AKANE
Desde la ventana puedo ver las luces de la ciudad. Son hermosas, reflejan un hermoso destello de luz y tranquilidad. Mi mano toca el cristal de la ventana, esta helado y la quito inmediatamente. No soporto el frio, no puedo siquiera tolerarlo. Pero aquí estoy, en Londres, en pleno invierno. Suelto un suspiro y trato de tragar mis ganas de llorar al recordar mi casa. Quisiera tanto ir hacia allá y ver a mi familia.
Aún recuerdo como todos estaban tomando la noticia de que mi mamá haya muerto y que nadie reaccionara en mi contra al saber que era mi culpa. Si, solo mi culpa. Ella estuviera aun aquí si yo no me hubiera comportado como una niña tonta y le hubiera rogado que me llevara a ese lugar.
Recuerdo a Nabiki acercarse a mí y decirme en medio de un llanto que yo no tenía la menor culpa y que estaba feliz de que yo estuviera con vida. Recuerdo a mi papá tratando de animarme cuando me encerraba en mi habitación y no quería salir por nada del mundo. Me insistía en que entrenara con él y que lo ayudara a llevar las clases del dojo. Pero yo no quería. Contrataron a un profesor para que me diera clases y así pudiera continuar con mis estudios. No sé cómo lo hice, pero lo conseguí.
Recuerdo también al policía que estaba a cargo del caso de la muerte de mi madre. "accidente automovilismo" había dicho el. Pero algo en mi interior decía que no era así. Era mi culpa. Kenjio siempre estuvo ahí para mí, se volvió mi amigo en medio de la tragedia y poco a poco me ayudo a superar mi dolor. Recuerdo como iba a mi casa a buscarme para hablar, se ganó mi confianza en un instante.
Mi mente también da vueltas al recordar la mirada azul intensa de aquel chico en el hospital. Si no mal recuerdo, su nombre era Ranma. Recuerdo el dolor en sus ojos al verme, al ver mi reacción cuando dije que no sabía quién era el. Recuerdo el dolor cuando pedí que lo sacaran de la habitación. Nabiki quiso hablarme de él algunas veces, pero yo le pedí con insistencia que no me hablara de él. No sé por qué, pero había algo en el que hacía que mi corazón se estrechara al punto de doler. Y yo ya no quería dolor en mi corazón.
Pero, siempre está en mis pensamientos. Aquel chico, con sus ojos azules.
La puerta me despierta de mis pensamientos y corro a abrirla.
Kenjio está del otro lado, con una flor sostenía a la altura de su pecho y su blanca sonrisa recibiéndome.
-Te ves hermosa. Te dije que ese vestido te favorecía demasiado.
-¿Lo crees? – me agarro el dobladillo de mi vestido y doy una vuelta teatral.
Kenjio sonríe de oreja a oreja y pasa. Me sostiene la mano y la lleva a sus labios hasta besarla.
Kenjio siempre fue atento conmigo, también recuerdo la ocasión en que se me declaró, pero en ese momento no me sentía segura por tener algo con alguien. Cuando supo que venía a estudiar a Londres, insistió en que vendría conmigo y que no me dejaría sola.
No quiso escuchar reclamos de mi parte, solo insistía en que sentía que debía estar conmigo. Y así fue, y aquí está, siempre acompañándome. Aunque yo aún no pueda corresponder a sus sentimientos. He tratado de corresponderle, pero no puedo.
-Tu cabello es hermoso, y da un toque justo al vestido – toca la punta de mi cabello que llega hasta la altura de mis pechos. Me estremezco un poco y me aparto sutilmente.
-Gracias por acompañarme – digo rápidamente mientras corro hacia el sofá para agarrar mi bolso.
Kenjio suelta un suspiro y oigo sus pasos aproximarse hacia mí.
-Siempre que tú me necesites estaré ahí.
-Lo sé, y de verdad estoy muy agradecida – sus ojos se estrechan y me extiende su mano.
-Akane ¿Sigues pensando que estoy contigo por lastima?
-¿Qué? ¡No! ¡Por supuesto que no! – digo con firmeza. Recuerdo cuando muchas veces le insistí en que me dejara tranquila y se alejara porque no quería es estuviera conmigo por compromiso de cuidarme o lastima de que me sienta culpable de la muerte de mi madre.
-Sabes porque estoy contigo ¿Verdad? – sus ojos verdes me miran intensamente.
Muerdo mi labio y siento un choque de electricidad en mi estómago. Hay veces que Kenjio me hace sentir esto y esas veces siento que podría caer al suelo.
-Kenjio yo… -
-Lo sé, lo se Akane – me jala hacia él y me abraza. Cierro los ojos y dejo descansar mi cabeza en su pecho –No me rendiré ¿lo sabes?
-Si… - lo abrazo con fuerza. Me entiende y sabe que aún no estoy lista.
-¿Nos vamos? Tenemos que llegar a esa fiesta – susurra en mi oído algo divertido. Asiento con la cabeza y me aparto de el para ver sus ojos.
-Habrán muchos chicos raros como dices tú.
-Lo sé, pero no dejaré que nadie baile contigo a menos que sea yo.
-Eres posesivo ¿lo sabias?
-Soy positivo, sé que algún día todo esto tendrá razones relevantes.
