Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Una Razón


V


Abrió los ojos cuando sintió el sol en su rostro, no tardó en cubrirse con la sabana y darse vuelta para continuar descansando. La cama era tan perfecta y agradable que podría seguir durmiendo el resto de su vida, lamentablemente más tarde tenía una reunión importante con inversionistas, y no podía llegar tarde, bueno, más tarde de lo que solía llegar.

Se sentó de golpe al darse cuenta que no estaba en la Tierra, esta no era su habitación y por supuesto no había reunión que asistir. Era la primera vez desde que fue raptada, que despertaba tan desorientada. Cubrió su cuerpo desnudo y adolorido cuando una ráfaga de viento se coló a través de las cortinas, el maldito clima de Vegetasei no la dejaba disfrutar del débil sol y el poco calor que brindaba por las mañanas. No entendía cómo podían estar con tan poca ropa todo el tiempo y no morir congelados. Maldito planeta, maldito clima, y maldita ella por no ser una guerrera para haberse defendido esa maldita noche que la raptaron para venderla como un pedazo de carne.

Miró hacia su lado. Por supuesto el príncipe no se encontraba. Se puso de pie para recolectar su ropa, y en ese preciso momento notó las consecuencias de intimar con un saiyajin. Debió sentarse, estirar los brazos, las piernas, mover el cuello con cuidado y tomarse unos minutos para que el dolor pasara, pero cuando vio un carrito con desayuno junto al sofá cercano a la chimenea, dejó la molestia atrás y corrió para engullir como un verdadero saiyajin. Seguramente se trataba del desayuno de Vegeta, era demasiado para ella sola, pero estaba hambrienta y todo estaba tan delicioso y bien hecho, que se lo comería todo.

Cuando ya estuvo satisfecha, se dio otro baño de tina, se vistió y llevó el carrito hacia la cámara de gravedad para poder seguir trabajando y no tener que preocuparse de comida. Más tarde escogería una linda habitación para ella, ahora debía enfocarse en la cámara de gravedad.


(…)


—¿Ya no te voy a ver más, Bulma? —preguntó Gohan, muy apenado.

La mujer tenía en la puerta un par de bolsos con sus cosas, lista para llevarlas a su nueva habitación, que literalmente continuaba nueva, ya que de la semana que llevaba en ella, solo un día había dormido en ésta, el resto de los días terminó agotada durmiendo de madrugada en la cama del príncipe.

—Claro que me veras, es solo que ahora necesito concentrarme en el trabajo que hago para el príncipe, por eso viviré allá mientras lo termine.

—¿Te veremos en el laboratorio?

—Cuando termine el pedido del príncipe, volveré a la casa y el laboratorio.

—¿Vas a estar bien? —preguntó Milk, más fría de lo normal.

—Sí. Tengo un cuarto grande, solo para mi, con tina y una cama cómoda —respondió riendo, dirigiéndose más a Gohan que a su madre—. Cuando vaya a la biblioteca buscaré otros libros para ti y te los enviaré con Raditz.

—¡Muchas gracias, Bulma!

—¿Y tú estarás bien, Milk? —Bulma preguntó luego de ver la armadura de Kakarotto sobre una silla. Se supone que ya debería estar en misión, pero al parecer continuaba en casa.

—Sí, la misión de Kakarotto se canceló, así que pasará un tiempo con nosotros. No te preocupes, lo tengo controlado.

—Me alegra oír eso. De todas maneras, si necesitas ayuda, o Gohan necesita algo, puedes contactarme por medio de Raditz.

—¿Te tienen vigilada?

—Se supone que no, pero siempre aparece de la nada. Así que lo veo a diario. Ahora está afuera, esperándome, puedo hacerlo pasar para que los salude.

—¡Sí! —exclamó Gohan.

—No es necesario —dijo Milk apresurada para que Bulma no abriera la puerta—. Debe estar apurado, como siempre. No quiero hacerle perder su preciado tiempo.

Bulma observó con curiosidad el repentino enojo de Milk. Al parecer algo había pasado entre ella y Raditz que no sabía. Bueno, ella tampoco había sido abierta respecto a lo que estaba haciendo con el príncipe, pero no había tiempo para conversar más, además estaba Gohan y había ciertas cosas que los niños no podían escuchar.

Luego de la respectiva despedida, Bulma se marchó con sus cosas rumbo a palacio.


(…)


En cuanto se bajó de ella, Bulma se hizo a un lado para poder respirar mejor. Se puso de lado y abrazó una almohada, mientras aún sentía toda la corriente recorrer su cuerpo. Estiró brazos y piernas, agotada por el día de trabajo sin descanso y luego la larga sesión de sexo con el saiyajin. Ya era tarde, debería estar durmiendo, pero pese al cansancio no tenía deseos de dormir aún.

—¿Por qué Raditz me sigue para todos lados?

—¿Qué? —preguntó sin mirarla. Aún se estaba recuperando. También estaba agotado. Había entrenado todo el día sin parar y luego se vino a la cama con la mujer..

—Raditz, el soldado que me iba y venía a dejar. No lo veo todo el día, pero sé que está pendiente de lo que hago. No entra a vigilarme aquí porque es su cuarto. Es el único lugar donde no me siento observada. No voy a robar nada, ni hacer destrozos —dice un poco ofendida, estaba exhausta para enojarse o levantar la voz—, creo que he demostrado que soy de confiar y hago mi trabajo, por eso no entiendo que esté detrás mio todo el día.

—Ese soldado no está para evitar que cometas algo indebido.

—¿Entonces? —Estiró el brazo para tomar las cobijas y cubrir a ambos. El fuego de la chimenea no era suficiente para la noche particularmente fría.

Vegeta movió la cabeza para mirarla.

—Está para protegerte. Él se encarga de cuidarte cuando no estoy.

—¿Cuidarme? —dijo frunciendo el ceño—. He vivido cuatro años en este planeta y he podido cuidarme perfectamente so…

—Pero ahora eres de mi propiedad, y eso provoca que los demás te noten y mis enemigos te quieran.

