Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
Una Razón
III
La mirada de Bulma era señal obvia que estaba más que sorprendida por la noticia. Sí, ella ya era esclava del imperio de Vegetasei, lo tenía más que asumido, después de todo, cuatro años en un planeta tan hostil no transcurren de la forma más fácil, pero esto era diferente. Ahora su dueño poseía nombre y rostro y todo porque al príncipe se le había ocurrido quedarse con ella. ¡Que hijo de puta más grande! Ella era una mujer, una persona, no una cosa que podía pasar de mano en mano o de dueño en dueño. Ella era una mujer inteligente, poderosa que manejaba, junto a su padre, un mega imperio con sucursales distribuidas por todo el mundo. Cuando ella llegaba a un habitación, todos se ponían de pie, cuando ella hablaba todos se callaban y escuchaban. Ella poseía un cerebro pensante, era creadora de cientos de inventos útiles para la sociedad, ella era un ser humano, maldita sea, y ahora porque un mugroso simio posiblemente se había encaprichado con ella debía ser tratada como un objeto y quizás qué cosas hacer. Ella era Bulma Brief, no una cosa ni una prostituta, y ese hombre se enteraría de quien era.
–-Como usted diga, su majestad –-respondió mirando el suelo. El príncipe de los saiyajin se enteraría quien era ella, pero no aún.
Debía resistir y ser fuerte, contar hasta un millón y sacarle provecho a la situación. Ese saiyajin estaba interesado en ella y podía conseguir muchas cosas si lo complacía. Era el segundo hombre más poderoso del todo el planeta, esta era su oportunidad para poder escapar de este lugar. Ya antes había conseguido favores, coqueteando y seduciendo a otros saiyajin, este sería otro más en su lista, uno más inteligente y astuto, pero hombre al fin y al cabo que terminaría haciendo lo que ella quisiera si era más inteligente que él, y definitivamente lo era.
Vegeta levantó una ceja. Esperaba cualquier reacción, menos esa.
–-¿Eso es todo?
—Por supuesto, su majestad. ¿Acaso mi opinión sobre mi vida y mi cuerpo importa en algo en este lugar? —Se mordió la lengua para no seguir. Si le decía todo lo que pensaba definitivamente terminaría muerta, y ella tenía otros planes a futuro. Tenía que seducirlo, eso era lo importante ahora.
—Está bien, no importa. —Sonrió y caminó por la habitación mientras movía su brazo izquierdo y abría y cerraba la mano para recuperar por completo la movilidad.
Bulma no se movió de su lugar, pero lo sintió detrás suyo y se puso nerviosa. Cerró los ojos y sintió su cuerpo tiritar. No es así como quería terminar su vida, no quería ser prostituta de nadie ni ser tomada a la fuerza, porque ella no se entregaría a nadie bajo esas condiciones y el hombre que había decidido quedarse con ella tenía la fuerza para forzarla con un solo dedo si le lo proponía. Días o incluso minutos atrás hubiese sido fácil coquetearle, pero ahora si le ponía una mano encima a la fuerza, todo su plan se iría al demonio. Ella no podría sentir deseo ni atracción por alguien así.
—Hablemos de lo importante, terrícola —dijo cerca de su oído derecho—. Necesito hacerme más fuerte y tengo poco tiempo para eso. —Volvió a caminar hasta ponerse en frente de ella para mirarla—. ¿Sucede algo, muchacha? —preguntó al verla tan tensa y con los ojos cerrados.
Bulma los abrió al oírlo y se sintió mucho mejor al comprobar que ya no estaba al acecho de ella. Se tomó unos segundos para tomar aire antes de responder.
—Lo siento mucho. Dígame, qué tiene en mente —dijo sin un atisbo de temblor en su voz, como una profesional.
—Estaré un tiempo sin viajar, por lo tanto no tendré batallas y no podré aumentar mi poder de pelea. Necesito equipar el cuarto con tecnología que me ayude a potenciar mi poder.
