Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
Una Razón
IV
I beg to serve, your wish is my law
Now close those eyes and let me love you to death
Shall I prove I mean what I'm saying, begging
I say the beast inside me's gonna get ya, get ya, get...
(Type O Negative, Love you to death)
—Me gustaría poder ver el cuarto que estas construyendo, Bulma.
—Y a mi me gustaría llevarte, pero no puede entrar nadie a ese lugar del palacio.
Bulma y Gohan conversaban sentados a la mesa, mientras Milk terminaba de cocinar el almuerzo. Hoy era el día que no debían ir a trabajar y se quedaban en casa para descansar, ya que no había mucho donde poder ir o para distraerse, salvo el gran mercado en el centro de la ciudad de los saiyajin débiles, pero aun así era peligroso para ellos. Bulma tenía la mitad de la mesa llena de planos, herramientas y un par de robots de entrenamientos que aún no lograba dejar en perfecto estado para presentarlos. La cámara de gravedad no estaba lista, recién había comenzado a construir el cerebro del cuarto, pero durante su tiempo libre se entretenía construyendo los robots.
Había pasado una semana del encuentro con el príncipe y desde entonces no había sabido de él. Ella iba a diario a palacio, escoltada en todo momento con el gigante mudo de Raditz, y pese a estar construyendo en una habitación cercana al cuarto del hombre, ni siquiera lo había escuchado ni visto por causalidad. Realmente los días se sintieron pesados y aburridos sin él para conversar sobre su cámara y no podía quitarse de la cabeza lo que pasó entre ellos en la biblioteca; sus piernas tiritaban y su cuerpo se estremecía al recordar la manera que la tocó, incluso había soñado con él tres noches de estos siete días.
—¿El palacio es muy grande, Bulma?
—Supongo que sí. La verdad es que no puedo ir a ningún lugar más que el cuarto donde estoy trabajando.
—Es una lastima.
—Lo sé. —Miró pensativa los planos de sus robots. Ayer fue el último día de sus ayudantes en el cuarto. Ya habían terminado de modificar y fortificar la habitación, desde ahora estaría sola y tal vez sería más fácil salir a recorrer el lugar. Raditz aparecía solo para traerla de regreso a casa, y estaba segura que en esa área del palacio estaba vacía, era exclusiva de Vegeta, así que podría curiosear para distraerse un poco. Y quien sabe, también encontrarse con el príncipe esquivo.
El ruido de la puerta cerrar más fuerte de lo normal la sacó de sus pensamientos. Inmediatamente acercó sus papeles y pertenencias hacia su lado. Kakarotto había llegado y fue directo a su silla para esperar el almuerzo, igual que ellos.
—Buenas tardes, papá —Gohan saludó contento.
El hombre no habló por llevarse un pedazo de pan a la boca, pero le alborotó un poco el cabello como respuesta.
—Ya casi está listo el almuerzo —dijo Milk desde la cocina.
—¿Vas a quedarte, papá?
—Sí, niño. Unos días antes de ir a misión. —Dejó de prestarle atención a su hijo para mirar las cosas de Bulma sobre la mesa—. ¿Estos son los juguetes para el príncipe? —Tomó uno de los robots antes que ella intentara alejarlos más de él.
Bulma frunció el ceño. Él no tenía por qué saber nada del tema. Si le había contado a Milk y a Gohan era porque vivía con ellos y confiaba.
—Es algo muy delicado, devuélvemelo, por favor —dijo contenida, con la mano estirada a la espera que lo regresara.
—Tú siempre estás tan enojada, parece que el príncipe aún no te ha cogi…
—¡Kakarotto! Sabes muy bien que no me gustan las malas palabras en esta casa. —Milk llegó justo a tiempo con un gran plato de comida para callarlo.
Ya que tenía su comida servida, dejó el robot sobre la mesa, totalmente desinteresado. Bulma se apresuró en tomarlo y guardarlo en su bolso, junto con las demás cosas.
—¡Esto está delicioso! —exclamó el saiyajin con la boca llena, comiendo con ganas.
—Me alegra mucho. —dijo al hombre, y luego miró a Bulma—. Enseguida te traigo.