—Para comenzar, no soy de su propiedad. Y no entiendo qué van a querer sus enemigos conmigo. —Se sentó para poder mirar su rostro. Detestaba que la vieran como una cosa.

—Primero. Sí, me perteneces desde que decidí que así fuera, y segundo. Ya debe haber corrido la noticia que una científica trabaja exclusivamente para el príncipe de Vegetasei. A muchos les interesaría saber qué estás haciendo para mi y si llegasen a capturarte harían cualquier cosa para sacarte la información.

Bulma decidió esta vez no protestar sobre lo de pertenencia, ya que la llamó científica y eso le gustó.

—Simplemente construyo una maquina para que entrene. No entiendo la gravedad del asunto.

—Por ahora es eso.

—¿Y qué tiene en mente su majestad para mi a futuro?

No respondió. Simplemente se puso sobre ella y besó.

Bulma lo abrazó y correspondió. No tardaron en ya estar listos para continuar una vez más. Cuando entró en ella, la joven gimió contra su oído y pasó las uñas por su espalda, hasta bajar y atrapar su rabo desde la base.

—Quiero estar arriba —dijo entre gemidos, mirándolo a los ojos.

—No me gusta —respondió sin dejar de moverse, lento y profundo dentro de ella. Sentía su mano subiendo y bajando al comienzo de su rabo, tratándolo como si se tratara de su pene, y eso lo tenía más excitado y tenso. Se podía notar en su cuello y hablar entre dientes.

—Eso es porque su majestad no lo ha intentado conmigo. —Hizo la cabeza hacia atrás, lanzando un quejido más fuerte que los anteriores. Vegeta se estaba moviendo demasiado bien.

La paz reinó en la habitación por los minutos que Vegeta continuó moviéndose en ese constante ritmo. A veces se quejaba con su ronca voz y ella lo contrastaba con sus gemidos desordenados y agudos. Cuando ella alcanzó el orgasmo, Vegeta no se movió de su lugar. La observó mientras se retorcía bajo él, desordenaba las sabanas con las manos y su rostro se perdía en los cojines.

Entonces ella lo miró a los ojos, con su respiración agitada y mejillas rojas. Levantó las manos para rodear su cuello y acercarlo. Besó su cuello, cerca de su oído y mordió antes de susurrarle, insistiendo en que no se arrepentiría si la dejaba ponerse sobre él. Volvió a besarlo un par de veces hasta que, sin separarse de ella, se movió para cambiar de posición. Bulma sonrió cuando se vio sentada sobre el príncipe, la unión aún continuaba y no tardó en demostrarle lo que se había perdido durante esta semana de sexo.

Mientras la observaba mecerse y tocarse sobre él, Vegeta cambió de opinión respecto a sus gustos.


(...)


Apagó su computador y miró a su alrededor. Le gustaba ver su creación. Aún faltaba para terminarla, pero adoraba lo que había logrado en tan poco tiempo. Tantos años estancada en cosas simples y aburridas, pensó que podría afectarle, pero no. Era como andar en bicicleta, una vez aprendido jamás se olvida, y su cerebro se activó mucho más después de semejante reto. Ya quería ver como funcionaba la gravedad con él adentro, ya que le prohibió probarla con alguien más, ella le advirtió que tardaría más en terminarla si insistía en eso, pero el testarudo no cambió de opinión.

Dejó el computador en el suelo. Tenía unos cojines que sacó de su habitación para trabajar más a gusto en tan fría y dura habitación. Le costó un poco ponerse de pie, le dolían las rodillas después de la visita que Vegeta le hizo en la tarde, el sexo había sido bueno, pero ahora su cuerpo pagaba las consecuencias de entregarse a la pasión en un lugar tan incomodo.

Abandonó el lugar directo al cuarto de Vegeta, pero no lo encontró. Aguardó un momento, hasta que se puso de pie y marchó a su habitación, estaba demasiado cansada para esperar. Quería comer, darse un baño y dormir hasta la mañana siguiente.

Como ya era costumbre, al entrar a su cuarto, encontró una carrito con comida y líquidos. Su cama estaba hecha, el cuarto ordenado y todo limpio como si jamás lo hubiese usado. Bulma nunca había visto quien se encargaba del aseo y atender a la gente de palacio, pero era obvio que estaban acostumbrados a ser sigilosos.

Esa noche le costó relajarse, dio varias vueltas en la cama antes de poder conciliar el sueño, pero una vez dormida, no despertó hasta la mañana siguiente.


(…)


—¿Qué es tan importante que no puede esperar? ¿Ya está lista? —preguntó Vegeta, cruzado de brazos, de pie en medio de su cámara de gravedad.

—Cada vez falta menos, su majestad —respondió Bulma de excelente buen humor y una gran sonrisa en su rostro. Tan solo quiero mostrarle los robots de entrenamientos. Ya están terminados, y puede llevarlos a entrenar para ganar tiempo.

—Enseñame como funcionan.

—Es muy simple. Lo que tienes que hacer activarlos y lanzarles ataques de energía. Los robots están construidos con una inteligencia artificial que los hace comunicarse entre ellos para atacarte y devolverte la energía cuando menos lo esperes. Nunca repiten la estrategia.

—Insolente —susurró, y la miró de reojo. Sonaba interesante el funcionamiento de los robots, pero el hecho que le hablara con tanta soltura le molestó.

—¿Qué pasó? ¡Ah, lo siento, príncipe! Pero se me olvidó, tal como usted olvida mi nombre, pero no se preocupe. Tendré cuidado. —Activó cuatro robots circulares. Inmediatamente estos levitaron hasta ponerse frente a Vegeta. La joven tuvo cuidado de ponerse detrás del hombre para protegerse—. Solo tiene que atacar uno y ellos harán el resto.

Vegeta obedeció. Lanzó una pequeña pero potente bola de energía. Esperaba que ésta hiciera explotar el pequeño robot circular y así podría reprenderla por incompetente, pero para su sorpresa, la energía rebotó en el robot, hacia el segundo, luego el tercero y de vuelta al primero. Repitieron la secuencia tan rápido que era difícil para ella seguirlos.

—Te dije funcionarían. Si quieres puedes llevártelos para entrenar.

