QUEDATE O DEJAME

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Había pasado ya una semana desde que no había visto ni oído nada sobre Ranma. No salía de casa de Kenjio, aunque él me animaba para que lo acompañara de compras para llenar su nevera. Pero no tenía ánimos de salir. Permanecía en el sillón arropada mientras pasaban unas películas en un canal x. ya había dejado de llorar hace tres días, creo que porque las lágrimas se secaron y ya no tenía. Estaba tumbada de lado observando la televisión, Kenjio no estaba. Pero para mi gusto, había llenado la nevera. Sabía que él no era muy sabio respecto a la convivencia, en la nevera había comida poco saludable. Ninguno de los dos cocinaba pero en ocasiones hacia el esfuerzo. Convivir con él, no era del todo malo, nos dábamos nuestro espacio y solo hablábamos cuando necesitábamos hacerlo. Le había contado al día siguiente de terminar con Ranma lo que había pasado en la casa de los espejos. El pareció sorprendido y tomo apunte de las características de la mujer que había visto.

Había estado tomando frecuentemente mis pastillas para dormir, lo que me hacía estar todo el día grogui. No había visto mi teléfono en lo absoluto, había ocupado el de Kenjio para hablar con mi padre y mis hermanas. Todos estaban bien, gracias a Dios. Tenía muchas ganas de llamar a Ranma y saber cómo estaba, pero sabía que estaba mal hacerlo. No quería escuchar su voz porque me derrumbaría. Lo extrañaba tanto.

Le había quitado la batería a mi teléfono y había evitado revisar mi página social. Me senté cansada de estar deprimida. Me dirigí al baño y me duche, sintiendo el agua caliente rodar por mi cuerpo, las heridas ya habían sanado, pero eran un cruel recordatorio de que algo peor les podía pasar a las personas que amaba. Me miré en el espejo, pase la mano quitando el vapor para ver bien mi rostro. Estaba demacrado, las ojeras surcaban mis ojos, mis labios estaban pálidos al igual que mi cara. Mi cabello estaba cada vez más largo. No merecía nada, no merecía el apoyo de nadie. Ni siquiera merecía el de Kenjio, pero ahí estaba, cuidándome, aunque no me hablara mucho. Era un poco frio conmigo pero a veces, se mostraba afectuoso y comprensivo. Sentí una rabia aflorar desde lo más profundo de mí ser, hacia mí misma ¿Qué había hecho? No lo sabía, pero algo malo tuvo que haber sido. De reojo vi unas tijeras sobre la vitrina. Las tomé. Respiré hondo, tomé un mechón de cabello, me miré con rabia, y lo corte. Sobre los hombros. Solté un sollozo y tome otro mechón y lo corte. Corte mi cabello hasta los hombros. Estaba desigual. Inmediatamente me arrepentí de lo que había hecho ¿a qué se debía ese arranque de odio a mí misma? Tal vez porque lastime a Ranma, porque me aleje de todos, porque mamá ya no está.

Recordé cuando Nabiki cortaba su cabello ella misma y en una ocasión me enseño hacerlo con mi cabello. Entonces tratando de vivir ese momento de nuevo. Lo hice, no estaba tan perfecto pero ahora tenía el cabello corto. Pero no se me veía tan mal. Suspire y seque mis lágrimas.

Al salir del baño me topé con Kenjio, este me miraba asombrado y luego se acercó a mí.

-¿Qué… que hiciste? – tomo un mechón de ahora mi cabello corto. Sonreí pero mi sonrisa no llego a mis ojos.

-¿No te gusta? –

-No se te ve mal pero, ¿Por qué lo hiciste? – se alejó y me contemplo.

-No lo sé, estaba aburrida – me encogí de hombros. El negó con la cabeza y soltó un suspiro.

-Bien, no quiero sonar como tu padre pero, creo que es mejor que vuelvas a la escuela. Esta mal que te quedes aquí y no te preocupes yo te iré a dejar y te iré a ver, me aseguraré de la seguridad en el interior, tendré mi gente vigilándote – se paseó por la cocina y me miraba de soslayo.

Me arrime a la pared cansada, estaba cansada de todo - ¿Hasta cuándo durará esto? ¿Por qué nunca me cuentas cómo va la investigación? – mis preguntas sonaron a reproche. El tenso su mandíbula y dirigió su mirada verde hacia mí.

