Hola amigos, se que ha pasado mucho tiempo, pero mucho tiempo desde la ultima vez que subi un capitulo. Pero, aquí estoy de vuelta. Como sabran, en mi país hubo un terremoto y justamente fue donde yo vivo pero gracias a Dios todos estamos bien, lastimosamente algunas personas resultaron afectadas. Muchas personas murieron en Manabí la zona del epicentro y bueno, pasamos por muchos momentos difícil, pero estamos saliendo adelante.
Quiero agradecerles por sus comentarios y sin mas les dejo este capitulo. El ultimo para suerte. Espero que les guste y pronto volveré con mas, de la segunda parte.
-UN ULTIMO ADIOS-
Mi cuerpo estaba agotado, mi pecho ardía como si miles de agujas quemaran y agujeraran en su interior. Ya estaba haciéndose de noche y el turno de Toya era el siguiente según mis cálculos. Traté de estirar mis pies, pero estaban amarrados, no podía soltarme fácilmente y la incomodidad era cada vez más insoportable. Agito mi cabeza tratando de aclarar mis ideas, tratando de tomar el aire necesario para mi cuerpo, tratando de sentirme mejor.
Extraño a Ranma…
No sé cuánto tiempo ha pasado, mis manos están dormidas, siento como la corriente corre por mis brazos. La puerta se abre lentamente. Toya entra, con su sonrisa pícara. El puede ser mi escape a la libertad. Al verme yo trato de sonreír pero es algo inútil, me siento débil.
-Oh nena, mira que han hecho contigo – suelta con una voz seductora y juguetona. Se aproxima hacia mi, me toma el rostro con sus dedos helados y lo levanta –Aun así, sigues siendo hermosa y… tentadora – susurra, trato de aguantar las ganas de vomitar.
Sonrío, el también lo hace.
-Es una lástima que me asesinen mañana – digo.
-¿Enserio? – parece sorprendido -Sí, una lástima – su dedo recorre el extremo de mi labio hasta mi sien – Les insistí en que te dejaran conmigo y que jugaran con tus recuerdos, pero la jefa suele ser algo necia. Hoy pareces de mejor humor preciosura.
Muerdo el interior de mi mejilla para evitar soltar alguna estupidez, no necesito eso ahora. Respiro hondo.
-Estoy a punto de morir, no tengo ganas de discutir con nadie –
-Oh, maldición nena, no juegues con mis emociones – hace un gesto de dolor sobre su pecho –No pongas esa carita. Dime, ¿Qué puedo hacer como último deseo?
Bingo.
Muerdo mi labio, hago todo el esfuerzo del mundo para sobrellevar esto. Alzo la mirada y lo miro intensamente. Parece que le gusta, sonríe y se acerca un poco más.
-Hace mucho tiempo que yo… - muerdo mi labio tratando de provocarlo. Su pecho sube y baja presa de la excitación. El estómago de nuevo se me revuelve pero trato de soportarlo.
-Oh, entiendo, claro… - siento su aliento golpear mi cara, es agrio, y un poco fuerte y también tiene rastros de licor. Cierro los ojos y siento el peso de su boca en la mía.
Trato de moverme pero mis manos siguen atadas. El ríe sobre mis labios y se separa.
-¿te portaras bien si te suelto las manos? – asiento con la cabeza. El se acerca mucho mas y sus manos desatan las cuerdas.
Siento gran alivio al estirar y girar mis muñecas. Suelto el aire y antes de seguir el me toma de las muñecas con una mano, es fuerte y estoy muy debil, con la otra saca un cuchillo que al parecer guardaba en su bota. Me mira sonriente y deja el arma en el suelo, lejos de mi.
-por si acaso – dice guiñándome el ojo.
Enseguida se inclina hacia mí y me besa de manera más ferviente. Cierro mis ojos fuertemente no voy vomitar, no voy a vomitar, no voy a vomitar. Su lengua busca la mía y su mano desocupada se presiona a mi pecho y lo masajea violentamente. Me siento sucia, asqueada. Quiero que esto pare.
-Voy hacerte sentir mucho más mujer de lo que te hiso sentir el imbécil de Saotome – gime sobre mi cuello.
