Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
Una Razón
VIII
Vete, vete, vete, antes que yo,
antes que yo, intente evitarlo.
(Lucybell, Vete)
Limpió el suelo antes de irse. No podría soportar volver a ver los restos de su sueño hecho añicos en el suelo. Se tomó su tiempo, ya que no quería volver con Vegeta y la encontrara con ese aspecto, aunque podía atribuirlo a la preocupación por el combate. Fue a su oficina y ahí limpió y arregló sus manos y uñas. Se lavó la cara, peinó y maquilló. Si Vegeta triunfaba en batalla volvería a verlo muy pronto, de todas maneras, y eso la calmaba un poco. En cuanto tuvo su rostro menos desastroso fue de regreso a palacio para pasar esta noche con él.
No sabía qué pensar ni qué sentir. Era como si le hubieran arrebatado un brazo, pero nadie era capaz de verlo y ella no podía decir ni hacer nada para solucionarlo. Pero bueno, lo guardaría todo para analizarlo mañana al encontrarse sola. Y ahí vería que decisiones tomaría.
Una vez que llegó a palacio, le fue imposible no notar la gran cantidad de soldados que custodiaban los pasillos. Seguramente era por lo de mañana, aunque no entendía la razón de tener tantos hombres resguardando pasillos vacíos. Otro detalle que llamó poderosamente su atención, fue verlos erguirse firmes al momento que pasó por al lado de ellos, y no fue solo en ese lugar; todos los soldados repitieron el mismo saludo. Estuvo a punto de hablarles y preguntarles si habían perdido la cabeza, pero la apatía regresó.
Entró al cuarto de Vegeta y tal como lo pensó, él ya estaba en su habitación. Estaba con ropa limpia, recién bañado, e iba directo al sofá, pero cuando se miraron a los ojos, el hombre se detuvo y habló.
—¿Qué sucede?
—Estoy cansada.
—No deberías haber ido a trabajar. No es necesario. —Encendió el fuego de la chimenea con un pequeño rayo y estiró la mano hacia ella—. Ven.
Bulma obedeció enseguida. Fue con él, se sentó en sus piernas y apoyó el rostro en su pecho. Le quitó los guantes para poder tocar sus manos.
—¿Qué fue lo que pasó? —Insistió el hombre, e introdujo una mano dentro de la la ropa para acariciar su espalda.
Bulma cerró los ojos y se relajó un poco más. Sentía que si permanecía así, pronto se dormiría.
—Un mal día que quiero que termine, nada más.
La tomó del mentón para obligar a mirarlo.
—Sabes que si alguien te molesta tienes todo la autoridad para deshacerte de esa persona. No puedes permitir que nadie te falte al respeto. Los soldados deben obedecerte en todo; simplemente les exiges su cabeza y se acabó. Es la única manera de que obedezcan y te respeten.
Bulma le sonrió con ternura, como si le hubiese dicho la cosa más romántica del mundo. Acarició su cabello y rostro, antes de responderle.
—Todo está bien con mis trabajadores. En la Tierra soporté miradas de envidia y secretos a mis espalda mucho peores, y nadie terminó muerto. Sé como manejar la gente aunque sean de otros planetas. Simplemente estoy cansada y muy asustada por lo que va a pasar mañana…
—Mañana iré a pelear y ganar. No tardaré.
—¿Cuanto tiempo será?
—Atacaremos enseguida. En una semana estaremos de regreso.
—Eso será rápido
—Es lo que hacemos.
—No sé… Supongo que van a guerras a diario, pero esta es la primera vez que los veo tan concentrados en un enemigo. No puedo estar tan tranquila como tú… Y yo solo quiero que regreses bien.
—Ya te lo dije —respondió confiado—. No te librarás de mi con tanta facilidad. —Se puso de pie y dejó en el sofá.
Bulma lo observó ir hacia la licorera para servir el vino que tanto le gustaba a ella. Suspiró apenada. Si no fuera por lo sucedió minutos atrás, no quedaría mucho para finalmente librarse de él y de todo el planeta. Después de todo lo que lloró en la soledad de su oficina, pensó que jamás podría reponerse, pero ahora en el cuarto y con él, todo cambiaba y sus pensamientos se confundían más. Deseaba tanto seguir con él y a la vez huir, que en cualquier momento terminaría volviéndose loca.
