pero de alguna forma al detective le intrigó lo suficiente como para justificar una aventura de dos semanas en Gran Bretaña, con investigación en los mercados negros y reuniones con la alta sociedad.

Ellos hicieron una huelga por el calor de Sherlock en algún lugar de Cardiff, lo que les costó dos días, que no contaron en la mente de John. Después de todo, era sólo una pintura.

Al final, descubrieron un gran círculo de traficantes que querían vender la pintura al mejor postor. Sherlock dedujo que la denuncia anónima se debía a un postor en la subasta que había perdido ante alguien que estaba dispuesto a gastar más.

Sherlock estaba vibrando de energía cuando él y John regresaron la pintura, después que los delincuentes hubieran sido noqueados y obligados a desmontar la tubería del sótano de un viejo almacén, porqué, naturalmente, los contrabandistas eligieron un viejo almacén, John reflexionó con una sonrisa.

—Esto es exquisito —susurró Sherlock mientras sus ojos rastrillaban el lienzo. Para John se veía como la escena de una película de piratas. Un grupo de personas estaban atacando un barco, cortando las gargantas de otros hombres, mientras que el sol se ahogaba bajo un rojo cielo sangriento. Todo se había convertido en algo extraño, que parece enfatizar más el paisaje que a los personajes.

—¿Qué es eso? —le preguntó John finalmente. Él nunca había puesto mucha atención en el arte y no podía distinguir entre el expresionismo y el romanticismo.

—Omegas Nacientes. Se creía que había sido destruida por el gobierno después que Turner la presentó, ya que demuestra esclavos Omega rebelándose contra el dominio británico. Al parecer, alguien la salvó y la escondió durante casi 200 años.

—Así que, ¿por eso querían venderla ahora? ¿Con las nuevas leyes y todo eso?

—Obviamente. Si eran detectados, no habrían tenido que temer a la horca por traición.

Los ojos de Sherlock todavía estaban en la pintura, por lo que John cogió su móvil para darle la buena noticia a Greg.

Cuando la reacción de los medios finalmente se apagó, John estuvo increíblemente aliviado. Más de una vez en las últimas semanas había deseado encontrar una manera de volver el tiempo atrás y detener a Sherlock para que no se hiciera cargo de ese caso.

El Alfa y El Omega. John Watson y Sherlock Holmes, encontraron una pieza perdida del arte Reformista, fue el tema de todos los periódicos y de todas las entrevistas, durante al menos dos semanas seguidas, y luego, hace unos días atrás, lo regresaron otra vez al Tate Britain1, quienes le habían puesto en presentación para que los turistas le admirasen. Por supuesto, con fuertes medidas de seguridad en todo el lugar, ya que los tradicionalistas fundamentalistas todavía abundaban en todo Londres, y ellos podrían tratar de unir fuerza y enviar un mensaje para que robasen o destruyesen esa pintura.

Sherlock era siempre el héroe cuando se exponía ante el ojo del público, e incluso le pedían autógrafos a John cuando él iba a la tienda de comestibles.

—¿Por qué no aprovechar los beneficios? —le cuestionó Greg esa noche. El ID se encontraba con un muy buen estado de ánimo, ya que Judy había limpiado el asunto de su affaire y le había pedido perdón, perdón que él concedió—. Vayan a un par de Shows, den entrevistas, cojan algo de dinero en efectivo. Apuesto a que ellos ya les ofrecieron un poco.

John se estremeció ante la idea.

—Yo soy un soldado, Greg, no un político. Y Sherlock no será molestado por cosas tan tediosas como entrevistas.

—Bueno, suerte para mí, ¿entonces eso no será? Tenía miedo que me dejaran resolviendo mis casos solo, y empezaran a atender a todos aquellos que les ofrecieran mucho dinero por su ayuda.

—Eso nunca ocurriría, por lo menos, siempre y cuando sus problemas no sean más fascinantes.

—Salud a los criminales de Londres, por su innovación, ¿correcto? —bromeó Greg, alzó su pinta y tintineó sus vasos.

Después de que ellos resolvieran su siguiente gran caso, Sherlock estaba tan eufórico que empujó a John contra la puerta de su apartamento devorándole la boca, para luego procede a arrancarle la ropa con una velocidad asombrosa.

Él empujo a John sobre el sillón, que era de acceso más fácil que el sofá y se subió a su regazo inmediatamente. Ambos ya estaban desnudos y duros, y John podía oler el aroma del húmedo agujero de Sherlock.

Lo siguiente que John supo fue que Sherlock se hundía en su polla, tomándolo sin preparación alguna, sólo la humedad proporcionada por su cuerpo facilitaba el camino. Sherlock se mordió el labio inferior y John le tironeó hacia abajo para poder lamer su boca.

