¡Hola! Si, lo se, tarde años, pero es que la universidad me esta matando...literalmente hablado :'v Todo es tan difícil...*llora gaymente*
En fin, hoy tuve algo de tiempo y la inspiración se puso de mi lado, así que finalmente les traigo el capítulo final de este fanfic (ya vieron lo largo que esta? °O° Ni yo me lo esperaba xD) y su pequeño ¿epilogo? Bueno, algo así ^^
Por favor disculpen si hay alguna incoherencia, esto lo hice mientras leía sobre la hipófisis y bueno, mas al rato le doy otra revisada para corregir los posible errores.
Igual aprovecho para darles las gracias por todos sus reviews! Me ayudaron mucho para continuar con todo esto c':
Ya sin más que decir, les dejo leer.
Espero les guste c:
¿MISIÓN FALLIDA?
CAPÍTULO 5. ANSWER.
No deseaba levantarse. Se encontraba en ese punto entre la conciencia y la inconciencia, en ese momento en el que uno apenas comienza a sentir el cuerpo conectado a cabeza.
Estaba agotado, y no quería abrir los ojos…pero el melódico cantar de unas avecillas que se filtraba a la habitación no le dejaba volver a conciliar el sueño.
Paso un minuto, luego otro…y finalmente reconoció que era caso perdido. Ya no podía dormir.
Aun con los ojos cerrados, Kuroko reposo unos cuantos segundos más antes de resignarse a dejar la cama, llenando sus pulmones de aire, sin poder evitar soltar un gemido de dolor cuando al hacer aquello todo su cuerpo lo resintió.
-¿Qué…? –abrió los ojos repentinamente, empujándose para quedar sentado en la cama, casi gritando debido al fuerte dolor que sintió en sus caderas y la sorpresa que se llevó al mirar todo a su alrededor, vagamente reconociendo el lugar.
Con incredulidad se llevó una mano al cabello, al mismo tiempo que miraba hacia la ventana, abriendo los ojos como platos al toparse con un grande y muy bonito árbol a dos metros de esta, teniendo un fugas recuerdo de ese mismo paisaje, pero con la luz de la luna como acompañante.
No, no puede ser…
Sintiendo un repentino sudor frio en la frente, el agente puso su cuerpo en total alerta, mientras de nueva cuenta volvía a mirar a su alrededor, buscando a cierta persona con la mirada. Sus manos habían comenzado a temblar, al igual que todo su cuerpo, pero para suerte suya nadie más parecía estar ahí…
Casi hiperventilando, Kuroko se encontró con que en la cómoda, a un lado suyo, se encontraba una charola con comida. Eran panqueques y jugo de naranja.
Frunciendo el ceño, y sintiendo nada más que rabia y humillación, el menor dio un manotazo a aquel detalle, haciendo caer todo al suelo, lastimándose con ello también la mano, sin sentir nada debido a su enojo.
Con la respiración acelerada, el fantasma logro arreglárselas para quedar sentado en la orilla de la cama, tensando la quijada para evitar soltar cualquier sonido que delatara su incomodidad y dolor, especialmente en cierta zona.
Abrumado, miro por un momento la comida ahora tirada, antes de pasar a notar que se encontraba usando un pijama de satén negro. Seijuro lo había vestido… ¿Acaso ese hombre tenía otro juego entre manos?
Sintiendo escalofríos recorrer su cuerpo al pensar en las cosas que podía estar planeando el pelirrojo, Tetsuya tomo la decisión de irse de aquel lugar lo más antes posible, y sobre todo ahora que parecía encontrarse solo.
Presuroso, el menor se levantó de la cama ignorando la molestia que aquello conllevaba, pero ni bien pudo dar dos pasos se vio cayendo al suelo sonoramente, recordando una de sus varias lesiones debido al punzante dolor en uno de sus brazos.
Resoplando para contener alguna expresión que delatara su malestar, el peli-celeste quiso soltar mil y un maldiciones contra Akashi Seijuro, pero ciertamente ese no era el momento. Además… ¿qué era esa cosa que se encontraba tirada a un lado suyo?
Sin poder creerlo, Kuroko estiro su brazo sano y levanto la tarjeta que sin darse cuenta había tirado al botar la comida al suelo. Se trataba de su objetivo, era imposible no reconocerlo. Era el objeto por el que había terminado ahí, pero… ¿Por qué? ¿Por qué Akashi se lo había dejado? ¿Acaso se estaba burlando de su fracaso?
Aunque confundido, guardo la tarjeta de acceso en una de las bolsas del pantalón, antes de ir hacia la solitaria mesa que se encontraba a un lado del ropero, donde se hallaban algunas de sus prendas y su celular, el cual se encontraba descargado…
Con un mal sabor de boca, se limitó a tomar todo bajo un brazo, sin pensar ni un momento en cambiarse de atuendo. Solo…no quería pasar ni un minuto más en aquel lugar, así que con sus pertenencias ya en mano, comprobó que la puerta de la habitación se encontrara abierta y los pasillos vacíos antes de salir y caminar nerviosamente hasta llegar a las escaleras, las cuales bajo ayudándose del barandal.
Una vez en hubo llegado a la planta baja, miro a todos lados, mientras avanzaba hacia la pesada puerta de entrada, casi rogando por que esta se encontrara abierta.
No pudo reprimir un suspiro de alivio cuando su mano giro sobre el pomo y este no presento resistencia alguna.
Con el corazón a mil, Kuroko se apresuró a salir de la casa, dispuesto a correr de camino a la ciudad si era necesario, pero para suerte suya, al mirar hacia el garaje encontró este abierto y exhibiendo dos autos.
Presuroso, el menor se adentró a aquel espacio, notando que uno de los vehículos era el mismo en el que el pelirrojo lo había traído a ese lugar, por lo que haciendo una mueca Kuroko opto por tomar el otro coche, un medianamente-discreto deportivo color negro.
El peli-celeste bien pudo haber golpeado el vidrio para conseguir entrar al vehículo, pero por mero instinto jalo de la palanca para abrir la puerta, encontrándose con que esta, en efecto, se encontraba abierta.
Con los nervios a flor de piel, considero unos segundos si entrar o no al auto, pensando en que quizá se trataba de algún truco de parte de Seijuro, pero ¿qué más le quedaba? Dudaba mucho que el mayor quisiera matarlo en un "accidente" de coche… o asfixiado dentro de este…
Suspirando, ignoro aquellos pensamientos y se acomodó tras el volante, botando sus cosas en el asiento de al lado y cerrando las puertas con seguro rápidamente, disponiéndose a arrancar el tablero inferior, para hacer arrancar el vehículo, pero antes de hacer nada se encontró con las llaves descansando tranquilamente en el lugar adecuado, listas para ser giradas…
Chasqueando la lengua y sintiendo que la cabeza comenzaba a taladrarle, encendió el auto y piso a fondo el acelerador, con dirección a su departamento de reserva, pues de ninguna manera pensaba conducir a alguien a su casa, en dado caso de que todo se tratara de una trampa.
Fue cuando Kuroko se encontraba llegando a la ciudad que bajo un poco la velocidad, dejando que su corazón se tranquilizara poco a poco, y que su cabeza comenzara a pensar con mayor claridad, recalcando cada punto extraño de esa mañana.
-Había despertado vestido y solo en la cama de Akashi Seijuro.
-Le habían dejado un desayuno en la cómoda, junto con la supuesta tarjeta que le daba acceso a todo en las empresas de ese hombre…
-Nada se había interpuesto en su huida de aquel lugar.