-No quiero que te lastimes más con esto. Te lo aseguro, todo va bien. Mira cómo te pusiste por lo de Ranma, no pienso atormentarte más – al mencionar su nombre, mi cuerpo se crispó. Trague fuerte y rogué porque mis ojos no se nublaran.

-Tengo derecho a saberlo, es sobre mi vida que estamos hablando – me acerque al mesón de mármol oscuro, me senté en una butaca y lo miraba paseándose por la cocina buscando algo que hacer, estaba tenso.

Soltó un suspiro, se agarró del mesón dándome la espalda. Su espalda era ancha y bien trabajada. Estaba con una camisa blanca de mangas largas, las mangas arremangadas hasta sus codos y un pantalón oscuro. Se volteó y se arrimó al mesón, se cruzó de brazos y me examino detenidamente.

-¿De verdad quieres saberlo? – asentí dudosa, pero necesitaba saber todo lo que estaba pasando.

-Bien, pero si te cuento tendrás que hacer algo por mí –

-¿Qué? – mi boca estaba seca.

-Tendrás que regresar a la escuela. Akane, me deprimes a mí también, pareces fantasma deambulando por mi casa, me… asusta – su tono no me gusto, pero cada vez que me hablaba así, no podía evitar reír.

-No quiero volver a la escuela, no puedo… - no termine la frase, pero el sabia a lo que me refería.

-Akane, el tiempo que te llevo conociendo, me he dado cuento lo valiente y sensible que eres. Imagínate esto como una prueba, tienes que ser fuerte. Además, tienes que ir a clases si no quieres perder el año. Falta poco – dijo sin moverse de su puesto.

Solté un suspiro, el miedo invadió mis huesos. Tendría que volver a ver a Ranma, no estaba preparada para enfrentarlo ¿me odiaba? Seguramente. Seguramente está saliendo con alguien más, para olvidarme, o seguramente se había dado cuenta que estar conmigo era perder el tiempo y poner en riesgo su vida.

-De acuerdo – dije no muy segura de mis palabras. Sería como el primer día de clases, evitaría hablar con alguien. Evitaría a toda costa estar cerca de Ranma. Aunque en el fondo, quería verlo.

-¿prometido? – se acercó a mí y alzo su dedo meñique. Lo miré arqueando la ceja y lo prometimos enlazando nuestros dedos. Se alejó un poco y abrió la nevera tomando una lata de cerveza y a mí me paso un jugo.

-¿Y bien? Cuéntamelo todo – dije tomando un sorbo de juego de naranja.

-Bien, estamos trabajando arduamente – soltó el aire, parecía cansado. Pero no dejaba que eso afectara su aspecto de chico bonito – Hay pistas que nos han llevado fuera del país, pero también tenemos la sospecha de que se trata de una organización muy peligrosa, no sé si has oído hablar de los camorra

-¿Camorra? ¿Qué es eso? – lleve mis dedos a los labios sintiendo el sabor de la naranja.

-Bueno, es una organización muy peligrosa, trabajan para los más grandes empresarios, gente muy importante y de mucho dinero. Se generaron en China, pero hay grupos esparcidos por toda Asia, estuvimos examinando las huellas dactilares del teléfono que te mostré en una ocasión, tardaron semanas en hallar algo – tomó un sorbo de cerveza y se inclinó hacia donde yo estaba – pero al final dimos con la identidad de uno de los miembros, que ahora está muerto.

-El que hizo que… - no termine de hablar. Kenjio asintió con la cabeza. Sentí náuseas y la bilis subía por mi pecho - ¿Por qué murió? –

-Estábamos buscándolo, lo rastreamos como aguja en un pajar. Y cuando lo encontramos, estaba muerto, con un signo marcado en su pecho. Esto es lo interesante, se dice que esa organización trabaja con magia negra – soltó una risa y negó con la cabeza – suena absurdo, pero todos piensan eso. Yo no lo creo, creo que son muy listos. El caso es, que son muy peligrosos, y no puedo perderte de vista. No sé qué es lo que quieren, pero no lo obtendrán.