Él dejó que Sherlock marcará el ritmo, el cual era brutal. Sherlock era una vestía salvaje encima de él, echando la cabeza hacia atrás y dejando que la adrenalina del caso trabajara de una manera que dejó sin aliento a John; con sus dedos clavándose en los apoyabrazos.

John oyó débilmente el timbre del móvil de Sherlock, pero ninguno de los dos se preocupó, no con John inclinando las caderas y haciendo que su polla golpeara la próstata de Sherlock con cada movimiento.

El teléfono de John continuaba sonando y ellos lo continuaban ignorando igual de bien; el dudaba que Sherlock siquiera percibiera el ruido en el estado en que estaba, hermoso, salvaje e increíblemente erótico.

John cogió la erección de Sherlock al tiempo que embestía al Omega y pronto Sherlock no podía decidir si joderse en la polla de John o empujarse en su mano, por lo que John se incorporó y tomó el control, empujando a Sherlock hacia arriba, manteniendo el ángulo y aumentó del ritmo de su mano, y en cuestión de minutos, Sherlock arqueó la espalda y se derramó manchando todo el pecho de John.

Sherlock era coherente incluso después del coito, él nunca permitía que sus movimientos vacilaran. Se inclinó hacia adelante, lamiendo su propia semilla del pecho de John, mirándole a través de sus largas y tupidas pestañas.

Eso fue todo, John se vino, derramándose dentro del cuerpo de Sherlock. Él se centró en mantener su nudo abajo, mientras Sherlock se desplomaba encima de él, jadeando.

Entonces, el timbre de la puerta sonó.

—¡Largó! —gritó Sherlock.

—No te puede oír desde la planta baja... —John hizo la observación, pero Sherlock resopló burlándose.

De repente, se oyeron voces. La Mrs. Hudson les debía haber abierto la puerta y, antes que John y Sherlock se pudiera mover, John identificó el sonido de los pasos de Greg afuera de la puerta.

—¡Greg, no entres! —dijo John en voz alta, con la esperanza que Greg los fuera a escuchar.

Los pasos se detuvieron en la parte superior de la escalera.

—¿Quiero saber por qué?

—Porque acabamos de concluir con nuestras actividades carnales y carecemos de la suficiente ropa para recibir a algún miembro respetable del Yard's en nuestro piso —explicó Sherlock en voz alta.

Alguien se rió en el exterior.

—Mierda, no está solo —gimió John, enterrando su cabeza en el hombro de Sherlock.

—Podrían, por favor, uhm, ¿ponerse ropa decente para la situación y abrir la puerta de una vez? Es muy urgente.

—¡Danos un minuto! —John volvió a gritar.

—¿Por qué no pueden simplemente desaparecer? —preguntó Sherlock, sonando como un niño caprichoso y no como un detective adulto, con un cociente intelectual de más de 150.

—Porque hay un caso que necesitan a su prometedor héroe, así que dejanos subir ahora.

—Imagínate si me hubieras anudada. Habían estado ahí fuera, como unos idiotas, durante treinta minutos.

John se río ante la idea.

—Estoy seguro que la señora Hudson les habría hecho té —Entonces él levantó una ceja expectante hacia Sherlock que todavía estaba encima de suyo, con la polla de John todavía adentro.

—Yo no quiero que suban —explicó Sherlock—. ¿No me puedes anudar ahora, y les damos una excusa?

—¡Escucharnos eso! —La voz de Donovan entró por la puerta y ambos cerraron los ojos por un segundo antes de echarse a reír.

Ellos se tomaron su tiempo hasta que se calmaron de nuevo y luego se siguieron riendo.

—Sherlock, un agente del gobierno ha sido parcialmente despellejado. Te necesitamos allí tan pronto como sea posible.

El comentario de Greg recibió la reacción deseada. Sherlock se aquietó, recomponiendo la sobriedad en un abrir y cerrar de ojos, y luego de aquello, John se colocó sus pantalones en un tiempo récord. John acababa de cerrar el cinturón, pero sin colocarse aún su camisa cuando Sherlock les abrió la puerta con un suave: —Ahora, ¿por qué no pudiste lidiar con eso?

Donovan levantó una ceja agradecido cuando alcanza a ver el pecho y los abdominales desnudos de John.

—Donovan, por favor, no te comas con los ojos a mi pareja. Y, sí, puedes estar seguro que el sexo fue espectacular.

John balbuceó, ruborizándose, y recuperó su camisa lo más rápido que pudo del suelo.

Greg hizo una mueca y cerró los ojos. Donovan sonreía, en absoluto silencio.

John terminó de abotonarse la camisa, y menos enrojecido, dio unos pasos más cerca.

—Así pues, ahora, ¿cuál es el problema?