Vegeta se volteó al oírla hablar sin el respeto que debía ser, pero bueno, él mismo sabía que la mujer se esforzaba cada día en hablarle como dictaba el protocolo. Estuvo a punto de abrir la boca para ponerla en su lugar cuando sintió la energía de regreso.

Asustada, Bulma lo abrazó y cerró los ojos. Vegeta simplemente se giró para detener la energía con la mano abierta. Sintió el impacto en su cuerpo, e incluso retrocedió un poco por la fuerza que lo golpeó.

—Me gustó el invento, terrícola. Solo por eso no te castigaré.

Bulma lo miró, aún lo abrazaba y él rodeaba su cintura con un brazo. De pronto sintió el deseo de besarlo en la boca. Nada más, sin sexo, sin segundas intenciones, nada más que besarlo y ser besada por él.

—¿Castigarme? —Acortó la distancia para conseguir ese beso, pero el hombre la soltó y se separó tan rápido que la dejó deseosa de él.

—Volveré a la noche para poner en claro ciertos detalles de tu comportamiento.

No esperó otra insolencia. Se marchó a paso rápido. Tenía muchas cosas que hacer.

Bulma frunció el ceño y se cruzó de brazos, molesta y frustrada. Pues bien, a la noche estaría esperándolo para tomar lo que quería de él. Estaba consciente que él no era un humano, no tenía sentimientos hacia terceros, y que le permitía ciertas cosas porque estaba haciendo para él algo que nadie más en el planeta podría (estaba segura que las concesiones eran por su cerebro, no por su cuerpo) no era estúpida para creer algo más. Lo de ellos no era una relación normal, y tampoco alcanzaba para el titulo de relación. Seguramente para los soldados que la habían visto deambular por los pasillos, no se trataba más que la prostituta de turno del príncipe, pero poco y nada le importaba lo que pensaran esos simios de ella.

Se acercó a los robots para desactivarlos. Tenía mucho trabajo por hacer y ya estaba bastante atrasada, aunque eso ya no le importaba mucho.

De noche, él regresaría y le dejaría en claro su lugar y obligaciones, aunque el príncipe no tardaría en permitir ser seducido y luego a la cama. Con el paso de los días Bulma fue dejando las formalidades atrás y a llamarlo por su nombre. Después de todo, estaban solos, y sabía muy bien que no se desharía de ella por aquel pequeño detalle. La necesitaba para ser fuerte, y mientras eso sucedía, ella comenzaría a retrasar cada vez más la construcción de la cámara de gravedad para tomarse su tiempo y trabajar en él.


(…)


—Su majestad debe estar acostumbrado a que mujeres hermosas lo aseen, supongo —dijo Bulma sentada detrás de él, en la tina del cuarto del hombre. Era la más grande de todas las habitaciones y por eso aprovechaba cada oportunidad para usarla.

—Pero siempre están calladas —respondió con los ojos cerrados. Bulma le había puesto demasiado shampoo, y la espuma molestaba en los ojos.

—Eso es porque no tenían nada que decir. —Usó sus dedos para que el shampoo y el agua penetraran hasta la el cuero cabelludo. Le encantaba su cabello negro y los entrenamientos lo dejaban opaco.

—Dime por qué la cámara ha tardado más de lo que prometiste.

—Estoy sola trabajando, además pierdo demasiado tiempo atendiendo al príncipe en todo lo que quiere. Soy una humana que necesita descansar de vez en cuando —dijo en cuanto terminó de retirarle toda el agua del cabello.

—Está bien, me encargaré de eso. —No tardó en salir de la tina. Le ofreció la mano a Bulma para ayudarla.

Ella la aceptó, percatándose que ese gesto era el único que tenía con ella desde que comenzaron la "relación de trabajo" por supuesto aceptó su mano.

—¿Y como es que te vas a encargar? —Lo siguió hasta el cuarto, donde estaba la ropa de él. La de ella continuaba en el baño, solo se cubrió con una toalla.

—Eso es asunto mio. —Comenzó a vestirse con calma.

—¿Vas a ver a otras mujeres? —No quería preguntar. Ya llevaba más de un mes en palacio trabajando y no había tocado el tema porque no se había dado lo oportunidad, pero ahora era imposible no hacerlo, pese a que no quería.

Él tenía todo el derecho de ver a sus otras mujeres. Conocido era el harén exclusivo que poseía el rey y príncipe de Vegetasei. Eran una raza guerrera que disfrutaba de muertes, comida y mujeres, por eso, los prostíbulos y lugares de comida abundaban en el planeta.

—Nuevamente. Eso es asunto mio. —respondió mirándola a los ojos, severo y serio.

Bulma se contuvo para no gritarle. Claro que era su maldito asunto. Ella no se estaba cuidando, solamente tomaba pastillas para no quedar embarazada —pastillas que le costó demasiado trabajo conseguir, ya que el control de natalidad no era muy popular en Vegetasei—. Quizás gracias a pertenecer a una raza poderosa y resistente, él no corría peligro de contraer alguna enfermedad, pero ella sí, y no solo eso. El solo hecho de imaginarlo con otra mujer le revolvió el estomago e hirvió la sangre, porque él era el príncipe, y ella la esclava. Él podía hacer lo que quisiera con ella y ella no podía reclamar. Así que hizo lo único al alcance de sus manos.

Dejó caer la toalla al suelo y caminó hacia él. Lo besó en la boca, tomó sus manos obligandolo a tocarla. Vegeta dejó que le quitara la ropa, y pese a tener una reunión importante pactada con anterioridad, se lanzó a la cama con ella.

No permitiría que pensara en otras mujeres, y mucho menos necesitarlas. Si debía no dormir para cumplir con la cámara y tenerlo feliz en la cama así lo haría. En ese momento olvidó cualquier propósito de seducirlo, que era el primer motivo por el que se acostaba con él. Su orgullo era demasiado grande para compartirlo con alguien más. Poco le importó conseguir su confianza para robar una nave y los materiales para construir sus cápsulas, lo quería con ella y nadie más. Era lo mejor que podría encontrar en este planeta y en toda la galaxia y tenía que ser muy estúpido para no darse cuenta.

