Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
Una Razón
VII
Un señuelo
hay algo oculto en cada sensación
ella parece sospechar, parece descubrir en mi
que aquel amor, es como un océano de fuego.
(Soda Stereo, Corazón Delator)
Bulma despertó por el ruido del exterior. Los guerreros trabajaban cada día más duro para tener todo preparado. En el laboratorio se trabajaba horas extras para reforzar las naves y armaduras, los saiyajin más poderosos regresaban de sus misiones para presentarse en Vegetasei y recibir instrucciones, y los de reserva se preparaban y alistaban para tomar el lugar de quienes dejaban sus tareas para no perder un solo planeta. Todo estaba pensado para ganar esta gran batalla, pero sin descuidar los planetas purgados.
No era temprano, pero la científica continuada desnuda y acostada sobre el abdomen de Vegeta. Estaba cansada y disfrutaba de la mano del hombre en su cabello que la movía descuidado, como una especie de caricia. Pese al ajetreo, ellos continuaban encerrados en el cuarto de él. Se cumplirían tres días desde que la fue a buscar al laboratorio, completamente inestable y alterado, dándole una razón más para escapar de él, pero en lugar de eso, se abrió y entregó como si nada más importara.
No era mucho tiempo el que llevaban juntos, pero había sido suficiente para desestabilizar el mundo de ambos y rendirse. La idea de Bulma de ganarse su confianza había llegado demasiado lejos, el simple encaprichamiento de Vegeta con la esclava se había salido de las manos, y ahora los dos pagaban las consecuencias.
Casi tres días en el cuarto del príncipe, compartiendo la cama, teniendo sexo, conversando, comiendo, bebiendo vino y durmiendo, en una forma de evadir el exterior que los esperaba para la cachetada de realidad. Estar con el otro era como una adicción, pero, a pesar del intento de escapar, ambos sabían muy bien lo que debían hacer.
Bulma movió la mano para atrapar el rabo de Vegeta. Le gustaba cuando se movía de un lado a otro, demostrando lo relajado que se encontraba, pero quiso tomarlo. En cuanto hubo contacto, él le rodeó la muñeca con la extremidad peluda. Intentó liberarse para ser ella quien lo afirmara, pero tenía demasiada fuerza, incluso para tratarse de una simple cola. Logró soltarse, pero en menos de un segundo nuevamente su muñeca se vio envuelta. Cuando se movió un poco para mirarlo, se dio cuenta que estaba con los ojos cerrados, como indiferente a lo que sucedía más abajo. Era extraño, pero a veces pensaba que su rabo tenía vida propia, porque cuando dormía, se movía para abrazarla y rodear su cintura. No resistió la ganas y lo mordió con fuerza.
—¡¿Qué demonios haces?! —Casi dio un brinco por el dolor. No se esperaba eso y estaba tan relajado que no se encontraba alerta.
Bulma se sentó sobre él y sonrió.
—Lo siento. Pensé que estabas atento. —Volvió a tomar su rabo, pese a que él lo retiró—. No fue mi intención —dijo coqueta, preocupada de acariciar y besar el final de su cola con sus manos y rostro.
Vegeta la miró atento. Estaba despeinada y con ojeras por las pocas horas de sueño, además tenía innumerables marcas en el cuerpo hechas por él con su boca y dientes, especialmente en el cuello, pechos y abdomen, y aunque no se vieran, también entre los muslos. Sintió el deseo crecer al verla tocar su rabo y como éste había quedado entre sus firmes pechos. Habían parado los juegos porque el frágil cuerpo de la mujer necesitaba descansar, pero no se lo estaba poniendo fácil.
—¿No ibas a dormir?
—No puedo. Hay mucho ruido afuera, y creo que yo debería volver al laboratorio. Y tú a entrenar. No quiero que nada te pase cuando vayas a pelear.
—No es la primera gran guerra, ni será la última.
—Eso no me gusta de ustedes. Se confían demasiado.
—No sería un guerrero de verdad si viviera con miedo.
—Por eso no quieres prometerme que te cuidarás.