—No te preocupes, ya no tengo hambre, además tengo que ir a palacio. Ya no tengo días libres. —Y definitivamente prefería estar encerrada en ese cuarto frío, haciendo lo que le gustaba, antes que estar un minuto más con ese saiyajin.
—Al menos déjame guardar comida para que lleves.
—Gracias, Milk, estoy bien. Raditz ya debe estar por llegar.
Kakarotto no hizo ningún gesto y mucho menos dijo algo cuando escuchó el nombre de su hermano. Continuó comiendo la deliciosa carne asada de Milk.
—Está bien, entonces te guardaré para cuando regreses.
—Muchas gracias, Milk.
—Recuerda traerme otro libro si puedes pasar a la biblioteca. —pidió el pequeño.
—Claro que sí, Gohan.
—Tantos libros que tienes, niño. Yo a tu edad estaba entrenando para alistarme a mi primera misión.
Bulma y Milk se miraron preocupadas. Jamás habían escuchado a Kakarotto objetar los gustos del niño, ni mucho menos hablarle sobre misiones.
—Gohan, acompañame a la cocina, necesito que me ayudes en algo —dijo Milk antes que su hijo pudiera responderle a su padre. No quería arriesgarse a extender el tema y que Kakarotto se interesara en el nulo entrenamiento de guerrero de su débil hijo.
—Pero mamá, quiero estar con pa…
—Solo será unos minutos, ven. —Lo tomó de la mano y obligó a bajarse de la mesa para llevarlo a la cocina.
Cuando vio a Kakarotto con intenciones de ponerse de pie para seguirlos, Bulma regresó a la mesa para hablarle y hacerlo olvidar el tema.
—Dime una cosa. ¿El príncipe Vegeta tenía un hermano?
—Sí, pero el bastardo murió hace unos meses.
—¿Y por qué no sabía de él? Me refiero a que todos en este planeta conocen el nombre del rey y el príncipe Vegeta, pero nada de este otro hijo.
—Era un guerrero sin poder de pelea que no destacaba en nada. Una vergüenza para la casa real. ¿Qué clase de príncipe guerrero no es capaz de someter un planeta?
—Uno muy malo, supongo.
—Un completo inútil, para el rey y todo el planeta. Fue mejor que muriera, yo jamás pelearía por una sabandija así.
—¿Y cómo fue que murió?
—No sé. —Hizo una pausa para comer carne antes de continuar—. Algunos dicen que trató de ir en misión y en último momento se acobardó, pero yo creo en la otra historia.
—¿Y cuál es esa?
—Estás muy interesada en el tema —dijo sonriendo cínico, apuntándola con un trozo de pan.
—No tengo nada más que hacer en este horrendo planeta. Al menos puedo saber las historias de pasillo de la familia real.
—Simplemente se dice que su hermano lo mató para acabar con la humillación ante los planetas enemigos, y lo entiendo, yo hubiera hecho lo mismo de haberme tocado un hermano así. Ese príncipe Tarble era bajo, delgado, de voz suave, como las prostitutas baratas que encuentras en los callejones del mercado. Si ves al príncipe hoy, dale las gracias de mi parte.
Antes que Bulma pudiera contestarle, tocaron a la puerta. Era Raditz que venía por ella con una puntualidad asombrosa para tratarse de un saiyajin. El saludo entre hermanos fue frío y distante, y esta vez, Gohan y Milk no salieron de la cocina para saludarlo, como acostumbraban hacer a diario. En menos de media hora Bulma ya estaba en su lugar de trabajo, y por primera vez sola.
Trabajó en su computador toda la tarde, sentada en el suelo, en el medio de la sala, tan concentrada que olvidó el hambre y cansancio, pero cuando la tensión en su espalda y cuello aumentaron debió detenerse. Se acostó, pero no duró mucho en esa posición, el suelo era muy frío y nada agradable para descansar.