El sexo de ese día fue brusco y algo violento. Y al final ella supo que no iría en busca de ninguna otra. Mientras respiraba agitada y completamente adolorida, lo observó levantarse y vestirse. Se sintió estúpida, como si estuviera perdiendo una competencia imaginaria en la que solo ellos dos participaban.

—Vegeta…

—Ahora no. —La miró al mismo tiempo que ajustaba sus guantes blancos. —No tenía deseos de hablar. No sabía bien que había pasado en su cuarto, pero no era normal. Al menos no para él.

Vegeta jamás había tenido una relación con alguien. Desde joven solo sintió interés en batallas y muerte. Para su despertar sexual, simplemente acudió a una prostituta de su harén personal que le había sido regalado hace dos años e ignoró por completo en su momento. Hubo temporadas en que las usó a todas a la vez, otras que no tocaba a ninguna en meses. En contadas ocasiones repitió la mujer porque la disfrutó más que el resto, pero después de unas semanas el cansancio y aburrimiento lo invadieron y la cambió. Ahora estaba por primera vez en una situación en la que no sabía qué hacer ni como actuar, porque aún disfrutaba a la humana, y no tenía intenciones de cambiarla, pero su forma de ser y orgullo le alertaba que algo no estaba bien, y al mismo tiempo, el mismo orgullo lo enceguecía al punto de continuar tal como estaba, porque él no se equivocaba jamás. Y si se le antojaba tener a esa mujer por más tiempo así sería. Sin embargo, esa sensación extraña no lo dejaba en paz.

—Pero, quiero que…

Vegeta salió del cuarto sin intenciones de escucharla.

En cuanto estuvo repuesta, la joven se encerró para trabajar en la cámara de gravedad.

Volverían a verse en dos días, el tiempo más largo sin verse desde que ella comenzó a vivir en palacio. Vegeta la encontraría trabajando en su cámara de gravedad, y no intercambiarían palabra alguna hasta después de comerse vivos.


(...)


—¿Y a quién puedo contactar para conseguir telas? —preguntó después de beber otro sorbo de su vino tinto. Estaban en el sillón, junto a la chimenea. Él solo con el pantalón de pijama y ella con la camiseta de él, sentada sobre sus piernas.

—¿Acaso crees que sé sobre esas cosas? —pasaba una mano por sus piernas mientras conversaban.

—Alguien debe encargarse de traer las telas para la ropa de ustedes y los otros saiyajin que no combaten. O tal vez hay en el mercado.

—Haz lo que quieras —respondió aburrido. El tema no podía importarle menos.

—Le diré a Raditz que me acompañe al mercado.

—Dale la orden que te consiga telas de otro lugar, no quiero que vayas al mercado.

—¿Por qué no?

—Es demasiado peligroso.

—Pero iré con Raditz. ¿Es fuerte, no?

—No importa. No quiero que vayas para allá.

Escucharon golpear la puerta. Vegeta indicó que pasaran, por lo que no le dio oportunidad a Bulma para comenzar a reclamar.

Un saiyajin mayor entró al cuarto. Vestía armadura elegante y capa blanca. Bulma supo enseguida se trataba de alguien relacionado a la corona.

—Príncipe Vegeta, lo estamos esperando.

Vegeta no se movió de su lugar. Tenía que darse vuelta para mirarlo, pero continuó con la mirada perdida en el fuego de la chimenea o las piernas y escote de Bulma.

La joven, incomoda de la mirada del desconocido, intentó ponerse de pie para ir al baño a esperar que terminaran su charla, pero Vegeta no a dejó.

—Fui claro cuando dije que no asistiría.

—Pero príncipe… —Hizo una pausa para escoger las palabras adecuadas y no enfadarlo—. Estos días que su padre no está, usted es quien debe asistir a las reuniones.

—Cuando mi padre no está, soy yo quien toma la decisiones, Paragus. Y he decidido no asistir a la reunión.

—Príncipe Vegeta, ¿podemos continuar esta charla en privado? —dijo mirando a Bulma. Le llamaba la atención encontrarlo con una mujer en su cuarto. Él siempre había sido tan reservado para todo, incluso para relacionarse con prostitutas, y esta era la segunda vez en poco tiempo que lo veía con una, y si no se equivocaba, era la misma mujer. No se encontraba con facilidad concubinas con ese color de cabello.

—No, no podemos. Ya puedes retirarte.

—¿Usted está consciente el problema que se avecina? Necesitamos organizarnos y…

—¿Cuanto tiempo llevas asesorando a mi padre, Paragus?

—No entiendo, príncipe.

—Diez años, Paragus. Diez años llevas sin combatir. Y no voy a escuchar consejos de alguien que no está en la primera linea a la hora de pelear, maldito cobarde. Ahora retírate.

—Sí, señor. —Pese a que Vegeta jamás se movió para mirarlo, el saiyajin hizo una reverencia antes de retirarse.

Bulma lo observó hasta que cerró la puerta.

—¿Hay muchos problemas?

—Ningún problema —respondió preocupado de quitarle la ropa.

—Ese hombre sonaba preocupado —dijo al mismo tiempo que lo tomaba de las manos para detenerlo. Quería hablar del tema.

—Ese hombre no es un guerrero. Cualquier problema lo altera y asusta. Cuando sea rey y si aún está vivo lo enviaré a un planeta de guerreros poderosos para que recuerde lo que es ser un saiyajin.

—Pensé que dirías que lo matarías.

—Es lo mismo. —La tomó del mentón y acercó para besarla.


(...)


Abrió la puerta con cuidado para no hacer ruido. El cuarto estaba a oscuras pero ya se lo sabía de memoria para poder recorrerlo sin necesidad de prender una luz. Sigilosa, llegó hasta la cama de Vegeta, que dormía profundamente. Se arrodilló, y una vez que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, observó su rostro, y casi sin respirar, se le acercó más para besarlo, pero antes de cualquier contacto, Bulma sintió un tirón en su muñeca que la empujó hasta quedar acostada en cama, boca arriba y con el hombre encima. Pudo ver perfectamente su rostro furioso gracias a la esfera azul que emanaba su mano izquierda e iluminó parte de la habitación.

