Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
Una Razón
VI
—¿Por qué no me dijiste? —exclamó molesta en cuanto entró al cuarto de Vegeta.
El hombre estaba terminando de vestirse cuando se vio sorprendido por su inesperada presencia. Se suponía que debería estar en el laboratorio tomando las riendas del lugar, pero en cambio, entraba completamente alterada y sin golpear, pero bueno, eso último era común en ella.
—¿Por qué no me dijiste? —insistió.
Por supuesto, el mantuvo la calma por completo.
—¿Qué es lo que te pasa?
—¡Van a guerra con un planeta extremadamente peligroso!
El príncipe sonrió antes de responder.
—No son tan poderosos. —Continuó vistiéndose, ignorando por completo la verdadera queja de la joven. Arregló sus guantes y el cuello de su ajustado traje azul.
—Sabes de lo que estoy hablando. No hace mucho te pregunté si había problemas con algún enemigo y me dijiste que no.
—Aclarame algo —dijo serio, mirándola a los ojos—. ¿Yo debería informarte sobre todo lo que pasa con Vegetasei? ¿Desde cuando esa es una obligación?
—Gracias a mi llegaste a ese planeta para matar al asesino de tu hermano —Él tenía toda la razón. No tenía que informarle nada de lo que hiciera, pero no por eso se quedaría callada. Con lo de Gohan y él que se va a guerra ya eran suficiente para alterarse por completo, y más se enojaba y descontrolaba al ver su maldito autocontrol.
—Eres mi esclava. Obedecías mis ordenes, es todo.
Estaba furiosa. Él estaba en lo correcto y ella no podía hacer más que apretar los puños y rechinar los dientes. Odiaba ser vista como una esclava y nada más.
—Déjame ayudarte —dijo decidida.
—¿Qué?
—Quiero ayudarte, ayudar tu planeta para que gane. Puedo hacerlo, sabes que así es, pero necesito que me hables de la situación actual. Esa gente debe tener un punto débil, y si…
—No voy a perder el tiempo en esto. —Salió de su habitación en dirección a la sala real, donde lo esperaban, por supuesto ella lo siguió.
—No me dejes hablando sola. Sabes que puedo ayudar.
—Regresa a tu trabajo, muchacha. Es el primer día y deberías estar allá. —Caminó más rápido, y Bulma aceleró.
—Yo también vivo en este planeta, y no voy a quedarme sentada esperando a que vengan a matarme. Puedo ser de mucha ayuda.
—Estás comenzando a aburrirme.
—¿Sí? Pues fijate que me tiene sin cuidado. Tengo otras prioridades antes que tu real persona.
Discutiendo, llegaron a un pasillo resguardado de soldados, los cuales miraron atentos a la mujer que venía gritando y caminando detrás del príncipe. Jamás habían presenciado algo así, y en un comienzo no supieron qué hacer. Es más, lo más lógico sería que el príncipe la eliminara ahí mismo por su insolencia. Lo habían visto asesinar soldados por menos.
En el momento que Bulma, sin dejar de hablar de forma alterada, estiró el brazo para tocar a Vegeta y detenerlo, uno de los guardias la atrapó de la muñeca para evitar el contacto. Para ellos se trataba de una prostituta insolente que debía ser disciplinada como lo hicieron tantas veces con las concubinas del rey, o las de los hombres de confianza de este último. Jamás habían visto al príncipe con una antes, pero por supuesto el protocolo debía ser el mismo.
Asustada, Bulma gritó por el tirón y la presión que sintió en la muñeca. No alcanzó a ver el rostro del saiyajin que se atrevió a detenerla, ya que Vegeta, en cuanto escuchó el quejido de la mujer, se volteó, tomó del cuello al soldado y lo quebró.
El cuerpo inerte del hombre cayó de forma pesada al suelo con su mano aún sosteniendo a Bulma, pero Vegeta la liberó del agarre antes que pudiera jalarla. Tomó con ambas manos la muñeca y tocó los huesos con las yemas de sus dedos enguantados, verificando que no le hubiese hecho daño. Bulma enmudeció por la extrema delicadeza que la tocaba, jamás lo había visto actuar de esa forma y no supo qué pensar.
En cuanto comprobó que todo estaba bien y solo la piel había sido dañada, levantó la mirada hacia la científica. Por primera vez, la joven sintió miedo de esos ojos que había tenido la desfachatez de retar y faltar al respecto tantas veces, y fue mucho peor cuando lo escuchó gritar a los soldados, sin dejar de mirarla.
