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¡QUÉ AGUANTE!

Es tarde.

Es media noche.

Splinter está por recostarse en su tatami ya para dormir.

Podrá dormir tranquilo esta noche porque sus hijos no salieron a patrullar.

Cada que ellos salen a combatir el crimen, él ruega a los Dioses por que regresen sanos y salvos.

Hoy permanecieron en casa, pero en vez de descansar para recuperarse de los combates de días anteriores, han optado por pasar el tiempo entreteniéndose con sus actividades favoritas:

Televisión,

Videojuegos,

Grafitear,

Entrenar,

Patinar,

Rapear,

Entrenar,

Retos,

Vehículos,

Rapel,

Leer,

Hacer mejoras,

Escribir,

Internet,

Chatear,

Entrenar,

Ajedrez,

Oír música,

Hacer experimentos,

Tocar música,

Las traes,

Tejer,

Hacer bromas…

Y ahora están en la sala, platicando.

- ¡Qué aguante! -

Se le escapa a Splinter, por lo bajo, una expresión muy propia de los jóvenes.

El descanso es importante, pero sus hijos nunca lo han entendido, ni de pequeños ni ya de grandes.

Escucha sus voces.

La plática es más relajada que en otra hora del día, pero seguro que seguirán despiertos un par de horas más.

De niños, por más que quisieran estar despiertos toda la noche, él podía llevarlos a dormir. Aunque le tomaba un buen rato que se metieran a la tina, pero cuando les daba un baño con agua caliente, casi al instante se quedaban dormidos.

Hoy no hay manera que pueda exigirles que se vayan a la cama temprano. Lo más que puede hacer es decirles buenas noches e irse él a acostar.

Se acomoda en el tatami y permite que su mente deje de pensar para que pueda conciliar el sueño.

Aguarda unos minutos… No puede dormir.

Se levanta preocupado.

Ya no oye las voces de sus hijos.

Sólo para asegurarse que todo está bien (no es que sea un padre sobreprotector, lo que pasa es que como pertenecen a un clan ninja, siempre tienen que estar alertas), entreabre la puerta corrediza de su pieza.

Al asomarse… no ve a sus hijos en la sala.

Si acaso salieron a "dar una vuelta", le hubieran avisado.

¡Splinter salta y en un parpadeo está en medio de la sala!

Tras buscar en una rápida "ojeada", una profunda exhalación (pero queda) resopla la afligida rata.

Están ahí, aunque algo "escurridos", por eso no vio sus cabezas, pero ahí están.

Sus niños están en el sillón, todos juntos, durmiendo profundamente.

Una pequeña sonrisa se dibuja en la boca del roedor.

Ahora que son adolescentes, la "pila" les dura para un largo largo rato, pero de vez en cuando está bien que se tomen su tiempo para recargarla.

Ya no puede bañarlos, cargarlos, acostarlos en la cama, ponerles las pijamas ni arroparlos, pero sí puede darle el besito de las buenas noches a cada angelito suyo.

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Lo que escribe uno a falta de ideas, pero espero que haya sido de tu agrado.

n.n