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¡CUENTA EL CHISTE!

Miguel Ángel va por su fabulosa patineta voladora, que tiene guardada en su habitación, porque va a practicar unos grandiosos movimientos nuevos, cuando, de repente, escucha que sucede algo en el laboratorio de su hermano Donatelo, así que cambia de rumbo y va para allá.

Abre la puerta así nada más (porque tiene la costumbre de no tocar antes).

- ¡JAJAJAJAJA! –

Donatelo está sentado frente a su "mesa de manualidades" (donde tiene todos esos aparatejos que sólo él sabe para qué sirven); parece que estaba afanosamente trabajando en un nuevo proyecto, pero ya no, ahora se está retorciéndose de la risa.

Una enorme curiosidad se apodera de Miguel Ángel y pronto se acerca a él. Lo mira de arriba abajo buscando de qué se ríe, pero como no lo halla, no puede ser otra cosa que...

- ¡Vamos Doni! ¡Cuenta el chiste! –

- ¡JAJAJAJAJA! –

Pero Donatelo no deja de reír.

Miguel Ángel tiene que esperar a ver si Donatelo se decide en contárselo.

Mira y espera.

Mira y espera.

Mira y espera.

Entonces, sin haber escuchado el chiste, sus labios comienzan a convulsionar, y Miguel Ángel ríe a todo pulmón.

- ¡JAJAJAJAJA! –

Las carcajadas de ambos son lo suficientemente ruidosas como para atraer a los otros dos hermanos.

Leonardo toca la puerta, y como nadie le invita a pasar, pasa con Rafael, y llegan con los dos hermanitos que se retuercen de la risa seguramente por un estupendo chiste.

- ¡Cuenten el chiste! – dice Rafael.

Pero el chiste debe ser tan bueno, que ni Donatelo ni Miguel Ángel paran de reír.

- Qué mala onda son. – dice molesto Rafael, y está por irse, pero empieza a escuchar otra carcajada.

- ¡JAJAJAJAJA! –

Es Leonardo que inexplicablemente está riéndose sin siquiera haber escuchado antes el chiste.

Rafael mira a sus tres hermanos, y hay algo curioso en ellos…

No es que ellos se vean como tontos riendo sin que haya pasado algo gracioso, pero definitivamente hay algo que a Rafael le provoca la risa con sólo mirar a sus hermanos.

- ¡JAJAJAJAJA! –

¡Ahora los cuatro chicos ríen y ríen sin parar!

- ¡O… Oigan…! –

Por fin Donatelo trata de decir algo, pero la risa le gana.

- ¡JAJAJAJAJA! –

Lo que el pobre Donatelo trata de decir es que no está riéndose por un buen chiste.

Sucedió que estaba llenando una pequeña bomba con gas lacrimógeno, pero se le escapó un poco de gas, y fue cuando se dio cuenta que había tomado el gas equivocado: no era gas lacrimógeno sino que era óxido nitroso, más conocido como gas de la risa... ¡y sus hermanos en vez de tratar de averiguar qué es exactamente lo que le pasa, se ríen con él!

Bueno… al menos ha comprobado que la risa es contagiosa.

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¡Jajajaja! xD

Sí que la risa es contagiosa 8D

Cuando estaba escribiendo estaba riendo también n.n

Momentos como estos me ayudan a recordar que la vida es bella 8)

Muchas gracias por leer.

^.^