—Usted vive en un planeta lleno de guerreros poderosos, y sin embargo, necesita una habitación especial para entrenar. Asumo que queda descartado entrenar con otras personas…
—Prosigue. —Se cruzó de brazos y la miró atento.
Bulma realizó una vista general de la habitación antes de hablar.
—Veo que tiene objetos similares a los que usan los hombres de mi planeta para levantar pesas, puedo hacer algo para que aumenten su peso sin necesidad de mayor masa y le sea más difícil de manejar, pero sin ocupar más espacio.
—Sí…
—Ya es claro que no desea entrenar con terceros, podría crear unos compañeros que se enfrenten a usted, que sean resistentes para soportar los golpes, y de ese modo entrene sus sentidos y agilidad.
—Unos robots.
—Exacto.
—Tengo a los Saibaiman para eso.
—¿Saibaiman?
—Criaturas pequeñas poderosas. Resisten golpes y son violentas.
—Puedo investigar a esas criaturas y hacer algo mejor que ellas.
—Interesante.
—Este cuarto ya está reforzado, pero deberé trabajar en ese detalle —dijo en cuanto puso su mano sobre el muro.
—Necesito más —exigió. Sabía que podía darle más, por eso la había escogido y él no se equivocaba.
—Tal vez algo que pueda alterar la habitación y provoque un ambiente hostil que lo tenga bajo presión todo el tiempo.
—Bajo presión —dijo para sí en voz baja, pero luego le habló directo a Bulma—. Ciertos planetas poseen mayor gravedad. Es difícil acostumbrarse a ella los primeros minutos.
—¿Muy aumentada?
—Diez, veinte veces. Hace años conquisté un planeta con la gravedad aumentada treinta veces. La mitad de los soldados no duraron más de cinco minutos.
En ese momento la idea apareció en el cerebro de Bulma en forma de luz.
—Que tal un cuarto reforzado que cuente con un sistema digital para aumentar la gravedad a su voluntad, sin que afecte en nada el exterior.
—¿Puedes construir eso?— preguntó más que interesado en el tema.
—Por supuesto, pero primero debo investigar un par de cosas al respecto.
—¿Qué necesitas?
—Acceso a maquinaria y herramientas. Llevo más de tres años trabajando en el laboratorio y aún me son desconocidos muchos lugares. No sé exactamente con qué tecnología cuento para trabajar.
—Desde mañana tienes acceso total y deberás enfocarte cien por ciento en esa tarea.
—Solo necesito…
—Tienes tres días para darme el informe final.
—Solo necesito dos. —Dijo altanera, cruzándose de brazos. Tal y como estaba la primera vez que él la vio en el laboratorio.
—Que así sea entonces. —Respondió a la soberbia de ella con una sonrisa. Ciertamente no le desagradaba la actitud de la mujer.
Bulma permaneció con su apariencia confiada, cuando por dentro se gritaba por estúpida. Pensaba pedir al menos seis días, y su lengua nuevamente le jugó en contra. Pero bueno, necesitaba congraciarse con él si quería seducirlo. Ya se había dado cuenta que con este hombre no bastaría sonreír ni mostrar un poco de escote para conseguir que hiciese lo que quisiera. Así que en dos días le daría el informe y dejaría encantado.
—Ya puedes retirarte, mi soldado te espera afuera para llevarte. Mandaré por ti en dos días. —No esperó respuesta. Se dio la media vuelta y marchó por donde mismo había aparecido.
Inmediatamente después, Raditz apareció por la misma puerta que Bulma había entrado. No dijo nada, pero la esperaba para llevarla a casa. Bulma observó al soldado alto y luego por donde vio a Vegeta marcharse. No lo entendía, se supone que ahora era de su propiedad y no le tocó ni un pelo, además le dejaba ir a su casa sin decirle nada.
—Señorita.
Nuevamente miró a Raditz quien esperaba por ella.