—¡Afuera! ¡Ahora! —rugió furioso, con sus ojos negros clavados en los de ella. No dijo nada hasta que escuchó al último soldado abandonar el lugar. Inmediatamente después la tomó de los hombros y obligó a retroceder hasta acorralarla contra la pared. Toda la delicadeza se había esfumado por completo—. ¡Ya he tolerado demasiadas cosas de ti! ¡Más te vale no volver a faltarme al respecto de esta forma delante de alguien, o te irá muy mal! —La soltó para retirarse en enseguida. No quería seguir escuchándola, de lo contrario terminaría golpeándola.
Bulma permaneció unos minutos observando el cadáver del soldado que dejó roja su piel, antes de poder mover las piernas para regresar al laboratorio. Le costaría mucho trabajo concentrarse, porque el ruido que hizo el cuello del saiyajin al romperse la interrumpiría todo el día. En cuanto a la reacción de Vegeta; no tuvo coraje para procesarlo, debía encontrar una forma de ayudar a Gohan, y no distraerse por otros asuntos.
De noche, y luego de trabajar durante todo el día, fue a su cuarto en palacio, siempre escoltada por Raditz que no se retiraba hasta asegurarse que había entrado a su habitación. Se dio un largo baño de tina, puso su pijama nuevo, un camisón corto, color blanco, que mandó a confeccionar con las telas que le llegaron de otro planeta, y partió rumbo al cuarto del príncipe. No tenía otra opción, necesitaba saber de Gohan, y él era quien tenía poder para hacer lo que quisiese.
No golpeó. No le demostraría que se asustó por lo ocurrido en la mañana. En cuanto cerró la puerta se cargó en ésta y lo observó. Estaba de pie junto al sofá, se había servido una copa de vino y seguramente ella llegó justo en el momento que iba a sentarse. Vestía solo el pantalón negro y suelto que solía usar de pijama; esta vez no lo había amarrado bien, así que estaba más abajo de las caderas. Su rabo que se movía de un lado a otro, como descansando de la constante tensión diaria al pasar abrazando su cintura, se detuvo en cuanto la miró.
—Necesito un favor —dijo mirándolo a los ojos, con tono sumiso, pero fingido, como solía hacer para seducirlo y juguetear.
Vegeta lanzó un pequeño rayo a los maderos de la chimenea para que encendieran sin tener que acercarse.
—Ven aquí —dijo antes de sentarse, evidentemente mucho más calmado que en la mañana.
Como era la costumbre, se sentó sobre su regazo y estiró las piernas en el sofá. Él extendió la palma a la espera de que entendiera. Por supuesto así sucedió, y sin preguntar, la mujer le puso la muñeca en la mano para dejarle revisarla.
—Casi no me duele. Me puse hielo, así que se inflamó poco. —Tenía la piel roja con pequeñas manchas moradas, que en las próximas horas abarcarían todo el lugar—. Creo que en menos de una semana… —Nuevamente enmudeció cuando sintió su dedos tocar la piel.
—¿Que favor necesitas? —preguntó. Dejó de tocar a la mujer para cambiar la copa de mano y beber vino.
—¿Recuerdas el niño mitad saiyajin que ocultaba en mi escritorio? Es muy pequeño y débil, y nunca ha peleado como los niños de este planeta.
—Debería estar muerto o en algún planeta lejano de gente sin poder de pelea.
—Lo sé, pero el padre nunca se interesó y dejó a la madre encargarse de él. Su madre es humana, como yo, y está preocupada porque no ha sabido de su hijo en una semana. Su padre lo llevó a los escuadrones de reserva. Por la guerra que se acerca, necesitan más gente para encargarse de los otros planetas, y así concentrarse en este rival más poderoso…
—Eso lo sé a la perfección. No es necesidad que lo digas. Ve al grano. —El hombre ya sabía qué quería, pero prefirió que ella llegara hasta el final.
—Gohan va a morir si sigue en ese lugar, si es que ya no ha muerto. Necesito que des la orden para que lo expulsen y pueda regresar con su madre.
—¿Por qué haría eso? Es mitad saiyajin y vive en este planeta. Es su deber convertirse en soldado, y un honor servir a Vegetasei.
—Solo tiene cuatro años, y tiene otros intereses. No le gusta pelear.
—A esa edad ya debería estar listo para conquistar su primer planeta.
—Lo sé. —Acarició su pecho con la mano y se cargó más en él—. Estoy segura que a esa edad, tú ya habías logrado mucho como guerrero, pero Gohan es un niño más humano que saiyajin. He vivido muchos años aquí, en la parte de los saiyajin débiles, y sé que ellos deben hacer otras cosas para ganarse la vida, y lo hacen bien. No todo en la vida son las misiones y peleas, incluso aquí, en Vegetasei.
—Esos ni siquiera deberían ser vistos como saiyajin.