—Soy el mejor. El resto se debe cuidar de mi. —Movió el rabo para que lo soltase. Una vez liberado, acarició su piel con éste.
—Simplemente, ten cuidado —susurró preocupada, y estiró la mano para acariciar su rostro.
—Volveré, si es eso lo que tanto te preocupa. No te librarás de mi con tanta facilidad —respondió altanero, con una sonrisa de lado.
Pero a ella no le hizo gracia, ya que si todo salía como lo esperaba, jamás se enteraría del desenlace de la batalla y si él vivió o murió.
Se inclinó y lo besó en la boca. Tomó su rostro entre sus manos y lo besó con fuerza, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas ante la angustia de la incertidumbre y el plazo que debía cumplirse. Las horas pasaban, los días terminaban y cada vez quedaba menos para que él partiera, al igual que ella.
Vegeta la separó un poco y observó sus lágrimas, las limpió con el pulgar y levantó una ceja.
—Humana tonta.
—Me llamo Bulma. —La joven solo sintió un tirón y en menos de un segundo ya estaba acostada en la cama con él arrodillado a sus pies.
—Bulma —dijo tomándola de las rodillas para abrir sus piernas. Le encantó ver las marcas que había dejado en sus muslos. La piel de su sexo se veía más sensible por tanto contacto.
—¿Ves que no era tan difícil? —Sonrió. Le gustó oírlo decir su nombre—. Ahora, si su alteza me permite. Debo regresar a trabajar. Ya casi son tres días que no atiendo mis deberes —Sabía que no la dejaría levantarse, pero aún así intentó hacerlo.
Vegeta se le puso encima, entre sus piernas, pero no entró en ella aún, pese a estar listo. La piel de la mujer estaba muy delicada, por lo que usó su rabo para acariciarla por fuera.
—Que sean tres —susurró contra su boca.
Ella no se resistió y abrazó con fuerza para corresponder los besos.
(...)
—Ya sé que estás ahí, Raditz. Ven —gritó Bulma desde el interior de su cuarto.
A los segundos el saiyajin estuvo en la puerta.
—Pasa, y cierra la puerta, necesito hablar contigo —dijo concentrada doblando su hermosa ropa nueva. Ahora mismo usaba un lindo vestido muy parecido a los que solía comprar durante la época de primavera, en la Tierra. Pese al constante frío en Vegetasei, no dejaría de verse más linda aunque solo pasara por algunas partes de palacio.
El hombre le hizo caso, pero no cerró la puerta. Bulma detuvo lo que hacía para mirarlo.
—Vamos, cierra la puerta, tenemos que hablar.
—Prefiero que sea de esta manera.
—Cómo quieras. Quiero que me hables de Milk.
—¿Cómo?
—Lo que oyes. Tienes la obligación de hacer lo que yo te ordene. Y quiero que me digas lo que tienes con Milk.
El hombre no respondió. Se veía evidentemente incomodo, pero a Bulma le importó nada.
—Te espero, habla.
—Milk es la mujer de mi hermano, nada más. No tenemos nada más en común.
—Los he visto como se miran. En los años que llevo conociéndola jamás pensé que sería capaz de engañar a su pareja. Tu hermano es un bruto que merece ser engañado con todo el planeta, pero ella no es así, o era...
—Ella es una buena mujer. Nunca ha engañado a mi hermano. Y yo jamás me atrevería a meterme con la mujer de mi hermano —respondió serio, mirando hacia delante.
—Así que llegaste tarde, ¿no? —Definitivamente le creyó. El tiempo que llevaba conociéndolo, más todos los años que vivió con Milk, bastaron para darse cuenta que los dos eran lo suficientemente estúpidos para reprimirse y no dejarse llevar.
—Muy tarde… —respondió en voz baja.
—Imagino que estás al tanto de lo que ha pasado con Gohan.
—Sí.
—Kakarotto ahora está ocupado con el escuadrón que irá a la guerra, por eso no le prestó atención a la expulsión de Gohan, pero no pueden confiarse, tienes que cuidar a los dos de tu hermano.
—Él no les haría daño.