¿Qué estaba pasando?
Todo era extraño y no lo entendía. El debería de encontrarse muerto, o lo más cercano a ello… ¿acaso Seijuro se burlaba de él al hacerle "eso" y luego dejarlo ir como si nada? Además… ¿Por qué le había dejado la tarjeta? Era claro que se trataba de la original y no una copia, casi podía jurarlo, lo podía ver en los códigos únicos de la caratula, pues era prácticamente imposible hacer una imitación de ellos… además, ¿y el auto?
¿En que estaba pensando Akashi Seijuro?
Llegando al complejo de departamentos donde se hallaba el que le había dado la empresa, Kuroko pauso sus pensamientos un rato, mientras entraba al estacionamiento subterráneo, cuidando que nadie lo siguiera, antes de acomodar el vehículo y bajar de el con sus cosas a la mano, agradeciendo enormemente su gran falta de presencia para pasar desapercibido una vez salió de ahí y entro al edificio, sin ser notado por la recepcionista que cómodamente se mantenía atenta a la computadora frente a ella.
Suspirando, tomo el elevador, deteniéndose en el piso 4, donde a tres puertas lo esperaba su refugio.
Entrando al lugar con una llave escondida en una de las lámparas del pasillo, el menor se apresuró a cerrar la puerta con llave y seguro, inmediatamente yendo a dejar en el sofá su ropa, antes de ir hasta su escritorio, encendiendo la computadora y lector ID, para luego introducir a este la tarjeta, sorprendido al encontrarse con que esta abría todo el sistema de las empresas Rakuzan sin necesidad de escanear las huellas de su presidente, Akashi Seijuro. Pero eso no era todo…entre todos los códigos y archivos de negocios (que por cierto parecían estar en total regla), no había rastro alguno en el sistema del anexo a la base de datos sobre la agencia. La información había sido borrada en su totalidad.
Frunciendo el ceño, Kuroko comenzó a teclear frenéticamente en el teclado, abriendo un programa especial, que consistía en revelar cualquier trabajo "fantasma" de la empresa.
Lo que encontró no hizo más que confundirlo aún más.
Ahí estaba el archivo, pero los datos de este revelaban que aunque este había llegado al 100%, inmediatamente lo habían eliminado, sin ser copiado ni enviado a nadie…aunque, si había un punto ciego, nada importante realmente; tal vez era un pequeño error en el programa, aunque no estaba seguro…
Bueno, ya vería eso en la agencia.
Suspirando sonoramente, el menor cerró el sistema y saco la tarjeta del lector, para después conectar su celular a la corriente y encenderlo, encontrándose con 13 llamadas pérdidas y 4 mensajes en la entrada que decían casi lo mismo, siendo el último el que más le intereso:
"¡Tetsu, por favor responde! ¡No podemos localizarte! ¡Necesito saber si estás bien! El presidente comunico que el sistema fue liberado. Takao lo comprobó. Ya han cambiado de ruta todo, y pusieron nuevas claves y puertas. La agencia está a salvo. ¿Fuiste tú, verdad?
¡Por favor respóndeme lo más pronto posible! Los chicos despertaron y preguntan por ti. Todos estamos preocupados."
~Momoi~
Tensando la quijada, Kuroko se tomó un largo minuto con la vista fija en la pantalla del aparato, antes de finalmente mover sus dedos, tecleando una corta frase antes de apagar el celular.
"Estaré en la agencia en dos horas. Estoy bien."
Suspirando una vez más, pero con cierto alivio, el agente se levantó de la silla y tomo el control del estéreo, encendiéndolo y pulsando el botón de "play", de modo que en menos de 5 segundos el departamento se vio lleno de la música de una banda de rock que vagamente reconocía. Justo después arrojo nuevamente el mando a uno de los sillones, para luego dirigirse hacia el baño, quitándose poco a poco la ropa y tirándola en el suelo, adentrándose así en la regadera, encendiendo esta sin importarle mucho que el agua estuviera fría.
Fueron varios minutos los que el menor permaneció parado en la ducha, en total silencio, antes de por fin moverse para tomar el jabón y comenzar a lavar su cuerpo, pasando la rugosa esponja por piel, notando al poco rato algo en lo que no había reparado: En varias partes de su cuerpo tenia puestos parches color piel, al igual que gasas manchadas de carmín…
Con el ceño fruncido, Kuroko comenzó a quitar tales cosas, tirándolas en el suelo con cierta lentitud…pero eso cambio en el momento en que se deshizo de la última gasa, pues repentinamente se vio precipitándose él al suelo, quedando apoyado en sus rodillas y manos, dando algunas arcadas al mismo tiempo que su estómago se vaciaba por completo en el suelo de la ducha…
Al terminar, simplemente se quedó ahí, arrodillado, mientras el agua se llevaba todo por la coladera.
Ciertamente lo había soportado muy bien...pero ya era hora.
Acompañado de la música que llegaba hasta el baño desde la sala, un leve sollozo comenzó a hacerse presente entre las blancas paredes de aquel pequeño lugar. Las barreras que Kuroko se había auto-puesto al despertar, para no romperse en el lugar en el que había tenido una de sus peores experiencias, para no gritar en todas direcciones y ponerse a llorar como niño pequeño…ya no podía mantenerlas arriba un segundo más.
Sin guardarse nada, el menor dio rienda suelta a todas sus lágrimas; dejo que de su boca salieran gimoteos, y que su rostro se contrajera en una mueca de total tristeza y dolor, mientras desesperadamente se tomaba la cabeza entre sus manos, tapando sus oídos y ocultando su rostro de todo.
Sentía vergüenza de sí mismo, por ser débil, por confiarse, por caer.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Acomodándose una vez más la disimulada venda en una de sus muñecas, el peli-celeste bajo de su auto y tomo el ascensor para subir a la primera planta, donde en recepción fue recibido cordialmente por el guardia de seguridad, quien le dio el pase para subir a los pisos superiores.
Agradeciendo, Kuroko entro al otro elevador y presiono la tecla que lo llevaría a donde se encontraba la sala de recuperación, evadiendo perfectamente a todos al salir al pasillo para no ser notado, pues aun no quería ir a ver su jefe, y mucho menos a Momoi y a Riko.
Una vez estuvo en la habitación de sus compañeros, fue recibido con grandes sonrisas y amigables abrazos que casi le hicieron romper en llanto frente a ellos, aunque al final pudo controlarse. No quería preocupar a sus amigos, sobre todo ahora que se encontraban tan…ellos, aunque eso mismo fue algo que le tenso un tanto, debido a lo perceptivos que sabía que eran en cuanto a su estado de ánimo.
Afortunadamente nadie dudo de sus excusas para no aparecer en la agencia desde la tarde pasada, y tampoco parecieron notar nada extraño en su persona, pese al labio partido y un moretón en su mejilla derecha, que había ocultado bastante bien con maquillaje, aunque fue por esto último que si bromearon levemente con que parecía ser aún más un fantasma, pues se veía un tanto más pálido que de costumbre, a lo que él respondió con un ligero golpe en las costillas de los molestos chicos, sonriendo satisfecho al cambiar el tema de conversación con ello.
De cualquier forma no se quedó mucho tiempo con ellos, pues sabía que debía reunirse con su superior y no era correcto aplazar más el tiempo. Además, ya se encontraba más tranquilo al ver despiertos y sanos a sus compañeros, pues el hecho de que dos de ellos pelearan por su atención y los otros "discutieran" cada cinco minutos no significaba otra cosa más que todos se encontraban de maravilla.