—Pero es tu pueblo, y también luchan a diario para sobrevivir. Para ellos todo es el doble de difícil, o más, y eso deberías reconocerlo. Gohan es un niño muy inteligente que puede llegar muy lejos, pero en el escuadrón no logrará sobrevivir, y en el caso de hacerlo, solo estropeará la misión que le encomienden.
—No voy a ir a rescatar un niño cobarde de su destino.
—¿Por qué mataste al hombre que asesinó a tu hermano? —finalmente preguntó. Haría lo imposible por rescatar a Gohan, y se arriesgaría, pese al altercado de la mañana.
—Nadie mata a un príncipe saiyajin y sale impune.
—¿Tu hermano no era poderoso?
—Tenía otros dones, pero era una vergüenza como guerrero —respondió con una frialdad pasmosa.
—Gohan también tiene otros dones. Es muy inteligente. Algunos libros que faltan de la biblioteca los tiene él. Es muy listo para tener cuatro años. Me imagino que tu hermano debió ser igual de brillante a esa edad, pero lamentablemente le tocó crecer en este planeta.
—Ya no sigas. Aún no he olvidado lo sucedido hoy. —Le advirtió con voz más ronca Inconscientemente lo hacía cuando la reprendía.
—Lo sé. Pero prometeme que lo pensarás. —Se movió para quedar frente a frente—. Solo como recompensa por mi excelente trabajo en la cámara de gravedad. —Lo abrazó y besó—. Creo que puedo agregarle más gravedad y ya dibujé nuevos robots de entrenamientos, más fuertes, que sé que te gustarán —terminó coqueta, meciéndose levemente sobre él, para que deseara más—. ¿Me lo prometes?
Vegeta no le respondió. La tomó de la nuca y acercó para besarla. Fue un beso brusco, enojado, casi como se sintió con ella cuando el soldado la tocó.
Justo antes que llegara a su cuarto, estaba pensando en regresarla a su casa y prescindir de sus servicios para siempre. La novedad se había terminado y vuelto molesta, seguramente sería difícil reemplazarla por otra concubina, pero habían cientos de mujeres hermosas que podrían moverse como ella. Ya había decidido eso cuando ella apareció en su cuarto, y no solo no golpeó, sino que tampoco se disculpó por su insolencia y además llegó para pedir un favor. ¡Qué criatura más insolente! Debería terminar en la calle a merced de los guerreros que quisieran fornicarla para después lanzar lo que quedase de cuerpo en el lugar reservado para los que cometen faltas a la corona. Pero no. Eso no fue lo que pasó. En lugar de castigarla, continuó besándola hasta terminar sobre ella en el mismo sofá. No hubo tiempo para llevarla a la cama, la hizo gritar de placer, la desnudó y cogió hasta que los dos no pudieron seguir.
Un minuto, o dos horas después, la verdad, no sabía, Vegeta terminó acostado en la alfombra, exhausto, sudado y jadeando, con la mirada perdida en el techo. Bulma en el sofá se durmió casi en el instante que Vegeta salió de ella y cayó a la alfombra. Había sido un día pesado y esto terminó de agotarla.
Mientras continuaba con la respiración pesada, miró la mano de la mujer que se asomaba por sobre el sofá, luego miró el fuego de la chimenea y regresó con el techo. En ese momento, decidió ignorar esa voz interna que le decía a gritos que algo andaba mal. Ya no tenía caso, no quería escucharla y como era su costumbre, quería salirse con la suya. Después de todo, ¿qué es lo peor que podría pasar?
Al día siguiente, Bulma despertó sola en la cama del príncipe, no recordaba haber llegado a ésta, pero no se quedó a pensar, era lo último que quería hacer. Ayer había decidido comenzar con la construcción de una nave para ella, Milk y Gohan. Si la Tierra estaba tan lejos como para no aparecer en los computadores del laboratorio, los cuales son los más potentes, eso significaba que las naves a su disposición podrían no resistir un viaje tan largo. Por eso, debía construir una nave reforzada y por supuesto, las cápsulas para esconder las provisiones, todo lo necesario para el viaje y la misma nave hasta que estuvieran listos para huir. Se dio un largo baño de tina, vistió y partió hacia el laboratorio. También había tomado una decisión respecto a la guerra que se aproximaba. Usaría su nuevo poder para potenciar las naves y armaduras, al igual que los comunicadores, también pediría información sobre el adversario para encontrar algún punto débil. El de los saiyajin era la soberbia, estos también debían tener uno.
—¿Qué fue lo que te dijo? ¿Va a sacar a Gohan de los escuadrones? —preguntó Milk en cuanto entró a la oficina de Bulma. La científica cerró la puerta para poder hablar con calma.