—Del planeta que venimos, Milk y yo, tenemos otra idea de lo que es lastimar, pero no voy a entrar en detalles ahora. —Se sentó en la cama y cruzó de piernas. Raditz solo se movió un poco para mirarla de frente.
—Es muy importante que los vigiles, y si averiguas algo tienes que decirme enseguida. Aún no puedo creer que no me hayas avisado que tu hermano se había llevado a Gohan para los escuadrones de entrenamiento.
—Es algo que se acostumbra en nuestro planeta.
—Una vez más, en mi antiguo planeta, no. Así que te ordeno cuidarlos de lo que es normal para ti.
—Lo haré.
—¿Irás a la guerra?
—Tengo ordenes de quedarme con usted todo el tiempo.
—¿Vegeta te dio la orden?
—Así es —se tardó unos segundos en responder. Se sentía incomodo dando información del príncipe, pero el que ella estuviera a su cuidado no era ningún secreto.
—Dime, ¿que tan mal se viene?
—El enemigo es muy poderoso y numeroso, pero los saiyajin somos una raza de guerreros que no nos dejaremos vencer jamás.
—Es increíble que todos tengan el mismo discurso —comentó para ella.
Raditz abrió la boca para hablar, pero una voz ronca y autoritaria detrás de él lo calló enseguida e hizo ponerse en posición firme.
Vegeta entró al cuarto de Bulma, y observó la escena. No le gustó para nada encontrarlos conversando con tanta cercanía.
—Retirate —le dijo al soldado, pero miró a Bulma que parecía totalmente relajada, pese a haber notado la situación.
—Con su permiso. —Hizo una reverencia y salió a paso rápido.
Vegeta cerró la puerta, aún observando a la mujer.
—Mira qué lindo vestido me acaba de llegar. Hace mucho frío para usarlo en el laboratorio, pero lo usaré aquí.
—¿Qué hacías con el soldado acá? —Se cruzó de brazos y la miró serio.
—Lo que viste, conversando. —Se puso de pie para continuar ordenando su ropa. Le causaba gracia verlo celoso.
—Ese soldado está a cargo de tu protección cuando no estoy, no para que lo hagas pasar a tu cuarto durante mi ausencia.
—Simplemente estábamos conversando. No seas exagerado.
—No quiero que vuelvas a hablar con él —dijo evidentemente molesto, especialmente por la reacción de ella. Estaba usando todo su autocontrol para calmarse y no lastimarla.
—No voy a dejar de hablar con nadie solo porque a ti te molesta. —Ahora también estaba enojada. Ella no era una cosa a la cual ordenar de esa forma—. No soy de tu propiedad para que…
—¡Ya basta! —gritó furioso. La tomó de un brazo y arrinconó contra una pared para que se quedara quieta y le prestara atención—. ¡Eres mía! ¡Eres mi mujer! ¡Y si vuelvo a encontrar a alguien en tu habitación lo mato! —bramó contra su cara.
—¡Estás loco! —Lo empujó por el pecho para que se hiciera a un lado y poder alejarse.
—No, Bulma. Tú estás loca si piensas que puedes hacer lo que quieras. —Salió del cuarto dando un portazo. Fue directo a la cámara de gravedad para sacar toda la ira acumulada.
Esa noche, ella no iría a su cuarto como acostumbraba, estaba demasiado molesta por su comportamiento, pero tal como lo pensó, Vegeta no tardó en aparecer, y pese a su determinación de rechazarlo, cayó luego del primer beso. Se engañó a sí misma, después de todo, poco le quedaba en Vegetasei y no quería desperdiciar el tiempo peleando, o tal vez ya estaba tan acostumbrada a la violencia reinante del planeta, que aunque no estuviera pronto a irse, hubiera aceptado sus besos.
Como fuese, lo aceptó. Dejó que le arrancara la ropa interior y la cogiera contra la pared con la misma ira y brutalidad a la que ya estaba habituada. Sin dejar de embestirla, y en medio de gemidos roncos, él le repitió una y otra vez al oído que le pertenecía, y ella, completamente perdida le siguió el juego. Al fin y al cabo, desde la primera vez que estuvieron juntos, ella pasó a pertenecerle.
(...)