—Un hombre con la piel pelada de su brazo derecho, ese es el problema. Tomen sus abrigos y vengan —Greg esperó un gesto afirmativo por parte de John y bajó las escaleras de regreso. Donovan se resistió a marcharse hasta que Sherlock gruñó y lo echó por la puerta, con el abrigo en la mano.

John se tomó un momento para procesar, cómo es que esa se había convertido en su vida y le siguió obediente.

Greg les llevó a la planta superior de un edificio de oficinas con vistas al Támesis. Los tres pisos superiores se encontraban en construcción, lo que explicaba por qué el cuerpo sólo se había encontrado hasta hoy, la noche del martes, por el guardia de seguridad que se había tomado el tiempo de barrer todo el edificio.

—Los trabajadores de la construcción actualmente se encuentran en dos plantas, por debajo de éste, por eso nadie encontró el cuerpo —explicó Greg, mientras los llevaba alrededor de un pilar.

John vio a Sherlock abrir la boca, probablemente para discutir con la suposición de Greg, sin embargo, las palabras murieron en su garganta cuando él logró vislumbrar qué era exactamente lo que Greg entienda por pelado.

La víctima estaba atada a una silla quirúrgica con soportes especiales para los brazos y las piernas. El hombre, un Alfa, estaba desnudo y ensangrentado, pero lo peor se veía en su brazo derecho que estaba sin nada de piel desde las yemas de los dedos hasta el hombro.

Parecía algo salido de una exposición de Body Worlds, al que John nunca había vuelto a visitar, desde que había visto su justa medida de entrañas de personas entre Afganistán y la Revolución.

Como era de esperarse, Sherlock estaba mirando al cuerpo con asombro y perspectiva, haciendo círculos alrededor del cadáver para hacer un balance, un momento antes de girarse y observar ha Greg con expectación. Los labios de Sherlock amenazaban con curvarse en una sonrisa y John, aún tenía la esperanza que todos mantuviera la cordura, lo cual era algo que no iba a suceder.

—James Sterling, de 43 años, Alfa, agente del gobierno. Tenemos problemas para recibir más información sobre él, o cuanto es que él ha estado ausente, pero con Anderson estimamos que el momento de la muerte se produjo alrededor de 24 horas.

—¿Causa de la muerte? —le preguntó John.

—¿No es obvio? —le preguntó Donovan de nuevo, con su rostro más bien verde.

—No precisamente —le dijo John y dio unos pasos más cerca, inspeccionando las incisiones, las abrazaderas que suprimían el flujo sanguíneo, la gran cantidad de heridas en el cuerpo. —. El que hizo esto tiene entrenamiento médico, el asesino tuvo mucho cuidado que la víctima no muriera al extirpar la piel.

Sherlock no decía nada, pero sus ojos brillaban con una alabanza.

—Tengo que estar de acuerdo —Anderson en su forma por completo de forense, apareció detrás de otro de los pilares—. El revestimiento del esófago de la víctima está dañado y tiene especiales moretones alrededor de la zona del estómago.

Sherlock entornó los ojos ante el oficial, como si lo viera por primera vez.

—¿Estás de hecho sugiriendo que el hombre ha sido torturado por medio de una cura de agua, Anderson?

—Obviamente —regresó Anderson la mordida, con una sorprendentemente y precisa imitación de la natural frase de Sherlock.

—¿Cura de agua? —preguntó Greg, mirando de Sherlock a su oficial y de su oficial a John, quien fue voluntario para una explicación.

—La ingestión forzada de grandes cantidades de agua. Los moretones significan que el atacante lo golpeó en torno a esa área para asegurarse que vomitara el agua. Vi un caso en Afganistán, el soldado estaba sano, pero la cura de agua, confundió el equilibrio de sus electrolitos y le costó la vida, no teníamos los medicamentos suficientes para tratar el problema, pero, incluso si los hubiésemos tenido, para ese entonces habría muerto de cualquier manera.

El silencio cayó, sólo era interrumpido por el sonido de los pasos de Sherlock mientras inspeccionaba la habitación y el cuerpo.

—Cristo, ¿por qué los asesinos no utilizan únicamente una maldita arma? —gimió Greg, sacudiendo la cabeza.

—Debido a que éste asesino en particular, tenía una relación personal con la víctima o al menos lo había hecho —Les suministros Sherlock, probablemente sin llegar a comprender que esa era una pregunta retórica, o simplemente ignorándole.

—¿Qué quieres decir?

—Uno: esto llevó un gran preparativo, no sólo para buscar una ubicación y recoger el equipo quirúrgico que habría sido necesario. Dos: el asesino se centró en el brazo derecho y el hombro por algún motivo. Tres: que podría haber sido sexualmente motivado, ya que el Alfa se ha visto obligado a mantener su nudo, después de eso el asesino ajustó un anillo erector alrededor de su pene, manteniendo tanto el nudo, como la erección, lo que debió haber sido muy doloroso para el individuo.