Aburrida, decidió salir a recorrer el lugar como tanto había deseado. Abrió varias puertas antes de encontrar una habitación que al parecer era usada con frecuencia. La chimenea estaba encendida, tenía un escritorio de trabajo con papeles repartidos, una armadura con la insignia real sobre una silla, y un libro en el velador. Este debía ser el cuarto de Vegeta y con toda seguridad debía llegar pronto. Caminó hacia el interior y contempló la gran y cómoda cama, hecha de manera perfecta, sin ninguna arruga; seguramente la gente que limpiaba lo hacía a diario, porque el lugar estaba reluciente y ordenado, todo muy buen puesto en su lugar de forma estructurada, como el príncipe aparentaba ser, pero seguramente ese escritorio pulcro, con un pequeño desorden organizado—lo único que seguramente no tocaba la gente de servicio—, servía para definirlo mejor, salvo que nadie sabía.
Fue hacia la licorera cerca de la chimenea, y palideció al encontrar una botella de vino tinto. Lo tomó para mirarla mejor, por su apariencia debía ser un vino fino, no la porquería que vendían en el mercado que si se atrevía a beberlo seguramente terminaría con un agujero en el estomago. Definitivamente se lo robaría para beberlo en su habitación a escondidas, pero por ahora continuaría en su lugar, esperando por ella. Lo dejó junto con las otras botellas antes de entrar al cuarto de baño, y si hace menos de un minutó se asombró con el vino, ahora tuvo que contenerse para no gritar cuando vio la tina en el centro del cuarto, ahí, sola, grande, maravillosa y seca, esperando por ella.
Ni siquiera lo pensó una vez, simplemente fue hasta esta para llenarla con agua caliente. No tardó en quitarle la ropa y prepararse para el primer baño de tina desde que fue raptada. Esto era maravilloso, no solo se daría un baño digno de una reina, sino que aprovecharía de esperar al príncipe y así matar dos pájaros de un tiro.
Vegeta entró a su cuarto, cerró la puerta y lo primero que hizo fue quitarse la armadura, lo siguieron los guantes, y la parte de arriba de su traje azul; se detuvo cuando pasó cerca de licorera y acomodó la botella de vino para que apuntara hacia la misma dirección que las demás. En ese momento escuchó un ruido proveniente del baño y no dudó en ir hacia allá.
Sonrió ligeramente al encontrar a la científica, desnuda en su bañera. Tenía el cabello recogido y las piernas fuera del agua. Esta semana debió ausentarse debido al lio con su padre y la muerte de ese maldito inútil con padre poderoso, pero ya estaba de regreso y dispuesto a terminar lo que recién había comenzado con la mujer, pero al parecer ella se había adelantado a él, y eso, de cierto modo le agradó.
Era difícil encontrar una mujer con aquella determinación y locura que continuara siendo la misma ante su intimidante persona. Las concubinas, pese a estar entrenadas para dar placer y fingir, no eran capaces de ocultar su miedo —o por lo menos él era capaz de ver el miedo en sus ojos, acostumbrado a buscar ese sentimiento en sus enemigos—, y eso era algo que no lo estimulaba. Las mujeres saiyajin podían mantener la mirada sin miedo, pero sus cuerpos no eran como el de las concubinas, algo que le agradaba en demasía. Y ahora, a su disposición, tenía una mujer con cuerpo perfecto, mirada desafiante y temeraria, digna de una guerrera, y además con cerebro superior, dispuesto y capaz de trabajar para él para su beneficio propio. Debía admitirlo, por primera vez una mujer llamaba tanto su atención. Y definitivamente por eso, le permitía ese comportamiento irrespetuoso, le gustaba ver hasta donde podía llegar.
—Te das cuenta que esta falta podría costarte la vida —lo que dijo era serio, pero ni su tono de voz, ni rostro hablaban con la severidad que debiese ser. Estaba disfrutando el espectáculo.
—Estoy dispuesta a aceptar las consecuencias —respondió sonriendo. Estaba tan relajada que casi se sentía ebria. Por fin le había dado a su cuerpo el tratamiento que este merecía. Sentía su piel de maravilla y su ego por las nubes luego de comprobar que, tal como pensó, él príncipe no se molestaría por su presencia en su tina.
Vegeta le tendió la mano. Bulma aceptó enseguida la invitación para levantarse. Su cuerpo desnudo y mojado quedó al descubierto para el deleite del príncipe, quien la observó antes de tomarla en brazos para retirarla del agua, ella inmediatamente le rodeó la cintura con las piernas y lo besó con pasión. Quería más besos, los necesitaba. Los de la semana pasada no habían sido suficientes y ahora obtendría más.