—Dijo que lo pensaría —respondió. No quería decirle que no había dicho nada al respecto, pero era demasiado trabajo explicar la conversación de ayer.
Milk se dejó caer en una silla. Estaba más delgada y pálida.
—Es el príncipe, podría hacer lo que quisiera… ¿Es posible que te haya escuchado?
—Creo que sí.
—Eres su mujer, ¿no? Es un favor que le pediste, no podría negarse.
—La verdad es que soy solo una esclava, pero… —No supo qué decir, ni siquiera ella sabía bien qué pasaba entre los dos.
—Lo único que necesito es a mi hijo, nada más. Y luego tenemos que irnos lo más pronto de aquí.
—Tranquila. Hoy comenzaré a trabajar en eso.
—¿Cuanto tiempo te llevará?
—Tendré la nave lista antes de que comience la guerra.
—¿Crees que no se van a dar cuenta de lo que haces?
—Ya tengo a todo el laboratorio trabajando en las naves y trajes de los soldados, nadie se va a extrañar. Será una nave más.
Golpearon a la puerta y automáticamente Milk se puso de pie. La costumbre de sentirse vigilada por los soldados era más fuerte que ella.
Bulma indicó pasar. Se trataba de Raditz, quien no entró por completo.
—Disculpe la introducción. Estoy buscando a… —Se calló cuando vio a Milk—. A Milk.
—Los dejo solos para que hablen. —Bulma fue hacia la puerta para darles privacidad, pero el saiyajin se apresuró en hablar.
—No es necesario. Lo encontré en la entrada del laboratorio, estaba buscando a su madre. —Se hizo a un lado para dejar entrar a Gohan.
Bulma se sorprendió lo mucho que había crecido el tiempo que no lo vio. O tal vez fue por la semana en la reserva. Estaba irreconocible, especialmente con la armadura de saiyajin, de hombros anchos y traje azul, incluso llevaba su rabo al rededor de la cintura.
—¡Hijo! —Milk corrió a abrazar a su pequeño. Se arrodilló y apretó con todas su fuerzas. El niño sintió los brazos de su madre pese a la armadura que llevaba puesta.
Bulma vio a Raditz sonreír ligeramente antes de retirarse y cerrar la puerta. Milk lo único que podía hacer era llorar y estrechar a su hijo para que jamás se separara de su lado.
—Gohan, ¿estás bien? —preguntó Bulma, pero la verdad es que no necesitaba respuesta. Evidentemente se veía bien, incluso más despierto que antes.
—Sí, Bulma.
A Milk no le bastó con la respuesta y obligó a dar vueltas para revisarlo por completo.
—¡Dime que te hicieron esos bárbaros! —Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando vio heridas y magulladuras bajo el traje de combate.
—Me obligaron a entrenar, mamá, pero estoy bien. Al principio tenía miedo, pero después no fue tan difícil —respondió calmado, sin miedo—. Ahora tengo mucha hambre.
—¿Cómo llegaste hasta aquí, Gohan? —consultó Bulma.
—Creo que no soy tan fuerte como los demás niños. Me expulsaron. A papá no le va a gustar.
Bulma supo que esa no era la razón. Se sorprendió al darse cuenta que Vegeta si la escuchó y actuó enseguida.
—No te preocupes, Gohan. Muy pronto volveremos a la Tierra y podrás llevar la vida normal de un niño. Conocerás a tu abuelo, y viviremos una vida tranquila. —Volvió a abrazarlo con fuerza—. Muchas gracias, Bulma.
La científica no respondió. Simplemente sonrió y acarició la cabeza del niño. Todo esto sirvió para confundirla más, pero jamás había estado tan cerca de hacer su sueño realidad. Si todo salía bien, en dos meses, o menos, escaparía de Vegetasei y sería libre.
(…)
Bulma despertó en medio de la noche. El deseo de ir al baño fue más fuerte que todo. Con los ojos cerrados se sentó en la cama y permaneció quieta por cerca de un minuto, presa del sueño. El frío de la noche volvió a despertarla parcialmente para recordarle que debía ir al baño. Sin abrir los ojos, buscó su camisón, pero no lo encontró pese a estar a su lado. Desnuda y casi dormida, se dirigió al baño; ni siquiera prendió la luz, orinó, se limpió y con torpeza lavó sus manos. El agua fría no fue suficiente para despertarla. Casi sonámbula regresó a la habitación, pero en lugar de ir a su lado de la cama, fue al de Vegeta, corrió las frazadas, y el hombre instintivamente se hizo a un lado cuando la sintió acostarse, también estaba desnudo, pero su cuerpo permanecía caliente gracias a las frazadas. Sin ser dueño de sus movimientos, la abrazó y estrechó para transmitirle su calor. Bulma se acomodó en su pecho, entrelazó la piernas con él, y se perdió bajo el cobertor. Pronto la temperatura volvería a ser perfecta y continuarían con su profundo sueño, sin interrupciones. El abrazo perfecto, por supuesto, se vería interrumpido por la luz del día y un Vegeta reacio al contacto físico si no incluía sexo.