—No vuelvas a hacer eso —musitó entre dientes. Con rapidez, se bajó e ella, desapareció la energía y prendió una lampara de su velador.

—Solo venía para… ¡Lo siento, no sabía que estabas despierto! ¡No quería asustarte! ¡Pero no era para tanto!—Luego del susto inicial, la ira se apoderó de ella.

—Estaba durmiendo, y no me asustaste.

—Horrenda forma de dormir, pero bueno —se calmó y puso de pie—, vine porque tengo algo muy importante que decirte.

—¿Qué es tan importante que no puede esperar hasta mañana? —preguntó mirándola, resistiendo las ganas de enviarla de regreso a su casa y laboratorio.

—Ya puedes ir a usar tu nuevo cuarto de entrenamiento. Lo acabo de terminar, y pensé que querrías… —Se calló cuando lo vio salir del cuarto sin siquiera vestirse.

En cuanto entró a la cámara de gravedad la cerró para no dejarla pasar. Quería probarla enseguida, y con ella adentró sería imposible, pero de todas maneras tuvo que mirarla y escucharla cuando el televisor junto al cerebro del cuarto, se prendió.

—¿Qué se supone que haces?

—Imaginé que sucedería algo así, así que creé un comunicador en caso de que tuvieras alguna duda. Puedo ver lo que sucede desde mi computador.

—Ya me explicaste todo lo que debía saber. Ahora dejame solo —ordenó con voz más ronca de lo normal.

—Pero es necesario que te explique cómo…

Con un pequeño rayo de energía, Vegeta destruyó el televisor. Ahora sí podría entrenar como lo había deseado.


(…)


Una semana transcurrió desde que le entregó la cámara a Vegeta, y pese a no poder comunicarse con él, todo estaba en orden. Al parecer le había gustado más de lo que esperaba, ya que no había salido ni de broma. Eso era algo bueno en el sentido que su trabajo había resultado perfecto, tal como lo quería el príncipe, pero por otro lado, él muy maldito ordenaba sobre ella y no podía abandonar palacio o recorrerlo en su totalidad para distraerse y conocerlo. Solo podía estar en su habitación y los alrededores, lo que significaba acceso a aburridos cuartos vacíos. Por eso, los siete días los pasó en su cuarto. Pudo entablar conversación con Raditz, pero no se alargó por más de dos minutos, al menos le llevó libros de la biblioteca, ya que tampoco podía ir hasta allá. Con los materiales que sobraron de la cámara, se entretuvo para construir más robots para Vegeta, pero tampoco le llevaron más. No podía hacer nada hasta que el hombre saliera del lugar. Al menos pronto llegarían las telas que encargó, pero no tenía a nadie para hacerle ropa y seguramente necesitaría el permiso de Vegeta antes de contactar a alguien.

—Me voy a volver loca en este lugar —exclamó pateando un robot recién terminado. Ni siquiera como esclava en el laboratorio se había sentido tan encerrada como ahora.

—Pensé que ya estabas loca cuando te vi aquella vez en el laboratorio hablando mal de mi padre.

Bulma se volteó al oír la voz de Vegeta detrás de ella. No escuchó cuando abrió la puerta y entró. Su primer impulso fue correr y abrazarlo. Había estado toda la semana tan aislada que en verdad le había hecho falta, pero al ver el estado en que se encontraba, se detuvo y contuvo para no gritar.

—¡¿Qué te pasó?!

—Ven conmigo. —No esperó respuesta y caminó.

A Bulma le tomó unos segundos reaccionar y seguirlo, pero antes tomó su toalla de una silla. Caminó unos pasos detrás con la mirada pegada en su espalda, sus heridas y la sangre.

—Vegeta… Vegeta, ¿estás bien? —intentó acercarse y limpiarlo con la toalla, pero le dio miedo lastimarlo.

—Sí —respondió serio.

—Pero toda esa sangre, las heridas. Necesitas atención medica urgente.

—Para esto no necesito nada. Sólo entrenar.

—Tal vez la gravedad está muy fuerte, si la bajara podrías…

—No hay nada que bajar, está perfecta. —Sus ojos aún brillaban por la adrenalina que sintió al entrenar con la gravedad aumentada. Las heridas no eran nada comparado con lo que podría conseguir si continuaba entrenando a diario. Definitivamente aumentaría la gravedad al máximo cuando regresara, pero ahora necesitaba descansar.

Bulma jamás había visto tanta sangre en toda su vida. Tanto tiempo en Vegetasei y no había tenido la oportunidad de ver guerreros llegar de sus misiones porque no pasaban por el área donde trabajaba. Ni siquiera a Kakarotto lo había visto llegar en tales condiciones. Tenía miedo de que pudiese morir por culpa de ella y eso la asustó demasiado.

—¿Adónde vamos? —preguntó un tanto nerviosa. Antes ya había pasado por estos pasillos, pero jamás había visto a tantos soldados resguardando el lugar. Últimamente había soldados en lugares que antes no.

—Tendrás un premio por tu excelente trabajo.

—¿En verdad?

—¿Luzco como alguien que no habla en serio?

Bulma lo observó. Ya antes le había hecho esa pregunta y la respuesta era la misma. Pero estaba tan preocupada por él que no podía sentirse emocionada por el premio. No creía haber hecho un excelente trabajo si salía en tal estado después de usar la cámara de gravedad. Aunque, debía considerar que había estado siete días sin parar. ¡Realmente le había gustado!

Vegeta entró a la biblioteca seguido de Bulma. Cerró la puerta y la quedó mirando.

—El premio puede esperar, puedes ir a sanar…

—Sanaré solo, no necesito de ninguna maquina.

—Está bien. ¿Por qué hay tantos soldados en…?

—¿No estás interesada en lo que tengo para ti?

—Claro que sí —exclamó concentrándose en él—. ¿Dónde está mi premio?

—Es este lugar. Puedes venir cuando gustes.

—¡¿La biblioteca es mía?! —Sus grandes ojos se iluminaron más.

—Está abandonada. Puedes hacer lo que quieras con ella — respondió desinteresado, restandole importancia a lo que acababa de hacer.