—Estás callada. —Le pasó una copa.
—Necesito unos minutos, nada más. —La aceptó y bebió. Lo miró y entonces comprendió que no valía la pena continuar llenando la cabeza de planes, dudas y pensamientos. No tenía intensiones de tomar cualquier nave y marcharse, era algo demasiado arriesgado de hacer, especialmente al no saber dónde demonios se encontraba la Tierra. Lamentablemente ella, Milk y Gohan deberían esperar más, y ella se arriesgaría a caer más en los brazos de Vegeta… pero se sentía tan bien, y evidentemente a él le pasaba lo mismo con ella.
—Bebe eso y vamos a la tina. Quiero que te asees para cogerte toda la noche. —Terminó el contenido de su copa.
—Tú sí qué sabes como seducir una chica. En la Tierra hubieses sido un príncipe muy popular —dijo sonriendo, y al igual que él, bebió el vino que quedaba.
—Eso no tiene importancia. —Le ofreció la mano para ponerla de pie.
No perdieron el tiempo y fueron al baño. La tina ya estaba llena y en la temperatura que tanto le gustaba. Vegeta se sentó en una silla para observarla mientras ella se desvestía.
—¿No vas a venir? —preguntó en cuanto estuvo dentro del agua. Era increíble como algo tan simple lograba levantarle el ánimo.
—Esta vez no. Quiero mirar —susurró cruzándose de brazos y piernas.
—Como guste, su majestad —respondió coqueta.
Mantuvieron silencio unos minutos, ella disfrutando del agua, y él de ella.
—¿Esta es una especie de tradición antes de batallar? Ver a una mujer hermosa tomar un baño... Tener sexo toda la noche con ella...
—Solo tengo tradiciones al momento de pelear, pero creo poder comenzar una nueva.
—¿Así? Apoyó los brazos en el borde de la tina para mirarlo. El agua ya comenzaba a enfriarse, y era momento de ir a la cama—. ¿Y por qué yo?
—Simplemente porque así lo quise. —Se puso de pie para ayudarla a salir. La envolvió con una toalla y acarició su labio inferior con el pulgar derecho.
—Lo supiste en el laboratorio, la primera vez que me viste, ¿verdad? —Sonrió segura de sí misma, al igual que él. En otras circunstancia, tanta altanería hubiese sido desagradable, pero con la personalidad de Vegeta, se le hacía más atrayente.
—Tal como lo dices, no eres una mujer común. —La besó en la boca y guió de vuelta al cuarto.
—Me alegra que lo reconozcas. Porque jamás encontraras otra mujer como yo.
—Tampoco la buscaré.
Bulma lo quedó mirando por la respuesta. Es cierto que no había sentimientos en las palabras del hombre, pero se sintió abrumada de todas formas. Se quitó la toalla de los hombros para cubrir su cabeza y rostro. El calor de la chimenea, era perfecto, como siempre, la compañía también. Quizás si pudieran vivir encerrados en la habitación de Vegeta durante el resto de su vida sería la solución, pero nuevamente se encontró soñando con imposibles. Era una mujer adulta, una científica que se empecinaba en fantasear.
Frotó la toalla para secar su cabello, pero se detuvo al sentir los brazos del hombre al rededor suyo. Sin ver lo que hacía, se estremeció al sentir calor envolver su cuerpo, junto con un sonido que ya había escuchado en soldados cuando hacían estallar su poder.
La toalla cayó, y ella ya estaba seca y con una sensación extraña al rededor de todo su cuerpo. Era como si hubiera dormido todo el día luego de una maravillosa semana de spa. Sentía que tenía la energía para correr y gritar días enteros.
—Eso se sintió muy bien. —No aguardó más y lo besó en la boca. Era lo único que necesitaba para olvidar. Sintió las manos de Vegeta recorrerla, apretarla, intimarla en cada caricia. Le quitó la camiseta, quiso quitarle el pantalón, ser lanzada en la cama y hacerlo toda la noche, tal y como él lo dijo, pero antes de deshacerse del la ropa de él, la hizo detenerse para tomar su rostro y mirarla.