Entonces, despidiéndose con la excusa de dar un reporte importante, Kuroko salió de aquella sala, para justo después volver al ascensor y subir un piso más, dirigiéndose a la oficina de su Jefe y tocando la puerta con los nudillos una vez estuvo frente a esta, sin quitar de su rostro la leve sonrisa que aún le adornaba.
Escuchando un "adelante" desde dentro, Kuroko repuso su expresión a la habitual, y se adentró a la estancia, encontrándose con su jefe sentado de espaldas al gran ventanal de la habitación, que daba una gran vista de toda la ciudad.
-Naoto-san –saludo tomando asiento frente a aquel hombre.
Estaba preparado para el regaño de su jefe, e incluso para la casi segura suspensión que tras ello le daría, pero sorprendentemente las cosas no fueron así…
-Tetsuya, me alegra que estés bien –le dijo el hombre con un leve suspiro, dedicándole una sonrisa que daba a entender alivio –Todos estaban preocupados por ti.
-Gracias, Naoto-san, pero…
-Espera –le interrumpió el hombre, levantando una mano –Antes que digas nada, permíteme pedir una disculpa por la confusión que se dio. No es excusa que nadie supiera de lo sucedido. Todos nos vimos envueltos en aquella mentira, pero debimos de haber estado seguros de todo antes de actuar y mandarte a ti y a Satsuki a aquella misión.
-¿Cómo dice…? –susurro el de ojos azules, sin poder evitar un tono de desconcierto en la voz.
-Tetsuya, no lo hagas menos. Por esta vez, acepta mis disculpas. Después de todo lo que te hice pasar lo que menos quiero es que me digas que no fue nada. Seguro fue un mal rato.
Con el cuerpo terriblemente tenso al escuchar tales palabras, Kuroko abrió la boca de nueva cuenta, sin saber exactamente qué decir. ¡¿Su jefe sabía lo que había pasado?! Entonces…. ¿todos lo sabían?
Sintiendo los ojos apunto de acuarse, el peli-celeste se decidió a pedirle una explicación al mayor, pensando en que si él era el único en saber aquellos acontecimientos le rogaría no decírselo a nadie más…pero cuando estaba a punto de hablar, la puerta de la oficina fue abierta.
-Oh, bienvenidos de vuelta –exclamo el mayor levantándose de su lugar, para recibir a los recién llegados –Llegan en un excelente momento; Tetsuya acaba de llegar.
Con extrañeza, el agente se levantó de su lugar apresuradamente antes de darse la vuelta, sintiendo un escalofrió de total pánico recorrer todo su cuerpo cuando frente a él se encontró con nadie más que con Akashi Seijuro y sus hombres, siendo guiados por su amiga Riko.
El aire le parecía sofocante…, le costaba respirar, y todo color, por más mínimo que fuera, desapareció de su piel, dejándolo tan blanco como una sábana…pero nadie parecía notarlo.
-Kuroko-kun, llegaste temprano –saludo su capitana caminando hacia él para darle un pequeño abrazo, palmeándole la espalda.
Sin demorar casi nada en el tacto, la castaña se hizo a un lado, haciéndoles un ademan a los hombres para que se acercaran.
Kuroko se sintió increíblemente pequeño y confundido, como un niño en medio de una gran cantidad de personas adultas y desconocidas.
-Naoto-san –continuo la castaña –se hizo la revisión y se aprobó el convenio por las demás empresas. Toda esta en orden –anuncio orgullosa.
-Perfecto. Entonces, Akashi Seijuro, lamento los inconvenientes, y agradezco su comprensión. Es bueno saber que contaremos con alguien como usted como aliado de la agencia.
¿Qué está pasando…? ¿Por qué…?
Tratando de mantener su respiración controlada y no entrar en crisis, Kuroko apenas pudo disimular le brusca tensión de su cuerpo cuando en la estancia se escuchó la imponente voz del pelirrojo.
-El placer es mío. Además, yo soy quien quiere agradecer por su apoyo- sintió los ojos del empresario posarse en él –eh igual me atrevo a pedir una disculpa por los inconvenientes causados a su agente. De haber sabido lo que pasaba, no le hubiera creado tantos problemas. Sé que caminar a la ciudad, de noche y en medio del bosque, no debe ser nada agradable –negó con la cabeza embozando una sonrisa.
¿Qué…?
-Oh, él es alguien comprensivo, no creo que tenga problemas con lo sucedido, ¿no es así, Tetsuya?
El aludido se limitó a asentir con la cabeza, embozando una diminuta sonrisa que amenazaba con romperse en cualquier momento.
-De cualquier forma me disculpo, aunque ello me salvo de terminar inconsciente en el piso sin saber cómo paso.
Ambos hombres rieron al mismo tiempo acompañados de Riko, ante las palabras del pelirrojo, mientras el fantasma se limitaba a permanecer lo más quieto posible, sin delatar su creciente pánico mientras continuaban con su confusa conversación…o al menos así fue hasta que sintió una mano posarse en su hombro.
-¿Te sientes mal? –fue la pregunta del de lunar bajo uno de sus ojos, quien quito la mano inmediatamente ante el respingo y gesto con el que reacciono, pues le había tocado justo donde el pelirrojo lo había mordido la noche anterior.
Para mala suerte suya, aquella acción no pasó desapercibida por nadie, de modo que termino con cinco pares de ojos puestos en él repentinamente.
-Tetsuya, ahora que lo noto, estas demasiado pálido. ¿Te encuentras bien? –dijo el de lentes, caminando hacia él.
-Ah, yo… –evito mirar hacia donde unos heterocromaticos ojos lo perforaban con la mirada –Solo me siento algo cansado. No es nada… -murmuro tratando de sonar lo más sereno posible, mientras disimuladamente jalaba de la manga de su suéter, cubriendo mejor la venda de su muñeca y rogando por que el mayor no notara el maquillaje en su rostro.
-Oh, entiendo. Perdona. Después de tan larga noche debes estar agotado. Lo mejor será que vayas a descansar, así que tomate el día, ¿de acuerdo?
-Sí, gracias. Me retiro –respondió quedamente y retrocediendo, inclinándose ante los presentes antes de dar la vuelta, dispuesto a irse.
-Descansa, Tetsu –escucho decir a Riko, y por un segundo igual creyó escuchar la voz de Akashi Seijuro despedirlo, aunque eso ultimo solo lo incentivo a cerrar la puerta más rápido, sin importarle mucho que para ello aplicara más fuerza de la necesaria.
Una vez afuera, prácticamente hecho a correr con dirección a los baños. No se sentía nada bien. Tenía náuseas y le dolía la cabeza… ¡¿Por qué demonios Seijuro estaba ahí?! ¡¿Qué hacía en la agencia y de que hablaba con el presidente?!
El menor iba tan apresurado y distraído, que inevitablemente termino chocando con alguien.
Por la sensación de "altura", no pudo evitar temblar como gelatina al recordar a cierto peli-morado que le había llevado a las garras de Seijuro…pero en realidad se trataba de alguien apenas un poco más bajo, de cabello y ojos verdes, lentes, bata …y un tanto de tsunderismo.
-Kuroko, te he dicho que tengas más cuidado. No es excusa tu poca presencia, dattebayo –exclamo el médico, sosteniéndolo de los hombros para evitar que callera, contradiciendo así su supuesto enojo y poco interés por su bienestar.