-Dios…- susurré ¿magia negra? Eso explicaría como la mujer había desaparecido rápidamente de mi vista. No, esto era algo ilógico. Pero, ¿Qué diablos querían de mí? Trate de pensar en alguna cosa, algún detalle de mi vida, pero nada me venía a la mente.

-Mañana te iré a dejar y te iré a recoger, no queremos privarte de tu libertad, pero por el momento, seré tu sombra – en sus ojos había promesa. Asentí suavemente con la cabeza, por un momento me sentí sonrojada por su intensa mirada. Aparte mi vista de él y también se apartó –Voy a salir – arrojo la lata a la basura.

-Pero… pero si recién llegas – lo seguí con la mirada. Él me sonrió desde la puerta.

-Soy un chico ocupado. Por cierto, tengo contadas las latas en la nevera. No te portes mal – puse los ojos en blanco y el rió y enseguida se fue.

No me preocupaba quedarme sola, era una villa segura. No dejaban entrar a nadie a menos que tuvieran la autorización de alguien de adentro, y tenían tus documentos hasta que salieras, además, revisaban el coche antes de dejarlo entrar. También había muchos guardias custodiando. Me dirigí al sillón, estaba nerviosa, mañana iría a la escuela. No quería ni imaginarme como sería, sería como la chica nueva. No quería pensar en Ranma, tendría que actuar como si no lo conociera, sabía que sería muy difícil pero tenía que hacerlo. Vamos, era buena en aparentar y aislarme de los demás.

A la mañana siguiente mi corazón martillaba dentro de mi pecho. Me respiración era irregular, las manos me sudaban frías. Kenjio tarareaba una canción en la radio, tenía ganas de apagarla, estaba demasiado nerviosa. Había perdido muchos días de clases. Deje mi celular en casa de Kenjio, no tenía ánimos de tenerlo. Pero, a cambio Kenjio me presto su reproductor de música, sería me medio de escape. Me gustaban algunas de sus canciones. Al llegar a la escuela, mi cuerpo se crispó. Solté aire, todo el aire que venía reteniendo desde que salimos de casa. Los alumnos entraban a la escuela. Traté de no mirar el estacionamiento para estudiantes, pero era muy tarde, había visto el auto de Ranma.

-Estarás bien ¿quieres que te acompañe a tu salón? – preguntó. Yo negué rápidamente con la cabeza.

-Estoy bien, gracias – abrí la puerta del coche.

-Oye, por cierto, te ves bien con el cabello así – me sonrió amable. Yo le devolví una sonrisa forzosa y asentí. Me puse los audífonos y subí al máximo el volumen. Y camine mirando al suelo, directo al salón, sin ver a nadie.

No sabía si era mi imaginación, pero podía sentir las miradas sobre mí. Tenía muchas ganas de retroceder y correr hacia el carro de Kenjio. Pero no podía, tenía que hacerlo. Suspiré. Esto lo hacía por Ranma, lo hacía por mis amigos. No podía estar cerca de ellos, no ahora. Sentí mis ojos nublándose pero rápidamente los seque. La presión en mi pecho era fuerte, la tristeza era igual. Gracias a la música no podía escuchar ningún ruido más. Subí rápidamente al salón, eran tanto los nervios y la tristeza que sentía que me desmayaba, me sentía mareada y con nauseas. Para mi suerte nadie preguntaría porque había faltado tanto tiempo, ya que Kenjio se encargó de todo en secretaria. Camine lentamente hasta el último asiento del salón, nadie se sentaba allí. No miré a nadie pero pude sentir miles de miradas clavándose. No preste atención y me concentre en la letra de la canción, era triste, genial. Mi corazón martillaba y más la canción, tenía ganas de llorar. Vi que el maestro comenzó hablar explicando la clase, había llegado justo a tiempo. Me quite los audífonos disimuladamente. Y me concentré en él. Lo que era peor, podía sentir la mirada de Ranma que hacía que toda la piel se me erizara.

Nadie trato de hablarme durante las clases, de todos modos no me fijaba en nadie, no quería ver a nadie. Cuando sonó la campana para el descanso salí disparada hacia la azotea, necesitaba respirar. Llegue casi corriendo y caí de rodillas aferrando mis manos a la malla. Tomaba bocanadas de aire tratando de calmarme, todo el estrés acumulado hicieron que las lágrimas rodaran por mis mejillas.