—Estarás a salvo aquí. —Recargó su frente contra la de ella para hablarle, y le arrebató más besos sonoros.
Bulma sintió su respiración agitarse. Quería que esta noche durase para siempre.
—Lo sé.
—No tienes qué temer, débil humana. —susurró con una sonrisa. Le gustaba tener entre sus brazos una criatura tan insignificante en cuanto a poder de pelea, pero con un una energía inmensa a la vez. Eso lo excitaba y hacía sentir más atraído.
—Solo quiero que tú regreses bien. —Más besos sonaron en la habitación.
Él avanzó y ella retrocedió hasta terminar acostada en la cama, esperando por él. Lo vio quitarse los pantalones, botas y acercarse a ella. Por fin los dos cuerpos se juntaron al igual que las bocas.
—Volveré pronto. No te metas en problemas.
La mujer gritó cuando lo sintió en su interior. No tardó en gemir y retorcerse bajo él ante cada embestida profunda e intensa.
—Aquí estaré. —Enredó los dedos en su cabello negro y continuó besándolo.
—No te irás. —dijo seguro, atrapando su cuello, con el mismo compás que la volvía loca poco a poco.
—No, no lo haré… Oh, Vegeta. —gimió excitada, abrazando su cintura con las piernas. Se mordió el labio cuando el rabo del hombre se unió a los juegos.
—Eres mía —dijo agitado contra su oído. Lo mordió y aceleró un poco los movimientos. La tomó de las muñecas para dejarlas sobre su cabeza y le prestara atención—. Dilo, Bulma —ordenó contra su boca—. Eres mía.
—Soy tuya —respondió honesta, con los ojos cerrados, extasiada por la llegada del primer orgasmo.
Vegeta no se detuvo. En la misma posición continuó moviéndose, más y más rápido. Besó sus pechos, la tomó del cuello, soportando las ganas de apretarla. A cada embiste, a cada segundo de su unión, los deseos desesperados de él crecían y crecían. Tenerla era como estar en el campo de batalla; nunca era suficiente y para estas alturas ya estaba convencido de que jamás podría, y es por eso que hizo lo que hizo esta tarde. Tenía pensado informárselo enseguida a Bulma, pero debería esperar, ahora todo lo que necesitaba era poseerla hasta que su cuerpo no resistiera más. Se iría por demasiados días y necesitaba llevarse una parte de ella. Esta era la primera vez que sentía la urgencia de regresar incluso antes de partir, y estaba completamente consiente que ella era la culpable. Y lo aceptaba y no le importaba. Ella era de él.
—Nadie más —insistió entre dientes, y liberando sus muñecas para permitirle tocarlo.
—Nadie más —repitió totalmente entregada, aferrándose a su cuello cuando sintió al hombre tomarla de las caderas para levantarla.
Vegeta se enderezó y llevó con ella. Los torsos continuaron unidos, pero ahora ella tuvo mayor movilidad. Continuaron meciéndose, tocándose, casi arrancado pedazos de piel del otro, con la boca y dientes y manos.
La mujer abrazó una almohada cuando regresó a la cama, boca abajo esta vez. Sintió el cuerpo del hombre sobre suyo.
Vegeta entró en ella con extrema facilidad, la tomó del mentón para poder ver su rostro y continuar. Ambos cuerpos empapados y calientes se movían, los gemidos de los dos se intensificaron y más aún cuando ella le habló.
—Soy tuya, Vegeta.
—Sí —respondió complacido, sonriendo con la boca tensa.
—Tu mujer.
—… Mi mujer… —Se le acercó más para poder besarla en la boca.
Par de horas después, ella descansaba sobre su pecho, mientras él pasaba la mano por su espalda y su rabo la recorría. Había momentos que se dormía por unos minutos, pero luego continuaban conversando de a ratos. La noche aún no terminaban y les quedaba tiempo juntos antes de partir.
—Tengo hambre.
—Junto a la chimenea hay comida.
—¿Comida? —Se levantó un poco de su lugar para mirar hacia atrás. Y efectivamente, un carro lleno de acomida había donde él dijo—. ¿En qué momento entraron con eso? —Volvió a recostarse sobre él.
—Dormías.