Se besaron hasta llegar a la cama, la soltó y puso sobre ella en cuanto se quitó las botas y pantalones. Piel contra piel, se besaron una vez más, pero él la dejó para bajar a sus pechos mojados, mientras una mano la estimulaba de la misma forma que la primera vez. Bulma cerró los ojos y gimió, mordió sus labios más de una vez al sentir la boca del Vegeta sobre su pezón, mordiéndolo, apretándolo con los labios, su lengua lamiendo el exceso de agua de su piel sensible. Mientras abajo, el par de dedos no dejaba de hacer pequeños círculos.
No se reprimió de gritar cuando tuvo el primer orgasmo, arrugó el perfecto cubrecama con las manos, desesperada de sentir esa corriente recorrer su cuerpo. Se encontró nuevamente con los ojos de Vegeta cuando subió, entonces logró quitarle más besos, y abrió las piernas todo lo que él quiso para que se acomodara sobre ella.
Por primera vez él gimió cuando entró por completo en un solo movimiento. Bulma gritó y lo abrazó por el dolor, se aferró más a su cuello cuando él se movió sin esperar a que ella estuviera lista.
Se quejó, le dolió, era demasiado para soportarlo tan brusco, e insistió para que desacelerara. Vegeta separó el torso del de ella para mirarla mejor y también acabar el abrazo, la tomó del cuello con una mano y estiró la otra con la palma contra el colchón para separarse más y mantener equilibrio. Observó su rostro, su boca, su cuello tenso, y entonces bajó la intensidad. Se movió más lento, pero profundo, envistiendola con fuerza cuando se hundía en ella.
Bulma abrió los ojos cuando sintió su pulgar abriendo su boca, lo que provocó que escapara otro quejido. Lo sintió acelerar luego de un rato corto, pero ya no sentía el dolor intenso de un principio. Estiró los brazos para alcanzarlo, quería atraerlo a ella, pero Vegeta se separó más, hasta terminar arrodillado, aunque aceptó su llamado y la tomó de las manos para atraerla y pegarla a su pecho.
El hombre no se detuvo, continuó su ritmo, controlándose todo el tiempo para no matarla. Había tenido sexo antes con mujeres sin nivel de pelea, pero ella era el ser más débil que había estado en su cama. Aunque su personalidad indicase todo lo contrario, su cuerpo podía romperlo en cualquier momento, y eso lo excitaba más, y motivaba a seguir, cambiarla de posición y ver hasta dónde podía llegar y resistir. Siempre disfrutó poseer el poder de destruir, que la vida de los demás dependiera de él en el campo de batalla, y ahora debía hacer todo lo contrario. Le agradó el reto.
Bulma en más de una ocasión trató de guiar la situación, quería poder estar arriba y llevar su ritmo, pero el príncipe era demasiado fuerte y demandante para dejarla. No le daba respiro y se sentía tan bien que no podía negarse. Estaba tan excitada que podía seguir haciendo lo que quisiera con ella. Con sus parejas, y debido al carácter de éstos y especialmente el de ella, siempre fue la que llevó el mando en todo sentido, pero ahora no le parecía mal. Le resultaba sumamente erótica la fantasía del amo y la esclava, claro que en esta ocasión se trataba de la realidad.
Mordió la almohada al sentir otra oleada de placer recorrer su cuerpo, desde su sexo a cada extremo de su piel, y como ya era costumbre de Vegeta, no la dejó recuperarse para continuar. La volteó. Nuevamente cara a cara las miradas se encontraron. Tomó y levantó una de sus piernas para llegar más profundo y continuó sus envistes, aunque esta vez ella no alcanzó a terminar, era el turno de él. La soltó y dejó caer una parte de su cuerpo sobre ella, con la cara cerca de su cuello y respiración agitada. Un par de quejidos roncos se escaparon de su boca, pero pudo controlarlo.