-Akane – por poco me da un infarto al escuchar mi nombre. No me giré pero para mí alivio, era la voz de Ukyo. Pude sentir como se acomodó a mi lado. Permaneció en silencio hasta que pude calmarme. Me senté juntando las piernas y descansando la cabeza sobre mis rodillas. No podía enfrentarla.

Permanecimos en silencio por un buen rato – te vez delgada y… te cortaste el cabello – comentó, no notaba ningún ánimo en su voz ¿también me odiaba?

-No es fácil Ukyo, es mejor si te alejas de mi – murmure.

-¿Lo mismo le dijiste a Ranma? – sentí un dolor inmenso cuando escuche su nombre. Cerré los ojos exhausta, derrotada – El… el ya no es el mismo, esta tan, distante de nosotros. Es decir, está con nosotros pero al mismo tiempo no lo está, es tan triste.

No dije nada. Se sentía miserable como yo, pero la diferencia era que yo era aún más miserable, solté un suspiro y descanse mi cabeza en la malla.

-Es mejor así, es mejor… que este lejos de mí. El merece a alguien mejor – susurré.

-No seas tonta, ¿Vas a contarme que sucede? – la mire de lado, ella me observaba molesta, pero al mismo tiempo pude ver la preocupación en sus ojos.

Para que me entendiera y entendiera la magnitud de la situación le conté la historia, le conté sobre la muerte de mi mamá y le conté sobre cómo me estaban queriendo matar y junto a mí a mis seres queridos si no me alejaba de ellos. Le conté lo doloroso que había sido para mí terminar con Ranma, le dije lo desdichada y miserable que me sentía. Ella me escuchó atentamente, hasta nos habíamos saltado una hora de clases. Ya estaba cansada de llorar, las lágrimas no salían de mis ojos, estaba quedándome seca.

-Eres tan ingenua Akane. Bueno aunque todo esto es tan impresionante, no creí que estas cosas en realidad le sucedieran a las personas. Pero, en todo caso ¿No es eso lo que buscan? –

-¿Qué? – dije sin muchos ánimos.

-Eso es lo que quiere, me refiero, quien sea que te esté buscando, quiere que te aísles de todos, que te sientas sola y entonces podrá acabar contigo fácilmente – la mire incrédula y negué con la cabeza.

-Esto no es fácil Ukyo, no puedo permitirme que a ustedes les pase algo, no puedo… permitirme que a Ranma… - no pude terminar la frase tome aire – lo amo, por eso quiero que se mantenga alejado, me preocupo por el ¿no lo entiendes? – diablos quería que me entendiera.

Ella dejo caer su cuerpo a la malla. Miraba al cielo, también parecía triste.

-Shamppo está tratando de conquistar a Ranma, no solo ella. Muchas otras chicas, ya vieron cómo te trataba a ti y estaban con mucha envidia. Pero por suerte él no les presta atención. Akane… - me miro preocupada –Si sigues así, lo vas a perder. En mi opinión lo que necesitas ahora es su apoyo, más que a nada. Y no creas que nosotros te dejaremos solos, por más que nos trates como trapo y nos quieras echar de tu vida.

Pase mis brazos por mis costados, tratando de calmar el frio repentino.

-Prométeme que lo pensaras – Ukyo descanso su mano sobre mi hombro. No había nada que pensar, pero para que no se molestara tanto asentí con la cabeza.

Se puso de pie y me tendió la mano, se la agarré. Me empujó hacia ella y me abrazó. Sentir su abrazo hiso que todo mi ser temblara, me aferré a ella y lloré, todo está muy difícil para mí. Cargar con tanto peso, cargar con el amor de Ranma, mi conciencia gritándome que lo había lastimado, cargar con el peso de proteger a mi familia, los extrañaba tanto. Lloré por un rato, sin darnos cuenta solo nos quedaba una hora de clases y era gimnasia. Seque mis lágrimas, Ukyo me miro sonriendo y acaricio mi cabello.

-Oye, te queda bien – tomo mi mano – ven, tenemos que asistir por lo menos a esa clase.

-Gracias Ukyo, por, escucharme – limpie mi nariz y trate de sonreír. Ella asintió.