—¿Las teorías?

Sherlock miró a la cara de la víctima.

—¿Dijiste que él era un agente del gobierno, pero no recibiste más información sobre su trabajo? —Greg asintió—. Dudo que recibas algo sustancial, porque probablemente él sea del S.I.S.

—¿Qué?

Antes que Sherlock pudiera sumergirse en su monólogo condescendiente sobre cómo dedujo ese detalle en particular, John le preguntó a Greg sobre las identificaciones de la víctima. El ID le entregó una bolsa con las pruebas y John resopló.

—Su identificación dice: Universal Exports. Él no es simplemente del S.I.S. más bien es del MI6.

—Y tú, ¿cómo sabes eso? —Las cejas de Donovan amenazaban con desaparecer debajo de la línea de su cabello.

John le regresó la evidencia a Greg.

—Trabaje en asuntos militares. Uno aprende un par de cosas sobre cómo funciona el S.I.S.

—No hay que olvidar el hecho que Bhabha te pidió que te unieras a ellos —añadió Sherlock con una sonrisa.

Los ojos de Greg se ensancharon y John intentó comunicar que no estaba en libertad de decirle a su amigo algo al respecto y que Sherlock, era un hijo de puta, por mencionarlo aquello en esa reunión en particular.

El ID negó con la cabeza y suspiró.

—Así que, ¿tenemos un agente del MI6 muerto, del cual no vamos a conseguir nada en concreto, y que ha sido torturado y desollado como parte de lo que fue una venganza?

—Por lo que parece hasta ahora —afirmó Sherlock. John podía decir por la excitada tensión del cuerpo de su pareja que ése sería un caso duro de roer.

—Bueno, ahora mismo te puedo decir que no vamos a conseguir nada más de información sobre los empleados del S.I.S; no sé si voy a conseguir los canales apropiados —Greg miró fijamente a John.

Por supuesto que el servicio secreto iba a negar toda relación con James Sterling (si ese era su verdadero nombre), después de su muerte y no va a hacer ninguna diferencia por el pedido de un simple pero reconocido ID. Sin embargo, John Watson, podía.

—Vamos a hacer unas visitas mañana —John estuvo de acuerdo y arrastró a Sherlock con él, dado que se necesitaban los resultados de la autopsia tan pronto como fuera posible, y todo lo que Sherlock lograría, seria retrasar el proceso.

Sherlock se invitó a sí mismo al largo viaje de Greg y John a la sede del MI6, y sólo tardaron una hora y media para que les permitieran entrar a la oficina de la mujer a cargo, la que parecía profundamente conmovida por la muerte de su agente, según las deducciones de Sherlock.

Ella estaba de acuerdo con que el MI6 le proporcionaría una versión ligeramente menos censurada de los archivos clasificados sobre James Sterling, siempre que el caso permaneciera en absoluto secreto y esa página nunca viera la luz del sol, y siempre y cuando, el Met no recibiera copias de los archivos.

Sherlock estaba lo suficientemente molesto durante el viaje en taxi de regreso al piso, en el que ellos hicieron frente a los archivos. Horas después, y un montón de insultos de por medio, a los párrafos ennegrecidos, ellos tenían varias pistas que implicaban sobre todo a los familiares de los delincuentes eliminados por James Sterling en la línea del deber.

Era tarde, pero ellos salieron de nuevo para el Met, pero antes presentaron su hallazgo a Greg y recuperaron los resultados de la autopsia.

Richard Lubitsch era un agente competente y un adversario mortal. Es decir, si no estaba muy intoxicado después de salir de la fiesta de cumpleaños de su hermano.

Bueno, eso era lo que él se dijo más tarde, cuando su dignidad estaba frente a la acera, donde un matón lo había empujado.

Él vivía a sólo unas calles de su hermano, por lo que, naturalmente, él caminó a casa en lugar de parar un taxi. Él todavía podía caminar, y resulto que también podía romperle la nariz a alguien que lo atacara por la espalda.

Sin embargo, eso no limitó sus capacidades la noche que su atacante lo golpeó contra una pared, presionando el frío cañón de una pistola contra su cabeza. Lubitsch, esperó a que el hombre (alto, musculoso, Beta, de ropa negra y gafas de sol) le dijera qué quería de él.

Un momento después, cuando él estuvo seguro que el agente no se defendería más, se acercó más y le susurró al oído: —Tengo un mensaje para John Watson. Si él quiere encontrar a su hermana, tiene que ir a la Guarida de la Desigualdad en Peckham. Pero no lo deberán reconocer cuando esté ahí.

El matón lo empujó al suelo y salió corriendo antes que Lubitsch tuviera la oportunidad de levantarse y recuperar el equilibrio. En el momento que él estuvo listo para ir detrás de su atacante, éste ya estaba fuera de su campo de visión.