Bulma se movió un poco para liberarse y permaneció inmóvil, agotada y relajada. La cama era tan cómoda y agradable que no creía sería capaz de volver a dormir en la suya nuevamente. Era como comparar una hermosa nube esponjosa con una piedra filosa. Cuando se sintió más repuesta, giró para mirar a Vegeta, quien se había acomodado boca arriba, con la mirada en el techo, su abdomen ya no subía y bajaba agitado, su recuperación era mucho más rápida.
—¿Cuanto falta para que mi cámara de gravedad este lista? —preguntó al sentir la mirada de la mujer.
—Necesito un par de semanas. Debo calibrar bien la computadora o podría terminar aplastadolo si no funciona a la perfección.
—Entonces trabajaras el doble de tiempo.
—¿El doble? Tal vez ustedes no lo necesitan, pero yo tengo que dormir y descansar para poder trabajar bien, y mi cama y el intento de casa donde vivo no ayudan en eso. —Se acercó a él y acarició su pecho. Lo notó tensarse un poco ante el contacto, pero no la quitó ni reclamó. Era el momento de sacar provecho a lo que había sucedido entre ellos. Si no se enojó cuando la encontró en su baño, entonces no lo haría fácilmente—. Si estuviese en mejor condiciones, podría terminar el trabajo en menos tiempo.
—Escoge un cuarto de esta sección. Así no perderás el tiempo transportándote y descansarás tu frágil cuerpo para trabajar con eficacia.
—¿Habla en serio? —preguntó contenta. No podía creer que tendría una habitación grande con una cama de ensueño y una tina para ella sola. Jamás pensó que sería tan fácil conseguirlo.
—¿Parezco alguien que no habla en serio? —dijo mirándola de reojo.
—Muchas gracias, su majestad. —Resistió las ganas de abrazarlo. Ya se había dado cuenta que la cercanía no era algo que le gustase.
—Después de trabajar te asearás y me esperarás en tu cuarto, o tal vez te mande a llamar, debes estar atenta a eso.
—¿Cómo? —dejó enseguida de tocar su pecho y se sentó. Abrazó un gran cojín blanco para cubrirse, ya que toda su ropa estaba en el baño—. Yo soy una científica que está trabajando en su cámara de gravedad, no soy una prostituta —dijo ofendida.
Vegeta la miró, aún con la cabeza sobre las manos.
—Las prostitutas están en las tabernas —dijo con una sonrisa de lado, entretenido por su reacción esperada.
—Tampoco soy su concubina. Me niego a ser parte de un asqueroso harén. —Indignada, se levantó en dirección al baño por su ropa.
—No te he dado la orden para que retires.
—No se preocupe, príncipe, esta científica se va a trabajar en su cámara de gravedad. —Se vistió en tiempo récord y cuando salió del baño para irse con sus botas, ropa interior y abrigo en la mano, no vio a Vegeta en la cama. Por supuesto no lo buscó, concentrada en marcharse.
—Si sales por esa puerta, no volverás a trabajar acá y regresarás al laboratorio —sentenció el príncipe con aire severo.
Bulma se detuvo al oírlo. Se volteó y encontró aún desnudo, sentado en el gran sofá junto a la chimenea. Lo insultó mentalmente antes de tirar su ropa y botas e ir hacia él, pero no se sentó a su lado, fue hacia la licorera y se cruzó de brazos.
—¿Puedo? —preguntó con el ceño fruncido.
Odiaba perder de manera tan miserable, pero no había mucho qué hacer. Él era el príncipe y ella una simple esclava, y pese a que hace unos minutos esa fantasía era excitante, ahora la detestaba. Aunque debía admitir que estaba siendo bastante permisivo con ella. Había escuchado muchas historias terribles sobre el famoso príncipe de Vegetasei, asesino experto, líder en las peores matanzas y torturas que se hayan escuchado, incluso mucho peor que su padre, y a ella se le ocurría comportarse como una novia berrinchuda. Ya no estaba en la Tierra y definitivamente no tenía un hombre común a su lado.
—Sirve vino —ordenó mirándola a los ojos.
Bulma obedeció en silencio. Feliz que escogiera justamente la que ella quería, aunque por un segundo pensó que era demasiada coincidencia. Le tendió una copa al hombre y antes de sentarse, bebió una copa entera de un solo trago. Hace cuatro años que no bebía vino y si a eso le sumaba la tina y el sexo; esta noche era la mejor desde que cayó prisionera por los ladrones espaciales.