—¿Quieres que vaya por algo? —Beso su abdomen unos momentos antes de ponerse de pie para ir por una bandeja con carne, pan y otras cosas. Siempre terminaba con hambre después del sexo, pero esta vez fue mucho más.
Vegeta la contempló y acomodó para comer. No tuvo que tocar nada, porque ella se encargó de darle de comer directamente a la boca con la mano.
—Delicioso, ¿no?
El respondió tomándola de la muñeca para llevar a la boca sus dedos manchados con el jugo de la carne. Bulma le respondió con una sonrisa coqueta y continuó comiendo con la otra mano.
—Tendrás todo a tu disposición durante mi ausencia. Te ordenaría no ir al laboratorio hasta que todo termine, pero sé que no obedecerás, y por eso habrá un grupo de soldados resguardando el lugar, al igual que los pasillos de palacio. Tendrás la libertad de recorrerlo a tu gusto, pero Raditz jamás te dejará sola.
—Ya lo tenías todo pensado.
—Me adelanto a todo y todos. Es así como se gana.
—Por fin podré conocer todo el palacio.
—Es bastante monótono, pero si eso te tiene alejada de problemas, puedes hacer lo que te plazca, pero nunca estarás sola. Los soldados ya tienen la orden de tenerte vigilada todo el tiempo.
—Me asustas. —Limpió sus manos con una servilleta antes de hablar—. Estás tan seguro que volverán con la victoria, sin embargo me dejas custodiada como si fuesen a venir a atacar el planeta. ¿O se trata de protocolo?
—Es lo que decidí hacer. Jamás había tenido nada qué proteger, y no voy a dejar nada sin revisar. Tengo que controlar todo. —respondió más preocupado de la carne que la reacción de ella.
Bulma guardó silencio. ¿Es que acaso él no se daba cuenta de la inmensidad de sus palabras? Ella casi sintió su corazón detenerse y él comía tranquilo, seguramente esperándola para seguir cogiéndola. Ella no era una esclava o una cosa para él, y lo demostraba de esta forma. Quizás sería lo más lejos que podría llegar un saiyajin en demostrar sus sentimientos, y no se daba cuenta.
—Es mucho trabajo para una simple esclava… —dijo mirándolo a los ojos, tomando otro pedazo de carne. Se comió la mitad y le acercó el resto a la boca.
—¿Te consideras mi esclava? —Aceptó la carne, pero tomó su mano para que no la apartara.
—Nunca. Ni siquiera con todos los soldados y trabajadores del laboratorio mirándome como un pedazo de carne que divierte al príncipe.
—Pues eso ya quedó solucionado desde hoy.
—¿Les cortaste la cabeza a todos? —Sonrió—. No es necesario, no es mi estilo.
—Pero el mio sí. Y ya he cortado demasiadas cabezas para que no sea necesario hacer rodar más para ser obedecido. —Besó la yema de sus dedos antes de soltarla.
—¿Y qué fue lo que hiciste?
—Lo dijiste hace unos momentos. Tú eres mi mujer, y ya todo el planeta está al tanto de aquello. Deben respetarte y hacer lo que ordenes. Aquí estarás a salvo en todo momento, incluso en mi ausencia.
—¿Soy tu mujer? —preguntó con sus ojos bien abiertos—. ¿Pero eso no va en contra de las reglas? ¿Tu pueblo? ¿Y qué dirá el rey? —Nunca se vio menor a los saiyajin, todo lo contrario, ella debería estar siendo alabada como el ser superior que es, pero sabía como eran de orgullosos respecto a su raza y dudaba que vieran con buenos ojos a una débil humana como mujer del príncipe. Como prostituta era lo normal y típico, nadie opinaría nada, pero esto era otra cosa.
—Siempre he tenido lo que quiero, y ahora quiero que seas mi mujer ante todos. El resto se puede ir al demonio si no le gusta. Has demostrado con creces estar a mi altura.