Ante el contacto, el menor no pudo más que dar un respingo, con la intención de alejarse inmediatamente del contrario, pero apenas recordó con quien se encontraba en ese momento no dudo en pegarse más a él, como si buscara esconderse.
-L-lo siento, Midorima-kun… –se apresuró a responder el menor, sujetándose de la bata del oji-verde cuando este estaba por soltarlo y separase debido a la sorpresa que le había ocasionado su reacción.
-¡Hey, Kuroko! –el aludido se apresuró en abrazar el delgado cuerpo del menor, pues era claro que este estaba por colapsar. Estaba temblando.
Frunciendo el ceño con preocupación, Midorima se acomodó mejor y levanto en brazos a su ahora paciente, sin romper el abrazo en ningún momento, pues el peli-celeste se negaba a soltarlo.
-Midorima-kun… -fue lo último de labios del agente, antes de que este cerrara los ojos, por lo que, con pasos apresurados, el nombrado se dirigió a la sala médica, tratando de evitar que alguien lo viera, pues sabia como era el menor, y no quería hacerlo pasar un mal rato con sus compañeros, porque, aunque no lo pareciera, él lo apreciaba demasiado… después de todo, "acuario era su debilidad".*
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El olor penetrante de algo demasiado cerca de su nariz le hizo recobrar el conocimiento.
No le fue muy difícil reconocer el lugar donde se encontraba, pues varias ocasiones en el pasado había terminado en aquel sitio y en aquella camilla justamente, más que nada debido a su poca presencia y físico, siendo que sus demás compañeros eran todo lo contrario. Para él era simplemente imposible no acabar herido de algún modo en los entrenamientos, eh incluso fuera de eso, tal como le había sucedido hace un rato…
-¿Mejor? –llamo su atención una voz grave, siendo este Midorima Shintaro, el doctor privado de la agencia, quien con mirada seria tiraba al cesto de basura, con un perfecto lanzamiento, el algodón que le había pasado frente a la nariz.
"Tres puntos", se dijo a sí mismo el fantasma, embozando una pequeña sonrisa, para después dignarse a contestar.
-Sí, gracias.
Sin decir nada, el amante de los horóscopos regreso a su lado pasándole un vaso con agua y una pastilla, la cual inmediatamente se tomó dando un sorbo al vaso, estando listo para escuchar al otro hablar.
-Nunca creí verte tener una crisis nerviosa –comento el de bata, acomodándose los lentes. –Así que como tu médico me veo en la necesidad y obligación de preguntarte qué sucedió.
Realmente, el peliverde no esperaba obtener una respuesta directa, siendo que sabía lo reservado que era Kuroko cuando se trataba de algún problema personal, pero hoy lo notaba demasiando dócil, así que tal vez…
-Me lleve una sorpresa algo desagradable -le contesto de repente, encogiéndose de hombros y haciendo una pequeña mueca de dolor en respuesta a tal movimiento.
-Ya veo –lo sopeso unos segundos, antes de hacer notar su malestar– ¿Debería revisar ese hombro? ¿…O mejor tu muñeca? –pregunto, señalando con la mirada la venda.
El silencio reino por unos segundos, antes de que el menor soltara un suspiro.
-No es grave, por ahora dejémoslo así –murmuro, agradeciéndole con la mirada por preguntar, cuando bien había podido inspeccionarlo mientras estaba inconsciente.
El peli-verde asintió con lentitud.
Nuevamente nadie dijo nada. Por un lado el doctor quería preguntar más, pero sabía que ello no serviría en lo más mínimo, así que se concentró en revisar un expediente que tenía en el escritorio, para que el pequeño no se sintiera presionado y se animara a soltar lo que parecía estar haciendo estragos su cabeza en ese momento.
-Midorima-kun –comenzó, manteniendo la mirada fija en el documento que sostenía -¿Qué sabes sobre la misión de anoche?
-¿A qué te refieres? –dijo en respuesta, ocultando su confusión ante la pregunta.
-A todo.
Mirándolo a los ojos por unos instantes, el mayor finalmente soltó un suspiro y comenzó a hablar.
-Según el reporte que me mostro Takao, tomaste el lugar de Momoi en el plan que habían trazado, a petición de Naoto-san. Una hora después, y según el radar, te fuiste con Akashi Seijuro con dirección a su mansión en las afueras de la ciudad.
Tras su llegada al lugar, el localizador se apagó, y después de unas horas, cuando estábamos por tomar la decisión de intervenir, el sistema de la empresa fue liberado y los archivos devueltos, así que supusimos que te encontrabas bien y habías escapado, pero al no poder saber dónde estabas realmente, se decidió dar un tiempo de espera.
Haciendo una pausa, Midorima observo al pequeño cuerpo sentado en la camilla que, tan quieto como una estatua, miraba fijamente las losas del piso.
-Continua.
El peli-verde frunció el ceño, y continúo con el relato.
-Te imaginaras nuestra sorpresa cuando recibimos la llamada de Akashi Seijuro a las cinco de la madrugada, pidiendo un encuentro urgente con el presidente y el jefe de sistemas. La junta se acordó en media hora, y eh de decir que nadie sabía lo que estaba pasando.
"Cuando Akashi llego al edificio se le escolto a la sala de juntas, y se le pregunto por ti. Sus palabras fueron que habías escapado internándote en el bosque cuando él llamo a sus hombres y trato de golpearte al ser informado de que eras un agente."
"Él pensó que tu misión era asesinarlo o hacerte de acciones de su empresa, pues en los últimos meses había sido amenazado anónimamente con tales actos; por ello, tras tu huida, ordeno la revisión del sistema de su empresa y se topó con el enlace que había con nuestra agencia. Apenas supo lo que sucedía lo detuvo y ordeno eliminar todo, devolviéndonos así los archivos y la titularidad del sistema que nos había sido robado"
"Tras explicar eso y mostrarnos que, en efecto, todo estaba en orden en los sistemas, expreso que quería probar que él no tenía nada que ver con lo sucedido en verdad, pero para ello necesitaba nuestra ayuda, pues creía saber quién era el culpable."
"Aceptando permanecer en vigilancia durante la investigación, nosotros encontramos la verdad: Hace dos años, su padre cometió un fraude que casi costo la ruina de la empresa, pero gracias a su intervención y el apoyo de algunos accionistas, todo se resolvió, así que por ello se decidió nombrarlo el nuevo presidente, y de ahí en adelante todo marcho bien, hasta que el señor Akashi consiguió librar el sistema de seguridad chantajeando a uno de los trabajadores. Su plan era vender la información de las empresas de su hijo y de paso hacerlo caer aún más bajo que él, así que ideo el plan de inculparlo por robo de información, y ¿qué mejor que utilizar a una empresa de seguridad con tratos a nivel mundial con compañías, instituciones, y más?"
"Entonces pues, al saber todo eso se rastreó al verdadero culpable, y fue apresado. Así, Akashi Seijuro solicito la contratación de nuestros servicios, pues estaba agradecido por nuestra ayuda y admiraba el trabajo de protección del que nos encargábamos."
El peliverde callo unos segundos, antes de simplemente encogeré de hombros.
"Solo eso se. Después me informaron que habías respondido a un mensaje de Momoi, antes de que ella fuera mandada a recoger a Alex al aeropuerto, y justo 15 minutos después me encontré contigo y llegamos a esto. Fin de la historia."
Pasando entre sus dedos una pluma con tapa de rana, Midorima espero la reacción del menor tras lo contado, pero este no se movió en lo más mínimo, ni dio señales de que fuera a hablar.