—¡Muchas gracias! Es un regalo hermoso.

—No es un regalo. Es la recompensa por hacer tu trabajo.

—Entonces es una hermosa recompensa.

Vegeta le dio la espalda para ir al mueble de las bebidas alcohólicas. Bulma lo vio beber algo directo de la botella, y en ese momento notó que las heridas en su espalda ya no sangraban.

—¿Por qué hay tantos soldados? Antes no habían tantos por estos lugares.

—Protección —se limitó a responder.

—¿Desde cuando el príncipe de Vegetasei necesita tanta protección? —preguntó acercandosele. Lo abrazó por atrás, sin importarle mancharse de su sangre.

—Simplemente estrategia. —Dejó la botella en el mueble y se volteó para mirarla. Manchó su rostro de sangre cuando la tomó del mentón, y acarició su rostro. Estaba de excelente humor. Sabía que no se equivocó cuando decidió quedarse con ella para que trabajara a su favor.

—¿Se trata del problema con ese planeta?

—¿De qué hablas?

—Cuando tu padre nos interrumpió en este mismo lugar y te acusó de haber asesinado a ese hombre que mató a tu hermano, pudiste llegar a ese planeta gracias a que modifiqué la nave para ti.

Vegeta cortó el contacto, le arrebató la toalla para limpiar sus manos y rostro. Bulma continuó hablando.

—Por lo que entendí ese hombre era hijo de alguien poderoso. Me imagino quiere ajustar cuentas.

—Esa área no te corresponde —dijo serio. Completamente diferente al Vegeta de segundos atrás—. Estás aquí para trabajar en mi cámara y robots, no para opinar asuntos que no entiendes.

—Creo haber demostrado mis capacidades con la cámara. —Se cruzó de brazos—. Puedo entender cualquier cosa.

—Pues aquí no hay nada que entender. No hay ajustes de cuentas ni nada.

Bulma no quiso insistir. Al menos no por el momento. Luego de un largo baño y sexo intenso, intentaría sacarle más información, pero estaba segura que algo ocultaba.

—Está bien. —Se acercó para volver a tocarlo—. Imagino que tienes hambre y quieres descansar.

—Necesito unas horas para recuperarme y volver a la cámara.

—Creo que serán más de unas horas. —No se resistió y lo besó. Tenía otro sabor por culpa de la sangre y sudor, pero curiosamente le agradó. Era excitante besar un guerrero poderoso.

Por un momento, durante las noches que estuvo sola, pasó por su cabeza la posibilidad que Vegeta ya no la necesitaría más, ya que la cámara estaba lista, y su trabajo había concluido, pero a medida que el beso se alargaba y sentía su entrepierna dura, desapareció cualquier pensamiento respecto a eso.


(...)


La chimenea estaba encendida, las cortinas cerradas, al igual que las puertas. No hacía frío en la gran habitación, pese a las bajas temperaturas que azotaban al planeta en esa época del año. Era tarde, y Vegeta trabajaba en su escritorio: leía unos papeles, tarjaba algunas palabras, escribía encima de otras. Algo bastante tedioso si lo comparaba con peleas y entrenamientos, pero era parte de su trabajo como príncipe y futuro rey. Junto a él, sentada sobre una pierna, Bulma estaba concentrada desarmando un robot pequeño que Vegeta había dañado en el entrenamiento de la tarde. Él solo vestía un pantalón oscuro, un tanto suelo en comparación con la ropa que usaba a diario, y ella la camiseta que completaba el pijama del hombre, le quedaba grande y bastante suelta, pero era suficiente. Llevaban un rato sin decir palabra alguna, con la atención puesta totalmente en sus trabajos. La mano izquierda del príncipe que podría estar abrazando la cintura de la científica, descansaba en el respaldo de su asiento, sin embargo, su rabo era el encargado de hacerlo, y ninguno se había dado cuenta de aquel contacto.

Bulma dejó el destornillador sobre la mesa para tomar otro de su pequeño estuche de herramientas. Tenía una caja mucho más grande y completa, pero esa la tenía en su cuarto. Si llegaba a subir esa sobre las cosas de Vegeta en el escritorio, tendría problemas, por lo que ahora solo ocupaba la compacta con lo estrictamente necesario para poder reparar el robot. Ya era el cuarto en la semana en descomponerse y quería encontrar una manera de reforzarlo sin que perdiera su velocidad. Miró un segundo los papeles de Vegeta y luego lo miró a él.

—Fijate en como escribes.

—¿Qué? —Estaba tan absorto en su trabajo que casi había olvidado que la tenía sentada en su regazo. Milagrosamente había estado callada tanto rato que eso influyó, además no pesaba mucho.

—Que cuides tu escritura.

—¿Sabes hablar en krongth? —preguntó un poco molesto por la interrupción.

—No, pero sí aprendí a leerlo y escribirlo por culpa del aburrido trabajo que me tocaba hacer en el laboratorio. También sé que son bastantes quisquillosos con esos detalles, así que deberías tener cuidado. —Dejó el robot y herramienta sobre el escritorio para quitarle el lápiz y acercarse al documento—. No separes muchos los signos, y tampoco hagas esos cuadrados tan gruesos, creo que podría significar otra cosa.

—Los cuadrados tan gruesos —repitió levantando una ceja—. Qué lenguaje más técnico. —No le gustaba para nada que lo corrigieran.

—Claramente eso debe tener un nombre, pero no lo sé y no tengo intenciones de averiguarlo —respondió un poco ofendida—. Y no olvides que las tildes van de derecha a izquierda, no al revés.— Dejó el lápiz y regresó con su robot. —Lo mejor es tenerlos contentos en esos detalles estúpidos, para tenerlos en tu mano, con la guardia baja, y luego poder tomar ventaja. Eso era lo que yo hacía.

—Poco me importa si están contentos o no con el tratado –-dijo apoyando la espalda en el respaldo. Aburrido de lo que hacía—. Si tienen algún problema conquisto su planeta, mato a sus guerreros y someto a su gente.