La mujer mostró los dientes al sonreír. Le causaba demasiada gracia su manera de hablar. Definitivamente no estaba en la Tierra, y él se encargaba de recordárselo de distintas maneras, que antes la hubieran hecho enfadar, ahora le alegraban y divertían. Eufórica, se lanzó a sus brazos. La bandeja con lo que quedaba de comida cayó al suelo alfombrado, pero fue ignorada. Bulma se le puso encima y besó sin parar, ahora entendiendo qué había sido eso del saludo de los soldados cuando llegó a palacio. Este asesino despiadado que la besaba y tocaba, era capaz de hacerla experimentar sentimientos que no sabía existían, lograba hacerla olvidar de su dolor y futuro, e incluso la hacía ilusionarse con un destino que se había prohibido pensar para enfocarse en su plan de escape.
A cada beso, cada abrazo, cada caricia, sonrisa y gesto; cada segundo que pasaba con él se perdía más y más, y ya no sabría qué pensar en el caso que su nave de escape no hubiese sido destruida. ¿Sería una señal para darse una oportunidad con él? No era tan descabellada la idea de intentarlo. Esperarlo para conversar, construir algo. Él ya la había clamado como su mujer, algo que ni siquiera había pensado o mucho menos esperado, simplemente no estaba en su cabeza, pero ahora sentía que quería más, mucho más de él, absolutamente todo. Él era un hombre que tiene lo que quiere, pues bien, ella era muy parecida a él y no se conformaba con poco.
A la mañana siguiente, con los primeros rayos del sol, Vegeta aguardaba desnudo y de pie, en medio de la habitación. Estaba listo para vestirse y marcharse, pero Bulma salió corriendo a su cuarto para ir en busca de algo para él.
La vio entrar, con una caja oscura que dejó sobre la cama. La abrió y sacó un traje de combate color negro, completamente diferente al azul que acostumbraba usar, con más lineas de costura y con cierre para poder abrir por la parte delantera. También sacó una armadura de hombreras cortas, un par de guantes blancos y botas del mismo color.
—Un príncipe tiende a destacarse del resto desde el primer momento.
El sonrió. Le gustó lo que vio a primera vista. Fue hacia la cama para vestirse, pero ella se adelantó y tomó los pantalones para ayudarlo. En silencio,aceptó, y sin abrir la boca ella lo vistió. Continuó con la parte de arriba que podía cerrarse desde adelante, hasta cubrirle el cuello. Se arrodilló para calzarle las botas y terminó con la armadura. Vegeta levantó los brazos para ayudarla y cuando estuvo listo, ella ya le ofrecía los guantes. Eso no se los puso, dejó que él lo hiciera, ya que hace tiempo se había percatado de su manía por arreglarlos a cada momento, y así fue. Mientras los acomodaba tal y como le agradaban, ella sacó el último elemento de la caja: una flamante capa roja que terminaba de completar la nueva armadura del príncipe de los saiyajin. La abrochó en el hombro izquierdo y se alejó unos pasos para observarlo. Jamás lo había visto tan guapo e imponente, todo un príncipe guerrero. Su príncipe.
—Perfecto —comentó orgullosa. La había hecho especialmente para él y no se había equivocado en la elección de los colores y formas.
—Me gusta —dijo acomodando sus guante izquierdo.
—Lo sabía. —Rodeó su cuello y lo besó. Con las botas nuevas y ella al estar descalza lo hacía lucir más alto—. Una vez que te vean así, temblaran ante tu paso.
Vegeta la quedó mirando. Acarició su rostro y luego su labio con el pulgar. Ya tenía que irse, sabía que todos sus soldados, incluso su padre aguardaban por él en el patio de despegue, pero había algo que hacer antes de marcharse.
—Eres una mujer muy lista, eso ya lo sabes. Y eso junto a tu cuerpo fue lo que llamó mi atención, al punto de estar ahora aquí después de tanto tiempo. —La soltó y alejó unos pasos, pero nunca dejó de mirarla.
Bulma guardó silencio, atenta a sus palabras. Había algo que le llamó la atención de su tono de voz y forma de mirar.
—Usualmente pierdo interés en unos días, y eso está bien, me mantiene ocupado de mis objetivos, de entrenar y ganar batallas. Es como siempre ha sido.
Bulma quiso abrir la boca y decir algo, pero lo dejó seguir. No sabía hasta dónde llegaría.