—Sí, vamos. —Ahora debía concentrarse en su nuevo trabajo. Solo tenía dos días y más le valía ponerse a pensar ya.
(…)
El tiempo en Vegetasei solía transcurrir lento, pero esta vez fue diferente. Los dos días pasaron más rápido de lo que ella hubiera querido y Raditz nuevamente se encontraba en la pequeña sala esperando por ella para llevarla con el príncipe. Mientras terminaba de arreglarse, guardaba los papeles en la carpeta y otras cosas en un bolso, el grandulón conversaba con Milk y Gohan.
—Ya estoy lista —dijo en cuanto bajó.
—Que te vaya muy bien, Bulma.
—Gracias, Gohan.
La despedida fue rápida y corta, después de todo volvería en menos de una hora, tal y como pasó la primera vez. Raditz no abrió la boca en todo el viaje aunque Bulma intentó entablar conversación, y notó que si le mencionaba a Milk, Gohan y su hermano, se cerraba mucho más, ya ni siquiera conseguía monosílabos.
La joven científica pensaba que la reunión volvería a ser en aquella sala de entrenamiento, pero esta vez, con gusto notó que Raditz conducía el trasporte hacia palacio. No pasó por la entrada principal; y debieron seguir a pie luego de atravesar una pequeña puerta de madera oscura que conducía a un largo pasillo alfombrado y escasamente iluminado. Todas las puertas eran iguales y no pudo apreciar nada al encontrarse cerradas, además el saiyajin era tan alto que no la dejaba observar hacia adelante. Pensó que habrían cuadros de la realeza en los muros de piedra, o algún adorno o escudo de la familia real, pero salvo la alfombra roja y las luces, todo era bastante monótono y aburrido. Caminaron un poco más hasta que le indicó una puerta, la abrió e hizo pasar, y tal como la vez anterior, él no ingresó. Simplemente cerró y aguardó afuera.
Bulma no pudo más que sentirse maravillada. La gran habitación no estaba tan iluminada, pero no fue obstáculo para apreciar el esplendor de ésta. Los muebles finos, las gruesas cortinas rojas que cubrían los ventanales, la chimenea encendida para proteger del frío, y el exquisito gusto que alguien tuvo para decorar el lugar pasaban a segundo plano ante los cientos de libros que adornaban y embellecían la sala. Jamás pensó que en un planeta de bárbaros podía existir una biblioteca tan grande. No lograba ver de qué trataban los tomos de arriba, ya que no había escalera y los libreros casi tocaban el alto techo.
Dejó sobre la mesa principal la carpeta, su bolso y abrigo, ya que no era necesario gracias al calor del fuego, y buscó el interruptor para iluminar. Se sentía como una niña en una juguetería. No sabía por dónde comenzar, ni qué tocar primero. Debió tomar una silla para alcanzar los libros de más arriba, sin notar el barro que dejó en el tapiz. Estaba demasiado extasiada como para que le importara algo más. Había libros en idiomas que no entendía, pero que ojeó de todas formas; fue de un lado para otro, sacando los que podría interesarle, e incluso tuvo tiempo para pensar en Gohan y sacar algo de su gusto. Ese niño necesitaba distraerse un poco, no todo eran estudios en la vida.
Se maldijo por no construir aún sus capsulas, así podría robarse varios libros a la vez, después de todo no creía que alguien lo notara. Estaba segura que nadie los había tocado en mucho tiempo, y después los devolvería, no sabía cómo, o si volvería a tener la oportunidad de estar nuevamente en la biblioteca, pero los devolvería.
Cuando ya tenía más de diez libros sobre la mesa, para decidir cual de ellos llevarse, Vegeta entró al lugar por otra puerta. Procuró cerrar con suavidad, ya que ella no se había percatado de su presencia. La observó escalar uno de los libreros, tratando de alcanzar un tomo grueso que al parecer había llamado su atención.