—Por supuesto, la solución más sensata –-susurró. La verdad es que aunque viviese mil años en Vegetasei, jamás podría acostumbrarse a que tocaran el tema de la muerte con tanta naturalidad.

Vegeta se irguió para continuar revisando los papeles, y ella siguió trabajando en el robot.


(…)


En cuanto terminó su entrenamiento salió rumbo a su habitación para ducharse. Al entrar, encontró a Bulma sentada en el centro de su cama, trabajando en un robot. Tenía su computador prendido y piezas metálicas repartidas por todos lados, pero lo que le molestó fue ese molesto olor a humo que salía de su boca. Sin decir nada le quitó el cigarro y apagó con los dedos.

—¡No tienes idea cuanto me costó conseguirlo!

—Es asqueroso.

—Asesinas gente y te repugna el olor de cigarro. —Se cruzó de brazos molesta. Ese era su último cigarro.

El hombre se quitó la ropa y fue al baño. Bulma no tardó en seguirlo.

—¿Todo bien con la cámara? —preguntó sentada en el borde de la tina. Esta vez Vegeta entró a la ducha.

—Necesito que la revises. Cuando la pongo al máximo tiende a sobrecalentarse.

—Eso es obvio, abusas demasiado de ella, pero me encargaré.

—También quiero que le aumentes el máximo de gravedad.

—Primero tengo que arreglar lo de la temperatura. —Le daba miedo que se lastimara de gravedad si exageraba en su entrenamiento, pero lo haría de todas formas. Ya se había dado cuenta que sanaba rápido pese a las horrendas heridas.

No tardó en salir de la ducha. Puso una toalla sobre sus hombros y fue al sofá para descansar. Bulma lo siguió y sirvió una copa de vino. Se sentó a su lado y observó.

—¿Qué es lo que quieres ahora? —preguntó mirándola de reojo, aceptando la copa que le ofrecía.

—Llevo más de dos meses aquí...

Bulma continuó hablando, pero Vegeta no la escuchó. Se sorprendió del tiempo que había pasado, más rápido de lo que pensó y sintió. Y ella continuaba ahí, con él. El sexo no había disminuido, todo lo contrario. Las ansias de tenerla que experimentó la primera vez que la vio, continuaban igual; esa obseción de contemplarla durante los orgasmos, la manía de tocar su boca y mirarla mientras ella le practica sexo oral. Las libertades y faltas de respecto que aceptó porque le divertía su carácter diferente. Incluso las conversaciones en ese sofá junto a la chimenea no habían amainado. Más de dos meses. ¡Más de dos meses! Se dio cuenta, que además de la relación con su hermano, jamás había pasado tanto tiempo con alguien, y nuevamente ese sentimiento de extrañeza e incomodidad lo invadió.

Él simplemente hacía lo que le causaba placer. Le gustaba los combates, por lo tanto combatía. Adoraba ver al enemigo bañado en sangre, entonces se encargaba de que eso sucediera. Si deseaba una mujer, la tenía y ya. Mantenía a la humana a su lado porque disfrutaba de su cuerpo y cerebro, y si aún le servía, continuaría con ella, así de simple y fácil, pero entonces, ¿por qué sentía que había algo malo?

La observó, pero no fue capaz de escucharla. Su mente trabajaba en tratar de encontrar eso que no estaba bien, pero por más que pensaba, no lograba verlo.

—Entonces, ¿que me dices?… ¿Te sientes bien, Vegeta? —Se acercó más para tocarlo, pero la rechazó.

—Estoy bien. —Le regresó la copa y puso de pie para vestirse con ropa limpia. De pronto sintió el deseo de continuar entrenando.

—Necesito que me des una respuesta. Sin tu permiso no puedo salir de aquí, y quiero tomar aire, caminar, hacer otras cosas. No puedo creer que incluso extraño a la gente del laboratorio.

—Mañana volverás al laboratorio —dijo sin pensarlo—. Serás la nueva encargada. Continuarás viviendo acá, y dejarás todo de lado cuando te necesite para arreglar mi cámara o algo más.

—¡Por supuesto! —exclamó feliz. Había pensado que el proyecto que le habló en un comienzo había quedado atrás, pero ahora como jefa de laboratorio podría hacer lo que quisiera—. Lo que mi príncipe ordene —dijo feliz, guiñándole un ojo.

Vegeta arqueó una ceja al oírla hablar así. Se marchó del cuarto para continuar entrenando. Era el único lugar que le despejaba la mente y no hacía pensar estupideces.

A la noche, por supuesto, ella lo estaría esperando y como siempre, él se dejaría seducir un poco más.


A la mañana siguiente Bulma se levantó radiante y muy temprano para ir al laboratorio. Se dio un largo baño de tina antes de partir al lugar donde trabajó por más de tres años ininterrumpidamente. Cuando puso un pie dentro, se dio cuenta enseguida que la noticia ya había llegado, ya que el antiguo jefe de laboratorio se encontraba en un escritorio normal, lo que significaba que su gran oficina debía estar desocupada para ella.

Sintió las miradas encima, después de todo la última vez que la vieron sabían que comenzaría a trabajar directamente con el príncipe, y ahora volvía como la nueva jefa. No faltarían quienes comenzarían a hablar mal de ella, sobre cómo consiguió un puesto tan importante en tan poco tiempo, pero a Bulma le importaba nada lo que pensaran de ella. Conocía sus capacidades y las pondría en evidencia con su trabajo.

Luego de dar instrucciones, tal como lo hacía en la Tierra, se tomó un tiempo para recorrer el lugar. Ahora podría conocerlo por completo, como siempre había soñado, pero antes de eso, fue a su antiguo puesto para saludar a Milk y Gohan. Había pasado mucho tiempo sin saber de ellos.

Se extrañó al encontrar su escritorio vacío. Ella había dado la orden que nadie podía usarlo para que el niño siempre tuviese un lugar donde estar mientras Milk trabajaba, pero no había rastros de él, tampoco de sus cosas. Buscó a Milk. Quizás no habían llegado aún, pero siempre se caracterizó por ser puntual, por lo que ya debían estar presentes.