—Casi tan bueno como el vino de mi planeta. —No tardó en llenarse la copa nuevamente.
—Fue hecho especialmente para la casa real. Es demasiado fuerte para una criatura débil como tú.
—Definitivamente no ha bebido los vinos de mi planeta. —Se sentó sin ningún cuidado, simplemente dejó caer su cuerpo en el sofá. Ya era tarde y solo había desayunado en todo el día, pero culpó el largo tiempo sin ingerir alcohol que éste se subiera tan rápido a la cabeza.
—Hablame de tu planeta —dijo cruzándose de piernas.
Bulma observó la chimenea encendida y luego al príncipe desnudo. Era increíble que sin ropa y tan expuesto continuara con aquel porte arrogante y poderoso. O tal vez era la percepción que le entregaba el vino, pero no lo creía; cada paso, cada respiro y palabra que salía de su boca era acompañada de una seguridad pasmosa, y eso le atraía cada vez más.
—Mucho más grande y evolucionado que este —dijo después de un sorbo de vino—. No se trata de una raza guerrera como ustedes, así que la gente hace de todo para ganarse la vida.
—Eso suena aburrido.
—También hay guerras y muertes, si está interesado en oír sobre eso.
—Es la única forma de sobrevivir.
—Difiero completamente. En la Tierra era la mujer más poderosa del planeta, y jamás maté ni tuve la necesidad de masacrar a nadie para conseguirlo.
—No tenías enemigos. —Tomó más vino, al igual que ella—. El poder siempre atrae enemigos.
—Muchas empresas trataron de ganarnos, algunas de forma muy sucia, pero al final, la victoria sobre ellas fueron las mejores. Especialmente cuando el presidente iba a rogarme para que comprara su negocio. —Sonrió al recordar un momento determinado de aquella historia. ¡Cuanto adoraba estar a la cabeza de todo y ordenar!
—Te deshacías del resto para ser la única a la cabeza —dijo mirándola a los ojos.
—Así es, pero usando mi cerebro.
—¿Donde queda tu planeta?
—En otra galaxia. Es la única explicación que tengo por no haberlo encontrado. —Y agregó con una sonrisa—. Aunque si supiera no le diría. —Se puso de pie para servir más vino. Vegeta aún tenía, así que se preocupó de ella. Realizó una búsqueda veloz en busca de algo de comer, pero solo había alcohol. Tenía tanta hambre que su estomago ya comenzaba a exigir alimentos, afortunadamente no se notaba.
—Temes que vaya a conquistarlo.
—Por supuesto que sí. —Volvió a sentarse, pero esta vez más cerca.
—Mientras realices tu trabajo no hay de qué temer.
—La cámara estará lista en el tiempo estipulado.
—Eso espero.
—¿Qué hará conmigo después que la termine? —preguntó luego de un largo trago.
—Cuando finalices tu trabajo lo veré.
—Apuesto que ya lo tiene pensado. Un hombre como usted debe tener todo planeado desde el comienzo. —Por un momento le prestó atención a sus pies descalzos sobre la alfombra. Era de un material suave y al estar cerca de la chimenea se sentía tibio y agradable.
—¿Cómo estás tan segura? —Dejó la copa en el suelo cuando terminó de beber.
—Porque yo soy igual. En la Tierra me gustaba controlar todo. Mi padre era el presidente de la empresa, pero yo era quien tomaba las decisiones. Debía estar informada de todo para adelantarme a todos. Era una obseción.
—De haber pertenecido a una raza guerrera hubieras tenido la fuerza para evitar el secuestro, y continuarías dando ordenes en tu planeta —dijo con una sonrisa de lado, en respuesta a la de ella.
Bulma se acercó un poco más, estaba a punto de tocarlo, pero se contuvo.
—He sobrevivido bastante bien en este planeta por cuatro años, en comparación a otras mujeres que llegaron el mismo día que yo. Mi cerebro me ha sido de mucha utilidad.
Vegeta la tomó del mentón y pasó el pulgar por su labio inferior. Era lo que más le había gustado de su rostro: su boca y llamativo color de ojos, pero sus labios se ganaban su atención.