Una lágrima resbala por mi mejilla al escuchar su nombre en estos momentos. La rabia y el asco se mezclan, con toda la fuerza que me sobra logro zafar mi mano de su agarre. Rápidamente me dirijo a su miembro y lo apretó con fuerza. El ahoga un grito y me mira con los ojos bien abiertos como plato.
Con mi otra mano golpeo su cuello y cae al suelo inconsciente, en una de mis practicas con Ryoga, me había dicho que si golpeaba el cuello de mi oponente lo noqueaba en el acto, algo que ya sabía pero nunca lo había puesto en práctica. No me había dado cuenta que había dejado de respirar hasta que lo vi en el suelo. Mi pecho subía y bajaba con violencia. Con las manos temblorosas me tire hacia el cuchillo, a pesar de los golpes logre desatarme las cuerdas que amarraban mis pies. Trataba de no hacer el mayor ruido posible, mi agitación y las lágrimas no me ayudaban mucho. Al levantarme caí al suelo de inmediato, mis pies estaban dormidos. Dolía tratar de despertarlos, pero aun así avance hasta la puerta, cogeando. La abrí un poco, estaba todo oscuro, no podía distinguir nada muy bien. Había varios contenedores alrededor, el suelo era de arena mojada y piedras, divise a varias personas rondando el lugar, eran tres en total. No había rastro de Kanna ni de Kenta. Salí despacio esperando que nadie me viera y me arrastre hasta llegar a la esquina del contenedor en donde estaba. Al ver una sombra quede sin aliento y me senté y apoye mi cuerpo lo más que pude al contenedor, mi respiración era agitada, mi boca estaba seca, tuve que tapar mi boca para evitar que saliera algún ruido de esta. Escuche los pasos acercándose.
Dios, si me descubren me matan…
No volveré a ver a Ranma…
No volveré a ver a mi familia…
Se aproximaba más. Cerré mis ojos rezando porque no me vieran.
-¡Saito! Ven aquí un momento – se escuchó la voz de otro hombre. Abrí mis ojos asustada, entonces los pasos que se aproximaban se fueron alejando.
Espere unos cinco segundos para voltear a mirar. No había nadie. Aproveché para correr hacia el otro contenedor, tenía que encontrar la salida. Asustada, mire a todos lados esperando que no me viera nadie. El espacio era algo abierto pero había varios contenedores. Tenia que estar en algún puerto o algo parecido. Mis pies ya no tocaban arena, ahora tocaban madera. Seguí mi corrida buscando alguna salida. Donde fuera, pero muy lejos de aquí.
A lo lejos pude divisar un puente que al parecer unía al puerto con una calle oscura, no venía muy bien en realidad ¿Dónde estoy? Algo desorientada me dirigí al puente, mis piernas dolían, los golpes que había recibido dolían, estaba desesperada por salir de ahí y encontrar a Ranma.
Había andamios cerca del puente, estaban construyendo algo. Un disparo me alerto, me agaché y mire hacia atrás. Había un hombre señalando a mi dirección. Oh no…
Corrí hacia los andamios y comencé a subir, mi mente no funcionaba con claridad, hubiera corrido hacia el puente pero mi cuerpo se dirigió a los andamios.
-¡Se escapa! ¡Llamen a Kanna! – escuche los gritos provenientes del tipo.
En mi desesperación pude ver un tubo de fierro en el suelo y lo tome, cualquiera que se acercara recibiría su merecido. Salte hacia el otro andamio, me sujete con fuerza ya que este se tambaleo.
Otro disparo se escuchó y esta vez choco con el andamio. No pude evitar soltar un chillido, de un salto llegue al suelo ya que este debido al impacto comenzó a tambalearse. Corrí y las pisadas del sujeto que venía de tras de mí se escuchaban más de cerca.
Estoy agotada, pero tengo que hacerlo, tengo que escapar
Me escondí de tras de un contenedor, y entonces, vi al sujeto correr en la oscuridad, pero antes de que se diera cuenta de que yo había dejado de correr para esconderme, lo golpee en la cabeza y en la espalda con todas mis fuerzas. El cayó aullando, tome su arma y seguí corriendo sin sentido, tenía que buscar cómo salir de aquí. ¡El puente!