(...)
Bulma no le quitó la vista de encima al robot que reparaba. Estaba sentada junto la gran mesa de su biblioteca y la mitad de ésta la tenía ocupada con partes de robots, herramientas y papeles. Se notaba que había hecho posesión del lugar, ya que este y su cuarto se encontraban igual de desordenados. De a ratos levantaba la vista para mirar de reojo a los hombres conversar, pero era lo mínimo. Le aterraba hacer contacto visual con el rey, así que se preocupó de trabajar en silencio para que no la notaran, y así poder escuchar lo que hablaban.
—Los mejores hombres ya vienen de regreso. Estarán a tiempo para partir, y hay suficientes cámaras de recuperación aguardándolos —dijo Vegeta de brazos cruzados, mirando hacia afuera por una ventana. Su padre estaba frente a él, pero sentado.
—Con ellos tenemos la victoria asegurada. Hay suficientes hombres para el primer golpe. Luego de eso se debilitarán y no sabrán quien los golpeó. —Sonrió confiado.
—También mandé a llamar a las tropas de las lunas de Galpard. No quiero dejar puntos débiles, necesitamos la mayor cantidad de hombres.
Vegeta continuó hablando, dando detalles de su plan de ataque. El rey lo escuchó atento, con un vaso de algún licor transparente y muy potente, ya que solo sirvió un poco junto con un par de hielos. En más de una ocasión sus ojos se desviaron de su hijo a la mujer que trabajaba en el otro extremo de la habitación. En otras ocasiones, cuando buscó a su hijo, la encontró con la misma mujer, pero no le prestó atención, después de todo siempre opinó que a Vegeta le faltaba rodearse de concubinas para distraerse un poco, pero luego de reiterados encuentros, el cabello celeste de esa mujer no le fue indiferente.
Jamás había visto a su hijo con una mujer, y esta ya estaba en boca de todo el palacio, y seguramente muy pronto del planeta entero. Paragus ya le había advertido la situación, pero no le prestó atención en ese momento. También llegó a sus oídos la historia sobre su hijo asesinando a un soldado solo por tocar a la mujer que le faltaba al respeto en frente de todos. Averiguó un poco más y se enteró que su hijo la tenía viviendo en palacio, era la nueva jefa del laboratorio y tenía a todos sus hombres trabajando sin parar en las naves, armaduras y scouters de los soldados que irían a la guerra; asimismo, supo que había construido algo para que su hijo se hiciera más fuerte durante los entrenamientos. Todo eso influyó en que no tomara medidas al respecto. Al parecer se trataba de una mujer inteligente y útil, pero no por eso se descuidaría. Su hijo había tenido demasiado contacto con su madre y hermano, y no permitiría que su único heredero cayera en lo mismo que su difunta mujer y el cobarde de Tarble.
No le gustaba ver a Vegeta ocupado en cosas sin importancia, él mismo se había encargado de educarlo para que nada ni nadie lo distrajera de sus metas, pero hasta ahora no lo había visto caer en ninguna falla, sin embargo, ya lo había notado diferente. Averiguó que hace un tiempo no visita su harén personal, ni hacía llamar a alguna prostituta, por lo que esta mujer era la única en mucho tiempo.
Los hombres continuaron hablando. En más de una ocasión, Bulma debió morderse la lengua para no opinar, su idea era ser invisible cuando el rey estuviese presente, ya que era el único que mandaba sobre las decisiones de Vegeta, pero no soportó más la soberbia de los guerreros, y especialmente del rey.
—Si me permiten —dijo en voz alta para ser escuchada, y por supuesto no esperó respuesta de los hombres—. Creo que no es buena idea dejar el planeta desabastecido de guerreros poderosos. El enemigo podría tomar ventaja de aquello ya que los superan en número, por lo que en este mismo momento podría estar viajando una tropa hacia Vegetasei para atacarlo en cuanto se encuentre desprotegido —dijo con total confianza y casi sin pausa, puesto que por los ojos de los hombres, era obvio que no les agradó la interrupción.
—¡Vegeta! —El rey levantó la voz. Por supuesto se dirigió a su hijo, ya que no perdería el tiempo con una ramera.