—Malditos saiyajin que pueden volar y no tienen escaleras, ni autos, ni baños con tina, o una civilización decente —refunfuñó molesta. Ya no quería mirar hacia abajo o podría marearse, solo debía estirarse un poco más para tomar el maldito libro. Cuando finalmente pudo, lo metió dentro de su camisa y con sumo cuidado de no golpear los libros, bajó hasta que llegó de un salto al suelo alfombrado.
—¿Comenzamos la reunión? —dijo Vegeta en tono serio, borrando la sonrisa que tuvo mientras la miraba escalar los libreros.
Bulma giró asustada. No lo había escuchado y esperaba que no hubiera oído su comentario respecto a los saiyajin.
—Lo siento. No había llegado, y la biblioteca es tan grande y hermosa. ¿Es suya? —Se quitó el libro de la camiseta y dejó en la mesa con los otros.
—Era de mi madre, y luego la heredó mi hermano.
—No sabía que tenía un hermano.
—Murió hace unos meses —dijo como si fuese una noticia sin importancia y luego se sentó a la cabecera de la mesa, cerca de la chimenea. Hubiera escogido el lado opuesto, pero la joven ya lo había atestado de libros.
Bulma no quiso comentar más al respecto, pero era curioso que tuviera un hermano y no supiera de él, y mucho menos que estuviera muerto y no hubieran realizado el funeral que correspondía a alguien de su posición. Recordó cuando llevaba unos meses en Vegetasei, la reina había muerto en batalla y se celebró un ritual mortuorio que duró más de una semana.
Llevó la carpeta y su bolso y se sentó a su lado. Se cruzó de piernas y comenzó a hablar sin parar. Su idea era construir una maquina de gravedad dentro del cuarto de entrenamiento. Algo que pudiera controlar con una computadora y aumentara la gravedad a medida que él quisiera. Por el momento, su idea era llegar hasta doscientos, pero con el tiempo sería capaz de agregarle más. El resto serían robots de entrenamientos, maquinas pequeñas, esféricas, parecidas a su nave individual, pero de menos de treinta centímetros. La idea de ella era que tuvieran la fusión de espejo y reflectara su ataque sin explotar o dañarse, así no tendría necesidad de tener un tercero para fortalecerse, pero eso estaba aún a prueba. Junto a los planos que había repartido por la mesa, sacó de su bolso el prototipo del robot, y no solo le explicó cómo funcionaría, sino también cómo estaba construido.
Vegeta hizo pocas preguntas, no mostraba emoción alguna y no quitaba la atención al robot y papeles, salvo cuando en algunas ocasiones la pierna de ella rozaba la suya. Bulma estaba sentada tan cerca, que aprovechó la oportunidad de crear más cercanía y algo de contacto. No fue algo difícil para ella, ya que estaba disfrutando la situación.
La exposición se alargó media hora. Bulma le informó de hasta el último detalle y tomó nota de lo que él quería para realizar los cambios, pero en general, el príncipe había quedado más que satisfecho, y ella lo había notado pese a lucir tan serio.
—Entonces si todo está en orden mañana mismo comenzaría el trabajo. Ya escogí los hombres del laboratorio que me ayudarán para tenerlo en el tiempo que usted desea.
—Tres cosas más, terrícola. Tus hombres no van decir una sola palabra de lo que están haciendo, y cuando acaben de reforzar el cuarto, continuarás sola.
—Así será. Solo los necesito para el trabajo pesado.
—No le has hablado a nadie de esto.
—Por supuesto que no. —Mintió como la mejor profesional, después de todo Milk y Gohan no representaban peligro alguno.
—El otro punto es que trabajarás exclusivamente para mi. Ya no irás al laboratorio hasta que acabes mi cámara.