-Estas loco – río entre dientes. Pero el está muy serio.
-Me haces sentir vivo ¿Es eso estar loco?
Sus palabras me atraviesan y lentamente niego con la cabeza. Me toma de la mano suavemente y salimos del departamento.
RANMA
UN AÑO DESPUES
-¿Saotome? – el maestro me llama un par de veces y aún sigo con la mirada clavada hacia el ventanal.
-¡Oye! – mi compañero me inca con el codo y con pereza volteo a ver al maestro.
-¿Me llamo?
-Por supuesto – dice con cansancio. Camina hasta el escritorio y suspira con fastidio – Y veo que como siempre, no está prestando atención a mis clases – se saca sus lentes y los limpia con la camisa.
-Estaba hablando sobre historia ¿no es cierto? Algo relacionado con Aristóteles.
-Así es ¿Recuerda que fue lo último de dije?
-"nuestro carácter es resultado de nuestra conducta" – cité. El maestro soltó un suspiro y volvió a caminar pensativo.
-¿Y cómo es su conducta, señor Saotome?
Todos ahogaron un suspiro. Sabían cómo era mi conducta desde que entré a la facultad. No tenía paciencia y siempre me gustaba estar solo. No porque yo quisiera, solamente no me sentía listo para hablar con alguien. Perdía el control fácilmente y peleaba con frecuencia.
No me sentía para nada bien desde que ella…
-¿Señor Saotome? – su voz me volvió a la realidad –Díganos, ¿Cómo es su conducta?
-Para que quiere que se lo diga, si muy bien lo sabe - dije de mala gana.
El maestro puso los ojos en blanco y decidió no seguir conmigo, continuo con la clase.
Algunos echaban miradas sobre mi algo enojados, algunos con miedo y otros con lastima. Odiaba eso. Volví mi mirada hacia el cristal y me puse mis audífonos, no quería seguir escuchando chácharas sobre filósofos antiguos.
Al terminar las clases me dirigí hacia mi apartamento. Busque en mi teléfono y vi algunas llamadas de Ryoga y Ukyo, había perdido contacto con ellos, en raras ocasiones hablaba con ellos. Tampoco sabía nada de Mousse, ni siquiera de Shamppo. ¿Qué había pasado? Trato de echar un vistazo a mi antigua vida y es como si la viera en la perspectiva de alguien más, como si no hubiera sido mi vida, como si nunca hubiera existido. Recuerdo que ni siquiera asistí a la graduación, mi vida había dado un cambio negativo desde que ella se fue. Sabia por la mirada de los demás que sentían lastima por mí, y eso era algo que odiaba con todo mí ser.
Mi teléfono comenzó a sonar, vi la pantalla y se trataba de mi madre. Con un suspiro deslice la pantalla para contestar.
-Hola – dije con desgano.
-¿Cómo estas hijo? Hace mucho no sabemos nada de ti, estamos tan preocupados – su voz sonaba triste.
Había decidido estudiar muy lejos para alejarme de todo lo que me recordaba de ella. A mi padre no le importó en lo más mínimo, su forma de ser tan petulante era algo que consideraba más importante que a mí. Además, hace un año había cambiado un poco su forma de ser, estaba más distraído y pasaba as noches en el sótano de la casa trabajando.
A mi me daba igual.
-Estoy bien mamá – solté un suspiro –Acabo de llegar de la universidad.
-¿Todo esta yendo bien?
-Si – dije cortante.
-Ranma, sé que lo que estás pasando es algo muy complicado y doloroso pero tienes que…
-Mamá, por favor, ya hemos hablado de esto antes – la corte con cansancio. Estaba harto de la misma cháchara sobre superar los malos momentos. Ella no entendía absolutamente nada sobre lo que yo pase, sobre el amor que aun siento por Akane, por como jamás la olvidaría.
-Hijo, escucha. Yo te llame por algo muy importante, es precisamente sobre eso –
Enmudecí, mi corazón empezó a latir con fuerza. Mis manos comenzaron a sudar.
-¿Qué sucede?
-Es, es sobre Akane de quien quiero hablarte –
Al escuchar su nombre en la boca de mi madre sentí como mi cuerpo retrocedía miles de años atrás y pude recordar por un instante sus manos sobre mi rostro, su dulce voz, sus besos. Era tan doloroso no tenerla conmigo.
-¿Qué pasa con Akane? – carraspee mi garganta tratando de controlar mi voz.
-Me enteré por Kasumi que, que ella vendrá a la ciudad. Al parecer el clima la enfermó y vendrá a vivir de nuevo con su familia.
Mi mundo se detuvo. Pase mi mano por mi rostro un par de veces, aturdido por la noticia.
Akane iba a volver.
Mi Akane iba a volver.
-Pero hijo, ella esta… -
-Volverá… - susurré interrumpiéndola.
-Hay algo que tienes que saber antes sobre ella.
-Gracias mamá por la noticia – dije con emoción en mi voz. Sabía que no podía hablar más con ella asi que colgué el teléfono.
Me pasee por la habitación dando vueltas como un gato enjaulado. La ansiedad me carcomía por dentro. Akane, al fin podría verla de nuevo.
Tome una decisión en ese instante, nada podría hacerme cambiar de opinión.
Ni siquiera ella.
-Iré por ti, Akane – dije con decisión.