—Su alteza —le habló directamente al rey—. Doy mi opinión como jefa de laboratorio. Hay un par de planetas deshabitados cerca de Vegetasei que podrían ser utilizados para ocultarse. Pido perdón si mencioné algo tan obvio. Seguramente usted, como estratega sagaz que es, se daría cuenta pronto, pero creí importante mencionarlo con tiempo.
—Enviaré un escuadrón a cada planeta para mantenerlos vigilados —dijo el príncipe con tono de voz neutro—. Ahora retirate.
—Con su permiso. —Se puso de pie e hizo una reverencia antes de abandonar el lugar. Su corazón latía acelerado por la adrenalina. Tal vez debió esperar a Vegeta y decirle a solas, pero no lo pensó. Se tentó de escuchar lo que conversaban los hombres, pero Raditz le aguó el plan. Debió ir a su cuarto enseguida.
De noche, cuando fue al cuarto de Vegeta lo encontró sentado en el sofá junto a la chimenea. Tenía una toalla sobre sus hombros y el cabello mojado. Se le acercó con cuidado, no sabía si estaba enojado por lo ocurrido con su padre, pero no debería, había sido educada y actuado de forma correcta, después de todo, era la maldita jefa de laboratorio y tenía derecho a opinar.
—¿Vegeta? —Caminó hasta ponerse delante de él para mirarlo. Estaba desnudo, cruzado de piernas y bebiendo una copa de vino. Se extrañó de que no dijera nada en cuanto la escuchó hablar.
Vegeta la miró, e inmediatamente curvó los labios.
—¿No hay reverencia para mi?
—¿Reverencia?
—Hoy humillaste al mismísimo rey de Vegetasei y no se dio cuenta. —Soltó una carcajada estridente y larga. Algo que nunca había presenciado la mujer—. Me gustas —agregó más calmado.
—Pero fui educada, y hablaba en serio. —Se sorprendió tanto de su reacción, que no escuchó eso ultimo.
—Sí, claro. —La tomó de la mano y atrajo para sentarla sobre sus piernas.
—Pensé que estarías molesto.
—Debería, pero eso de estratega sagaz me hizo olvidarlo.
—No quería que sonara como si me estuviera burlando. Traté de ser educada para que me tomara en serio, y tú no te enojaras conmigo por interrumpir. —En ese momento confirmó sus sospechas de hace tiempo: el respeto de Vegeta hacia su padre era absolutamente falso.
—Eres tan insolente, que no sabes como comportarte. —Le pasó su copa, para así tener las manos libres para tocarla.
Bulma dejó la copa en el suelo para sentarse a horcajadas, tomó la toalla de sus hombros y puso sobre su cabeza para secar su cabello.
—¿Y qué hablaron luego que me fui?
—Eso no importa. —La tomó del trasero y se puso de pie, rumbo a la cama.
—¿Cuando entenderás que yo también puedo ayudar? —Dejó caer la toalla cuando sintió la boca de Vegeta en su cuello.
—No es tu asunto. —La dejó caer sobre la cama y se puso sobre ella. Le subió la camiseta por sobre los pechos, y mordisqueó y lamió su vientre hasta subir a su pecho que liberó del sujetador con la mano. No tardó en volver a atraparlo, esta vez con su boca.
—También vivo en este planeta. Es mi deber ayudar. —Terminó la oración con un pequeño grito cuando sintió sus dedos en su interior.
—Deja que los guerreros se encarguen de eso. —Subió hasta su rostro y miró sus ojos por un instante. La besó con la furia y el deseo que solo puede sentir un hombre que está completamente perdido.
Desde la tarde que estaba excitado por ella. Verla así de sumisa con su padre, dejando en evidencia al infeliz engreído y superior rey de los saiyajin. Además él sabía perfectamente que estaba actuando, porque solo él la conocía, porque era de él y nadie más. Le gustaba esta mujer. Sí, definitivamente era eso lo que le pasaba y ahora lo comprendía.
(…)
Vegeta apagó la gravedad cuando Bulma llamó a la puerta. Le hizo caso porque ya era hora de descansar un momento, de lo contrario hubiera continuado. La joven entró y observó contenta por verlo tan sudado y cansado. En el suelo habían cuatro de los nueve robots nuevos que había hecho para él. Ella no tenía idea de entrenamiento ni niveles de pelea, o fuerza de saiyajin, pero con verlo bastaba para entender que estaba más fuerte.
—¿Qué quieres?
—Venía a ver como estaban los arreglos de la cámara.
—Hasta ahora todo en orden.
—Qué bien, porque quiero una recompensa.