—Tengo un problema con eso. —No quería contradecirlo, la idea era que esta reunión terminara perfecta, pero debía decirlo—. Si no voy al laboratorio a trabajar alguien más ocupará mi escritorio, y…
—Si es por ese niño mitad saiyajin que escondes entre tus piernas, olvidalo. Ordena que nadie ocupe tu puesto y punto. Quiero que estés cien por ciento concentrada en mi... Aunque ese niño ya debería estar yendo a misiones.
—Es una historia complicada —se apresuró a decir. Y ella que pensaba que no se había dado cuenta de la existencia de Gohan cuando fue a verla al laboratorio.
—No me importa. Mañana quiero que estés aquí a primera hora para la construcción de la cámara.
—Dijo que eran tres cosas… ¿Cuál es la otra?
—Decidí que la construcción será en una de las habitaciones de palacio, cercana a mi cuarto. De ese modo nadie se enterará y tendré mejor acceso.
—Eso cambia un poco los planes en cuanto a la construcción, pero es algo que solucionaré enseguida. —Se apresuró en guardar el robot y sus papeles. Se puso de pie, no sin antes asegurarse que su pierna rozase la de él—. Algo más, antes de marcharme —dijo sonriendole y caminando hacia los libros de la mesa—. ¿No hay problema que me lleve algunos libros?
—Puedes llevarte el que quieras. —respondió poniéndose de pie, dirigiéndose al otro extremo de la larga mesa, donde estaba ella.
—Muchas gracias, príncipe Vegeta. Le prometo que no se arrepentirá — contestó con voz seductora.
—Lo sé, pero no te he dado la orden para que te retires. —La tomó del cuello y obligó a retroceder hasta que chocó con uno de los libreros. Ya demasiado se había resistido de tocarla y él no solía contenerse en ese aspecto.
Bulma soltó un gemido cuando sintió la fría armadura aprisionarla contra el mueble, y lo miró a los ojos como hace tiempo no lo hacía con nadie: con deseo y calor, olvidando por completo que todo era parte del plan de seducirlo, pero la verdad es que ella ya estaba completamente seducida por él.
—Estás tiritando, pero no de miedo, como debiese ser —dijo mirándola.
—¿Debiese tener miedo? —respondió justo al momento que él pasaba su pulgar enguantado por sus labios, tal como lo hizo hace más de una semana cuando la acorraló dentro de su nave, pero esta vez, los curvó e introdujo el dedo en su boca, sin perder contacto visual.
Ese acto provocó que el miembro de Vegeta se pusiera duro al imaginar su boca llena de él.
—Mucho —dijo sonriendo de forma perversa, mostrando los dientes, al mismo tiempo que presionaba la cadera contra ella.
La besó con fiereza y ella se dejó llevar, entregada por completo. La armadura no tardó de desaparecer, olvidada en el suelo a unos pasos de ellos. Tomó sus muslos para apretar y levantarla del suelo unos segundos y abrir sus piernas, mientras se comían la boca del otro a mordiscos y besos. Subió la mano hasta su pecho y con solo el dedo indice tiró la camisa para rajar los botones y ésta se abriera por completo. En cuanto su pecho quedó expuesto se quitó los guantes para tocarla.
Bulma, bajó sus manos para poder tocarlo, y justo en el momento que sus yemas rozaron la punta de su pene, la tomó de la muñeca y apartó la mano de forma tensa. Atrapó ambas muñecas por sobre su cabeza y la mano libre bajó hasta dentro de su pantalón y bragas, hasta tocar su punto más sensible.
Fue en la primera entrevista que tuvieron que deseó ver su rostro y cuerpo retorcerse de placer por él, y la idea no desapareció, todo lo contrario, creció con el paso de los días y mucho más después de cada encuentro. Pues entonces eso es lo que vería ahora. Bulma estaba a su merced, era de su propiedad; perfectamente podría desnudara y penetrarla enseguida, ya estaba lo suficientemente húmeda para eso, pero primero se grabaría su rostro en el momento de máximo placer y luego continuaría con el resto. Tenía varios planes para con ella, que debería tomarse su tiempo.