Corrí hasta el puente esperando que él hubiera sido el único que me estuviera siguiendo, no tenía ganas de encontrarme a Kanna. Mucho menos a Cologne, tropecé varias veces pero llegue al puente. Comencé a escuchar los disparos de tras de mi. Mis ojos botaban lagrimas y estas se iban con el viento, no podía pensar, no podía parar, mis piernas no respondían.
un disparo y un dolor agudo taladraron mi cuerpo por completo. Caí al suelo y me levante de un salto agarrándome el brazo, me habían disparado y me habían dado. Sentía la sangre tipia correr por mi piel.
Al llegar al final del puente di la vuelta en un callejón oscuro y choque con alguien. Mi cuerpo tembló aún más, comencé a gritar y usé el arma para golpearlo.
-¡Akane detente! ¡Detente! ¡Soy yo! – la voz me traslado de la desesperación al alivio en un segundo.
-¡Kenjio! – lo abrace con todas mis fuerzas y lloré. El me metió en el callejón y nos escondimos de tras de los botes de basura. Estaba totalmente oscuro.
Los pasos ya no se oían, los había logrado despistar, pero teníamos que salir de ahí cuanto antes.
Kenjio tomo mi rostro entre sus manos y en medio de la oscuridad pude ver su mirada presa del pánico, alivio, desesperación, y algo más…
-No puedo creer que estés viva – murmuraba para el mismo. Toco mi rostro y acerco su frente a la mía.
Y algo que no me esperaba era que me besara, en los labios, un beso fuerte, un beso lleno de alivio. No sabía cómo reaccionar, estaba demasiado atormentada en este momento. Bajo sus manos para sujetarme los brazos. Yo solté un gemido de dolor y se separó de mi al instante.
-Estas herida… - susurro – yo… lo siento, no se lo que me pasó – tomó el borde de su camisa y la rompió y enseguida me hizo un torniquete para que dejara de sangrar – hay que salir de aquí –
-¿Cómo me encontraste? ¿Esta Ranma contigo? – el terror aumentó, no por el hecho de que Kenjio me haya besado cosa que aun creo que nunca paso, me asustaba más que este aquí y en peligro.
-Está bien, no sabe que estoy aquí – estaba de tras de Kenjio, este se había asomado por el callejón para ver si era seguro salir – vine por mi cuenta, tenía algunas pistas, no le dije nada. Él está buscando por su lado –
Me quede en silencio. Mi cabeza era un torbellino de emociones.
Kenjio me tomo de la mano y corrimos, estaba temblando de miedo, había encontrado a Kenjio pero había caído en cuenta de que si me encontraban, lo mataban a el también. Y juro que no quería que nada malo le pasara. Me sujeto fuertemente de la mano, estaba murmurando cosas, que no podía escuchar pero en ese momento no podía preguntarle nada.
-Estamos cerca – dijo en voz alta.
-¡Ahí están! – un grito heló mi cuerpo. Kenjio muy rápidamente pego su espalda a mi pecho cubriéndome. Entonces un disparo resonó por todo el lugar.
No se cómo pasó, todo ocurrió muy rápido. Pero mi corazón se detuvo en ese momento, Kenjio cayó a mis pies en cámara lenta. Se acercaban dos tipos y con esfuerzo Kenjio disparó mandándolos al suelo en ese instante. Yo estaba de pie, petrificada. Kenjio soltó el arma y el sonido de este en el suelo me despertó.
-¡Kenjio! ¡Kenjio! ¿Estás bien? – miré su pecho, este sangraba. Kenjio hacia una mueca de dolor mientras asentía – No te preocupes, estarás bien, solo necesito… necesito… buscar ayuda – mire a mi alrededor desesperada. Las lágrimas inundaban mi rostro.
-Aquí estas – un voz me alarmo pero en seguida me alivié. ¿Pero cómo…?
-¡Mousse! ¿Qué haces aquí? – el parecía agitado, como si hubiera estado corriendo, su cabello se pegaba a su rostro. Pero eso era lo que menos me importaba, lo que ahora necesitaba era ayudar a Kenjio - ¡Por favor ayúdame! ¡Está herido! Tenemos que sacarlo de aquí antes de que nos encuentren.