—¿Qué quieres ahora? —Casi todos los días pedía algo. Lo último había sido comida casera de humanos. Por supuesto él no hizo nada, pero la dejó ir a la cocina, en compañía de Raditz, para darle las instrucciones al cocinero y éste pudiese hacer lo posible con sus ingredientes.
—Nada, es algo bastante simple —respondió sonriendo. Se encontraba de muy buen humor.
—Entonces ve con tu soldado y toma lo que quieras, no me molestes a mi. —Se recargó en la pared para descansar un momento.
—No creo que te guste que le diga a Raditz. —Se le acercó hasta apoyarse en su pecho.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó desconfiado.
—Simple, Un beso.
—¿De qué hablas?
—Un beso, ¿es tan difícil eso?
—Ya lo hicimos en la mañana, ahora estoy ocupado. En la noche volveremos a…
—No me refiero a eso, simplemente quiero un beso, nada más.
Inmediatamente se separó de ella y abrió la puerta reforzada.
—Ya vete al laboratorio. Tienes un trabajo que hacer.
Bulma caminó hacia la salida.
—Ya sabes cual es el precio si quieres más robots —dijo cuando pasó por al lado de él.
—Insolente, te mandaré a sacar la lengua.
Bulma le respondió entre risas, pero él ya había cerrado la puerta.
(...)
Los días comenzaron a correr tan rápido que no se dio cuenta. El día lo pasaba trabajando en el laboratorio, supervisando el trabajo de los hombres, chequeando que las modificaciones de las naves fueran de calidad y que los trajes y armaduras fueran tal cual lo ordenó. En su oficina se encargó de fabricar las cápsulas y no pudo evitar llorar cuando las tuvo terminadas. Pensó en su padre y la tarde que pasó enseñándole a construirlas; ella era una niña de cinco años, feliz por el orgullo que sentía su padre hacia ella y por su gran habilidad. Recordó también a su madre y la fiesta que hizo para celebrarla. En las tardes, cuando más había que hacer, trabajaba con la nave, así nadie preguntaba nada. En esos momentos su determinación de abandonar el planeta crecía a la par con la construcción de la nave, pero al momento de regresar a palacio, todo se desvanecía cuando Vegeta la tocaba, especialmente por lo que estaba a punto de suceder.
No se dio cuenta de la hora. Estaba tan absorta en su trabajo con la nave, que no notó cuando los trabajadores se marcharon. Creyó escuchar a Milk y Gohan despedirse de ella, pero no estaba segura. El lugar estaba a oscuras, el taller donde trabajaba solo era iluminado por un foco donde ella permanecía soldando. Cuando centraba su atención en la nave, su deseo de marcharse crecía y se fortalecía. Ya casi podía escuchar los gritos de felicidad de sus padres al verla, ella le contaría su experiencia, omitiendo ciertos detalles, claro, y volvería a tener su vida de vuelta, regresaría a la empresa, sería libre, retomaría la presidencia, podría hacer lo que quisiera, ¡tomaría vacaciones! Pero esta noche, por primera vez, su sueño de marcharse se juntaría con la única razón que la hacía dudar sobre abandonar el hostil planeta.
—Sigues aquí.
Bulma se volteó al oír la voz de Vegeta. Era la primera vez que lo veía en el laboratorio desde que regresó como la jefa, hace ya casi un mes. Dejó las herramientas en la mesa, se quitó el casco protector y los guantes. Inconscientemente se puso delante de la nave para taparla, pero no había nada que temer, era una nave como las demás.
—Estaba trabajando, no me di cuenta que era tan tarde. —Lo vio acercarse y observar atento.
No traía armadura. Solo el traje azul sin mangas ni cuello largo que usaba generalmente para entrenar.
—Esa nave…
—¿La nave? Es un prototipo que estoy trabajando. Cuanto esté terminado te lo mostraré. —No supo que más decir. Su silencio la incomodó y asustó. La forma en que la miraba le indicaba que sabía algo, o sospechaba, pero si fuese así, ya hubiera hablado, en cambio la miraba en silencio—. ¿Sucede algo, Vegeta?
—Dime la verdad —dijo el príncipe. Se acercó unos pasos hasta quedar frente a frente con la mujer.
En ese momento el corazón de Bulma se detuvo. No fue capaz de hablar por temor a ser descubierta, pero sus ojos, su mirada le indicaban una cosa diferente. Algo no andaba bien con Vegeta esta noche, jamás lo había visto así, tan expuesto y abierto. Como si hubiera perdido una batalla.
—¿Qué verdad? —Se atrevió a preguntar, y como respuesta, sintió la mano del hombre en su mejilla.