Sin darse cuenta de como era observada, Bulma cerró los ojos, los apretó con fuerza a medida que continuaba siendo estimulada, e inconscientemente luchaba para liberarse de su agarre. Sus gemidos aumentaron y se volvieron más fuertes cuando ,con gran facilidad alcanzó el clímax. Hacía más de cuatro años que no se sentía de esa forma, tan expuesta y a gusto a la misma vez. Sintió su ropa y la mano de Vegeta más húmeda y agradeció que él no la liberase aún, o caería como peso muerto al suelo. No creía que sería posible, pero se ruborizó más al verlo llevarse a la boca, el dedo que tuvo en su interior hasta hace solo unos segundos.
Finalmente Vegeta la soltó para bajarse los pantalones y continuar. Pero antes que eso sucediera, se alejó varios pasos de Bulma, en frente de la puerta de entrada.
Cuando la puerta se abrió, Bulma no tuvo hacia donde ir para esconderse. Lo único que pudo hacer fue cerrarse la camisa con ambas manos y esperar que Vegeta echara al intruso que se atrevió a entrar sin golpear. Desafortunadamente para ella, había ingresado la única persona que no recibía ordenes de él.
—¡Te mandé a llamar, Vegeta! ¡Te mandé a llamar cinco veces! ¡¿A qué demonios estás jugando?! —gritó su padre con la cara roja de furia.
A Bulma no le quedó otra más que permanecer en ese mismo lugar, quieta y con la vista en el suelo esperando que el rey no notara su presencia. No se podía imaginar que sucedería con ella si la veía. Por lo menos no tenía el pantalón abajo, así que no se veía nada indebido.
—Sabes que entreno —respondió serio, mirándolo a los ojos, sin ninguna expresión en su voz ni rostro. Era como si de un segundo a otro todo lo que sucedió en ese cuarto no hubiese existido. Nuevamente era el príncipe guerrero sin emociones.
—¡Que no se te olvide que YO soy el rey, y si te llamo tienes que ir de inmediato! —Terminó casi gritándole en la cara.
A cada grito, Bulma apretaba más los ojos y se encogía de susto. Este era el momento en que más miedo había sentido en toda su vida. Ni siquiera los primeros días en Vegetasei sintió tal angustia.
—Lo siento padre, no volverá a ocurrir.
El monarca se acercó a una ventana para tratar de calmarse un poco. En ese momento ambos eran el opuesto respecto a sus estados de ánimo.
—¿Dónde estuviste hace cinco días? —Volvió a mirarlo, sin moverse de su lugar.
—Estuve en la luna 32, como me ordenaste.
—Dime la verdad, Vegeta. Donde estuviste hace cinco días. —Ya no era pregunta, sino una exigencia. En cualquier momento volvería a explotar y su respuesta dependía de ello.
—En la luna 32. Realizando la inspección de tropas, tal y como ordenaste. Y no voy a volver a repetir lo mismo una y otra vez. —Se cruzó de brazos, aburrido del tema.
Mientras tanto, Bulma escuchaba atenta. Su curiosidad fue más fuerte que el miedo.
—El hijo de Kodrac está muerto —dijo atento a la expresión de su hijo.
—Era un cobarde debilucho, tarde o temprano la protección de su padre no le sería de utilidad. —Nuevamente. Ni un centímetro de su rostro se movió de más o de menos.
El rey se tomó su tiempo antes de seguir hablando.
—Fuiste tú, ¿verdad? Nadie más que tú querría matarlo.
—Sí, y lamentablemente se me adelantaron. Si averiguas quien fue, no olvides decirme, para obsequiarle cinco planetas al asesino— respondió con una sonrisa altanera.
—¿Cómo lo hiciste para llegar a ese planeta en tan poco tiempo? Ninguna nave es capaz de llegar a su planeta en tan pocos días.