-Para eso estamos los amigos, eres muy importante para mí y para el resto, no lo olvides. Deja de echarte la culpa por todo, nosotros te queremos y sabemos que nada es culpa tuya –

Despacio nos dirigimos hacia el salón que estaba vacío ya que todos se fueron a los vestidores para la hora de gimnasia. Salimos de allí y nos cambiamos rápidamente. Al llegar a gimnasia todos nos miraron. Ukyo se dio cuenta de mi nerviosismo y me tomo de la mano y me llevo hacia donde estaban las chicas. Los chicos estaban del otro lado. Entonces mi mirada sin querer se cruzó con la de Ranma. Estaba a lado de Mousse, con los brazos descansando sobre sus rodillas. No pude ver a Ryoga por ningún lado, Ukyo me dijo que había pescado un resfriado. La mirada de Ranma era intensa, estaba cargada de dolor, de angustia, de… odio. No lo pude descifrar. Rápidamente quite la mirada y trate de no verlo por toda la clase. Tome una bocanada de aire para calmarme.

Hicimos ejercicios de precalentamiento y algunos otros que tenían más esfuerzo. Estábamos corriendo por la cancha, teníamos que dar un brinco sobre un trampolín y hacer una vuelta. Yo estaba exhausta, no me había alimentado bien en la semana, la depresión me había hecho un nudo en el estómago. Estaba sudando, podía sentir el desgaste físico, Ukyo se me acerco preguntándome si estaba bien a lo cual asentí con la cabeza mientras trataba de normalizar mi respiración. Había una fila de hombres y de mujeres. Yo le daba la espalda a la fila de los chicos. Me sentía agotada y débil, y algo mareada.

Casi faltaba poco para mi turno.

-Ranma no deja de mirarte – murmuro Ukyo cerca de mí – creo que viene hacia aquí –

-¿Qué? – un frio se apodero de mi cuerpo, los nervios. Todo estallo dentro de mí, iba a desmayarme, oh, no. me tambalee y tome el brazo de Ukyo. Ella dijo mi nombre y me agarró con fuerza – Sácame de aquí, no me… siento bien -

Sentí unas manos más grandes tomarme de la cintura y cargarme. Entonces vi los ojos de Ranma, sus intensos ojos azules odiándome. Escuche que hablaba con Ukyo pero sus voces eran lejanas. Había sucumbido a la oscuridad.

No sé cuánto tiempo había pasado. Desperté en una cama, seguramente la enfermería. Tantee a mi lado, parecía más grande la cama. Abrí mis ojos despacio. Oh, no. esto me era familiar. Me senté de golpe lo que provoco que mi vista se nublara y me tambaleara cayendo de nuevo.

-No te levantes – su voz me helo la piel. Me abrace a mí misma y di la vuelta quedando de lado dándole la espalda. Estaba en su casa, maldita sea.

-¿Qué hago aquí? – Susurré – Dile a Kenjio que venga por mí – no quería verlo, no podía. Trataba de controlar el miedo en mi voz.

-No, estas muy débil. Te quedaras aquí – paso su mano sobre mi frente – ¿en qué diablos estabas pensando? Voy a matar al maldito de Kenjio por no cuidarte.

-Oh, cierra la boca – no estaba de ánimos para hablar. Escuche su risa amarga.

-¿Desde cuándo no te alimentas bien? – no respondí, parecía enojado, es obvio. Me odiaba por lo que le había hecho – No me hagas perder la paciencia, Akane – dijo resoplando sobre sus dientes.

-No… te importa – me odiaba, odiaba cada palabra salida de mi boca. Pero esto era necesario, necesitaba alejarlo de mí. Ya vería yo como me iba a casa.

-Akane, no quiero pelear – dijo con la poca paciencia que le quedaba. Podía sentirlo en su voz.

-Entonces déjame ir – murmuré

-ven aquí – Dijo sin prestar atención a lo que había dicho, me tomo de los hombros y me sentó. Fue fácil para él, ya que mi cuerpo estaba débil y parecía un muñeco. Evite mirarlo a los ojos – te traje algo para que comas, y quiero que comas todo o ya verás ¿Entendiste?- su voz era firme.