Mis palabras salían chocantes, mis lágrimas no me dejaban ver con claridad. Mousse se acerca a Kenjio y lo examina, yo sujeto la mano de Kenjio con fuerza y le regalo una mirada, y le aseguro de que todo va a estar bien.
-Tranquila, lo ayudaré – dice. Miró de nuevo a Mousse agradecida.
Pero en ese momento, en ese preciso momento, veo como saca un arma y dispara a Kenjio. No me doy cuenta de que estoy gritando, pero lo hago.
-¡NO! – Mouse se ríe y se aparta un poco y ahora me apunta a mi.
-¿Eres tan lista para escaparte? –
-¡Kenjio! – no presto atención a Mousse. Tomo su rostro en mis manos, su mirada ya no reflejaba dolor – No, no, no… no te mueras… no me dejes… - sollocé.
La mano de Kenjio alcanza mi mejilla. Yo la tomo con mi mano y la aprieto. No podía perder a Kenjio, no podía imaginar un día sin él, un día sin sus comentarios sarcásticos, un día sin sus regaños, un día sin su compañía. El dolor desgarraba mi pecho, quebraba algo en lo más profundo de mi ser.
-Akane… - hablo con suavidad – Gracias por… devolverme la vida… - sonríe, y un hilo de sangre rueda por la curvatura de sus labios. Mi cuerpo se agita en llanto.
-No… no… no me dejes –
Su sonrisa no desaparece. Esto me está matando.
-Te amo –
Y muere.
Sus palabras quedan impregnadas en mi alma. Me abrazo al cuerpo de él llorando desesperada. No, no, esto no puede estar pasando.
-No… por favor… no me hagas esto… - gimoteo en su cuello.
-Que romántica despedida – la voz de Mousse resuena como eco en mi cabeza.
No se que paso en ese momento, pero mis ojos destellaban ira, podía ver la sangre corriendo por estos y la sed de matarlo que tenia en este momento. Sin pensarlo me abalance contra el, un disparo sonó pero no me importo. El cayó al suelo y yo encima de el, golpee su cara, estrelle su cabeza contra el suelo, también recibía mis golpes pero no dolían, no me dolía nada, no sentía molestias, en ese momento la ira había tomado control de todo. En un momento Mousse parecía desorientado por el golpe que le propine en la cabeza y soltó el arma yo lo tome y apunte a su cabeza. Pero antes de poder disparar alguien me empujó.
Vi la cara de Mousse y esta sangraba. Disfrute mucho sentir sus huesos crujiendo debajo de mis puños.
-¡Estúpido! ¡Te dejas golpear así tan fácil! – Era Kanna. Estaba de pie delante de mí y de Mousse.
-Cállate –
-Esto se ha salido de control, sabía que no podía confiar en el tarado de Toya – miro la escena con cara de fastidio. Tenía tantas ganas de matarla –Acabemos con esto de una buena vez – dijo soltando un suspiro.
-Mátame, te juro que en estos momentos es lo menos que me importa – entonces me miró. Como si recién se hubiera dado cuenta de mi presencia.
Sonríe y se acerca un poco a mí.
-Oh, no linda, no voy a matarte. Voy hacer algo mucho mejor, ordenes de arriba –
-¿Qué vas hacerme? – sisee. En realidad ya no me importaba nada, estaba cansada de todo.
-Vamos a darte una mejor vida – dice jugando con la punta de su cabello.
-Prefiero que me mates –
-No, eso no sería divertido – camina hacia mi, saca una pistola y apunta. Cierro mis ojos esperando la bala, esperando irme de este mundo y encontrarme con mi madre. Entonces ella ría –No esperes que te dispare, Akane –
No abrí bien los ojos cuando sentí un golpe en mi cabeza que de inmediato me llevo a la inconciencia.
..
..
EPILOGO
No se donde estoy, no se que dia es y el sueño venia y se iba por arte de magia. No podía moverme, no podía abrir mis ojos, mi cuerpo no respondia a mis ordenes.