—Aquí tiene, su majestad. —Como si se tratara de una esclava sumisa, se acercó al sofá donde estaba, y le ofreció la copa de vino.
Vegeta la aceptó, y de paso la tomó de la mano y jaló para sentarla en sus piernas.
—¿Qué es lo que quieres ahora? —La besó en el cuello después de beber.
—¿Querer? Simplemente estoy atendiendo a mi príncipe como se debe —respondió fingiendo seriedad.
—En ese caso, faltó la reverencia.
—¿Reverencia? Eso está reservado para el rey. —Le quitó la copa para beber.
—Entonces tal vez, cuando regrese de la batalla, asesinaré a mi padre para convertirme en rey.
Bulma sonrió nerviosa. Por un segundo le creyó, no sería de extrañar que en un planeta tan violento como este ocurriera algo así y fuese visto normal.
—¿Si te convirtieras en rey, que pasaría a ser yo? ¿La concubina real? —dijo con una mueca.
—¿Qué querrías ser?
—¿No es obvio? Yo nací para ser reina —respondió altanera.
Vegeta rió con ganas y la tomó del mentón para mirarla de cerca.
—Está bien. Si con eso consigo que te comportes como se debe, te haré reina.
—¿Tú pueblo lo aceptaría?
—Eso me tiene sin cuidado.
Bulma le devolvió la copa para poder abrazarlo y recargarse en él. No valía la pena continuar conversando sobre el tema, después de todo, él no hablaba en serio, y ella pronto se marcharía para no volver.
(...)
Encendió su quinto cigarro en menos de media hora.
—Ese hábito que tienes es asqueroso. —Milk movió las manos para limpiar el aire. Estaba sentada en una silla en la oficina de Bulma. No quiso usar el cómodo sillón después que Bulma insinuara que había sido "ocupado varias veces" por ella y el príncipe.
—No puedo fumar cuando estoy con Vegeta, no voy a dejar de fumar cuando esté contigo. Cuesta demasiado conseguirlos… Por cierto, ¿dónde está Gohan? No lo he visto en todo el día.
—Está con su padre. Esa semana que pasó lejos de mi le afectó demasiado. Ahora está más independiente y no quiere venir para acá, dice que se aburre todo el día encerrado.
—Tiene más carácter, eso es bueno, después de todo es mitad saiyajin, ¿pero no te da miedo dejarlo con Kakarotto? Puede llevarlo a pelear.
—No, no lo hará. Ya me lo prometió.
—¿Y tú le crees?
—Pese a todo, no es un mal hombre. Es la forma de querer de los saiyajin. En un comienzo estaba muy enojado que expulsaran a Gohan del escuadrón, pero después entendió que si nunca antes había entrenado, no tenía caso arriesgarlo. Tiene pensado llevarlo a misiones una vez que regrese de la guerra.
—¿Y me dices eso tan tranquila? —Estaba sorprendida de verla tan calmada.
—Estás por terminar la nave, ¿no? Cuando regrese ya no estaremos. No tengo tiempo de preocuparme, tengo que pensar en mi hijo.
—¿Lo extrañarás? —Tiró las colillas y cenizas en el basurero para desocupar el cenicero y dejar el cigarro en éste mientras apagaba su computador.
—Por supuesto que lo extrañaré. Han sido muchos años con él, pero Gohan está primero. No quiero que se convierta en un asesino como todos los saiyajin.
—Milk… —Le costaba un poco hablar del tema. Estaba en un estado de negación tan grande con Vegeta que le daba miedo pensar en su situación—. ¿Tú en verdad crees que Kakarotto te quiere?
—Ya te lo dije —respondió con una sonrisa melancólica—. La forma de amar de los saiyajin es diferente. Kakarotto es un guerrero, está acostumbrado a la violencia…
—¿Alguna vez te ha golpeado? —consultó preocupada.
—No, nunca, pero ya sabes como es de posesivo y obsesivo. Creo que si no se ausentara por las misiones, me hubiera cansado de él. Pero te repito: esa es su forma de amar. Y pese a todo lo amo…
—Pero amas más a Gohan.