Bulma levantó la cabeza para mirar a Vegeta y el Rey. El príncipe pudo llegar sin problemas gracias a la modificación que hizo en su nave. No tenía idea en qué se había metido, pero al parecer era algo grave. Bajó enseguida la cabeza para no llamar la atención y poder seguir escuchando.
—Creo que ya estás viejo y cansado. Deberías ir a descansar, porque yo no voy a continuar con el mismo tema.
—¡No seas insolente, que aún puedo derrotarte en combate! No sé cómo lograste llegar a ese planeta en tan poco tiempo, pero lo hiciste y mataste a ese hijo de puta. ¿Sabías que Kodrac está furioso porque aún no ha encontrado las extremidades de su hijo para poder enterrarlo?
—Vas a hacerme llorar, padre —bromeó irónico.
—Ese es tu sello, Vegeta. Te conozco mucho y sé como matas. Deberías estar contento, ahora el único reino capaz de hacernos peso y vencernos, está en nuestra contra.
—Que vengan cuando quieran. Los saiyajin somos más poderosos que ellos.
—No puedo creer que todo esto sea por tu hermano Tarble. El bastardo era un débil y cobarde. Una vergüenza para nuestra familia. ¡Nos hicieron un favor al eliminarlo!
—¡Tarble murió tratando de arreglar lo que tú arruinaste, padre! —gritó fuera de sí. Todo el perfecto despliegue de auto control se fue al carajo por culpa de esas últimas oraciones.
Bulma trató de mirarlo de reojo. Era increíble, ella lo había conocido tan contenido para todo y ahora lo observaba completamente alterado por escuchar eso de su hermano, siendo que cuando mencionó su muerte, no hizo ningún gesto.
—Pues bien, ahora yo tengo que solucionar el lio en que nos has metido. Espero que pienses muy bien antes de hacer algo. —Se dio la media vuelta y marchó azotando la puerta detrás de él.
Al ser una esclava, una prostituta y nada más a los ojos del rey, Bulma se salvó que la notara más del segundo que se tomó cuando entró al cuarto. No valía nada, era menos que un mueble y eso le jugó a favor.
No supo si decir algo o hacer como si no hubiera escuchado. Permaneció en su lugar, cubriendo su torso, mirando a Vegeta que le tomó más de un segundo recobrar la compostura de siempre.
—Ya puedes retirarte —dijo sin mirarla—. Mañana te quiero a primera hora trabajando en mi cámara de gravedad. —Se marchó por la misma puerta que había entrado.
Bulma se apresuró en abrocharse el pantalón y cubrirse con su abrigo antes que entrara Raditz por ella. Tomó sus cosas y un par de libros justo cuando el gran saiyajin entraba, listo para llevársela.
Continuará...
Bueno, y de una trama simple, me fui al carajo al agregarle un tema más complejo XD jajajajaj pero no, tranquilas que lo principal aquí siempre será la relación de Vegeta y Bulma. Tengo otros fics para explorar temas difíciles.
Pienso que el Vegeta de este fic no se conformaría solo con un beso. Si él va a besar es porque va a tomar todo de ella, por eso no quise apurar ese encuentro en los capítulos anteriores (pese a que se han visto tan poco y ya se tienen ganas XD ) Quería crear situaciones que los llevara a ambos a desearse de esa manera intensa que no los deja pensar luego del primer beso . Me gustó hacerlos crear la cámara de gravedad juntos pese a que en realidad, en la serie, él no tuvo nada que ver. Quise plasmar que la química era fuerte y funcionaba incluso cuando conversaban y no solo corporalmente.
Respecto a Kakarotto. Al no haberlo visto en la serie, me da más libertad para escribirlo, así que si aquí lo hago un hijo de puta XD en otro fic lo puedo escribir más hacia el lado de Goku.
Muchísimas gracias por los follows, rws y favs. No pensé que serían tantos y me tienen re feliz escribiendo. Para las que se preguntan por El Legado, el jueves lo tendré.
Con cariño,
Dev.
20/06/2016.