—Supongo que es esa energía que corre en ti lo que te hace tan diferente. Eres una criatura inferior y débil que podría haber muerto el primer día en este planeta, como ha ocurrido con tantas otras. Pero no fue en tu caso. Tú luchaste para sobrevivir, como toda una guerrera digna de mi raza. Nosotros los saiyajin lo hacemos para ser más fuertes y conquistar planetas… —Hizo una pausa para mirar por la ventana, antes de regresar sus ojos negros a los de ella—. Tú para obtener tu preciada libertad.
Las piernas le temblaron. Él lo sabía. Definitivamente sabía todo sobre su plan de escape y ella no supo qué decir, pero no se quedaría callada, claro que él tampoco y continuaría hablando. Serio, y sin sentimientos, pero con ojos intensos que comunicaban todo.
—Admiro tu fuerza, Bulma. Y la forma que tu mirada cambia cuando hablas de tu planeta, es parecida a la mía cuando estoy en el campo de combate.
—Vegeta, yo no…
—Aún no he terminado de hablar. Ya eres mi mujer ante todo el planeta, y te he dado toda la libertad que está a mi alcance… —Caminó nuevamente, rodeándola.
Ella se giró para no perderlo de vista un solo momento. No pudo evitar sentirse como una presa, tal y como la primera vez que hablaron sobre la construcción de un cuarto de entrenamiento para él.
—Sé que saldré victorioso. No hay duda al respecto. Soy el mejor y lo demostraré una vez más. —Se notó el orgullo y soberbia en una sonrisa que soltó por un segundo—, pero una molesta voz insistió en que tanta confianza me jugaría en contra…
—Lo dije porque me preocupa, jamás pensaría que podrías…
—Aún no he terminado —la interrumpió con calma, algo que la ponía más nerviosa—. No estoy preocupado por mi, pero en caso algo suceda necesito que te mantengas a salvo… También tengo un regalo para ti.
Fue hasta el velador de su cajón y sin más, sacó una cápsula. Atónita, Bulma la observó. Se trataba de la cápsula que pensó en un momento haber extraviado y luego terminó convenciéndose que jamás había construido. Ahora la tenía Vegeta y por su forma de actuar, sabía perfectamente cómo funcionaba. ¿Acaso sabía todo sobre ella?
—Sí. Yo la robé, humana despistada. Lo que tienes de inteligente te sobra en descuidada. —sonrió divertido. Sabía que le cambiaría la cara, pero no tanto.
—Eres un hombre que está al tanto de todo… —susurró.
—Así es como se gana, ¿no? Acá está todo lo que necesitas si la situación se sale de control y se pone peligroso para ti. La nave está equipada con comida y agua, e incluso tiene espacio para más personas. Para que no dudes en escapar por esa mujer y ese niño que tanto te preocupan.
—¿Desde cuando lo sabes todo?
—Siempre estoy al tanto de todo, Bulma, ya deberías entenderlo. —Se le acercó y tomó su mano para entregarle la cápsula. Ella con dificultad la aceptó—. Admito que es un aparato interesante, los científicos quedaron encantados con lo que creaste y aún trabajan tratando de hacer las propias.
—… No es difícil… —No pudo mirarlo a los ojos. No se sentía bien.
—En la nave están las coordenadas de planetas seguros, incluso el de tu querida Tierra.
—¡¿Qué?!
—Los radares en Vegetasei se preocupan de rastrear planetas de interés para nosotros. Los pequeños y lejanos suelen pasar por alto. Es por eso que jamás lograste dar con el.
—No te entiendo… ¿Por qué me estás diciendo todo esto? ¿Por qué me das la nave? ¿Te das cuenta que podría escapar en cuanto te vayas? —terminó levantando un poco la voz. De pronto se sintió dolida y apenada.
—Estoy previniendo cualquier escenario, y el que intenten tomar este planeta durante la ausencia de los guerreros más poderosos es una de ellos. Eres mi mujer ante todo el mundo y sé lo que hacen con las mujeres de los monarcas, yo mismo me he encargado de muchas… Te doy este regalo para que lo uses cuando lo creas necesario. Si muero quedas en libertad de acción, si se apoderan del planeta puedes escapar a tiempo; incluso puedes abordarla en cuanto abandone esta habitación, o puedes no usarla jamás. Eso depende de ti.