—Así es… —Le costó responder. De pronto sintió grandes deseos de llorar.
Bulma no quiso preguntar más, no era su intención ponerla tan triste. Pudo entender lo que le pasaba ya que estaba en una situación similar. Le aterraba que Vegeta terminara convirtiéndose en Kakarotto. El príncipe tenía mayor educación, pero era un saiyajin al fin de cuentas y sus arranques obsesivos le daban miedo, como lo sucedido con Raditz días atrás. Le aterraba tener un hijo con él y que fuese criado como un asesino. No había un futuro para ella si se quedaba y no estaba dispuesta a ser la prostituta de lujo toda su vida. Ya estaba acostumbrada a toda la violencia del planeta, pero no estaba dispuesta a traer un hijo a un mundo así. Lo mejor era irse antes de ver el lado oscuro de Vegeta. Quería marcharse con amor, no con odio.
Sintió tanta pena al relacionar a Vegeta con amor que no lo pudo soportar. Se llevó el cigarro a la boca y miró hacia otro lado para que Milk no viese sus lágrimas.
Las dos mujeres no hablaron más del tema. Les hacía mal.
(...)
—No me gusta que vengas cuando estoy trabajando. Todos creen que conseguí este puesto porque me acuesto contigo, y tú además vienes a… —No continuó hablando. Observó a Vegeta sentado en el sillón y se sintió como una colegiala boba, pero es que después del sexo siempre se veía más guapo, especialmente con esa sonrisa de lado y su maldita ceja levantada.
Bulma continuaba sentada en el escritorio, que fue el lugar donde la tomó en cuanto entró a su oficina. Ni siquiera se molestó en ponerle cerrojo a la puerta. Nadie se atrevería a entrar después de ver al príncipe ingresar.
—Si alguien te molesta da la orden y se elimina. Tienes autoridad para deshacerte de todo el personal si no te gusta y remplazarlo por otro.
—Muchas gracias, pero no. —Se bajó de la mesa para arreglar su falda y camiseta. No tenía idea dónde había quedado su ropa interior—. No suelo matar a mi personal de trabajo. —Buscó sus cigarros, pero tampoco los encontró. Todo lo del escritorio había terminado en el suelo por culpa del príncipe y su apuro por tenerla, aunque ella no hizo nada por detenerlo.
Se puso nervosa cuando no vio el estuche con las cápsulas. Justo trabajaba en ellas cuando Vegeta llegó y no recordaba si las había guardado. Se arrodilló y gateó debajo de su escritorio.
—¿Qué haces? —preguntó Vegeta, cruzado de piernas.
—Busco mis cigarros —Mintió recolectado las cápsulas que cayeron en diferentes direcciones durante el sexo rápido.
Vegeta se puso de pie. No quería ese desagradable olor del cigarro en su cuerpo. Además, ya había conseguido lo que quería.
—No olvides llegar a la hora esta noche. No me gusta que me hagan esperar.
—Claro, claro. Ahí estaré. —No lo miró. Ya llevaba cuatro cápsulas y necesitaba encontrar todas.
El príncipe gruñó antes de abandonar el lugar. Definitivamente debería haberla castigado en un comienzo para no tener estas faltas de respeto tan grande. Pero ahora debía ir a entrenar y recuperar el tiempo perdido.
Bulma estuvo casi una hora ordenando el laboratorio para poder encontrar todas las cápsulas, pero solo halló once de doce. No hizo nada más en todo el día más que buscar la última, pero fue inútil. Llegada la noche ya no estaba segura de haber fabricado doce. Era tan despistada y esto le había ocurrido tantas veces en la Tierra, que finalmente abandonó el laboratorio con la idea de que fueron once todo el tiempo.
(...)
—¡Dime que no es verdad! —Entró intempestivamente al cuarto de Vegeta. No se veía enojada como aquella vez que ingresó para pedirle explicaciones sobre la guerra que se aproximaba y ella no sabía. Ahora estaba alterada y preocupada, incluso asustada.
Vegeta había terminado de vestirse luego de entrenar y ducharse. Tenía intensiones de ir a buscarla al laboratorio, pero ella se adelantó.