-¿Quién eres tú para darme ordenes? –

-Yo… - cayó por un segundo – Cierto, no soy más tu novio, pero me importa un carajo. Comes y punto – suspiré, no quería mirarlo aun.

-Quiero irme de aquí – susurré sin mirarlo. Trate de salir de su cama pero él me retuvo.

Entonces lo miré, sus ojos, sus bellos ojos azules llenos de sufrimientos, cansancio, rabia, impotencia. Sus ojeras se notaban debajo de estos. Mi labio tembló y el me jaló y me abrazó fuerte. No pude evitar llorar en silencio, mi cuerpo temblaba, Dios, estar entre sus brazos, como lo extrañaba. Me abrazo con fuerza, enterrando su cara en mi cuello, y como ya no podía evitarlo más, lo rodee con mis brazos. Estuvimos abrazados, estuvo respirando mi aroma con fuerza, como si quisiera guardarlo en su memoria, lo mismo hice yo. Mientras las lágrimas no dejaban de salir.

-¿Por qué haces esto?... no te das cuenta de que te extraño – murmuro besando mi hombro. No dije nada, no podía decirle nada. Sus manos recorrían mi espalda mi entras me abrazaba.

-Ranma… ya basta… es hora de que me vaya – pedí en voz baja.

-No – dijo firmemente mientras me abrazaba más fuerte – No te dejaré ir, no puedo dejarte ir. Te amo, y no te vas. Esta semana ha sido… - soltó un gemido de dolor – siento que podría llegar a morir sin ti. No me hagas esto… no nos hagas esto.

-Lo siento… - murmuré. Esto es por ti Ranma, esto es por tu bien. No puedes estar cerca de mí, no ahora, yo soy muy peligrosa para ti. Eran palabras que quería decirle pero no salían de mi garganta.

-¿¡Porque te empeñas en hacerme daño!? ¿¡Con que maldito propósito!? – me soltó con rudeza y se levantó, respirando hondo, tratando de calmarse. Caminaba por la habitación tomando su cabello con fuerza, cerraba los ojos y aspiraba el aire.

Me levante de la cama rápidamente, para mi suerte, estaba con el uniforme. El vio que me levantaba y me alcanzó, impidiendo mi camino hacia la salida.

-Déjame pasar Ranma – dije tratando de controlar la rabia, el amor, la impotencia. Necesitaba salir de allí cuanto antes. Mi voluntad estaba a punto de flaquear.

-No hasta que me digas que diablos pasa contigo. Yo… juro que trato de comprender pero… – Sus hombros subían y bajaban, se pegó más a mi cuerpo. Entonces lo sentí, pude sentir la tensión sexual entre nosotros. Solté un jadeo y me aleje de el rápidamente antes de que me alcanzara.

-Ya te lo dije antes Ranma. No siento nada por ti, es mejor que me dejes ir, deja de hacerte daño – no era consciente de mis palabras, solo salían de mi boca.

-No te creo nada Akane. Tú me quieres lo sé, también me deseas, tu cuerpo te delata – estaba quieto, muy cerca de mi, pendiente de cualquier movimiento mío. Yo estaba casi pegada a la pared ¿Cómo podía huir de allí? Tenía ser que ser ruda con él.

-Estás loco, claro que no siento nada por ti ¿Qué no lo entiendes? Pensé que lo había dejado muy claro ese día, pensé que serias más inteligente y harías tu vida – brinque sobre la cama para huir de él. El salto para atraparme pero no me alcanzo corrí hasta llegar a la sala. El me tomo de la cintura y caímos al sillón.

Tenía todo su peso sobre mí. Aun me sentía débil, no podía sacármelo de encima.

-Quítate – estaba tratando de moverme, pero era imposible. Además, mi cuerpo comenzaba a traicionarme. Podía sentir su aliento cerca del mío, mezclándose. Cerré los ojos deseando no estar allí.

-Me hiciste daño, Akane. No tienes idea – sus manos alcanzaron las mías y las coloco encima de mi cabeza – Pero… hace falta más de eso para alejarme de tu lado. ya has hecho esto antes, estoy acostumbrado –

Sus labios rozaban los míos, podía sentir ese ardiente deseo de querer besarlo y olvidarme de todo. Sentí su roce, sus ojos intensos, inyectados de miles de sentimientos sobre mí.