Por varios minutos todo en la habitación se mantuvo en silencio. Midorima solo podía pensar en lo tranquilo que se veía el peli-celeste, a pesar de que claramente algo lo debía tener muy conmocionado y meditativo. Casi podía jurar que el pequeño estaba por tener algún ataque de ira, alguna reacción violenta, un colapso…pero se trataba de él, de Kuroko…así que era obvio que ello no pasaría, o al menos no en presencia suya, ni de nadie.
"Demasiado peso para alguien tan pequeño", se dijo a sí mismo el mayor, mientras soltaba un suspiro. Iba a tener que presionarlo un poco.
-Kuroko –comenzó, dando algunos pasos y recargándose contra la pared a un lado de la camilla -¿Qué sucedió?
Frunciendo los labios, el peli-verde lo noto volver en sí dando un respingo.
-Kuroko –repitió.
-…Nada. Solo…yo… -la duda inundaba sus facciones y palabras, pero casi inmediatamente enmudeció por completo, tan solo dedicándole una mirada de disculpa al más alto, antes de desviarla al suelo nuevamente.
-Bien –dijo casi inmediatamente el doctor, con seriedad –Te daré una orden de incapacidad de dos semanas.
El agente levanto la mirada con rapidez, apretando los puños.
-Estoy bien, Midorima-kun. No es necesario –se apresuró a decir. No quería que lo mandaran a descansar, no quería sentirse inútil…débil…
-¡Claramente no es así!–replico el de lentes elevando la voz, antes de llevarse una mano a la cara, obligándose a recuperar la calma al ver la mirada rota del pequeño.
Suspirando, lo intento de nuevo.
-Kuroko, hay algo que no quieres decirme y no sé qué tan grave debe ser el problema como para que lo ocultes, pero no pienso obligarte a soltarlo, por ello te estoy dando unos días, para que te relajes y pienses, ¿entiendes?
Por supuesto que lo entendía…pero no por ello las ganas de llorar eran menos.
-Si –dijo en un susurro, levantándose de la camilla y caminando hacia la puerta, pero antes de llegar a esta una mano se colocó sobre su cabeza, despeinándolo.
-Mejora esa cara. Solo era una semana, y te iremos a visitar –comento el mayor, mirando hacia otro lado para ocultar su rostro.
Sin poder evitarlo, el fantasma embozo una pequeña sonrisa, volteando a mirar al doctor, ensanchando así el gesto por la expresión tan avergonzada de este.
-Ya vete, –lo empujo el médico, al notar la atención puesta en el – tengo una consulta en 5 minutos.
-Gracias, Midorima-kun –dijo a su vez, saliendo por la puerta con más ánimos y recibiendo como respuesta un bufido.
Aun si el peliverde era todo un tsundere obsesionado con las predicciones, el menor en verdad lo apreciaba, pues debajo de aquella forma seria y "fría" de actuar, había un amigo con un enorme corazón.
Sin perder la ligera sonrisa en sus labios, Kuroko abandono el edificio sin despedirse de nadie. De algún modo se sentía mejor, pero quería ir a su casa…quería tirarse a dormir pacíficamente después de tantas sorpresas en un día. Quería olvidar.
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En todo el trayecto a su hogar, se la paso tarareando una canción y pensando en pequeñas trivialidades, logrando mantenerse lo suficientemente distraído como para olvida cierto tema, de tal modo que el viaje incluso se le hizo sumamente corto.
Así era como las cosas debían ser. Ya todo había pasado, y lo que él debía hacer era dejar pasar aquello. Además, que Seijuro ahora tuviera negocios con la empresa no le debía de afectar, pues ello no significaba que se volvieran a ver, o a tratar, pues las posibilidades eran mínimas. Además, ese era su territorio. No había momento en el que ese hombre pudiera interceptarlo cuando fuera a tratar asuntos a la empresa, pues nunca estaba solo, Kagami regularmente estaba siempre a su lado, y si no era él era Aomine, Kise, Momoi, e incluso Midorima de vez en vez.
Si…todo estaría bien.
No iba a negar que se sentía algo confundido, molesto, avergonzado, herido, idiota…ah, era un revoltijo de emociones, pero a fin de cuentas solo debía enterrarlas y ya, como si nada hubiera sucedido, tal como hacía desde niño.
Mordiéndose un labio, el menor finalmente vislumbro su casa, de modo que bajando la velocidad estaciono el auto sin dificultad alguna en el garaje, antes de salir y adentrarse en la construcción con algo de cansancio, pero sintiéndose increíblemente bien al estar finalmente en su hogar.
Le gustaba su casa. No era muy grande, pero se encontraba a las afueras de la ciudad, a tan solo unos metros antes de un pequeño bosquecillo (Curiosamente, al otro lado de la ciudad de la de cierta persona en quien no quería pensar) Era su pequeño espacio de paz.
Cerrando la puerta principal con seguro, el menor no perdió tiempo con nada más y fue directamente a su habitación, adentrándose a esta y poniendo el seguro, antes de dejar celular, llaves, tarjeta y arma sobre la cómoda, para después deshacerse de su ropa, sustituyéndola por un short negro a la rodilla y una playera azul marino de algodón que le quedaba algo grande.
Por un momento, al terminar de vestirse, se quedó viendo el arma de fuego sobre la cómoda, reconociendo para sí mismo que había pensado, al menos una millonésima de segundo, usarla contra el pelirrojo cuando lo había visto en la oficina…Aunque ciertamente, hasta el momento, jama sabía matado a una persona, pues no era algo de lo que él se encargara, principalmente por que en realidad no se creía del todo capaz.
Sin muchas ganas, Kuroko entro al baño y se lavó el rostro, dejando al descubierto el moretón sobre su mejilla y pómulo derecho, que si bien no era algo grave en realidad, por el hecho de ser una persona demasiado blanca este resaltaba más de lo que debía.
Suspirando, el menor abrió el gabinete tras el espejo y saco unas pastillas para el dolor, tomando dos de estas de inmediato, pues los efectos de las que había tomado en su departamento estaban pasando y las caderas y otras partes de su anatomía comenzaban a molestarle. Una vez hecho eso, finalmente regreso a su habitación, apago las luces y se metió a la cama, haciéndose un ovillo para ganar algo de calor, mientras lentamente sus azules ojos comenzaban a cerrarse debido al cansancio.
Sabía que aún era algo temprano para dormir, pero ya después arreglaría ese desfase en su reloj interno.
Mientras los minutos pasaban y el sueño comenzaba a hacerse presente, de algún modo la estancia le pareció fría y más solitaria de lo habitual. Que mal que su pequeño perro Nigou no estaba en casa en esos momentos, pues la mañana anterior, antes de partir al trabajo, había tenido que llevarlo al veterinario por un problema estomacal, y aunque según un mensaje en su celular le aseguraba que ya estaba bien, seguiría en observación hasta la mañana siguiente.
Encogiéndose un poco más bajo la delgada cobija que lo cubría, Tetsuya cerró los ojos, comenzando a perderse en divagaciones no muy importantes realmente, pero que ocupaban estratégicamente el lugar de otras cosas que no quería sacar a la luz ya.
-Buenas noches, Nigou… -susurro antes de dejarse acunar por el sueño.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Aun no despertaba del todo, pero su cuerpo reaccionaba al toque de algo húmedo que descendía poco a poco por su mandíbula, hasta situarse en su cuello.
-Basta…Nigou… -fue lo primero que atino a decir, estremeciéndose debido a las cosquillas que aquel travieso contacto le ocasionaba.