-No puede ser que aún no despierte – escucho la voz ronca de alguien. No la había escuchado antes, pero suena devastado. Quiero decirle que estoy bien, sea quien sea, para que se sienta mejor. ¿O no estará hablando de mí?
-Por lo menos la encontraron con vida, es un milagro, si algo le hubiera pasado a mi pequeña yo… -
¡Mi papá! Era la voz de mi papá. Parece que estuviera llorando.
-Yo hubiera muerto si algo le hubiera pasado – de nuevo ese chico, quiero despertar, quiero saber que está pasando.
-No digas eso Ranma, tu familia te necesita –
¿Ranma?
La voz de mi papá suena cansada, oh, como quisiera abrazarlo.
-Ella es mi familia, Akane es mi vida, yo… - su voz se quiebra.
Otra vez la oscuridad amenaza con llevarme. Trato de mantenerme despierta, pero es imposible.
De nuevo me levanto pero aun no puedo abrir mis ojos. Esto es desesperante.
-Adiós Kasumi – de nuevo la voz de ese chico. ¿Siempre está aquí? ¿Será algún medico?
-Ranma, Kasumi tiene razón. Deberías ir a dormir, no te has movido de aquí por cuatro días ¿te has visto en un espejo? – esa era la voz de Nabiki.
-No me iré, no me importa lo que digan. No me moveré de aquí, me quedaré hasta que despierte. Nunca más la volveré a dejar sola – en su voz se escucha mucha promesa, pero aún no se quién es, estoy demasiado confundida.
-Despertará, te lo aseguro, ella es muy fuerte – la voz de Kasumi.
De nuevo la oscuridad me lleva.
Mis ojos se abren poco a poco. Mi cuerpo duele, todo me da vueltas y la cabeza empieza a escocerme. Cierro fuertemente los ojos y los abro para acostumbrarme a la luz. Veo a una enfermera que está ajustando el suero y me ve, sus ojos se abren sorprendidos. No escucho muy bien lo que dice y sale de la habitación hecho un rayo. Al salir la puerta suena fuerte y alguien que no notaba que estaba allí se levanta de golpe.
Unos ojos azules me miran sorprendidos. Entro en pánico, no se quien sea, es un tipo que parece estar descuidado, pero aun así, se ve muy atractivo. No lo conozco. Trato de hablar pero el se me adelanta.
-¡Akane! ¡No puedo creer que por fin despertaras! -
Antes de poder responder, un señor entra a la habitación, viste de blanco y viene acompañado de la enfermara que salió corriendo. Trato de levantarme, esto me esta estresando. Necesito ver a mi familia, necesito ver a alguien que conozca. Me muevo de la cama incomoda.
-Tranquila, Akane, estas bien. Solo un poco desorientada – dice el medico acercándose a mi. Me examina los ojos con una linterna pequeña.
Trato de alejarme, esto me incomoda y me asusta. El parece notarlo.
-¿Cómo te sientes? – pregunta con una voz suave.
-¿Dónde esta mi papá? ¿Dónde está mi mamá? –
El recuerdo se abre en mi memoria. La muerte de mi madre.
Estábamos en el auto y habíamos tenido un accidente. Ella tenía que estar bien, por dios, ella tenía que estar bien.
-¿¡Dónde está mi mamá!? – le grito al médico.
Este mira al muchacho que está aquí. Al parecer mi pregunta los alteró, porque él también lo mira alarmado. Oh, no. oh, no.
Siento el nudo en mi garganta y mis ojos comienzan a humedecerse. No puede…
-¿Akane? no me asustes – dice el chico de los ojos azules. Se acerca a mi pero yo me alejo – Akane tu… -
-¿Sabes que día estamos? – pregunta el doctor, le lanza una mirada seria al muchacho para que no se me acerque. Este se lleva la mano a la cabeza.
Niego con la cabeza.
-¿Sabes quién es él? – pregunta indicándome al muchacho que me mira de una manera desesperada, devastada.
Trato de recordar, trato, pero no puedo.
-No – digo.
Entonces veo como se quiebra. Veo como una lagrima rueda por su mejilla, me siento incomoda, agacho la mirada, no puedo verlo.