—Entonces si nos parecemos, asumo que no descansarás hasta conseguir lo que quieres.
—Exacto. —Se soltó de él para terminar de beber el vino.
—¿Qué es lo que quieres ahora?
—¿Ahora? —Miró la cama antes de responderle—. Quiero pasar la noche en la cama del príncipe.
Él rió en voz alta ante aquella insolencia.
—¿Y cómo conseguirás eso, muchacha?
En respuesta, Bulma dejó la copa en el suelo y se puso de pie.
—También me gustaría que su alteza aprendiera mi nombre, pero por ahora me centraré en dormir en esa maravillosa cama. —Se quitó el pantalón y la camiseta, ambas terminaron en el suelo, cerca de la licorera.
No perdió el tiempo y se sentó sobre él, de piernas abiertas y lo besó con esa pasión reprimida durante la conversación. Se meció mientras sentía sus manos recorrer su cuerpo, y cuando se separó de él para tomar aire, Vegeta aprovechó para morder su cuello. Le tomó todo su auto control no excederse y terminar quitandole un pedazo de piel.
Bulma bajó las manos para por fin tomar su miembro. Lo estimuló, pero se detuvo cuando sintió a Vegeta dentro de ella. No eran sus dedos, ya que sus manos estaban ocupadas en sus caderas. Se mordió el labio al entender de qué se trataba y le tomó unos segundos habituarse a la extremidad del hombre, jamás había intimado con algo así, era totalmente nuevo, aunque se sentía como si fuese un juguete de adulto. Sus mejillas se encendieron más por la vergüenza y excitación que sentía en ese momento, y todo era observado por el príncipe que movía una parte de su rabo dentro y fuera de la científica.
Vegeta gozó cada segundo contemplando su cuerpo. Pasó sus manos por sus curvas, los lugares más sensibles, mientras ella, ya en confianza se movía e incrementaba los gemidos, todo a causa de su rabo, pero antes de hacerla llegar al clímax, retiró su cola. Se puso de pie, con ella aferrada de brazos y piernas, y caminó hasta a la cama. La escuchó reclamar por la brusquedad al lanzarla boca abajo contra el colchón, pero él estaba demasiado ocupado poniéndose sobre ella, para prestarle atención. Acostumbrado a tomar todo lo que siempre quiso y a aburrirse con extrema facilidad. Esta vez sintió que le tomaría más tiempo saciarse de ella, y comenzaría esta noche a tomar todo hasta que fuese suficiente. Tenía muchas cosas que hacer y mientras antes lo lograra, mejor.
Continuará...
Hola, aquí estoy de regreso con la actualización. Me tardé un poco más de lo pensado, pero bueno, los malditos deberes de adultos me retrasaron. No hay mucho que decir sobre este capítulo. Pasó lo que tenía que pasar, pero va a tomar más de un par de noches quitarse las ganas el uno del otro. Como mencioné Vegeta se encuentra verdaderamente atraído hacia Bulma por todas su cualidades y por eso le permite tanto, ya que está tan seguro de su auto control y poder que piensa que nada le saldrá mal, es solo una esclava que de lujo y él se está divirtiendo un rato, saliendo de la rutina que son las peleas y muertes.
Bulma está aprovechando el momento. También se siente muy atraída hacia el príncipe guapo, poderoso e interesante, que no solo puede ser el boleto para regresar a casa, sino que también vio su potencial de científica y la tiene trabajando en algo interesante y diferente.
Les recomiendo el tema Love you to death,del grupo Type O Negative. Le viene como anillo al dedo a este capítulo y al fic completo. Me ha servido de mucha inspiración.
Muchisimas gracias a todas las que siguen este fic. Ya dije que comencé a escribirlo para distraerme y relajarme, y vaya que me ha servido. Les cuento, que una vez que lo termine (aún falta) comenzaré a escribir como fics independientes algunos one shots de mi fic A la misma estrella, y también volveré a actualizar ese fic que lo había dado por terminado para guardar más ideas de posibles universos y que en un futuro puedan tener una historia más larga. Solo espero contar con el tiempo.
¡Bye! Nos vemos en una próxima actualización.
Con cariño,
Dev.
28/06/2016.