Pero aquella extremidad húmeda no detuvo sus acciones, sino todo lo contrario.
-Hey, deja de… ¡ngh! - ¡¿Lo había mordido?!
Abriendo los ojos como platos, Kuroko se encontró con la imagen de su propio cuerpo desnudo, mientras un pelirrojo en iguales condiciones se encontraba encima de él, acomodado entre sus piernas mientras lo sujetaba por las muñecas con una sola mano, al mismo tiempo que un rastro de sangre descendía por una de las comisuras de sus labios debido a la mordida que le había dado, y sus ojos brillaban con sadismo.
Aterrado trato de liberarse apenas pudo, pero sus acciones se vieron interrumpidas cuando repentinamente Seijuro levanto su mano libre, sosteniendo en esta una navaja, antes de dirigirla contra su agitado pecho, dispuesto a atravesarlo con ella.
Tensando la mandíbula, el peli-azul cerró sus ojos con fuerza, justo cuando el metálico objeto se hundía en su piel.
-¡AHHH! –dio un salto en la cama que casi lo tira de esta.
Abriendo los ojos de golpe debido al susto de sentirse caer, el menor se estiro para tomar su arma, para justo después mirar a todos lados rápidamente, apuntando y mareándose un poco en el proceso, pero finalmente reparando en la habitación oscura en la que se encontraba…completamente solo…
Dejando salir todo el aire contenido, Kuroko soltó la pistola y se acomodó recargado contra el respaldo de la cama, encogiendo sus piernas antes de llevarse ambas manos al rostro, buscando calmarse.
Había sido solo un sueño…uno que llevaba repitiéndose ya tres días seguidos desde que aquello había pasado.
Las cosas no estaban funcionando muy bien…
-Maldición… -exclamo en un susurro, levantándose de la cama para recorrer las cortinas, dejando que los débiles rayos del amanecer comenzaran a iluminar la estancia.
Meditativo camino ahora hasta el baño, donde se lavó el rostro con agua fría para despejarse y eliminar los rastros de lágrimas que corrían por sus mejillas.
Enjuagándose también el cabello, y cambiándose de playera debido a que la que traía estaba algo húmeda por el sudor propio de una pesadilla, el fantasma concluyo que tratar de volver a dormir era caso perdido, así que haciéndole caso al hueco que comenzaba a sentir en su estómago, salió de su habitación con destino a la cocina, tomando rápidamente un suéter para mitigar el característico frio de las mañanas.
Aun algo nervioso por el incómodo silencio que había, prendió la pequeña grabadora que tenía en la barra, dejando sonar el contenido aleatorio de la memoria USB que había dejado conectada la última vez.
Apenas la música comenzó a hacerle compañía, Kuroko se permitió relajar un poco su cuerpo, lo suficiente como para dejar de temblar y poder sacar un plato, para verter en este poco menos de medio plato de cereal y leche que, parado frente a la ventana, comió con lentitud, mientras miraba a Nigou aparecer en la estancia y hacerle compañía al comenzar a desayunar también.
Mirando como su pequeña mascota terminaba y le hacía monerías, se permitió embozar una sonrisa. Ya todo estaba bien, pero seguía sintiéndose nervioso…como si algo fuera a pasar.
Dejando el cuenco vacío en el lavabo, el oji-azul se agacho para tomar a su perro en brazos para acariciarlo, tratando de olvidar la pesadilla de hace unos minutos; después de todo, se había dicho que dejaría aquello pasar, y como agente se suponía no sería problema; lo olvidaría. Eso era algo que les enseñaban a hacer en la academia para sobrellevar situaciones así…pero una cosa era la teoría y otra la práctica.
Mordiéndose un labio, Kuroko dejo al pequeño animal en el suelo, aun sintiéndose aun algo decaído, pero estando decidido a seguir adelante, intentándolo. Ese hombre no viviría como una sombra en su vida, no tenía derecho a ello; además…
El sonido del timbre resonar desde la puerta principal corto abruptamente su hilo de pensamiento.
"Ah…Momoi quería verme…", recordó casi de inmediato, negando con la cabeza.
Aunque no le animaba mucho la idea de mentirle también a su amiga, Kuroko camino un tanto más vivo hacia la puerta principal, preguntándose si ella vendría sola o con Midorima, Kise, Alex, o alguien más; pensando rápidamente en que tal vez debería poner a calentar un poco de té, o café…
Dando un hondo suspiro, el fantasma quito los seguros y, sin miramientos, abrió la puerta.
-Momoi… -su voz se cortó.
Fue imposible para él no sentir como la sangre huía de todo su rostro dejándolo aún más pálido de lo que era, al encontrarse frente a él a Himuro y Murasakibara, los guardaespaldas de Akashi Seijuro…
-Kuroko Tetsu... –ni siquiera le dejo terminar la palabra al pelinegro, pues inmediatamente le había cerrado la puerta en la cara con toda la fuerza que fue capaz de emplear, apresurándose a ponerle los seguros mientras Nigou ladraba incesantemente hacia esta en respuesta a su actuar.
Eso no podía estarle pasando.
-¡Nigou! –llamo con manos temblorosas y los ojos brillando por la incredulidad y pánico impreso en ellos, antes de correr hacia su habitación, teniendo como objetivo su arma y celular, pero apenas llegar a aquella estancia se topó con que ambas cosas no estaban en donde las había dejado.
-¿Qué…? –jadeo, con el corazón latiéndole al límite de la taquicardia, al mismo tiempo en que el ladrar de su mascota se dejó de escuchar.
Aterrado al ver que este no le había seguido cuando le llamo, inmediatamente se dio la vuelta y corrió de vuelta a la sala, pero apenas al salir y doblar hacia aquel lugar, se vio chocando con un cuerpo que le era imposible no identificar.
-Kuroko –fue el murmuro que escucho cuando esa persona lo sostuvo por las caderas, evitando que cayera de ese modo.
Con el rostro descompuesto entre la sorpresa y el miedo, el nombrado se apresuró a poner distancia empujando por el pecho al mayor, liberándose y dando rápidos pasos atrás, tan desesperadamente que termino perdiendo el equilibrio y cayendo de espaldas al suelo.
-¡Ngh! –le fue imposible no doblarse y gemir de dolor por el golpe. Sus heridas lo habían resentido.
Con lágrimas apunto de rodar por sus mejillas, Kuroko se encogió cuando el pelirrojo se apresuró hacia él, al mismo tiempo que aparecían en el pasillo la pareja de guardaespaldas que habían logrado ingresar a su casa.
En ese momento, Kuroko pensó que lo golpearían, que le harían mil y un cosas, que Akashi lo obligaría a repetir lo de aquella noche, o que lo mataría ahí y ahora, como en su sueño; por lo que, aun antes de que los dos guardaespaldas fueran completamente visibles y Akashi llegara a su posición, no pudo evitar comenzar a hiperventilar, cayendo en un ataque de pánico.
-¡Tetsuya! –la voz del mayor le sonó repentinamente lejana, aunque podía sentirlo demasiado cerca. ¿No se daba cuenta de que no quería que lo tocara, que estaba aterrado?
Pero… ¿Por qué se veía preocupado? ¿Por qué se agachaba a su lado para sostenerlo suavemente?
Entre su desesperación y delirio, el menor no pudo evitar preguntarse aquello, antes de simplemente desmayarse en brazos de Akashi.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
-…Despierta… -escucho una leve voz llamarlo, como si le hablaran desde muy lejos en un lugar cerrado y con eco.