—Ya te enteraste —dijo serio. Sin sentimientos, como siempre, y como de costumbre, ella los experimentaba todos.
—Entonces es verdad —susurró con voz temblorosa—. La partida se adelanta.
—Así es. Es un despropósito seguir esperando más cuando la mayoría de mis hombres ya están preparados para partir.
—¿Cuando se van? —En realidad no quería saber, pero debía preguntar. Cuando escuchó las noticias en el laboratorio no se quedó para escuchar detalles, lo quería oír de él.
—Una semana.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—No es mi obligación tenerte al tanto de todo. —respondió duro, pero en realidad iba a buscarla para informarle.
No gritó. No tenía fuerzas para eso. Había pasado el mes y medio desde que se enteró de la guerra, trabajando en su nave, haciendo planes para la huida, encargada que las naves y armaduras de los guerreros estuviesen a la perfección, pasando todo el tiempo que le sobrase con Vegeta, y ahora se enteraba que le quedaba menos del tiempo esperado. Se sintió abrumada al pensar que tendría que trabajar tiempo extra en su nave, pero lo peor de todo era que solo le quedaba una semana para estar con él.
Se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar desconsoladamente. La intensidad de los meses transcurridos con Vegeta y en especial el último tiempo le pasaron la cuenta. Había resistido demasiado, concentrada en todo y todos, que no se dio el momento para respirar y pensar en ella.
—No llores —dijo incomodo. Ya la había visto derramar algunas lágrimas, pero jamás había presenciado un llanto ahogado.
No lo escuchó, no se detuvo y lloró más.
—No quiero… —Parecía una niña pequeña con ataque de llanto—. No quiero que te mueras. —Retiró las manos de su rostro solo para acercarsele y abrazarlo. Afortunadamente estaba sin armadura, de lo contrario hubiese sido un motivo más para llorar—. No quiero que mueras —exclamó después de que reunió aire suficiente para hablar. No quería que muriera, no quería solo tener una semana con él, no quería irse y no volver a verlo. No quería irse y jamás saber si sobrevivió a la batalla o no. No quería irse, que él regresara, no la encontrara y continuase la vida como si nada hubiese pasado entre ellos; que hallara a otra y la olvidara para siempre, porque ella jamás lo olvidaría, había entrado tanto en su cuerpo y alma que lo sentía parte de su piel y sus pensamientos. Toda ella tenía algo de él y él de ella, pero no podía decirle nada de lo que pensaba, simplemente era capaz de llorar y repetirle que no lo quería muerto. No lograba entender como en tan poco tiempo sentía un amor así de intenso.
Lo tomó de los brazos y obligó a abrazarla. Aunque lo intentara no podía controlar el llanto.
—Bulma, es suficiente… Bulma, soy un guerrero y no voy a…
No lo dejó seguir hablando. Lo besó con pasión y desesperación, como si hoy mismo, en este momento fuese la última vez en estar juntos. Quería impregnarse de él y llevarse algo a la Tierra. Absorberlo en un beso que jamás olvidarían.
Vegeta la tomó del cuello y correspondió el beso.
(...)
Despertó en medio de la noche. Sentía algo aprisionando su muñeca, se trataba del rabo de Vegeta. Intentó quitárselo, pero incluso dormido era más fuerte que ella. Se dio la vuelta para poder verlo dormir. Una de las cortinas había quedado sin cerrar y las luz que entraba le permitía observarlo. No quiso despertarlo, le encantaba verlo dormir y acariciarlo para relajarlo, esa era la única forma para destensar el agarre del rabo.
Tocó su cabello y rostro, también su espalda. Llevaba mucho sin poder dormir bien, así que al menos aprovecharía el tiempo en lo que quería. Pensó en cómo sería su vida una vez que regresara a la Tierra. ¿Lograría acostumbrarse? ¿Cuanto tiempo necesitaría para eso? ¿Lo olvidaría? Si tan solo se tratase de un hombre común que conoció en un planeta cualquiera, podría convencerlo y llevarlo a su hogar con ella, intentar llevar una vida juntos y ser felices, pero todos los posibles escenarios terminaban mal. Ellos no estaban destinados a terminar juntos y mucho menos con un final feliz.