Eso la heló. ¿La estaba acariciando? Simplemente posó la palma en su mejilla, pero nunca había hecho algo parecido, salvo cuando le revisó la muñeca. No pudo responder, mucho menos cuando él avanzó. Se vio obligada a retroceder, pero se detuvo cuando sus frentes se tocaron.
Vegeta cerró los ojos, no soportó lo que estaba sucediendo. Se sentía estúpido, débil y sobretodo, ignorante ante una situación que no buscó, y de pronto toda su confusión se transformó en una ira salvaje que solo acabaría si eliminaba a la responsable.
La joven sintió presión en los brazos, la estaba apretando más de lo normal y por un momento sintió dolor. El miedo la invadió cuando Vegeta abrió los ojos y ya no eran como hace unos segundos, sino como cuando mató a ese saiyajin que la tocó.
—Me estás lastimando —susurró con el corazón acelerado.
Inmediatamente Vegeta aflojó el agarre, pero no la soltó. Estaba demasiado tenso. Lo que Bulma no sabía, es que en ese momento, el príncipe se debatía entre asesinarla o lanzarla sobre una mesa y poseerla. Con ella no había términos medios.
—¿Estás bien, Vegeta? —Levantó las manos para tocar su rostro, pero él reaccionó con rapidez. La tomó de las muñecas, esta vez controlando la fuerza, pero no por mucho.
Odiaba que un tercero tuviera algo de poder sobre él. Cada vez que ocurrió eso, se encargó de deshacerse de ese intruso. Lo hizo desde niño, guiado por su padre, enfocado en ser el mejor y nada más, jamás dudó en acabar con quien se interpusiera en su camino, pero ahora esta débil e insignificante humana, tenía el poder suficiente para hacerlo dudar, detenerlo para no quebrarle el cuello y dar vuelta la página, continuar con su vida, y preocuparse de su reino y la guerra. La perfecta máquina de matar, por primera vez en toda su vida, no pudo funcionar.
Si hace unas semanas no le importaba estar consciente de lo mucho que le gustaba y se sentía atraído por ella, ahora no le hacía gracia.
—Dime qué hiciste —finalmente habló entre dientes y tenso.
—Vegeta… —Bulma se caracterizaba por tener una respuesta para todo, pero ahora no quiso responderle. Si lo hacía se condenaría para siempre, y ella no podía continuar en este planeta. No existía un futuro para ella en un lugar así.
—¡Dímelo! —exigió molesto contra su cara, casi desesperado—. Qué fue lo que hiciste conmigo.
Lo besó para evadir. Estaba mal seguir creando tanta cercanía. Ella pronto se iría y no lo volvería a ver, pero las cosas que sentía con él jamás las había experimentado antes, tal vez se debía a los años como prisionera y privada e todo, pero no lo creía. Estaba segura que si estuviese en la Tierra, ni con mil hombres podría sentir tanto como lo ha hecho con él estos meses. Decidió que no le importaría más. No le quitaría el sueño. Estaría con él hasta él último día y aprovecharía cuando él no estuviese para partir. Mientras eso no sucediera, no se negaría a lo que pasaba entre ellos.
Vegeta la tomó de las caderas y subió a la fría mesa de metal donde la mujer tenía sus herramientas y planos. Se puso entre su piernas y continuó besándola. La ropa fue la primera en desaparecer; la ira e impotencia lo acompañaron con cada roce, gemido, embestida y beso. El hombre acostumbrado al autocontrol de sus emociones no sabía qué hacer con algo que jamás había experimentado antes. Él solo conocía las batallas y muertes y esto era algo totalmente diferente que lo hacía sentir de la misma intensa forma. Fue algo que lo tomó por sorpresa, un enemigo más ágil y poderoso que atacó por la espalda y no le dio tiempo de defenderse.
De alguna forma, ambos perdieron esa noche.
Continuará...
Hola, acá estoy de nuevo con otra actualización.
No tengo mucho que comentar, y no es porque no lo haya, adoré escribir este capítulo, la relación de Bulma y Vegeta que crece intensa, tal como comenzó, y creo que de tener un final, igual de intensó será.
Espero sus comentarios, me gusta mucho leer lo que opinan de esta historias y teorías de lo que viene.
Ya no aguanto el sueño, así que no diré, más, simplemente actualizaré.
¡Ah! Respecto a Kakarotto. Él no es Goku, por eso me gusta hacerlo como saiyajin de pies a cabeza. Y perfectamente puede ser un maldito. En los próximos capítulos saldrá un poco más de Milk, Raditz y Kakarotto.
Muchas gracias a todas las que se dieron el tiempo de dejar rw, también a los favs y follows. Esta vez nos las menciono porque muero de sueño, pero ellas saben quienes son. :)
Con cariño,
Dev.
11-07-2016.