-No sabes lo que dices – susurre sobre sus labios.

-¿Es que no entiendes que te necesito? – Mis ojos se llenaron de lágrimas.

Recordé aquella mujer que había dicho que si no me alejaba de ellos, los mataría. Temí por Ranma, temí por todos. Mi cuerpo tembló las lágrimas rodaban sobre mis costados. Esto era demasiado difícil, cerré los ojos y sentí como me beso lentamente, besos dulces, beso mis mejillas, beso mis ojos húmedos. No podía, no podía arriesgar su vida. Aunque lo amaba con locura, no podía hacerle esto. Prefería alejarlo por siempre de mí, a que llegara alguien y arrebatara su vida injustamente por mi culpa.

-Ranma, por favor… - solloce, mi voz sonaba suplicante. El me miro sorprendido, con miedo – Déjame ir… - susurre sin fuerzas.

Sin decir una palabra se levantó y se sentó en el otro extremo del sillón. Su rostro era un mar de tristeza y culpa, miedo y amor. Me levante lentamente. Limpie mis lágrimas. Me quedé de pie mirándolo, él tenía la mirada clavada en el suelo, parecía ido. Ausente de todo.

-Ranma… -

-Por favor no digas nada – me interrumpió. Levanto la mano y cerró los ojos – te llevaré a casa de Kenjio –

-No hace falta, puedo tomar un taxi – comencé a caminar a la salida. Pero enseguida me detuvo.

Me tomo del brazo y me dio la vuelta. Sus ojos estaban húmedos. Mi corazón dolía, dolía mucho. Lo había lastimado de nuevo, me sentía la mujer más miserable del mundo. Mordí mi labio con fuerza, lastimándome. Tomo mi mentón en sus manos, y alzo mi mirada. Se acercó a mí hasta que nuestros cuerpos rozaron.

-Déjame llevarte, hazlo por mí, por favor – susurró. Sus palabras dolían. Mis lágrimas seguían cayendo. Asentí con la cabeza, sus ojos seguían pendientes de mi - ¿Estos es lo que quieres Akane? ¿Ya no quieres una vida conmigo?

-Difícilmente… yo tengo una vida Ranma, lo sabes – mis palabras sonaban muertas. El arrugo el entrecejo y acaricio mi rostro.

-Las cosas nunca son fáciles Akane. Pero, se y… estoy seguro de que te amo, y que cualquier esfuerzo que hagas para apartarme de ti será inútil. Porque, aunque no estemos juntos – suspiró – tú tienes mi corazón.

Cerré los ojos, Dios, como amaba a este hombre. Acercó su rostro al mío. Estábamos a escasos centímetros.

-Ranma… - susurré

-Dime Akane, esto… este sufrimiento ¿Esta bien para ti? ¿Vale la pena? ¿Es lo que quieres? Dímelo, y respetaré tu decisión, jamás te molestaré de nuevo o volveré hablarte a menos que tú quieras – tomo mi nuca y acerco nuestras frentes. Mi cuerpo temblaba, lleno de amor, lleno de miedo – Dime… dime que quieres estar conmigo, y… en este momento te besaré y no te soltaré jamás, ni aunque tú me lo pidas. Y te protegeré con mi vida ¿me oíste? – gruño entre dientes. Mi cuerpo todo mi cuerpo tembló antes sus palabras, anhelantes de deseo.

No podía hablar, estaba conmocionada. Cerré mis ojos, tenía que tomar una decisión. Ranma seco mis lágrimas, nuestros labios se rozaban, pero no se tocaban. Estaba pidiéndome que me quede, estaba aceptando que lo deje. Mi corazón estaba roto, el suyo también. No sabía que hacer, no sabía que decidir.

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Hola a todos los que me leen. Y mandarles un saludo y un beso grande, leí todos sus comentarios y aunque no pueda contestarlos todos, sepan que algunos me hicieron sonrier mucho. Se que una lectora dijo que era una asesina de lectores asi que le pido por favor que no me odie hahaha. Se que el cap anterior estuvo un poco triste, pero como saben, en una historia siempre pasan muchas cosas pero el final siempre es feliz.

Un beso enorme y los quiero!