Tendría que conformarse con acariciarlo en las noches mientras dormía, y recordar el momento para llevarse lo con ella.
Finalmente logró liberarse de la cola, se volteó y tomó el brazo de Vegeta para que la abrazara. El hombre inconscientemente obedeció y en poco rato Bulma volvió a dormirse.
A la mañana siguiente amanecería con su rabo al rededor de su cintura.
(...)
No podía creerlo. Ya estaba terminada. Lo que tanto había soñado durante los años de esclava en Vegetasei estaba listo y completamente equipado. La razón por la cual decidió seguirle el juego al príncipe de los saiyajin ya estaba lista y esperando a ser usada.
—Te terminé —susurró emocionada. En un día se marcharía Vegeta y luego ella, pero ahora no pensaría en eso. Debía concentrarse en su viaje. Mañana le avisaría a Milk para que estuviera alerta, ya que en cualquier momento partirían.
Tomó su libreta y lápiz. Revisó que todo estuviera en orden. Ya tenía las capsulas con ropa, comida, medicamentos y agua, también llevaba su computador para buscar la Tierra una vez que se hayan alejado lo suficiente de Vegetasei. Tenía las coordenadas del planeta donde se detendrían para descansar, uno pacifico e indefenso, perfecto para ellas para por fin dejar atrás tanta violencia sin sentido.
Volvió a suspirar y se abrazó a sí misma cuando un frío recorrió su espalda. El cuarto donde trabajó en la construcción de la nave era muy grande y sin calefacción, pero nunca antes lo había sentido tan helado como hoy. Fue hacia la mesa y tomó el estuche de las cápsulas. Las diez estaban llenas de todo lo necesario en caso de que se presentase algún imprevisto y el viaje se tardara más de lo esperado. Había pensado en absolutamente todo para no correr riesgos innecesarios, pero no contaba con lo que estaba a punto de suceder.
Cuando estuvo en frente de la nave, contemplándola, pensando en su planeta, sus padres y en Vegeta, escuchó pasos detrás de ella, seguidos de una voz que reconoció enseguida y la hizo dar un pequeño brinco de susto. De forma inconsciente encapsuló la nave y los segundos que debió esperar para que el humo se disipara se hicieron una eternidad.
—¿Te asusté? —preguntó Kakarotto con una sonrisa cínica.
Bulma tomó la cápsula del suelo y guardó en su estuche. Retrocedió un par de pasos asustada de ver al saiyajin en el lugar. A esta hora ya no quedaba nadie, ya había despachado a Raditz, y le había dicho a Vegeta que llegaría un poco más tarde para que no fuese a buscarla como cada vez que se atrasaba.
—¿Qué haces aquí? —dijo con voz firme. No le demostraría su miedo.
—No queda nada para partir a pelear. No podía irme sin despedirme de ti.
—Sé más claro. Dime que haces aquí o vete de una vez.
—Sé que tuviste que ver en la expulsión de Gohan en los escuadrones.
—No sé de qué estás hablando.
—Le dijiste al príncipe que diera la orden de sacar a mi hijo del escuadrón para tener contenta a Milk. No pongas esa cara porque no eres estúpida. Todos estos años te has encargado de mostrar que sabes más que yo, pero no estás en tu planeta. Este es mi territorio. —Avanzó dos pasos y ella los retrocedió.
—¿Vienes a vengarte por eso? ¿Por haber salvado a tu hijo de una muerte segura? —Levantó la voz, molesta.
—No. no haré nada. Gohan necesita entrenamiento antes de abandonar el planeta, y me encargaré personalmente de hacerlo cuando vuelva.
—No entiendo qué haces aquí.
—No estoy aquí para castigarte por haber sacado a Gohan de los escuadrones. Estoy aquí porque quieres quitarme a mi mujer y mi hijo. ¡¿Pensaste que no me enteraría?! —Terminó levantando la voz, evidentemente alterado.