—¿No vas a pedirme que te espere? —susurró con los ojos llenos de lágrimas. Ahora la pena mutó en miedo.
—Es tú decisión —respondió severo. Luego estiró la mano para acariciar su labio con el pulgar.
A lo lejos se escucharon gritos de hombres y mujeres. Todos listos para ir a una de las guerras más importantes y difíciles en la historia de Vegetasei. No podía seguir esperando, tenía una misión que cumplir. Estar en primera linea de combate para terminar lo que él comenzó cuando, gracias a la nave modificada de Bulma, fue a matar al asesino de su hermano Tarble.
Bulma abrió la boca para responder, pero Vegeta retrocedió. La observó unos segundos directo a los ojos antes de ir hacia el escritorio en busca de su scouter rojo; lo puso en su oído y abandonó el lugar. La capa se movió detrás de él tal y como Bulma lo había imaginado cuando la hizo para él.
Bulma no pudo hacer más que sentarse a los pies de la cama con la cápsula en su mano. Tenía todo lo que tanto había deseado y ahora ya no sabía qué hacer.
La mujer continuó en su lugar por minutos, incluso después que las naves comenzaran a abandonar Vegetasei. Las horas continuaron y ella analizando toda la situación con Vegeta y quizás cómo y desde cuando sabía toda la verdad de ella. Tenía en su poder la llave que le permitiría alcanzar su tan anhelada libertad y todo lo que pudo hacer en el primer segundo que reaccionó, fue llorar.
Se sintió tan estúpida y confundida.
Continuará...
Me tardé en actualizar, pero bueno, varias saben lo que me pasó. En mi última actualización estaba bastante decaída y resfriada. Pensé que sería algo de unos pocos días, pero terminé hospitalizada por neumonia, una infección al pulmón. Afortunadamente ya me dieron de alta, pero con reposo absoluto y recién ahora he comenzado a sentirme mejor, con tantos remedios que estoy tomando. Por lo que decidí pasar los días escribiendo de a poco, ya que aún me canso mucho por todo, debido a la falta de aire. Así que ahora les escribo desde mi camita.
Les recomiendo la canción Vete, del grupo Lucybell. Es una canción maravillosa y hermosa. Para ser mas exacta, la versión del álbum en vivo Sesión Futura. Les aseguro que no se van a arrepentir.
Bueno, referente a la historia. Este capítulo se me hizo largo y terminé publicándolo hasta la mitad, lo cual es bueno, ya que me agradó abarcar solo la relación de Vegeta y Bulma, por lo que aún continúan siendo tres capítulos para terminar esta historia.
Vegeta sabía todo sobre Bulma. No es un hombre que no investigue o se quede sin saber nada de su oponente, o en este caso, mujer. Creo que lo último que hizo fue para protegerla y está tan acostumbrado a dominar todo que esta es una parte de eso. Es tan confiado en absolutamente en todo que sabe que ella lo esperará, pese a darle los recursos para escapar.
Bulma está el doble de confundida, luego de las demostraciones de Vegeta, ya casi encuentra una excusa en cada respiración del hombre para quedarse con él, pero han sido tantos años con deseos de libertad que su tozudez comenzaba a volverla loca.
Bueno, en el siguiente capítulo se verá el desenlace de esta gran batalla y la decisión de Bulma.
Muchísimas gracias a los comentarios, extrañé la visita de algunas lectoras frecuentes, espero que no haya sido por desencanto de la historia, sino por falta de tiempo, pero también tuve nuevos rws, e incluso de un hombre y eso me llamó la atención y me gustó.
Besos y abrazos a Saori Bell, Lizet Galvan, Anngels, Annie Oh, LucretiaDroogie, Nadesko, Roshell101216, Juniver, Magumi007, Vasi, JLgonzalez, Mooooonch, Leslaut, Johaaceve, Sofy2012, Avis, Vebu Ouji Brief, Majo29, Stitchita, Prl16, Viara 616, Sora 147, Pau Brief-Love-Vegeta, Kaimi, Jaqueline534, Carols2497, C, Andreaahp, IsabelCordy01, Soofii821, Nina, Maytelu y Anirva.g
Con cariño,
Dev.
29/07/2016.