¿Dónde estaba? ¿Por qué sentía el cuerpo tan pesado?
-Oye, Kuroko… -otra vez la misma voz. Esta vez se escuchaba más nítida. ¿Cómo sabia su nombre?
Haciendo temblar sus parpados, poco a poco comenzó a abrir los ojos, notando en un primer momento que se encontraba en su habitación, recostado sobre su cama. ¿Otra vez había sido todo solo un mal sueño? No…, había alguien sentado a su lado, mirándolo y agitándolo un poco por el hombro.
Reaccionando apresuradamente, el menor abrió los ojos como platos, encontrándose con Himuro enfrente de él.
-Espera, tranquilo –fueron las palabras de ese hombre mientras lo sostenía por los hombros cuando quiso hacer amago de levantarse corriendo de la cama, para alejarse de él.
Apenas lo hubo tocado comenzó a revolverse en el lecho, sin importarle las molestias de su cuerpo, buscando soltarse mientras unas cuantas lágrimas escurrían por sus ojos.
-¡S-Suéltame! –fue su débil grito entrecortado, mientras luchaba contra las manos del pelinegro, quien en un movimiento rápido se había lanzado a rodearlo con sus brazos, logrando incapacitarlo de ese modo.
Irremediablemente su cuerpo comenzó a temblar, quitándole fuerza a sus sacudidas.
-Tranquilo, está bien, no te hare daño. –eran las palabras que el mayor susurraba una y otra vez, sin rendirse ante sus forcejeos que cada vez disminuían más y más de intensidad.
Después de unos minutos simplemente se quedó quieto, adolorido y cansado, mientras las lágrimas no dejaban de rodar por sus mejillas, manchando el abrigo del pelinegro.
-¿Ya estas mejor? –le pregunto el guardaespaldas al notarlo más tranquilo, aun sin liberarlo del abrazo que le daba y que de algún modo le brindaba cierta calidez.
No fue capaz de hablar ante su pregunta, pero él pareció entender su silencio.
-Voy a soltarte, pero necesito que te quedes quieto –le aviso tras unos segundos, de forma paciente –No te hare daño; nadie lo hará. ¿De acuerdo?
Sin ver opción alguna para hacer lo contrario a lo pedido y obtener algo de ello, se limitó a asentir con la cabeza débilmente.
-Bien, entonces ya está.
Ayudándolo a quedar sentado en la cama al tiempo que quitaba la resistencia de sus brazos, el mayor lo libero, alejándose un poco para darle su espacio, y ante ello Kuroko cumplió con lo acordado y permaneció quieto, sentado en la cama y mirando con atención y rechazo a su interlocutor, quien le dedicaba una pequeña sonrisa para infundirle un poco de confianza que, por supuesto, le costaría mucho obtener.
-Te desmayaste –hablo de repente, haciéndole dar un respingo –Has estado dormido una hora. ¿Te sientes bien?
Algo vacilante asintió, apretando entre sus manos las cobijas.
-Perdona por lo sucedido, el plan no era asustarte, pero… -divago unos segundos, buscando las palabras adecuadas para continuar –Creo que de algún modo era imposible no hacerlo ¿verdad?
Suspirando, asintió de nueva cuenta, sin querer llevarle la contaría al chico, pues no sabía a qué quería llegar.
Para Himuro no paso de largo lo que el menor estaba haciendo, por lo que no pudo evitar secundar su suspiro, algo frustrado. Definitivamente hubiera sido mejor darle tiempo, pero su jefe estaba tan…
-Mira –comenzó, decidiendo ir al grano de una vez por todas – Akashi quiere hablar contigo.
El pequeño cuerpo sobre la cama se tensó de manera demasiado visible, a lo que Tatsuya solo pudo morderse un labio, sintiendo pena por el menor.
-Escúchame –pidió, queriendo consolarlo de algún modo –Solo quiere hablar contigo, no pasara nada malo ¿sí? Lo que paso…em, bueno…
Kuroko no pudo más que encogerse por lo último y desviar el rostro, incomodo.
Ante aquella reacción, el pelinegro negó con la cabeza para sí mismo, antes de mirar hacia la puerta, donde afuera de esta cierta persona esperaba con los ojos cerrados y los brazos sobre el pecho a que él saliera para así estar a solas con el menor.
Tatsuya respiro hondo, antes de dedicarle una sonrisa al menor y levantarse.
-Estaré afuera –término por decir –Si te sientes mal o te asustas, solo llámame y vendré.
Sin más, Himuro coloco un momento su mano sobre la cabeza de hebras azuladas, sintiéndose terriblemente mal al provocar con eso que el menor se tensara.
Tragando saliva, se levando de la cama y salió de la habitación, parándose frente al pelirrojo que lo esperaba afuera.
-¿Cómo está? –fue la primera pregunta que salió de los labios del pelirrojo, que abriendo los ojos lo miraba directamente a la cara.
-Es un agente, pero ya sabes que no se dedica a…bueno, a cosas que lo involucren directamente con su trabajo. Está asustado, dolido y nervioso, pero lo mantiene a raya... Debimos haber esperado –suspiro, frunciendo el ceño.
Sin decir nada, el empresario hizo una señal a su guardia para que le dejara pasar, a lo que este simplemente obedeció, decidiendo ir a donde su compañero, para dar más privacidad a la plática que estaba por comenzar.
-No lo arruines –fue lo último que le susurro a su jefe cuando paso a su lado.
Asintiendo, aunque Himuro ya no lo veía, el pelirrojo abrió la puerta y se adentró al sencillo cuarto del menor, quien permanecía sentado en la cama abrazando sus rodillas, mientras la cabeza la recargaba en estas, mirando hacia la única ventana de la habitación.
Tal vez para cualquiera, el peli-celeste tenia apariencia apacible, tranquila; pero ciertamente no era así, y eso era algo que no pasaba desapercibido para la aguda vista de Seijuro, quien lo evaluó de pies a cabeza en cuestión de segundos.
Por un rato nadie hizo movimiento alguno, de modo que la tensión en el aire pareció hacerse más denso.
-¿Cómo supo donde vivía? –para sorpresa de ambos, fue el peli-celeste el primero en romper el silencio, aunque su voz apenas se asemejo a un susurro.
Suspirando, Akashi camino hacia la ventana y se detuvo frente a esta, sin ver nada de lo que había afuera realmente, mientras que por su lado Kuroko solo desvió la mirada. No quería ver al pelirrojo…
-Si entro al sistema… –no era una pregunta.
-Sí, pero solo "tome prestado" un archivo. Después lo elimine todo, como seguro habrás visto.
-Mi mascota.
-Está en la sala. Murasakibara lo "compro" con un bombón.
Kuroko soltó un suspiro cargado de alivio.
Seijuro volteo a mirar al agente, sintiéndolo un poco más relajado.
-Kuroko –hablo, acercándose a él con pasos cuidadosos, para no asustarlo, aunque claramente pudo ver como el pequeño cuerpo temblaba en reacción a su cercanía.
Cuidadosamente tomo asiento en la cama, tratando de no parecer demasiado…intimidante. No quería asustarlo, pero eso parecía casi imposible… ¿de qué modo podía acercarse a él? O mejor aún, ¿Por qué quería hacerlo? Por unos días creyó que solo era por la culpa que sentía por lo sucedido…pero después, cuando recordaba el roce de su piel con la de aquel chico de ojos azules, su cuerpo ardía y lo extrañaba, y no solo su cuerpo, también su olor, su voz…
Jamás había sentido eso por nadie…y por ello le mataba el hecho de estar prendado de una persona a la que le había hecho algo horrible.