—¡No te atrevas a tocarme! —También gritó cuando lo vio acercarse, pero nada pudo hacer cuando el guerrero la tomó de la mandíbula. No intentó liberarse por miedo a dejar caer el estuche con las cápsulas.
—No soy tan idiota como piensas. Todo el planeta sabe que algo le hiciste al príncipe y ahora se porta como un estúpido por tu culpa. —Ejerció un poco más de presión y acercó su rostro al de ella, sin dejar de sonreír y disfrutar del momento—. Debes tener algo muy bueno entre las piernas para controlarlo de esa forma, y solo por eso no te voy a matar. No podría lastimar a la puta del príncipe.
—¡Entonces suéltame y vete de una vez! No me importa que seas el padre de Gohan, le diré a Vegeta que te mate y los libraré de ti —exclamó desafiante, mirándolo a los ojos.
—Anda, ve y dile, y de paso se entera que tienes planeado escapar de este planeta con mi mujer y mi hijo. —Al terminar la oración la empujó y soltó con fuerza, haciéndola caer sentada al suelo. El impacto la hizo soltar el estuche de las cápsulas, el cual cayó a los pies del saiyajin.
Bulma gateó desesperada para tomarlo, pero la bota del hombre fue más rápida que ella. Kakarotto ejerció un poco de presión para que no pudiera recogerlo.
—¡Dámelo! ¡DÁMELO AHORA! —Se quebró varias uñas al intentar quitar la bota para recuperar el estuche.
—No puedo entender cómo lo haces para guardar tantas cosas en un lugar tan pequeño. Gohan trató de explicarme. En realidad es un niño que sabe muchas cosas y le encanta hablar de ti.
—¡¿Qué fue lo que les hiciste?!
—A mi familia nada, pero te lo advierto. No vuelvas a acercarte a ellos o te romperé el cuello. —Terminó de pisar el estuche.
Atónita, Bulma observó cómo su arduo trabajo y sueños de libertad, terminaban destruidos en cientos de pedazos en el frío suelo del laboratorio. No pudo moverse, boquiabierta perdió la vista en el las pequeñas piezas de plástico y metal.
—Ya lo sabes. No volveré a advertirte. —Abandonó el lugar con la misma sonrisa con la que entró.
Trascurrieron varios minutos antes que Bulma pudiera reaccionar. Arrodillada, apoyó las manos en el suelo y tocó las partes más grandes que no medían más de cuatro centímetros. Pronto gruesas lágrimas mojaron sus mejillas, el suelo, sus manos y los pedazos repartidos del sueño que la mantuvo viva y trabajando por tantos años.
Continuará...
Había terminado el capítulo ayer, pero tengo problemas con el Internet y solo ahora puedo subirlo. No había podido escribir desde que publiqué el capítulo anterior, pero ayer llegó la musa y escribí todo en un día. Siento si hay muchos errores, pero estoy en cama con fiebre y tos y algo mareada por tanto medicamento.
Bueno, aquí está el capítulo siete. Estuve como loca escuchando Corazón Delator de Soda Stereo. El tema la viene tan bien a la trama de la historia que es como si la hubieran hecho para el fic. Me encanta comentar lo que sucede, pero la fiebre está regresando y necesito dormir. De todas formas espero sus comentarios. Se me hace muy entretenido leer sus teorías sobre cómo terminará esta historia. Les cuento que quedan tres capítulos y ya los tengo escrito los resúmenes en mi cuaderno. Ojalá la musa siga de mi lado para publicar en una semana más.
Estoy feliz, en unas horas cumplo 9 años casada con el amor de mi vida y en dos días más celebraremos 10 años juntos, así que debo recuperarme, de lo contrario pasaré estos días enferma y no es la gracia, así que las dejo para descansar.
¡Ah! Aprovecho el espacio para hacerle propaganda a dos one shots que escribí hace poco. Uno se llama Odio, y es de Vegeta entrenando en la cámara de gravedad para vencer a Black. El otro se titula Romance, y los protagonistas son Trunks, Goten y Mai.
Bueno, ahora sí me despido, agradeciendo los comentarios, favs y follows. Todas han sido muy amables y lo aprecio en verdad.
Con cariño,
Dev.
19/07/2016.