Recorrió el lugar, hasta que la encontró. Estaba cabizbaja, oculta en un rincón. Usaba la escoba para afirmarse, porque ya no tenía fuerzas para nada. Bulma se asustó al verla ella y no a Gohan. Eso significaba una sola cosa.

Se acercó a la mujer, y sin decir palabra alguna la tomó de la mano para obligarla a caminar hasta su oficina. Ahí podrían hablar con calma. Milk la siguió. En cuanto notó que se trataba de Bulma sintió un poco de esperanza en medio de tanto dolor.

—¿Dónde está Gohan?

En ese momento Milk estalló en llanto. Asustada, Bulma la ayudó a sentarse y buscó entre los cajones algún pañuelo de papel para ofrecerle.

—Mi pobre Gohan va a morir —chilló Milk desconsolada.

—¡¿Qué fue lo que pasó?! ¡Dime!

—Kakarotto se lo llevó para alistarlo en los escuadrones. Yo traté de evitarlo, le dije que era muy pequeño y sin poder, pero no me escuchó. Ahora mi Gohan podría estar muerto y yo no estoy enterada. —Se cubrió el rostro para seguir llorando. No soportaba no saber de su hijo, si tenía hambre, frío o miedo.

—¿Pero qué pasó? Kakarotto jamás había estado interesado en Gohan. —Se arrodilló a su lado y pasó una servilleta limpia. Lo único que pudo encontrar para la angustiada mujer.

—¿Acaso no sabes lo que pasó? Todo el mundo está hablando de eso.

—¡¿Qué fue lo que pasó?!

—Un planeta muy poderoso le declaró la guerra a este, y el príncipe en ausencia del rey, aceptó. No quiso negociar y ahora todos los guerreros están celebrando emocionados por la guerra que se aproxima.

—¡¿Qué?! —No podía creer lo que escuchaba.

—Es un planeta numeroso, por eso están entrenando a los jóvenes y niños, porque necesitaran refuerzos y soldados en otros planetas.

—¿Sabes cuando comenzará la guerra?

—No, pero todos hablan que en unos meses enviarán el ejercito. —Nuevamente estalló en lágrimas. Estaba desesperada por recuperar a su hijo indefenso—. Bulma, necesito a mi hijo, tenemos que irnos de este planeta antes que comience la guerra. Tenemos que tomar una nave y huir hacia la Tierra. Estoy segura que si vamos a otro planeta, Kakarotto nos encontrará y no puedo permitir que le haga daño a mi hijo, no puedo.

—Tranquila, yo te ayudaré —dijo en voz baja—. Encontraré la Tierra y nos iremos los tres. Ahora puedo construir la capsula para esconder la nave, y tengo acceso a los computadores para encontrar las coordenadas de nuestro planeta. Te prometo que nos iremos antes que todo comience. Gohan va a estar bien.

Milk abrazó a Bulma sin poder controlar el llanto. Bulma continuaba paralizada por la noticia. Se sentía mal y culpable de lo que pudiese estar sucediendo en este momento con Gohan, y todo porque se encandiló más de la cuenta del príncipe. Olvidó la primera razón de porque se involucró con él y ahora Gohan podría estar muerto.

Habló en serio cuando le dijo a Milk sobre huir los tres, era lo que siempre pensó y lo que la impulsó a levantarse cada mañana, pero por primera vez, en los cuatro años que llevaba como esclava, no le agradó la idea de escapar.


Continuará…


No ha pasado mucho, menos de tres meses desde que comenzaron a estar juntos, pero cuando algo es intenso se pueden apresurar demasiado las cosas (lo digo yo, que a los dos meses de salir con mi pareja, me fui a vivir con él y este mes cumpliremos 10 años juntos)

Bulma está confundida, tan apasionada que es ya comenzó a sentir más por él, pero no está lista para admitirlo, ya que había pasado tantos años deseando marcharse, claro que los deseos de libertad afloraron una vez más después de hablar con Milk, pero ahora luchan contra los nuevos que ha comenzado a sentir.

En cuanto a Vegeta. Él nunca había tenido nada con nadie y no se dio cuenta en qué momento la dejó ser parte de su vida, todo porque le causaba gracia verla actuar tan natural con él, acostumbrado a vivir en su cómoda monotonía. Solo en batallas se desataba el salvajismo y la adrenalina que lo impulsaba a vivir, pero esta vez se sorprendió al encontrarlo en otro lugar fuera del campo de batalla.

Espero que les esté agradando la historia, bajaron bastante los comentarios, pero bueno, así es como funciona esto, pero me quedo con quienes me siguen y se toman el tiempo de comentar. Para ellas va dedicado este capítulo.

Respecto a la acusación de plagio, lo único que puedo decir es que, sí, la historia es poco original. Bulma como esclava en Vegetasei es casi tan común como los famosos tres años, pero no por eso se trata de plagio. Entonces cualquiera que escriba de Vegeta y Bulma caería en lo mismo, y no es así. Sí, tomé una trama ultra usada, (como lo hice en el fic Hasta el fin del mundo) y tal como sucedió en ese fic, el desenlace era el esperado, pero lo importante es cómo se cuenta la historia y en eso trabajo, porque me gusta verlos en cientos de situaciones posibles y por eso esto de los universos.

Los capítulos anteriores son de 4500 palabras aproximadamente, pero este casi llega a las 8000. Podría haber agregado unos detalles más y haberlo partido para tener otro capitulo más, pero no es la gracia. Así que lo dejé tal como está.

Anirva.g: Ojala te haya gustado la canción que recomendé. ¡A mi me encanta!

Plr16: ¡Guau! En verdad tus comentarios siempre me impresionan. ¡Gracias!

LizetGalvan: Evidentemente Vegeta aún no se aburre de Bulma, y parece que no tiene para cuando XD jajaja, en cuanto a Bulma, ahora comenzará a trabajar en su propósito.

Y gracias también a Jesswinch, Gabo Chan, Dika, Rusca, La Lupa, Veros, CoCkAtOo-94, Andreaahp, Sofy2011, Annebrief, SophyBrief e Ina, que casi siempre es la primera en dejar rw jajajaja es como una cábala XD

Nos vemos en una próxima actualización.

Con cariño,

Dev.

05/07/2016.