Dudativo, el de ojos rojos miro al chico, antes de levantar una mano y llevarla hasta el hombro del menor…Quería tocarlo.
-¿…Por qué esta aquí? –pregunto de repente el menor, de modo que Seijuro detuvo sus acciones.
¿Qué podía decirle? ¿"Lo siento"? Aquello no valdría nada. Jamás se había tendió que disculpar con nadie, y aunque había planeado todo en su cabeza ahora sentía que nada de lo que dijera o hiciera serviría para nada.
Además, el plan original no había sido ir a su casa y asustarlo como hacia un rato, pero al no saber nada de el en la agencia había entrado en pánico, y no pudo soportar aquello más de tres días. Necesitaba verlo…
Ante el silencio en la estancia, Tetsuya tomo valor dando un suspiro, para así levantar el rostro y encarar a Seijuro, sintiendo que toda su valentía se esfumaba tan solo con mirarlo.
Pegándose inconscientemente más al respaldo de la cama, Kuroko pensó en mil escenarios que podían desatarse, tratando de encontrar en todos estos una forma de escapar de aquel hombre, pero era inútil; estaba rodeado. Aun si lograba pasar al pelirrojo, afuera estaban sus guardaespaldas, y tal como estaba su cuerpo no podía hacerles frente en lo más mínimo.
Había tomado una mala decisión al no estar comiendo adecuadamente en los últimos días, pero nadie podía culparlo ¿cierto?
-Kuroko –la voz del mayor lo saco de sus pensamientos, obligándolo a conectar sus ojos con los contrarios, que lo miraban con intensidad y algo más… - Lo siento.
Todo se quedó en silencio. ¿Había escuchado bien? ¿Aquel hombre se había disculpado…?
-¿Qué…? –susurro, al tiempo que su expresión se endurecía segundo a segundo. Tenía que estarle jodiendo… – ¿"Lo siento"…?
-A estas alturas seguro ya sabes todo lo que sucedió –dijo a modo de respuesta el pelirrojo, mirando hacia la pared – pero no quiero decir que eso sirva de excusa. Acepto que cometí un grave error y por eso me disculpo. Jamás le había hecho algo así a nadie, pero….por varias razones termine haciendo aquello contigo.
Kuroko cerro lo ojos, tensando a su vez la mandíbula.
-Lo siento –escucho repetir al pelirrojo.
Debía ser una broma…enserio, una muy mala. ¿Cómo podías aparecer en la casa de alguien a quien habías violado solo para decir "lo siento"? Kuroko sintió que cada fibra de su cuerpo se quemaba en respuesta a la ira que le embargaba. Aquello era un descaro total, una burla. Simplemente no podía concebir tal grosería, además…
Dejando de observar la colcha, para dejar de asesinarla con la mirada y dedicarle está a la persona correcta, Kuroko creyó ser capaz de mirar a los ojos al pelirrojo que se pensaba libre de controlar todo con tan solo así desearlo…pero quien, en ese momento, lo miraba con un arrepentimiento tal, que las palabras que tenía listas para decirle se extinguieron en su garganta.
Y en ese momento, pensando en todo lo que había pasado, y en todo lo que como agente sabía gracias a casos sucedidos en otros de los departamentos de la agencia, aceptaba que "aquello" no había sido tan horrible, es decir, pudo haber sido peor…Seijuro pudo haberlo obligado a hacer tantas cosas, pero al final simplemente había sucedido eso…
Suavizando su expresión, Kuroko soltó un suspiro, odiándose un momento por ser tan el mismo y siempre buscarle algo positivo a las cosas.
-Es molesto que alguien entre a una casa ajena de esta forma –comenzó, mirando hacia el suelo –pero…supongo que no me sorprende de alguien como usted, aunque le pediré que no lo vuelva a hacer, por favor.
Mirando al pelirrojo, noto como este fruncía el ceño como un niño al que le enseñan que comer pegamento está mal.
-Dejémoslo así –dijo con una pequeña sonrisa –Todo fue error y aunque no por ello se justifique lo que paso, solo…sigamos con nuestras vidas y olvidémoslo.
Seijuro pareció debatirse por decir algo, aunque no parecía ser capaz de externarlo.
-Usted no es una mala persona –dijo de repente, haciendo que el pelirrojo lo mirara con sorpresa –A pesar de todo, no creo que lo sea.
"Que alguien haga algo malo, no significa que sea una mala persona" Le había costado entender lo que su madre le había dicho hace mucho tiempo atrás, pero…tenía razón. Muchas circunstancias podían llevar a alguien a hacer ciertas cosas que se verían por cualquiera como algo que estaba mal, pero a pesar de eso podía no tratarse de alguien malo en realidad…
Tal vez aquello podía aplicar al hombre que se encontraba frente a él. No lo conocía más que por la investigación antes de la misión y lo contado por Midorima…No sabía lo que lo había llevado a ser tan…él. Todos tenían una historia después de todo ¿no?
Embozando una ligera sonrisa, Kuroko se sintió un poco más tranquilo. ¿Eso era lo mejor, no? Que cada quien continuara con su vida…
-Gracias –la voz del pelirrojo lo hizo regresar sus ojos a los contrarios, admirando nuevamente el peculiar color de estos –…pero no puedo olvidarlo.
¿Qué…?
Abriendo los ojos como platos, Kuroko observo con miedo cuando el pelirrojo se acercó peligrosamente a él, dejando sus rostros a tan solo 20 cm de distancia.
-Lo que sucedió, en verdad lo lamento –susurro el pelirrojo, sin apartar sus bicolores ojos de los suyos –pero…aunque tu así lo quieres, yo no puedo dejar que sigamos con lo nuestro sin volver a vernos.
-De que…
-Hare que lo olvides –interrumpió el pelirrojo –… y que cuando me mires no lo hagas con miedo.
Sin palabras alguna que lograra salir de su boca, Kuroko solo pudo sentir cuando Seijuro acaricio uno de sus brazos, mientras su mano libre la colocaba bajo su barbilla, de modo que le fuera imposible rehuir el rostro, aunque en ese mismo instante le fuera imposible siquiera el tratar de moverse. Estaba paralizado por lo que el mayor había dicho.
-Tetsuya… -escucho al mismo tiempo que sintió el aliento del pelirrojo contra sus labios, antes de que estos finalmente fueran tocados por los contrarios de forma increíblemente suave e inocente, como quien besa un pétalo de rosas…y aunque aquel contacto no duro más de cinco segundos, el calor transmitido por los labios contrarios pareció no irse de él cuando Seijuro se separó, entrelazando entre sus dedos los suyos.
-Sin importar que, lograre aquello –le dijo en un susurro, levantando su mano y depositando otro beso en ella –Hasta pronto, Tetsuya.
Sin decir más, el pelirrojo se levantó de la cama y salió de la habitación, dejando la puerta abierta para permitir que aquel pequeño animal que tanto se parecía a su dueño entrara a esta y sacara de su transe a este, quien solo pudo escuchar como la puerta principal era cerrada tras unos segundos.
Temblando de pies a cabeza, y con un enorme sonrojo en el rostro, Kuroko se recostó en la cama, acompañado por su mascota, sin saber exactamente que hacer o pensar, mientras sentía como en su estómago parecían revolotear un montón de mariposas…
FIN DEL CAPÍTULO 5
¿Y bien? ¿Que les pareció hasta este punto?
Aun falta lo demás; en un momento se los subo~ ^^
